Desaparecido

A lo largo de toda mi vida me han pasado sucesos bastante extraños, ilógicos o surrealistas, mas uno entre todos ellos es el que más destaca. Sucedió hará un par de años ahora y los protagonistas de esta historia son el chico del que llevaba pillada por mucho tiempo y yo, la narradora. Realmente solo viví superficialmente lo que le pasó y aún así me quedé sin palabras, porque pude ver como una persona tan agradable y simpática apareció y desapareció tan rápidamente de mi vida por motivos de salud mental.

Él era un muchacho con el que compartía bastantes cosas en común pero con el que jamás había tenido el valor de acercarme. Era algo así como mi amor platónico de ese entonces, cuando era adolescente. Aún le recuerdo con mucho cariño aunque me gustaría no tener tantos cabos sueltos de esto.

Pasó bastante tiempo desde que empecé con el enamoramiento a cuando, sin ninguna lógica, encontré un mensaje suyo en mi móvil después de años sin hablar. Llevaba tanto tiempo sin acordarme de él ni lo que me había llegado a gustar, que ver su mensaje ahí, en mi pantalla del móvil, fue como un tortazo en la cara y una brisa con olor a rosas a la vez. Evidentemente, no dudé en contestarle pues, al haberme hablado él primero, quería decir que estaba interesado en socializar conmigo y tenía que aprovechar la oportunidad que se me había brindado. Contenta, aunque extrañada por la situación y por la forma en la que me hablaba (como si llevásemos mucho tiempo sin hablar cuando en el pasado apenas intercambiamos un par de palabras), sigo la conversación para saber cómo está y qué ha sido de él.

Como era de esperar, ese enamoramiento tonto e ilógico volvió de sopetón. Había estado ahí, latente todo este tiempo, y solo faltó un par de frases interesantes para volver a activarse. Creo que por eso lo recuerdo como un buen guantazo en la cara con la mano abierta.

Hablando y hablando, al final quedamos al día siguiente de volver a tomar el contacto. Yo estaba anonadada, había estado tanto tiempo fuera de mi rango (o eso era lo que yo pensaba) y, después de mucho tiempo, había quedado con él con tal facilidad, que ni yo misma lo creía real. Era como un sueño de estos donde recuerdas inconscientemente a alguien de tu pasado y lo pasas genial en tu cabeza, con el hecho de que aquello no era el mundo de los sueños, sino un acontecimiento real e inminente. En menos de 24 horas iba a ver a un antiguo, y nuevo a la vez, amor platónico.

Ilusionada y con el corazón bien caliente y acelerado, fui hacia el punto de encuentro con él: una tienda de cómics, que era uno de los muchos hobbies que compartíamos. Todo comenzó genial, ni en mi imaginación habría esperado que aquel chico fuera tan perfecto, tan dulce. Sin embargo, está burbuja no tardo en ser pinchada cuando me empezó a hablar de la «persona que le gustaba». Fue justo en ese momento cuando me llevé el segundo tortazo de los buenos, en el otro lado de la cara. Pero bueno, igualmente me esperaba algo así porque era demasiado bonito para ser real.

Me describió a esa persona con las mejores palabras que alguien puede utilizar, se le notaba que estaba muy enamorado a la par que confundido porque no conocía su género. No sabía si era una chica o un chico, mas no le importaba ese hecho en absoluto y fue algo que me sorprendió porque no es lo típico que te puede confesar un chaval adolescente influenciado por una sociedad con tantas fobias. Era gracioso ver como hablaba de esa persona poniéndole pronombres, luego los cambiaba de género y terminaba con un “bueno, no me importa. ¡Lo que sea!”. Pasamos un gran día, a pesar de que la mejilla me ardía a rabiar. Esa noche volvimos a pasar mucho tiempo hablando de diferentes cosas. Nuestra relación se estaba estrechando muy rápidamente.

Al final terminó quedando conmigo varias veces a la semana, diría yo que él era la persona que más veía todas las semanas, quitando mi familia. Era extremadamente agradable y siempre había una buena conversación de por medio, suficiente para intentar aceptar de que solo habría una amistad conmigo y conformarme con ello. Me servía, solo iba a necesitar un poco de tiempo para acostumbrarme y calmarme.

Había una cosa en la que yo le ayudaba: quería meterse en el mundo del rol por internet para poder rolear con su persona especial, y yo era la persona indicada por tener bastante experiencia en ese mundo. Como tenía que meterme en el papel y conocer todas las variables, terminé enterándome que su persona especial era de Rusia y que hablaban todos los días (cuando no estaba conmigo hablándome de ello). Cada vez se le veía mucho más enamorado y yo, de mientras, le ayudaba a desenvolverse en el mundo del rol para poder acercarse más a él/ella/elle.

