La vida es aburrida. Capítulo 11

Días de perros

El mando se resbaló de mis manos y golpeó el suelo con un fuerte estruendo. Paralizado contemplé como Sara masacraba a mi personaje sin piedad en un instante, pero yo ya no pensaba en el juego. Con rapidez giré la cabeza y miré a Nay, sintiendo como mi rostro comenzaba a enrojecer.

—¡N…Nada! No me refería a nada —Nay frunció el ceño y me dedicó una mirada que claramente quería decir “¿En serio esperas que me crea eso?”, pero yo no pensaba ceder. Notando como el labio me temblaba recorrí el interior de la caravana con la mirada, buscando cualquier cosa que pudiese ser mi salvación para cambiar el tema de la conversación. Mi mirada se cruzó con la de Haddock que nos sonreía despreocupadamente a los dos y sin ser consciente de mi expresión de horror empezó a hablar.

—Creo que yo se a lo que se refe… —Agarrando lo primero que encontré por la mesa (Que resultó ser la caja vacía de los videojuegos) se la lancé al mayor por puro reflejo. En ese momento lo único que quería es que se callase.

—¡Haddock! —Le interrumpí con un tono de reproche en la voz, pero creo que eso quedo oculto por el tono de histeria que me invadía. Haddock se protegió del proyectil con el antebrazo y soltando un quejido me miró molesto.

—¿Qué? ¡No hay nada de malo en decirlo! —Si alguna vez había pensado que era incapaz de poner una de esas miradas asesinas que tanto acojonan me equivoqué, porque estoy segurísimo que la que le dediqué en ese momento superaba a muchas de las que había visto hasta ahora.

—¡Cállate! —La risa de Nay a mi lado me sobresaltó. No me había dado cuenta hasta entonces de cómo había pasado su brazo por mis hombros, cosa que me hizo enrojecer aún más. Completamente azorado volví el rostro hacia el suyo para encararle de mal humor.

—¿Y tú ahora de qué te ríes, idiota? —El peliazul dejó de reír y lentamente acercó su rostro al mío, creo que a estas alturas había aprendido que hacer eso conseguía alterarme aun más y sacaba provecho de la situación. Desde aquella distancia podía ver claramente su mirada desafiante, una mirada que me dejó completamente paralizado. De entre sus labios asomó una sonrisa que se me hizo más malévola que cualquier otra cosa.

—De ti, imbécil —Fue entonces cuando la misteriosa valentía que me había invadido hacía unos segundos se desvaneció dejándome sin palabras para contestar (¿No odias cuando os quedáis sin respuestas en una discusión?). Aún así mantuve mis ojos fijos en los suyos con tozudez. No estaba dispuesto a apartar la mirada y perder la supuesta pelea que parecía respirarse en el ambiente. Fue entonces cuando el carraspeo de Sara nos interrumpió

—Si no pensáis jugar más ¿Queréis hacer el favor de dejarme salir? —El tono agrio de su voz me sorprendió ¿Se había enfadado porque habíamos dejado el juego? Algo en mi interior me decía que la causa no era algo tan estúpido como eso. Nay desvió la mirada para mirar a la chica con…¿preocupación? Por alguna extraña razón el hecho de que fuese él el que hubiese cedido ante nuestra misteriosa batalla de miradas no me provocó la alegría que esperaba. Más bien me dejó frustrado y decaído, pero ni siquiera yo entendí la razón.

Con la mirada fija en el suelo me separé de Nay poniéndome de pie para dejar paso a Sara. La chica pasó a mi lado ignorando mi presencia y se fue a refugiar a una de las literas. Así que las cosas habían vuelto a como eran antes, “Era demasiado bueno para ser cierto”.

Fue entonces cuando el quejido infantil de Crystal rompió el mal rollo que se había formado en la caravana.

—¡Frikaaazooo, me duele la cabeza! —Fruncí ligeramente el ceño, aún de mal humor “Como si a mí no me doliese”

—¿Y qué quieres que le haga yo? —La cara de la pelirroja asomó por la litera de arriba y me miró con altanería.

—Distráeme —No pude evitar bufar. Ni siquiera se había molestado en hacerlo sonar como una petición, era claramente una orden. Aún así me dirigí hacia mi mochila para buscar un ibuprofeno o cualquier cosa que pudiese servir mientras murmuraba por lo bajo.

—Vieja bruja.

—¡Te he oído!

—Esa era la intención —Agarré la caja de pastillas que llevaba y me dirigí hacia su litera. Cuando estaba apunto de subirme volví a escuchar la risa de Nay “Será cabrón”

Sin pensarlo mucho me volví de nuevo dispuesto a gritarle alguna cosa de la que luego me arrepentiría, pero Crystal fue más rápida que yo y me agarró por el cuello de la camisa tirando de mí para que subiese a la litera. Ante eso la risa burlona de Nay no hizo más que incrementarse y yo tuve que admitir la derrota.

Los días pasaron en la caravana. Casi sin que me diese cuenta cruzamos la frontera con Alemania y pasamos de entender más o menos lo que los paisanos nos decían a un “Ni puta idea de lo que me están diciendo”. Una vez casi me enfrenté a un señor que me estaba persiguiendo por las calles pensando que me estaba poniendo a parir y que quería pelea, pero al final resultó que se me había caído la cartera y él me estaba avisando… no parecía muy contento por haber hecho una buena acción (y no me extraña, casi le pego un puñetazo).

Sara no volvió a hablarme durante el resto del viaje. Tampoco es que hubiese vuelto a la completa ignoranción del principio, pero aún así no podía evitar preguntarme qué es lo que habría hecho yo para que fuese tan fría conmigo. Haddock y Mía por fin confesaron una noche que habían empezado una relación (Seguro que estáis pensando ¡POR FIN! ¡Qué pesados!…o solo lo estoy pensando yo, pero da igual, mi mente mis reglas)

La verdad es que se portaron y dejaron sus momentos “Pareja totalmente melosa que hace vomitar arcoiris” para su privacidad. En lugares muy lejos de mi vista para que no tuviese que sufrir tal espectáculo. El resto de amigos pareció tomarse bien su relación, creo que todo el mundo ya se lo imaginaba de todas maneras. Por fin llegamos a la ciudad donde se celebraría el festival en el que trabajaba Haddock. Casi no me lo creía el día que el chico nos grito a todos que estábamos llegando al recinto.

Cuando lo hijo salté corriendo de mi asiento y me acerqué a la zona del conductor para poder mirar por la ventana. Lo que vi me dejó alucinado.

—¿Rock am Ring? ¿¡Trabajas para el Rock am Ring y ni siquiera se te ha ocurrido mencionarlo!? —El moreno sonrió amablemente mientras empezaba a hacer maniobras de aparcar en la zona del camping justo al lado del imponente escenario.

—No preguntaste —Le pegué una colleja de la cual no pudo más que quejarse.

—¡No te hagas el interesante ahora! ¿Deberías haberlo dicho? —Mía, sentada en la zona del copiloto se echó a reír.

—Me alegra saber que te vas a divertir en el festival —Me mordí el labio incómodo.

—No me puedo permitir ir a este festival —La tristeza en mi tono de voz era palpable—, por si no recordáis apenas había empezado a trabajar cuando ALGUIEN me sacó a patadas mi primer día —A mis espaldas pude escuchar el bufido que soltó Nay, pero el peliazul no dijo nada. Se había pasado todo el día pegado al teléfono. No me preguntéis qué hacía porque no tengo ni idea, aunque por su expresión debía ser algo importante. Una vez aparcado Haddock se levantó del asiento del piloto y me sonrió.

—No te preocupes por el dinero, Novato. Los del Staff tenemos unos “pequeños” privilegios —Me guiñó un ojo amistosamente mientras se movía junto a Mía pasa sentarse ambos en uno de los sofás de la caravana. Justo enfrente de Nay—. Dentro de poco vendrá el revisor para apuntar la caravana en el registro. Será mejor esperar aquí.

Asintiendo lentamente me acerqué a ellos un poco, pero preferí permanecer de pie apoyado en la pared a sentarme al lado de… ya sabéis quien. Haddock miró a Nay unos instantes y al final preguntó.

—¿Aún no te ha llamado? —Comprenderéis perfectamente por qué en aquel momento todas mis alarmas de cotilla estallaron y no pude evitar hacer otra cosa sino escuchar atentamente a la conversación. Nay suspiró y apartando la vista del móvil lo dejó en la mesa con cansancio.

—No. La avisé de que íbamos a venir por estos días, pero hoy no me coge el teléfono— ¿Sería un completo entrometido si se me ocurriese preguntar de quién demonios estaban hablando? Sí, probablemente lo sería. Haddock agarró la mano de Mía con gesto despistado. Ese típico gesto que hacen las parejas de toda la vida casi sin darse cuenta. Nay se quedó mirando las manos unidas con gesto pensativo y como siempre me pregunté qué estaría pasando por su mente en esos instantes.

—No te preocupes. Seguro que te llamará. Annie siempre quiere verte —Antes de que no pudiese contenerme y preguntase quién leñes era Annie Nay ya había cambiado de tema. En serio, así de rápido. Nunca entenderé la mente de este chico.

—¿Cómo podéis hacerlo? —Haddock y Mía se tensaron ante la pregunta. Visiblemente confundidos.

—¿Eh? —El peliazul señaló la mano que tenían agarradas con aire despreocupado.

—Tener una relación de pareja ¿No os parece aburrido? —La habitación se quedó en silencio unos minutos.. ¿Era mi impresión o cierta persona de pelo azul tenía un humor más decaído de lo normal? ¿Sería por esa tal Annie? Mía se acomodó mejor en su asiento y miró a Nay con seriedad

—¿Por qué iba a ser aburrido? —El chico se encogió de hombros.

—La idea de encadenarte a una persona me parece tan… estúpida. ¿Por qué limitarte de esa manera? —Haddock frunció el ceño.

—Ser pareja de alguien no es limitarse. Es elegir estar con alguien porque quieres —Nay negó con la cabeza

—Se puede sentir perfectamente algo por alguien y a la vez estar con más personas. A veces la gente confunde atracción sentimental con atracción sexual —No pude evitar interrumpir.

—¿No crees que una persona pueda querer estar solamente con una persona y que eso la haga feliz? —Nay se volteó para mirarme. En aquel momento noté como la boca de mi estómago cosquilleaba. Volvimos a permanecer en silencio unos instantes. Yo sin poder huir de la mirada del peliazul.“Dios. ¿Qué es lo que estará pensando ahora?” En este viaje he deseado más veces poder leer las mentes que en toda mi vida. Al final tras lo que a mi me parecieron siglos me respondió.

—Supongo que eso podría suceder…—Casi noté como todos mis músculos se destentaban a la vez—, pero ¿para ello es necesario una relación oficial? ¿No sería mejor que una persona estuviese solo con otra por qué ella quisiese y no por qué la norma social lo indica?

