Capítulo 21 – ¿Qué te pasa?

Narra Gabriel

-¡Gabriel!-escucho decir tras de mi una voz bastante conocida y me hiela la sangre.

Dejo la conversación que llevábamos Adrian y yo y llevo la mirada hacia donde me han llamado.En cuando veo la cara de Nadir y, después de todo lo que me ha costado olvidarme del horror que pasé la mañana pasada, el miedo vuelve a mi y me apaga la sonrisa educada que tenía. «Solo era un sueño» me recuerdo, aunque no me sirve de mucho. «Solo fue un maldito sueño». La mano con la que estoy jugando con el tenedor comienza a temblarme y éste cae encima del plato de comida ya vacío.

-Vamos Gabriel, hay que volver al entrenamiento-me avisa Adrian, mi nuevo entrenador de espada, tras ya darme unos minutos más de descanso.

Yo asiento con la cabeza sin apartar la mirada de Nadir. Quiero decirle algo, aunque sea un simple hola, pero ninguna palabra consigue salir de mi temblorosa boca. El pobre espera que le responda y su cara cambia a una palpable de preocupación. Lo único que pasa por mi mente para hacer y no quedarme como un tonto que no sabe ni respirar mientras le miro, es sonreírle. Al principio hasta mis propios labios me vacilan, pero luego lo consigo. A saber cómo es mi cara ahora. Un poema seguro.

-¡Idiota!-exclama y me pega un pequeño capón en la cabeza y luego aparta la mirada hacia un lado-Te he estado buscando-una explosión de sangre me baña la cara y hace que se me enrojezca. Lo que acaba de decir me ha sonado como un «te he echado de menos» y hace que me avergüence.

-Lo siento-respondo por fin y noto como Adrian se levanta para irse ya-Tengo que volver al entrenamiento, nos podemos ver al salir-propongo tímidamente ya que me siento mal de que él me haya estado buscando y, justo cuando me encuentra, me tengo que ir.

-Hoy saldré tarde, dud…

-Entonces iré cuando termine el mío hacia donde tú entrenas. ¿Te parece?-pregunto con una sonrisa más sincera y grande que la anterior, a ver si así consigo relajar su entrecejo fruncido.

-Vale-responde algo atónito por mi propuesta sorpresa y una sonrisa intenta expresarse en su cara, mas rápidamente se extingue y vuelve el cejo fruncido-¿Estas bien, no?-Es normal que este preocupado por mi, al igual que yo lo he estado por el durante toda la mañana.

-Si-contesto con prisa.

Nadir asiente no muy convencido, pero no puedo hacer mucho más por que no sea así. Cojo mi bandeja para llevarla a su sitio antes de salir del comedor y acelero mi paso para no hacer esperar más a Adrian, el cual me está haciendo señas ya desde la puerta. Antes de salir me giro hacia él, que me sigue mirando, y me despido con la mano eufóricamente, entusiasmado por nuestra «cita». Luego consigo ponerme a la misma altura que Adrian y volvemos hacia la misma sala que Petra me llevó por primera vez ayer. Que, por cierto, aun no la he visto en todo lo que llevo de día pues en vez de venir ella a mi habitación, ha sido Adrian quien lo ha hecho. Al principio casi le echo a patadas pues, entre la decepción de que no fuera Nadir y que Petra no me avisó de que venía alguien nuevo, me sentó bastante mal su inesperada presencia.

Además, imaginaos que entra en vuestro cuarto un chico de unos 25 años con un peinado bastante llamativo en una cresta bastante larga y el doble que yo de ancho y alto. Y para más inri, como guinda del pastel, un par de cicatrices en la cara bastante notorias. Pues me quedé intimidado. Pero cuando empezó a enseñarme, mi concepción de él cambió por completo. Es mucho más paciente con mi torpeza que mi antigua entrenadora. Incluso ha logrado que aprenda a utilizar de forma correcta y básica la espada sin mucho esfuerzo. Digamos que no tiene ni punto de comparación con ella. Se nota que sabe lo que me está enseñando y, dentro de lo que cabe, me parece bastante amigable.

