Capítulo 10 – El grito

No puedo dormir, por más que lo intento lo único que estoy haciendo es dar tumbos por la cama y sobresaltarme cada vez que escucho un ruido cercano fuera de mi habitación. Estoy entre acojonado y nervioso. Sé que él no está en condiciones de tocarme la moral estos días, pero es que ya no me fio ni un pelo de nada. Este constante estado de alerta me ha acompañado durante hoy. Ah, y también un insoportable pesar que a cada paso que daba se hacía más fuerte, como si la gravedad de la tierra se estuviera incrementando por momentos solo para dificultarme más intentar hacer vida normal.

He evitado relacionarme con mis compañeros, incluso le he tenido que dar largas a Luna esta tarde cuando salía de una de mis clases dobles. El simple hecho de pensar en abrir la boca y tener que comunicarme me agota, aunque luego me sienta mal por haber dado la espalda a una buena persona que se preocupa por mi. Y ya, para colmo, otro marrón se ha sumado a mi vida y es que me he manchado la otra túnica que me queda (puesto que ya me deshice de la otra) y no sé si mañana voy a poder llevar el uniforme. Es que ya me lo imagino, las burlas, las miradas, los susurros… ¿ES QUE UNO NO PUEDE ESTÁR TRANQUILO EN ESTA PUTA ESCUELA? ¿Tanto cuesta ser una persona normal, con algo de empatía, que entiende que la vida de los demás no es un paseo en limusina mientras te estás tomando una copa?

No quiero volver a salir de la cama, por muy mal que me encuentre y por mucha ansiedad que me dé estar dando vueltas en ella sin poder pegar ojo.

Kuro tampoco es capaz de elevarme el ánimo y ha decidido irse a dar uno de sus paseos nocturnos para así dejarme en paz y entretenerse él un rato. No le culpo, si yo pudiera también lo haría. Debería estar aprovechando el poco tiempo de clama que tengo hasta que el ojo del huracán se mueva y me vuelva a revolotear por quien sabe donde y hacer qué cosas. Tengo la oportunidad de defenderme, de luchar por mi y por lo que quiero y, sin embargo, hoy ha sido el día que más temprano me he ido a la cama y el único que no he hecho los deberes que me han mandado para mañana. Me siento fatal, como una mierda, un desperdicio. ¿Qué pensarán mis padres si les cuento lo que me ha pasado? Creo que no sería una buena idea.

Tengo la sensación de que a toda posible persona que se lo pudiera contar me juzgará de mala manera y al final seré yo la víctima por no haber podido defenderme y haber dejado que eso pasara. “El tonto has sido tú por dejar que pasara” escucho en mi cabeza. Y ya si me preguntan detalles…

Tendré que guardarmelo en el fondo, muy fondo, de mi ser.

Noto una sensación desagradable que va creciendo en mi pecho hasta tal punto que estalla y me corta la respiración. Las imágenes no paran de llenarme la cabeza de ocuridad y maleza y, a pesar de que hago todo lo posible para quitármelas y pensar en otra cosa, no soy capaz de hacer nada para remediarlo. Lo que más me duele de todo esto, a parte del comportamiento de ese sociópata, es haber reaccionado a lo que me ha hecho, a haber dejado sentir placer de una situación que no era para nada la indicada. Haber sucumbido a sus intenciones y haber sido doblemente humillado.

Aquí viene otra vez” pienso a la vez que me clavo las uñas en uno de mis antebrazos para intentar silenciar el dolor de mi pecho. Por suerte, algo me alivia.

Sigo en este mismo estado durante horas, mitigando el dolor con otro físico que yo me puedo provocar. Al final llego a un punto que se convierte en insoportable e ideas perversas se me vienen a la mente, como que en vez de aprovechar para hacer vida normal ahora que él no está en condiciones, aprovechar para devolverle el golpe y que me deje en paz. Atacarle con sus mismos métodos para que pruebe lo desagradable que puede llegar a ser con las personas. He de admitir que las primeras veces consigo apagar esa bocecilla interior con pensamientos racionales y con cordura, puesto que yo no soy así. Jamás he sido capaz de hacer daño a una persona intencionadamente, no he sido educado así ni tampoco he sentido la necesidad. Pero después de que ese pensamiento me viniera decenas de veces, mi mente ya no era tan poderosa. Ahora me ha llegado a parecer hasta buena idea, haber si así me puedo desprender de esta pesadumbre que me lleva acompañando casi desde que le conocí. Tengo que rebajarme a su nivel.

Creo que son alrededor de las 2 de la mañana cuando decido levantarme con mucho esfuerzo y vestime con la poca ropa decende que me queda. Me vuelvo a repetir si de verdad quiero hacer esto, a que si estoy dispuesto a perder una parte muy preciada de mi por simple venganza. Los trozos de recuerdos que me vienen a la mente siguen siendo demasiado convincentes como para negar que estoy dispuesto si eso significa que esto cese. Esta maldita pesadilla. Si lo consigo, ya solo tendré que hacer la enorme tarea de olvidar y centrarme en mis estudios y creo que eso es más fácil de llevar.

