Browse By

La vida es aburrida. Capítulo 7

Dormir es love, dormir es life

Mantuve la mirada fija en la oscuridad mientras Crystal seguía parloteando a mi lado. Obviamente no tardó mucho en darse cuenta de que no la hacía ni puto caso y acabé recibiendo una colleja y un par de gritos en la oreja que me obligaron a reaccionar. Desviando la vista miré a mi amiga sin poder evitar ocultar mi mal humor. Si tan solo Crystal hubiese llegado unos minutos después,.. “Tampoco seas así Dan. Aunque Crystal no hubiese aparecido no habrías obtenido una respuesta … o al menos una respuesta que te gustase” Chasqueé la lengua molesto. Estúpida subconsciente sabelotodo. No necesitaba que me dijesen lo obvio. No había sido culpa de Crystal, pero aún así molestaba.

Con un suspiro me dejé llevar a tirones por mi amiga, que había decidido ignorar mi ignoranción (Lo sé, preciosa frase) Sin darme cuenta me encontré sentado en medio del campamento que parecían haber montado en un instante. Rodeando la luz de una mini hoguera estábamos Haddock, Mía, Crystal y yo. De Sara y Nay no había noticias (Sí, ya sé lo que estáis pensando y no, no pienso dejar que mi mente se ponga a divagar sobre dónde demonios se han metido o qué hacen en estos momentos. Creo que mi cerebro explotaría).

Los cuatro nos miramos en silencio unos instantes. Como si fuese una competición para ver quién se atrevía antes a iniciar la conversación. Al final con una lentitud y solemnidad digna de película Haddock sacó una botella vacía de su mochila y la tiró al centro del circulo que habíamos hecho. Una sonrisa traviesa asomó por sus labios y al final habló.

—Prueba o verdad.

Alcé una ceja con desconfianza. “¿En serio pensaba que íbamos a jugar a un juego tan tonto? Pues lo llevaba claro nadie en su sano juicio querría jugar a algo tan…”

—¡Empiezo yo! —Crystal agarró la botella y sonrió infantilmente.

“Mi amiga es idiota”

Fruncí el ceño contrariado y me removí en mi asiento. Muy sutilmente, para que no se percatasen, me giré para quedar ligeramente fuera del círculo.

—Yo paso —murmuré mientras flexionaba las piernas para apoyar mis brazos y la cabeza en las rodillas. Crystal puso los brazos en jarra (O como yo prefiero llamarlo “Pose de la madre cabreada”) y me miró con reproche.

—¡No seas aguafiestas! —Aún así no me amedrenté ante la mirada de la pelirroja. Ya tenía suficiente con hacer el ridículo a todas las horas del día, no pensaba jugar a un juego donde tenía todas las papeletas para la humillación.

—Ni en sueños. Jugad vosotros.

Haddock abrió la boca para protestar, pero Mía se le adelantó con una sonrisa tímida.

—En este juego da igual el número de personas que jueguen. Si no quiere no le vamos a obligar — ¡Oh, bendita Mía! Con eso Haddock pareció convencido (Aunque, entre nosotros, estoy seguro que viniendo de Mía Haddock se habría aceptado hasta que los plátanos son morados y saben a gominola) y Crystal tampoco añadió nada. En cambio optó por ignorarme y giró la botella murmurando algo que oí como Cacho de desgraciao aburrido”.

Yo sin añadir nada le dediqué una sonrisa a Mía a modo de agradecimiento. Está claro que esa chica era mi ángel de la guarda. Debería asegurarme de tenerla al lado siempre que esté con Nay, así me ahorraría muchas humillaciones.

Crystal hizo girar la botella con precisión entre los presentes y esta fue a parar con la punta en Haddock.

Nunca me he alegrado más en toda mi vida de haberme echado atrás en algo que aquella vez. Solo con ver las sonrisas macabras que aparecieron en el rostro de Mía y Crystal cuando Haddock eligió desafío supe que me había salvado de una buena. ¿Cómo es posible que transformen su cara de niña buena a completo diablo en tan poco tiempo?

