La vida es aburrida: Capítulo 5

Los filósofos también tienen abono transporte

Vale ¿Alguien me puede explicar qué está pasando aquí? Está claro que me he debido perder algún momento de la conversación. ¿Es que acaso alguna vez he mencionado delante de este chico algo así como que me gustaría ir a ver los pingüinos de la Antártida? Porque a mi no me suena.

Seguía ahí, de pie, con los brazos extendidos bloqueando el armario y Nay me observaba casi con hastío, esperando a que me apartase. Con lentitud me froté el rostro con la mano, en un signo de clara desesperación, y le devolví la mirada en silencio, incapaz de hacer otra cosa. Abrí la boca para decir algo, pero entonces me di cuenta de que no tenía nada que decir y la volví a cerrar. Me rasqué la sien desconcertado mientras recorría la mirada con la habitación como si la respuesta estuviese por ahí. Por la comisura de los labios de Nay asomó una sonrisa mal disimulada.

Al ver que no parecía estar por la labor de dejarle acceso de nuevo a mi armario se encogió de hombros y se paseó por mi habitación en busca de yo qué sé qué (tengo ya suficientes problemas en mi vida para ponerme a pensar que espera encontrar este señor en mi casa). De vez en cuando parecía encontrar algo útil y lo arrojaba junto a la cama con el montón de cosas que ya había dejado ahí.

—¿Se te ha olvidado como hablar? Reconozco que no me sorprendería.

Me apoyé en la puerta de mi armario aún con el ceño fruncido. Ni siquiera valía la pena quejarme por el claro insulto que había tras sus palabras, saldría perdiendo yo (Por si a estas alturas aún no lo habéis notado, SIEMPRE pierdo yo).

—Es…—Volví a enmudecer y me mordí el labio con nerviosismo—. Ni siquiera sé qué es lo que tengo que preguntar.

¿Cómo poner en palabras que no me estaba enterando de absolutamente nada de lo que había pasado desde que entró por la puerta de la tienda?

Esta vez Nay no se molestó en ocultar la sonrisa burlona. Se paseó por mi habitación y agarró una figurita de acción con fingida curiosidad.

—¿Por qué no pruebas con preguntas simples? —Entrecerré los ojos. Como continuase con esa maldita sonrisa sarcástica le echaba de la casa.

—De acuerdo —Inspiré profundamente intentando recordar en qué punto las cosas habían dejado de tener sentido—. ¿De qué conoces a Tarón?

El peliazul frunció el ceño inmediatamente. Perfecto, la primera pregunta y ¿ya está molesto? ¿Qué demonios se supone que he dicho ahora? Me obligué a mí mismo a despegar los dientes de mi labio inferior o acabaría sangrando por los presión que ejercía. Tras unos minutos en silencio supuse que no me iba a responder, pero cuando iba a empezar a formular la siguiente duda su voz me hizo sobresaltar.

—Era mi tutor legal —Abrí los ojos sorprendido y cuando hablé se me quebró la voz.

—¿Tutor de… tutor? —La mirada que me dedicó hizo que enmudeciese inmediatamente. «Vaya, ¿cómo es posible que una mirada dé miedo?» Cuando habló me heló notar la rabia en su voz.

—¿Cuántos tipos de tutor conoces tú? —«Vale… estoy casi seguro de que eso era una pregunta retórica» Por si las moscas (y sobre todo intentando quitar esa escalofriante mirada de su rostro) decidí cambiar de tema. Aunque eso me daría mucho en lo que pensar en un futuro.

—Explícame de qué va lo del viaje.

El cambio en el peliazul fue notorio hasta para mi. Inmediatamente se relajó y continuó con su inspección de mi habitación.

—Deberías saberlo a estas alturas, ¿Acaso no prestaste atención a Crystal y a Haddock en la azotea? —Intenté recordar aquel día y me llevé una mano a la cabeza.

—Eh… sí… hablaban de algo de una furgoneta…

—Una caravana —me corrigió como si fuese un padre lleno de paciencia al hablar con su hijo pequeño—. Ya veo que no te enteraste —Contuve una mueca por su tono.

—No — «Estaba demasiado ocupado observándote a ti» … Por razones bastante obvias no dije eso.

—Pues eso. Vamos a recorrer Europa y te vienes con nosotros —Lo miré alucinado.

