Capítulo 11 – El dementor

Llega la mañana y con ella la hora de tener que levantarme. No es hasta en el cuarto intento que consigo despegar mis párpados cansados, aunque me están amenazando con volver a cerrarse como no me mueva y salga de la cama cuanto antes. Siento que a lo poco que haga para cambiar la postura que he mantenido desde que caí rendido ya de muy madrugada, me va a doler mucho. Lo presiento. Además, estoy segurísimo de que hoy va a ser uno de esos días en los que parece que me han atropellado una flota de camiones llenos hasta las trancas y han hecho cola solo para aplastarme. Creo que habré dormido, como máximo, dos horas y media o menos, mas ha merecido la pena, porque si no, creo que no hubiera sido capaz de haber pegado ojo.

«A la mierda» cojo aire preparándome para el intenso dolor corporal y me destapo. Luego salgo de la cama antes de que mi cuerpo me pese tanto que me vuelva a tumbar en ella, seguramente no siendo capaz realizar otro intento, y me quedo mirando la pequeña ventana que hay en la habitación. Esa que está ahí más por estética que por verdadera utilidad.

Lo bueno es que ya estoy vestido y no tengo que perder las pocas energías que que he ganado en mi breve descanso para ello. Lo malo es que huelo a sudor de la enorme carrera que me metí ayer de vuelta a mi habitación junto con el olor de haber dormido con ella húmeda y caliente por mi cuerpo en tensión. Por suerte tengo algo de desodorante, que es un tanto oloroso, con el cual voy a poder disimular este hedor hasta la hora de comer, pero luego voy a tener que volver a echarme si no quiero apestar a media escuela. Mis compañeros me van a odiar hoy un poquito más que de normal.

El próximo fin de semana voy a tener que ir a comprarme ropa nueva. A decir verdad, debí haber previsto que esto iba a ser una locura y venir con ropa de más no me hubiera repercutido de forma negativa, pero yo solo podía pensar en lo necesario. Menos mal que mis padres me dieron algo de dinero para emergencias, el cual ya cambié a las monedas que se utilizan aquí. La cosa es que antes me parecía una tontería o innecesario que me lo dieran por que qué emergencia iba a tener yo entre magos que pueden hacer casi de todo. Hay veces que no pienso a lo grande.

Decido que no debería perder más tiempo tirando de mi propio cuerpo y que tengo que comer algo para recuperar fuerzas de toda la energía que he gastado estos días y no he repuesto con comida por falta de ganas, aunque hoy estoy con las mismas o menos que siempre. Sin embargo, ya bastante tengo con mi débil estado como para empeorarlo por no hacer una cosa relativamente simple. Cuando llego a la sala común, que aún está llena de estudiantes charlando como cotorras entre ellos, me escabullo de ellos antes de que alguien le de por darme los buenos días tocándome las narices. Hoy parece ser que es mi día de suerte porque nadie se ha burlado de mi todavía, cuando normalmente ya llevaría más de tres insultos sobre la espalda.

Llego al comedor algo hambriento porque, a lo tonto, de pensar en comida me ha abierto un poco el apetito. Me siento lo más cerca de las puertas de salida, donde hay pocas sabandijas, y así seguir con mi sospechosa suerte matinal. En cuanto pruebo un bocado de los diferentes manjares que siempre ofertan en cada hora de comer, mi apetito crece aún más y se hace muy patente el hambre que llevaba arrastrando todos estos días por tener mi cabeza en otras cosas. Bueno, más bien que decidieran hacerlo para echarse unas risas conmigo y lo que no son unas risas. Decido que, por una vez en mi vida, voy a comer hasta reventar porque quien sabe si voy a tener tanto apetito en los siguientes días. Al terminar, es cuando la mesa ya está casi llena y aprovecho para marcharme ya de allí a ver si me da tiempo a hacer los ejercicios que ayer no pude hacer, pues creo que tengo como una hora para, al menos, hacer los de la primera clase y ya luego me las apañaré.

La mañana no la paso tan mal después de todo. Las clases han sido muy interesantes y ver como los profesores se siguen interesando mucho en mi y en la forma que se vuelcan para ayudarme a ponerme en el mismo nivel que los demás es algo maravilloso. Además, me ha dado tiempo a hacer algunas cosas que me habían mandado, aunque no todas. Solo he tenido un par de deslices en los que me he perdido en mis pensamientos cuando estaba algún profesor explicando algo importante y he tenido que preguntar que qué es lo que ha dado en voz baja para poder enterarme del ejercicio que había que resolver. No soy capaz de evitar, en algunos momentos, que en mi mente se dibujen los recuerdos de aquella noche y que me produzcan escalofríos.

Aún estoy buscando alguna lógica en su comportamiento, o sea, como una persona es capaz de hacer semejante asquerosidad a otra que no conoce de nada. A ver, es que le he visto semidesnudo y no creo que se dedique a hacer eso con el resto de sus presas. CREO. Además, ¿qué sentido tiene de que a parte de que me estaba obligando a hacer algo que yo no quería y no me sentía cómodo, buscara conseguir una respuesta positiva en mi cuerpo? Además, su cara. La cara que tenía momentos antes y durante no era normal. Es como si se le hubiera ido mucho la olla y tampoco es que hubiera tardado mucho en correrse.

