Día 14 y 15 – Tallo

Domingo, otra vez volvía a ser domingo. Ese día que a nadie le gustaba porque el regreso del lunes y del trabajo eran demasiado inminentes. Pero para Ethan era uno de los mejores días de la semana en el que podía estar tranquilo y hacer lo que le diera la gana porque no había nadie que se lo pudiera estropear. Ni si quiera su padre ya que trabajaba todo ese día hasta tarde, para poner al día la tienda que llevaba para la nueva semana que se avecinaba. Aquel día era suyo y de nadie más. Pero aunque parecía que era un final de semana más, igual que todos los demás que a habido en su vida, éste no lo fue en absoluto. Todo empezó con un mensaje que le despertó de sopetón a las 7 de la mañana.

Asunto: Buenos días bello durmiente.

Hola Ethan, ¿qué tal estás? Sé que es muy temprano y puede que te entren ganas de estrangularme por haberte levantado, pero necesitaba hablar contigo“.

Podéis adivinar quien era, Simon. Ethan tuvo que leer un par de veces el mensaje para poder asimiliar lo que decía y darse cuenta de lo que ponía en el asunto, pero acabó sonriendo. Sonrió como un chico tonto que por fin tenía lo que más deseaba. Como cuando crees que has perdido algo pero al final estaba al lado tuya. Como cuando la persona que te gusta siente lo mismo por ti. Las manos le empezaron a temblar y la boca a salivar. Los nervios se apoderaron de su cuerpo en pocos segundos y casi se ahoga con su propia saliva. No le gustaba que le despertaran tan temprano un día en el que podía dormir hasta cuando quisiera, mas si era él el que lo hacía, todo cambiaba.

Agarró el móvil con las dos manos y le respondió.

Asunto: De bello durmiente nada.

Tranquilo no me has despertado, aunque lo de estrangularte no es mala idea, oye. ¿Qué es lo que necesitas hablar conmigo con tanta urgencia?

Dudó antes de enviarlo por el contenido de la respuesta y por no haber tardado mucho en responder, pero al final lo hizo. Después se quedó mirando la pantalla de su móvil esperando el próximo mensaje de Simon, pero tardó tanto en llegar que volvió a dormirse. El ruido de la notificación le despertó de nuevo, pero aun así, no le importaba. Era una bonita manera de despertarse. Si hubiera sido otra persona habría tirado el móvil por la ventana, pero las cosquillas que le causaban el saber que el peliblanco le necesitaba para algo eran tan placenteras que ansiaba su permanencia.

Asunto: Pues a mi me pareces bastante guapo.

Solo quiero saber si te parecería bien venir mañana a comer conmigo después de la escuela. Quiero pasar más tiempo contigo, quiero recuperar el tiempo que hemos perdido durante todos estos años. Llámame loco, pero es que te quiero“.

Ethan tragó saliva y desvió la mirada avergonzado fuera del móvil. Menos mal que estaba solo y que nadie podía ver aquella tonta reacción, pero le había pillado totalmente desprevenido con esa declaración. Otra vez. Su cuerpo temblaba entre una especie de emoción y curiosidad por la invitación a su casa. La sonrisa que había aflorado en su cara era tan intensa que le estaba doliendo por no poder cortarla. Saltó de la cama, dio una vuelta por su cama y se tiró de nuevo a esta en plancha en un intento de apagar, sin éxito, aquella esperanza de poder ser feliz. Le estaba visitando por fin. Tanto tiempo sin poder sonreír, sin poder sentir nada en su interior por lo que vivir, sin saber por qué seguía viviendo habían hecho aquel momento uno de los más emocionantes de su vida.

Asunto: Mejor no te digo mi opinión.

Solo si me haces algo rico que me convenza. Algo como macarrones con queso o carne con patatas. Ya sabes, cosas elegantes para un invitado especial“.

Respondió haciéndose el desinteresado. Desgraciadamente, el orgullo no le dejaba decir lo que verdad sentía, aunque era lo mejor porque así no mostraba lo desesperado que estaba. El mensaje de Simon tardó segundos en llegarle con un mensaje de afirmación.

