CAPÍTULO III: Reality Purgators.

Capítulo III: Reality Purgators.

          Eran las tres de la madrugada cuando Arturo y yo llegamos a la entrada de la calle Beatas, iluminada por las luces de los locales y las farolas y adornada por las sinuosas estatuas de personas y animales que rodeaban la pequeña fuente del centro. Dadas las altas horas de la noche, lo normal habría sido encontrar la calle desértica, a excepción de algún vagabundo descarriado o unos amantes furtivos. Pero había un factor a tener en cuenta que cambiaba dichas suposiciones: era jueves. Y los jueves, en Málaga, era la noche que los estudiantes universitarios aprovechaban para salir, por lo que el centro estaba plagado de gente: jóvenes que salen de marcha y a los que no les importa perder unas cuantas neuronas por culpa del alcohol, por supuesto yo no lo critico, sí se querían quedar tontos era su problema… Así nos iba.

Para pasar desapercibidos habíamos llegado en coche ―un BMW negro con asientos de cuero― hasta el aparcamiento de la plaza de la Marina.

Allí Arturo se había encargado de revisar que tenía vía libre para acceder a los baños y poder limpiarme un poco antes de cambiarme de ropa. Las manchas de sangre eran difíciles de quitar, pero, a esas alturas, yo ya estaba acostumbrada y sabía proceder con rapidez, por lo que escasos minutos después me encontraba en el exterior con la burda ropa de conejita guardada en la maleta y portando mis habituales prendas de vestir, lo único que me había quedado de esas prendas era el chaquetón color beige que me serviría para parecer algo más arreglada al cruzar la calle Larios, evitándome llamar la atención en demasía.

Arturo me había esperado en el aparcamiento, apoyado sobre el coche negro mientras se fumaba uno de sus cigarrillos. Al verlo no pude evitar pensar en la triste ironía de mi vida, yo, que siempre había odiado ese maldito veneno del estado, que pudría los pulmones y acababa con la vida, que había obligado a mis padres a dejar el tabaco y en numerosas ocasiones había afirmado que nunca tomaría esa mierda, al ver a Arturo inhalar el tóxico humo, sólo pude rebuscar, desesperada, entre mis prendas el paquete de tabaco con la imperiosa necesidad de llevarme un cigarrillo a los labios.

  ―Lo que estoy fumando es tu paquete ―Alcé la vista mirándole con fastidio mientras sus jodidos labios esbozaban una sonrisa―. Me tomé la libertad de cogértelos prestados, no hace falta que te pongas así, mujer.

Y entonces me lanzó el paquete y lo agarré casi al vuelo, mirándolo en mis manos con asco, resentimiento, y necesidad. Puta mierda de sociedad por fabricarlo, por venderlo y por ser tan asquerosa como para hacerme sucumbir a ellos. Finalmente, nos pusimos en marcha hacia el lugar donde nos dirigíamos.

Calle Beatas era una vía del centro histórico de la ciudad, situada donde una vez estuvo la antigua muralla musulmana que había sufrido ensanches, retranqueos y aperturas de nuevas calles entre otras reformas y allí, cerquita, se encontraba la calle Casapalma, con la mayoría de las viviendas deshabitadas, paredes sucias, pintadas con grafitis e incluso desconchadas. Entre aquellas callejuelas, frente a la academia “Keops Kefren” y no demasiado lejos de “La guarida”, se encontraba desamparado un pequeño local que solía pasar desapercibido, con sus puertas de madera desgastadas y las paredes circundantes todas sucias y desgastadas, a ojos ajenos el pequeño local parecía otro de esos lugares abandonados; para nosotros era un pequeño hogar. 

Por lo que me habían contado algunos miembros, hacía dieciséis años desde el comienzo de la organización, fundada por Yerik en el norte de Rusia. Calculaba que por aquel entonces el hombre debía rondar los veintinueve años aproximadamente.