Su respuesta me dejó sin hablar, pero ni siquiera tuve tiempo para asimilar del todo sus palabras. En aquel momento el móvil de Nay empezó a sonar, inundando la habitación de una música tan rara como su propio dueño. El peliazul rápidamente y contestó en un idioma que no podía entender…. Un momento ¿Desde cuándo sabía el misterio andante Alemán?. Hablaba con soltura y confianza, como si fuese su segunda lengua materna. ¿Podría ser su segunda lengua materna?. Arrugué la nariz consternado. Cada vez me daba más cuenta de lo poco que sabía de aquel chico. Y si continuaba con esa manera tan enrevesada de contarme las cosas acabaría sin saber nada de él nunca. El nombre de Annie llegó a mis oídos entre un montón de palabras que sonaban a chino para mi (Bueno, mejor dicho a alemán para mi). Con curiosidad contemplé el rostro del peliazul. Aunque no entendía nada de lo que estaba hablando la expresión de su rostro mostraba un gran cambio repentino en su humor. Estaba sonriendo… pero sonriendo de verdad. No esa sonrisa que me dedica a mí cuando se que se va a burlar de alguna cosa que hago, ni la sonrisa que le dedica a las personas desconocidas cuando es amable con ellas, no. Una sonrisa de alegría. Me quedé sin respiración sobrecogido. Era la primera vez que veía al chico tan… humano.

Aunque poco a poco esa sonrisa fue desapareciendo de sus labios. No pude hacer otra cosa sino contemplar asombrado como su expresión se iba tornando poco a poco a una más inexpresiva. Sus palabras se volvieron más tensas y frías. Incluso su mirada se apagó. “Vaya, sea lo que sea que está pasando no creo que sean muy buenas noticias”

Medité durante unos instantes si debía irme sigilosamente hacia alguna zona menos central. Para dejarle algo de privacidad (Aunque no se que más privacidad puede querer ¡Si no entiendo nada de lo que está diciendo), pero antes de que pudiese mover un músculo él ya había colgado y dejado el móvil de nuevo en la mesa. Haddock al igual que yo parecía haberse dado cuenta del cambio de humor de su amigo.

—¿Pasa algo? —El peliazul hizo una mueca mientras se levantaba de su asiento y se dirigía hacia la puerta de la caravana.

—No puede venir a verme. Sus padrinos dicen que es muy caro —Haddock suspiró

—Repito lo que le he dicho antes al novato. El dinero no es… —Nay le interrumpió mientras abría la puerta de la caravana.

—Sabes perfectamente por qué han dicho eso —Haddock enmudeció unos segundos y se cruzó de brazos.

—Lo siento, tío —Nay se encogió de hombros y cuando le miré de nuevo volvía a parecer el típico chico desinteresado por la conversación que acababa de tener.

—No es como si fuese la primera vez —Dicho eso salió del automóvil. Nadie se quejó ni dijo nada. Ni siquiera yo me atreví a preguntar. Aunque en el fondo notaba como se me hacía un nudo tremendo en el estómago.

La vida es aburrida. Capítulo 10

Los videojuegos siempre unen

La mirada azul de Alex reflejaba la sorpresa ante mi petición. Se podía notar que estaba ligeramente cohibido por mi repentino ataque… vale, lo reconozco, tal vez aparecer de la nada, agarrarlo del brazo sin decir ni una palabra y prácticamente arrastrarlo fuera de la multitud no había sido la cosa más sutil del mundo, pero demonios, no necesito sutileza, ¡necesito respuestas!

—¿Que te cuente qué pasó ayer? —Asentí con la cabeza enérgicamente.

—¡Sí, por favor! —Probablemente mostré una imagen demasiado desesperada, casi rogando por un poco de información, pero vosotros en mi lugar harías lo mismo ¡Eso ni lo dudéis! Alex desvió la mirada a las nubes que pasaban por encima nuestro, como si intentase poner en orden sus memorias y saber dónde empezar. Tras unos segundos de deliberación acabó por suspirar y comenzó.

—Crystal me matará por esto, pero…¿te acuerdas del chico que se sentó a tu lado en el juego de la botella?—Volví a asentir de nuevo, sin querer interrumpirle. Alex se rascó una oreja mientras ponía una mueca—. Se llama Jack. Hace ya unos años Crystal y él estuvieron saliendo… y digamos que las cosas no salieron muy bien y cada vez que se vuelven a ver hay problemas.

¡Oh! Así que es la típica escena de malos rollos. La historia del libro que la pelirroja me había prestado me vino a la mente ¿No se suponía que a la protagonista de la novela le pasaba algo parecido? Fruncí ligeramente el ceño deseando por un momento que mi amiga me contase las cosas por ella misma en vez de dejarme pistas confusas que obviamente no se interpretar.

—Vale, eso explica porque estaba ayer tan decaída.

Alex asintió a mi comentario y continuó con el relato.

—El caso es que ayer Crystal bebió demasiado. Le suele pasar cuando está en situaciones incómodas… Bueno, en realidad los dos bebisteis demasiado —Me miró con curiosidad y con un tono acusatorio, pero yo rápidamente desvié la mía y le apremié a continuar. No pensaba ponerme a explicar mis razones para haber estado tan borracho (Básicamente es porque soy imbécil, pero no es algo que vaya a ir gritando a los cuatro vientos).

—Bueno, vale. Bebimos mucho y nos fuimos a la discoteca ¿No? Qué pasó ahí —Alex suspiró.

—Todos entramos dentro y estuvimos ahí unas horas. La verdad es que os perdí de vista durante un buen rato, pero al final salí fuera a tomar el aire un rato y me encontré a Crystal discutiendo a gritos con Jack y sus amigos. No sé muy bien qué había pasado porque llegué bastante tarde, pero parecía que las cosas se estaban poniendo feas. Creo que ambos estaban bastante borrachos. Intenté agarrar a Crystal y sacarla de ahí, pero —El chico volvió a hacer una mueca—, ya sabes como es ella. Es imposible controlarla si está enfadada —Asentí totalmente de acuerdo.Una Crystal enfadada puede superar por creces hasta tus más horribles pesadillas—. Empezaban a llegar a las manos cuando tú saliste de la discoteca. De repente te uniste al grupo y le pegaste un puñetazo a Jack gritándole que no tocase a tu amiga —Noté como mi rostro palidecía ¿Yo pegándole un puñetazo a ese tío?, está claro que el alcohol hace milagros.

—Nada más recibir el puñetazo todos sus amigos se mosquearon. En medio de la confusión conseguí sacar a Crystal del círculo.Tú seguías insultando a todo dios… la verdad es que tienes demasiado genio cuando estas borracho, tío, les estabas tocando las narices. Parecían dispuestos a pegarte y tú no te callabas —Contuve las ganas de hacer un facepalmMuy bien Dan, sigue así y morirás joven“—. Jack te agarró y devolvió el puñetazo, pero fue entonces cuando Nay apareció corriendo y poniendose en medio de ambos os separó. Tuviste mucha suerte novato. Nay consiguió tranquilizarles a todos lo suficiente como para sacarte del círculo antes de que te sacasen los ojos o algo peor. Luego te agarró de la camisa y tiró de ti para volverte a meter en la discoteca, os habría seguido, pero Nay parecía demasiado furioso, no me metería en su camino en una situación así ni loco. Fue entonces cuando yo llevé a Crystal a la furgoneta y cada uno se fue por su lado.

¡Wow! ¿En serio tenía que pasar eso la única noche que no recuerdo lo que hice? Mi yo borracho debe ser un suicida. Permanecí unos minutos en silencio procesando la historia que me acababa de contar. Bueno, entonces varios misterios resueltos. Ya se cómo casi consigo que me maten y ahora también entiendo la reacción de Crystal de esta mañana. Miré a Alex un tanto receloso.

—Entonces…¿Eso es todo lo qué tú sabes? ¿No volviste a la fiesta luego? —El muchacho me miró inocente.

—No, Me quedé en la furgo con Crystal ¿Por qué?¿Pasó algo más? —Rápidamente negué con la cabeza con nerviosismo. No sé qué demonios había pasado por mi cabeza al pensar que tal vez él supiese algo de lo que me contó Haddock.

—No pasó nada —Mi voz sonó demasiado falsa, pero Alex no comentó nada más—. Gracias por la información —Tal vez soné un poco más seco de lo que debería, pero el chico no se mostró molesto y asintió por toda respuesta.

Cuando me separé del Alex volví a darle vueltas al asunto. Entonces el incidente de mi lío ¿Cuándo fue? ¿Con quién? Obviamente no iba a ir preguntando por ahí a la gente. Tal vez lo mejor sería no indagar más en el asunto. Un tupido velo y todo solucionado.

De camino a la caravana me topé con Mía y Haddock. Les iba a saludar, pero la expresión en sus caras me hizo pensar que tal vez lo mejor sería continuar silenciosamente mi camino y no interrumpir la escenita. Haddock estaba más serio de lo que nunca le había visto. Le decía algo a la chica, pero respetando su intimidad decidí no escuchar lo que se estaban diciendo. Tal vez Haddock se hubiese aclarado de una vez por todas y decidiese sincerarse con Mía, porque, seamos sincero, se nota a un kilómetro la atracción entre ellos. Intentando no volver a meter la pata de alguna escandalosa manera seguí el camino hacia el automóvil.

La caravana estaba vacía, mejor, tenía bastantes cosas en las que pensar. Nada más cerrar la puerta me dirigí a mi mochila de donde saqué el libro que me había prestado Crystal. Tenía la impresión de que la protagonista de la obra se parecía demasiado a mi amiga pelirroja. Una chica con problemas en casa, una relación amorosa que acaba totalmente en desastre y que al final sola acaba confiando en un total desconocido simplemente por el hecho de que es amable con ella. ¿Sería mi amiga capaz de confiar así en los extraños? Bueno, pensándolo bien no huyó de mí el primer día con mi frase acosadora. Sí, en definitiva mi amiga sería capaz de confiar en cualquier persona.

Distraídamente pasé las hojas del libro sin fijarme en nada especial, sólo contemplando las letras. Al final suspiré ¿Por qué no podía tener amigos normales con problemas normales? “ Tal vez porque tú no eres normal” Fruncí ligeramente el ceño. No necesitaba que mi subconsciente me recordase lo ratito que soy, para eso ya están el resto de personas del mundo.

El sonido de la puerta al abrirse me hizo cerrar el libro de golpe, sobresaltado. Paralizado en mi sitio vi a Sara entrar por la puerta. La chica llevaba una consola en los brazos y por su cara al verme parecía encontrarse tan incómoda como yo. Nos miramos un rato, expectantes. En mi interior yo ya temía que ella también empezase a gritarme por alguna desgracia que hubiese ocurrido ayer por la noche (Eso o su típica mirada de desprecio e ignoración que me solía dedicar), pero para mi sorpresa la chica no hizo ninguna de esas cosas. Con cuidado dejó la consola apoyada en la mesa de la caravana y me miró unos instantes, como debatiendo algo en su interior. Al final acabo por hablar señalando con torpeza el cachivache que acababa de traer.

—Ehm… ¿Te apetece jugar? —Mis ojos se abrieron de la sorpresa. ¡Dios mío! ¿Sara siendo amable conmigo? ¡Pensaba que me odiaba! Me quedé sin habla unos minutos, hasta que carraspeando conseguí contestar. Aún muy confundido.

—Claro, por qué no.

Anduve con torpeza hasta ella, que me pasó uno de los mandos mientras enchufaba el aparato. Se había traído una tele portátil en la cual apareció la típica portada de los juegos de Smash Bros. El ambiente se notaba tenso, ese típico ambiente que aparece cuando te quedas solo con una persona que se supone que deberías conocer porque estáis en el mismo grupo, pero con la que en realidad nunca has hablado en solitario en toda tu vida. Por fin la rubia rompió el silencio sentándose a mi lado y agarrando el otro mando.

—¿Alguna vez has jugado? —No pude evitar soltar un bufido de autosuficiencia.

