Capítulo 22 – Descontrol Parte 2

Narra Nadir

Me encuentro ensimismado recordando cada esquina de piel que surqué en la misma ducha que estoy utilizando ahora mismo. Toco la parte de la pared en la que le apoyé con algo de brusquedad, buscando una mayor comodidad con la postura en la que estábamos y así poder soportar, con mayor facilidad, su peso entre mis brazos. Me viene a la cabeza incluso todas las gotas que se precipitaban sobre la cara e ignoraba porque mis ojos estaban fijados en sobre todo su ser y lo demás no tenía importancia.

Por desgracia, hay una palabra que hace que todo esto se desvanezca de mi cabeza: jueves. Hay un par de personas hablando cerca de mí. Esto hace que recuerde otra cosa de casi igual importancia. Me quedan apenas pocas horas para comentarle a Jared mi respuesta sobre su propuesta de seguir con su plan a sabiendas de lo que pueda pasar a Gabriel o negarme y tener una bomba de relojería que no puedo desactivar.

Creo que jamás he tenido que tomar una decisión más dura que la que se me está avecinando. Además, está el plus de que no estoy teniendo en cuenta la opinión de alguien que debería estar al tanto de esto y podría tomar sus propias decisiones. Está la opción de que su decisión no me guste, pero creo que sería un enorme error tener que decidir por él cuando ya no le conozco como lo hice. He sido y estoy siendo muy egoísta y me he centrado solo en mi mismo, en lo que creo y pienso que es lo mejor para poder protegerle pero ¿cómo me sentiría yo si él fuera el que estuviera en mi lugar? Si quiero seguir avanzando, otra vez, en nuestra relación, debo darle el peso que se merece en estas situaciones. Él no es menos que yo.

Es verdad que antes estaba solo, mas ahora ya no. Es así tanto para lo bueno como para lo malo. «Mierda, no me gusta sentirme tan débil» me maldigo puesto que es uno de los sentimientos que más odio, por no decir el que más. Trato de enjabonarme lo más rápido posible, apenas disfrutando del agua caliente. Salgo con paso acelerado hacia mi taquilla, seco todo mi cuerpo sin pudor y un tanto el pelo para que no esté muy húmedo y gotee. Me pongo uno de los uniformes limpios de la pila que hay en la taquilla más cercana, dándole la menor importancia a la talla que me voy a poner por las prisas que llevo. Como era de esperar, la que he cogido no es la adecuada ya que los pantalones me amenazan con caerse de mi fina cintura, pero no me queda tan mal en el conjunto. Me vuelvo a escurrir el pelo antes de salir en dirección a la habitación.

Aún me quedan 15 minutos antes de tener que estar en el comienzo de mi entrenamiento, por lo que si los aprovecho eficientemente, tendré tiempo suficiente como para comentárselo por encima y que él me pueda dar su opinión. Necesito que me diga que es lo que piensa sobre todo esto.

Aprieto el paso hasta el punto de llegar a correr y, al acercarme al pasillo donde se encuentra su habitación, escucho unos murmullos que no me gustan nada. Algo no anda bien puesto que al asomarme por él, puedo ver como un montón de guardias están entrando en su habitación. Mi cuerpo se sigue moviendo solo e intento entrar por todos los medios dentro de la habitación, pero el pecho de alguien evita que lo haga.

–No puedes pasar, por tu propia seguridad–Me dice, o más bien consigo descifrar leyendo sus labios puesto que no puedo escuchar otra cosa que no sean los desgarradores gritos de sufrimiento de Gabriel. Hacen que me estremezcan y que el alma se me caiga al suelo.

Hago caso omiso de su prohibición y me escabullo de su persona con facilidad para lograr verle y ayudarle. Quiero saber qué es lo que le están haciendo estos sádicos. Consigo ver algo de él entre todas las siluetas de los guardias que están encima suya, se encuentra tirando en el suelo y siendo aplastado y aprisionado por todos ellos. Tiene los ojos en blanco y su mandíbula visiblemente tensa, ahí es cuando me doy cuenta de que hay un guardia que le está electrocutando con una porra. Para las alas, hay dos tíos encima de ellas para que no pueda moverlas. Jamás he visto imagen más horrible que la que estoy presenciando en este momento.

–¡Sacad de aquí a este idiota!–escucho a alguien decir a lo lejos mientras todo me da vueltas y la escena se me graba a fuego en mi mente. Otro recuerdo más horrible del monstruo que lleva Gabriel en el interior, uno llamado Luna.

