Capítulo 12 – Noche estrellada

Qué decir, estos dos días sin la presencia de Draco y con la buena noticia que me dio el profesor Flitwick, me he sentido más a gusto y seguro que en toda mi estancia en esta escuela. Siento que por fin he encontrado algo con lo que poder hacerle frente y, encima, no requiere fuerza física ni mágica de por medio, solo la astucia para poder jugar mis cartas bien. Digo esto puesto que no pienso subestimarlo más, prefiero ponerme siempre en lo peor y así pues no me llegue a asustar cuando cualquier cosa pase. Además, no puedo malgastar mis dos ases bajo la manga así por así, aunque por otro lado, es la primera vez que tengo un plan B por si acaso el A falla. ¿Me podrían salir mejores las cosas?

He conseguido ponerme tranquilamente, con el tiempo libre que he tenido, mucho más que al día. He adelantado varios trabajos por si necesito centrarme en otras cosas cuando el momento llegue. Lo tengo todo pensado. Además, ya estoy asistiendo a varias clases con los alumnos de mi año, las cuales apoyo con otras más particulares para ayudarme a que no tenga carencias en nada. Joder, todas las personas que no tienen que ver con mi casa me tratan de maravilla y me siento mucho más integrado con ellos que con las víboras con las que me ha tocado convivir. Han llegado a decirme varios alumnos que no entienden qué es lo que hago en esa casa, pues ni tengo la personalidad ni la maldad que muchos de ellos poseen. No soy el típico Slytherin y yo les doy toda la razón y solo sé encogerme de brazos y tragarme la envidia que siento hacia ellos. Por la suerte que han tenido.

Por otro lado, Luna se ha comportado demasiado bien conmigo. Como me ha visto más animado, ha ido presentándome a varios amigos o conocidos suyos para que vaya aumentando mi repertorio de personas a las que conozco. Tengo que admitir que muchas de ellas son estudiantes muy raros, pero la verdad es que no me han caído para nada mal. Incluso me ha presentado a una chica preciosa de pelo rizado y con conocimientos muy avanzados de todo que me ha dejado boquiabierto. Creo que sorprendido es poco porque no me esperaba que en un colegio de magos también hubiera los típicos empollones, aunque no sé por qué he pensado que podría ser diferente. Creo que, además, la he visto alguna que otra vez con la nariz metida en la biblioteca, ya que su pelo tan característico me suena de haberlo visto en algún lado.

Ayer decidí que era buena idea escribir, por fin, una carta, después de tanto tiempo sin tener noticias de mí, a mis padres contándoles un poco cómo es mi vida aquí. Evidentemente, saltándome la gran mayoría de detalles para no tener que preocuparles. Seguro que en cuanto les cuente algo, me sacarán de aquí a rastras y yo no he estado luchando para que eso pase.

Les he agradecido muchísimo el hecho de que me hubieran dado dinero de más y les he pedido que me envíen, si pueden, algo más para reponer ese fondo de emergencias diciéndoles que por aquí es muy fácil mancharte o romperte el uniforme. “Cosas de magos y yo aún soy muy novato” les he explicado para quitarle importancia. Espero que no se lo tomen como algo preocupante, aunque dudo mucho que puedan venir a visitarme para ver cómo es esto siendo Muggles. Una profesora, tras una de mis muchas preguntas para saciar la gran curiosidad que siento por todo, me ha dicho que ellos no ven el colegio como nosotros lo hacemos por un hechizo.

Me he despedido con un “Nos veremos en navidad, no sé si os podré enviar muchas cartas, aunque me encanta recibir las vuestras. Os quiero” a ver si así me quito el peso de encima de tener que contactar con ellos muy a menudo. En este momento agradezco mucho que no me dejaran traer material tecnológico, puesto que si no mis padres estarían a cada minuto molestándome. Ha decir verdad, no me ha costado mucho esa transición, me refiero, he estado tan liado que se me ha olvidad por completo que yo tenía un móvil y unas redes sociales que suelo visitar con regularidad. “Algo bueno que me he quitado” pienso porque me sentía muy condicionado a él, a pesar de que me gustara tenerlo todo el rato entre mis manos.