-¿El de antes era el famoso Nadir?-pregunta pero al ver que estoy perdido, remarca-El que te vino a buscar mientras comíamos-Asiento saliendo de mi cabeza. Llevábamos casi la mitad del camino sin hablar nada y yo no paraba de pensar en si podré actuar normal delante de Nadir después de lo que pasó.

-Sí, era él-digo orgulloso de que la gente le tenga en estima, aunque no sepa el por qué.

-Dicen que parece una sirena cuando nada. ¿Es verdad que lo hace a una velocidad fuera de lo normal, como si de verdad fuera un animal acuático?-pregunta curioso, tiene pinta de que se llevaba guardando la pregunta bastante tiempo. Al parecer, este es uno de los rumores que se van extendiendo de él, ¿será verdad?

Me encojo de hombros porque desconozco la respuesta. No tenía constancia de que Nadir nadara tan bien como van diciendo y tampoco le he preguntado nada acerca de él. Siempre ha sido él contándome cosas sobre mi y preocupándose pero, ahora que me doy cuenta, yo apenas sé nada sobre él. Solo que bueno…su nombre, su precioso cuerpo, lo angelical que parece cuando está durmiendo, su cara cuando me mira con deseo y digamos que me quiere más que un amigo. Pero ahí concluye la lista. Aunque ahora tiene algo de sentido el por qué tenía el pelo mojado antes de ayer cuando nos fuimos a las duchas, pues vendría del agua. Eso también explicaría por qué su cuerpo tenía un olor a químicos bastante fuerte.

Me siento culpable al no haberme dado cuenta hasta ahora de este hecho importante y por no haberme interesado un poco más en él cuando él si lo hacía por mi. También podría haberle preguntado qué era lo que le hacía estar tan ofuscado antes. Creo que estoy siendo demasiado egoísta y a lo mejor puede ser que eso le esté afectando. Al menos, hoy seré yo el que vaya a verle a donde entrena y así, a lo mejor, podré ver si es verdad lo que acaba de decirme Adrian.

Al pensar en esto, unas mariposas comienzan a danzar en mi vientre pues ahora la «cita» tiene mucho más peso de lo previsto y éstas me provocan una sonrisa tonta, que me tapo al instante con la mano para no parecer un loco. No quiero causar mala impresión en mi primera clase con Adrian.

-Bueno, supongo que ya lo sabremos en el Gran Día-concluye mientras abre la puerta. Se me ha hecho cortísimo el camino y supongo que será porque me habré vuelto a ir a la Luna y le he dejado solo andando.

-¿Gran Día?-pregunto ya que no es nada de lo que tenga conocimiento-¿Qué es eso?

-Oh cierto, que aun no sabes nada-hace una pausa para rascarse la cabeza como si estuviera rebuscando en ella las mejores palabras para no meter la pata-Ya te lo contaran Petra y Jared. No te preocupes, no es nada importante-concluye algo nervioso y hace que no le crea para nada, mas decido no presionarle con ello ya que le incomoda y yo quiero seguir mejorando con la espada.

-Está bien-«Esto es raro» me digo. Se lo tendré que preguntar a Nadir mejor, seguro que el tiene que saber algo después de que Adrian hiciera referencia a el con ese acontecimiento. Además, tiene pinta de ser algo importante que me estoy perdiendo.

El entrenamiento por fin comienza y seguimos con las cosas básicas que debo saber de la espada. Me doy unas cuantas de veces más con ella en las piernas, que ya las tengo más que machacadas, aunque solo me afectan los golpes pues Adrian ha sido precavido y me ha hecho ponerme unos pantalones especiales para evitar el corte de la hoja. Aun así, duele bastante. Lo bueno de mi nuevo entrenador es que no se obsesiona con los combates 1 contra 1, si no que le da importancia a que yo sepa moverme con la espada con soltura y aprenda a golpear y esquivar. Al menos, aun no está previsto ningún combate y eso hace que me relaje mucho y pueda disfrutar de la espada.