—Por favor, ¿Quién no ha jugado alguna vez al Smash bros? Se podría decir que soy un profesional —Perfecto, ya estoy soltando idioteces. No sé si os habéis fijado en que tengo un don que me hace decir cosas estúpidas en momentos de nerviosismo. Sara sonrió con sorna.

— Eso habrá que verlo. Te apuesto lo que quieras a que no me vences —¿Eso ha sido un desafío? Porque a mí me ha sonado a desafío

Y así es como comenzó una batalla a muerte por ver quién de los dos conseguía sobrevivir a la pelea. He de reconocer que la chica era realmente buena. Poco a poco nos empezamos a picar de verdad. Es como esas cosas que piensas que va a ser pan comido hacerlas, pero luego te das cuenta de que estabas equivocado y se te mete en la cabeza que vas a ganar cueste lo que cueste. El juego no era el único campo de batalla. Por la caravana no paraban de sonar los gritos de frustración,de emoción, los de “¡Eso es trampa!”, las risas y los lamentos. A pesar de la competitividad pude notar que la tensión había desaparecido completamente. Tal vez hubiese juzgado mal a Sara. No era tan mala chica a fin de cuentas.

Tras un rato jugando la puerta de la caravana se abrió y por el rabillo del ojo pude ver como Crystal entraba, seguida de Mía y Haddock. Estos dos últimos parecían radiantes de felicidad. No pude evitar sonreír inconscientemente al suponer que la conversación que habían tenido hace uno minutos había salido bastante bien. “Si es que tenía que pasar” Ambos fueron a sentarse al otro lado de la mesa y sin prestarnos mucha atención a Sara y a mí se pusieron a hablar entre ellos. Crystal en cambio nos dedicó una mirada fugaz y sin mostrar interés alguno por el juego se fue a una de las literas. En ese momento ni Sara ni yo nos habíamos dado cuenta de que no fueron los únicos en entrar en la caravana.

Ambos estábamos tan sumidos en el juego que los dos pegamos un bote cuando una mano se posó en un hombro de cada uno distrayendonos. La voz de Nay sonó muy cerca entre nuestras cabezas.

—¿Ya os habéis viciado? —En otro momentos habría salido corriendo por solo ese gesto, a punto de sufrir un ataque al corazón, pero estaba demasiado concentrado en la batalla como para preocuparme, esto era la guerra. El chico apartó nuestras cabezas para poder ver mejor a qué estábamos jugando. Sara y yo emitimos el mismo quejido de frustración.

—Nay ¡Aparta! Que no podemos ver —Nay emitió un bufido.

—No sé por qué os gustan esta mierda de juegos —Sara rió sarcásticamente

—Eso lo dices porque eres pésimo jugando —¡Wow! ¿Habéis visto eso? A eso es lo que llaman “Confianza en uno mismo”. Yo sería incapaz de decirle algo así al chico peliazul. Más que nada porque siempre que intento hablar con él acaba todo al reves de lo planeado. Era bastante obvio que Sara y él tenían años de confianza, intenté ignorar el nudo en el estomago que eso me producía y no aparté la vista de la pantalla, incapaz de girar la cabeza para mirar al chico. Aunque por el tono con el que contestó supuse que estaba frunciendo el ceño.

—Estupideces —Sara tanteó en la mesa sin apartar ni un segundo la mirada de la pantalla y cogió otro de los mandos de la consola pasándolo por detrás de su hombro hacía Nay.

—Atrévete listillo —Nay miró el mando unos minutos. Hasta que al final acabó por sentarse en medio de nosotros y enchufó el mando.

En defensa del peliazul diré que no era nada malo jugando, el problema era que Sara era demasiado buena… pero qué digo, ¡Acabo de descubrir algo que no se le da bien al misterio andante! ¿Acaso hoy era el día de descubrir cosas inéditas? Al cabo de un rato pareció perder todo el interés por el juego, creo que este chico no puede mantener la concentración en la misma cosa durante más de 10 minutos seguidos. Seguro que por eso es tan raro. Derrotado optó por quedarse entre nosotros contemplando nuestra partida con muy mal disimulado desinterés (Por mal disimulado me refiero a que no disimulaba en absoluto. Ni siquiera creo que pretendiese disimular).

Pasaron unas cuantas partidas más hasta que noté como un hombro se apoyaba contra el mío para atraer mi atención. Incluso sin apartar la mirada de la pantalla podía sentir los ojos de Nay clavados en mi. Algo que me puso más nervioso que un pavo en navidad. El chico parecía estar dándole vueltas a algo

—Oye novato … —Temiendo que mi voz se quebrase si hablaba me limité a hacer un gesto con la cabeza indicándole que le escuchaba—. Antes, cuando hemos tenido la conversación sobre lo que pasó ayer por la noche ¿A qué demonios pensabas que me refería si no era a la pelea?

Capítulo 2: El despertar.

EILEEN.

Capítulo 2:

El estruendo de los gritos todavía pesa en mis recuerdos. Es como si fuese incapaz de huir del llanto de mi madre, de los golpes contra los muebles, del odio que rezuma hacia sí misma mientras mi padre sale de casa con un portazo. Así es la vida en mi familia: una tormenta continua que estalla cuando el mar parece en calma.

Ninguno se atreve a decirlo; los dos me culpan a mí. Como si no fuese suficiente castigo la culpa que me corroe por dentro. En mis sueños veo el oscuro bosque que me engulle, revivo la sensación de la tierra húmeda bajo mis pies descalzos, escucho al cielo rugir y noto las últimas gotas de lluvia calando en mi piel. Me estremezco. Ha pasado tanto tiempo desde que se marchó que cada nuevo día sin recibir noticias de él destruye un poco más nuestra esperanza. ¿Cuántas tormentas como está habrá tenido que soportar solo?

El sueño se transforma en pesadilla, mezclando realidad con ficción, y él aparece frente a mí. Su cuerpo menudo tirita de frío con los cabellos rubios empapando su frente, sus ojos están vacíos… Grito. No puedo dejar de gritar cuando los gusanos empiezan a salir de su boca abierta en un gesto inhumano. Lloro y grito y que pare esto por favor. Que me lo devuelvan. Yo no quería. No quería. Fue un error. Lo siento. Lo siento. Lo siento.

Silencio.

Neal se ha ido. En su lugar veo un árbol que habría sido hermoso de no ser por los extraños tentáculos que nacen de su interior buscando atraparme. Sé que no tiene sentido correr; me alcanzará.

~

La bruma del sueño se diluye lentamente dejando tras de sí un sabor agridulce que me encoge el corazón. Me cuesta abrir los ojos y cuando lo hago necesito un par de parpadeos antes de lograr enfocar la vista y asimilar lo que ha ocurrido. Me duele la cabeza, no quiero salir de la cama. ¿Espera? ¿Una cama? Supongo que mis padres debieron encontrarme cuando me desmayé en el bosque. Dios, soy estúpida… lo último que necesitan es preocuparse también por mí.

Cuando por fin logro abrir los ojos y enfocar mi visión… topo directamente con un par de ojos aceitunados que me miran fascinados. El pánico me paraliza.  Esta no es mi casa. Me incorporó de golpe sin lograr reprimir el grito que escapa de mi garganta al ver la figura que se alza ante mí completamente cubierta por una túnica granate y una especie de turbante que solo deja al descubierto sus ojos.

—¿Estás bien?

Su voz es amable con un matiz preocupado, pero eso no hace que el corazón me vaya más despacio. No sé quién es esta persona, dónde estoy o cómo he llegado hasta aquí. Tiemblo. ¿Es agua lo que cae del techo?

La situación no puede parecerme más irreal y decido que lo mejor será preguntar por mi paradero, pero antes de poder abrir la boca una nueva figura se acerca con pasos pesados hasta la cama…

No gritar se me antoja imposible.

Tiene que ser mentira. No puedo estar viendo una vaca con sombrero de copa y moteada de flores. Estoy soñando, estoy soñando, sigo soñando…

—¡Se ha despertado!

Algo cae sobre mí regazo. Grito de nuevo lanzando por los aires a la bota con ojos y bocas que acaba de hablar.

—¡Maxd! —exclama una especie de serpiente— ¡¿Estás bien?!

Dios. Me he vuelto loca. Esto no puede estar pasando.

—¡Descuida, Roth, le tengo! —responde el ser del turbante atrapando la bota en el aire.

Un mugido acalla las voces de las extrañas criaturas que revolotean por el cuarto. La vaca del sombrero se alza sobre sus patas traseras, cruzando las delanteras sobre sus ubres.

—¡Regresad a vuestras tareas inmediatamente! —gruñe—. ¡Aquí no tenéis nada que ver! —resopla—. Más os vale obedecer si no queréis ser pasto de Terrores.

«La vaca habla. La vaca habla. La vaca habla…»

No tengo ni idea de a qué se refiere al mencionar «Terrores», pero la palabra provoca el efecto que desea y las criaturillas salen espantadas por la puerta. Me quedo a solas con el ser del turbante, que no deja de mirarme con el brillo de una sonrisa en los ojos, y con la vaca.

—¿Qué… sois? —pregunto en apenas un hilo de voz.

—¡Somos Oniros! —responde el ser del turbante—. ¡Soy Plat! ¡A tu servicio!

Hace una reverencia. La vaca, a su lado, vuelve a resoplar.

—Mi nombre es Mhu —dice de mala gana—. Estás en la guardería Lumi. Plat te encontró en mitad del campo de Nanas ¿recuerdas cómo llegaste hasta allí?

—¿Qué es… un campo de Nanas?

Plat y Mhu intercambian una mirada que no logro descifrar. Al final es Plat quien toma la palabra.

—Es de dónde nacemos. Las Nanas son unas plantas autóctonas de esta zona… son fecundadas con los sueños de Olvidados y una vez alcanzan la madurez se abren alumbrando a un nuevo Oniro.

Apenas entiendo el vocabulario que utiliza: Nanas, Olvidados, Oniros… Dudo tener tanta imaginación para inventarme estas cosas y, sin embargo, no puede ser más que un sueño. Necesito despertarme.

—Escucha —interviene la vaca que camina a dos patas. No dejan de asombrarme esas manchitas con formas de flores—, tenemos que hacer unos encargos. Espera aquí hasta que regresemos y si ves que corres peligro puedes esconderte en la trampilla que hay debajo de la alfombra.

Parpadeo. Me niego a quedarme atrapada bajo tierra. Una gota cae sobre la punta de mi nariz.

—¿Por qué cae agua del techo? —pregunto señalando sobre mi cabeza. Soy consciente de lo vacua que suena mi voz, cargada de la irrealidad con la que me siento.

Los ojos aceitunados de Plat brillan de manera extraña. Pone los brazos en jarra y gruñe.

—Es el mecanismo de defensa para los cabreos de Hipnos. Las olas de calor que provoca cuando se enfada han llegado a matar a más de un Oniro.

No sé quién es Hipnos ni cómo es posible que genere olas de calor cuando se enfada, pero decido que tampoco quiero saberlo. Me duele la cabeza y el frenético ritmo de mi corazón está empezando a marearme. Todo lo que quiero es quedarme sola, despertar de esta pesadilla y regresar a casa. Así que me quedo callada, esperando que se marchen.

—Voy a ir a por las recomendaciones que se me cayeron. —Plat se rasca la nuca sin apartar la mirada de mí—. Regresaré pronto. No te muevas de aquí, sería muy peligroso.