Ahora mismo estoy en el comedor almorzando todo lo que me han puesto por delante, porque otra parte que han mejorado es mi apetito. Cosa que ha hecho que tenga aun más energía durante todo el día, aunque aún se me siguen marcando casi todos los huesos de cuerpo. Supongo que jamás dejaré de ser tan delgado.

Ignoro algunos comentarios despectivos de los que están sentados a mi lado, ya que he aprendido de que, si haces esto, al final se cansan. Solo lo hacen para reírse de tu reacción y, si tienen suerte, meterse en alguna pelea para demostrar su “superioridad”.

De forma inminente volverá la presencia del diablo en persona y a medida que pasa el tiempo mis nervios van creciendo, aunque no como usualmente me ha pasado. Ahora estoy nervioso por volver a ver esa cara suya pasando miedo o viéndose en un aprieto. Además, también tengo que contar con la probabilidad de que la pueda cagar ya que no soy un experto en estos juegos. Siempre he sido una persona relajada y a la que nunca le salpicaba ninguna movida. Supongo que no podía mantenerme en esa zona segura durante toda mi vida, y ahora ha llegado el momento de hacer frente el tener que salir de ella.

Por la tarde, después de mis clases de Defensa Contra las Artes Oscuras con la única profesora que ha decidido tratarme como otro estudiante más que no necesita un trato especial por parte de ella, aunque tampoco voy tan mal porque es estudiar de memoria, quedo con Luna para dar un paseo. Mi última tarde tranquila hasta quien sabe cuando. Se ha traído además una amiga suya, que ya me presentó ayer, porque va a sus mismas clases y ya de paso le ha dicho que se venga. Cuantos más amigos pueda tener aquí dentro, mejor, a si que no me importa.

–Yo ya me he puesto a estudiar para los TIMOS–dice Evelyn, la amiga de Luna–Estoy tan nerviosa que si no empiezo ya no puedo pegar ojo en toda la noche.

–Wow, qué aplicada–le responde Luna y hace un mohín–Yo aún no he empezado, el Quisquilloso me trae demasiado ocupada últimamente.

–¿Qué son los TIMOS?–llevo aguantándome un rato la pregunta porque me daba vergüenza interrumpir su conversación, pero creo que estamos en la suficiente confianza como para mostrar mi enorme ignorancia sobre el mundo mágico y la escuela.

Evelyn se queda un tanto extrañada, puesto que, aunque sabe que soy nuevo a pesar de la edad que tengo, no tiene idea que yo jamás he escuchado hablar de la magia como algo posible y real hasta hace semanas. A Luna le hace gracia su expresión y suelta una risita agradable y se tambalea hacia delante y hacia atrás. Si no fuera porque ella actúa de forma tan amigable y sin ninguna intención de juzgarme por ello, ahora mismo estaría de los nervios.

Por suerte, cuando me mira y se da cuenta de que no es una broma, me explica este nuevo término. Al parecer, en la escuelas de magos, también hay una especie de exámenes muy decisivos los cuales te van a condicionar tu futuro como estudiante. Algo así parecido a la Selectividad, pero un par de años antes. Según me ha comentado, un TIMO o Título Indispensable de Magia Ordinaria es un examen que deben realizan los alumnos de 5º año para cada una de las 12 asignaturas, 6 obligatorias y 6 que dependen de las asignaturas que hayas elegido antes. La nota que saques te condiciona a que puedas seguir cursando ciertas asignaturas los años siguientes y, en algunos trabajos en el mundo mágico, te piden que tengas aprobados unos en específico. Esto me hace sentir como si estuviera aplicando para medicina con tanta competición y dependencia de una nota. Y lo peor de todo es que este no es el único examen con estas características, sino que en el último año, el séptimo, tienes uno mucho peor llamado ÉXTASIS.