Sin embargo, aunque haga lo imposible por dejar de pensar en la cita, las mariposas no paran de danzar en mi vientre porque cuando menos me lo espero, me vuelve a la mente ésta. Al parecer todo me recuerda a él aunque no tenga sentido lógico. «Maldita sea, que me pasa» me regaño. Luego ya tendré tiempo para pensar en él.

-Vamos Gabriel, ¡concéntrate! Recuerda que la derecha da la fuera y la izquierda solo hace de guía a la espada-me vuelve a explicar por décima vez y hago una mueca al haberme equivocado.

Tras una hora de exhaustos movimientos y más golpes en las pantorrillas, me despido de Adrian con prisa porque ahora tengo que ir a mi segunda clase de vuelto con Isaac. Antes de salir, él me palmea el hombro y me dice que lo he hecho bien para no tener ni idea de coger una espada. Parece una tontería, pero saber que piensa eso hace que ya no me sienta tan inútil y le dedico una enorme sonrisa. Después, salgo corriendo felizmente hacia mi próximo destino que no está muy lejos de donde me hallo.

«No soy tan inútil después de todo» pienso. Parece que hoy me está saliendo todo a pedir de boca. Ya solo me queda arreglar el malentendido con Nadir y cambiar esta diferencia de información que nos separa. No tardo en llegar a mi siguiente entrenamiento e incluso Isaac se sorprende por haber llegado tan pronto y se pone tan nervioso por no tener la sala preparada que su cara se vuelve del color de su pelo, roja.

La clase de vuelo eso un poco más intensa que la anterior ya que, evidentemente, el nivel de dificultad y duración es bastante mayor. Pero aun así, consigo hacerlo todo aunque los golpes en las piernas por culpa de mi torpeza con la espada me estén matando. Salgo sobre las 8 de la tarde, un tanto tarde, casi si poder mover el cuerpo de lo cansado que estoy. Han sido, seguidos, unos entrenamientos agotadores que no le llegan a la suela de los zapatos los que me daba Petra. Y eso ya es mucho decir porque acababa muerto. Como puedo, voy esquivando a la gente que también sale de sus entrenamientos y se dirige hacia el comedor para cenar, para ir a donde se encuentra Nadir.

Sin embargo, al intentarlo, me doy cuenta de un gran inconveniente: No sé dónde es. Le dije que iba a ir a buscarle sin saber realmente dónde entrena él. Sé que lo hará en alguna de las habitaciones que hay en todos los lados de la sala de entrenamiento gigante, pero a saber cual de ellas es la correcta. Me doy una reprimenda internamente por haberme ido tan rápido sin haberle pedido ninguna referencia ni haberle preguntado nada.

Poco a poco, la enorme sala se va vaciando de gente y, como último recurso ya que no tengo ni idea dónde puede estar la piscina, decido ir a preguntarle a una chica que está mirando por una ventada que da a una salita. A decir verdad, voy hacia ella porque es la persona que se encuentra más cerca de mi en éstos momentos. Al acercarme, siento la curiosidad de mirar hacia donde ella está observando para saber qué es lo que la tiene tan embelesada pues parece una estatua. Y allí está él, rodeado de agua y batas blancas mirando pantallas y tomando datos en sus odiables cuadernos.

La pregunta se me atraganta y me quedo parado al igual que ella, embobado con los armónicos movimientos que Nadir está realizando bajo el agua. Aunque las ondas de la superficie lo deformen levemente, se sigue viendo hermoso. Va de un lado a otro con un traje que le cubre casi todo el cuerpo pero se mueve como si no llevara nada puesto. Cada vez que hace un movimiento con fuerza, en la superficie del agua se crean unas pequeñas olas que llenan la orilla de la piscina de agua. No sé por cuánto tiempo me quedo así, pero sé que tengo que volver a respirar porque me estoy ahogando, aunque a Nadir parece que es algo secundario. Una sensación de calma me invade desde el segundo uno y los nervios por la cita se apagan rápidamente.