Aquella mañana la pasó entera caminando de un lado a otro de su casa como un niño pequeño que no para por la hiperactividad. El resto de día fue casi igual aunque un par de horas las dedicó al estudio para no atrasarse con ello. La esperanza estaba inundando por completo su cuerpo. Ya los comentarios hirientes de su padre no le afectaban, ni los recuerdos que siempre le hacían caer al gran vacío de su interior. Todo entraba por un oído y salía por el otro. Hoy era un día diferente y le estaba encantando que así fuera. Estaba contento y sentía que a lo mejor esta vez era él el que se iba a comer el mundo y no el mundo a él.

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Simon agarró por la cintura a Ethan y le empujó contra la mesa más cercana que había en la clase. Deslizó una de sus manos en sentido ascendente rozando el pecho desnudo del menor, causándole la erización de su bello. Cuando llegó a su cuello lo apretó levemente para luego acercar su cabeza, provocando que sus bocas volvieran al unirse después de tanto tiempo. Aquellos labios le habían echado de menos, añoraban volver a ser queridos. 

El mayor, cansado de controlar su cuerpo por los impulsos tan fuertes que sentía, levantó a Ethan con ambas manos y éste le rodeó la cintura con las piernas para agarrarse. No sabían como habían llegado allí pero ahora mismo eran ellos dos y nadie más importaba. Cada roce, cada mirada o cada sonido hacía que sus cuerpos ansiaran más sentir el calor del contrario. Sentir como cada uno estaba dispuesto a dar lo más preciado e íntimo que tenían. Simon apoyó al menor encima de la mesa pero sin soltar éste su atadura que había hecho con sus piernas. No quería alejarse de él ni un milímetro.

Entre besos, Ethan tiró de la camisa del contrario y se la quitó para admirar su precioso cuerpo atlético. Con una de sus manos empezó a tocar cada uno de los recovecos de su torso y espalda. Aquello era todo suyo. Podía sentir como su cuerpo se moría de ganas por besar y morder algunos lugares del mayor. Los pantalones del peliazul no duraron más de tres besos y dos caricias, al igual que su ropa interior. El mayor le tumbó sobre la superficie de la mesa y, como pudo, siguió besándole. Pero cuando uno de sus dedos amenazaba por entrar en la apertura anal del menor, pensó que sería más relajante para éste el besar su barriga. Daba dos besos para acercar un poco más su dedo al objetivo, haciendo desesperar al menor.

Pero Ethan no aguantaba más. La cabeza y todo el cuerpo le ardía. Estaba sudando, más que nunca, y su cuerpo pedía cosas que jamás había sentido. Quería que siguiera, quería que le hiciera lo que estaba a punto de hacer. Su cuerpo lo necesitaba, lo pedía gritos. Quería que Simon le penetrara. A la mierda lo bien visto socialmente“.

La alarma sonaba estridentemente causando que su sueño se quedara ahí, en un sueño. Aunque la excitación que había sentido durante éste aun estaba en su cuerpo. Emanaba un calor insoportable y tuvo que salir rápidamente de la cama para darse una ducha fría y bajar un poco la temperatura tan extrema que había alcanzado. Las gotas frías hacían que su cuerpo se estremeciera por la diferencia de temperatura. Su cabeza daba vueltas y la confusión ocupó por completo sus pensamientos. ¿Por qué su cuerpo había reaccionado de aquella forma? Se sentía sucio y desconcertado pero a la vez curioso por aquel descubrimiento. Quien iba a decir que le atraía la idea de que alguien o algo le penetrara. Había parecido tan real… que a lo mejor era verdad que quería que le hicieran aquello.

Ethan no tardó mucho en salir de su casa porque Simon le había enviado un mensaje para avisarle que le estaba esperando abajo para ir juntos a la escuela. En esta ocasión, el viaje fue más divertido que incómodo ya que habían perdido un poco el miedo de hablarse y los recuerdos del sábado les dejaron de agobiar. El resto de la mañana transcurrió como siempre: profesores dando clase como si les fuera la vida en ello, un examen sorpresa para comprobar si estaban estudiando en casa y las típicas bromas que le hacían algunos compañeros al menor. Nada fuera de lo normal.

Cuando sonó la campana, Ethan buscó impaciente la mirada de Simon entre la primera fila de pupitres. Éste se la devolvió y se levantaron casi a la par para salir juntos de la escuela, aun a sabiendas que la gente ya estaba empezando a crear rumores sobre ellos. Habían decidido no dejarse coaccionar por el pensamiento de los demás y que lo único que importaba era ellos dos, lo que sentía el uno por el otro. De camino a casa de Simon, éste se paró en seco y echó la vista hacia atrás alarmado. Como cuando un perro olfatea el peligro.