El agujero negro que he sentido esta mañana no es nada en comparación con el que se ha formado ahora mismo en mi pecho. Mi cuerpo se paraliza y, no se si soy yo o mi entorno, pero la habitación comienza a temblar y a iluminarse y difuminarse a la vez que un pitido me ensordece. Lo único de lo que soy capaz de hacer ahora mismo es gritar en mi interior su nombre. De pronto, siento como me jalan del cabello y alguien me hace una llave para inmovilizarme con el fin de sacarme de esta habitación y, en el fondo, se lo agradezco. No soy capaz de seguir en este horror por más tiempo aunque no sea capaz de ver otra cosa que el cuerpo de Gabriel agonizando y retorciéndose. «Tienes que liberarle de su sufrimiento, a toda costa. Esto es culpa tuya» me dice una voz interior y, maldita sea, tiene toda la razón.

No puedo dejar que esto acabe con él, que al final le consuma. Esta poseído por otra persona que no es y, seguramente, el también sienta como extraña. Por fin la imagen comienza a difuminarse y en cuanto recupero la gran mayoría de visión, me vuelvo a zafar del guardia, que no se esperaba este movimiento, y aprovechando también que aún sigo medio mojado, salgo corriendo hacia el despacho de Jared. Porque ya tengo clara mi decisión. No puedo dejar que pase ni un segundo más en ese infierno si puedo hacer algo para ayudarle a salir de allí. Corro tan rápido que apenas llego un minuto después de haber escapado de esa locura.

–Pensaba que se te había olvidado–dice tranquilamente una voz oculta en la oscuridad de la sala en la que acabo de entrar. No sé por qué pero hay algo que me hace pensar que sabe perfectamente qué es lo que acabo de presenciar. También puedo asegurar que está sonriendo de lado a lado, con una sonrisa victoriosa–Y bien, ¿qué has decidido? ¿Os quedáis con nosotros u os vais de luna de miel?–Ahora que mis ojos se han acostumbrado un poco a la penumbra, logro ver su silueta sentada en el mismo lugar en el que estaba el otro día y me está haciendo una señal para que le acompañe a su lado–Toma asiento, vamos.

Mi pecho aún no se ha recuperado por la carrera que he hecho para llegar hasta aquí ni de la ansiedad que ha explotado dentro de mi. Logro sentarme con dignidad enfrente suya y tomo una gran bocanada de aire para normalizar lo máximo posible mi respiración entrecortada y poder hablar con claridad. Ha decir verdad, acabo de cometer el error de dejar que me vea de esta forma, desesperado. Debería haber esperado fuera hasta que me hubiera adecentado y no le habría dado a pensar, de forma tan obvia, todo lo que estoy sintiendo en mi interior. «Deja de mostrarte débil» me castigo.

–Sigo sin poder confiar en vosotros–declaro lo más fríamente que soy capaz. No voy a decirle, al menos ya directamente, que estoy desesperado por conseguir su ayuda. A lo mejor así consigo confundirle un poco si no es tan listo como hace parecer y sacar mejores condiciones que pueda–No creo que esto pueda ser posible hasta que yo no esté al tanto de todo lo que tú sepas y tener acceso a toda la información que sea necesaria. Además, deberás curar a Gabriel–Hago una pequeña pausa para adecentarme el pelo y acomodar mi postura a la silla, utilizando una más relajada–Solo así podré empezar a confiar en vosotros–todo esto se lo digo sin dejar de mirarle fijamente a los ojos, amenazador, esperando alguna respuesta facial.

Sin embargo, mantiene la misma expresión y creo que desde he entrado, no ha apartado la mirada de mi, por lo que entramos en una especie de guerra de mirada para ver quien es el primero que abre la boca para hablar. Espero, aunque no sé por cuanto tiempo porque se está volviendo tan tenso que no sé medir el tiempo, pero cuando siento que él no va a soltar prenda, pues aprovecho para añadir más condiciones.

–Y quiero que Gabriel esté vigilado en todo momento de la misión y que corra los menores riesgos posibles, sin dejar de tomar su medicación durante todos estos días–parece que se ha convertido en una estatua.

