Capítulo 1 – ¿Eres tu al que llaman «el nuevo»?

-¿Mi elemento?, ¿qué cual es? Soy de Fuego, por supuesto-respondió orgulloso Seth, el protagonista de nuestra historia. Una chica le había pedido que se reuniera con ella en el tiempo que tenían libre entre después de comer y las clases.

Él sabía por qué lo había llamado. Era bastante popular entre la población femenina de la escuela de Emment, como era de esperar. Su cabello azabache, peinado en una suave cresta y su penetrante mirada verde moteada de rojos, acompañados de las facciones afiladas y tez morena, propias de aquellos afines al Fuego, hacían que Seth resultase bastante llamativo. Sin olvidarnos, por supuesto, del aro que colgaba de su ceja izquierda, algo que según tenía entendido, volvía loca a más de una.

-¡Oh! Qué bien-exclamó la chica, mientras movía uno de sus pies y agachaba la cabeza.-Yo soy de Viento. Podríamos complementarnos muy…-tragó saliva, intentando deshacer el nudo que se le había formado en la garganta.- . . Bien-dijo, volviendo a levantar la cabeza por cuarta vez y a dedicarle una sonrisa tímida a Seth. Su pecho se movía muy rápido. Los nervios y la posibilidad de ser rechazada humillantemente por el chico que le gustaba le estaban matando. Además se juntaba con que (todo esto, se unía al hecho de que) algunos de los estudiantes se paraban a lo lejos para curiosear. Mordió su labio superior con fuerza y esperó la inminente respuesta que tanto ansiaba saber desde hacía tiempo.

-Perdona, pero no me hablo con pseudoelementales como tú-dijo arrogantemente Seth, metiéndose las manos dentro de los bolsillos del uniforme que les hacían llevar. Para los menores el uniforme es el mismo: una camisa blanca, una chaqueta negra que les llega hasta la parte baja del muslo, unos pantalones también negros -aunque las chicas podían llevar en su defecto falda- y unos zapatos del mismo color que los pantalones. Sin embargo a partir de séptimo y después de la prueba elemental, éstos cambian para diferenciar a los alumnos por su elemento: Fuego, Aire, Agua y Tierra. La chica llevaba el uniforme negro, lo que indicaba que aun no había pasado la prueba. En cambio, el de Seth aunque también era negro, contaba con tonalidades rojizas, amarillas y naranjas, presentes en los botones de la chaqueta, el cinturón, la corbata -la cual solo la llevan los que tienen el ya uniforme de su elemento- y los zapatos evocando el color de las llamas. Cansado de la situación, pasó una de sus manos por su cresta y miró con aires de superioridad a la chica.- Vete a soplarle a otro en la oreja- dijo despectivamente. Se dio la vuelta y se puso en marcha hacia su habitación.

Pocas veces perdía el tiempo con alguna chica que no fuera de Fuego. Debía estar demasiado buena para hacerlo. Normalmente salía con chicas de su elemento, pero sin ataduras. Se cansaba de las relaciones a las pocas semanas. Ellas lo sabían, pero al parecer les daba igual: con solo poder disfrutar de él unos pocos días, se conformaban. La única chica que verdaderamente llamaba su atención y con la que sus coqueteos tenían la intención de ir “más allá”, era la líder de Tierra. Su larga melena rosada, trenzada en algunos mechones, le volvía loco. Además, ella no era de las que caen fácilmente, por lo que suponía un reto que él estaba encantado aceptar.

Al llegar al enorme salón de Fuego, que se situaba en el centro de todas las habitaciones en el ala Noroeste de la escuela, notó que se había armado un buen barullo y que él no se había enterado de nada (del cuál, él no estaba al tanto). Entre el bullicio buscó a sus colegas, Pit y Nat. Ellos siempre se enteraban de todo lo que ocurría en la escuela, daba igual a qué elemento manchara. Estaban sentados en uno de los muchos sofás que había desperdigados por todo el salón. Se acercó a ellos intrigado y en cuanto llegó, les dedicó una gran sonrisa y una palmada en la espalda a modo de saludo.

