Capítulo 15 – En los baños del colegio

Unas tremendas ganas de ir al servicio son las que consiguen despertarme gradualmente y, aunque al principio me encuentro algo reacio a mover mi dolorido y cansado cuerpo, las leves corrientes de aire que son provocadas por mi respiración hacen que me de cuenta de que me encuentro desnudo en alguna parte de mi habitación. Mi primer error de la mañana, pensar que me había quedado plácidamente dormido en mi cama. El duro y frío suelo hace que pequeños retazos de recuerdos venga a mi mente y me confundan por unos instantes, obligándome a abrir los ojos como platos para conocer el lugar en el que me hallo.

Siento como me retumba todo el cuerpo y el dolor de este hace que me termine de despertar en un santiamén.

Mi segundo error ha sido el perder los nervios y haber hecho una barbaridad de ruido mientras pataleo el suelo para ponerme, al menos, con la columna vertebral perpendicular al suelo. ¿Qué por qué? Porque no estoy solo en esta habitación, ya que ahora puedo ver que claramente no es la mía. Este lujo y la cabellera rubia que hay tumbada en la cama hace que quiera morirme. Es una escena bastante horrorosa. Tampoco me importaría que la tierra me tragase. Ahora mismo ambas opciones me parecen demasiado jugosas.

Afortunadamente, he tenido la enorme suerte de que ninguno de ellos haya logrado despertar a Draco o, al menos, no ha dado señales de que se haya dado cuenta. Mis piernas tardan en responder, pero tras un par de intentos consigo ponerme en pie, tambaleándome, pero de pie. Una fuerte punzada de dolor se clava en mi cabeza, detrás de mi frente, como si me hubieran incrustado un clavo. Lucho por no perder el equilibro ya que mi cuerpo reacciona encorvándose y llevándose ambas manos a la frente, haciendo que ya no esté apoyado en lo único que me mantenía de pie.

Sin poder pensar con claridad, pero con mucha urgencia de salir de aquí echando leches antes de que pueda pasar algo malo, me abalanzo estrepitosamente hacia la puerta olvidándome por completo de las ganas que tengo de ir al baño. Consigo salir, eso está claro, pero es aquí donde meto la pata por tercera vez en la mañana: solo tengo una camisa con la que taparme, la cual se encuentra en un estado deplorable agarrada solo sobre uno de mis brazos, y ni si quiera he comprobado si iba a estar solo en cuanto saliera de la habitación. Imaginaos la cara de imbécil que se me queda cuando veo que una de mis peores pesadillas se hace realidad.

Hay un grupo de personas a pocos metros de mi e, inexplicablemente, es mixto. Sí, ya no solo son chicos los que me ven desnudo y con un aspecto que ni si quiera puedo llegarme a imaginar. Me pregunto si sabrán lo que puede haber pasado ahí dentro. Rezo porque solo piensen que ha sido una de las típicas putadas que hace Draco en su día a día.

Ellos se quedan con la misma cara que yo, incrédulos por lo que están viendo. No tardan mucho en reaccionar ante la situación, de la cual no tardo en huir a la vez intento tapar la mayor superficie de mi cuerpo con la camisa de Draco. Si yo no le he levantado, estoy seguro que los insultos, risas y silbidos que me están dedicando sí lo habrán conseguido.

Mis pies no paran de moverse hasta que llego a mi habitación, la cual extrañamente está vacía, y me tiro hacia mis pertenencias para ponerme algo encima y deshacerme de la húmeda prenda de ropa a la que bautizo como mi premio a la humillación. La escondo debajo de la cama hasta tener idea de cómo me voy a deshacer de ella sin que nadie la pueda relacionar conmigo.

A pesar de que no quiero salir de la habitación por si se han quedado esperándome en la puerta para seguir burlándose de mi los que me han visto, tengo unas ganas horridas de darme una buena ducha y hacer mis necesidades. La vejiga está a punto de estallar y necesito quitarme este olor que va desde sudor a otro líquido mucho más espeso que hace que mi piel, en algunas zonas, se sientan con una textura muy extraña y pegajosa.

Esta vez si que pego la oreja en la puerta antes de salir para confirmar de que han desistido y se han marchado.

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Me he perdido la dos primeras clases de la mañana gracias a que me he quedado dormido y he tardado mucho en darme cuenta de que la hora de desayunar ya había pasado por bastante tiempo. Eso ha implicado el hecho de que no he tenido el derecho a llenarme la panza con el fin de castigarme y que no me vuelva a ocurrir. Joder, si superan de verdad lo que ha pasado creo que ya estaría de patitas en la calle expulsado por comportamiento… no sé ni qué nombre ponerle la verdad.

Sin embargo, no todo ha sido tan malo. Si hubiera salido al pasillo horas antes, cuando éstos están plagados de estudiantes recién despiertos y ansiosos por comenzar con buen pie, creo que habría sido igual que cavar mi propia tumba. Seguramente se habría convertido una notición que no hubiera tardado más de un par de segundo en conocer toda la escuela.

Al menos la ducha me ha ayudado mucho a despejarme del nubarrón que no me dejaba pensar con claridad por demasiado tiempo. He decidido mantener mi mente ocupada hasta que llegue la hora de mi siguiente clase, ya que no creo que sea el momento de sentirme culpable y como una mierda cuando me queda un día bastante largo por delante de clases. Por ello, he ido a la biblioteca, a ver encuentro algún libro interesante que consiga ocupar mis pensamientos de otra cosa que no sea a mi mismo cantando la primera canción que se me viene a la mente para apagar a esa vocecilla que casi me está gritando ya.

Pero un horrible dolor de huevos está haciendo que esta tarea sea mucho más complicada de llevar a cabo.

Todo va bien hasta que mi barriga ruje de tal forma que varios estudiantes que están a mi alrededor no pueden evitar soltar una risotada. Con la cara roja, no soy capaz ni de sacar la nariz del libro, haciendo como que el ruido no ha provenido de mi. Sin embargo, otro rugido no tarda en llegar, descubriéndome al completo.

Más risas por lo bajo y mis mejillas comienzan a arder, al igual que mi zona íntima más baja por estar demasiado apretujada, doliéndome aún más.

Es en este instante en el que ya no soy consciente de que no estoy impidiendo a esa vocecilla, que tanto me odia, que tenga rienda suelta para ponerse las botas conmigo. A la par de sus palabras, apoyándose en hechos reales, pequeños trozos de vídeo aparecen sobre mis ojos eclipsándolos de la vida real. El estómago se me revuelve, como si hubiera comido algo en mal estado, produciendo que los rugidos cesen, al igual que mis ganas de comer.

Qué decir, no me reconozco. No parece que soy yo. A ver, no niego que haya momentos de la semana en los que sí me apetece darme un poco de amor propio, mas mis actos y lo que siento no se parecen en NADA a lo que han sido mis experiencias anteriores. Lo más cachondo que he llegado a ponerme fue cuando me estuve masturbando mientras dejaba entrever mi silueta iluminada por la luz de la luna que entraba por la ventana. Eso ha sido la locura más grande que he llegado a hacer por satisfacer algunos pensamientos lascivos que se me han pasado por la cabeza.

¿PERO DEJAR QUE ALGUIEN ME VEA EN ESE ESTADO MIENTRAS YO ME MAGREABA DE ESA FORMA CON UNA POSTURA DE LO MÁS INCÓMODA Y SEXUAL? ¿Es que ya se me ha ido la puta cabeza por completo?

Mis piernas comienzan a moverse de los nervios y las letras que estoy intentando leer se emborronan hasta tal punto en el que solo veo manchas homogéneas sin significado alguno. Ni si quiera soy capaz de visualizar correctamente los pocos dibujos que tiene el libro. Apoyo la cabeza sobre mis manos sudorosas y cierro los ojos a la vez que intento controlar y normalizar mi respiración. Creo que no ha sido tan buena idea irme a un sitio en el que tengo que guardar silencio, porque ahora mismo me muero por soltar un buen chillido de rabia.

–¿¡Qué cojones pasa conmigo!?–exclamo en voz demasiado alta y varias personas se vuelven hacia mi para dedicarme su peor cara por haberles desconcentrado, otra vez.

Ya no aguanto más aprisionado en este lugar, a si que agarro mis cosas y salgo corriendo cayéndoseme la cara de vergüenza por el camino. Mi vida es una montaña rusa y ahora mismo estoy cayendo en picado hacia un abismo que me va a engullir por imbécil.

Me dirijo hacia mi próxima clase con mucho cuidad de no tener que toparme con Draco. Ahora si que debo esquivarlo a toda costa hasta que se le olvide lo que pasó ayer. Si es que eso puede suceder. No sé cómo se lo va a tomar, pero yo tengo claro que esto ha llegado a un punto final para mí, porque yo he venido a aprender magia, no a experimentar actos sexuales y menos para que me marquen de esta forma y en contra de mi voluntad.

Además, si me pongo analizar todo esto, las peores cosas que me han pasado desde el primer día que llegué aquí, han ocurrido por las noches. Es caer esta y como que todo se descontrola. Puede que sea por esto por lo que no puedo dormir bien, mi cuerpo sabe que hay muchas posibilidades de que algo malo pueda pasar y prefiere quedarse bien alerta para poder vigilar mi entorno.

Por el camino, a un par de giros para llegar a dicha clase, mi cuerpo se vuelve a sentir pesado y doy un pequeño traspié que obliga a lo que llevaba en mis manos a salir volando. Yo al menos consigo no caerme y pegarme la hostia del siglo. Una chica que pasaba justamente por mi lado en mi momento más álgido del día, decide ayudarme a recoger las cosas esparramadas por el suelo y se lo agradezco con todo mi corazón. Estas cosas siempre me recuerdan de que no todos los alumnos que hay en esta escuela son unos desgraciados conmigo.

Un pinchazo de dolor no tarda en recordarme lo que llevo sintiendo toda la mañana en los huevos.

–¿Te encuentras bien? –me dice ella después de recogerlo todo. Yo me encojo de hombros porque no entiendo su pregunta–Tienes unas buenas chapetas en la cara.

Le sonrío y le vuelvo a agradecer su ayuda diciéndole que si me encuentro bien, mas la verdad es que sí siento algo raro en mi. Parece que la enorme fiebre que he sufrido esta noche no ha abandonado por completo mi cuerpo porque, cuando ha apoyado su mano sobre mi hombro preocupada, he vuelto sentido esas mismas corrientes eléctricas con desembocadura en mi entrepierna. Por suerte no es con la misma intensidad que antes.

Me despido de ella con aprisa y voy hacia el cuarto de baño más cercano para que nadie más se de cuenta de que se me está volviendo a ir la pinza. “Joder, ¿es que no puedo tener ni un puto respiro?” pienso. Tengo ganas de mandarlo todo a la mierda de una vez.

Ahora más que nunca, puesto que mi mente ya puede pensar con claridad, puedo decir que ha sido la poción que me dio a probar Draco. Esa que tanto le defraudó en su momento. Esto solo consigue que afloren muchas más incógnitas en mi cabeza puesto ¿qué es lo que pensaba hacer tras darme esa sustancia? ¿Qué me hubiera pasado si me hubiera afectado instantáneamente? Me da un repelús y todo solo de imaginármelo.

–Ha–pero ese repelús no me ha sentado tan mal como me esperaba, pues ha desencadenado otra respuesta involuntaria en mi entrepierna. Un enorme latido de placer ha estallado en ella.

Entro en el primer excusado que hay abierto y me encierro en el con un buen portazo y los nervios a flor de piel. La tapa del váter está levantada, así que la bajo con la misma prisa y me siento sobre ella como un peso muerto. Los calores bochornosos vuelven a desequilibrar la temperatura de mi cuerpo, obligándome a quitarme la túnica y desabrocharme la corbata. El poco aire fresco que me roza la nuca me alivia por unos instantes.

Lo que vaya a hacer, tiene que ser ya. No quiero llegar tarde o incluso perderme más clases. Ya la he cagado varias veces esta mañana, creo que ya es hora de enderezar el día. Y como sé que esto no se va a acabar por mucho que lo desee -sin hacer nada-, decido que es mejor liberar lo que me está quemando en un momento en la privacidad del cuarto de baño y luego ir cagando leches a clase.

Los minutos pasan sin darme tregua, al igual que la quemazón que crece descontroladamente en mi interior. Mis huevos también me obligan a ello, necesitan aliviarse por lo que veo.

A pesar del asco que me dé, sabiendo lo que sé de esta noche, tengo que librarme de este calvario lo antes posible. Dejo los pergaminos en el suelo al igual que los otros utensilios que llevo encima. No quiero que nada me moleste ni me distraiga de mi cometido si quiero que sea rápido. Me levanto un poco para desabrocharme los pantalones y bajármelos, al igual que hago con los calzoncillos recién limpios que espero no manchar. Solo rezo porque no venga un grupo de estudiantes a tocarme la moral con sus voces o jueguecitos de aporrearte la puerta para joder.

Cierro los ojos para imaginarme a mí mismo en un lugar más tranquilo y acogedor y me pongo manos a la obra. La verdad es que no tengo que hacer ni el esfuerzo de imaginarme nada de lo mucho que se me han subido las hormonas. No niego que no me sienta raro al masturbarme en unos baños que son bastante frecuentados, pero qué coño, seguro que no soy ni el primero ni el último en hacerlo en el día de hoy. Además, el hecho de que jamás lo haya hecho en una situación como esta, hace que me dé un morbo curioso.

Descanso mi cabeza sobre la pared para estar lo más cómodo posible y agarro mi miembro algo indeciso por lo que he aceptado hacer. Ya solo en el primer roce mi cuerpo reacciona exageradamente y siento un notorio tirón en mi barriga el cual ignoro. Siento en mi cabeza vuelve a aparecer esa neblina que logra nublar mi juicio. Solo espero no volver a hacer una tontería.

Me muerdo ambos labios para evitar que en una de mis profundas respiraciones pueda hacer algún ruido que me delate. Poco a poco voy sumergiéndome en mi imaginación dándole rienda suelta a cualquier pensamiento o imagen que tenga ganas de aparecer. En pocos movimientos de muñeca consigo que mi miembro se endurezca tanto que llega a ser un poco incómodo, mas no me paro. Por otro lado, siento una enorme presión en mis huevos que hace que me apresure más a terminar.

Hago que mis dientes se hundan un tanto más pues, aunque me cueste admitirlo, esa pizca de dolor se siente demasiado bien.

Las caderas se me contonean levemente deseosas de conseguir más y el ritmo que marca mi mano se acelera drásticamente. Apenas me queda nada para volver a tocar el cielo, aunque siento que esta vez no va a ser igual de intenso, creo que va a ser suficiente para estar decente en las clases.

Es entonces cuando a mi mente vuelve a llegar otro recuerdo de esta noche y el cual no puedo hacer que desaparezca por mucho que quiera. No quiero que lo que me haga llegar al clímax sea una situación tan bochornosa como la que he vivido. Pero lo hace.

Alargo velozmente mi mano “libre”, la cual me percato que se ha llevado todo el tiempo clavada en mi muslo, hacia el rollo de papel y tiró de el para llevarme un buen trozo. Lo arrugo como puedo y, sin terminar de adaptarlo a como deseo, tengo que llevarlo rápidamente porque ya no aguanto más.

Todo el calor detona en una explosión de placer que me produce contracciones musculares tan bestias que, sin querer, me doy un buen porrazo en la cabeza. La respiración se me corta por un buen rato mientras mi cuerpo secreta más sustancia de la debida. Al menos he tenido la suerte de llegar a tiempo para controlarlo, porque si no, hubiera montado una buena.

Con cuidado, me levanto del váter, subo un tanto la tapa teniendo en cuenta que no puedo rozar el miembro contra la camisa y tiro la bola de papel, si es que aún se le puede llamar así. Luego cojo otro trozo y termino de limpiarme. Antes de volver a sentarme, me subo los calzones y pantalones para no seguir tentando la suerte. Al menos, he conseguido que todo mi cuerpo entre en un estado de alivio muy cómodo.

Me gustaría quedarme unos minutos más descansando, pues aún lo siento algo tenso, pero creo que ya he gastado todo el tiempo que tenía -y puede que más- saciando a mi alterado cuerpo.

Ahora si estoy preparado para hacer vida normal, o eso espero. Mas antes de irme, me cercioro de que no hay ninguna prueba del delito sobre mi persona. Y es gracioso porque, al salir del baño, veo como un chaval está haciendo un bailecito bastante curioso mientras me mira con cara de “ya era hora de que salieras”. Yo miro hacia atrás para darme cuenta de que no he tirado el segundo papel y salgo huyendo antes de que me pueda reconocer.

Otro error más a la lista de hoy. ¿Cuántos llevo ya?

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