Mis amigos son retorcidos, dan miedo. No pude hacer otra cosa que mirar a Haddock sufrir los retos más estúpidos y humillantes con pena. Y hay que decir que él a la hora de dictar retos tampoco se quedaba atrás. Sin duda todos eran una panda de cabrones. No había tregua. La botella te elegía y tu destino estaba decidido. Ni siquiera los pucheros de Mía sirvieron para enternecer a Haddock y Crystal cuando la botella la eligió.

Me dediqué a observarles en silencio mientras reían y discutían. La verdad es que no tenía mucho interés en soltar algo que les hiciese recordar que estaba ahí y me hiciesen pasar por algún reto horrible. Poco a poco empezaba a notar como se me cerraban los párpados por el sueño. Cuando empezaba a plantearme la posibilidad de alejarme silenciosamente del corro formado para poder dormir la botella volvió a girar por milésima vez, parando lentamente en Crystal. La chica se mordió el labio y al final habló atrayendo mi atención.

—Elijo verdad —La miré aún soñoliento unos instantes, con curiosidad, luego inconscientemente pregunté algo que llevaba un tiempo cuestionando en mi cabeza.

—¿Por qué tienes un tatuaje de unas alas en la espalda? —Se hizo un repentino silencio en el círculo, la tensión era palpable. Eché una rápida mirada a todos los presentes, incómodo por aquella reacción tan repentina. A mi izquierda pude escuchar como Haddock se quejaba en un susurro a Mía infantilmente.

—¡Pero si él no juega! ¿Puede hacer preguntas?¡No es legal! —La chica le pegó un ligero codazo para que se callase, pero no le miró. Tenía la mirada clavada en Crystal.

—Déjale, que quiero saber la respuesta ¿Por qué tienes ese tatuaje Crystal? Nunca me lo has dicho.

Crystal permanecía quieta en su sitio. Noté sorprendido que se había puesto blanca como la nieve. Torcí el gesto incómodo ¿Acaso había hecho una pregunta comprometida? “Mierda, debería haberme callado la boca…deberías, pero eso es imposible porque eres un bocazas”. Intentando arreglar mi metedura de pata (y por arreglar me refiero a salir por patas de la escena del crimen) me levanté torpemente murmurando unas incoherencias que querían decir “Da igual, mejor dejamos el juego y me voy a dormir, pero más bien sonaron como un “dablububsduiasdha”.

Todo habría quedado ahí de no ser porque yo soy yo, y como yo soy yo y mi existencia es ya de por sí el patetismo no podía pasar otra cosa sino que me chocase de bruces con Sara, que acababa de acercarse al grupo desde Dios sabe dónde.

Todo fue tan rápido y confuso que no tuve tiempo de procesarlo. Acabé en el suelo junto a la chica, con la frente adolorada por el golpe y sin saber muy bien como demonios me había acabado pegando semejante porrazo.

Sara en cambio no parecía muy confundida, más bien me clavaba la mirada como si fuese a matarme. La miré sin comprender unos instantes “¿Por qué se pone así? Debería ser yo el que se… ah no, que ha sido culpa mía” Vale, entonces supongo que sí tiene razones para querer matarme. Una tremenda carcajada me sacó de mis pensamientos. Oh mierda, se me olvidaba que detrás de Sara siempre hay otra persona. “Perfecto”.

Nay se acercó al circulo aún riéndose a mandíbula batiente.

—Ahí tienes la respuesta a tu pregunta de antes Novato. Eres jodidamente torpe y tus meteduras de patas amenizan el día.

Sin darme tiempo a contestar dejó caer una bolsa al centro del corro. Todos los demás (Que parecían demasiado sorprendidos por la pedazo hostia que nos acabábamos de pegar Sara y yo como para reírse) le miraron sin decir nada. Nay se encogió de hombros con su típico aire de superioridad.

