Capítulo 13 – Desnúdate

Ha pasado como media hora desde que me dijo que iba a venir a buscarme y aún no ha hecho acto de presencia su alteza. A decir verdad, no me ha dicho ningún lugar en concreto donde nos tenemos que ver, por lo que he decidido quedarme en mi cuarto con la esperanza de que se olvide del hecho de que le encanta joderme y llegue el día de mañana sin ningún problema. Sí, sé que soy un iluso, pero la esperanza nunca la pierdo.

El tiempo sigue pasando y yo no soy capaz de hacer otra cosa que no sea morderme cada uno de los dedos de mis dos manos por el nerviosismo. Por suerte o desgracia, no están ninguno de mis compañeros de habitación, por lo que al menos no tengo que estar aguantando sus insípidas conversaciones mientras estoy sufriendo en mi interior.

Al menos no me va a costar tanto decirle que no a la cara cuando estemos a solas, aunque tengo miedo de lo que pueda ser su reacción al ver que me niegue. Ha sido muy raro como me ha tratado hoy, no es como usualmente lo suele hacer. “Creo que está tardando tanto a propósito, porque si de verdad quisiera que se los acabe antes de mañana, no creo que haría perder el tiempo de esta forma” me digo a mi mismo. Este chico es de lo peor que he conocido como persona y ya me está sacando de quicio.

Pierdo otro cuarto de hora entre agonía y tembleques por cada ruido cercano que escucho. Molesto de tener que estar siempre a los pies de su majestad, me levanto de la cama con mis sentimientos evolucionando a ira y voy hacia la puerta para salir de aquí y dejarle ya clara mi negación a la mierda de juego que lleva conmigo. Lo gracioso es que, justo al abrir la puerta, me lo encuentro con los nudillos a punto de golpear el aire. Un quemazón muy desagradable sube por mi garganta con el objetivo de salir por la boca sin mi permiso.

–Vete a la puta mierda, Draco–remarco todas y cada una de las palabras, saboreándolas placenteramente. Luego, me dispongo a cerrarle puerta en las narices y lo más fuerte posible.

Sin embargo, la puerta rebota sobre uno de sus pies, el cual ha conseguido moverlo muy rápidamente para lograr que esta no se cerrara en sus morros. Al parecer no está tan malherido después de todo y se encuentra bastante alerta.

–Ya te gustaría a ti librarte de mi–abre la puerta totalmente y se adecenta los ropajes que se le han movido por las leves corrientes de aire creadas por ella–Vamos, acompáñame a mi habitación. Habíamos quedado allí y me has tenido esperándote más de cinco minutos.

Me quedo un tanto confuso porque ha ignorado lo que le acabo de decir. O sea, no es la primera vez que lo hace, pero nunca lo ha hecho cuando ha le he dedicado algún insulto. Veo como su figura desaparece por el pasillo y yo me quedo estático en el sitio mientras sus pasos se alejan. Si de verdad piensa que voy a ser su mascota, la lleva clara.

–No voy a ir–digo medio por lo bajo porque he descargado demasiada raba en el anterior comentario despectivo y me dispongo a cerrar la puerta con el fin de dejarlo fuera.

–¿Qué no que?–Aparece como un rallo de nuevo en el portal y su ceño ya se está comenzando a fruncir como usualmente lo hace en mi presencia o cuando le toco las narices­–Perdona, es que no he escuchado bien con ese susurro de voz de un miedica.

–Ya me he cansado de ti–no sé como esta frase ha conseguido sobrepasar todos mis muros de vergüenza, mas estoy muy agradecido de poder haberlo hecho. Aprovecho este subidón para seguir con mi discurso, solo espero que alguien nos esté escuchando–Eres un puto niño mimado al que se la pone dura que un hombre le coma la poll…

De pronto se abalanza sobre mi alertado por mis palabras y su escuálida y fría mano consigue taparme la boca antes de que pudiera terminar lo que tenía pensado. De mientras, la otra la engancha en mi nuca para poder hacer fuerza para callarme. Vaya, parece que no quiere que nadie se entere de ese secreto tan oscuro que comparte conmigo. Por suerte, ha cometido el error de haber respondido de forma que se haya dejado indefenso por el miedo a que alguien me escuchara y pienso explotar este momento.