-Creo que alguien nos está siguiendo- declaró sin dudarlo. Ethan miró hacia atrás, también curioso por ver quien les estaba siguiendo, pero no vio a nadie. Confuso echó la vista hacia el mayor, esperando que le explicara algo, pero éste echo a correr hacia atrás como un poseso. Tenía los puños muy apretados, casi blancos.

Ethan sin enterarse de lo que pasaba, echo a correr tras de Simon e intentó alcanzarle, pero se estaba haciendo evidente la diferencia atlética entre ellos dos. Cuando llegó al sitio donde había perdido la silueta del mayor, escuchó gritos que provenían de una callejuela pequeña cercana a él. Se acercó lentamente por el miedo de no ser quien pensaba que era y asomó su cabeza por la esquina. Por su suerte o desgracia era Simon, que estaba agarrando a un chico por el cuello de la camisa y lo tenía acorralado contra la pared. Tenía la cara muy contraída y mostraba los dientes furioso.

-¿NOS ESTABAS SIGUIENDO?- preguntó gritando con muchísima ira. Su cuerpo estaba temblando y apenas parpadeaba. Estaba muy concentrado en vigilar al chico que tenía entre sus puños. Ethan se acercó al peliblanco y le tocó el hombro para intentar calmarle pero cuando vio quien era la persona que había hecho enfadar tanto al mayor, pegó un respingo y dio dos pasos atrás. Era Norman. Al parecer ,no se había cansado de hacerle la vida imposible. Estaba ahí y como siempre, en el momento que menos indicado y esperado.

-¿Y qué? Aquí lo importante es que vosotros sois unos malditos homosexuales y merecéis que todo el mundo lo sepa y os den vuestro merecido. Aunque bueno, ya hay muchos rumores de vosotros y no me costará mucho-dijo sonriendo mientras miraba intensamente a Ethan. Se le estaba yendo la cabeza. La obsesión que sentía ya por Ethan era una enfermedad.

El menor volvió a dar otros dos pasos hacia atrás, hasta chocarse con la otra pared. El miedo estaba volviendo a él, sus piernas estaban flaqueando y el caer al suelo era algo inminente. No podía luchar contra aquello. Otra vez se le echaba encima el mundo. ¿Qué había pasado con lo de a la mierda lo que la gente pensara de él?

-Me tienes harto-declaró Simon y en un abrir y cerrar de ojos, había levantado el puño que tenía libre y lo envió directamente a la cara de Norman. El rubio cayó al suelo de culo y se llevó una mano hacia el golpe que le acaban de propinar. Echó un leve quejido por el dolor y al mirarse la mano, encontró que tenía un pequeño rastro de sangre-¡Y ni se te ocurra acercarte a Ethan otra vez o te juro…-hizo una pausa para intentar normalizar su respiración, estaba casi hiperventilando-…QUE TE MATO!-aquellas palabras sonaron en la mente de Ethan más veces de las que hubiera deseado, golpeándole las sienes de vez en cada repetición.

Aquella amenaza solo provocó que la sonrisa de Norman se ensanchara aun más. Susurró algo que ninguno de los dos consiguió oír pero si que Ethan pudo leerle los labios: “Tranquilo que yo no me voy a acercar, va a ser él quien lo haga”. Un nudo cerró su garganta y el pánico se apoderó de él. Simon, cegado por la furia, le propinó una patada en el costado y agarró a Ethan para llevárselo de allí. Le había agarrado por la muñeca y, a medida que iban avanzando hasta la casa del mayor, éste le agarraba con más fuerza.

Sentía como su mano se estaba hinchando y como la sangre no le llegaba a los dedos. Pero le daba miedo decirle algo y que la pagara con él. Estaba aterrorizado y si no fuera porque estaban tirando de él, estaría quieto como una estatua. Era tonto pero sabía perfectamente cuando callarse para no salir peor parado. Además, nunca había visto a Simon de aquella manera.

Estuvieron andando así unos diez minutos más hasta que el mayor se paró en seco en frente de un portal bastante antiguo, de madera. Al ir a abrir la puerta por fin soltó la atadura que le había hecho en la muñeca. Fue una sensación extraña ya que se le había dormido la mano y apenas sentía tacto con ella. Pero cuando Simon abrió la puerta, se olvidó completamente de su mano y de lo que acababa de pasar. Era la típica casa antigua japonesa con un jardín increíblemente hermoso. Pero eso no fue lo que más le llamó la atención, sino el recuerdo de que hace un par de semanas la había visto desde el tren. Era ese jardín rosado y verdoso que tanto había envidiado en aquel instante. Miró al mayor, asombrado, y le sonrió.

-Es hermoso-consiguió decir. Poco a poco entró y se quedó en el pequeño camino de piedras que llevaba a la puerta de la casa, admirando los colores tan vivos y especiales de las plantas que les rodeaban. Estaba lleno de rosas de color rosa y blanco y algunos árboles en flor.

Pero Simon no le correspondió la sonrisa sino que entró dentro de la casa dejándole atrás, con prisas de llegar a un sitio seguro y conocido. Aquello no pintaba bien. Por culpa de Norman la “cita” iba a ser bastante incómoda. Comieron sin apenas hablarse y el mayor había tenido el ceño fruncido todo el rato. Algo estaba pasando por su mente que no le dejaba comportarse normal, algo le estaba atormentando.

Ethan lo miraba preocupado ya que no comprendía el grado de su enfado y el por qué aun no le había dirigido ni una mirada después de el percance con el rubio. Todo iba mal. “No sé por que me hago ilusiones si al final nunca me pasa nada bueno” pensó y era verdad, cada vez que algo parecía ir bien otra cosa lo estropeaba. Toda la ilusión y la esperanza que se habían hecho hueco en su interior, se estaba escapando rápidamente en cada segundo que pasaba, llenándose todo otra vez de miedo. Además, la culpa de saber que el contrario estaba en ese estado por él, aunque no supiera lo que le molestaba, le estaba empezando a ahogar. Apretaba su garganta haciendo que no pudiera ni tragar saliva.

-Será mejor que me vaya-dijo Ethan mientras se levantaba de la mesa con el plato y el vaso en la mano para llevarlos al fregadero-Mis padres quieren que esté temprano en casa y creo que voy a tardar bastante en llegar-puso de excusa para no sentirse tan mal por querer irse, mas sabía que allí no pintaba por más tiempo.

No obtuvo respuesta sonora, solo un leve asentimiento por parte del mayor. Cogió todas sus pertenencias y salió de la casa como había entrado: aterrado. Esta vez no admiró el hermoso jardín de Simon, no quería arrepentirse de la decisión que había tomado. Todo sería más fácil si solo miraba al frente.

Antes de pasar por la última puerta de su casa, el peliblanco llamó su atención. Con paso poco decidido y con los puños aun blancos, se le acercó e intentó besarle. La ilusión volvió a Ethan, toda esa que se le había escapado minutos atrás. Mas se quedó en eso, en un intento. Pues lo que le estuviera atormentando se hizo más poderoso y no le dejó llegar a darlo.

-Si, será mejor que te vayas Ethan-proclamó cerca de su cara y con los ojos cerrados. Ahora que lo tenía tan cerca podía ver cómo unas pequeñas ojeras se abrían paso en su perfecta cara-hasta mañana.

El peliazul se desinfló y salió de aquel sitio con el paso más rápido que podía mantener hasta llegar a su casa.

Cuando llegó, saludó desganadamente a los inquilinos que había en ella -menos a su padre- y fue hacia su habitación para comenzar de nuevo su antiguo ritual: mirar el pequeño universo que había creado en su techo. Pasó horas y horas así, pensando en lo que podía haber pasado si el gilipollas de Norman no les hubiera seguido y muy a su pesar, le deseó la muerte. Quería que le dejara en paz, aunque aquello era muy improbable. El mundo estaba en contra suya y lo estaba devorando mientras el no podía ni defenderse. “Ojalá no siguiera viviendo en este maldito sufrimiento al que algunos llaman vida” grabó en su mente casi a fuego. A partir de ahora lo debería tener más presente para no tener falsas esperanzas de que la vida es algo bonito.

Había tenido lo que tanto ansiaba tan cerca que, el haberlo perdido así, ha sido el golpe más doloroso que se podía haber llevado.

Podréis llamar a Ethan loco, pero otra vez la idea de no seguir con esa vida se hacía tentadora en su cabeza a medida que iba avanzando hacia los brazos de Morfeo.

Días 14 y 15 completados

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