Era increíble cómo había evolucionado desde aquel momento, nadie sabe cuál fue la mecha que le impulsó a dirigirla y cómo fue posible que un hombre tan joven llevase a cabo un proyecto de tal impacto, tan revolucionario. Sí, la asociación había nacido en Rusia con tan solo dos miembros que, poco a poco, se habían ido volviendo cuatro, cinco, seis; cuando llegaron a diez comenzaron a organizar bien el movimiento. A plantearse cuestiones: ¿Cuáles eran sus objetivos? ¿Qué pretendían conseguir? ¿Cómo lo lograrían?

          Establecieron entonces que sus objetivos serían limpiar el mundo de escoria, eliminar todo aquello que perjudicase al planeta, a otras personas, a la naturaleza, situaciones injustas. Después de todo, hay unas normas simples y básicas que toda buena persona debería cumplir: no matar, no robar, no mentir, no agredir la integridad física o psíquica de una persona, etc. Es curioso como luchábamos contra todos aquellos actos que nosotros cometíamos. Para ello actuarían desde las sombras, tomando la justicia de su propia mano, con la única finalidad de conseguir un mundo mejor, sin impurezas, un lugar donde todos pudiesen vivir en armonía. Después de todo, nadie iba a echar de menos a esos pedazos de mierda de los que nos deshaciamos.

               Gracias a la gran variedad de personas que se aventuraron a integrarse, Yerik podía contar con todo tipo de métodos para conseguir información, desde hackear ordenadores, hasta introducir topos en diferentes negocios. De ese modo, en la asociación podía accederse a una gran base de datos donde se reunía la información de muchas personas del país, y era mediante esa lista que Yerik podía analizar si una persona era o no apta para ingresar en la asociación antes de hacerle la proposición. Era curioso ver como nunca se equivocaba y todas aquellas personas a las que se lo proponía terminaban aceptando, tarde o temprano, unirse a la organización. Ese hombre ruso tenía un gran don de palabra, capaz de convencer a alguien incluso de que el cielo no era azul sino marrón y que los árboles, en realidad, estaban hechos de carne. No sólo eso, también era capaz de analizar con exquisita exactitud los puntos fuertes y débiles de una persona, y sabía cómo utilizarlos para conseguir sus objetivos.

Pronto la asociación comenzó a extenderse por otros países, y de aquellos miembros que habían tenido sus inicios en Rusia, muchos se trasladaron a diferentes sitios para establecer sedes en ellos desde las que poder operar y tener todo bajo control. A la organización se la pasó a conocer con el nombre de “Reality Purgators”  haciendo referencia a que los miembros de la asociación nos encargamos de decidir quién es o no apto para permanecer en el planeta. En otras palabras, somos como el purgatorio del mundo humano, puede que una especie de “jueces divinos”, aunque a ninguno nos guste considerarnos eso. El nombre se decidió al ser un idioma internacional que todo el mundo podía conocer, para que no hubiese riñas entre unos y otros. Aunque, por algún extraño motivo que desconocíamos, Yerik había impuesto el nombre del proyecto en japonés. Proyecto “Shiramu” que significa “Aclarar” y, en definitiva, lo que pretendemos es aclarar la realidad, limpiarla de las mentiras que corrompen el planeta.

                Arturo golpeó la pequeña puerta de madera, en la pequeña rendija asomó un ojo castaño bastante familiar. Tanto Arturo como yo, mostramos la parte inferior de nuestra muñeca, dejando al descubierto un pequeño tatuaje con forma de media luna recorrida por telarañas, y la puerta cedió dándonos paso. Nosotros no teníamos contraseñas, al menos no de forma oral, sabíamos cuándo alguien pertenecía a la asociación por llevar el tatuaje distintivo en ese lugar exacto. La media luna representaba la protección así como el lado oscuro e invisible de las cosas, además de cumplir un papel regulador y mediador. Mientras que la telaraña que la envolvía significaba la capacidad de manejar y tejer el destino. En otras palabras, nosotros éramos esa sombra invisible que otorgaba protección al planeta y tejía el destino del mismo y de muchas de las personas.