La piscina es bastante larga pero muy corta de ancho y de profundidad… no tengo ni idea. Solo puedo decir que hay veces que dejo de ver por unos segundos el cuerpo de Nadir y aunque me ponga de puntillas, sigo sin verle.

La chica suspira sonoramente y me saca del embobamiento que, con mala cara, le hago saber que me ha molestado. A saber cuántos tiempo llevaba como una estatua admirando un bello cuadro en movimiento. Pero antes de que pueda decirle algo, alguien llama mi atención y me hace pegar un respingo.

-¿Tu eres Gabriel, no?-dice uno de los bata blanca que se está asomando con algo de prisa de la sala donde está Nadir. Yo asiento mientras lucho por no volver la mirada hacia donde está él-Pues pasa, no te quedes ahí fuera que pronto pagarán las luces y no podrás quedarte fuera.

Rápidamente hago lo que me pide y, al pasar por delante de la chica, puedo escuchar un improperio por lo bajo hacia mi persona. Sigo con mi camino como si no hubiera escuchando nada, mas antes de que me de cuenta, estoy en el suelo por su culpa. «¿Por qué está siendo tan desagradable?» me pregunto, pero tengo claro que no merece la pena darle la atención que tanto está buscando. Me levanto cuanto antes sin ni si quiera mirarle y me meto dentro de la sala con la cabeza bien alta pues yo voy a poder seguir contemplandole y ella no.

En cuanto pongo el primer pie dentro, la humedad del nuevo ambiente me sorprende y hace que mi respiración sea muy desagradable y dificultosa. El chico que me dejó pasar me tiende una silla, que está al lado de su mesa, para que me siente en ella a esperar a que termine el entrenamiento. En ella hay muchas pantallas con diferentes imágenes de cámaras que hay bajo el agua de la piscina. Nadir sigue nadando fluidamente sin necesidad de coger oxígeno. «Pues si que parece una sirena como Adrian me dijo» pienso. Aunque él sea un chico, los movimientos que hace son tan perfectos para la vista que no parece que ningún hombre sea capaz de hacerlos. Sus extremidades parecen tela moviéndose al compás del agua y su larga melena azulada le sigue los pasos, aumentando y disminuyendo su volumen como una medusa.

Nunca me hubiera imaginado que Nadir tendría una faceta tan femenina bajo esa fachada de hombre frío y misterioso. Si no supiera a la perfección que no tiene nada del sexo contrario, diría que, en su actual imagen, es una mujer y aun así me encanta. Se podría decir que me ha enamorado, ha conseguido llenarme el pecho de suspiros.

Mientras sigo atontado con su actuación, veo como a un lado de las pantallas hay un cronómetro que marca 43:08. Un millón de explicaciones comienzan a explotar mi mente y, al final, la curiosidad me empieza a carcomer el cuerpo. Puede que sea el tiempo que lleva de entrenamiento, pero me parece muy poco. También puede ser lo que queda para que termine, pero al ver que al minuto marca 43:09 desecho esa teoría. Incluso puede ser el tiempo que lleva aguantando la respiración, aunque sea imposible.  Al no llegar a nada, decido preguntar.

-¿Qué significa ese tiempo?-y señalo al cronómetro de la pantalla más cercana. El tarda en atender mi pregunta porque está ocupado haciendo cosas en el ordenador.

