Capitulo 16 – A trompicones

Conseguí que mi lívido se calmara, pero mi mente no ha dejado de darme la tabarra en las restantes horas lectivas. Por si no fuera poco, siento que mi cuerpo cada vez tiene menos fuerzas para mantenerse. Por suerte no tuve que realizar ningún esfuerzo físico en ninguna de las clases y pude hacer vida normal hasta que ha llegado el momento de tener que ir a almorzar.

No os lo voy a negar, me muero de hambre. Mi barriga ya ha dado otros cuantos conciertos molestando en medio de las lecciones. Los profesores me han pedido encarecidamente que cuide mejor mi alimentación, recordándome lo escuálido que estoy. Me he tenido que disculpar como cinco veces, hastiado de ocultar la pesadumbre con la que me he levantado hoy y de seguir tragando comentarios críticos que no me importan sobre mi cuerpo.

La última clase ya ha acabado y, como aún no me encuentro preparado mentalmente para salir al enorme bullicio que hay montado fuera, he ido a hacerle un par de preguntas al profesor Snape sobre cosas que ya sé pero prefiero hacerme el ignorante. Éste, de mala gana, me resuelve todas las dudas que le he hecho y, además, me manda un pequeño trabajo ya que me ve bastante animado con la asignatura. Me gustaría saber si lo ha hecho porque de verdad piensa eso o es un pequeño castigo por haberle hecho perder un poco el tiempo. Al final acaba echándome porque tiene cosas más importantes que atender. No es el mejor profesor con el que poder pasar un poco de tiempo y eso que es el jefe de mi casa.

Por favor, que hoy sea un buen día aunque haya empezado como el culo” deseo con todo mi corazón y pongo el primer pie fuera de la sala. La pena es que ya no hay el bullicio que se cocía al acabar las clases matinales y hasta ahora no he pensado que podría ser un problema. No puedo utilizar la aglomeración para esconderme entre ellos y así poder ir más seguro serpenteando entre los estudiantes. Aún no sé si me está buscando o pasando de mi, aunque mi instinto dice que lo primero ya que no logré terminar los ejercicios antes de que me diera la calentura. No hice lo que se me ordenó y no creo que le haya sentado muy bien. Puede que, además de eso, se haya levantado de muy mal humor al ver que se ha quedado dormido y me he ido sin despertarle.

Todo indica que cosas buenas no van a pasar si me cruzo con el.

–¿Dónde has estado?–cojo aire instintivamente y aguanto la respiración asustado. Un párpado incluso me tiembla.

Lentamente me giro hacia la persona que me ha hablado. Estaba tan metido en mis pensamientos que no he escuchado nada de lo que me ha dicho, solo un ruido de fondo del que se me ha olvidado toda información. “Por favor que no sea él” pienso pidiendo ya un milagro. Siento como las manos me tiemblan de puro terror.

–¿Qué?–respondo en un largo susurro.

–¿Daniel?–Escuchar mi nombre me relaja de una manera que ya consigo enfocar la persona que se está intentando comunicar conmigo. Él jamás lo utilizaría en su vocabulario. Pero como lo primero que me he fijado de ella es que tenía el pelo rubio, no puedo evitar se mi cuerpo reaccione ante una amenaza tensionándose–¿Qué te ocurre?

Es Luna, mi salvadora. Me zarandea para que me centre en el mundo real, mas no soy capaz de quitarme tan rápidamente la sensación tan desagradable que me ahoga cada vez que existe la posibilidad de ser atacado otra vez por esa rata albina. Le sonrío cuando ya me he calmado.

–Lo siento, pensaba que eras otra persona–confieso pues tampoco se me ocurre otra cosa que excuse mi comportamiento tan raro. Sus ojos se clavan en los míos como si me estuviera observando el alma.

–Te pasa algo–declara y yo hago una mueca como aceptando que tiene un poco de razón. Ha sido muy raro ver como su cara cogía una expresión tan seria, para ella no es una broma.

–Tengo demasiados problemas que no logro superar–puede ser que ya sea hora de contárselo a alguien. No creo que vaya a poder empeorar aún más.

Luna se dispone a hablar pero mi barriga decide cortar el momento y rugir como una condenada. Ella se queda mirando hacia el foco del ruido con los ojos como platos pues, para que negarlo, no ha sonado muy buen. Me encojo de hombros ya que mi estómago ha hablado suficiente por mi. Luna me propone ir a comer cuanto antes y luego dar un paseo por los jardines de la escuela mientras charlamos de mis problemas. No opongo resistencia al plan y vamos juntos hacia el comedor sin acordarme que es uno de los lugares donde más probabilidades tengo que encontrarle.

Éste está casi lleno. Nos separamos para ir cada uno a nuestra mesa y, en mi mente, se vuelve a cruzar el pensamiento de que ojalá el sombrero seleccionador hubiera decidido ponerme en otra casa de Hogwarts. Estoy seguro de que mi vida hubiera sido completamente diferente a la de ahora. Quien sabe, a lo mejor podría haber sido de esos típicos estudiantes que me encuentro por el pasillo riéndose en grupo y pasándoselo bien. O a lo mejor hubiera sido un poco más solitario pero con la tranquilidad de que nadie me va a humillar o violar en cualquier momento. Como desearía ser ellos.

–Está ocupado–me responde una chica justo en el momento en el que estoy dejando que mi cuerpo caiga sobre el banco. Resoplo y busco con la mirada otro asiento. No tengo ganas de entrar en conflicto con nadie.

Por suerte hay uno no muy lejos de donde me encuentro y, además, está al lado de uno de los pocos estudiantes de Slytherin con el que tengo contacto y no me odia. Bueno, solo hemos intercambiado saludos que ya es mucho decir para mi la verdad. Me siento a su lado, le saludo y él me lo devuelve. Parece una tontería pero eso me saca una enorme sonrisa porque usualmente lo que primero escucho en cuanto me siento a comer es algún insulto y sonido de asco.

No pierdo ni un segundo más y me lanzo hacia la comida mientras mi estómago me da bocados por tardar tanto en satisfacerle. Le agradezco de que no haya vuelto a sonar estrepitosamente y comienzo a engullir un buen trozo de muslo de pollo alternadolo con cucharadas de puré de patatas. No sé si es el hambre o no, pero hoy la comida está mucho más sabrosa que de costumbre, al igual que la bebida. Decreto que prefiero no pensar en nada y simplemente disfrutar de este ansiado festín.

Poco a poco mi barriga se va llenando y ya no como con la misma rapidez que cuando empecé, a si que voy haciendo pequeñas pausas para que no me siente mal lo que he ingerido. Los que me rodean se encuentran cada uno a lo suyo, algo bastante raro puesto que normalmente suelen estar más pendientes de los demás para reírse un rato que de ellos mismos. ¿Es que he tenido la suerte de sentarme justo en medio de estudiantes normales? Así sí se puede comer.

De pronto, un recuerdo me llega a la mente: las caras de los estudiantes con los que me he topado esta mañana al salir del cuarto de Draco. La mandíbula se me desencaja y busco con los ojos si hay alguna cara conocida en mis alrededores. ¿Qué me pasa en la cabeza? Tardo demasiado en darme cuenta de las posibles amenazas que se ciernen sobre mi. Doy varias pasadas visualizando mi alrededor para cerciorarme de que no están y justamente, cuando giro un poco la cabeza hacia mi derecha, veo que una sobresale de las demás que antes la escondían.

Ahí está esa cabellera ceniza sacándome de quicio otra vez.

Desvío la mirada rápidamente deseando de que no se haya percatado de que le he visto emerger desde las sombras y hago como que estoy comiendo tranquilamente. Agudizo lo máximo posible las orejas por si consigo escuchar algo de lo que pueda decir a sus compañeros o directamente a mi. No percibo nada más que el típico sonido de fondo de compañeros comiendo, riendo y hablando entre ellos de vez en cuando. Nada fuera de lo usual.

Lucho contra las enormes ganas que tiran de mi para que vuelva a clavar mi mirada en él. Puede que justo cuando lo haga me esté acechando con esa cara de odio que tanto le gusta dedicarme. Puede que no se haya dado cuenta de que estoy aquí, a tan pocos metros de distancia, y si lo hago delate mi propia presencia. Quien sabe de lo que sería capaz de hacerme delante de tantas personas si ya me hizo salir desnudo de mi cuarto mientras me llevaba como un perrito faldero.

Todo me anima a que lo haga. Mis ojos, muy limitados por mis deseos, buscan alguna distracción en algún lado porque no saben qué hacer en caso contrario. Temo que no dure logre durar mucho haciendo este paripé, es como si una fuerza superior a mi estuviera tirando de mi para que lo hiciera. Muevo nerviosamente la pierna mientras sigo con la actuación de comer con normalidad.

En un momento de descanso, mis ojos me traicionan y se dirigen hacia mi agresor deseosos de saciar su curiosidad. Me odio a mi mismo por no ser capaz de retener los impulsos, pero lo hecho hecho está y ahora tengo que ver qué es lo que produce mi enorme error.

Me está mirando.