–¿Nada más?–Por fin, tras medio minuto de la última vez que abrí la boca, lo hace él. Su impasibilidad me incomoda, es la primera persona que lo consigue a decir verdad. Decido guardar silencio por si en un futuro necesito algo más, que no me diga que es que ya dije que no, y me encojo de hombros– Está bien. Según tengo entendido ahora mismo deberías estar en uno de tus entrenamientos, por lo que cuando termines con él, Petra irá a buscarte y será ella misma la que te informe, ya que es la única otra persona que hay aquí que conoce lo mismo que yo–sin previo aviso me sonríe secamente–Como comprenderás no íbamos a contarte nada hasta que estuviéramos seguros de que estabas en nuestro mismo barco.

–Lo comprendo. Ahora solo espero que de aquí en adelante no haya más secretos entre nosotros–insinúo muy directamente que no quiero mentiras y le devuelvo la sonrisa con la misma gracia.

–Tranquilo Nadir, creo que en ningún momento nos hemos comportado de mala manera con vosotros. Es más, creo que somos los que estamos intentando apaciguar a Gabriel y mantenerle como una persona normal–Se inclina hacia mi y apoya su cabeza entre sus manos entrelazadas–Sin nuestra ayuda, a saber a cuántas personas habría matado ya. Te recomiendo no ser tan desconfiado con quienes te han ofrecido ayuda–y espera mi respuesta ante todo esto. Yo he sigo capaz de no perder los estribos cuando ha nombrado a Gabriel y matar en la misma frase. Decido que solo voy a guardar silencio para que ahora sea él el que tenga que volver a soltar prenda. Ni si quiera la fría gota de agua que me cae del pelo en la espala me consigue inmutar–Llegas tarde a tu entrenamiento, no quiero entretenerte más. Ya hablaremos.

Me despido de él a regañadientes y salgo con toda la tranquilidad del mundo de su rango de visión. «Bueno, no ha ido tan mal. Aún hay tiempo de poner a prueba si de verdad van a cumplir todas las condiciones que les he puesto» me animo para quitarme algo del disgusto que aún sigo acarreando. Solo espero no haberme dejado nada en el tintero. Aprieto un poco el paso para no hacer esperar mucho más al equipo puesto que he perdido bastante tiempo. Supongo que hoy también me tocará quedarme hasta tarde ya que apenas quedan 20 días hasta el Gran Día.

Lo que más deseo ahora mismo es que todo salga bien, o al menos solo para Gabriel. Él se merece salir de todo este lío en el que se ha metido sin quererlo ni beberlo. Todos los demás estamos aquí por algo, por nuestra voluntad, pero la de el se ha visto corrompida y borrada por unos locos que se creen que pueden parecerse a un Dios.

El entrenamiento no va muy bien a pesar de que nos estamos esforzando todos. Es que por mucho que quiera dejar mi mente en blanco y centrarme en lo que debo hacer, no paro de darle vueltas a todas esas cosas que podría haber hecho mucho mejor y así haber evitado llegar hasta aquí, con el agua hasta el cuello. Todas las veces que he metido la pata y hasta el fondo, otras que podría haber pensado mucho mejor como actuar y que solo logro ver con claridad ahora…

Menos mal que no soy de esas personas que se pueden ahogar fácilmente bajo el agua , por que creo que ya me habría pasado algo malo de todas las veces que me he despistado de mi persona física. He llegado a darme un buen golpe en a cabeza con la consiguiente herida que ha estado un buen rato dando el coñazo, pues han tenido que sacarme medio a rastras para curármela porque me había desorientado un poco. Quien me viera y quien me ve, estoy siendo la patosidad en persona.

Pero es que por mucho que me moleste notarme tan inútil en un medio en el que se supone que tengo unas adaptaciones especiales con las que consigo una clara superioridad a una persona normal, no puedo evitar tener a Gabriel en mi cabeza. Ese día en el que estábamos los dos huyendo de los cuerpos de seguridad de Luna por el agua y yo había aprovechado que el necesitaba algo de aire para poder besarle por fin. Supe que algo le había alcanzado en la espalda pero no le di la importancia que se merecía aún a sabiendas de lo que son capaces esos monstruos. Puede que si hubiera actuado a tiempo y hubiera succionado lo que le inyectaron antes de que le llegara a una zona importante, Gabriel jamás habría pasado por aquella agónica transformación que le destrozó casi todo su cuerpo y le dejó marcas para el resto de su vida. Además, lo más importante, y es que así no hubiera sido su marioneta.

O también aquella noche, la cual no paro de recordar en los sueños más dulces que tengo, cuando mi mente me quiere dar un respiro de todo lo que estoy tragando…

–Nadir, ¿estas con nosotros?–comenta Neo, una de los científicos que monitorean mi entrenamiento–Creo que te has dado más fuerte de lo que pensábamos, creo que has tenido una conmoción cerebral. Será mejor que descanses un rato y ya luego vemos qué tal estás.

–Apártate de mi camino, pienso seguir con el entrenamiento–respondo malhumorado haciendo caso omiso de su recomendación y le empujo como advertencia para que me deje pasar–Es algo sin importancia y no voy a parar por ello.

–Te hemos tenido que dar un par de puntos incluso, creo que deberías descansar por hoy. No merece la pena, puede ser contraproducente–Dice otro de ellos.

–Vamos, seguid con lo vuestro­–impero cansado de escucharles y, sin rechistar, hacen los que les he ordenado, aunque tengo la sensación de que lo hacen porque queda poco tiempo o porque tampoco les importo mucho.

Me acerco hacia el borde de la piscina, ejercito la respiración, calmándola, y me concentro solo y exclusivamente en el agua. Ya basta de tener la cabeza en otro lado, así no lograré conseguir nada de lo que soy responsable. Las sombras no deben atormentarme cuando estoy haciendo todo lo que puedo para lograr que estas después se vayan. Llevo las puntas de mis pies al límite del bordillo, tocando con los dedos el agua, y cojo impulso para lanzarme de cabeza a la piscina. Como una bala voy hacia el fondo, ignorando que la brecha me pica y palpita y que mis músculos también se están quejando un poco. Cuando llego abajo, cojo el chaleco que se encuentra casi en el centro y me lo pongo. La finalidad de este es presionarme el tórax como lo haría las decenas de metros de columna de agua que tengo que aguantar cuando deba de nadar en el mar, en un intento aproximado de recrear esas condiciones y poder prepararme.

Realmente el problema no es que aguante mal esa presión, es que aun no he conseguido desarrollar la estrategia adecuada para poder aguantar el tiempo necesario bajo el agua sometido a esa fuerza de compresión sobre mi pecho. Y claro, si no conseguimos alcanzar este objetivo, la misión va a peligrar gravemente. A parte de todo esto, ese chaleco es extremadamente desagradable porque me reduce bastante la movilidad, cosa que no me ocurriría ahí abajo, pero supongo que me dejo aguantar con lo que hay. Me ato bien este, con todos sus correas de seguridad, y les hago la señal de que estoy listo para comenzar la tortura.

Cuando voy notando que la presión va creciendo, voy hacia una parte del fondo en la que se puede seguir bajando unos pocos metros más por un hueco un tanto estrecho.

Para no hacer más esfuerzo, me dejo caer por el peso del chaleco hasta el segundo fondo y me siento en el con los ojos cerrado, pues apenas llega mucha luz. Me centro en las pequeñas perturbaciones que hay, en cómo se mueve mi cuerpo ante ellas y las caricias provenientes de mi largo pelo. Así consigo que el ejercicio sea lo más agradable posible y que el tiempo no pase tan lento.

Como siempre que estoy en estas condiciones, lo primero que vislumbra mi mente es la cabeza cenicienta de Gabriel acompañada con su inocente y pura sonrisa. Hay veces incluso que me lo imagino con otras edades, normalmente con 6-7 años. Como si realmente yo supiera que ese renacuajo fue realmente él en su niñez, tal cual me lo imagino, y eso que jamás lo he podido comprobar. Me lo imagino luego corriendo alegremente por una enorme pradera, a pesar de que tengo la seguridad que eso jamás ha pasado. Daría lo que fuera, todo lo que tengo, por verle algún día de esta forma, con unos años más evidentemente.

La presión se vuelve ya demasiado insoportable.

–AHHHR–Grito con la consiguiente pérdida de la gran mayoría del aire que estaba almacenando. No sé si es que no he aguantado el hecho de que es muy improbable poder verle de esa forma o que de verdad ya no podía aguantar la presión que me estaban ejerciendo. La cosa es que estoy en apuros–Noooo–Me voy a volver loco como siga así.

Soy un desastre, no consigo hacer nada bien desde que llegó a mi vida. ¿Qué es lo que me pasa, maldita sea?

Entonces, me desvanezco.

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