A ver, si lo comparo con el tiempo que yo tardo en conseguir llegar a ese punto, tardó muy poco y eso quiere decir que estaba bastante excitado como para bajar ese tiempo de aguante. ¿Es que es de este tipo de personas que les gusta hacer daño a las personas, dominar sobre ellas, y eso les pone? Porque si es así, me he metido en un buen lío. Que por cierto, debería buscar algo de información en el profesorado para que me ayuden a deshacer ese maldito juramento.

–¿Qué es lo que haces por aquí? El comedor está bastante lejos–una voz dulce y familiar me devuelve a la realidad y hace que me de cuenta de que no sé cómo he llegado hasta aquí. He puesto mis piernas en automático y, seguramente, haya estado dando vueltas sin saber a donde iba por bastante rato. Menos mal que Luna siempre aparece para ayudarme cuando menos me lo espero–¿Vamos juntos?

–Me he perdido–Miento para no tener que decirle lo que verdaderamente pasa. No me siento aún seguro de querer contárselo a alguien–¿Qué es lo que haces tú por aquí?

–Han vuelto a desaparecer mis zapatos. ¡Los Nargles no paran ni un día, Daniel!–me contesta mirando hacia el techo y con una voz muy calmada–Normalmente los suelen dejar por aquí.

A decir verdad, ahora que me doy cuenta, hay veces en las que Luna lleva vestimentas un poco excéntricas, aunque en ella se ven genial. No sé cómo lo hace, pero se ha creado un estilo propio muy bueno y que, la verdad, no creo que pueda imaginarla de otra forma. Le propongo de ir a comer juntos, aunque en mesas separadas, y después de dar una vuelta sobre sus pies mirando hacia el techo y paredes, acepta. Sus palabras consiguen que me olvide de los problemas y pueda concentrarme solo en las varias historietas interesantes que me cuenta. A esta chica siempre le pasa algo o se entera de todo. No sé cómo lo hace.

–¡Ah!, por cierto. He escuchado que han visto a un dementor en el castillo, yo de ti estaría atento por si acaso, aunque no entiendo cómo ha llegado aquí si no se requieren ya de su presencia–hace una pausa para darle las buenas tardes a una señora de un cuadro–La gran mayoría de estudiantes está de los nervios–Creo que ahora tiene sentido que esta mañana hubiera más cuchicheo de lo normal en la sala común de Slytherin.

–¿Qué es un dementor?–pregunto extrañado porque tiene pinta de ser algo importante y con lo que no te quieres cruzar.

–Son seres malvados que visten con una capa negra rota y se alimentan de tus recuerdos felices para arrebatártelos. Son enormes y no son muy agradables la verdad. Recuérdame que algún día de estos te enseñe un hechizo para poder ahuyentarlos, nunca se sabe cuando lo vas a poder necesitar–veo como se lleva la punta de la varita tras la oreja y suelta una pequeña risita.

–¿Y eso cuándo y dónde ha sido?–Ha conseguido meterme algo de miedo en el cuerpo, así evitaré los lugares donde ha sido visto, porque ya lo que me faltaba. Si me quitan los pocos recuerdos alegres que tengo de este lugar…

–Dicen que ayer por la noche un grito desgarrador retumbó por toda la escuela. Yo no recuerdo haberlo escuchado, pero me he enterado de que fue de puro terror. No me extraña–No puedo evitar levantar una ceja pues esto es demasiada casualidad– Provino de la enfermería, donde el chico que lo vio, asegura que fue un dementor, aunque no sé quién es el estudiante que ha tenido la mala suerte de toparse con uno.

Me quedo mudo. ¿De verdad se escucho su grito por toda la escuela? Yo creo que fue más su cara de horror la que me llamó más la atención. Es increíble que yo haya montado tal revuelo cuando solo pensaba pegarle un buen puñetazo en la cara. Esto significa que de verdad se la devolví pero bien, y si está diciendo que ha sido una criatura mágica… ¿es que de verdad no sabía que era yo el que le estaba mirando atentamente? No puedo evitar mostrar una sonrisa que va entre una enorme felicidad momentánea y de victoria. Por suerte, Luna no me está mirando.

–Tendré mucho cuidado–intento decir lo más serio y preocupado posible, mas es muy difícil evitar que se me escape un tonto irónico–Bueno, espero que nos veamos esta tarde, después de las clases.

–¡Claro! Aunque hasta que no encuentre mis zapatos no voy a poder hacer nada. Son mis favoritos.

–Entonces intentaré ayudarte a buscarlos para que no pierdas tanto el tiempo.

-Gracias, Daniel-y me sonríe de esa forma tan dulce que me encanta.