Con mi brazo más fuerte le devuelvo el ataque, aunque al principio dudo de si pegarle un puñetazo en la boca del estómago o agarrar su impoluto pelo engominado hacia atrás. He de admitir que lo segundo me provoca una especie de placer puesto que arruinar ese horrible peinado ha sido algo que se me ha pasado varias veces por la cabeza, así que es una decisión bastante fácil. Solo de pensar en agarrarle por la parte que él más cuida de su estética me llena el pecho de algo que no logro describir.

Mis dedos se hunden y enredan agradablemente sobre sus cabellos de la nuca y aprieto el puño con fuerza, dándole un tirón hacia atrás para moverle la cabeza y dejarle sin que pueda ver lo que estoy haciendo. Siento como su sedoso pelo engominado me hace cosquillas y sus manos van hacia la mía para intentar que lo suelte. Se nota que le ha pillado por sorpresa porque sus ojos se han abierto como platos en cuanto ha notado el tirón sobre su pelo. Poderoso, me acerco lo máximo posible a su cuerpo y pego mi boca al oído para que escuche perfectamente lo que tengo que decirle. Ahora noto lo que creo que siente él cuando logra imponerse sobre los demás por la fuerza, y se siente demasiado bien.

–He dicho que ya estoy cansado de ti–le pego un tirón al ver que que me está arañando la mano con la que le tengo atrapado y suelta un leve gemido de dolor. Dios, que bien ha sonado eso–Sé que me has estado tomando el pelo con esa mierda del juramento inquebrantable. ¿Piensas que soy tan tonto como para no poderme a investigar qué mierdas has intentado hacer conmigo? Seré nuevo, pero no me chupo el dedo. Solo fuimos dos y falta una tercera persona–Mi pecho grita de euforia y, aunque me sienta mal por comportarme de esta forma, no puedo contenerme por más tiempo. Ahora paso a hablarle con un susurro–Ahora escúchame bien, quiero que me dejes en paz y que jamás te vuelvas a acercar a mi. Da gracias porque no quiera vengarme por lo que me hiciste la otra noche, puto enfermo pervertido.

Tiro lo máximo que puedo de su cabellera hasta que consigo desestabilizarse y se cae de bruces. Cuando eso pasa, libero mi mano llevándome unos cuantos pelos en ello. Que pena que no haya nadie por los alrededores para ver como caía el rey de los idiotas. La vena hinchada de su frente está amenazando con explotar como siga acumulando tanta rabia. Yo le sonrío de la misma forma que cuando es él el que consigue someterme y le hago un gesto con la cabeza para que desaparezca de mi vida.

–Vas a tener que hacerte tu mismo los deberes, no hay nada que me obligue a hacértelos.

Mi corazón retumba por todo mi pecho y siento como todo mi cuerpo se llena de una energía revitalizante, llegándome a poner los bellos de punta. Tomo una enorme bocanada de aire, notando como mi cuerpo pesa muchísimo menos por lo que me acabo de quitar de encima. Debería haber hecho esto antes, aunque claro, no conocía el hecho de que se estaba quedando conmigo.

Le veo dudar sobre lo que hacer, pero creo que se ha amedrentado lo suficiente como para que salga de aquí con el rabo entre las piernas, puesto que sabe que su maravilloso plan de tenerme como sirviente se le ha ido al traste. Tarda más de lo que me gustaría en levantarse y, sin mediar más palabras, se da la vuelta y sale de mi habitación con los puños cerrados y la mandíbula muy tensa.

–Ah, y adecéntate un poco, no querrás que el resto del mundo te vea con esos pelos de loco que llevas–pongo la guinda al pastel y me relamo los labios al ver como uno de sus ojos se cierra más que el otro de la rabia. Es un maldito perro albino rabioso.