Mi mente se desata y grita internamente. Si tuviera que describirlo de alguna forma, sería como si todas mis neuronas tuvieran forma humanoide y se pusieran a correr como locas o pegándose cabezazos para dejar de existir. Y como buen imbécil que soy, no le aparto la mirada hasta pasados demasiados segundos. Mi cuerpo se llena de sudores fríos al recordar todas las atrocidades que ha sido capaz de hacerme sin remordimiento alguno.

Respiro a trompicones al notar como se me forma, en mitad del pecho, un profundo hoyo de vacío que crece gradualmente. Me aprisiona y ahora el sonido de fondo deja de serlo tanto y se incrementa en volumen, incomodándome aún más. Dejo el tenedor sobre el plato intentando mantener las formas, pero a decir verdad lo he hecho porque no tengo las suficientes fuerzas como para seguir sosteniémndolo. Cojo una buena bocanada de aire y levanto, de nuevo, la cabeza hacia él a ver si ya ha dejado de observarme y ha perdido el interés.

Pero parece que no se ha inmutado en todo este tiempo. “¿Cuánto llevará mirándome?” pienso y me dejo embelesar por sus ojos grises como si ese realmente fuera su objetivo al fijar su completa atención en mi. Siento como me hago pequeñito a cada segundo que paso en este estado. Solo espero que nadie más se haya dado cuenta de lo que está ocurriendo a plena vista de todos porque me da la sensación de que si esto ocurre, todos nuestros secretos serán desvelados.

Percibo como, sin apartar sus orbes de los míos, le responde a uno de sus secuaces que está sentado a su izquierda. “¿Qué es lo que pretende? ¿Se acordará de todo lo que ocurrió ayer e intenta humillarme con un simple contacto visual?” intento darle sentido a todo esto, mas cualquier esfuerzo es en vano. Cualquier pensamiento que viene a mi mente es interferido por un bombardeo de recuerdos de esta noche y mi vista se nubla, aunque sepa perfectamente que la sigo teniendo fija sobre él y recíprocamente.

Mi cuerpo se estremece al tener que soportar de nuevo las intensas corrientes eléctricas que desembocan en mi ya no tan cansado miembro. ¿Puedo tomarme esto como que sí fue testigo de mi perversión y que solo fingió estar dormido? El resto de personas que me rodean desaparecen de mi campo de visión, quedándonos solos él y yo. Animo a mis piernas a moverse para zafarme de Draco, pero es la única parte de mi cuerpo que no está en movimiento ni palpitando.

Lo que más temor me produce es que su faz está tranquila, sin ninguna arruga y labios descansados. Son solo sus ojos son los que me transmiten esta inquietud, el ardor que explotó en todo mi ser. ¿Cuánto tiempo voy a seguir teniendo trazas de esa maldita poción en mi organismo? ¿Qué cojones es lo que le está pasando esta vez por la cabeza?

No sé por cuánto tiempo nos quedamos así, pero os puedo asegurar de que por bastante al parecer. Porque no es hasta que Draco decide excusarse de la mesa cuando miro a mi alrededor y me doy cuenta de que la densidad de estudiantes ha bajado considerablemente, quedando bastantes huecos libres por todo mi alrededor. Miro mi plato de comida sopesando si debería comer algo más puesto que luego lo voy a agradecer bastante.

Ver como Draco, poco a poco y con sus típicos pasos de príncipe millonario, se acerca hasta donde yo estoy sentado. Con la cabeza bien alta y mirando hacia el frente pasa justo enfrente mía, obviándome como si ya no tuviera interés en mi. “¿Ya ha sido suficiente diversión para la hora de comer?” pienso mordiéndome la lengua de rabia a la vez que ansío que siga su camino y no me dirija ninguna palabra. Algo le pasa y no quiero que lo vuelva a pagar conmigo.

Por suerte, lo único que me dedica es su aroma cuando la perturbación de aire llega hasta mi persona. Le persigo con la mirada hasta que le pierdo la pista. Cada músculo de mi cuerpo se relaja y noto como mis músculos se han resentido mucho más por haber mantenido esta tensión por tanto tiempo. Consigo llevarme un poco más de comida a la boca hasta que mi cuerpo me dice basta.

–¿Ya has terminado?–la voz de Luna hace que pegue un respingo y me devuelva otra vez a la realidad. Me he olvidado completamente de ella.

–Si si, perdona, es que me estaba muriendo de hambre–respondo a modo de disculpa por haber tardado tanto aunque sea con una medio mentira.

–Pues ahora un buen paseo te ayudará a bajar toda la comida que has engullido–y ríe ante su propio comentario, pegándomela a mi. No sé, me parece contagiosa.

Salimos del comedor a paso lento mientras ella me cuenta una anécdota que ha vivido hoy en una de sus clases. Sin embargo, no consigue que me evada de la idea de que Draco puede estar esperándome fuera y, cuando saco una de mis piernas, el corazón se me encoje mientras examino la entrada buscando algo demasiado rubio. Mis manos se relajan al no encontrar nada y devuelvo mi atención hacia Luna, habiendo perdido parte del hilo de la historia.