Asiento despacio, obligándome a fijar la vista en su mirada. Plat hace una reverencia un poco payasa, se ajusta bien el turbante y desaparece tras la puerta.

La soledad me abraza junto al miedo, la angustia y el desconcierto. El corazón me late desbocado en el pecho, aunque eso no impide que me levante de la cama en busca de una salida. Durante segundos me olvido de respirar al ver la persiana de metal que tapa la ventana: mi única vía de escape segura. Siento una nueva punzada en la cabeza que me impide pensar con claridad.

《Está bien. —me digo—. Respira, Eileen, respira. No puedes dejar que una pesadilla te paralice. Tienes que recordar. ¿Qué era lo último que estabas haciendo?》.

Las fuerzas me fallan haciéndome caer de rodillas sobre la alfombra.

Estaba en el bosque. Me escapé de casa para buscar a Neal. Recuerdo la tormenta que estalló sin avisar, perder mis zapatos y caer al suelo. Todavía tengo el vestido vaquero cubierto por el barro seco, mis pies siguen descalzos y magullados. Esto es una locura. Una locura que entrelaza la realidad con la ficción de tal manera que me resulta imposible discernir dónde está la línea que separa una cosa de la otra.

Neal.

Pensar en él me ayuda a levantarme una vez más…

Neal.

… a avanzar con paso firme hacia la salida del cuarto…

Neal.

… a decidir que si no puedo despertar de esta pesadilla, buscaré la forma de afrontarla.

Corro más de lo que nunca he corrido, incluso si me asfixio o me duelen los pies, incluso si me arriesgo a ser vista y aunque no conozca la distribución de la casa en la que estoy. Sigo corriendo hasta dar con la entrada. Salgo al exterior.

He conseguido escapar.

El calor me golpea.

El miedo me encoge el estómago.

Estoy perdida.

~

Aunque mi reloj de muñeca lleva parado desde que desperté en este extraño lugar, estoy segura de que ya han debido de pasar varias horas. Sin embargo, el cielo anaranjado no ha cambiado el ángulo de su luz ni un milímetro, ni siquiera veo sol, luna o estrellas. Es como si fuera una cúpula infinita y brillante que mantuviera todo atrapado en una burbuja.

En mi camino por hallar una respuesta a esta locura me encontré con aquello que llamaban campo de Nanas. Nunca antes algo me había resultado tan bonito y espeluznante al mismo tiempo. La forma de esas plantas, nacidas de una especie de matas, era similar a la de los melocotones. Cada una brillaba con un tono de color diferente alternando entre el celeste, rosa y violeta. Habría sido hermoso de no ser por las extrañas vibraciones que desprendían. Apenas dediqué un par de segundos a contemplarlas.

El tiempo que llevo vagando sin rumbo ha empezado a hacer mella en mí, el calor me asfixia, siento la boca seca y tengo los pies doloridos. Odio el camino interminable que parece llevar a ninguna parte. Después de todo, no he tenido opciones para elegir por dónde ir, pues salvo por la casita de madera y el campo de Nanas, el resto del terreno está rodeado por una cadena montañosa cuyas cimas se pierden en el infinito, allá donde no alcanza mi visión.

Una gota de agua recorre mi mejilla acompañada de una segunda, una tercera, una cuarta… Trato de enjugarlas con el dorso de la manga, consciente de que no voy a ser capaz de retener las lágrimas que escapan de mí sin control. Llevo demasiados días intentando no pensar, fingiendo que todo volvería a la normalidad, que solo era un mal sueño. Días en los que me he prohibido llorar porque el llanto de mi madre ya era suficiente para ahogarnos a todos en la casa. Supongo que por eso puedo permitirme hacerlo ahora, porque ya no estoy en casa y nadie más llora. Ahora puedo gritar para que salga el dolor que destruye mi alma, puedo tirarme al suelo y arañarme los brazos en un vano intento por arrancar de mi piel el picor que me producen los nervios.

Lo hago.

Me araño, grito, lloro, maldigo. Estoy atrapada en mi propia mente, sin saber si algún día podré regresar a casa, si podré encontrarlo. No soy la chica fuerte que mis amigas han creído ver en mí desde que Neal desapareció. Dentro de mí solo queda culpa.

—¡Eh, Wiger, mira esto! —Sorbo los mocos y levanto la cabeza al escuchar la aguda voz a mis espalda—. ¡Me parece que hemos encontrado a la gallina de los huevos de oro!

Se me encoge el corazón al girarme: todo lo que veo es a una pierna desnuda que termina justo donde debería estar la rodilla, y a una muñeca de trapo con los cabellos de lana amarilla y los botones que tiene por ojos observándome fijamente.

La muñeca avanza hacia mí levitando a escasos centímetros del suelo. Retrocedo arrastrándome, demasiado paralizada para levantarme.

—¿Te has perdido? —me pregunta ladeando su cabecita.

Trago saliva. A pesar de su hermoso vestido con volantes celestes, me resulta la muñeca más aterradora que he visto en mi vida. La forma en la que las costuras de su boca se tuercen con una sonrisilla traviesa me produce escalofríos.

—No… —miento—… solo estoy de paso…

Por favor, que no huela mi inseguridad.

La pierna da unos saltitos hacia mí, comenzando a rodearme. Tengo que llevarme una mano a la boca para contener las náuseas.

—¡Genial, podemos acompañarte! —exclama sin boca—. ¿Qué opinas, Wiger? Seguro que Hipnos nos lo agradece.

La muñeca se posa en el suelo con elegancia. La atención con la que me mira hace que sienta ganas de salir corriendo, pero en este tramo del camino no hay más que un llano enorme y unas montañas demasiado rocosas para intentar subir por ellas. Solo podría correr hacia el frente y algo me dice que estas criaturas me alcanzarían sin dificultad.

—No sé, TamTam, el castillo está demasiado lejos. —Wiger se rasca el mentón. La sonrisa se afila en sus costuras cuando saca un silbato amarillo del interior de su vestido—. Será mejor que avisemos a Rihonel. Seguro que también nos recompensarán por entregar a este Olvidado. ¡A ver si nos libramos por fin de este calor espantoso!

No sé quién es Rihonel, pero en el poco tiempo que llevo aquí no he escuchado una buena opinión sobre Hipnos. Me niego a quedarme para averiguar si es un ser agradable o peligroso, así que aprovecho el pequeño debate en el que se han enfrascado los Oniros para levantarme y echar a correr lo más rápido que me lo permiten mis piernas. Enseguida escucho la aguda voz de TamTam que grita ordenándome que me detenga.

Ni loca. Si me quiere tendrá que atraparme y sé que dos piernas son mucho más rápidas que una sola. Claro que… una muñeca de trapo es mucho más ligera que una adolescente de un metro cincuenta y sesenta kilos. Wiger aparece delante de mi cara obligándome a detenerme. Puedo notar el enfado aunque la expresión de su rostro no haya cambiado.

—¿Dónde crees que vas? —Posa el silbato sobre las costuras de su boca. El silbido desgarra el aire con una fuerza estridente que me obliga a taparme los oídos provocándome un fuerte dolor de cabeza—. Vas a esperar aquí hasta que Rihonel llegue.

El corazón va explotarme en el pecho. 《Solo es una muñeca de trapo —me digo—. Puedo con ella, puedo con ella, puedo con ella》. Me aferro a esos pensamientos antes de lanzar un puñetazo con el que logro derribarla. Es increíble la sensación de victoria que se apodera de mí, la adrenalina que palpita en mis venas cuando retomo la carrera pasando sobre la muñeca caída.

Las cosas dan menos miedo si las enfrentas, pero a veces descubres que el monstruo era más poderoso de lo que habías imaginado y que jamás podrás derrotarlo si luchas solo.

Esa certeza me golpea al mismo tiempo que el grito de la muñeca: un golpe seco e invisible que me tira al suelo paralizándome. Apenas soy capaz de girar el rostro para ver lo que ha ocurrido y al conseguirlo desearía no haberlo hecho.

Ante mí se alza la muñeca que ha triplicado su tamaño, las costuras de su boca se han desgarrado en un agujero de oscuridad, los botones de sus ojos convertidos en una espiral de sangre que se derrama manchando todo a su paso. Su grito tira de mí como lo harían unas garras, me arrastra hacia su cuerpo, hacia el vacío de su boca. No importa cuánto clave mis uñas en la tierra: va a engullirme.

—¡Wiger! —grita la irritante vocecilla de la pierna.

La fuerza que tiraba de mí se ha detenido de repente dejándome desmadejada en el suelo con las uñas rotas y los dedos sangrando por el esfuerzo.

Oscuridad.

No me atrevo a abrir los ojos.

Oscuridad.

Quiero despertar.

Oscuridad.

El grito de Wiger me hiela la sangre. Puede que sea eso lo que me haga reaccionar al darme cuenta de que no está canalizando su ira hacia mí. Trato de incorporarme mientras lanzo una mirada a la batalla que tiene lugar a escasos metros. No hay rastro de la media pierna; una túnica granate ondea con cada movimiento de la figura que la porta. Plat. Veo a Wiger retorcerse con las garras sobre el vientre y el destello de algo metálico que busca la tela de la muñeca.

Wiger grita otra vez y la fuerza de su grito hace que la daga de Plat salga despedida por los aires aterrizando a mis pies.

—¡Olvidado! —Creo que me grita a mí—. ¡Estaría bien que me echaras un cable o, en su defecto, una daga!

Casi me parece escuchar diversión en su voz. No sé lo que le habrá hecho a Wiger, pero la muñeca parece debilitada. Por supuesto, eso no impide que estire las garras en busca de su presa. Plat da una voltereta hacia atrás esquivándola justo a tiempo. Tengo que ayudar.

Plat saca unos frasquitos de su cinturón mientras yo recojo la daga dispuesta a lanzarme de cabeza al peligro para poder devolvérsela. Cuando Wiger abre la boca para gritar de nuevo, Plat aprovecha para lanzarle un frasco que entra directo en su interior. Wiger gime, se hace pequeñita y yo, que he llegado junto a Plat, le entrego la daga.

—De todos los Oniros de Nhura… —Recibe la daga sin apartar la mirada de la muñeca. No duda cuando la clava en su vientre—… tenías que topar con un Terror.

Wiger desaparece dejando tras de sí un aura de dolor, miedo y odio, como si hubiera existido un alma encerrada en ese cuerpecito de tela que se ha liberado cuando Plat ha hundido el cuchillo en su interior. La ha matado. Sé que ella iba a matarnos, pero ya estaba debilitada, ya no era peligrosa.

—No tenías porque matarla —murmuro sin saber por qué.

—Si no le mataba nos delataría a Rihonel —Su mano busca la mía obligándome a seguirle el ritmo hasta la rocosa pared de la montaña—. El peligro acaba de empezar.

—¿Qué peligro?

Por un momento el brillo divertido de sus ojos desvían mi atención del dedo con el que señala al cielo anaranjado. Hay algo enorme en el cielo: una figura que avanza en nuestra dirección.

—Pégate a mí, contén la respiración y no te muevas hasta que yo te lo diga.

Me siento tentada a protestar y pedir explicaciones, pero antes de que pueda hacerlo Plat me ha acorralado contra la pared cubriendo nuestros cuerpos con su túnica granate. Algo en mi interior me dice que lo mejor sera obedecer.