       ―Buenas noches, Gin ―dijo Arturo, yo me ahorré el saludo.

Gin era el vigilante del local, un hombre de sesenta años, mudo y con el rostro deforme por un incendio aparentemente accidentado, aunque la realidad había sido un intento de homicidio por parte de un compañero de trabajo celoso de sus virtudes y su buena suerte en los negocios. Eso había ocurrido cuando Gin tenía treinta y tres años y desde entonces había estado relegado a la sombra y el olvido hasta la noche que Yerik le ofreció formar parte de la organización. Por supuesto, lo que Gin más anhelaba era ver pagar a la persona que le había destrozado la vida y al que la justicia había dejado en libertad. Hasta donde sé, poco después de que Gin ingresase en la organización, aquel hombre murió en “un accidental incendio casero”.

               El local era un pequeño tugurio que había sido decorado para asemejarse a un bar de copas estilo “Rock´s and Roll”, con paredes amarillas en tonos oscuros, suelo de madera al igual que la barra, situada al fondo de la estancia con taburetes frente a ella y una buena bodega detrás. Allí se encontraba William ―un hombre de cincuenta años que había perdido todo su pelo, expresión seria y unos profundos ojos azules― sirviéndole una copa de San Francisco con ron a Jade.

   ―¡Vaya! si está aquí tu amiguita ―escuché burlarse a Arturo. Él, y su “simpático” humor.

   ―¡Vete a la mierda, imbécil! ―Pero lo cierto era que Jade y yo no nos llevábamos precisamente bien.

Ella no entendía por qué alguien tan “enana” como yo podía caerle tan bien al viejo de Yerik, además nuestras personalidades eran completamente opuestas.  Jade tenía cabellos largos hasta la cintura de color negruzco, ojos castaños con destellos verdes en función de la luz que les diesen. Alta, piernas contorneadas, buen busto y delgada. Toda una femme fatale con modales exquisitos, elegante, refinada, con un amplio vocabulario y, sobre todo, eficiente. Por mi parte, yo siempre iba hecha un desastre, actuaba sin pensar demasiado las cosas, no seguía normas y no era precisamente una “madmuasselle”

       ―Jade.

       ―Haizea.

No obstante, no peleábamos a menos que se tratasen temas relacionados con futuros “trabajos” y nuestras ideas a la hora de realizarlos discerniesen, pero, habitualmente, cada una se encargaba de cumplir su función sin molestar.

Teníamos cargos de lo más variados y cada uno podía escoger de lo que prefería ocuparse. Algunos nos encontrábamos en el lado activo, trabajando con “personas”, como acababa de hacer yo con Pablo ―Jade era una de las personas más efectivas en este campo―, otros se encargaban de desmantelar instituciones, ya fuese destruyéndolas o sacando a la luz la verdad sobre dichas empresas, fábricas, etc. En ese ámbito, una de las personas más eficientes era Coral. También teníamos a personas encargadas de la informática que nos proporcionaban toda la información necesaria, hackeaban ordenadores, localizaban objetivos, etc. Entre ellos se encontraba Tony. Por supuesto, no podían faltar personas como Arturo que se encargaban de llevar los recados necesarios a los puntos exactos, de recogerlos y, además, se encargaban también del transporte. Debo decir que él era uno de los miembros con los que más trato tenía, pues solía ser él quien me llevaba y recogía a los puntos de acción. Además, era muy bueno en la cama. Y, por último, teníamos algunos “topos” infiltrados en editoriales de periódicos, en la comisaría de policía e incluso en el gobierno, y era gracias a ellos que conseguíamos escapar impugnes de nuestros actos, además de obtener valiosa información. Por supuesto, también teníamos a gente como Gin o como William que se encargaban de vigilar el local y de proporcionarnos buenos momentos de relax.

