Capítulo 5 – Una nueva llama en fuego

Seth se quedó mirando a Vicent con aun más odio. Iba a tener que aguantarle si o si a partir de ahora. En realidad, si se hubiera fijado bien en los rasgos del contrario, se hubiera dado cuenta de que era obvio: pelo castaño con trazas de rojo; cejas marcadas; cara bastante afilada… Lo único que no cuadraba era aquel mechón blanco en su larga cabellera. Era lo único que no cuadraba. A lo mejor por eso no se había fijado más en él, por aquél blanco que le hacía intuir que era de Agua o de Aire. Finalmente el mago de Tierra, Lucian, cogió a Vicent por los hombros cuando se hubo calmado y lo acercó a la parte delantera del escenario con orgullo y respeto ya que técnicamente ahora si era uno de ellos.

-¡Fuego!-gritó haciendo un gesto para que se levantaran.-¡Saludad a vuestro nuevo hermano!-dijo cuando todos se habían levantado, bueno todos no, Seth se había quedado sentado aun asimilando lo que conllevaba aquella nueva noticia. Nat y Pit le golpeaban en la espalda para que reaccionara.

Todo Fuego saltó en aplausos y gritos, dándole la bienvenida a su nuevo hermano, Vicent. Todos los años, después de cada prueba, cada elemento hacía una fiesta con sus nuevos integrantes, aunque esta vez solo los de Fuego la harían. Normalmente siempre entraban la misma cantidad de alumnos a cada elemento, pero cada vez quedaban menos elementales de Tierra, algo que extrañaba aun más a los magos. Después de unos minutos vitoreando al castaño, Lucian mandó a callar, haciendo movimientos lentos con las manos, para poder seguir hablando. “Mierda” pensó Seth, ahora era cuando el Líder del elemento elegido se debía acercar al escenario para recoger al novicio.

-Por favor, atención-dijo ya que aun se escuchaba barullo por toda la sala.-Seth suba aquí a recoger a su nuevo integrante-en cuanto lo dijo, otra ola de aplausos y gritos volvió a inundar toda la sala. Si, los miembros de Fuego le amaban como Líder. También hubo un par de gritos de los estudiantes que aun no pertenecían a ningún elemento y que por supuesto, tendrían claro que iban a pertenecer a Fuego.

Seth, tan extrovertido como siempre, cambio por completo la cara a una más amigable, sonriendo de oreja a oreja y se puso a saludar a todos los que le estaban aplaudiendo. Con andar decidido, se dirigió hacia el escenario y subió en dos zancadas por las escaleras que llevaban a éste. Le gustaba hacerse el chulito delante de todos, qué le iba a hacer. En cuanto subió le apretó la mano fuertemente a Lucian y luego se la tendió a Vicent. El castaño, cohibido por tantos aplausos y gritos por parte de un sector del público, llevó su mano hacia la del contrario indeciso. Al parecer ni él mismo creía que pertenecía a Fuego.

-Bienvenido Vicent, de nuevo-dijo Seth con una sonrisa pícara en la cara, recordando la primera vez que le había dado la bienvenida, hacía solo 4 días.-Es un placer tenerte con nosotros-escupió con dificultad. Pero debía hacerlo, era su deber como Líder ser siempre amable con los suyos, aunque solo sea cuando está en un acto “público”.

Ahora sabía muy bien lo que iba a pasar. Él se convertiría en una especie de hermano mayor para él durante el primer año. Siempre lo hacían con las personas que andaban un poco más perdidas en la escuela para ayudarles a mejorar y ponerse al día con todos los demás. Evidentemente Vicent era una de ellas ya que en su vida había dado una clase de elementarismo. “Lo que me faltaba ya” se quejó Seth mascullando en sus adentros. Su prioridad ahora mismo era demostrarle a Laia que de verdad lo sentía y que quería estar con ella, no cuidar de un crío atontado al cual odiaba. Ambos bajaron a la vez del escenario y salieron de allí antes de que se formara una avalancha elemental en las puertas.

-¿Por qué eres así conmigo?-preguntó el castaño tirando de Seth de una manga. Se habían detenido poco antes de llegar a las habitaciones, en el Gran Salón de Fuego. Vicent como siempre, no entendía nada de lo que estaba pasando a su alrededor y el pelinegro había callado durante todo el camino hasta allí, estaba harto de tener que hacer de niñera. Supuestamente debía explicarle cómo funcionaba todo y ayudarle a acomodarse, pero directamente pasaba.