-Venga, contadme qué es lo que se está cociendo en esta maldita escuela- dijo captando con la mirada a algunos compañeros que tampoco se habían enterado de nada, como él. Nat y Pit se acercaron, se pusieron una cada lado y le susurraron al oído la información.

-Hemos escuchado que va a venir un chico nuevo a la escuela- dijo Pit, emocionado.-Dicen que sus padres lo han estado escondiendo del Gobierno de Elementales-siguió Nat, también con el mismo sentimiento.-También me he enterado que no sabe a qué elemento pertenece-añadió Pit con repugnancia, ya que eso estaba mal visto.

-Seguro que pertenecerá a algún elemento inferior. Los Fuego lo llevamos en la sangre y eso, se nota- terminó Nat, haciendo el ademán de escupir al suelo y pisar la saliva.

Estaban ya a mitad de curso y era muy raro -bueno, en realidad era rarísimo- que un estudiante se acoplara a la escuela a esas alturas de curso. Algo gordo debería haber pasado para que le hubieran concedido la admisión en una de las mejores escuelas elementales. ¿Por qué le estaban escondiendo sus padres? Se suponía que ir a esta escuela era todo un honor para cualquier persona de su raza, porque era una de las más prestigiosas de todo Anhar.

-Bueno, ya le daremos la bienvenida al nuevo- dijo Seth con una sonrisa maliciosa mientras sus compañeros se frotaban las manos, llenos de ideas perversas. Sí, se dedicaban a dar «la bienvenida» a todos los novatos que entraban por primera vez a la escuela.

Fuego era mayormente conocida por encargarse de las novatadas. Seth siempre participaba, ya que era líder de Fuego en su noveno curso, con 18 años. Como norma general, todos los nuevos que entraban a la escuela tenían 10 años e iban a primero. Hasta el séptimo año, los alumnos desconocen qué elemento es el que dominan, ya que aun no se ha desarrollado el poder en ellos. Pero como siempre, hay excepciones. Los que suelen saber antes a cuál pertenecen sin necesidad de pasar por la prueba son los de Fuego. Sin embargo, siempre tienen que hacerla para asegurarse y que no hubiera confusiones.

-Dicen que llegará muy pronto. Debemos preparar ya lo que le vamos a hacer- dijo Nat ansioso por darle la «bienvenida».

-Esta vez os lo dejo a vosotros,chicos. Se que tenéis muy buenas ideas y yo me voy a descansar un rato, que me muero de sueño-sonrió ladinamente mientras se frotaba uno de sus ojos haciendo ver que tenía sueño- Si no estoy en la clase de control del Fuego, decidle a la profesora que no me encontraba bien-Sin esperar respuesta de sus amigos, Seth se marchó hacia su habitación.

Una de las ventajas de ser Líder de cualquier elemento es que tu habitación es algo más grande y llamativa que las demás. Las cuatro habitaciones, una en cada gran salón, estaban en el centro de todas las demás. Además, tenían un arco incrustado en la pared, pintado con detalles de la historia de su elemento. En el interior, había dos apartados: la primera habitación era un despacho, donde podía dejar todos los papeles que le daban de información y poder pasar citas con los miembros de su elemento; y una habitación, la cual en cada detalle evocaba a su elemento. La habitación de Seth parecía como si estuviera llena de llamas, aunque no era muy diferente de las demás porque todos suelen tener los mismos muebles y accesorios: una cama -aunque la de éste era algo más grande-, una cómoda, una piedra elemental, un cuarto de baño, una mesa con sus respectivas sillas y una gran ventana que daba al hermoso jardín de la escuela, aunque ahora no se pudiera ver por ser de noche.

Seth se echó sobre la cama, se quitó la parte de arriba del uniforme y, sin abrir las sábanas, cayó a los pocos segundos en los brazos de Morfeo.