–Vale, creo que es suficiente información por hoy–digo angustiado por no haberme librado de los exámenes tan decisivos y agobiantes, aunque haya cambiado por completo de sistema educativo–No me encuentro bien.

–¿Qué pensabas? Los muggles no son los únicos que son sometidos a pruebas que reflejan el nivel de conocimientos–creo que dice algo molesta por mi ignorancia.

–Al menos las pruebas prácticas son entretenidas–salta Luna para amansar a su amiga con una buena sonrisa.

–Ahora entiendo tu preocupación–intento ser empático para compensar.

El resto de la tarde pasa con normalidad, conseguimos olvidar mi enorme carencia en cultura general sobre el mundo mágico, llegado incluso a echarnos unas buenas risas mientras nos contamos anécdotas graciosas de nuestro día a día en la escuela. He de admitir que yo he sido básicamente el mayor participante porque les ha hecho mucha gracia todas mis primeras impresiones que sentí en los primeros días. Y lo entiendo, para ellas esto es algo normal, o sea, siempre ha sido su vida y es lo único que han conocido. Es su normalidad. Para mi, este ha cambiado por completo y me doy cuenta de los más pequeños detalles que ellas ni si quiera han llegado a darse cuenta de que podían ser de otra forma. Por ejemplo, yo toda mi vida he utilizado cuadernos de anillas o folios sueltos para hacer ejercicios o tomar apuntes, ahora tengo que hacer los trabajos o tareas en un pergamino y con una pluma. ¿Sabéis lo horrible que es mi letra aún escribiendo con ella y la cantidad de manchas y tachones que dejo sobre ellos? Echo de menos mi bolígrafo, mi corrector blanco y mi lápiz y goma.

Y ha decir verdad también echo de menos el móvil. Aún sigo buscándolo, inconscientemente cuando me levanto, en la mesilla de noche a ver si lo encuentro por algún rincón de ella para apagar la alarma.

La noche llega y con ella la hora de cenar, la cual llevaba esperando bastante rato con mi barriga quejándose de que no le doy de comer lo suficiente. Me apena el hecho de que ellas dos puedan comer juntas, porque pertenecen a la misma casa, y yo me tenga que quedar solo esquivando miradas y comentarios. Al menos estoy consiguiendo reducir mis interacciones con ellos lo máximo posible.

Pero el apetito, a la segunda mordida del trozo de muslo de pollo que he cogido, muy a mi pesar se me quita. Me lo termino como puedo porque no soy de esas personas que se deja la comida a la mitad y me voy a darle las buenas noches a Luna. Extrañado, voy hacia las mazmorras para encerrarme cuanto antes en mi cuarto, pero una idea fugaz se me cruza por la cabeza. En una de las anécdotas de esta tarde se ha hablado sobre la torre de astronomía y me han recomendado que la visite ya que es un lugar privilegiado para poder observar la noche. Evidentemente, como aún no tengo la asignatura pues no lo he visitado.

Como al parecer tengo tiempo hasta mi hora normal para irme a dormir, creo que será un lugar en el que pueda pensar y relajarme con las vistas. Mirar el cielo en silencio ha sido uno de mis pasatiempos preferidos desde que era un moco y, la verdad es que he estado tan distraído este último año, que no he tenido la ocasión de hacerlo por mucho tiempo. Es el momento de meditar para tener la mente despejada por lo que pueda venir. Mañana ya es el día donde se incorpora el señorito sociópata y el último día de la semana lectivo, así también me dará fuerzas para soportarlo y que se me pase todo rápido.

Para ser la hora de cenar, hay bastante gente por los pasillos a su rollo. Esto es una ayuda pues así me puedo dirigir directamente a la torre sin perderme o ir a la otra punta del castillo equivocado por mi orientación o poco conocimiento de cómo se llega a los cientos de lugares que hay en esta maldita y enorme escuela. Unos estudiantes de Hufflepuff me hacen incluso el favor de acompañarme hasta las escaleras que me llevarán hacia ella, lo cual se lo agradezco como tres o cuatro veces.