—Si vosotros pensabais morir de hambre no es mi problema. Yo quiero cenar.

Con eso todo el mundo pareció olvidar la tensión del ambiente. Haddock y Mía emitieron un grito de alegría totalmente sincronizados y se abalanzaron a por la comida. Pronto las risas y las conversaciones de cosas sin importancia volvieron a llenar el silencio de hacía unos segundos. Sara volvió a dedicarme unas miradas que aterrorizarían a cualquiera y antes de que pudiese decir nada se dirigió al corro para sentarse junto a los demás. No pude evitar suspirar aliviado.

“Bueno, al menos sigo vivo y no me ha arrancado los ojos”

Con todo el lío se me había quitado el apetito para … probablemente toda mi vida. Así que decidí levantarme del suelo e ir a dormir ya. Saqué uno de los sacos de dormir que habían traído y lo extendí como una manta en el suelo. Me tendí encima de ella y contemplé el techo de la estación durante unos minutos. Bueno, mirando el lado positivo, con la caída había conseguido hacer que todos olvidasen la pregunta que le había hecho a Crystal. Me mordí el labio, un poco preocupado por mi amiga. Debería aprender a mantener la boca cerrada y no meterme donde no me llaman.

Suspiré derrotado y cerré los ojos intentando calmarme para así poder dormir. Había sido un día bastante raro…por supuesto que había sido raro, no todos los días un casi desconocido con el cual llevas obsesionado dos meses prácticamente te obliga a irte de viaje a ni sabes dónde con una panda de gente desconocida… pero misteriosamente no me arrepentía de ello “¿Querías experiencias nuevas no? Pues ale, ya las tienes”

Aun estando alejado de donde se encontraban los demás alcanzaba a escuchar retazos de la conversación que mantenían y no podía evitar soltar alguna sonrisa cuando escuchaba alguna estupidez de Haddock o cuando Mía y Crystal le regañaban como si se tratase de un niño pequeño.

Estaba ya en ese momento de mitad dormido mitad despierto cuando unos pasos me hicieron abrir los ojos, alarmado. Crystal se sentó a mi lado en silencio. Algo en la escena me resultó extraño. Esa Crystal era demasiado…normal. ¿Dónde están los gritos a pleno pulmón, las expresiones raras y la música excéntrica que siempre suena de sus cascos? Parpadeé con lentitud mientras giraba el rostro para mirarla. La chica estaba muy seria, hasta pude ver como jugaba con sus manos en un signo de claro nerviosismo.

Una voz en mi interior se preguntó si estaría enfadada conmigo por ser tan bocazas. Tal vez no debería preocuparme por ser degollado por Sara, puede que Crystal me matase a tortazos aquí mismo. Para mi sorpresa mi amiga no me pegó, ni siquiera me miró o me habló. Simplemente posó un libro a su lado como si no quisiese la cosa y tan rápido como había venido se marchó. Extrañado lo cogí con pereza y miré la portada intentando enfocar la vista debido al cansancio.

Parecía una novela normal y corriente. Una tapa totalmente negra con elegantes letras en plata. Miré a ambos lados para darme cuenta de que todos habían optado por irse a dormir también y el lugar estaba oscuro excepto por la luz de una farola que se colaba por la ventana. Chasqueando la lengua me aparté el flequillo de los ojos y lo pensé por unos segundos. Luego en total silencio me levante del suelo y me acerqué a una de las ventanas que daban a la farola de la calle para abrir el libro y comenzar a leer.

 

– — — – — — –

El sonido de un golpetazo me despertó. Alarmado pegué un respingo desde el asiento donde hasta hace medio minuto estaba en modo “dormir en postura imposible y que te duele solo de mirarla” y me acabé golpeando la cabeza con la ventanilla de la furgoneta. A mi lado Mía hizo una mueca de culpabilidad mientras recogía la lata de galletas que se le acababa de caer al suelo.