Me pregunto cuánto tiempo pasamos así: sin espacio entre nuestras pieles, con el frenético latido de mi corazón palpitando junto al suyo que late calmado, acompasando nuestras respiraciones. En la oscuridad que nos envuelve no puedo ver nada, no sé el tipo de Oniro que se oculta tras su túnica a pesar de lo cerca que estamos ahora mismo y, sin embargo, la calidez de su cuerpo me ayuda a sentirme real por primera vez desde que he despertado.

—Creo que se ha ido —susurra contra mi oído.

Sus palabras son el detonante que necesitaba. Fuera de peligro, me permito romper a llorar aferrándome a sus ropas en un ruego silencioso para que no me deje sola. Para que me sostenga mientras me rompo sin que nadie más pueda verme.

Lo único que quiero es despertar de esta pesadilla.

 

La vida es aburrida. Capítulo 9

Ramona, oh, Ramona

Mi madre gritaba tan fuerte que tuve que alejar el móvil de la oreja para evitar quedarme sordo con sus chillidos. Tal y como esperaba no se había tomado muy bien la noticia de que me había ido de viaje por Europa sin siquiera habérselo contado. Tras un largo monólogo en el que la mujer había pasado por la fase de negación, la de la furia y la de preocupación, por fin había llegado a la fase de la autocompasión.

—¿Qué hicimos mal para que acabases haciendo estas estupideces hijo? —Supuse que era una pregunta retórica y me callé por mi propia seguridad—. Es verdad que algunas veces te caíste de la cuna, pero te cogíamos enseguida ¡y nunca llegué a pensar que el golpe te fuese a dejar secuelas! —También por mi propia seguridad me abstuve de decirle a mi madre que por mucho que cojas a tu niño cuanto antes después de que se haya pegado una torta la torta va a doler igual. En cambio intenté tranquilizarla, sintiéndome un poco culpable.

—No tiene nada que ver con eso mamá. Solo necesitaba un cambio.

—¿Un cambio? Dan, los chicos de tu edad cuando quieren un cambio se compran una camiseta nueva o se cambian el peinado ¡No se van por el mundo solos!

—Creo que tú y yo sabemos que un simple cambio de peinado no me serviría —Mi madre enmudeció por unos instantes. Tal vez usando ese super poder maternal que las hace comprender lo que pasa por la cabeza de sus hijos sin necesidad de preguntar. Cuando habló lo hizo mucho más calmada y su tono había regresado al normal.

—Tienes razón cariño. Siempre has querido hacer las cosas a tu manera. Adelante —No pude evitar sonreír.

—Gracias mamá.

—Por cierto. Por casualidad no te habrás ido con aquella amiguita nueva tuya tan simpática, ¿no? —La sonrisa se esfumó al adivinar por donde iban los pensamientos de mi madre. Con recelo respondí.

—Sí ¿Por?

—Es una chica realmente simpática.  ¡Me alegro por ti cariño! Ya nos empezabas a preocupar a tu padre y a mí —Tragué saliva notando como mi garganta se secaba ¿Qué demonios quería decir con eso? Cuando hablé mi voz sonó acerada.

—¿Preocupar? —Mi madre pareció notarlo, porque al otro lado del teléfono su voz titubeó

—Ya… ya sabes hijo. Nunca has salido con mucha gente. Como mucho estabas siempre con Martín y a tu edad no es muy sano alejarse tanto de la gente y de las chic…

—Te tengo que dejar mamá —Cuando la interrumpí hablé sin mucha emoción en la voz. Más bien como si fuese algo automático—. Vamos a desayunar ahora.

—Oh… Por supuesto, cariño. Cuídate

—Lo mismo te digo.

Colgué y me quedé observando el móvil unos instantes. Hasta que al final suspiré y apoyé la frente en la pared exterior de la furgoneta.

—¿Qué cojones ha sido esa conversación? —Cerrando los ojos me llevé ambas manos a las sienes para masajearlas. La cabeza me seguía doliendo a horrores por la resaca. Apreté los dientes molesto. Lo mejor sería no pensar en ello y ya está. Haciendo un esfuerzo me dirigí hacia la caravana. Nada más llegar a un punto de descanso me había excusado y había salido al exterior para tener un poco de intimidad y por fin llamar a mi madre. Probablemente durante la conversación todos los demás se habían despertado y habían salido fuera a comer. No me equivocaba, nada más llegar les vi enfrente del vehículo. Habían sacado una especie de cocina portátil junto a la fogata para hacer la comida y se habían sentado alrededor de ella mientras Ramona y algunos otros hacían la comida. Sin muchas ganas de socializar anduve hasta ellos y me dejé caer en un tronco tumbado del suelo junto a Alex, que me miró sonriente. Sintiendo una punzada de celos le pregunté.

—¿Cómo puedes estar así con resaca? —El ojiazul se río mientras me pasaba una especie de bollo.

—Yo apenas bebí. Luego tenía que conducir la furgoneta —Con un movimiento de manos me señaló al otro choche que estaba aparcado junto a la caravana. Durante el viaje ni me había fijado que otro coche nos seguía—. ¿O acaso pensabas que todos los desconocidos que hoy estaban durmiendo en vuestro coche se habían apuntado al viaje como si nada?

 Sin apartar la vista del suelo le di un mordisco al bollo pensativo.

—La verdad es que a estas alturas no me sorprendería —Alex se volvió a reír. Tenía una risa rara. De esas que hacen más gracia la risa en sí que la cosa por la que uno se ríe.

—Es de esperar si viajas con esa panda que llamas amigos. He conocido a poca gente tan rara como ellos.

—No podría estar más de acuerdo contigo — “Estaban todos para manicomio, eso seguro”

—No hables. Que si estas con ellos será porque también eres ratito —Hice una mueca

Touché.

En aquel momento Nay salió de la caravana y se acercó a nosotros, captando (Obviamente) mi atención. Por su expresión supuse que él también debería tener una resaca encima de cuidado… La diferencia era que yo parecía un zombie andante mientras que Nay parecía… pues eso, Nay.

Le seguí con la mirada mientras se acercaba a nosotros y por ello mismo no se me pasó por alto el increíble cambio de expresión cuando me vio. Literalmente fue un cambio de estar en modo “Soy inofensivo porque me acabo de despertar” a ” Te mataré lenta y dolorosamente”. Una expresión y una mirada que sinceramente me hicieron estremecerme de terror y confusión. Ni siquiera me moví un pelo cuando él, silenciosamente y sin perder esa mirada de cabreo profundo se sentó lentamente a mi lado. Como si quisiese estar más cerca de su presa para no perder el tiempo cuando decidiese atacar. Permanecí estirado como un palo en mi asiento, sin siquiera atreverme a girar la cabeza para contemplarle.  ¿Qué había hecho yo ahora para enfadarle tanto? No recuerdo haberle he…ah claro. Que no recuerdo nada de lo que pasó ayer. Contuve un quejido de desesperación ¿Había hecho algo borracho que le cabreó? ¿Acaso podría ser por lo de liarme con otro tío? Mi mente rápidamente negó en mi interior. “No, a Nay le debería importar lo que se dice nada lo que yo haga”

Una mano en mi hombro me hizo pegar un ligero bote. Alex me miraba ligeramente preocupado.

—Eh frikazo. ¿Te encuentras bien? —Le miré unos instantes pensando si debía decirle que no me llamaba frikazo,sino Dan, pero al final opté por simplemente asentir azorado y volver a darle un mordisco al bollo.

—Sí, por supuesto…

A mi lado pude notar como Nay cogía una tostada que le ofrecía Ramona y se ponía a comer en silencio. Sin volver a lanzarme ninguna sola mirada, pero aún así podía sentir el aura fría que le rodeaba.

Como si las cosas estuviesen empeñadas en ir de mal en peor Crystal apareció en ese momento. Con una mirada  que solo había visto el día que me dio el libro aquel misterioso. Inmediatamente mis defensas se alarmaron (¿Es que no puedo tener un minuto en paz?) y más cuando la chica pareció encontrar su objetivo entre el grupo y ese objetivo resultamos ser nosotros.

La chica se acercó a Nay y a mí con rapidez, sin atreverse a mirarnos a los ojos. Cuando llegó se acuclilló entre los dos. Yo en ese momento no sabía donde meterme. ¿Esto a qué venía ahora? ¿Alguien me puede explicar como en una sola noche he conseguido poner a todos de un humor de perros inconscientemente? A nuestro lado Nay también parecía estar realmente incómodo.

Crystal apoyó sus manos en uno de nuestros hombros (En ese momento pensé que estaría buscando una posición más cómoda para estrangularnos o algo parecido y por la expresión de Nay supuse que él estaba pensando exactamente lo mismo). A nuestro lado Alex parecía haber captado perfectamente el aura de la reunión, porque había vuelto de nuevo a su desayuno en silencio de la manera más discreta posible.

Cuál fue mi sorpresa cuando mi amiga habló.

—Muchas gracias… a los dos —Fue como esas veces que piensas que hay un escalón más en las escaleras y se te queda una sensación extraña al ver que no es así: me quedé paralizado en mi sitio, mirando a la chica a los ojos sin saber muy bien qué decir. Por el rabillo del ojos pude ver como Nay asentía y carraspeaba.

—No hay de qué —Una lenta sonrisa asomó por los labios de la pelirroja y con un último apretón de hombros se levantó del sitio y se alejó tan campante, como si no acabásemos de tener una reunión a lo mafia “Lo que sucede en el círculo, se queda en el círculo”.  Consternado dejé a un lado mi comida. Ya no tenía ganas ni de probar bocado e intenté obligar a mi mente a recordar qué narices había pasado ayer por la noche. Apoyé la frente en mis manos ocultando mi rostro con el cabello mientras miraba fijamente al suelo. ” Piensa, piensa, piensa, piensa” 

Pero nada. Lo único que aparecían eran las imágenes borrosas de una discoteca llena de gente. ¿Cómo podía ser tan patético? ¡Todos recordaban algo menos yo!

Unos pies asomaron en mi campo de vista haciéndome levantar la mirada. Ramona me observaba con la misma preocupación con la que Alex me había mirado hacía apenas unos minutos.

—Te ves un poco pálido.¿Estás bien? —Por millonésima vez en ese día mentí asintiendo con la cabeza.

—Estoy bien. No te preocupes… es la resaca —¡Ja! Al menos aquel dolor de cabeza me servía como excusa para algo.

—Deberías beber un poco de agua —Con un gesto amable me pasó una botella de agua. Sin prestar mucha atención la cogí intentando sonreír sin mucho éxito.

—Gracias, Ramona —El rostro de la chica se pareció congelar.

—¿Ramona? — Fue como si me hubiesen tirado un barreño de agua encima de repente ” Oh no ¡Alerta roja, alerta roja! La has cagado Dan. Retirada ¡Huye! Busca una salida. ¡CUALQUIER SALIDA!” 

Antes de que pudiese usar de nuevo la resaca como excusa por inventarme nombres así como así Nay terminó su desayuno y carraspeó atrayendo nuestra atención. Si no hubiese estado cagado de miedo por su mirada y por la metedura de pata que acababa de cometer hasta me habría fijado en cómo apoyó su mano en mi hombro para hablarnos a los dos con más privacidad.

—Jane. Si nos disculpas tengo que hablar un momento con el Novato, a solas —Bueno, no era precisamente la salida de la metedura de pata que habría deseado, pero al menos no tendría que explicar a la ex-Ramona el por qué de su nombre.