Damos un buen paseo por el interior de la escuela puesto debido a que apenas ponemos mucha atención en seguir la ruta más corta para salir de ella. Hoy hace un sol radiante y un calor muy agradable. Es más, me quito y todo la túnica puesto que tengo un poco de calor con ella puesta. Luna hace exactamente lo mismo que yo. Damos una vuelta inspeccionando los lugares más interesantes de los alrededores mientras mantenemos una conversación bastante interesante sobre qué cosas son las que más me gustan de ser mago. Algo así como primeras impresiones. También se ha interesado en mi vida antes de que lo supiera y cómo es el día a día de una persona “normal” o, como ellos llaman, de un muggle.

Hace que me olvide por completo de toda la ansiedad que llevo encima de mis hombros y que apenas me deja respirar cuando le da por embestirme con toda su fuerza. Creo que es lo que más adoro de esta muchacha porque, a pesar de que muchas veces se comporta de forma muy rara, cuando hablas un rato con ella te limpia por dentro y sabe hacer que pases un buen rato con ella. Decidimos que, después de un gran paseo y para no cansarnos antes de ir a las clases de por la tarde, es buena idea sentarnos un rato bajo el sol y relajarnos.

–Menos mal, pensé que nunca lo ibas a decir–digo con la mano sobre mi barriga fuera porque siento que mi estómago está demasiado revuelto.

Nos sentamos en un claro rodeado de flores rojas y blancas. Yo aprovecho para utilizar mi túnica como almohada y me echo sobre el césped soltando un profundo suspiro de cansancio. El sol me acaricia la cara y la brisa me masajea el resto de lugares. Luna, al final, acaba haciendo lo mismo que yo ya que confiesa de que tengo una cara que de verdad estoy disfrutando el momento. Supongo que después de tanto desasosiego continuado, un descanso así me sienta como un vaso de agua en el desierto. Hoy pienso irme a dormir temprano para descansar todo lo que no he podido.

–Bueno, y cuéntame qué es lo que te ocurre–el silencio se disuelve en sus palabras, al igual que mi serenidad. Pero supongo que me vendrá bien contárselo a alguien, aunque sea por encima. No es bueno guardarse las cosas para uno mismo porque al final te acaba pesando demasiado.

–Tengo un problema–confieso pero sin saber cómo tengo que seguir la conversación.

–¿Sólo uno?–responde intentando romper el hielo, me figuro.

–Si–me río un poco desganado pues aunque solo sea uno, me está amargando la existencia–Solo uno. Hay alguien que no me deja en paz y no entiendo su odio hacia mi persona–me intento explicar pero ponerle palabras es más difícil de lo que había pensado–O sea, yo no le he hecho nada ni queriendo ni sin querer. Simplemente creo que la ha tomado conmigo porque está aburrido o algo así.

–¿Has intentado solucionarlo o hablar con él para ver qué es lo que ocurre?

Varias cinemáticas de yo intentando hablar con él respondiéndome con las decenas de burradas que he tenido que sufrir desde que casi llegué. Es más, ahora que lo recuerdo, fue incluso antes de que me eligieran para la casa Slytherin pues ya en el andén del tren me dedicó sus ácidas palabras.

–No funciona con él.

–¿Quién es? Me tienes en ascuas por no decir su nombre–se queja y yo me quedo pensativo de si debería hacerlo o no. Considero que sería más acertado su lo supiera porque el tipo de persona es bastante importante y a lo mejor le puede conocer bastante bien tras todos estos años en los que han estado en el mismo colegio mientras él llamaba la atención.

–Hummm–quiero decirlo pero admitirlo cuesta, es como si se hiciera aún más realidad solo por decirlo yo–Tengo problemas con Draco.

Luna se queda un buen rato callada, supongo que se habrá quedado muda por conocer quien es el maldito que me está tocando la moral día si y día también. Aguardo a su respuesta con ansias pues espero que ella consiga ayudarme con la misma eficacia con la que me tranquiliza.

–Vaya, no soy capaz de pensar en alguna solución–me lo temía. En cuanto termina su frase, ronroneo de frustración. Al menos me siento un poco más libre al no ser yo el único que sabe que Draco se ha obsesionado conmigo–Lo que he observado todos estos años y que sea eficaz contra él es ignorarle. Porque cuanto más intentes defenderte o le devuelvas las venganzas, más ganas tendrá de seguir con sus juegos.

Nada que no sepa” pienso. Todo lo que ha dicho lo he hecho y comprobado por mi mismo.

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