—Lo siento. Se me escapó —Hice un gesto con la mano para quitarle importancia y desvíe la vista para mirar la carretera por la ventanilla. En el fondo ella no tenía la culpa de que yo llevase en modo zombie desde que habíamos retomado el camino hacia la frontera. La muchacha me miró unos instantes con preocupación—. Dan ¿Seguro que estas bien? Pareces agotado

¡Ja! Cómo si tú después de sólo haber dormido dos horas fueses a estar mucho mejor” Intenté reprimir a la subconsciente borde de mi interior y me forcé a esbozar una ligera sonrisa para tranquilizarla.

—No te preocupes. Estoy perfectamente. Puedo conducir la hora que queda a tul usé con Crystal.

Mía se mordió el labio y me miró como si fuese un perrito abandonado.

—En realidad es Toulouse… y son casi 4 horas de viaje, cariño.

Me quedé en silencio un rato mirando fijamente a la mesa sobre la que medio me tumbaba como procesando la información. Al final con voz pastosa pregunté.

—¿Toulouse?….¿ No era ese de los aristogatos? —La risa de la morena me hizo fruncir el ceño y frotarme el oído molesto. ¿Había dicho algo gracioso?

—Será mejor que duermas. Yo puedo ocupar tu puesto.

“¡Ahhh! No, eso sí que no. La pobre chica ya tiene suficiente con aguan… “ los ojos se me cerraron por el sueño y tuve que dar un respingo para despejarme “…¿En qué estaba pensando?” . Vale, tal vez no me encontrase en plenas facultades como para manejar maquinaria pesada, lo mejor sería aceptar la oferta o todos acabaremos en la cuneta volcados. Tapándome los ojos con la manga de la sudadera asentí derrotado. A pesar de no ver pude notar como la chica sonreía y se ponía de pie con un entusiasmo que nunca había visto en ella.

—¡Muy bien! Será mejor que te vayas a dormir. ¡Cuando lleguemos al camping pienso sacados a todos de fiesta! —Solté un quejido de protesta, pero la chica pareció ignorarlo convenientemente ¿Por qué toda la gente que conozco opta por ignorarme en los momentos oportunos? Murmurando palabrotas dirigidas al mundo en general conseguí arrastrarme hasta una de las literas vacías de la caravana para dormirme nada más caer en ella.

Cuando me desperté sería ya por la tarde. La caravana se había parado y estaba vacía, exceptuando a Haddock, que iba de un sitio a otro poniéndolo todo patas arriba. Me incorporé de la litera y le seguí con la mirada en su viaje de aquí para allá. Tras un rato sin lograr comprender por qué demonios hacía decidí preguntar.

—¿Has decidido cambiar la decoración de la furgoneta a la temática “vivo en una pocilga”? —El chico pareció darse cuenta de que estaba despierto. Me sonrió distraídamente mientras seguía sacando cosas y cosas de bolsas que había en los armarios.

—¡Por fin despertó! ¿Qué tal, bella durmiente? ¿Buena siesta? —Bufé a modo de respuesta, dejando claro lo mucho que me importaban sus comentarios de mierda, me levanté para estirarme y me acerqué a él con curiosidad.

—Dejando a un lado los insultos de buenos días ¿Qué demonios haces?

—Buscaba un bañador. Hace un calor insufrible ahí fuera, Novato. Los demás se están bañando y dan una envidia —Lo miré sin comprender.

—¿Bañarse? —Me acerqué a una de las ventanas y miré al exterior. Nos encontrábamos en una especie de descampado/camping lleno de tiendas de campaña y caravanas como la nuestra. A uno de los lados corría un río relativamente grande donde la gente se bañaba— ¿Tan rápido hemos llegado?

A mi lado Haddock bufó imitándome.