             En definitiva, en la organización todo estaba escrupulosamente pensado y, al contrario que en muchas grandes empresas o negocios, todos los miembros pertenecientes a ella sabíamos respetarnos entre nosotros y teníamos gran libertad de acción, siempre y cuando no fuera en contra de los ideales de Yerik. Cada uno elegía de qué quería encargarse y decidía cómo hacerlo. Entre nuestro pequeño grupo, yo era la más alejada e independiente de la organización, no me gustaba recurrir a ella en busca de ayuda, salvo en casos extremos como…

     ―Will, será mejor que le pongas un buen plato de comida por delante a esta enana si no quieres que el dinosaurio que tiene por estómago delate nuestra ubicación ―bromeó Arturo, justo después de que mi  tripa comenzara a emitir quejidos por la falta de alimento en todos esos días. William rió.

      ―¿”Esta enana”? ―Alcé una ceja al dirigirle la mirada. Will se había adentrado en la cocina para preparar algo y Jade bebía tranquila de su copa―. Para tu información, “esta muchacha” puede darte más placer del que jamás hayas imaginado en tu vida. O ser tu peor pesadilla ―no hubo emoción en mi voz. Sólo un simple comentario lanzado al aire que ambos sabíamos, resultaba ser cierto.

Arturo dejó escapar una sonora carcajada antes de tomar asiento junto a Jade, reclinándose ligeramente sobre las patas traseras del taburete. La mujer había depositado la copa de San Francisco sobre la mesa dándose a la tarea de masajear su sien con expresión disgustada en el rostro. Por algún motivo que desconocía, ella siempre tenía las mismas reacciones cada vez que un hombre andaba cerca.

         El embriagador olor a comida inundó toda la estancia cuando William salió de la cocina con una bandeja dotada de un buen perrito caliente con todos sus condimentos, y una buena lata de Coca-cola. Mi boca se hizo agua en ese momento, y en su rostro se dibujó una sonrisa de satisfacción mientras depositaba la comida sobre la barra.

       ―¡Buen provecho, señorita! ―fueron las palabras detonantes que me lanzaron a devorar los alimentos frente a mis ojos. Estaban tan deliciosos, y yo estaba tan hambrienta, que no paré de engullir hasta terminármelo por completo. Resultaba irónico pensar que hacía unas horas estaba sacándole las tripas a un capullo.

       ―Sigo sin entender cómo podéis tomar esas cosas. Especialmente la Coca-cola ―Tony, un hombre de cincuenta y cinco años, cruzó las cortinas que separaban la zona del bar con la de informática, haciendo acto de presencia―.  Sabes de sobra que…

       ―Que producen cáncer ―le interrumpí, antes de dar otro trago a la bebida― Ya tuve bastante con el profesor de “Salud e Higiene” que me dio clases en la universidad. ¡No hace falta que vengas siempre a recordar lo mismo! ¿Sabes? De algo hay que morir algún día.

El hombre pasó una mano por sus cabellos blanquecinos dejando escapar un suspiro de resignación. Arturo se había levantado del asiento siguiendo a William hasta la cocina para preparar unos aperitivos y Jade se había retirado a una de las mesas del local para terminar su bebida a la par que revisaba el periódico.

       ―Si tan poco te interesa tu salud supongo que no tengo nada que hacer.

      ―¡Joder, Tony! deja de dar por culo… ¿Sabes cuánto tiempo llevo sin comer?

Con el plato vacío, me dirigí a la parte trasera de la barra para depositarlo en el lavadero.

    ―Eso es porque eres una cabezota

El hombre de menuda figura tomaba asiento en esos momentos junto a la barra.