—¡Pero si no me conocéis, Ni siquiera sabes mi nombre! —Nay frunció el ceño de nuevo ¿Qué demonios había hecho ahora para molestarle? Este chico necesita un manual de instrucciones para comprenderle.

—¿Por saber tu nombre conoceré mágicamente todo sobre ti? —Mi silencio fue una clara negativa—. Deja de decir estupideces y ponte a hacer la mal… —Nay enmudeció unos segundos. Se giró lentamente hacia mí con algo en la mano. Yo observé su expresión triunfante, nervioso. Sin apartar la vista del marco que agarraba una sonrisa burlona fue pareciendo lentamente en sus labios. Me mordí el mío intentando recordar que podía haber en mi habitación tan humillante que le pusiese tan feliz. Cuando por fin habló se notaba que contenía las ganas de reír—. Vaya, Novato —Al alzar la mirada y pude ver un destello brillante en sus ojos—. No sabía que existiesen disfraces de Pocoyo.

Hasta ahí llegó mi paciencia. Con una fuerza y rapidez de la que ni siquiera yo me creía capaz le quité de las manos la foto de pequeño que mi madre se empeñaba en tener en mi habitación y apresuradamente (todo esto rojo como un tomate, todo hay que decirlo) conseguí echar a Nay de mi habitación, gritándole que podía hacer la maleta yo solo. Sospecho que el peliazul se dejó empujar fuera de la habitación… eso o se estaba riendo tan fuerte que apenas tenía fuerzas para resistirse.

Media hora después me encontraba de nuevo en el autobús con todo lo necesario y un humor de perros. A mi lado Nay debía de estar pasándolo demasiado bien y mis miradas de odio parecían ponerle de mejor humor por momentos. Enfurruñado clave la vista en la ventanilla del autobús. Con los las prisas ni me había parado a plantear si quería irme de viaje o no. Chasqueé la lengua molesto ¿Cómo es posible que siempre consiga salirse con la suya? Ahora que lo pienso ¡Toda la gente que he conocido este verano se sale siempre con la suya! Es bastante frustrante.

Poco a poco mis ojos se fueron desviando al asiento de al lado. Nay parecía de nuevo estar sumergido en su propio mundo. Contuve las ganas de suspirar ¿Algún día lograré comprender a este chico?, «Obviamente no, por eso te gusta» Arrugué la nariz sin comprender las palabras de mi propia mente. «Sí fuese una persona normal y corriente te habrías aburrido al igual que los has hecho con todo el mundo”. Me frote la nariz y me removí en mi asiento. Así que estaba destinado a que me gustase una persona a la que directamente no puedo entender y si la entendiese no me gustaría… Definitivamente mi mente es idiota.

Volví la vista de nuevo hacia Nay fugazmente mientras me mordía el labio. «Dijo que Tarón era su tutor… Normal, de tal palo tal astilla. No me extraña que haya salido así el chico… Me pregunto qué le pasaría a sus padres”

Por mucha curiosidad que me diese aquel detalle de la vida del peliazul prefería no volver a ver esa mirada inhumana así que decidí preguntar otra cosa. Estaba claro que ya me había contado mucho más de lo que quería contarme. Carraspeando me armé de valor para iniciar otra conversación que (viendo lo visto) acabaría exactamente igual que las otras anteriores, en desastre

—Crystal me dijo que no visitas el mismo sitio dos veces —Nay pareció regresar de su mundo personal y clavó su mirada gris en mí (por si no estaba lo suficientemente nervioso antes). Carraspeé intentando aclarar la voz—, ¿Por qué?

Nay permaneció unos instantes mirándome (Juraría que tiene rayos x en los ojos y puede leer mis pensamientos o algo así), luego clavó la vista al frente y se encogió de hombros mientras se hundía más en el asiento.

—El mundo es demasiado grande. Si quiero verlo todo no puedo malgastar el tiempo yendo al mismo sitio una y otra vez —Asentí levemente, más por reflejo que por otra cosa.

—¿Y que pasa si encuentras un lugar absolutamente maravilloso? ¿Solo por eso vas a disfrutarlo únicamente una vez en la vida? —Juraría que un amago de sonrisa apareció en sus labios.

—Si encuentro un lugar absolutamente maravilloso me propongo el reto encontrar otro lugar aún mejor que lo supere —Me crucé de brazos mientras reflexionaba sobre sus palabras. Nay permaneció a mi lado en silencio. Al final murmuré una frase casi para mí mismo mientras clavaba la mirada de nuevo en la ventana, incapaz de volver a hacerle frente a esos ojos.