Sintiendo los pies de plomo me levanté con torpeza y seguí a Nay al interior de la caravana. Tenía el presentimiento de que había salido de la sartén para caerme en las brasas. El auto por dentro estaba totalmente vacío (Prácticamente destrozado, pero vacío). Sentí un escalofrío en la columna vertebral cuando escuché como Nay cerraba la puerta a mis espaldas. Lentamente me giré para afrontar la realidad. Nay me miraba apoyado en la puerta. Con las manos juntas por detrás de él y una expresión que haría correr hasta león como si fuese un gatito. Ni siquiera sé cómo me mantuve en pie. “¿Tan mala la he liado?”. Parecía estar poniendo todo su esfuerzo en controlarse. Cuando por fin habló parecía que su voz era un cuchillo.

—¿Me quieres decir en que cojones estabas pensando? —El silencio inundó la habitación por unos instantes. Alcé un dedo al aire y abrí la boca para decir algo, pero enseguida me arrepentí y acabé rascándome la nuca confundido.

—No te refieres a lo de Ramona ¿No? —Nay golpeó la pared con fuerza “ Va, me da a mi que eso es un no”

—¡No imbécil, no! ¡Me refiero a lo de ayer! Ese comportamiento no te pega nada, Novato —Oh, vale. Entonces se refiere a lo de liarme con alguien. Le miré sorprendido

—…Ya sé que no es típico en mí, pero ¿que importa? —Contuve las ganas de añadir un ” te” en medio de esa pregunta.

—¡Claro que importa ! Es peligroso, niñato irresponsable —¿Por eso se había enfadado conmigo?¿Porque era peligroso?  Fruncí el ceño molesto. Va, sé que irse con desconocidos no es recomendable, pero ni que fuese un niño indefenso.

—Creo que puedo defenderme solo perfectamente, Nay. No te necesito de niñero —Nay se acercó a mí con  brusquedad y he de reconocer que retrocedí un poco alarmado por su mirada.

—¿Defenderte? Pero si eres un enclenque no me vengas con gilipolleces

—Tú fuiste el que te burlaste de mí por no dejarme llevar

—No dejarte llevar, Novato.  No “ir directo a la muerte” —”¿Muerte?, pero ¿este qué se monta en la cabeza?”

—¿No crees que estás exagerando? Solo era uno. Seguro que podría perfectamente con él si algo hubiese pasado —Nay parecía casi más confundido que yo mismo.

—¿Uno? ¡Si por lo menos eran diez! —La expresión de terror que se me quedó pareció hacerle callar “¡DIEZ!, Santa madona, Dan ¿Qué llevaba esa bebida?” 

—¿A qué cojones te estás refiriendo? —Nay me observó unos instantes en silencio. Poco a poco se fue inclinando hasta poner su mirada a la altura de la mía. Había recobrado su típica expresión indescifrable y juraría que se estaba mordiendo de nuevo el piercing.

Cuando habló lo hizo tan calladamente que me provocó mayor alarma que cuando me estaba gritando.

—No te acuerdas —No era una pregunta, era una afirmación. Derrotado acabé por asentir con la cabeza. Deseando no tener un armario detrás que me impidiese alejarme de la repentina cercanía del peliazul, que volvió a hablar—. Me estás diciendo que ayer casi te dan la paliza del siglo… y tú no te acuerdas de nada.

—Ehm… ¿sí? —Nay se alejó de mí, pero en ningún momento apartó su mirada de la mía.

—Debería darte la paliza yo mismo por idiota —Tragué saliva de golpe.

—Te agradecería que no lo hicieras… si no te importa —Un amago de sonrisa intentó asomar por la comisura de los labios de Nay, pero el chico pareció controlarlo. Suspiró y sin darme tiempo a reaccionar me alborotó los cabellos pasando la mano por mi cabeza.

—Eres increíble, Novato —Cuando dejó caer la mano hacia su costado sentí una repentina sensación de vacío—. Hazme un favor. No vuelvas a emborracharte nunca.

“Tranquilo, no esta en mis planes. Créeme”  

Sin decir nada más Nay dio media vuelta y salió de la caravana como si hace unos minutos no hubiese estado dispuesto a matarme ahí mismo. Yo en cambio me dejé caer por la pared del armario lentamente. Hasta acabar sentado en el suelo, sin apartar la vista de la puerta por la que acababa de salir el ojiblanco.

“Conque una paliza, un lío, un misterioso agradecimiento” ¿Por qué absolutamente nada parecía tener alguna conexión? Necesitaba respuestas. Inmediatamente. Necesitaba saber en que lío me había metido que casí causa que me maten. ¿Nay habría estado involucrado en la pelea? Me mordí el labio deseando que se hubiese quedado en la caravana para poder explicarme tranquilamente lo que había pasado… pero claro, es Nay.

Tras una eternidad ahí parado una pequeña idea me vino a la mente. Mirando el asiento del piloto de la caravana sonreí.

— ¿Alex no bebió, verdad?

Capítulo 1: Extraña criatura.

PLAT.

Capítulo 1: Extraña criatura.

 

A veces tengo la sensación de que mis sueños quieren decirme algo, pero para cuando me despierto el mensaje ya se ha diluido en la bruma. Supongo que es mejor así; en un mundo en el que pocos duermen y ninguno sueña lo más acertado es no destacar.

El único Oniro al que una vez hablé sobre esta sensación fue a Mhu. Recuerdo que me miró con los ojillos bien abiertos, y el hocico muy apretado, antes de soltar un mugido que casi me hizo caer al suelo. «No le digas a NADIE que ves cosas mientras duermes me dijo. Nunca le había visto alarmarse de ese modo. Si alguien descubre que sueñas, las cosas se pondrán feas… y bastante complicado es ya mantenerte a salvo de Hipnos».

No tengo ni la más remota idea de cuántos sueños han tenido lugar desde entonces, pero han debido de ser miles de millones. Desde aquel momento nunca más volví a pensar en el asunto… hasta hoy. Hoy, más que nunca, tengo la impresión de estar a punto de rozar un recuerdo, una voz importante que intenta avisarme de algo.

Por culpa de los pensamientos que enredan mi mente apenas me doy cuenta de la nueva flor de Nana que ha germinado en el suelo de la guardería. Sus raíces se enroscan entre mis pies provocando que vaya de bruces contra la hierba mientras me esfuerzo, inútilmente, porque los papeles de los registros no salgan volando de mis manos. Rompo a reír cuando el reguero de hojas se esparce por todo el terreno, incluyendo algunas que caen sobre mi cara como si se burlaran de mi despiste.

¡Plat! ¡¿Qué demonios estás haciendo?! Mhu aparta las pezuñas de la otra Nana color rosado a la que había estado hablando y cruza las patas sobre sus ubres. ¡Los Neonatos están deseando ir a ver a Fifi! ¡Recoge sus recomendaciones inmediatamente y ve a entregarlas!

Una nueva carcajada escapa de mis labios sin que pueda contenerla por culpa de las cosquillas que me provocan las raíces enredadas en mis tobillos. Cuando consigo incorporarme un poco, me centro en la diminuta Nana a mis pies: una bolita de piel suave que asoma entre los matorrales impregnada de una débil luz celeste que la delata como una de las Nanas más jóvenes y recientes del lugar.

¡No ha sido culpa mía! replico al notar la furibunda mirada de Mhu taladrándome la nuca. ¡Parece que este Nana tenía ganas de jugar! Sus raíces apenas tardan en apartarse de mí al escucharme hablar. No quiero que se preocupe, así que gateo hacia la flor de luz acunándola entre mis manos antes de añadir: No te preocupes, peque. En realidad Mhu es bastante agradable… ¡Ya verás cuando nazcas! ¡Aquí tendrás Oniros de sobra para jugar! Por lo menos hasta que tengas tu recomendación para ir a villa Tanathi… ¡lo cual me recuerda que Mhu será la menor de mis preocupaciones si no llevo inmediatamente las recomendaciones!

La Nana responde con un parpadeo que intensifica su luz celeste. No me cabe duda de que será del tipo que alcanzan su madurez en menos de tres sueños. Recojo las hojas apresurándome para que Mhu no pueda regañarme de nuevo y echo a correr campo a través. En realidad, Mhu siempre me ha dicho que debo regresar a la casa siguiendo el camino principal de tierra que está despejado, pero es mucho más bonito cruzar por el campo de Nanas, iluminado bajo sus luces celestes, rosas y violetas. No solo es más hermoso, sino también más corto y, de paso, puede que me encuentre con algún recién nacido; no sería la primera vez.

Son muchos los momentos en los que siento que la monotonía me asfixia y me sepulta en un lugar en el que parezco desencajar. Y es en días como este, en los que sueño sin recordar, cuando pienso que tal vez no estaría mal enfrentarme a Hipnos para cambiar las normas del reino que nos mantiene prisioneros de su juego. Mi vida podría ser, debería ser, mucho más que cuidar de Nanas hasta que maduren, repartir recomendaciones e instruir a los Oniros neonatos para que conozcan el mundo en el que han nacido.

No creo que sea tan malo desear un cambio de vez en cuando… aunque sea uno pequeñito. Me bastaría con que Mhu me dejara salir a explorar más a menudo, pero lo único que sabe hacer es quejarse sobre lo arriesgado que sería ir más allá del mercado de villa Tanathi, y siempre termina con un: «En la guardería Lumi estás a salvo. Hipnos nunca te buscará aquí».

Que te jodan, Hipnos bufo lanzando una patada al aire. Joder, estoy de peor humor de lo que imaginaba. Me apetece gritar: ¡Que te jodan! Cierro los ojos imaginando que su bruma viene a buscarme, que le tengo delante ¡Que te jodan bien! ¡Eres un rey pésimo y maaaalo! ¡Ya verás, un día… ¡mierda!

Abro los ojos de golpe. Por un momento he perdido el contacto con el suelo tras haber tropezado con algo grande que estaba tirado en mitad del campo de Nanas. Otra vez las recomendaciones vuelan por todas partes, vuelvo a aterrizar en el suelo de bruces aunque esta vez el impacto me lo amortigua el bulto blandito contra el que he chocado.

Aish, joder me quejo sobándome la mano mientras me incorporo ¿Qué demonios…

Ante mí, el bulto toma forma y consistencia. Sigue inmóvil en el suelo, salvo por el irregular vaivén de su pecho al respirar. No sé por dónde empezar a analizarlo, así que decido seguir el procedimiento que utilizamos cuando nos encontramos con nuevos Neonatos: hacer un escaneo visual empezando por un extremo y terminando por el otro. Después de todo, si esta cosa está tendida en un campo de Nanas, debe tratarse de un Neonato.

Me acercó, agachándome para poder verle bien. Tiene la cabeza cubierta de un suave pelo del color de la ceniza que no llega más allá de sus hombros. En la cara redondita dos ojos, una nariz respingona, algunas pecas pequeñas y labios finos. Por su estatura parece más peque que yo, aun así se ve más grande debido a su robustez: caderas anchas, piernas gruesas, busto llamativo. Su piel es mucho más clara que la mía y da la sensación de ser bastante tersa. El corazón se me acelera en el pecho al acercarme un poco más. Nunca antes había visto un Oniro tan perfecto.

Eh, despierta. Sacudo suavemente su hombro sin conseguir respuesta.

Una certeza asalta mi mente al darme cuenta de un detalle que había pasado por alto. No puede ser Neonato porque lleva ropa. Y todos saben que los Oniros llegan al mundo desnudos. Frunzo el ceño. Sea como sea, no puedo dejar que se quede aquí y no parece que vaya a despertar pronto, por lo que decido pasar uno de sus brazos por encima de mis hombros antes de retomar el camino a casa. Sonrío al sentir que se remueve un poco apegándose a mí en busca de calor. Definitivamente, las recomendaciones pueden esperar, ya volveré a buscarlas cuando haya acabado con este asunto. ¡Por fin algo interesante que hacer!

~

Mhu no ha parado de dar vueltas por la habitación desde que ha descubierto al Oniro que yace sobre mi cama. Por el tamaño que han adquirido sus ubres no hace falta ser un adivino para percibir su mal genio. Sería mucho más sencillo comprender lo que tanto le afecta si dejara de resoplar mugidos y dijese algo, pero en lugar de eso se ha sentado sobre sus patas traseras con tanta brusquedad que el suelo ha temblado bajo mis pies transmitiéndome su nerviosismo.

—No puede quedarse aquí —dice al fin. Abro los labios para replicar sin éxito; Mhu se me adelanta alzando su pezuña delantera en el aire—. Será mejor que le saques de aquí antes de que despierte. Vuelve a dejarle donde le encontraste.

—¡Me niego! —respondo cruzándome de brazos. Sé que mi grito ha atraído la atención de los Neonatos porque veo la cabecita pelona de Zany asomarse en el umbral de la puerta— ¡Venga, Mhu! ¿A qué le tienes tanto miedo?
Espero por una respuesta que nunca llega, por la duda en sus palabras o algún gesto que me permita dilucidar la verdad tras la preocupación que empaña su mirada. Nada. Mhu ni siquiera tiene tiempo de abrir el hocico antes de que los gritos de los Neonatos inunden la casa. Zany sale corriendo para asomarse a la ventana. La luz anaranjada se filtra en la habitación dañando mis ojos, cegándome. Mi sudor repentino salpica el suelo, noto la boca seca y, aunque busco a Mhu, no soy capaz de ver nada. Hace calor. Demasiado calor.

«Es la furia de Hipnos —pienso en un instante de lucidez mientras corro hacia la entrada de la casa para activar el protocolo de emergencia—. ¿Qué demonios está pasando?».

—¡Zany, Thin, cerrad las ventanas! —grito agarrándome a la palanca lila que está anclada a la pared empapelada de la entradilla.

Está demasiado dura, oxidada por el poco uso que ha recibido, y casi necesito colgarme sobre ella para lograr moverla con el peso de todo mi cuerpo.

—¡Es Rihonel!

El grito de Thin, que sigue con las manitas aferradas al alféizar, hace que se me erice hasta el último vello de mi cuerpo. Una sombra cubre la cegadora luz. El silencio nos invade… y consigo hacer que la palanca baje. Las persianas de metal caen de golpe en todas las ventanas, se abren las cañerías del techo y el agua comienza a regar el suelo rebajando el asfixiante calor que había comenzado a apoderarse de la casa.

Parece que todo ha pasado, que estamos a salvo, hasta que los golpes retumban contra la puerta. Thin y Zany gritan abrazándose, Maxd y Luwer corren a esconderse en el almacén de la comida, Roth enrosca su cuerpo anillado sobre mi pierna sin dejar de sisear a la puerta… y yo… bueno, no puedo dejar que Rihonel eche abajo la puerta con sus embestidas. Así que me ajusto bien el turbante, asegurándome de cubrir mi rostro, y abro lo justo para distinguir al rino-halcón sin dejar que la bofetada de calor nos golpeé a Roth y a mí.

—¿Qué? —espeto de mal humor.

—Se ha detectado la presencia de un Olvidado fuera de palacio —Su voz retumba en mi mente provocándome un fuerte dolor de cabeza—. Es mi obligación recordar que el delito por ofrecer cobijo a un Olvidado es la muerte. Por lo tanto, en el momento de encontrar alguno fuera del castillo es obligatorio notificar la situación. —Sus ojos negros se clavan en mí.

Admito que siempre me ha intimidado el cuerno afilado que crece entre sus ojos, el aspecto robusto de su cuerpo, las gigantescas patas y las grandes alas que en estos momentos se pliegan sobre su lomo. Sin embargo, ahora mismo lo único en lo que pienso es en poder cerrar la dichosa puerta para protegerme del calor.

—Aquí no hemos encontrado a ningún Olvidado —respondo con más tosquedad de la que se le debería hablar al consejero de Hipnos.

—Mi obligación es comprobar que no mientas.

Me aparta de un empujón sin darme tiempo a responder. Roth, todavía en mi pierna, sisea mostrando los colmillos cuando Rihonel pasa a nuestro lado haciendo retumbar el suelo a su paso.

—Está bien, puedes… —enmudezco al recordar la extraña criatura que he encontrado en el campo de Nanas.

¿Y si no es un Oniro? ¿Y si es un Olvidado? Eso explicaría el extraño comportamiento de Mhu. La he pifiado. He traído un Olvidado a casa. Nos he condenado a muerte… a menos que Rihonel nunca regrese para informar a Hipnos de lo ocurrido…

Rihonel se dirige a mi habitación. Yo me preparo para saltar sobre su espalda y atacar, pero antes de hacerlo veo a Mhu sonreír desde el interior de mi cuarto. Me detengo. Pasa algo extraño, así que decido acercarme con cautela al umbral para comprobar lo que está ocurriendo.

—Descuida, si vemos algún Olvidado informaremos de inmediato a las autoridades —escucho decir a Mhu. Mi cama está vacía. Sea lo que sea, lo que he recogido del campo de Nanas ha desaparecido—. Es un peligro que algo así ande libre por el mundo.

—Está bien —responde Rihonel con los ojillos entornados—. Agradezco tu colaboración, Mhu.
Siento la mirada de Rihonel clavarse en mí una vez más. No es un secreto que no le caigo bien. Aunque hacía mucho que no nos veíamos, todavía conservo el vago recuerdo de los enfrentamientos que mantuvimos en más de una ocasión.

Por suerte para todos, Rihonel se marcha sin decir nada más y la casa regresa paulatinamente a la normalidad: los neonatos salen de sus escondrijos y regresan a sus juegos, incluso Roth decide que ya puede separarse de mí pierna y avanza serpenteando hacia el resto del grupo.

Nos quedamos a solas. Toda mi atención recae sobre Mhu.

—¿Dónde está?

Mhu resopla apartando la alfombra para descubrir la trampilla que ocultaba debajo. El corazón se me encoge en el pecho mientras observo como la abre para sacar al Olvidado de su interior.

A veces es doloroso darte cuenta de hasta qué punto la mente te juega malas pasadas haciéndote olvidar cosas que han formado parte de tu vida y es esa la sensación que me golpea al ser consciente de que la trampilla lleva en mi cuarto, debajo de mi alfombra, desde que vivo con Mhu, e incluso han sido innumerables las veces que he tenido que utilizarla… pero no la recordaba.

—Nos hemos librado por suerte —suspira Mhu colocando a la extraña criatura sobre la cama. Es la curiosidad lo que me guía a acercarme para observarla de cerca.

—¿De verdad es un Olvidado? —Mhu asiente en silencio— No sabía que los Olvidados fueran criaturas tan hermosas…

—Será mejor que no te encariñes.

—¿Por qué no? —protesto. Mi mano se mueve por inercia para acariciarle los cabellos cenizas despejándole la frente—. Podría quedarse aquí… después de todo, ya ha pasado el peligro…

—Plat —Odio cuando pronuncia mi nombre de esa forma. Suena a superioridad, como si yo no fuese más que un Neonato que no tiene ni idea de cómo funcionan las cosas—, madura de una vez. Su presencia nos pone en peligro, además…

Seguramente Mhu siga hablando, pero yo pierdo el sonido de su voz porque los ojos grises más bonitos que jamás haya visto me miran ausentes por el sopor del sueño que permanece en ellos. Pestañea, se revuelve entre las sábanas, pestañea… De repente siento que he encontrado un tesoro al que debo proteger. Pero entonces mi tesoro grita incorporándose en la cama con los ojos desorbitados por la sorpresa, los labios entreabiertos y una mano firmemente agarrada a su pecho.

—Justo lo que faltaba —rezonga Mhu—. Tenía que despertarse.

Nos miramos en silencio. Huele a miedo. Me cuesta imaginar que alguien pueda creer realmente que esta criatura sea peligrosa, que un ser tan frágil haya provocado la ira de Hipnos. El agua que sigue cayendo del techo le adhiere el cabello al rostro.

—¿Estás bien? —pregunto.

Su nuevo grito, cuando Mhu se acerca a la cama, atrae la atención de los neonatos que no tardan en aparecer corriendo con miles de preguntas.

Sonrío porque me encantan las locuras y esta situación acaba de convertirse en una de ellas.

Creo que algo me preocupaba al despertar pero… ¡qué más da! ¡Tenemos un Olvidado en casa!

 

La vida es aburrida. Capítulo 8

Beber es malo, sobre todo si ya eres imbécil de por si

Lo primero que pensé al abrir los ojos fue que alguien me estaba taladrando la cabeza hasta el punto de hacerla estallar. Lentamente —temiendo que un movimiento brusco detonase la bomba que alguien parecía haber puesto en mi cerebro— me llevé las manos a la frente y no pude evitar soltar un quejido de dolor.

“¿Qué demonios pasó ayer?”.

A pesar del dolor prominente de mi cabeza me forcé a mí mismo a intentar recordar qué había pasado apenas unas horas antes.

———– Horas antes———–

Ignorando la ligera sonrisa burlona que se había formado en la cara de Nay al oír mis palabras me senté junto a Crystal y Alex. Mi amiga parecía estar quejándose de algo al chico, pero con todo el alboroto de la gente no pude entender sus palabras. Tampoco es que tuviese mucho interés en entenderlas. En ese momento lo único que pasaba por mi mente era hacer al peliazul tragarse sus palabras.

Fue entonces cuando una chica morena…ahora que lo pienso no le pregunté el nombre…llamémosla Ramona, por decir algo. Pues Ramona se incorporó ligeramente en su asiento y hizo que todos los que habíamos formado el corro del juego se callasen. Sonriendo alegremente nos habló a todos.

—Vale chicos ¡Voy a girar la botella, empezamos!

Con destreza hizo girar una pequeña botella azul justo en el centro del corro. Todos esperamos en silencio a que se parase y … sí… ya sabéis lo que viene ¿No? Y el iluso de mí hasta se alegró de que la botella hubiese parado en él (AY, Santa inocencia la mía). Puede que todo fuese por aquel sentimiento de molestia que surgía en mi interior solo con pensar en esa estúpida sonrisa burlona que sabía que me estaba dedicando el Nay en un lugar a mis espaldas. Intentando insuflarme un animo del que totalmente carezco me froté las palmas de las manos dispuesto a hacer lo que fuese que tengo que hacer. Reto, verdad… podría con todo.

—Un momento…—Miré a Crystal y a Alex confuso—. ¿A qué se supone que estamos jugando?

Un chico que se encontraba sentado a mi derecha —Llamemos a este Ildefonso para ponernos en situación— me dio unas ligeras palmaditas en el hombro mientras me pasaba una botella de un alcohol de una marca que sinceramente no reconocí. En ese momento debería haberme alarmado por la cara de compasión con la que me miraba. pero no caí en la cuenta hasta que me habló.

—Te compadezco, hermano.

——————-

Un juego de beber. De todas las cosas posibles me tenía que apuntar a un puto juego de beber. Mi cerebro pitó de dolor, como queriendo quejarse él también de mi idiotez.

No acostumbro a beber. Es más, creo que puedo contar con una mano las veces que he bebido algo de alcohol. Siempre he pensado que es de gente estúpida porque lo único que consigues es humillarte (Creo que ya sabemos que de humillaciones tengo suficientes en esta vida), y justo voy yo y me apunto a un juego de beber a los bestia delante de la persona que sé que nunca me va a permitir olvidar la humillación de mi vida “OLE TU INTELIGENCIA DAN ¡OLE!”.

Mi cerebro volvió a quejarse y chasqueé la lengua adolorido. “Vale, ponerme a gritar mentalmente no es una buena idea cuando tengo resaca” Algún día me darán el premio Nobel. Lo sé, el premio Nobel al tío más tonto del mundo.

¿Qué había pasado después de eso? Sinceramente… No me acordaba, después todo eran imágenes borrosas, gritos y más gritos, mucha música. Me empezó a invadir una pequeña angustia debido a la incertidumbre ¿Qué demonios habría hecho estando borracho? No quería ni pensarlo.

Un pequeño rayo de luz incidió desde la ventanilla justo en mi cara causándome una expresión de profundo dolor, como si fuese un vampiro (Aunque después de lo que sea que haya pasado esta noche no descartaría la posibilidad de haberme convertido en uno). Parpadeé y miré a ambos lados intentando procesar en mi mente la imagen a mi alrededor. Me encontraba tumbado en una de las literas de la caravana. Sólo con echar un vistazo pude comprobar que no estaba solo y que no era el único que había sufrido los estragos del alcohol. Todos se encontraban dormidos (Yo diría más bien en estado coma) en el primer sitio que habían pillado. Por los ronquidos de la litera de arriba juraría que Crystal se había apropiado de esa cama junto a Mía. Otros menos afortunados habían acabado por desplomarse en el mismo suelo de la caravana. Incluso en los pequeños sofás del lado podía ver a Ramona y a Sara durmiendo en la postura más incómoda que os podáis imaginar.

De repente una sacudida de mi litera me hizo perder el equilibrio y me tuve que aferrar al colchón para no acabar de bruces contra el suelo.

—Joder —Me llevé una mano a la boca sintiendo como la cabeza me daba vueltas. Casi parecía como si estuviésemos en movimiento… Un momento… estábamos en movimiento ¿Quién era el idiota que se le había ocurrido ponerse a conducir a estas horas? Con cuidado de no acabar cayendo encima de algún pobre desgraciado de los que se encontraba roncando en el suelo me bajé de la cama para mirar por la ventanilla. Pude distinguir una carretera totalmente desierta por la que estábamos yendo. Alzando una ceja me dirigí hacia la zona del conductor aferrándome a la pared de la caravana como si estuviese andando por gelatina “Nunca más pienso beber, nunca más”

Debía parecer patético intentando alcanzar el asiento del copiloto como si estuviese saltando una carrera de obstáculos (Por obstáculos me refiero a cuerpos de borrachos tirados en el suelo del coche), pero digáis lo que digáis casi hasta me sentí orgulloso de mí mismo por haber llegado sano y salvo cuando conseguí aferrarme al respaldo del asiento.

Tardé unos segundos en reconocer a Haddock sentado al volante, tan campante como si no hubiese dormido sólo 4 horas. El moreno me miró fugazmente y me dedicó una sonrisa alegre que no iba nada acorde con el ambiente de la compañía.

—Resaca ¿eh, Novato?

Me limité a gruñir como respuesta mientras me deslizaba sobre el asiento del copiloto. Haddock se río sin intentar ni por un segundo fingir que el asunto no le hacía gracia. Sin apartar la vista de la carretera extendió uno de sus brazos hacia mí para darme una botella.

—Será mejor que bebas mucha agua. El dolor de cabeza es por la deshidratación.

Sin preocuparme en parecer muy amable prácticamente le arranqué la botella de las manos de un manotazo. Aunque antes de beber murmuré un gracias que no hizo otra cosa más que agrandar su sonrisa burlona. Tras dar el primer trago conseguí preguntar con voz ronca.

—¿Qué pasó anoche? —Haddock volvió a reírse con alegría

—Todos fuisteis unos flojos y acabasteis como cubas —Puso una cara que parecía decir “Los chicos de estos tiempos no aguantan nada”—. Ni siquiera sé muy bien cómo conseguisteis llegar a la discoteca sanos y salvos y ni me preguntes cómo lograsteis volver…

“¿Discoteca? ¿Cómo que discoteca?” En mi mente aparecieron unas fugaces imágenes de un local oscuro y abarrotado de gente, pero en ese momento Haddock giró bruscamente con el volante y el desagradable vuelco en mi estómago me sacó de mis pensamientos.

—¿A dónde demonios nos estas llevando? —El chico hizo una mueca.

—Mi jefe me llamó ayer. Tengo que estar para cubrir el festival de pasado mañana por la noche— Lo miré asombrado.

—Ahh… Que tú trabajas —Por la mirada acerada que me echó supuse que debería haberme guardado el comentario.

—¿Tengo pinta de nini, Novato? —Me apresuré a negar con la cabeza enérgicamente. Entonces la expresión del mayor pareció suavizarse—. Siento haberos sacado del camping tan pronto, pero si no no llegamos ni de broma —me miró de reojo con cierta culpabilidad—. Debes de haber dormido poquísimo. No hace falta que me hagas compañía si no quieres. Hace unos minutos tuve que obligar a Mía a que se fuese a dormir para que descansase.

Aunque el dolor de mi cabeza me gritaba que me buscase un agujero oscuro en el que enterrarme para descansar me forcé a mi mismo a negar.

—No tengo sueño —mentí mientras me intentaba poner en una postura más cómoda en el asiento. La pobre Mía había ocupado mi puesto el día anterior, debía estar agotada. Además en aquel momento no me había parado a darle las gracias por ese detalle. Lo menos que podía hacer yo ahora era ocupar el suyo. Al pensar en Mía recordé un tema del que quería hablar con Haddock.

—Por cierto… —Hasta yo pude notar como el chico se tensó ligeramente al oír el tono de mi voz… o puede que fuese por la falsa sonrisa de inocencia que adopté—. ¿Tú y Mía sois pareja?

Haddock puso tal expresión de asombro que por un momento temí que se distrajese demasiado y tuviésemos un accidente “Los ojos fijos en la carretera idiota, ¡En la carretera!”. Afortunadamente sí mantuvo los ojos en la carretera (Yo creo que era más bien que no se atrevía a mirarme a la cara en ese momento) y aferró con fuerza el volante mientras tartamudeaba confundido.

—¿Y..yo con Mía? Sólo so-somos… amigos. Sí, amigos —Más bien parecía como si se estuviese convenciendo a si mismo, pero no comenté nada. Simplemente dejé que el silencio inundase la caravana unos minutos. Hasta que volvió a hablar—. ¿Por qué? ¿Te gusta?

No pude evitar echarme a reír al escuchar el tono amenazante con el que me había hablado “Si es que él solo se delata el pobre”. Jugueteé con la botella en mis manos sin dejarme intimidar por la mirada que me estaba echando.

—Deberías empezar a salir de una vez y dejar de ser tan cantosos.

Haddock frunció ligeramente el ceño.

—No sé de qué me hablas —“Sí, sí eso dicen todos”. Aún así no añadí ningún comentario más y me limité a abrir la botella de nuevo y acercarla a los labios para beber otro sorbo, pero entonces mi amigo decidió preguntar.

—Bueno ¿Y tú qué? Estoy seguro que al friki le mola alguna chica o algún chico por ahí —Sin llegar a beber alcé una ceja sintiendo un repentino nerviosismo.

—¿Chico? ¿Qué te hace pensar que me gusta un chico? —¿Acaso era tan obvio? Imposible. Ni siquiera yo me había parado a pensar en si me gustaba o no ¿Cómo demonios lo iba a saber Haddock?, pero mi amigo parecía estar muy convencido de lo que decía.

—Claro, ¿No eres gay? —Me incorporé con rapidez en mi asiento notando como el rostro me enrojecía.

—¡No!, ¡claro que no! —Haddock me miró con extrañeza y yo fingí beber agua para que no se notase lo mucho que me temblaba la mano.

—¡Pero si te vi ayer liándote con un tío! —Me atraganté con el agua y rompí a toser de manera estrepitosa. Haddock me dio una palmaditas en el hombro con aire nervioso—. ¿Estás bien, Novato? —pero ignoré su pregunta.

—¡¿He besado a un tío?! —Mi voz se quebró entre tos y tos. Me removí en el asiento ya sin intentar ocultar mi nerviosismo —¿Cuándo?¿CÓMO? —”Idiota, idiota, idiota, idiota” Cuando Haddock comprobó que no iba a morir ahogado volvió a posar ambas manos en el volante. Por su expresión podía asegurar que estaba tan sorprendido y alterado como yo.

—¡Ayer! Joder tronco ¿Tan borracho estabas?

—Me estás diciendo que me lié con un tío ¿Y NO SE TE HA OCURRIDO COMENTARLO HASTA AHORA? —Haddock se encogió cohibido por mi repentino ataque de histeria.

—¡Pensaba que era algo normal para ti! ¡Yo no juzgo a la gente por esas cosas!

Toda la energía de hacía unos segundos desapareció de repente. Desesperado me dejé caer en el asiento de nuevo y me llevé las manos a la cabeza “Cálmate Dan. No es para tanto. Estabas borracho… no sabías lo que hacías. En realidad no es malo… QUE HE BESADO A UN HOMBRE, JODER” Una voz en el interior de mi cabeza (Llamada subconsciente petarda) me reprochó mi reacción “No es como si fuese una sorpresa. Ni que no estuvieses obsesionado por un hombre. Y ya te estabas planteando tu sexualidad, incluso ayer se lo dejaste caer”… Lo sé, lo sé. No debería reaccionar de esta manera, pero comprenderme. Una cosa es plantearte la posibilidad, hablarlo en privado con alguien en concreto y otra diferente es enfrentarse a la realidad sin tener tiempo de procesarlo. Un sentimiento de malestar me recorrió el cuerpo. Leñe, yo no solía hacer ese tipo de cosas… en realidad, yo NUNCA hacía ese tipo de cosas ni con chicas ni con chicos “Tenía que ser justo en este viaje”. La mano de Haddock en mi hombro me hizo salir de mi pensamientos.

—No te rayes novato. Todos hacemos cosas que no controlamos cuando vamos borrachos —Aún con la cara enterrada entre mis manos murmuré unas palabras que más bien sonaron a gruñido.

—La próxima vez que alguien me ofrezca jugar a un juego como estos le meteré la botella por el gaznate.

Haddock se echó a reír escandalosamente, haciendo que me plantease por un segundo si debía meterle a él la botella por el gaznate para que se callase, pero al final me conseguí tranquilizar y poco a poco volví a mi estado de plena consciencia no histérica.

Lo más frustrante es que ni siquiera recordaba haber hecho algo de lo que Haddock me había contado. Ni un rostro, ni una escena, absolutamente nada. Mi mente sólo procesaba imágenes demasiado borrosas que sólo me producían dolor de cabeza. Apoyando el codo en el borde de la ventanilla clavé la vista en la carretera y sin que Haddock lo notase me mordí el labio, frustrado. “Si no me acuerdo de esto ¿Qué más puedo haber hecho ayer?”