—Se habrá pasado rápido para ti. Llevas casi 6 horas durmiendo. Aunque mejor. Hay que tener energías esta tarde. Mía se ha empeñado en que hagamos todos algo por la noche —Fruncí ligeramente el ceño. No me solía gustar salir de fiesta por la noche. Siempre que iba arrastrado por mis amigos del insti acababa siendo yo el que tenía que velar por los borrachos y luego Martín y yo teníamos que llevarlos a sus casas uno por uno. A pesar de eso no comenté nada. En cambio me acerqué hasta la litera y abriendo mi mochila saqué dos bañadores. Cogiendo el que parecía más grande se lo lancé a Haddock, que lo cazó al aire.

—Te dejo uno de los míos, pero más te vale recoger el estropicio que has hecho. Yo no pienso cubrirte —Una amplía sonrisa de esas tan típicas en el chico apareció en su rostro.

—Gracias Novato ¡Me muero de calor!

Una vez la paz volvió a restablecerse en la caravana decidí salir de ahí para ver los alrededores. Me fui acercando a la zona del río. Donde la gente había desplegado mantas y cestas de picnic y se entretenían poniendo música o jugando a juegos de cartas.

De camino a la orilla divisé a Crystal acercandose a mí. Inmediatamente me puse nervioso. No había hablado con ella desde aquella escénica rara en la estación y no sabía muy bien qué decirle. Aún así —milagrosamente—, no salí huyendo cobardemente ni nada humillante, tal vez fue la sonrisa que me dedicaba que, a mi manera de ver, era como una bandera blanca que decía ” Puedes acercarte, hoy no tengo instintos asesinos”. Cuando la pelirroja me alcanzó seguimos andando juntos sin un rumbo fijo, en un silencio ligeramente incómodo. No estaba acostumbrado a esa Crystal silenciosa. Al final fui yo quien tuvo que romper el silencio. Cuando prácticamente habíamos llegado a la orilla del río me atreví a hablar.

—Hay una cosa que no entiendo de la protagonista del libro —Aunque Crystal no dijo nada por el rabillo del ojos pude ver que había captado su atención. Continuamos andando río abajo. Entre las piedras y algún que otro mocoso que correteaba empapado—. ¿Por qué confía tan rápido en un desconocido? En plan. Los niños de ahora no se hacen colegas de un señor del parque así como así. Antes le dan una patada en la espinilla y salen corriendo.

La chica sonrió levemente y dio una patada a una piedrecita del camino.

—Confía tan rápido porque quiere encontrar alguien en confiar. Se siente sola y quiere dejar de estarlo.

Me mordí el labio pensativo.

—No, si eso lo entiendo… pero ¿por qué no recurrir a su familia en vez de a alguien de por ahí?

Incluso sin estar enfrente suya pude notar como mi amiga fruncía el ceño.

—Ya has visto a su padre. No la comprende, no funcionaría

Por alguna extraña razón tuve la sensación de que Crystal no hablaba solo del libro, pero no quería meter el dedo en la llaga. O al menos no quería hasta que un repentino empujón de la pelirroja me hizo caer de lleno en el río.

En mi favor diré que la chica me pilló totalmente de sorpresa y también en mi favor diré que si a vosotros os hubiesen tirado a una piscina llena de agua tan helada como para hacer cubitos de hielo como esta habrías pegado exactamente el mismo bote que yo y habrías soltado exactamente el mismo gritito humillante que solté yo… o bueno, tal vez no lo habrías hecho y es que yo soy el raro. A mi lado Crystal no podía parar de reirse. ¿Antes dije que me resultaba raro ver a la Crystal silenciosa? Pues retiro lo dicho, prefiero mil veces a una Crystal calmadita que a una Crystal toca cojones. Enfadado la miré con reproche

—¡Crystal! —Mi amiga alzó las manos en signo de inocencia, pero que aún estuviese llorando de la risa no le sirvió mucho para ese gesto.