-Es el tiempo que lleva bajo el agua sin salir a tomar el aire en este ejercicio-me responde un tanto molesto sin dejar de mirar a las múltiples pantallas. Si no fuera de la forma en como me ha contestado, diría que me está tomando el pelo. No puedo evitar asombrarme, abrir mucho los ojos y ladear mi cabeza. Él, al ver mi reacción, me aclara el por qué de algo tan irreal-Tiene un pequeño envase de oxígeno en la espalda-señala la pequeña chepa que sobresale como una aleta dorsal en su espalda-Pero, aun así, apenas le ha dado dos caladas a ella. A nosotros nos duraría unos 10 minutos.

Le agradezco la información y me vuelvo, aun con el asombro palpable en  mi cara, de nuevo hacia las pantallas que retransmiten las imágenes de Nadir. No sé por qué, pero mi corazón empieza a latir con mucha fuerza y rapidez cada vez que le veo moverse. Pasan 30 minutos más hasta que Nadir saca la cabeza, por fin, del agua dando una buena bocanada de aire porque apenas tomó más oxígeno del recipiente. El cuerpo se me paraliza en cuanto veo su largo pelo fuera del agua, pues eso significa que puede verme si se gira hacia mi y no sé si estoy preparado de aguantar su mirada. ¿Y si le parece patético que le esté observando como un tonto mientras nada tan grácilmente? ¿Y si se ríe de mi por pensar que es una hermosa criatura del agua?  Pero, en cambio, éste vuelve a meterse en cuanto recibe el nuevo ejercicio que debe realizar. Ésta vez nada hacia el fondo de la piscina, lo que le lleva unos minutos, y espera a que un ruido le avise de que tiene que comenzar. Apenas es audible para nosotros, pero dentro del agua se intensifica.

-¿A cuánta profundidad está ahora mismo?-pregunto con una mueca porque sé que estoy molestando más de la cuenta pero necesito saciar mi incertidumbre. Tengo que recaudar toda la información posible sobre Nadir.

-Apenas tiene 20 metros esta piscina-responde de la misma forma que anteriormente. «¿Apenas?» me digo sin saber cómo le puede estar quitando importancia-Pronto entrenaremos en una de 100 metros de profundidad. Pero aun no está lista para su correcto uso.

De nuevo, me quedo boquiabierto por la naturalidad de sus actos estando a tanta profundidad y que, aun así, pueda hacer lo mismo incluso a más profundidad sin morir. «Creo que ahora entiendo perfectamente el por qué de la popularidad de Nadir» pienso. Dudo mucho que alguien más a parte de él pueda hacer algo así de asombroso y temerario. Parece como que de verdad él pertenece al agua.

Ahora, en la esquina de todas las pantallas aparece otro cronómetro pero que esta vez cuenta segundos. Las piernas de Nadir se mueven como si fueran una sola. Sus brazos dan fuertes brazadas y su pelo baila con todo su cuerpo. Su estilo hace que ahora mismo en mi mundo solo exista él, me absorbe por completo. Al fijarme mejor en los números, me doy cuenta de que es una cuenta atrás que, al llegar a 0, una bocina suena y me hace pegar un respingo aunque no parece inmutar a la sirena. Pocos segundos después vuelve a subir y sin dejar hablar a los demás, pide otro intento. Parece cabreado y muy concentrado en el entrenamiento. Sigue estando raro.

Al parecer mi cara de desconcierto es notoria y me vuelve a aclarar lo que está pasando.

-Está intentando superar los 100 metros en 13 segundos, pero aun no lo ha conseguido. Le quedan todavía 1,5 segundos para llegar al mínimo.

Yo asiento con la cabeza y, ahora que me fijo, puedo notar la gran velocidad que alcanza en muy poco tiempo. «Supongo que una persona normal no puede hacer eso» me digo a mi mismo ya que no quiero preguntar más y no tengo ningún tiempo de referencia pues nunca he nadado. Tengo que decir que me alegro mucho de haber venido pues estoy aprendiendo muchas más facetas de Nadir de las que conocía y… me encanta aun más.