Cierro la puerta tras su salida y me apoyo sobre ella para respirar de la emoción. En mi cara se dibuja una enorme sonrisa y me entran ganas de gritar de alegría, saltar, hacer volteretas o lo que sea. Necesito moverme porque el cuerpo se me ha llenado de tanta adrenalina que debo soltarla de alguna forma. “Creo que me voy a subir a la cama de mis compañeros y voy a saltar sobre ellas” pienso y mi cuerpo no tarda mucho más en llevarlo a cabo. De un salto, me subo a la primera que se interpone en mi camino y brinco con todas mis ganas.

Sin embargo, ese sentimiento no dura mucho tiempo en mí. Mi cuerpo, rápidamente, comienza a sentirse tan mal, que caigo rondo sobre el colchón de la cama y, mi cabeza, sobre el cabecero de esta, desorientándome del dolor.

–Crucio–me llega el eco de una palabra dicha momentos antes. Es la única información que es capaz de penetrar mi mente en estos instantes.

Retuerzo mi cuerpo sin cesar con la esperanza de que este terrible sufrimiento desaparezca cuanto antes. Siento como si mi cuerpo fuera acuchillado repetidamente y en su totalidad a la vez por millones de cuchillos ardientes, llevándolo a agonizar como jamás lo ha hecho. Mi visión se vuelve oscura, me pitan los oídos y creo que mi cabeza va a estallar. Quiero llorar de desesperación con todas mis ganas porque esto es insoportable y no logro hacer nada que consiga calmar este horror. Jamás había sentido un daño tan intenso sobre mi cuerpo. Creo que me voy a morir.

–AYUDAAAAA–Grito desesperadamente con todas mis ganas pidiendo que alguien me rescate, aunque no sé si estoy emitiendo sonido alguno. Por suerte, termina en cuanto termino lo hago.

Me quedo inmóvil con la cara llena de lágrimas sobre la cama, me cuesta incluso respirar de lo intenso que ha sido el dolor y sigo sin entender qué es lo que me ha pasado. Escucho pasos acercarme a mí pero mi cuerpo se encuentra tan débil que ni si quiera soy capaz de ver quien es, aunque me lo supongo.

–¿Estás de verdad seguro que solo ha sido un truco el juramento? –Su voz odiosa me devuelve a la realidad–Porque yo creo que has estado al borde de la muerte.

No puede ser real, tiene que ser otro truco de los suyos. Pero, ¿de verdad es capaz de hacerle esto a una persona solo con un hechizo? He sentido como me estaba muriendo como el ha confirmado. La cabeza me comienza a dar vueltas y no consigo concentrarme en nada de lo que me rodea. Bueno sí, en el enorme chichón que me está saliendo en la nuca.

La cama se hunde por una de las esquinas y mi cuerpo se deja caer como un peso muerto hacia allí. Cuando mi visión mejora, logro ver como es Draco el que se ha puesto de rodillas al lado mía y lleva sus brazos hacia mi.

–No quiero que me vuelvas a desobedecer, Anderson–dice poco antes de rodearme el cuello y apretarlo con ira.

Al principio hago como que no me importa lo que está haciendo y que paso de él, mas cuando ya siento que me falta el aire, comienzo a patalear y a darle manotazos para que me suelte. Pero no lo hace, sigue ahogándome con esa sonrisa victoriosa que tanto odio. “No creo que me vaya a dejar morir si tanto me quiere como su sirviente” deseo. Mis incesantes intentos por respirar solo consiguen ponerme aún más nervioso y mi visión se nubla.

–Ahora tendrás tu castigo para que aprendas a ser sumiso–por fin afloja sus manos y se quita de encima mía, poniéndose de pie–Yo he intentado que fuera por las buenas, pero no has parado de luchar contra mi­–respiro como si me estuviera alimentándome de aire a la vez que me pongo a toser por el dolor que me produce.

Por un lado, ya me encuentro mucho mejor del dolor agónico que he sufrido, pero por el otro, siento como las venas de la cabeza me palpitan fuertemente y la garganta me escuece. Le escucho inmóvil esperando mi sentencia porque haga lo que haga, él siempre va a tener ventaja sobre mi. Nada de lo que he intentado para resistirme me ha salido bien, solo he conseguido que me tratara mucho peor de lo que ya hacía. Me siento perdido porque no quiero aceptar ser lo que él quiere que sea. No es mi dueño por mucho que quiera parecerlo, pero no soy capaz de hacérselo notar. Lo único que me queda es aceptar que no me va a dejar tranquilo al parecer.