—No es mi culpa que seas tan patoso como para caerte con tan poca cosa —“La mato, yo la mato” Me aparté los mechones mojados de la cara con frustración.

—A mi no me hace gracia ¡Podría haber llevado el móvil encima! —Crystal puso los ojos en blanco y sacándolo de su bolsillo zarandeo mi móvil enfrente de mis narices.

—Tranqui frikazo. Tu amor platónico sigue vivo —“Un momento, ¿Cuándo demonios me ha quitado el móvil?” ¡Encima de despiadada, ladrona! Lo que nos faltaba para el grupo. Rápidamente le quité el móvil de las manos y la observé unos instantes. Había recuperado el brillo divertido en la mirada que la caracterizaba. “Perfecto. Si ha vuelto a ser ella significa que no tengo por qué tener piedad” Esbozando una sonrisa sardónica alcé los brazos hacia la chica.

—¡Qué persona más considerada eres!. Guardando mis pertenencias para evitar que se estropeen con mis caídas —Crystal alzó ligeramente una ceja, pero no la dejé responder—. ¡Un abrazo de buenos amigos! —El rostro de mi amiga se transformó al horror. Inútilmente intentó huir

—¡No!, ¡No! ¡Dan, está muy fría! ¡¡Piedad !! —Tarde. La agarré con fuerza y mientras se dedicaba a pegar grititos típicos de niña pija me aseguraré de restregar bien mi pelo mojado en su mejilla. Cuando me consideré satisfecho dejé que me apartase de un empujón riendo. Fue entonces cuando un un chico de pelo castaño y pecoso se acercó a nosotros y para mi sorpresa nos habló.

—Disculpad …¿Crystal? —Mi amiga dejo de reírse en seguida para mirar al chico sorprendida. Luego acabó apoyando su mano en su hombro como si no diese crédito.

—¿Alex? —El chico le dedicó una cálida sonrisa y sus ojos azules brillaron al hacerlo.

—Hacía meses que no te… —No le dio tiempo a continuar porque Crystal se abalanzó sobre él en un abrazo mientras reía alegre.

—¿Meses? ¡Hace un año que no nos vemos, cabrón! —No pude evitar sonreír al ver el entusiasmo de mi amiga—. Espera un momento… Si estas tú significa…

El chico asintió lentamente con expresión… ¿de culpabilidad? Creo que me he perdido algo. El rostro de Crystal pareció crisparse unos segundos, pero al final acabó sacudiendo la cabeza y sonriendo de nuevo.

—Bueno eso da igual ¡Ya me estas contando ahora mismo todo lo que has hecho en este mes! ¿A cuántas tías te has tirado?

“Ehm… vale, creo que esta conversación está llegando a un nivel del que yo prefiero no pasar” Carraspeando ligeramente me hice notar.

—Crystal… —La chica se volvió hacia mí como si acabase de reparar en que seguía ahí.

—¡Oh! Sí. Alex este es mi amigo Frikazo. Frikazo, este es Alex solíamos tocar en la misma banda —Fruncí ligeramente el ceño ¿Qué diablos tiene en contra de mi nombre esta gente? El ojiazul me dedicó una sonrisa amable. Por como reaccionó con naturalidad a esa extraña presentación supuse que ya estaba más que acostumbrado.

—Sí… Encantado. Sería muy interesante quedarme aquí enterándome de vuestra vida privada, de verdad, pero… creo que tengo un problemilla —Para enfatizar mis palabras señalé el pelo y la ropa mojados que seguían chorreando agua helada. Ambos se rieron alegremente. “Perfecto, ahora hasta los desconocidos se burlan de mí” El recién descubierto Alex me señaló una dirección con el brazo.

—Cerca de aquí están las cabañas de los lavabos. No son gran cosa, pero están ahí para que la gente se duche y esas cosas. Supongo que podrás encontrar toallas por ahí —¡Oh dios mío! Por fin alguien amable y coherente entre esta panda de locos de los que me he rodeado. Crystal asintió a sus indicaciones.