Lo vuelve a intentar otras 3 veces más con la misma intensidad que la primera, pero cada vez tarda más tiempo por culpa del cansancio que se le está acumulando. Los bata blanca intentan que pare para que descanse hasta mañana, pero éste parece obsesionado con conseguir el tiempo objetivo y les ignora para seguir intentándolo. Verle así, con ese sufrimiento y ofuscación hace que me acerca a ayudarles para ver si yo consigo convencerle. Ya se le nota muy cansado y no creo que eso sea muy bueno si todos los días entrena así de duro.

-Otra vez, esta vez si que puedo hacer…-y justo al tocar la pared de la piscina para apoyarse en ella y no hundirse, se da cuenta de mi presencia-Gabriel…-suspira. Creo que no tiene ni fuerzas para sorprenderse.

-Creo que ya es hora de salir del agua, ¿no crees?-digo dulcemente al tenderle la mano para ayudarle a salir del agua-Necesitas descansar pececillo. Además, creo que has estado genial.

-Nolo suficiente-responde duramente desviando la mirada y apartándose el pelo de la cara a la vez-Pensaba que no ibas a venir, que te no te iban a dejar o pasaras-y acepta mi ayuda para subir.

Puedo notar como las piernas le flaquean un tanto al aguantar su peso estando de pie, pero consigue mantenerse. Luego, me sobrecoge el hecho de que se esté quitando el traje a pocos centímetros de mi y, al estar mojado, me recuerda a nuestro encuentro en las duchas. Un latido explota en mi cabeza y me deja atontado por unos segundos. Todo me da vueltas. Para que nadie note mi confusión, le cojo un mechón de pelo y sonrío como si no pasara nada y no sintiera ardores y mareos.

-Es por esto que a veces te veo con el pelo mojado-digo casi susurrando para que solo él pueda escucharlo y me sonríe en respuesta. Poco a poco mi visión se va calmando y todo vuelve a su sitio, aunque no puedo evitar un placentero calambre en la entrepierna.

-Por qué si no iba a ser-comenta poniéndose el uniforme, igual que el mío, que le han traído-espérame un segundo y vamos a cenar, que me muero de hambre-asiento con la cabeza.

Nadir va hacia los bata blanca y se pone a discutir con ellos sobre cómo puede mejorar el tiempo y evitar los fallos que ha cometido. No tarda más de 5 minutos porque al final pierde la paciencia con ellos y los manda a la porra. Salimos de allí rumbo al comedor con bastante prisa porque nuestras barrigas están rugiendo al unísono ya. Por el camino, le comento lo asombroso que me parece su estilo de natación y, por supuesto, lo que van diciendo de él por el recinto para ver su reacción. También, con mucho esfuerzo, le pido perdón por no haber sabido algo tan destacado de él hasta el día de hoy. Él, modesto y sin muchas ganas de conversar por el agotamiento, le quita importancia y me responde que no es nada. «Que no es nada» repito para mis adentros «Yo no podría hacer algo ni la mitad de bien que como tú nadas» pero me lo callo. Quiero aprovechar bien el poco tiempo que tengo hoy con él y no decir cosas que le puedan molestar o extenuar más.

Comemos intercambiando algunas palabras, mas noto que Nadir está más frío y seco que de normal y me apeno. ¿Es porque se está aburriendo conmigo o es que a lo mejor estoy siendo muy pesado? «Maldita sea, necesito saber qué es lo que le pasa».

-¿Te ocurre algo?-pregunto cuando ya hemos terminado de comer y vamos andando hacia mi cuarto para despedirnos-Es que pareces raro-aclaro.

Él hace un ademán de responderme pero sus piernas se tambalean al pararse en seco para responderme y, poco a poco, empieza a caer. Rápidamente, tras un leve pinchazo en el pecho al ver su cara de que se está desmayando, le cojo por el torso y me lo echo a un hombro para aguantar su peso mejor. Aunque pese más de lo que yo puedo soportar. «Mierda mierda, qué está pasando» me agobio. Es algo muy irreal.