—Las personas normales no van soltando frases filosóficas así como así.

La risa de Nay me sobresaltó. Por una vez se había reído de verdad y no simplemente burlándose de mí. Tuve que hacer un esfuerzo enorme para no mostrar que en cierto modo eso me alegraba.

—Será que no soy normal.

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¿Cansado de que tus vacaciones sean un completo aburrimiento?¿De pasarte las tardes jugando a la brisca con tu abuela?¿Y de que encima la maldita haga trampa y te deje sin un duro? ¡Esta es la solución perfecta! ¡El mejor verano de toda tu vida! ¡Vete espontáneamente con un grupo de gente que no conoces de nada a recorrer el mundo sin ningún tipo de plan previo y sin plantearte que puedan ser psicópatas! ¡¡¡La diversión está asegurada!!!… ah no, espera un momento ¡NUNCA HAGAS ESO!

Crystal nos esperaba en la parada del autobús vestida y equipada como si fuese una Indiana Jones hardcore (Creo que eso ya no nos sorprende a nadie ¿verdad?) y con una expresión de falsa inocencia. Al bajar me dediqué a fulminarla con miradas acusatorias, pero ella pareció ignorarlas muy convenientemente. Estaba claro que la pelirroja había tenido que ver en todo esto y no se iba a librar tan fácilmente de las consecuencias.

Caminamos en silencio hasta un aparcamiento prácticamente desierto —El típico que ves en las películas de miedo donde la parejita estúpida se queda en el coche y les matan— y nos paramos en una gran caravana blanca. Me pregunté de dónde habrían sacado una caravana, pero obviamente preguntar era exponerme a un montón de contestaciones sin sentido que no me resolverían nada así que me mantuve callado. Nay se acercó a la puerta del coche y llamó. Casi al instante la cara de Haddock asomó desde el interior. Nos observó serio unos segundos «Vaya trío de raros debemos de parecer». Después una enorme sonrisa se formó en su rostro. Abrió del todo la puerta de la caravana para dejarnos pasar.

—¡Ya pensé que no venías! Me tenías preocupado.

—Anda no cuentes. Te habrías alegrado si no hubiésemos venido.

—La verdad es que sí, más espacio para mí.

Nay y él se saludaron con un apretón de manos y luego el peliazul se perdió de vista dentro del automóvil. Su voz sonó amortiguada desde dentro.

—Ah por cierto. He traído al Novato también —Traducción: «Chicos, porque me da la real gana vais a estar obligados a soportar a un completo desconocido durante todas vuestras vacaciones» ¡y lo dice así! Como si fuese la cosa más normal del mundo.

Afortunadamente (o desafortunadamente) nadie pareció objetar nada. Mía me sonrió dulcemente y para mi sorpresa Sara lo aceptó sin dificultad. Sin quererlo me encontré dentro de aquel espacio comprimido con otras 5 personas más. Hay que reconocer que la caravana era más espaciosa de lo que me esperaba. Era simple, un baño, un armario, unos sillones y tres literas. Sí, TRES literas. Crystal pareció leerme el pensamiento al verlas porque en seguida me dijo que eran lo suficientemente anchas para compartirse.

—De todas maneras hemos quedado en que casi siempre habrá dos personas despiertas cuando estemos en la carretera. Para evitar accidentes —¡Ja! Como si eso me fuese a tranquilizar. Confiar mi vida a dos completos desconocidos no es mucho más alentador que sólo confiarla a uno. Aún así no dije nada y simplemente asentí con la cabeza. Tampoco pregunté como exactamente se suponía que íbamos a compartir las camas (Es una sorpresa que sinceramente prefiero desconocer).

Haddock me golpeó la espalda con fuerza, haciéndome perder momentáneamente el equilibrio.

—Vamos, Novato, te toca el primer turno al volante con Crystal —Fruncí el ceño ligeramente mientras le observaba enfrascarse en una conversación animada con Mía ¿Desde cuando me habían apodado todos Novato?

Dejé mis bolsas al fondo de una de las literas y pasé la mano por el pelo despeinando. Fue entonces cuando realmente caí en la cuenta de lo que está pasando. «Un verano diferente con personas diferente» ¿No era acaso lo que había estado buscando? Poco a poco una sonrisa asomó en mis labios.

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