Unos golpes sacudieron la puerta de entrada y Gin procedió a su tarea de revisar de quién se trataba. Instantes después, la figura de una mujer menuda y pequeñita, de cabellos tintados en rosa y ojos castaños, entraba por la puerta con gran efusividad. Vestía un mini top de color negro que dejaba al descubierto su vientre, y unos shorts del mismo color que el top, cargado de cadenas. En sus pies, unas calcetas hasta las rodillas de rayas negras y rojas junto con unos botines color negro. Abrazada contra su cuerpo cargaba la funda de una guitarra, quien la conociera como nosotros sabría que lo que realmente llevaba en su interior no era el instrumento musical, sino su fiel amiga la metralleta.

    ―¡Aloha! ―su aguda voz solía penetrar con fuerza en los oídos, algunos llegábamos a considerarla irritante. En lo personal, la mujer, cuya edad era un misterio para todos, se asemejaba a los personajes de anime que tanto me gustaba ver años atrás― ¿Me echaron de menos?

Una hilera de dientes perfectos y blanquecinos asomaron en su rostro acompañando su sonrisa. Jade fue la primera en levantarse del asiento para ir a su encuentro, contoneando la estilizada figura que se marcaba a través de la ajustada tela del vestido negro.

       ―¡Oh! ¡Mi querida Coral! ―su voz sonó dulce y melodiosa, la aludida sonrió depositando la funda de guitarra sobre la barra del bar― Estaba deseando que llegase alguien con quien poder hablar de verdad. Estar rodeada de tantos hombres resulta sumamente agotador.

       ―Perdona por parecer un hombre ―dije sin darle demasiada importancia al comentario. Tony no añadió nada más y Arturo salió del interior de la cocina acompañado por William quien portaba unas bandejas con comida.

       ―¡Vamos chicas! ya saben que pelear no está bien ―Coral siempre trataba que todos nos llevásemos lo mejor posible. Y, en esos momentos, nos rodeaba a ambas con los brazos en un vano intento por apegarnos más.

         ―Prefiero mantenerme en la educación antes que entrar en la hipocresía.

La pelirrosa hizo un mohín hinchando los mofletes ante mi comentario. Siempre había tenido las cosas muy claras: “La línea que separa la educación de la hipocresía es muy fina, pero la diferencia es abismal”

                A las cuatro y media de la madrugada todos nos encontrábamos sentados alrededor de una de las mesas de madera. Papeles y bolígrafos por delante, salvo Tony, quien cargaba con su pequeño portátil.  Era una de esas veces que ocurrían cada dos meses, en las que nos reuníamos, sin excepciones, para poner en orden el registro de nuestras actividades, pues aunque teníamos bastante libertad de acción en nuestro campo, era necesario saber los sucesos más recientes, las personas y empresas contra las que se habían tomado cargos, además de ir acercando, cada vez un poco más, nuestros objetivos personales al objetivo principal de la organización.

    ―Bien, así que en el registro de muerte tenemos al productor y manager Francisco Gutiérrez por parte de Jade. Y la reciente muerte del banquero Pablo López por parte de Haizea ―mientras pronunciaba esas palabras, Tony traspasaba a la base de datos aquello que estaba escrito en uno de los papeles.

      ―No olvides apuntar los nombres de los tipos que nos dieron el chivatazo. Los compañeros de Pablo. Pienso ocuparme de ellos en cuanto cobre mi sueldo.

Tony hizo un gesto afirmativo anotando lo que le había dicho. Di una calada al cigarro que acababa de encender y se lo pasé a Arturo para que hiciera lo mismo.  

       ―Parece que las cosas han estado tranquilas estos dos meses― comentó Tony.

Y era cierto, dos o cuatro muertes a lo largo de un periodo de dos meses no eran prácticamente nada. Pero no podíamos aventurarnos a juzgar y asesinar sin conocer realmente los crímenes de esas personas. Incluso conociéndolos era necesario un riguroso proceso de investigación para averiguar sus puntos débiles, calculando así el escenario perfecto para el crimen― Coral, te toca.