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*Toc* *Toc*

Alguien llamó a la puerta, despertando a Seth de sus sueños. Éste, de mala gana, se levantó y fue tambaleándose medio dormido hasta ella, la cual abrió rápidamente. Tras esta, había una chica de Fuego, que era su segunda. Era muy estricta, organizadora, perfeccionista y manipuladora, aunque eso no quitaba que su melena pelirroja con las puntas anaranjadas, le volviera loco. Tenía una especie de sentimientos de amor-odio hacia ella.

-¿A qué se debe tu grata presencia, Helen?- dijo mientras se apoyaba en una de las paredes e intentaba marcar músculos. No llevaba nada de cintura para arriba.-¿Es que vienes a pasar un buen rato conmigo, al fin?.- dijo enarcando la ceja de la que le colgaba el aro.

-Más quisieras tú-respondió ella coaccionada por las vistas que Seth le estaba proporcionando.-Vengo a visitarte para saber si estás «bien», ya que tus amigos habían dicho que no estabas presentable-dijo con tono mecánico mientras echaba un vistazo a la cama de éste, la cual estaba algo desordenada.- Pero por lo que veo ya estás bien, a si que he de pedirte que me acompañes.

-¿Estás segura?-dijo mientras agarraba el brazo de Helen y tiraba de él, para atraerla hacia su pecho. Sonriente, pasó una de sus manos por el pelo de la chica, poniéndoselo detrás de la oreja para que esta quedara al aire.-Porque no lo parece-le susurra al oído dominantemente, mordiendo el lóbulo de su oreja.

La chica, avergonzada, hunde la cabeza en el pecho del contrario y susurra palabras que Seth no consigue oír. A este le encantaba que todas las chicas se comportaran así cuando les atacaba de aquella forma. Tan sumisas y monas . . . Agachó la cabeza hasta llegar a la altura de la de Helen y, cogiendo dulcemente la barbilla de ella, levantó su cara y buscó los labios de la chica con los suyos propios, encontrándolos a pocos centímetros de él. Ella soltó un leve gemido, como si hubiera estado esperando aquel momento por una eternidad y cuando Seth lo escuchó, apretó la intensidad del beso, llegando a meter su lengua en la cálida boca de su segunda, dominante.

-¡Atención! Que todos los Líderes de todos los elementos se presenten en el despacho mayor en cinco minutos-sonó en la sala, mientras un viento llegaba a sus oídos. Era Yin, el mago de Aire, anunciando una reunión de imprevisto. Sin apartar los labios de la chica, gruñó. Ahora que por fin había hecho que Helen cayera en sus redes, le llamaban para una estúpida reunión.

Después un par de minutos apurando hasta el último segundo para seguir con su apasionado y fogoso beso, se apartó de ella y echó a correr hacia el interior de su habitación para coger la parte de arriba del uniforme. Luego puso rumbo hacia el despacho mayor, donde normalmente se reunían los cuatro líderes y magos de los elementos. Se despidió de ella con un «seguiremos» y fue hacia la reunión, a la cual ya iba tarde. En cuantollegó, todos le estaban esperando, como siempre. Llegar tarde era una de las cualidades más destacables de Seth.

-Ya que por fin ha llegado el Líder de Fuego, podemos empezar con la reunión- dijo Ariela, la maga de Agua, amablemente. Un par de guardias elementales cerraron la puerta y ella se aclaró la garganta para continuar. Seth echó una mirada a la Líder de Tierra, Laila, que cohibida, apartó la suya de éste. Estaba igual de guapa que siempre. Sus facciones tan perfectamente de Tierra junto a su larga y rosada melena hacía que Seth se pasara las horas muertas admirando su hermosura. Después de que Ariela le llamara la atención, porque no estaba atento a la reunión, desvió la mirada por fin de la chica de Tierra. Aquello pintaba importante.-Creo que me puedo mojar las manos y decir que todos ya habéis oído hablar del chico nuevo que se va a unir a nosotros. Vendrá mañana por la mañana a primera hora y deberéis recibirle los cuatro- dijo señalando a cada Líder.-Esto es muy importante, ese chico debería estar en Séptimo año y aun no conoce cuál es el elemento que domina.-explicó dando énfasis a su edad. Era muy raro entre los elementales no saber tu elemento pasados los 15 años y más extraño aun el no haber asistido a la escuela tras haber cumplido los 10.-Deberéis ayudarle hasta que averigüemos cuál es su elemento porque hasta hace poco, desconocía la existencia del dominio de ellos.