–Incorpórate–dice imponente mientras se acomoda el pelo revuelto. Con mucho dolor, hago lo que me ha ordenado–Bien, ahora quiero que te quites toda la ropa y la dejes encima de tu cama doblada.

–¿Qué? NO– Me niego rotundamente ¿Esto es lo que tiene él por castigo? Ya estaba demasiado avergonzado porque dijera en voz alta lo que había hecho el otro día como para que ahora corra el riesgo de que le vean conmigo mientras yo estoy desnudo. No entiendo qué es lo que pretende. Tiene idea demasiado turbas.

–Crucio–eleva la varia hacia mí y mi columna vertebral se retuerce de tal forma que mi cabeza queda apoyada sobre la cama y mi espalda arqueada. Todo mi cuerpo vuelve a ser infinitamente acuchillado y, cuando estoy a punto de gritar con todas mis ganas, el dolor cesa–Tranquilo, no te voy a tocar.

Desorientado de nuevo, tardo en decidir qué es lo que debo hacer. No deseo tener que sufrir de nuevo, por lo que me quito la túnica con timidez mientras sus ojos no dejan de mirarme directamente a los míos. “¿Por qué me haces esto?” pienso apenado y luego me quito la corbata y la camisa, doblándolo todo para retrasar lo máximo posible el tener que quitarme los pantalones. Aún no he descartado que todo esto pueda ser una broma para ver hasta donde soy capaz de llegar. Ojalá sea eso.

–Un poco más rápido, no tengo toda la noche–demanda y hace el ademán de levantar la varita para apuntarme. ¿Será un hechizo que hace que el la persona afectada por el juramento sea avisada de que lo va a quebrantar? El profesor Flitwick no mencionó nada de esto, aunque yo podría haberle alguna que otra pregunta más. Lo único que sé es que prefiero cualquier cosa a eso.

Me levanto de la cama ya que no soy capaz de quitarme los pantalones si estoy sentado y miro hacia la puerta con vergüenza de que alguien pueda pasar alguien pronto. “Al menos podría cerrarla” me quejo en mi interior. Draco me sigue con su mirada y da un paso hacia atrás. Eso me alivia dentro de lo que cabe, aunque también me intriga por saber qué es lo que pretende hacerme como castigo porque seguro que no se quedará solo en esto.

Desabrocho los botones poco a poco, pero no muy lento como para hacerle perder los nervios a Draco. Me está costando muchísimo obedecerle pues siento muchísimo pudor sobre mi cuerpo, y más teniendo en cuenta de lo que pasó el otro día y está él delante. Sus intenciones no son buenas y no quiero que me haga seguir con esto. Siempre me ha tenido atrapado por mucho que haya intentado salir huyendo.

En cuanto no queda ningún botón, estos se caen al suelo y una corriente caliente me sube por la entrepierna puesto que sus ojos se dirigen hacia ella. “No no no no, este no es el momento, deberías solo sentir vergüenza Daniel” me autocastigo, aunque no sirve de mucho porque mi miembro se está llenando de sangre inconscientemente a pesar de que no le doy permiso. Luego vuelve a clavarme la mirada. Creo que esto es mucho peor que lo del otro día, al menos fue él el que me manejó y no yo por mi “propia voluntad”.

Doblo los pantalones con esmero y me concentro en esta acción para ver si consigo distraerme de la quemazón que me está excitando. Funciona, aunque no enteramente, ahora solo es un leve cosquilleo lo que siento. Me doy la vuelta para dejar el pantalón en la cama y siento como él toma una gran bocanada y el aire caliente que suelta mece todos los bellos de mi cuerpo. “Mierda” mi miembro se me vuelve a descontrolar y, encima, ahora es cuando me toca quitarme los putos calzones.