La mencionada esbozó una amplia sonrisa, extrayendo un pedazo de papel de su bolsillo que no tardó en tenderle a Tony. Jade y yo permanecíamos expectantes, con la vista puesta sobre el rostro del hombre, esperando su veredicto final. Arturo había cerrado los ojos, recostado sobre el asiento en que se encontraba, apoyado sobre las dos patas traseras, con el peso echado en la mesa a sus espaldas. Era un caso perdido.

       ―Interesante…― sin dar explicaciones sobre lo que el papel contenía, Tony comenzó a teclear a gran velocidad en su ordenador. Coral mostraba una sonrisa de satisfacción. Cuando Jade y yo la miramos, ella procedió a explicar:

      ―Durante estos dos meses sólo he desmantelado una pequeña empresa que se dedicaba al fraude y la extorsión. He estado demasiado ocupada recaudando información a un nivel más nacional ―Vi como Jade, sentada en mi diagonal, alzaba una ceja. Coral jugueteaba con un rosado mechón de cabello entre sus dedos. ―. Digamos que el movimiento del mundo se ve impulsado por la economía.

       ―Creo que eso no es ninguna sorpresa ―espeté interrumpiéndola. Ella frunció el ceño levemente, mostrando un pequeño mohín que la hacía ver infantil.

       ―Déjame terminar―. Hizo un ademán con la mano antes de continuar. Arturo había entreabierto uno de los ojos para mirarla―. Bien, como todos los aquí presentes sabéis, el mundo se mueve en torno a la economía. Esto es así hasta el punto de que la moda es estar, no sólo delgada, sino como un “palillo de dientes” ¿Por qué ésa es la nueva moda si en la antigüedad gustaban las mujeres rellenitas y estar delgada era signo de enfermedad?

   ―Está claro que por el bien de la salud. Se promueven hábitos de vida saludable― intervino Jade. Reí.

        ―¿Hábitos de vida saludable? Así es como te venden la mula haciéndote creer que es un caballo pura raza ―si las miradas matasen Jade y yo nos habríamos asesinado en ese momento―. Los estereotipos de belleza se han fijado en modelos inalcanzables, al menos para la mayoría de personas. Lo único que promueve esa mierda es a la anorexia y la bulimia, cuya cifra estoy segura que debe de estar aumentando, porque apenas hay adolescentes que no se vean afectados por ello.

       ―¿Dónde quieres ir a parar Coral? ―Sabía que Jade iba a reprocharme algo pero Arturo se le adelantó reconduciendo el tema a la conversación inicial.

       ―Quiero analizar este suceso desde un punto de vista económico. Como Haizea ha mencionado, nos hacen creer que el estar promoviendo la delgadez sólo está promoviendo un estilo de vida saludable. Pero ¿Por qué hacer tallas únicas? ¿Por qué llevarlo al extremo?. La constitución de las personas es algo inevitable y es bien sabido que el peso varía, para una persona su peso ideal puede ser el de 50 kilos, y  para otra el de 65, y eso no quiere decir que la primera lleve una vida más saludable que la segunda. ―Cerré los ojos memorizando esas palabras. Se trataba de un tema que siempre había tenido muy presente en mi vida―. Para hacerlo fácil, no me andaré por las ramas. Si las personas se obsesionan con estar delgadas entonces invertirán más dinero en productos de dieta, en nutricionistas, en gimnasios, en pastillas e incluso, si enferman, en medicinas y puede que hasta en psicólogos y psiquiatras si se descubre que padecen algún trastorno alimenticio. Si reducimos la ropa a tallas únicas, entonces gastaremos menos tela obteniendo productos más económicos, aunque esto rara vez se ve reflejado en el precio de compra, pues suele permanecer por las nubes y, para colmo, si te gusta X pantalón y no es tu talla te verás obligada a perder peso. Y así es la pescadilla que se muerde la cola. Al final todo se reduce a economía.

Asentí lentamente. Estaba de acuerdo con todo lo que Coral había expuesto.

       ―¿No crees que exageras un poco?

      ―Jade, si creyese que exagero las cosas no habría entrado a la organización ―No hubo maldad en sus palabras. Sonaba como una madre paciente tratando de explicar algo a su hija. 

La pelinegra enmudeció y el ambiente se vio cargado de pesar. Miles de ideas surcaron la cabeza de los presentes bajo el único sonido del teclear de Tony. Incluso Gin, que se había acercado a nuestra mesa abandonando su puesto de trabajo, permanecía envuelto en sus pensamientos.

     ―Y ése es sólo uno de los ejemplos. Podemos ver otro en el tema de las farmacéuticas. Es cierto que hay enfermedades inevitables, también es cierto que el avance en la medicina ha ayudado mucho a prosperar la vida de las personas, pero no por ello podemos olvidarnos de otros temas importantes: estudios recientes comienzan a demostrar que hay, al menos, ciertos tipos de cáncer que pueden verse reducidos con una alimentación sana, pero sana de verdad. Nada de productos transgénicos.  Me parece que Tony ya nos ha dejado claro eso muchas veces ―. Todos soltamos una pequeña risita. Tony vivía obsesionado con la alimentación.

       ―Lo que nos venden por comida,  la mayoría de las veces,  no es lo que dicen ser ―comenzó a decir Tony acompañado por el sonido de sus dedos al teclear―. Un claro ejemplo es la leche. El ser humano, como todo mamífero, no debería depender de la leche una vez terminado el periodo de lactancia. Y no sólo nos la venden sino que, además, lo hacen bajo el pretexto de aportar “calcio”, cuando ese supuesto calcio ni siquiera resulta asimilable por el organismo. Si necesitas hierro no te comes un tornillo. Del mismo modo que si necesitas calcio no deberías tomar leche, deberías extraerlo de otras fuentes de alimento. Para rematar la faena, ya no sólo el calcio no es asimilable sino que, encima, esa porquería no debería llamarse leche. La leche la hierves y sacas nata una y otra vez, de esa mierda, como mucho sacarás agua.

   ―Es como los actimeles ―intervine― que supuestamente ayudan a tus defensas y esto sólo es cierto en el caso de padecer determinada enfermedad,  de lo contrario únicamente destruirá esas defensas haciéndote dependiente del actimel para poder obtenerlas.

       ―Y ahí regresan de nuevo los intereses económicos ―Coral volvió a retomar la conversación―. Es como cuando se produjo la gripe A. ¿Cuántas vacunas hicieron falta? ¿Hasta qué punto eran realmente necesarias? Y, como esos, muchos otros casos. Las pequeñas empresas corruptas son peligrosas, pero que el mundo entero esté sumergido en una burbuja de engaños, intereses y corrupción…eso es triste. Es por ello que estoy realizando una investigación exhaustiva, pretendo desmantelar al Estado. Como mínimo, espero poder abrir los ojos de unas cuantas personas.

    ―Cuenta con mi ayuda para lo que necesites.

Me gustaba su idea y su manera de ver las cosas. Y, aunque en la organización cada uno tenía un papel predeterminado, no se nos prohibía salirnos de él siempre que fuera para contribuir en el “Proyecto Shiramu” una utopía inalcanzable…

     ―He terminado ―murmuró Tony, el informático, devolviéndole a Coral su pedazo de papel―. Creo que con esto dejamos vistos todos los puntos. ¿Alguien quiere aportar algo más?

Las miradas recorrieron la estancia pasando de unos a otros. Al final, me aventuré a decir algo, una idea que durante largo tiempo había recorrido mi mente y pensaba que no estaba de más compartir.

       ―¿Habéis oído hablar del sistema económico del Bienestar?

Los murmullos inundaron la sala.