«Mierda» dijo Seth para si mismo. Aquello iba a hacer que éste no fuera la única cosa de la que hablaran las chicas, cosa que no le gustaba. Se sentía incómodo si toda la atención femenina no estaba sobre él.»Le daremos una bienvenida digna, para que se de la vuelta y vuelva por donde ha venido» pensó maliciosamente trazando nuevos planes en su mente. Odiaba que la gente le quitara el protagonismo.Él debía ser aquel que estaba en boca de todos, ya sea para bien o para mal. Ariela finalizó con que la prueba sería dentro de 4 días y que, hasta entonces, deberían cuidar de él y enseñarle como funciona el sistema, cosa que haría encantado con sus jugarretas. Iba a demostrarle la mejor parte de Fuego.

Gracias a la reunión, había perdido todas las clases de la tarde,debido a que tenía que organizar con los demás líderes qué iban a hacer en su llegada, acumulando papeles informativos en su carpeta.En el primer día del nuevo, Seth se encargaría de presentarle la escuela, guiándolo a través de las instalaciones y las aulas. Al haber comenzado las clases tan tarde, el chico tendría que asistir a lecciones tanto de primero como de segundo año, por ser las más básicas. Cuando todos los de Fuego se volvieron a reunir en el gran salón después de las clases, Seth buscó a Pit y Nat para conocer el plan que habrían ideado. Eran unos verdaderos genios en maquinar nuevas maneras de acobardar a los nuevos y echarlos atrás.

-¡Ey chicos! Os estaba buscando-dijo Seth agarrando el hombro de Nat para llamar su atención, ya que estaba haciendo el tonto con Pit. Éste sonrió al verle y le hizo un gesto con una de las manos para que contara lo que había pasado en la reunión de Líderes.-Nada, que mañana viene el nuevo y me toca a mi cuidar de él. Espero que tengáis ya pensada su maravillosa bienvenida de parte de Fuego- el pelinegro no pudo reprimir una ruin sonrisa.

-¡Claro!-Saltaron los dos al unísono. A veces le llamaba mucho la atención lo bien que se complementaban sus dos mejores amigos.-Tú solo llévalo a la sala de pociones mañana. Estará todo montado para cuando llegues. No te vas a arrepentir- dijo Pit mientras se mordía el labio de emoción. Debía de ser muy bueno para que estuviera así.

-Estupendo entonces, vamos a cenar ya, que me muero de hambre-terminó la conversación Seth.

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Después de cenar y evitar a parte de sus acosadoras, consiguió llegar a su habitación. Deseaba que el día siguiente llegara ya. Sabía que se iba a divertir de lo lindo con el chico nuevo. Así sabría dónde no debía meterse y a quien debe de tener miedo. Cansado, aunque sin haber hecho demasiado aquel día, se metió en la cama y sacó su roca de Fuego para ver si tenía mensajes nuevos.

Así era como se comunicaban socialmente los estudiantes de Emment. Cada uno tenía una roca de su elemento: la de Fuego era una gran roca ígnea plutónica -normalmente gabro- a una alta temperatura, haciendo que el color negro tuviera matices rojizos por ello; la de Agua era un poco más pequeña y echa de sílex blanco azulado; la de Aire era un tanto más pequeña que la anterior y echa de piedra pómez de un color crema; por último, la de Tierra era de un tamaño intermedio entre la de Fuego y Agua, echa de turba algo desmenuzada.