-¿Qué es lo que quieres?-preguntó agresivamente Seth, cansado de que el castaño le persiguiera como un perro faldero. Vale que él había tenido la mala leche de no haberle dicho nada de información sobre qué era lo que tenía que hacer ahora, pero le tenía que dejar descansar al menos un minuto. Al final se echó en uno de los sofás que más cerca estaba y se acomodó en él adoptando una postura que tentaría hasta la chica más pura de toda la escuela.-Vale, siéntate-ordenó.

El castaño, muy obedientemente, se sentó al lado suya y se le quedó mirando, esperando a que éste hablara. Seth, después de un largo suspiro, empezó a contarle todo lo que debía saber: las piedras, las habitaciones, el Gran salón… Repetir aquello todos los años le cansaba mucho. Era muy monótono, cosa que el pelinegro siempre intentaba evadir. Vicent se dedicó a observarle todo el tiempo mientras asentía a cada nueva cosa que le explicaba. Cuando terminaron, casi todo el mundo se había ido ya al comedor, les habían dejado el Gran salón para ellos solos. El castaño se recostó en el respaldo del sofá, apoyando una de sus mejillas en éste, y cerró sus ojos. En ese momento Seth se dio cuenta de las ojeras que tenía el contrario, parecía que no había dormido en años. ¿Qué era lo que le rondaba por la cabeza? se preguntó curioso.

-Eh Vicent, despierta, tengo hambre-dijo Seth. Se acercó hacia Vicent para zarandearle por los hombros pero se quedó quieto nada más oler de nuevo su aroma. Aquel que le había llevado a un nivel superior a la locura cuando se acostó con la chica de Agua.

El castaño estaba en una postura tan desprotegida que Seth no pudo evitar pensar a qué sabría su cuello. “Ojalá sepa igual o mejor de lo que huele” pensó. Se quedó mirándolo mientras se relamía los labios. El aroma tiraba de él demasiado fuerte, ya no era el que mandaba las órdenes a sus extremidades, le estaba dominando. Se acercó a él decidido a probar el cuello del contrario, colocándose de rodillas sobre el sofá y apoyando sus manos una a cada lado del cuerpo adormilado del castaño. Más tarde empezó a acercarse a su objetivo, lentamente, admirando lo que estaba a punto de morder con sus dientes. Abrió la boca y hundió ambas mandíbulas en la carne del contrario. Cuando por fin notó el sabor de Vicent echó todo el aire que tenía contenido en sus pulmones violentamente.

-Que…-intentó decir Vicent aun sin poder pensar con claridad al no estar despierto del todo. Su respiración se disparó en cuanto notó un punzante, pero placentero, dolor en su yugular. Abrió los ojos como platos y vislumbró la silueta de Seth delante de su cara.-Seth…¿Qué haces?-preguntó en un suspiro. Había estado esperando tanto que el pelinegro le tocara que ahora que aquello estaba pasando, no se lo podía creer. Había soñado tantas veces con él, mientras le tocaba todo su cuerpo. Tuvo que llevarse la mano a la boca para reprimir los suspiros que estaban por llegar inminentemente.

Seth continuó mordiendo, cada vez con más fuerza. Estaba completamente ido. Poco a poco empezó a subir por el cuello de Vicent, lamiendo su piel mientras lo hacía, hasta pararse en la oreja de éste. La mordió, con aun más fuerza que los anteriores mordiscos. El dolor era algo que no controlaba, le encantaba causarlo o que se lo hicieran. Siguió su trayecto, esta vez directo hacia la boca. Paró a pocos centímetros de ésta y clavó su penetrante mirada en los ojos deseosos del castaño. Seguía sin poder reaccionar, el aroma había llegado hasta su cerebro. Agarró la cara de Vicent con ambas manos y la acercó hasta la suya, besándole.

“Seth…” dijo alguien en su mente. Aquello le devolvió a la realidad. Retiró sus labios rápidamente y se quedó mirando al castaño asustado. “Sigue” pidió aquella voz, era la de Vicent. Saltó de encima de éste y salió corriendo hacia ninguna lugar en concreto, alterado. El corazón lo tenía en la garganta, notaba cada latido, y su boca…tenía sabor a hierro. ¿Tan fuerte le había mordido?