Salgo de la habitación sin zapatos para hacer el menor ruido en mi merodeo, ya que como soy un patoso, debo tomar todas las medidas necesarias para mitigar esto. Además, creo que una vez escuché decir a uno de los de primero que los profesores hacen rondas por la noche para asegurarse de que ningún alumno sale a deshora de su habitación. O puede que fuera en el discurso de bienvenida que hizo el director Dumbeldore, ya no lo recuerdo. He pensado incluso qué hare en el caso de que me cazen: hacerme el sonámbulo (que ya lo hice en algunos momentos del pasado cuando me entraba hambre por la noche en casa) o decirles que me he perdido y que como estaba muy oscuro y soy nuevo pues no sabía como volver. En el momento ya elegiré cual me parece más acertada porque ahora ambas me parecen un chiste.

Llego a la sala común que apenas está iluminada por una muy tenue luz verdosa que entra por las ventanas, pero lo suficiente para mis adaptados ojos como para guiarme por ella sin tropezarme con demasiadas cosas. Evito a toda cosa acercarme más de lo necesario al sofá donde hace casi 24 horas ocurrió el peor suceso de mi vida y consigo llegar al muro de piedra donde se encuentra la salida. Hago memoria para recordar cual era la contraseña con el fin de poder volver a entrar. No plan de lanzarse a una piscina sin mirar primero si tienes froma de salir de ella. Cuando estoy seguro de cual es, salgo a las mazmorras. No tardo en subir de puntillas por las escaleras cuando me cercioro de que no hay nadie por los alrededores.

Mi destino, la enfermería. Ya que supongo que es allí donde se quedarán los alumnos cuando sufrén algún daño, aunque debí prestar un poco más de atención cuando estuvieron hablando sobre este tema puesto que ahora mismo solo sé que existe. Creo recordar que estaba bastantes pisos de altura y en una de las torres, pero supongo que con un poco de lógica y por descarte, conseguiré llegar allí.

Mentiría si dijera que no tengo el corazón en un puño y que no me estoy ni asustando de los propios sonidos que estoy provocando por mi patosidad y miedo. Incluso me he llegado a replantear si no es mejor dar media vuelta y volver a mi cuarto con su tranquilidad y seguridad. Luego recuerdo que de tranquilidad no tenía nada y que a medida que avanzo merece menos la pena dar media vuelta. Supongo que me estoy autoconvenciendo.

Los pasillos son aún más largos de lo que recuerdo y tienen un cierto aire y olor a vejez. Ah, y a piedra y tierra mojada, por lo que creo que ha llovido hace poco. A decir verdad, jamás había visto el colegio de forma tan tenebrosa que por la noche. Siempre me ha parecido majestuoso, una obra de arte, pero supongo que noche todo cambia. Y más cuando vas a hacer algo malo. Escucho ronquidos provinientes de los cientos de cuadros que hay en cada pasillo y pequeñas sombras que entran por la ventana de alguna ave nocturna cazando. Pero todo sigue en calma y, de momento, no me he topado ni escuchado a ningún profesor. El plan marcha sobre ruedas.

Tras muchas vueltas, sustos, paradas de corazón y huídas porque pensaba que me habían pillado, he conseguido llegar a las puertas de lo que parece ser la enfermería. Todo está en una calma inquietante y quien sabe si al abrir la puerta voy a hacer un ruído tan ensordecedor que voy a despertar a todo el mundo o que Draco me esté esperando como si fuera un ser omnipotente. Sé que suena a gilipollez, puesto que realmente él sigue siendo una persona normal, humana, pero un poco amargada y con un corazón y alma muy negros, pero como ya he dicho, yo ya no sé qué esperar de ese muchacho. Lo veo capaz de todo y creo que eso es lo que más me tiene acojonado.

Me quedo mirando las grandes puertas de madera por un buen rato mientras estoy medio escondido entre una estatua que está cerca, mordiéndome las uñas del estrés. Estoy a nada, está ahí, ¿por qué no soy capaz de entrar? La verdad es que no sé cuanto tiempo tardo en decidirme a que debo hacerlo, por mi, por mi orgullo y por, en verdad, vengarme. Abro una de las puertas con sumo cuidado y lo mínimo para poder pasar mi delgado cuerpo por el hueco y la cierro con mayor esmero. Cojo una fuerte bocanda de aire porque sin querer se me ha olvidado respirar y me giro. La sala está casi vacía a excepción de una cama.

Es él seguro” pienso.