–Ojalá los de mi casa fueran como vosotros–les confieso en un arrebato de sinceridad–Todo sería mucho más fácil.

–Bueno, nosotros podemos decir lo mismo de ti–me responde uno de ellos mientras los demás se ríen agradablemente–No estamos acostumbrados a que se pueda hablar con uno de Slytherin.

Cuando paso el último escalón, tengo que darme un descanso por el esfuerzo que me ha supuesto. “Si que es verdad que es la torre más alta de Hogwarts” susurro sin aliento. La pequeña estancia se encuentra enteramente iluminada por la luz de la luna dándole un toque tenebroso, pero a es hermosa por las vistas que tiene. Me acerco a la baranda y me apoyo en ella. Desde aquí arriba se puede ver la puerta principal del castillo y, a lo lejos, el lago por el cual no fui en barca en mi primer día. Apoyo la cabeza sobre mis brazos y miro hacia el enorme orbe blanquecino con manchas grisáceas de diferentes tonos. Si no es luna llena, poco le falta para hacerlo me parece.

Algunos astros parpadean y otros se mantienen impasibles al paso del tiempo. Es de las pocas veces que he podido ver el cielo sin toparme con las luces de un avión que me confunden momentáneamente.

De pronto, mi vista se nubla. Parpadeo un par de veces para poder enfocar la vista en el majestuoso paisaje, pero no consigo que sea por mucho tiempo. Luego siento como la línea de agua y mis ojeras se están humedeciendo rápidamente. Las lágrimas comienzan a caer descontroladamente, provocándome una sensación de lo más extraña. Me llevo las manos a los ojos para secármelos, mas noto que eso no va a ser suficiente. “Puede que se me haya metido algo en el ojo” saco como conclusión. Con la manga de la túnica me seco la cara.

–Qué me está pasando­–susurro cuando veo que no tarda en volver el grado de humedad que tenía antes.

Sobre la barandilla se van posando cada vez más y más gotas.

–Por qué cojones estoy llorando–caigo al suelo sin dejar de mirar las estrellas.

No sé por cuanto tiempo me quedo así, reteniendo una vocecilla en mi interior que no me para de molestar. En mi pecho vuelve esa presión desgarradora que hace que mi llanto se vuelva aún más fuerte. “He venido aquí para pensar, no para llorar” me digo a mí mismo “supongo que no es tan fácil deshacerse de los recuerdos dolorosos por más que quiera“.

Cuando me escuecen los ojos hasta el punto de tenerlos hinchados y me amenazan con cerrarse, es cuando me levanto y me despido de las vistas. Bajo torpemente las escaleras y, esta vez sí, voy hacia las mazmorras para ir a mi habitación a dormir. Si es que consigo pegar ojo hoy, porque viendo lo sucedido no sé yo si será tarea fácil.

Aún hay alumnos paseando por los pasillos, aunque muchos menos que cuando vine hacia aquí, por lo que supongo que no habrá pasado tanto tiempo como me esperaba. Quedará poco para que el toque de queda. Doy gracias a que no me encuentro a nadie conocido por los pasillos puesto que mi rostro debe estar ahora mismo hecho un asco. Consigo entrar en la sala común de mi casa sin ningún percance, pero es aquí donde todo se complica. Ésta está bastante llena de estudiantes congregados alrededor de los sofás que hay en el centro.

Ya ha vuelto” me dice mi yo interior y se me tensa todo el cuerpo. Una corriente eléctrica muy desagradable me sube por la médula espinal, produciéndome un escalofrío muy desagradable.

Siempre tiene que aparecer en el peor momento posible, cuando no tengo las ganas ni la fuerza para poder hacerle frente. Tiene ese don, el de ser un impertinente de sobresaliente. Me armo de valor e intento mejorar mi cara todo lo posible, que al menos le cueste darse cuenta de que estoy afectado por sus acciones. No puedo seguir dándole ese poder sobre mí. Joder, mira que me he topado con matones a lo largo de mi vida estudiantil, pero ninguno ha sido capaz de lograr que le tema de esta forma. Ninguno ha podido llegar hasta donde este muchacho ha llegado, y tengo la sensación de que solo es el comienzo.

Él está sentado en uno de los sofás rodeado de bastantes estudiantes. Realmente solo puedo ver su nuca, pero ese cabello cenizo no hay quien no lo pueda reconocer al primer golpe de vista. Tiene a varias chicas medio atosigándole y a otros más que se ríen cuando él lo hace. Rezo para que esté lo suficientemente distraído como para no darse cuenta de mi presencia y aprieto el paso hasta las habitaciones de los chicos con la cabeza bien baja y sin volver a mirarle. A ver si sirve el truco de que si no miras a él tampoco tiene él por qué hacerlo. Estoy a punto de pasar al pasillo cuando su voz hace que se cree un muro mental e invisible el cual no puedo traspasar.

–¿Dónde crees que vas? –su voz suena divertida a la vez que un tanto tosca. Otro escalofrío recorre toda mi espalda, aunque consigo retenerlo para que no sea visible. Cierro los ojos esperando que suelte algo hiriente o que me pueda dejar en evidencia, ya que tiene muchas formas de poder hacerlo–Tienes muchas tareas que hacerme, en estos días en los que he estado malherido en la enfermería se te han acumulado unas cuantas–escucho risas de la gran mayoría de los que están presentes en la sala.

Me da miedo darme la vuelta, es más, creo que ni mi cuerpo me haría caso si le pido que lo haga. El muro invisible aún sigue presente y la presión social que ejercen todas sus miradas de mí ya que sí que no me van a dejar escaparme.

–Te las he dejado en mi habitación amablemente ya que no has sido ni para ayudarme a transportarlas con lo que me duele el brazo que me he fracturado–Maldita sea, odio que se las dé de persona buena y la víctima de cualquier cosa delante de todos. ¿Ellos también sabrán lo odioso y desagradable que es en verdad? Más risas y algunos comentarios acusadores se hacen eco a mis espaldas.

–Vale–Es lo único que consigo decir sin que me tiemble la voz. Sería maravilloso que ahora mismo le pudiera decir en toda su cara que no soy su sirviente como para que me trate así, mas tengo tal fobia social a veces que esto es muy descabellado para mí. Si sólo estuviera solo como siempre…

Hago el ademán de irme de aquí, pero me vuelve a parar.

–Mañana por la mañana los quiero todos terminados–Dice con desdén–Por tu bien que esto sea así.

–Yo…­–giro un poco mi cuerpo escondiéndome de sus miradas como puedo y le miro con el odio suficiente como para que no se note–No sé qué es lo que tienes que hacer.

Más risas. Dios, ahora me siento como una pulga al lado suya. Voy encogiendo por momentos. Me froto las manos con nerviosismo, haciendo que Draco sonría con satisfacción. Esa misma expresión que tuvo el otro día. El pánico se está haciendo muy patente en mi interior.

–Tendré que pasarme entonces, después de mi bienvenida, para tener que ayudarte–agrega con desgana y me hace un gesto con la mano como para que me pierda de su vista–Luego nos vemos.

Luego nos vemos” retumba su voz en mi cabeza.

El muro por fin desaparece y me deja salir, lo más rápido posible, hacia mi habitación. ¿Será por esto por lo que me he puesto a llorar como un poseso como antes? Solo dos días y medio ha durado la paz en mi interior. Ahora me veo otra vez atrapado en sus garras.

Pero qué es lo que estoy pensando, si ni si quiera tengo que hacerle caso, el juramento no es real. Es toda una burda broma para poder manipularme a su antojo. Aun así, a pesar de saber esto, siento que no debo tentar a la suerte y cabrearle. Ha llegado el momento.

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