“Esto tiene que ser una broma” dijo en voz baja Seth mientras corría por los pasillos. ¿A dónde iba ahora? ¿Qué era lo que acababa de hacer? Realmente era como si algo le hubiese poseído. Pero aquel olor… realmente le atraía. ¿Qué estaba diciendo? No, no, a él le gustaban las mujeres y lo iba a demostrar. ¿Qué pensarían todos los demás cuando se enteraran de que había besado a un chico? No puede ser. Tenía que controlarse, el corazón se le estaba saliendo ya por la boca y corría sin rumbo fijo. Alguno se le quedaban mirando extrañados, pero el seguía corriendo ya casi sin aliento. Tenía que demostrar que aquello no significaba nada para él, solo había sido un gran error en su vida.

Fue hacia el comedor, donde se suponía que debería estar todo el mundo, y se dirigió hacia la parte donde estaba los de Tierra. Buscó desesperado a Laia hasta que la encontró comiendo sola apartada por varios asientos de los demás. Agarró rápidamente a la chica, la obligó a levantarse y ,por primera vez, la besó con todas sus ansias, enmudeciéndola. “¿Lo ves? Esto es lo que me gusta” se dijo a si mismo mientras dominaba sobre los labios de la pelirrosa. Vicent no era nada para él, se decía continuamente.

Mientras la besaba podía sentir un cosquilleo en su barriga y una corriente eléctrica pasando entre cada beso que se daban. Algunos empezaron a decir que se fueran a una habitación o que lo hicieran en otro sitio, otros sin embargo, aplaudieron por aquella escena. Laia al principio se mantuvo recia, pero luego se unió deseosa de poder sentir aquellos labios con los que había soñado tantas veces, rozando los suyos. Si, aquella era la sensación que debería tener, no la de perder el control total de sus actos. Cuando hubieron terminado su largo beso, Seth se quedó mirando la gran sonrisa que Laia le estaba dedicando. Una sonrisa que le llenaba de felicidad. ¿Por qué no había intentado sacársela más veces? Era hermosa. La pelirrosa muerta de vergüenza por no poder parar de sonreír, se tapó la boca y se encogió de hombros. ¿Había dicho ya que le volvía loco?

-Ven a mi cuarto-dijo la pelirrosa agarrando el brazo del contrario, estaba temblando de los nervios, y tiró de él para que le siguiera. Laia había estado dándole vueltas a qué era lo que realmente quería de Seth. Sabía que le gustaba, o más bien, le quería, pero no podía estar con él si no cambiaba. Pero aquel beso, que le besara de aquella forma tan inesperada delante de todo el mundo sin ninguna preocupación no era una simple casualidad, aquello demostraba mucho viniendo de él. Obedientemente Seth fue tras ella, nervioso por lo que acababa de hacer.

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-¿Por qué me has besado?-preguntó inquisitiva Laia, aunque la sonrisa aun no se había ido. Necesitaba tener las cosas claras por parte del pelinegro. Estaban sentados en la cama de ella, uno a cada lado sin mirarse.

– No lo se, simplemente necesitaba hacerlo-confesó Seth. Hundió la cabeza entre sus manos y suspiró. Era la primera vez que estaba en la cama de otra chica y no estaba haciendo nada relacionado con el sexo.

-¿Nada más?-la voz de la chica tembló en la última palabra. Esperaba que dijera más cosas, que no fuera solo un acto de deseo, sino de amor. Cogió un mechón de su pelo y empezó a jugar con él nerviosa.

-¿Qué quieres que te diga? ¿Qué me muero por ti?-respondió Seth exaltado, pero fueron las palabras que la pelirrosa quería escuchar. Miró de reojo a Laia y vio que ésta le estaba mirando ruborizada con los ojos muy abiertos y una sonrisa ahora más tímida asomaba por su cara. Su mente le estaba pidiendo a gritos que se acercara y la hiciera suya, pero debía detenerse.-Por favor, no me mires así, estamos en una cama y…-hizo una pausa para tragar saliva.-me está costando retenerme.

-Pues entonces bésame-pidió, pero antes de que el contrario hiciera algún movimiento, levantó la mano en señal de Stop.-Pero antes, quiero que seamos algo más. Quiero ser tu novia-Las palabras se le atragantaron a Seth, el cual miró asombrado a Laia. ¿Había escuchado lo que había dicho bien? ¿Una novia? ¿De verdad iba a tener novia?

-Emm…-dijo pensativo. “Bueno, no me va a pasar nada por probar. Además es ella.” pensó.-De acuerdo, a partir de ahora, seré tu novio. Pero déjame besarte de nuevo-sonrió.