Decido que cuando antes lo haga mejor porque parece ser que va muy seguro de que quiere que me quede totalmente desnudo delante de él. Aguanto la respiración y agarro mi ropa interior con ambas manos, estirando un tanto la cintura elástica de éstos. Rezo porque sus ojos no vayan de nuevo hacia abajo, porque creo que la erección va a ser un tanto notable si no hay nada que la cubra. Cierro los ojos y me los quito, dándome rápidamente la vuelta para doblarlos, coger el resto de la ropa y dejarla sobre mi cama como me ha demandado.

Siento como mis glúteos bailan por la libertad que tienen y como mi miembro me roza la barriga cuando me medio agacho para dejar la ropa. No quiero darme la vuelta y ver como va a haber al menos una persona mirando mi cuerpo desnudo de arriba abajo. Comienza a apretarme la entrepierna y me muerdo el labio castigándome por ponerme así y rebajarme aún más de lo que él pretende. Pero joder, es que no quiero volver a sentir ese horror.

–Ahora, como te dije antes, sígueme hasta mi habitación–escucho sus pasos alejarse hacia la puerta.

Mi cuerpo siente un gran tirón frío al darse cuenta de que voy a tener que salir de aquí en la forma que me encuentro, aumentando las posibilidades de que muchas personas me puedan ver muy empalmado. Quiero decirle que no, como lo hice antes, pero el miedo me supera y me acerco hacia la puerta donde él me espera de espaldas. Por qué tiene que ser una persona que disfruta con el sufrimiento ajeno.

Me escondo como puedo de que no tenga la oportunidad verme ni por el rabillo del ojo y me cubro mis partes lo máximo que me permiten mis manos y brazos. Draco comienza a moverse sin hacerme ninguna señal y yo tardo en reaccionar en que debo salir ya de mi habitación. “joder joder joder, que no haya nadie por favor“. Draco echa la mirada hacia atrás y yo le comienzo a seguir rápidamente para evitar cualquier nuevo incidente. Por suerte, el pasillo en el que estamos se encuentra vacío, aunque quien sabe dónde esta la habitación de Draco y si habrá alguien de por medio.

–Quítate las manos de ahí–me ordena a la vez que clava de nuevo sus ojos sobre mí, haciendo que nos paremos en medio del pasillo. Por no quedarme más tiempo, hago lo que me dice.

Quiere hacerme sufrir todo lo posible, humillarme públicamente porque ya no creo que le queden muchas cosas más con las que poder joderme. Muy a mi pesar, sigo sus pasos como un tonto y un escozor en los ojos acentúan mi vergüenza. Encima, por el movimiento de mis caderas, mi miembro va de un lado hacia otro sin control, haciéndome sentir mucho más doblegado por su poder. Mi visión se vuelve como la de un túnel, donde solo puedo ver la ancha espalda de Draco con claridad. “Quiero que pase esto ya” siento que en breve me voy a echar a llorar de la vergüenza.

Éste se para de repente y yo hago todo lo posible para no chocarme con él de lo distraído que estoy. No quiero que su cuerpo toque el mío porque ya es lo que me faltaba.

–Entra–dice una vez ha abierto una puerta y yo no espero ni un segundo más fuera, a la exposición pública, y sin ni si quiera saber qué es lo que hay dentro. Puede que sus planes malévolos fuera meterme dentro de una habitación llena de gente para que esta se burle de mí mientras yo no tengo escapatoria, haciendo que todo el mundo viera el espectáculo que montaría de los nervios.

Sin embargo, hemos entrado en una habitación bastante espaciosa y que dispone de una sola cama bastante ancha que, en comparación con la mía, es dos veces mayor. Hay bastantes estanterías y un par de ventanas que emiten esa luz verdosa y tenue que baña todas las mazmorras. Está bastante decorada con cosas verdosas y doradas, como la sala común, aunque aquí hay una mayor presencia de este último color. Seguro que es su habitación o, más bien, su sala de torturas. Puedo ver como encima de su escritorio hay varios pergaminos, los cuales supongo que son esos deberes que tanto quería que hiciera.

–Ahora es cuando comienza tu castigo, esto solo ha sido para ver cómo reaccionabas–su aliento me roza el cuello, aunque no llega a tocarme físicamente con su cuerpo como me ha prometido–Es…–hace muy sonora e intensa la s–muy interesante.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *