Capítulo 17 – Sin respuestas

Narra Nadir

Acabo de llegar al despacho de Jared, aunque parece que no hay rastro de él por ningún lado. Solo encuentro un par de soldados presentes organizando papeles por la sala. Ni si quiera me han mirado y creo que no se van a dignar a ello. Me aclaro la garganta para llamar su atención.

-Necesito hablar con Jared- le digo a uno de los presentes que inmediatamente se gira hacia mi con cara de cansado- es algo importante- intento dar significación a mi petición para que me dejen hablar con él cuanto antes. Además, no estoy de humor para que me hagan esperar. Muchas preguntas aun sin respuesta y yo no puedo dejar que mi mente navegue solo entre suposiciones que cada vez se vuelven más repulsivas y extravagantes.

-No está aquí ahora mismo, como puedes ver-contesta cortante aunque manteniendo la típica postura de militar, sí esa en la que no se mueve ni un milímetro del sitio-Llegará esta noche y cuando lo haga, le daremos tu mensaje. Hasta entonces no podemos hacer nada.

-Pues avisadme en cuanto reciba mi mensaje y con la contestación de éste, necesito hablar con él cuanto antes-vuelvo a darle importancia al asunto, aunque sé que poco servirá con ayudantes así de desganados.

-Está bien.

Salgo de allí antes de ponerme aun de peor humor y me dirijo hacia mi entrenamiento diario. Hoy tengo ganas de ello, quiero meterme en el agua y dejar de pensar en tanta preocupación y conseguir tener mi mente en blanco. Cuando entro en la zona de adiestramiento -tardo un rato en llegar-, noto como la gente está un poco alterada y no para de echar miradas hacia una esquina de la sala. Me quedo mirándoles con cara de «¿Es que no tenéis otra cosa que hacer?» y voy hacia mi piscina, que está dentro de una pequeña sala. Parece que estoy aislado de los demás por ello, y en cierto modo es verdad, pero una enorme cristalera hace que no me sienta tan excluido del resto de personas que a veces se quedan mirando a través de ella.

-Lamento haber llegado tarde, he intentado hablar con el Jefe pero no estaba-digo en cuanto entro y me empiezo a quitar la ropa y a dejarla en un perchero que hay a una esquina. Siempre llevo el bañador debajo para no perder tiempo teniéndome que cambiar en el vestuario.

-No importa, pongámonos manos a la obra-dice uno de los científicos que están todos los días conmigo monotorizando las pruebas.

Y me tiro al agua deseoso de hartarme a hacer deporte y olvidar todas mis preocupaciones.

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-Muy bien, ya hemos terminado-declara el muchacho que está a cargo del cronómetro-Hemos conseguido reducir otro segundo en esta prueba. Ya nos queda poco para terminar con esto. Buen trabajo.

-Estupendo-respondo casi sin aliento mientras utilizo las pocas fuerzas que me quedan para salir de la piscina impulsándome con los brazos y sentándome en el bordillo-¿Alguien puede pasarme una toalla?-pido echando mi mano hacia atrás a la espera que un alma caritativa me de una-Gracias.

Me pongo la enorme toalla recubriendo todo mi cuerpo y solo dejando que se vea mi cara. «Ojalá todo el esfuerzo que estoy haciendo ahora valga la pena y consigamos que todo salga bien» pienso en mi fuero interno mientras veo las pequeñas olas en la piscina provocadas por el vaivén de mis piernas, «ojalá Gabriel vuelva a ser el mismo y podamos seguir con lo que teníamos después de todo esto«.

Mierda.

Sé que soy un pesado, pero por mucho que quiera dejar de pensar en él, no puedo. Aunque lo evite, el inunda todo mi ser cuando menos me lo espero y me hace recordar que no le tengo, que aunque estemos a metros de distancia, él ya no es el mismo. No lo es, ni yo tampoco. No puedo ser el mismo después de todo lo que ha pasado.

-Deberías ir a descansar, Nadir-escucho una voz femenina tras de mi que me saca de mis pensamientos. No hace falta que me gire para saber quien es.

-¿Qué haces tú por aquí, Petra?-respondo sin inmutarme y con la mirada fija en el agua, perdiendo poco a poco la visión enfocada del agua moviéndose.

-Solo me pasaba a ver cómo ibas con los entrenamientos-responde mientras se sienta a mi lado. Quien me iba a decir a mi que Petra al final iba a ser agradable conmigo y todo-y también para decirte que Jared no podrá hablar contigo hasta dentro de 3 días. Pensé que si te lo decía yo, no ibas a atacar a nadie.

-¿Se puede saber por qué debo esperar 3 días?-pregunto, aunque sé cual es la respuesta y la recibo cuando Petra niega con la cabeza mientras hace una mueca-Pensaba que apenas salíais de vuestro enorme búnker por seguridad-digo con la mandíbula apretada por la rabia, mas al final consigo relajarme- Quien sabe lo que está tramando entonces Luna, después de todo.