No os voy a negar que me daba un poco de mala pinta, por que ni si quiera le había podido ver por Skype el pobre. Los suplantadores de identidad o timadores están a la orden del día y su situación era demasiado extraña y bonita como para ser verdad. No es lo que suele pasar en el mundo de internet cuando conoces a alguien así. A pesar de ello, decidí apoyarle porque quería creer que de verdad le estaba sucediendo y porque se le veía tan feliz… que no podía romper eso. Y si luego pasaba algo, pues me tenía a mi para poder consolarle y saber que no estaba solo.

Su vida por internet era una locura, cuando me contaba las aventuras que eran los roles que hacían entre ellos dos, me parecían las historias más preciosas que jamás me pudiera haber imaginado o leído. Me narraba que cada vez que se escribían, él le relataba cómo conseguía ir hacia donde vivía y conseguía conocerle, estar juntos por fin. Me decía las cosas que pensaba decirle cuando le viera y todo los sentimientos tan profundos y puros que sentía por esa persona. Incluso lograba llenarme de ilusión y amor a mi, que no era ni si quiera la persona a la que iban dirigidas esas palabras. Pero esos momentos eran tan bonitos, estimulantes e intensos que es que no podía retener que mi corazón latiera con fuerza. Era tan embriagador… Eso me dificultaba mucho mi labor por apagar mis sentimientos.

Pero esto no duró mucho tiempo por desgracia. Había veces que quedábamos con otras personas también porque no siempre éramos un grupo cerrado. La última vez que le vi, estaba también una de mis amigas que, tras haber vuelto todos a casa de la quedada, me dijo que había visto que este chico tenía marcas de cortes en los brazos. Al principio no pude creérmelo porque no le veía el sentido a que pudiera hacer eso cuando estaba viviendo un sueño con esa persona. Aún así me preocupé mucho por él porque, aunque hubiéramos quedado por un corto pero intenso tiempo, había conseguido llegar bastante hondo en mi y tenía que apoyarle en todo lo que pudiera.

Tras varios intentos por contactar con él y miles de mensajes que le dejé en su móvil, no obtuve respuesta. Había desaparecido de un día para otro y ni si quiera habíamos hecho nada diferente que cualquier otro día que nos veíamos. Desapareció sin dejar rastro, llevándose una enorme incógnita con él. Tardé mucho tiempo en olvidarle de nuevo y todo lo que habíamos hecho esta vez juntos. Al principio me enfadé un poco porque después de todo lo que habíamos compartido, no me dijo ni un adiós ni nada por el estilo, pero se me pasó muy rápido porque ya pensaba en cosas peores: que había desaparecido o que ya no le importaba mucho tenerme como amiga. Yo me tiraba más por la segunda debido a mis enormes inseguridades y por haber cortado tan tajantemente nuestra relación de amistad.

Tardé en volver a tener noticias de él y no fue gracias a que seguía, de vez en cuando, intentando volver a iniciar una conversación con él. Fue porque decidí hablar, después de año y medio, con un amigo en común que teníamos los dos, ya un tanto desesperada. La respuesta que obtuve aún no la he podido encajar muy bien. Sigo atando clavos sin creerme que no había podido ver lo que estaba ocurriendo en ese entonces.

A este chico, Pedro, le habían diagnosticado esquizofrenia. Si, habéis leído bien, una enfermedad mental bastante grave que te puede impedir hacer vida normal si no te tratas o es muy grave. Por culpa de ello, se había alejado de todos sus amigos y había desaparecido del mapa en muy poco tiempo. Además, lo que más me impacto fue que cuando este chico me contó el origen de todo esto, las fechas coincidían justamente a cuando Pedro vino a mi sin previo aviso enviándome el mensaje que inició nuestra amistad.

Aún sigo sin saber si la historia de su amor ruso es verdadera o una alteración de su realidad. Tampoco entiendo por qué se tuvo que apartar de todos sus amigos tan drásticamente ni sé qué es lo que le pasó para que llegara a ese punto. Solo sé que de mi vida desapareció alguien que me hubiera gustado mantener cerca de mío. Me hubiera encantado, y me encantaría ahora mismo, saber un poco más de esa enfermedad mental. En los colegios solo te enseñan cosas que muchas veces no necesitas o solo se centran en algunos de los muchos temas que necesitas conocer como el alcohol, las drogas, una especie de intento de explicarte la sexualidad… Pero nada relacionado con enfermedades mentales que te puedan ayudar a como reaccionar ante ellas, qué hacer cuando tienes una persona cercana con esto y un poco de información para no tener tantas incógnitas en la cabeza.

Entiendo, en cierta forma, el miedo o el desprecio que le tienen ahora a Pedro al enterarse de que le habían diagnosticado esquizofrenia, porque no entienden o no saben lo que es y parece que si no eres una persona neurotípica ya no vales la pena. Que es mejor no acercarse a ti o que has caído muy bajo. Hay más que las enfermedades físicas, son reales, pero o las ignoramos, las subestimamos o las repudiamos. Siguen siendo personas a mi parecer.

De alguna forma u otra, le echo de menos. No me parece justo que una persona así entre en tu vida con posibilidades de quedarse por un tiempo y que se escinda así de rápido. Me gustaba hablar con él y escuchar sus historias. Eran fantásticas.

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