       ―Es un sistema que abandona lo monetario, midiendo la calidad de la empresa y de sus productos en función al buen trato que obtienen sus empleados y la felicidad y condiciones en las que se encuentran. Sería bastante interesante investigarlo. Y pienso que… Si el proyecto Shiramu funciona… Sería interesante llevarlo a cabo. Incluso sería interesante comenzar a promoverlo. Crisis es lo único de lo que se habla, pero no se proponen nuevas alternativas, creatividad e innovación son términos que cada día están más devaluados, y no me extrañaría que, llegado el momento, se perdiesen en el olvido. El mundo está podrido y tanto el gobierno como la sociedad actúan igual que mecanismos programados, incapaces de reconducir la dirección pese a estar chocándose dos, tres y hasta cuatro veces con la misma piedra.  

      ―¿En qué consiste ese sistema? ―Por primera vez desde que la conocía, Jade se mostraba interesada por una idea que yo proponía.

     ―Como he dicho antes, la idea es promover las buenas condiciones laborales y el bienestar, para ello se realizaría una… ―continué hablando, explicando el sistema económico del bienestar que tanto había llamado mi atención cuando lo conocí.

Con ese último punto, la reunión se dio por finalizada. El único miembro que no había estado presente en ella era William, después de todo, su función en la organización no era más que proporcionarnos un espacio confortable, atendernos, y vigilar el local junto con Gin. Aun así, Tony solía encargarse de ponerle al día cuando no podía asistir a las reuniones. En la organización era fundamental que todos conociésemos el trabajo de los demás y las decisiones tomadas en grupo, apenas podía entender el motivo, pero al ser una orden de Yerik, nadie la cuestionaría, ni si quiera yo.

                 Cuando salí a la calle el viento me golpeó con fuerza, me aferré a mí misma en un movimiento automático para protegerme del frío. El callejón de calle Casapalma parecía casi desierto, pero si fijabas bien tu atención, podías descubrir que aún quedaban algunos borrachos refugiándose del frío bajo los andamios y antiguos portales abandonados. Estaba segura que un par de años atrás esa imagen me habría resultado impactante, o como solía decir mi padre; me hubiese dado “respeto” por no decir “miedo”. Seguramente habría terminado rodeando la zona o atravesándola a grandes zancadas. Era en momentos como aquel cuando notaba cuánto había cambiado, después de cometer tantos asesinatos, de ver tantos horrores, lo que menos me preocupaba era “lo peligroso”, qué pudieran resultar unos tipos que no serían capaces de dar un sólo paso sin tambalearse.

       ―¿Vuelves a casa? ―la voz ronca y el cálido aliento sobre mi nuca me hicieron volverme para encarar a Arturo. Era ligeramente más alto que yo por lo que tuve que alzar la vista para que nuestros ojos se encontrasen. Ambos sonreímos, cómplices.

   ―Sabes que no tengo de eso ―Juguetona, envolví mi dedo índice con un mechón de su cabello rizado―. A no ser que alguien quiera ofrecerme un lugar en el que dormir sin tener que pelear con los insectos.

Nuestros rostros se encontraron peligrosamente cerca, cerré los ojos cuando le sentí mordisquear mi labio inferior. Pronto sus labios rozaron el lóbulo de mi oreja.

       ―Puedes venir a mi casa, pero no me hago responsable de…

       ―¡Cállate de una vez y vamos!

Esa noche, como muchas otras, la pasaría junto a Arturo compartiendo mucho más que una cama. Arturo y yo no éramos nada más que seres humanos con necesidades que debían ser satisfechas. Si quieren saber un dato curioso les diré que, según la pirámide de las necesidades de Maslow, el sexo se encuentra dentro de las necesidades más básicas e importantes.

A diferencia de cuando era una niña soñadora, había dejado de creer en el amor, mi mente se había vuelto puramente racional y cursilerías como esas no iban conmigo. Pasar toda tu vida con una persona… Cómo si eso fuese posible.

 

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