-Realmente si lo sabemos, o la gran mayoría de cosas que está tramando-me confiesa y lleva su dura mirada al agua, al igual que yo estaba haciendo minutos antes-Ya te lo contará Jared cuando habléis, no soy la más indicada para hacerlo.

-Vaya, pues tendré que esperar entonces-digo fríamente levantándome y yendo hacia mi ropa para ponerme la camiseta e irme hacia las duchas para quitarme el cloro-Me voy a descansar, ya nos veremos mañana-si hablar con ella no me va a servir para nada, creo que lo mejor es irme ya a descansar, como me ha pedido ella expresamente. Aun sigue siendo mi superior y tengo que obedecer sus imposiciones.

-A lo mejor te interesará pasarte mañana, antes de tu entrenamiento, por la zona de lucha-responde ella aun sentada-Puedes llevarte una sorpresa-y lo dice con un tono curioso para conseguir tentarme.

-Supongo, hasta mañana-¿Debería hacerlo? Jamás Petra se ha comportado de esta manera y a lo mejor puede ser verdad que me puedo llevar una sorpresa, pero ¿con qué?

No espero a escuchar su despedida y me voy directo a las duchas. Lo bueno de tardar tanto en ir a ellas, es que así evitas tener que compartirlas con los demás hombres que hay en este lugar. No es que me importe que me vean desnudo ni nada por el estilo, es que creo que no voy a poder aguantar sus conversaciones carentes de importancia y sentido para mi.

En cuanto entro, dejo toda la ropa en mi taquilla y voy hacia las duchas con desgana. El entrenamiento de hoy no es que haya sido de los más exhaustos, ni por asomo, pero me he centrado tanto en tener que hacerlo todo bien que al final he dado demasiado de mi y ahora estoy sin apenas fuerzas.

El agua tibia me baña por completo y mantengo un rato la postura de como si se fuera a caer la pared y yo la estuviera sosteniendo. Ni si quiera me enjuago el pelo o el cuerpo, pues mis movimientos son demasiado lentos y, si lo hago, voy a tardar una eternidad en ducharme. Cuando termino cansándome del agua, cierro el grifo y vuelvo hacia las taquillas. De allí cojo una toalla, me la amarro a la cintura y busco la ropa limpia para el día siguiente.

Sé que debería vestirme y no andar por un lugar que aun no conozco -y a las personas que viven en él menos- medio desnudo, mas la pereza ha ganado esta batalla y salgo hacia los pasillos solo con la toalla y la ropa en la mano. Estoy llenando todo el suelo de agua pues no he secado mi pelo y puedo sentir como me caen las gotas desde debajo de los omoplatos. «Tengo que cortarme el pelo» hablo para mis adentros después de intentar recordar cuando fue la última vez que lo hice, cosa que no recuerdo.

-Ya falta poco-susurro al entrar en mi habitación y me dejo caer sobre la cama de mala manera.

Los brazos de Morfeo me atrapan nada más tocar las limpias sábanas, que me envuelven en sueños.

Narra Gabriel

Hoy ha sido la primera vez que no estaba despierto al llegar el primer bata blanca a mi habitación. Me ha costado incluso abrir los ojos y mover mi cuerpo por primera vez en el día. Cuando intento incorporarme, noto en la barriga miles de pinchazos que me hacen ver las estrellas. Hoy me va a costar bastante empezar el entrenamiento. ¿Esto es lo que me espera el resto de días?

Cuando pasan las mismas pruebas de todas las mañanas y consigo quedarme solo, me pongo la ropa que ayer cogí del vestuario y me miro en el pequeño espejo que tengo pegado a una de las paredes. He decir que me gusta como me quedan estas prendas. «Me pregunto qué pensará Nadir sobre ellas» me digo para mis adentros.

-Es verdad, hoy voy a volver a ver a Nadir-susurro y muestro una leve sonrisa a mi reflejo del espejo.

Ahora que él ha vuelto a mi cabeza, mi corazón empieza a latir con fuerza y parece que los dolores en todo mi cuerpo desaparecen. Aunque aun es muy temprano para que venga, me siento en mi cama y lo espero mientras pateo mis pies al aire. «Tengo que contarle lo que hice ayer» me recuerdo, «a lo mejor se alegra al saber que he conseguido salir de mi habitación por fin«.

Pasa una hora aproximadamente hasta que la puerta de mi habitación se abre por fin, mas me llevo una decepción al ver que no es Nadir el que entra por ella. Es Petra. Mi cara de emoción cambia rápidamente a una de total asco y me vuelvo a sentar en mi cama, cabizbajo. No había caído en que si Petra llegaba antes que él, me iba a tener que ir con ella -como va a ocurrir seguramente- y Nadir vendrá para nada. Porque yo no estaré.