—Sí, por ahí tal vez te encuentres al grupo. Creo que Mía quería prepararse para la tarde —Asintiendo rápidamente me giré hacia ese lugar.

—Bueno… Entonces ha sido un placer. Supongo que luego os veré … cuando deje de ser una fuente andante.

Dicho esto salí rumbo a las cabañas.

Afortunadamente no estaban muy lejos de donde había dejado a la parejita hablando de sus viejas batallitas, así que perderme era prácticamente imposible. Además a esas horas todo el mundo optaba por bañarse en el río de los cubitos de hielo y la cabaña estaba bastante alejada de las miradas divertidas que me echaba la gente al ver mis pintas. Casi suspiré de alivio cuando por fin conseguí entrar en la cabaña de los chicos. La zona por dentro era bastante amplia (Eso o que al estar tan vacío parecía enorme). El típico vestuario de madera al estilo antiguo y unos cuantos compartimentos al fondo que supuse que serían las duchas ya que oía algunas funcionar en el interior. “Mejor, no quiero soportar más miradas raras de la gente por lo que queda del día”

Murmurando palabrotas en contra de todos los pelirrojos del mundo me dediqué a buscar en los armarios del vestuario por toallas para secarme. O al menos estaba en ello cuando una voz me paralizó por completo.

—¿Por qué siempre que te veo pareces haber sufrido una desgracia de la naturaleza?

“No. Esa voz no. No, no , no, no, no, no, no, no , no, no” Lentamente me giré en mi sitio para afrontar la realidad… y sí. Al lado de una de las puertas de las duchas Nay me observaba con diversión. Nay recién salido de la ducha, con una toalla al rededor de la cintura y otra en su mano mientras se intentaba secar el pelo. “En serio Dios ¿Qué tienes contra mi? ¿QUÉ LEÑES HE HECHO YO PARA MERECER ESTO?

Noté como las palabras se atragantaban en mi garganta y hasta pude jurar que me apareció un tic nervioso en la ceja. Nay me miró con una expresión totalmente indescifrable excepto por la ligera ceja encarnada.

—¿Qué te pasa ahora? ¿Te has quedado mudo? —Totalmente tenso abrí la boca para intentar decir algo, pero al final acabé cerrándola de nuevo. Solamente cuando el chico empezó a avanzar por el vestuario conseguí reaccionar dando un ligero bote.

—¿Quieres hacer el favor de ponerte algo? —Desvié la mirada de su rostro cobardemente cuando noté que el posó la suya en el mío. Nay se paró unos segundos, pero al final retomó su camino. Sólo que ahora se acercaba a mí.

—No me digas…—Inconscientemente retrocedí todo lo que pude hasta que noté los casilleros de la pared golpear con mi espalda. La sonrisa burlona de Nay se hizo más grande— Qué te da cosa verme desnudo—Automáticamente gruñí, solo que estaba demasiado nervioso y el gruñido más bien sonó como una cabra histérica.

Nay avanzó con naturalidad y se apoyó en los casilleros junto a mí. Desde donde estaba podía ver las gotas recorriendo su marcada mandíbula, tuve que desviar la mirada, confuso por las extrañas sensaciones de mi cuerpo.

—¿Acaso nunca has estado en un vestuario con más gente? ¿Sabes lo que significa la palabra “Deporte”? —Me mordí el labio sin atreverme a mirarle aún. Nay se carcajeó acercandose un poco más a mí. Inclinando ligeramente el torso acercó su rostro al mío peligrosamente. Tan cerca que podía sentir su aliento rozar mi cara—. Vale, se me olvidaba con quién estaba hablando. Por supuesto que no sabes lo que significa.

—¡Por supuesto que lo sé! He estado miles de veces en los vestuarios —Bueno. En realidad eso no era del todo una mentira… si entendemos un par veces como miles, claro (¿Qué? La Eduacion Física del colegio era insufrible ¿Vale? Es normal que me la saltase unas cuantas… decenas de veces)

—¿Estás seguro de eso?—La voz de Nay me hizo cosquillas en el oído que me causaron un estremecimiento—, porque no pareces muy convencido —El chico volvió a sonreír malévolamente—. Vaya… sabía que era guapo, pero no pensaba que tanto como para excitar a un hetero.

—¡Serás cabrón! —Nay se rió de nuevo.

—Oh vamos. Mírate, si estas tan tenso como si fuesen a sacarte las muelas del juicio. Deberías aprender a soltarte un poco ¿Sabes? O sino acabarás siendo un viejo aburrido con una vida aburrida.

¿Se estaba burlando de mí de nuevo?. Sacando fuerzas de Dios sabe donde conseguí alejarle un poco de mí. Al menos lo suficiente como para que me dejase pensar.

—Toallas… Yo venía a por toallas —Hasta yo mismo me sorprendí de lo firmé que sonó mi voz. Nay me observó unos instantes con sus electrizantes ojos mientras se mordía el interior del piercing. Odiaba cuando hacía eso, siempre me parecía como si me estuviese examinando y nunca entendía que era lo que pasaba por su cabeza. Al final el chico se terminó de alejar de mi y yendo hasta un viejo armario sacó una toalla que me lanzó a la cabeza.

—Anda. Sécate, San inocencia —Fruncí el ceño ante el último mote, pero decidí que lo mejor era salir corriendo del lugar cuanto antes. Así me evitaría nuevos ataques al corazón. Por ello una vez agarré la toalla me dirigí a uno de los compartimentos privados intentando con todas mis fuerzas ignorar al personaje que aún seguía en el vestuario, pero frené antes de entrar del todo. Me volví hacia el peliazul en silencio, notando una repentina ansiedad que invadía todo mi cuerpo, se había sentado de en un banco y parecía secarse el pelo con dejadez.

—Nay —dije en voz alta para atraer su atención, pero cuando sus ojos se posaron en mi con curiosidad no pude evitar desviar la mirada. Apreté con más fuerza la toalla entre mis manos—, y-yo nunca dije que fuese hetero…ni que no lo fuese.

Aunque no miraba podía sentir sus ojos clavados en mi ser, aumentando mi nerviosismo. Cuando habló la voz de Nay sonaba mucho más sosegada y amable.

—No tienes por qué decirle a nadie lo que eres, solo depende de ti —De reojo pude notar como se encogía de hombros—, ni siquiera tienes por qué saberlo tú — una pequeña sonrisa asomó por mis labios, hasta que continuó hablando esta vez con el tono de burla retomado—, y si quieres salir de dudas siempre podemos pedirle a Haddock que se ofrezca voluntario para un pico.

— ¡Idiota!

Aún con la puerta del compartimento cerrada pude escuchar sus carcajadas inundando la habitación.

– — — – — — –

Una vez completamente seco salí de la cabaña con la moral por los suelos ¿Cómo es posible que siempre que hable con él acabe todo mal para mí?

Intentando buscar algo para mejorar mi humor anduve hasta la cabaña de nuevo, para encontrarme ahí a un grupo de gente que se había sentado en el césped formando un corro gigante. Entre ellos pude distinguir a Crystal, al chico ojiazul de antes y a Mía. Estos al verme me hicieron señas para que me acercase. Alex alzó una botella vacía para que la viese

—Vamos a jugar ¿Te unes? —Pasé la mirada por el corro distraídamente mientras negaba ligeramente con la cabeza.

—En realidad a mi no me van mucho los… —Fue entonces cuando crucé la mirada con aquellos ojos grises que misteriosamente hicieron que mi rabia anterior retornase— … espera. Mejor sí. Me uno

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *