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Fuego

Me despierto con la cara mojada y la respiración agitada. He tenido una pesadilla. En realidad, es la misma de siempre. Suspiro y me levanto de la cama, el olor a tortitas llega desde la cocina, observo a Morgan intentando no quemarse mientras las pone en un plato. Abrazo su espalda y deposito un beso en su hombro, me recompensa con una sonrisa y besa mis labios.

—¿Otra vez la misma pesadilla?—asiento—¿Sin variaciones? —Esta vez, me disparaba durante el juicio.

Mi pareja aprieta una de mis manos y me dice que no debo preocuparme ya que es solo un sueño y esa persona está encarcelada. Me siento en la mesa y desayunamos a la par que vemos las noticias en el telediario. No hay nada nuevo que nos sorprenda; solo es el mundo matándose a sí mismo. Recogemos los cacharros y nos vestimos para ir al trabajo.

El palacio de justicia es un ir y venir de gente, muchos de mis compañeros me saludan y viceversa. Al llegar a mi despacho me encuentro a Nina fumando en la ventana. No se la ve muy feliz.

—¿Qué pasa?

—Han demandado a Nuria y al abogado que llevó su divorcio, eso es lo que pasa—escupe con rabia. Nuria es una de mis mejores amigas, alzo una ceja—. Ese tío es gilipollas de verdad.

—¿Quién ha sido?—pregunto con curiosidad aunque empiezo a sospechar la respuesta.

—Sam Herrero.

—¿No el metí a la cárcel por maltratador?—corto con rapidez. Sam Herrero es el ex de nuestra amiga y alguien a quién no te gustaría cruzarte. Nina me mira unos segundos y luego chasquea lo dedos. Supongo que acaba de acordarse de que yo dirigí la defensa.

—Ha salido esta mañana con la condicional—contesta Nina preocupada y yo le digo que es raro de que nadie me haya informado—. Tal vez lo hagan ahora—en ese momento entra Mike, mi secretario con una documento que leo por encima que viene a ser lo que me acaban de contar—. Sabemos que tiene una orden de alejamiento contra Nuria pero aun así…—sus ojos se cierran un segundo—Su abogado defensor dice que el trato que sufrió por nuestra parte durante el juicio fue denigrante, le causó secuelas psicológicas y que por eso nos ha demandado.

—¿Me ha demandado a mí también?—pregunto con curiosidad.

—No—dice tras una calada—. Nadie osaría demandarte. Eres fiscal, por favor, tienen la batalla perdida antes de empezarla.

Sonrío. Nina siempre tiene unas palabras mágicas capaces de levantarte el ánimo tras un largo día o un suceso nefasto. Ella es así, con su pelo de colores al viento y sus pintas de haber salido de un cuadro vanguardista mas cuando ha de ponerse seria, es la abogada más inteligente de todas. Nunca la vi tan formal como en su primer juicio, llevaba unos pantalones negros anchos, una camisa blanca y una americana, se había puesto una peluca de color marrón y había encandilado a todos con su labia. La jueza no pudo sino darle la razón.

Actualmente trabaja para el bufete de abogados de Nuria, una compañera de carrera que se dedica a defender a los colectivos minoritarios que no pueden pagarse un abogado. La queremos mucho y que Sam haya salido de la cárcel supondrá un duro golpe para ella.

—Bueno—dice cogiendo una bolsa del suelo—, te dejo trabajar.

—Suerte en el juicio y si hay alguna novedad de Nuria, avísame.

Me hace el saludo militar antes de irse y yo me entierro en la maraña de papeles que supone el caso en el que llevo varios meses trabajando. Cuanto más lo leo, más mala sangre me hago. Nunca entenderé cómo alguien puede hacerle cosas tan horribles a alguien tan joven; soy incapaz de ver las fotos por lo que las separo en una montaña a parte y me centro en las declaraciones de los implicados y en preparar una buena defensa para que el acusado vaya de por vida a la cárcel aunque conociendo el sistema judicial saldrá dentro de tres años por buen comportamiento.

Se me hace de noche sin darme cuenta. Me masajeo las sienes y salgo del despacho tras mandarle un mensaje a Morgan para su tranquilidad y que no piense que he muerto porque una montaña de papeles se me ha caído encima. Las calles están desiertas y llego sin ningún contratiempo.

La casa huele a chipirones y mi pareja tiene todos los dedos manchados de negro. Deposito un beso en su mejilla y voy a dejar las cosas en la habitación, al volver la cena está lista.

—Tengo que marcharme de viaje de negocios a Barcelona unos días. Parto mañana a primera hora.

—¿Cuándo vuelves?—pregunto agarrando su mano limpia.
—El vienes a la tarde—dice con rabia—. Me sabe muy mal no estar en el juicio que

llevas meses preparando, siempre es precioso verte defender a las víctimas.

—No te preocupes—respondo sonriendo— mientras estés conmigo para siempre el resto no importa.

Sonríe de lado y sé que he conseguido bajarle el enfado. Tras la cena nos sentamos en el sofá a ver cualquier película de la televisión en la que no salgan abogados o empresarios pues tenemos de sobra en nuestro día a día.

———

La cama se siente muy vacía sin Morgan. Suspiro y me levanto para ir al trabajo. Por fin ha llegado el juicio. He estado trabajando en él durante tanto tiempo que hasta me sé de memoria los pequeños detalles. Llego con un gran margen de antelación a los juzgados y paso por mi despacho para recoger las notas; siempre las dejo en allí porque una vez me las olvidé en casa y casi pierdo el juicio, por fortuna mi pareja llegó a tiempo y me las dio antes de que el jurado emitiese un veredicto.

Me dirijo hacia las salas destinadas a juzgar a los acusados y me encuentro con Nina y Nuria. Me acerco a charlar con ellas porque me sobran unos minutos. Me comentan que están esperando la resolución de un caso en el que llevan meses trabajando, que Sam ha vuelto a la cárcel por quebrantar la orden de alejamiento y me desean suerte. Les devuelvo el gesto con una sonrisa y me despido de ellas.

Me acerco a la sala en la que se realiza y me siento en mi lado. Deposito mis papeles ordenados y miro hacia el lugar del acusado, aún no han llegado ni él ni su abogado defensor, suspiro y consulto el reloj; solo quedan veinte minutos para que comience. Me siento a esperar y repaso las notas que he tomado. La sala se va llenando de gente lo que no me extraña pues ha sido un proceso muy mediático al tratarse de un asunto entre las dos familias más ricas del país.

Comienzo a ponerme de los nervios, porque acaba de pasarse la hora de inicio del juicio y no han aparecido ni el abogado defensor ni el acusado ni la jueza. Suspiro y le pregunto al alguacil si sabe el motivo del retraso, niega con la cabeza y me insta a esperar. Cuando las puertas de la sala se abren y entra otro de los trabajadores armados comunica en alto que los tres que faltan han sufrido un imprevisto y el juicio se aplaza hasta el lunes.

Bufo y comienzo a recoger mis cosas a la par que la gente abandona la sala. El oficial me comenta en peti comité lo que ha ocurrido: la jueza ha encontrado un atasco producido por un accidente en la carretera, el abogado defensor está ingresado en el hospital por comer ostras en mal estado y al acusado le han apuñalado en la cárcel y no puede salir de la enfermería. Le doy las gracias y salgo de allí.

Llego a mi despacho y recibo una llamada de Morgan. —¿Qué tal el juicio?

—No se ha podido celebrar—contesto con pesar—. La jueza, el abogado y el acusado han tenido problemas personales y no han podido acudir a la cita. Se ha retrasado hasta el lunes.

—Lo siento mucho, cariño—le digo que no pasa nada—. Yo también tengo malas noticias, me ha pillado un temporal y no voy a poder viajar hasta el lunes por la tarde.

—Yo que contaba con celebrar San Valentín a tu lado con una cena en el restaurante italiano cercano a casa.

—Prometo llamarte el domingo para celebrarlo—me dice con alegría—¿Qué vas a hacer todo el fin de semana sin mí?

—Echarte de menos—contesto en un susurro, noto su risa a través del teléfono—. Llamaré a alguien de nuestros amigos y quedaré con ellos.

—Me parece bien—se hace el silencio en la línea—. Yo también voy a echarte mucho de menos. Te quiero.

—Y yo a ti.

Cuelgo y me froto la cara con las manos. Comienzo a revisar otros casos y lo alterno con mensajes a mis amigos recibiendo la misma respuesta; todos están ocupados para los dos días siguientes porque se van a celebrar San Valentín con sus familias o parejas. Suspiro y asumo va a tocarme quedarme en casa viendo una película o leyendo cerca de la chimenea.

———

El lunes llega sin previo aviso y esta vez soy yo quien llega tarde el juicio. Anoche me dormí al lado de la chimenea, que aún tiene fuego, con un libro de John Steinbeck y me desperté gracias al panadero que pasa por nuestra casa; corrí a cambiarme y salí de casa sin comprobar que todo estuviera en orden.

Abro las puertas de par en par y me disculpo por mi tardanza, no recibo más que una mirada severa por parte de la jueza y una altiva del abogado defensor al que ignoro. El proceso judicial comienza y al cabo de dos horas hacemos un descanso de media hora en el que aprovecho para mandarle un mensaje a Morgan y tomar un café intentando evitar a la prensa que no hace más que acosarme con preguntas sobre las pruebas del caso. Les aclaro que no me es imposible darles esa información pues el caso está bajo secreto de sumario y que una vez finalizado el juicio obtendrán todo lo que deseen.

Les dejo con el micrófono en la boca y me marcho a continuar con la acusación que se alarga hasta las seis de la tarde. Salgo un poco triste porque el jurado aún no ha llegado a ningún veredicto y recibo una llamada de la vecina de la casa de al lado. Al principio no entiendo lo que quiere decir pues habla muy rápido. Logro tranquilizarla y me pide con urgencia que vuelva cuanto antes. Y eso hago.

Por el camino encuentro la calle llena de gente que me impide avanzar con el coche por lo que le dejo en mitad y salgo de él sin darme cuenta de la corriente de aire que soplaba

fuera. Escucho con atención los murmullos que dicen que el edificio de al lado de la señora Even se está quemando. Mi cabeza reacciona en seguida y corro hacia el lugar.

Cuando llego, encuentro mi casa ardiendo y el viento soplando con ira. Es en ese momento cuando, con tristeza, sé que mi vida cambiará. Un montón de camiones de bomberos intentan apagar el fuego mientras que la policía vigila a los vecinos he impide que traspasen la barrera policial que yo me salto para intentar llegar hasta mi vivienda. Un agente de la ley me agarra y no me deja seguir, le repito que esa es mi casa mientras las sirenas de los bomberos se me clavan en el cerebro, no puedo pensar en otra cosa que en todos los recuerdos que se consumen con ella; los más preciados sin duda son lo que he vivido con Morgan. De repente mi cabeza conecta fichas y la idea de que estuviera dentro de la casa cuando ha empezado el incendio me carcome por dentro. Le pregunto a uno de los bomberos si había alguien en la casa y él contesta que no; siento un gran alivio pero a la vez no porque no sé cómo voy a explicarle esto.

Oigo mi nombre entre la multitud y veo asomarse a Morgan que corre a abrazarme y me pregunta repetidas veces si estoy bien. Contesto que sí y que acabo de llegar. Los bomberos nos preguntan si el edificio es nuestro y respondemos que sí, uno de ellos nos dice que el incendio ha sido causado por un petardo que han tirado dentro de nuestra casa y que ha caído dentro de la chimenea que estaba encendida. Morgan se cabrea con los adolescentes irresponsables del barrio y yo comienzo a llorar cuando la estructura de la casa se derrumba.

—¿Qué vamos a hacer ahora?—le pregunto en un mar de lágrimas sintiéndome culpable por haberme dejado la chimenea encendida.

—Seguir hacia delante—contesta con una bella sonrisa—Mira—dice señalando las llamas—¿No es un bonito espectáculo?

Miro en la dirección del fuego.
—Lo es—afirmo abrazándole más fuerte—. Tendremos que buscar una nueva casa.

—¿Y crear nuevos recuerdos?—asiento—. Me parece un maravilloso plan de vida.

Nos quedamos contemplando el fuego hasta que se extingue y con él una etapa de nuestras vidas.

One thought on “Fuego”

  1. Maria Victoria Casado Picon says:

    ameno, entretenido.

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