Todas las extremidades comienzan a temblarme y, por consiguiente, el resto del cuerpo. Me apoyo sobre la puerta para no perder el equilibro y así tranquilizarme. Tampoco es que le vaya a matar como para ponerme así. “Vamos Daniel, que solo le vas a pegar el guantazo o puñetazo que se tiene merecido y así, a lo mejor, le dejas un día más en la cama” me digo a mi mismo intentándo darme fuerzas. “Además, va a estar desprevenido y si sales corriendo tras de eso ni si quiera va a saber quien ha sido el que le ha atacado“.

Armado de valor y sin que mi cuerpo tiemble tanto como para afectar a mis habilidades motoras, me despego de la puerta y voy hacia su cama, una de las que más alejadas están de la salida. “Maldita sea, siempre consigue ponermelo todo más difícil aún sin pretenderlo“. Su cuerpo tendido sobre la cama y dormido, aún sigue siendo demasiado imponente. Además, sé que es él, a los pocos pasos que doy, porque su cabello cenizo refleja la luz lunar. Esta ahí, inmóvil e indefenso, y yo le sigo teniendo un miedo atroz cuando estoy claramente en ventaja.

A medida que me voy acercando mis pasos son más cortos y mi respiración menos sonora, los temblores intentan volver a invadirme pero consigo deshacerme de ellos con la poca fuerza de voluntad que me queda en el cuerpo.

Cuando llego, me quedo mirándo su máscara de cara angelical dormida, en este estado parece como si nunca hubiera roto un plato. Supongo que es en el momento en el que abre la boca para decir cualquier cosa hiriente cuando esa careta se desvanece y consigues ver el verdadero monstruo que es. ¿Cómo una persona con unas intenciones tan malévolas y con tan poca simpatía tiene el derecho de tener una cara tan perfecta? El mundo es demasiado injusto. Incluso sus labios, si te quedas mirándolos por demasiado tiempo, te echizan para querer besarlos. Ahora entiendo el embobamiento que tienen muchas chicas por su persona, pero ojalá le conocieran como yo, por desgracia, lo he hecho. Seguro que de esa forma estaría solo, como debería ser. Tengo la sensación de que jamás podrá encontrar a alguien que le quiera de verdad puesto que una vez que él se abra, si es que eso llegara a pasar, sabrían lo mierda de persona que es y se alejarían todo lo posible de él para estar a salvo. “Lo tienes todo pero no tienes nada” río en mis adentros en una especie de chiste malo pero que tiene todo el sentido para mi. Ojalá alguien pudiera ponerle los pies sobre la tierra y que se diera cuenta de que solo es un niño mimado que está acostumbrado a hacer lo que le da la gana, a dar órdenes y a conseguirlo todo. Tienen que enseñarle que no es el rey y que no se va a comer el mundo cuando salga de aquí, sino que el mundo se lo va a comer a él. Ay Dios, lo que daría yo por ver eso, el momeno en el que se diera cuenta de que solo es una diminuta aguja en un pajar.

Ensimismado en mis pensamientos y con la visión medio borrosa de Draco durmiendo plácidamente, veo como este pega un enorme respingo al que tardo en responder de la misma forma. Lo que llega después me para el corazón por varios segundos.

-AAAAAAAAAHHHHH- yo no soy menos y también respondo de la misma forma por el enorme sobresalto que me ha causado, aunque su voz me silencia.

Un enorme grito casi gutural embriaga la gran sala en la que estamos. Ha sonado a terror total y en cuanto mi visión se ha vuelto a enfocar en su cara, he visto algo que jamás me habría pensado que llegaría a ver. Tiene miedo. Se encuentra indefenso y por eso ha chillado con pánico y su cara se ha vuelto casi como la del cuadro del grito. Tardo un par de minutos en darme cuenta de que o salgo pitando ya o no podré salir de aquí sin que me pillen, porque de seguro que alguien va a venir por el escándalo que se acaba de montar. No sé si realmente, con la poca luz que hay, Draco me ha reconocido, pero creo que esto ha sido mucho mejor que la enorme hostia que le tenía guardada. Espero un poco más para admirar su cara y como se hace un ovillo por mi presencia. Poco después, salgo corriendo ya sin importarme si hago ruído o no al correr o al abrir la puerta.

Llego medio volando, con la garganta ardiéndome y, lo mejor de todo, sin ser pillado, a las mazmorras. Los pulmones me piden un respiro y mis piernas se quejan porque no están acostumbradas a estos subidones. Tardo un poco en organizar mi mente y llegar al recuerdo de la contraseña para poder entrar. Todo esto ha hecho que la tuviera en blanco durante mi huida para no sucumbir a las limitaciones físicas. Mi respiración retumba por todo el pasillo. Mi mano temblorosa, alzando la varita, me espera impaciente a que recite las palabras cuanto antes.

-Sangre pura-el muro se abre y consigo volver sano y salvo a mi habitación, donde caigo rápidamente dormido en cuanto mi corazón deja de tener taquicardias.

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