Voy a comer con un buen sabor de boca y apenas puedo aguantar mis ganas de celebrarlo todo de lo eufórico que me siento. Tengo ganas de saber si de verdad no sabe quien fue el que le dio ese susto de muerte. Ha sido como si esa noticia llenara todas mis baterías al máximo y me diera ganas de hacerlo todo. Decido que es mejor no tentar más a la suerte y prefiero no contárselo a nadie aún, aunque me encantaría dejar a Draco como un miedoso que se ha asustado por mi sola presencia, pero no sé qué armas puede utilizar contra mi ni cómo reaccionarían los profesores y el director al saber que estaba andando por todo el castillo a altas hora de la madrugada y, encima, hubiera tenido la suerte de no ser pillado en la huida. A parte de haber molestado a un alumno que se encontraba en la enfermería.

La tarde no tiene nada que ver con mi mañana. Las energías no han desaparecido y todo el mundo parece notar lo poderoso que me siento. Incluso ha sido el día en el que mejores resultados he obtenido, dándome por fin, de nuevo, la enhorabuena por mi dedicación. Solo espero que esto dure lo máximo posible, porque parece ser que este tipo de día apenas duran un par seguidos. Al terminar la última clase, me llego hacia el despacho del profesor Flitwick, el de encantamientos, que creo que será el más adecuado para que me ayude con lo del juramento.

Antes de entrar, me espero en la puerta hasta tener la escusa perfecta para hablar del tema sin dar a pie de que mi interés se basa en que estoy bastante jodido. Cuando ya estoy seguro, llamo a la puerta y espero a que me dé permiso para pasar.

–¡Adelante!

–Buenas tardes profesor, venía a hacerle una pregunta sobre un encantamiento que me ha llamado la atención–digo medio asomado por la puerta.

–Pasa, pasa. Cuéntame cuál es tu curiosidad, seguramente pueda saciártela–se encuentra sentado en su mesa y deja de escribir cuando me acerco a él, dedicándome una sonrisa agradable.

–He estado dando vueltas por la biblioteca últimamente y hace poco me encontré un libro de encantamientos, el cual estuve echando un vistazo por encima. Pues bueno, hubo uno de ellos que me llamó la atención puesto que en la descripción de éste decía que era irreversible–se me forma un pequeño nudo en la ganta debido a que los nervios comienzan a crecer en mi interior. Hago el esfuerzo por tragármelos–Se llama Juramento Inquebrantable. ¿Qué me podrías decir de él?

–Vaya, no has perdido el tiempo con cualquier encantamiento. La verdad es que es uno muy poderoso y que provoca la muerte a quien incumpla las cláusulas que se acurden en él. Es curioso, por que cuando se realiza sale una pequeña llama dorada brillante. No es muy usual utilizarlo y solo se aplica cuando dos magos quieren asegurarse de algo muy importante, porque su vida está de por medio.

–¿Y habría alguna forma de deshacerse de él una vez que hayas jurado con este encantamiento? Me refiero, a si te arrepientes de ello-el corazón se me para a la espera de conocer la respuesta.

–La única forma de poder librarse de él es con la muerte, y digamos que no es una solución en sí, si no un efecto–El profesor, al ver mi cara de preocupación, se extraña y frunce el ceño–¿Es que pasa algo, Anderson?

–No, no. Nada–trago saliva para no perder los nervios–Es que solo me pone los pelos de punta de que exista un hechizo que sea tan excesivo con las consecuencias–le respondo sin mirarle ni si quiera a los ojos. No me atrevo. Sé que a veces soy demasiado expresivo y eso ahora mismo no me viene bien.

–Ay, jajaja–se ríe a carcajada limpia y eso me deja muy descolocado–Como se nota que aún te falta por conocer encantamientos mucho peores. Creo que deberías haberlos visto en Defensa Contra las Artes Oscuras. Ahí hay hechizos mucho peores.

–Bueno, muchas gracias por la información, me has resuelto todas las dudas–Siento como en mi interior vuelve a despertar esa ansiedad que he conseguido tener apagada durante toda la tarde.

–Buenas tardes señor Anderson–se despide apenado por mi breve presencia–La verdad es que le aconsejo que jamás realice uno porque no es agradable correr ese riesgo–Yo le vuelvo a dar las gracias por su enseñanza y me marcho de la sala medio corriendo–Aunque es bastante difícil realizarlo porque se necesita a una tercera persona como testigo que apunte hacia las manos entrelazadas de los que se ven involucrados en el juramento, o sea, que realice ese encantamiento–escucho de fondo y paro en seco.

–¿No se puede hacer solo entre dos personas?–Mi corazón vuelve a latir y mi cara adquiere un calor muy agradable.

–No que yo sepa–responde seguro de si mismo.

–¡MUCHISIMAS GRACIAS!–se lo agradezco casi gritando y me voy corriendo hacia mi habitación para organizar mi mente y poder pensar con tranquilidad.

O puede que vaya a la biblioteca para buscar más información, porque tiene toda la pinta que me ha tomado el pelo, aunque no quiero jugármela y meter la pata, que la consecuencia no es que sea de mi agrado. Tengo que asegurarme que de verdad no me voy a morir por no cumplir sus mierdas de requisitos.

«Jódete Draco, no soy tan tonto como piensas«

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