-No pongas esa cara y vamos-dice estrictamente apoyada en el marco de la puerta con sus brazos cruzados-Veo que ya estás vestido incluso, ¿cómo te encuentras hoy? He de confesar que pensaba que iba a tener que levantarte de la cama a patadas.

-Me duele todo-respondo al segundo, molesto por su suposición. Puedo ver como un atisbo de sonrisa se dibuja en su cara-¿Nos vamos a ir ya? Es que estoy esperando a alguien.

-Tenemos mucho que hacer-dice después de suspirar y poner los ojos en blanco-No te preocupes, vas a ver hoy a tu novio. A si que vamos.

Su afirmación tan redundante me pilla con la guardia baja y hace que mi corazón se me encoja y me provoque una sensación de sudores fríos horribles. Intento tragar saliva asimilándolo y luego niego rápidamente con la cabeza. Esa palabra es demasiado profunda como para definir nuestra simple relación.

-No…No es mi novio-salto de la cama y voy corriendo fuera de la habitación para evitar más conversación incómoda con ella. Aunque no entienda porque he reaccionado así, no quiero pensar en ello.

-Esta bien. Pues vámonos-responde un tanto atónita por mi respuesta y cierra la puerta tras de mi.

Tengo que aflojar el paso pues el camino de ayer lo he olvidado por completo y tengo que volver a seguir a Petra por el laberinto de pasillos. Vamos callados hasta que llegamos a la pequeña sala donde ayer me cambié y acto seguido pasamos a la de entrenamiento. Nos dirigimos hacia el mismo sitio y, al igual que el día anterior, todo el mundo huye cuando Petra hace acto de presencia. Aunque ese acto me achanta, al ver que nadie hace ningún tipo de comentario, no deje que me afecte tanto. Sé que no soy como los demás pero no puedo dejar que puedan jugar conmigo por ello.

-Quiero que me hagas 40 abdominales, 20 flexiones y 20 sentadillas-dice mientras saca el cronómetro-Luego nos iremos a otra zona, a ver qué tal se te da moverte.

Sigo sus ordenes al pie de la letra mientras me vigila su atenta mirada para ver si lo hago bien o tengo que repetir alguno de los ejercicios que me ha mandado. Tardo alrededor de 20 minutos, pues tengo que luchar contra las horribles punzadas de mi barriga, pero finalmente lo consigo con orgullo. Petra para rápidamente el cronómetro y anota el tiempo que he tardado en una pequeña agenda que lleva en un bolsillo de su chaqueta.

Las gotas de sudor ya están bañando toda mi cara y tenerme en pie con una respiración normal me resulta casi imposible, pero aun así, sigo a Petra hacia el nuevo sitio al que me quiere llevar. Apenas está alejado del anterior y, como siempre, todos huyen de la zona, aunque esta vez se nos quedan mirando expectantes en círculo. Sus miradas me cohiben y hacen que me encoja de hombros y mire hacia el suelo.

-Bien, Gabriel, ahora vamos a probar tu manejo con armas y en la pelea cuerpo a cuerpo. ¿Has probado alguna vez alguna de estas cosas?-me pregunta desde la lejanía.

Me cuesta escucharla pues siento que todas las miradas me ensordecen. Están esperando, seguramente, a que cometa algún fallo o haga algo gracioso para reírse de mi. Contesto, avergonzado, negando con la cabeza y con la mirada aun clavada en el suelo. «Ahora si que estoy deseando morirme» pienso. Sin embargo, aunque a mi parecer haya sido patético, nadie dice nada. Todo sigue en calma.

-Está bien. Pues provemos primero la pelea cuerpo a cuerpo-dice mientras me aprieta el hombro intentando tranquilizarme- Arthur, ven a pelear-señala a un chico escuálido del que hasta ahora no me había percatado de su presencia porque el tumulto de gente lo escondía-tranquilo, él es nuevo, más o menos como tú, a si que no debes preocuparte.

-¡Si señora!-responde éste abriéndose paso entre los demás, nerviosamente, y se planta en medio del círculo. Está temblando igual o más que yo. Petra me empuja para que me acerque a él.

-El primero que consiga que el contrario caiga al suelo, ganará. Aclaro un par de normas básicas y es que está prohibido dar en los genitales o provocar sangre al contrario. A si que, empezad. Espero que no tardéis mucho.

Ambos nos quedamos con los pies congelados mirándonos con miedo. Nunca me había topado con una situación así. ¿Cómo se comienza una pelea? Y más importante aun, ¿que debo hacer en ella? ¿Pegar puñetazos, empujones o patadas? «A lo mejor es mucho más fácil de lo que me parece» me digo. Sé que esperan una pelea como ellos suelen hacerla pero, si él está igual de nervioso que yo, no se moverá. Solo tendré que desestabilizarle con un rápido movimiento y habré ganado limpiamente y me libraré de este mal trago.

Me muero el labio para intentar quitarme la paralización de las piernas y me lanzo hacia el pobre chico con los brazos por delante para alcanzarle cuanto antes. Cierro los ojos porque no quiero verle la cara.  A los pocos pasos consigo hacer contacto con él, aunque no en la zona que esperaba, pues siento como sus manos me agarran uno de mis brazos y tira de mi con todas sus fuerzas. Yo dejo de tocar el suelo por unos segundos y, cuando quiero darme cuenta de lo que está pasando, me encuentro tumbado en el suelo con la mano del chico en mi pecho y su enorme sonrisa burlándose de mi. Un aparatoso ruido metálico suena cuando me estrello.

-Mentiroso-susuro sin quitarle mi mirada de encima. Me la ha jugado, me he fiado de alguien que lo único que estaba haciendo era hacer ver que era débil para que yo cayera en su simple trampa.

-Muy bien Arthur, no esperaba menos-escucho la voz de Petra entre algunos pequeños murmullos-Gabriel, arriba-solo se le escucha a ella hablando. Como mucho se puede diferenciar las respiraciones de los espectadores.

Éste no tarda en quitar su mano de mi pecho y volver a esconderse entre los demás espectadores. Yo me quedo tumbado en el suelo por un pequeño mareo producido por la pirueta que me acaban de hacer. «Levántate, todos te están mirando» me digo para meterme prisa y muevo mi cuerpo. Alguien me tiende la mano y yo la agarro agradecido por la ayuda. Cuando consigo ponerme en pie, miro a Petra aturdido. «Seguro que ella lo sabía» y la sonrisa de su cara me lo confirma. Bueno, supongo que la primera vez nunca puede salirte nada bien. Al menos no me he llevado ningún puñetazo o algo peor.

-¿Estas bien?-me pregunta una voz conocida que no es la de mi entrenadora. «¿Quien eres?» me pregunto intentando recordar dónde he escuchando yo esa voz antes.

Aun sigo apretando la mano de la persona que me la ha tendido y es entonces cuando me fijo en ella. Para mi total sorpresa no es nada más ni nada menos que Nadir. Tiene el ceño un tanto fruncido y no me mira a mi, si no a Petra. Puedo decir que si las miradas matasen, ella ya estaría muerta. Después de unos segundos de desconcierto, mi corazón empieza a latir tan fuerte que golpea mi pecho con fuerza y me mareo. Aun así, intento contestarle para que deje de ofuscarse con Petra.

-Si, estoy bien. Gracias por ayudarme-digo en un susurro, mas al menos he conseguido hablar. Todo un logro teniendo en cuenta mi situación.

Aun habiendo emitido un leve sonido, Nadir se da cuenta de lo que he dicho y vuelve su mirada hacia mi. Siento como sus ojos intentan desnudarme para ver si digo la verdad o solo le estoy mintiendo para no preocuparle. No sé como sé exactamente esto, pero me parece muy obvio y familiar.

-Vayámonos de aquí-me dice y, sin esperar mi respuesta, tira de mi para salir del círculo de personas que aun siguen mudas.

Mirándole desde atrás e intentando seguir sus largos pasos, puedo ver como su cabello está enteramente suelto y mojado. Está dejando, incluso, el suelo que pisa mojado por ello y por su ropa. Jamás le había podido ver así. Siempre ha llevado una coleta bien alta y he de decir que le queda mucho mejor como lo tiene ahora. El movimiento de su pelo se está volviendo hipnótico para mi, no puedo parar de mirarlo.

-¿Me estás escuchando, Gabriel?-suena de fondo.

Después de un pequeño zarandeo, me doy cuenta de que ya ha dejado de tirar de mi y estamos en los vestuarios.

-¿Estas seguro de que estás bien? ¿Te has golpeado la cabeza?-me pregunta con cara de preocupación mientras escudriña con sus suaves y escuálidas manos mi cabeza en busca de algún golpe. No puedo evitar que una sonrisa se dibuje en mi cara al sentir como alguien se preocupa de verdad por mi sin pasar por unas tediosas pruebas que no sirven de nada.

-Si, solo me he caído, no pasa nada-le intento tranquilizar, pero sigue moviendo sus manos ahora por mi cara y me la voltea para todos lados. Puede que se esté pasando un poco, pero me sigue pareciendo tierno por su parte.

-No me fío de esos malditos locos. Mira que hacerte luchar sin aun saber nada sobre ello. ¡Mira que les dije que no quería que te hicieran nada!-su voz se empieza a alterar y esta vez sus manos se paran en ambas mejillas y me las aprieta-No puedo perder lo poco que me queda de ti, Gabriel.

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