Laia, intentando no llorar de felicidad, se abalanzó contra el pelinegro y le abrazó con todas sus fuerzas. Después de tantos años detrás de él y por fin eran algo más. Pero, ¿por qué Seth no estaba contento? Le devolvió el abrazo y hundió su cara en el cuello de la chica. “No huele como él” pensó mientras aspiraba el aroma de la pelirrosa. “No no, ella huele mejor” se mintió a si mismo.

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Pronto serían las prácticas de grupo. Solo participaban los alumnos de octavo, noveno y décimo año, por ser los más preparados para ello. Se necesitaban habilidades muy específicas y hasta esos años no las aprendían por ser de gran complejidad. Deberían salir en grupos de no más de 10 personas a una pequeña montaña que había a unos pocos kilómetros de la escuela, donde le harían unas pruebas para ver cómo se desenvolvía cada uno de ellos en el campo de batalla. Los equipos debían ser mixtos y les dejaban hacerlos a ellos si los hacían equilibrados. Pero aunque se llamaran prácticas, en realidad era una prueba donde iban a competir entre ellos y los que primero cruzaran la montaña de un lado a otro, que eran de 10-15 días andando, ganaban recibiendo honores. Aquello era muy celebrado por todos los miembros de la escuela, los cuales seguían muy de cerca cada día que pasaban en la prueba. Hasta se llegaban a hacer apuestas.

Sin embargo para Seth era una oportunidad genial para que destacara de nuevo. Necesitaba destacar de cualquier forma, además, necesitaba honorar a sus padres y esta era la mejor forma. Cuando era pequeño su padre le contó que él y su madre ganaron ésta práctica por muchísima diferencia de sus compañeros. Debía hacerlo perfecto por ellos. Poco a poco se estaba obsesionando con aquello. Se llevó días pensando a quién debía tener en su grupo. La primera opción Laia, ya que a parte de que ella era su novia, sabía que era una de las mejores de Tierra. Pero aun le faltaban ocho integrantes más. Apenas comía y dormía, le estaba consumiendo por dentro. Vale que a los elementales el sueño no les afectara tanto, pero la comida era muy importante para ellos y si no comían nada, sus fuerzas mermaban muy considerablemente. Al final recordó a principios de curso, en una reunión de los líderes, todos se pusieron de acuerdo para formar entre ellos una alianza para esas prácticas, junto con sus segundos. Era hora de llamarles. Quedó con los tres Líderes de los elementos restantes en sala dedicada solo para ellos. Allí discutirían todos los detalles.

-¿Estáis seguros que con ocho personas podremos superar bien las pruebas?-preguntó Tara, Líder de Aire. Era una chica bajita, menuda y poco habladora aunque cuando lo hacía, era muy directa. Tenía el pelo blanco y corto, llevaba unas gafas poco llamativas y tenía un tatuaje que empezaba en su espalda y terminaba en el hombro de unas siluetas de aves negras. Pero aunque pareciera una chica débil, era todo lo contrario. Muchos la tachaban como la mejor alumna de la escuela en cuanto a erudita se tratara. Era perfecta e implacable, no se le escapaba una.

-Por supuesto que las superaremos, llegaremos los primeros a la línea de meta, no lo dudéis- respondió Seth confiado.  Puede que tuviera el ego un poco por las nubes, pero era letal en batalla. Pocos le habían podido ganar estando él en perfectas condiciones, no como cuando un chico de Viento le pegó una paliza por estar herido.

-A mi me parece bien, además, así nos aceptaran seguro. Vamos a estar los cuatro Líderes en un solo equipo, ¡sería injusto si estamos en las mismas condiciones que los demás!- especuló Garret, Líder de Agua. Era el chico con más musculatura de todo Emment, aunque no por ello tenía un cuerpo espectacular ya que estaba un poco regordete. Sus hombros y brazos eran como la cabeza de Seth, era lo que más desarrollado tenía, gracias a la natación. Tenía el pelo negro con reflejos azules y ojos azabache.

-¡Genial!-exclamó Laia pegando un brinco de alegría.-Entonces creo que deberíamos avisar a nuestros segundos para que estén preparados y concienciados. Nos reuniremos aquí mañana para practicar y ordenar nuestro equipo-dijo. Después de aquello, todos salieron de la sala rumbo a sus Grandes Salones, en busca de sus segundos.

Todo iba sobre ruedas. Vicent le había pedido si podía formar parte de su equipo porqueque se encontraba solo, pero le rechazó. No quería tener lastre en su equipo y el castaño podía serlo sin duda. Aunque no le hubiera visto en batalla, lo más seguro es que su inexperiencia le haría fallar y eso perjudicaría al equipo en el que se encontrara. Además, había otra razón por la que no quería tenerle en su equipo: el beso. Cada vez que le veía recordaba el momento en que sus labios se encontraron y en aquella obsesión que sintió en el momento de oler su aroma. Debía alejarse de él lo máximo posible y la única forma posible era siendo lo más rudo y malo posible con él. Para asegurarse de que lo era, hacía un par de días, en el comedor, le llegó a poner la zancadilla mientras llegaba su bandeja de comida hacia la mesa, cayéndosele todo encima. Aunque eso no terminó allí, también le había pedido a Nat y a Pit que le hicieran la novatada de quitarle la ropa mientras estaba duchándose para que tuviera que volver desnudo a la habitación. Sí, aquella era la forma de no tener que volver a tener contacto con el castaño.

Después de estar un rato buscando a Helen, la encontró sentada en uno de los sofás escribiendo algo en su libreta muy concentrada. Seth le contó todo sobre la práctica y ésta aceptó sin dudarlo. Estar en el mismo equipo que todos los Líderes era algo que todo el mundo envidiaría. Después de aquello, se formó un silencio incómodo. La chica le había pedido hacía tiempo seguir con lo que habían empezado una vez, pero el pelinegro nunca lo hizo y no estaba seguro de si le había molestado o no. Pero ya no podía hacer nada, estaba con Laia y debía serle fiel al 100%, no quería hacerle daño. Al final se despidió de ella y se fue hacia su habitación para dormir. Mañana deberían practicar mucho para estar perfectamente organizados.

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Al día siguiente quedaron todos de nuevo en la sala y practicaron durante horas, saltándose incluso la comida. Habían parado las clases para que los estudiantes se pudieran preparar perfectamente y organizarse, ya que aun había personas que no tenían grupo y la prueba sería en un par de días. Seth a veces pedía 5 minutos para irse con Laia a un rincón y poder juguetear con ella. Le tenía loco, cada vez necesitaba más besos suyos para poder seguir concentrado en lo que debía hacer. Sentía unas ganas tremendas de llevársela a la cama y hacer locuras con ella. Desgraciadamente la pelirrosa le había dejado claro que no harían nada hasta llevar un tiempo considerable, así le demostraba que verdaderamente la quería. ¿Cómo le podía hacer eso? Acostumbrado a practicar sexo día si y día no, aquello le iba a matar por dentro.

Siguieron practicando, día y noche hasta que el día anterior a la práctica, quedaron en dormir para poder permitirse no hacerlo por un tiempo en los siguientes días y así adelantarse a los demás equipos. Esa noche la pasó con Laia, se escapó de su habitación y se la jugó yendo hacia las habitaciones de Tierra. Por suerte no se encontró con ninguno de los profesores de guardia y pudo dormir con su novia. Sin embargo, el llamarla novia le sentaba mal. Se sentía vacío por dentro, como siempre. El hecho de salir con Laia no le había llenado para nada. ¿Qué mas tenía que hacer para rellenar su insaciable interior? Tendría que sentirse feliz de poder estar con la chica que siempre había soñado. “Es que no huele como él” se le vino a la cabeza, pero lo negó rápidamente. ¿Por qué Vicent le venía siempre a la cabeza? Lo había tenido que espantar más veces de las que podía contar de su cabeza casi todos los días.

Seth” dijo alguien en su cabeza. Asustado abrió los ojos y se sentó encima de la cama. ¿Quien le estaba hablando? Miró hacia toda la habitación, la cual estaba en penumbra, pero no vio a nadie, solo estaban él y Laia.

Seth, se que estás ahí, contéstame” pidió la voz. Le sonaba, aquella voz le sonaba. La había escuchando días atrás, cuando besó al castaño. ¿Era de verdad él? ¿Cómo podía hablarle? No, tenía que pasar de él, seguro que era su mente jugándole una mala pasada.

Algo malo va a pasar, lo siento en mi interior” confesó, pero Seth siguió en su línea y no le contestó, ya se cansaría de “hablarle”.

Por favor, no hagas tonterías” le pidió. La voz sonaba realmente… apenada. ¿Tanto le dolía que Seth pasara de él? Se mordió la lengua para evitar responderle, aunque era una tontería ya que solo debía hablar en su mente. ¿O solo era él el que podía hacerlo? y lo más importante ¿era él de verdad? Mejor no lo comprobaría por ahora.

La voz no le volvió a molestar en toda la noche y después de un par de vueltas por la cama, pudo lograr dormirse abrazado a Laia.

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