Éstas rocas se les entregaban a los mayores de 16 años después de saber a qué elemento pertenecen, a los menores, la roca tenía pedazos de gabro, de sílex, de piedra pómez y de turba, unidos armoniosamente representando que aunque aun no pertenecen a ningún elemento son de todos a la vez.

Era muy fácil de utilizar: solo se debe concentrar la energía en las manos y ya se puede leer mentalmente los mensajes. Al principio a todos les cuesta, sin embargo, tras utilizarlo todo un año, conseguían dominarlo perfectamente. Seth desechó los mensajes de los profesores y llamó su atención uno de Helen: «espero que sea verdad que debemos seguir con lo de hoy». Al leerlo, sonrió vilmente. La tenía en la palma de la mano. Había un par de mensajes más de miembros de Fuego, pero pasó de ellos, le aburría tener que leer problemas de otros. Mañana sería un día genial.

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La campana matutina despertó a Seth. Se levantó rápidamente de la cama, casi de manera automática, y se metió en la ducha. A los de Fuego no les gustaba mucho ducharse ya que el sentir el agua sobre la piel era una sensación demasiado desagradable. Pero debían hacerlo, las normas lo mandaban. Notaba como cada gota tiraba de su piel. Los de Fuego no sentían la temperatura ya que tenían un mecanismo de mantener la temperatura constante espléndido, además de tener una piel gruesa y especial, la cual dificultaba el traspaso de calor con el ambiente. Al terminar su ducha, secó su cuerpo cuidadosamente y se vistió.

Hoy venía el nuevo y hoy seguramente se marcharía gracias a ellos. Su roca empezó a brillar, advirtiéndole que debía salir ya. Cogió la carpeta donde tenía todos los papeles que se habían repartido entre los líderes el día anterior, tras la reunión. En cuanto llegó a la entrada y encontró entre toda la gente a los demás líderes, se unió a ellos. Los tres hablaban de lo nerviosos que estaban por enseñarle todo lo que tenían y ayudarle en lo que pudieran. Seth solo podía sonreír a cada comentario que hacían, sin soltar palabra. No podría aguantar soltar muchas mentiras sin que se notara sus planes. Después de veinte minutos esperando y ordenando a los mirones que se marcharan para despejar la entrada, los cuatro magos llegaron y se pusieron al lado de los Líderes, en el mismo orden: Fuego, Agua, Tierra y Aire.

-Por favor, sed amables.- dijo Ariela. No sabía porque le daban tanta importancia a ser cordiales con el nuevo. “Ni que fuera un príncipe vamos” maldijo Seth. No pudo evitar rechinchinar los dientes.

Esperó obediente la llegada del chico, como todos los demás. Al cabo de un par de minutos el susodicho hizo acto de presencia. Todos le hicieron una reverencia y el chico,automáticamente, les devolvió el gesto sonriendo. Una pequeña sonrisa de diversión apareció en la cara de Seth.Parecía un niño. Tenía el pelo largo, castaño-anaranjado y con un mechón blanco a un lateral. Era bastante más bajo que Seth y por lo que parecía, aun no le había salido nada de barba. Su piel se parecía a la de una chica. «Esto va a ser demasiado divertido» dijo para si mismo mientras vio como el contrario les hacía una reverencia tímidamente a cada uno de los magos.

-Mi nombre es Vicent Hole y vengo a aprender sobre los elementos y a saber y dominar el mío-se presentó. Retorcía sus manos nerviosamente-Espero que cuidéis de mi.

«Dios, esto no puede ser mejor» pensó Seth. El mago de Fuego le hizo un movimiento con la cabeza al pelinegro para que se acercara al chico y se lo llevara a enseñarle la escuela. Se paró a pocos pasos del nuevo y, agachando un poco su cuerpo, saludó.

-Bienvenido, Vicent, cuidaremos de ti-dijo con segundas, aunque nadie las cogió.

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