-¿Qué te pasa?-pregunto muy asustado y se me escapa un pequeño chillido en la pregunta.

-Llévame a mi habitación…-dice en un susurro, el cual me cuesta un tanto descifrar.

-Está bien, aguanta-intento animarle y que confíe en mi.

Algo perdido y a paso bastante lento, pongo rumbo hacia su habitación. Ahora que lo pienso, después de todo el trabajo que ha hecho esta tarde, y todo el que no he visto, debe estar casi sin fuerzas. No sé cómo ha logrado comportarse como alguien que no le pasa nada, aunque no esperaba que casi perdiera el conocimiento. «A lo mejor estaba haciendo como que no pasa nada para no preocuparme y por eso estaba actuando tan extraño después del entrenamiento» pienso y sonrío un poco por lo cabezón que puede llegar a ser.

-Deberías haberme dicho que no te encontrabas bien.

Como solo recibo un «hm» de respuesta, supongo que ni si quiera tiene fuerzas para responderme. Cada par de minutos paro para cerciorarme que no ha perdido el conocimiento y sigue conmigo. Poco a poco los labios se le van poniendo morados y la cara le va palideciendo. Puedo notar lo mal que lo tiene que estar pasando ahora mismo.

-Ya llegamos, aguanta-aunque puede que los ánimos vayan más para mi que para él, pues los brazos, la cintura y la espalda me duelen a rabiar por soportar todo su peso y creo que no voy a poder aguantar mucho más. Las gotas de sudor se resbalan por mi cara hasta estamparse contra el suelo y Nadir hace ruidos incoherentes

Cuando llegamos, rezo porque la puerta esté abierta y, por suerte, lo está. Le llevo hacia la cama y lo tumbo en ella cómodamente. Luego yo hago lo mismo a su lado porque necesito recuperar el aliento. No es que pese mucho, pero ya estaba cansando de antes, pues ahora lo estoy el doble. Encima mi estado físico no es envidiable por nadie de por aquí. Cuando ya me encuentro mejor, voy hacia el lavabo con una prenda aleatoria que he encontrado por el cuarto y la mojo con agua bien fría. Luego voy hacia Nadir y se la pongo en la frente y le acomodo mejor en la cama ya que supongo que dormirá así. La verdad es que no sé si debería avisar a alguien de lo que le pasa.

-Me tengo que ir-digo al mirar la hora y ver que es bastante tarde. No puedo tardar mucho más en llegar a mi habitación o se enfadaran conmigo.

Me gustaría quedarme con él más, toda la noche de hecho, pero debo llevar un control riguroso para no ser un peligro, como dijo Petra. No quiero que mi sueño se haga realidad. Suspiro para quitarme los malos pensamientos de la cabeza y beso la frente de Nadir con ternura para despedirme. Al ver que no responde, doy por hecho de que ya está dormido y voy hacia la puerta, aunque algo me retiene. Me está agarrando de la camiseta.

-Quédate conmigo-escucho tras de mi con una voz muy forzada y afligida. Mi corazón se hace trizas al saber que no puedo hacer lo que me pide con tanta desesperación y, para no hacerlo más difícil para ambos, sigo hacia adelante agarrándome el pecho con la mano. Noto como Nadir suelta mi camiseta porque no puede tirar con la suficiente fuerza.

-Por favor-insiste mientras salgo de la habitación y lucho con las pocas fuerzas que me quedan para no darme la vuelta y hacer lo que me pide el corazón y él.

Me encantaría poder devolverle todo lo que ha hecho por mi, pero ahora mismo no puedo. Prefiero esto a lo que pueda ocurrir si me pasa de nuevo lo del otro día. Si acepto, podría hacerle daño y es lo último que quiero.

-Hasta mañana-me despido con voz temblorosa y con lágrimas derramándose por mis mejillas. Cierro la puerta tras de mi y echo a correr hacia mi habitación.

Espero que me perdone por no quedarme con él aunque sea lo que más desee en el mundo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *