Capítulo 23 – Amenaza Parte 1

Narra Gabriel

La cabeza no para de darme vueltas y no siento mi cuerpo, ninguna parte de él. Es como si me encontrara flotando sobre una nube cómoda y mullida que sostiene mi alma. Los pensamientos que hay en mi cabeza pasan demasiado rápidos como para tener una forma definida y con significado para mi. ¿Estoy perdido? No lo sé, jamás había sentido esto y, a pesar de esta incertidumbre, no siento ni miedo ni agobio. Es extraño, estoy incluso hasta a gusto en este estado, me transmite confianza esta sensación tan reconfortante. Hago un intento por abrir los ojos para saber más de este lugar que me rodea, pero mis párpados apenas duran un segundo abiertos y en ese poco tiempo no he conseguido enfocar nada, ni si quiera he podido vislumbrar sombras, solo claridad. Mucha claridad. Hago un segundo intento tras acumular fuerzas y esta vez consigo que tarden más en cerrarse, mas mis ojos no parecen por la labor de ponerse de acuerdo en centrarse en un solo y único punto, así que lo que solo consigo ver es una luz muy blanca e intensa.

Tengo ganas de saber más, conocer qué es lo que está pasando con mi cuerpo, pero un creciente dolor de cabeza me advierte de que no debería volver a a hacerlo y, sin dudarlo, le hago caso. Quiero seguir mucho más tiempo, todo el posible, en este estado de relajación máxima. El cénit de la tranquilidad. Es tan maravilloso no tener preocupaciones, no tener miedo de perder el control de mi ser y hacer atrocidades hacia las personas que te rodean y se preocupan por ti. No tener esa ansiedad y presión de que sabes mucho más de una persona pero no consigues encontrar ningún retazo en tu cabeza sobre ella. Es horrible saber que hay algo que quiere tomar forma dentro de ti porque alguna vez la ha tenido, pero cuando intentas dársela, se esfuma. Como si no existiera, te abandona. Estoy harto de sentir que el resto del mundo sabe mucho más que yo de mi mismo, soy un completo desconocido para mi. Triste, ¿verdad?

No quiero volver a ese estado de completa incertidumbre en el que me dejo arrastrar por todos los demás, pues si fuera por mi me recluiría en mi habitación dándole vueltas a todo, buscando todos esos recuerdos perdidos. Quiero encontrarme, mas no me dan tiempo para llevarlo a cabo. Sin embargo, no estoy diciendo que todas ellas me molestan por mantenerme tan ocupado. A decir verdad, hay una de ellas que siento que de verdad me está ayudando y logra tranquilizarme en mis peores momentos, no sé cómo lo consigue. Pero es solo una persona entre las decenas que veo todos lo días y me enervan demasiado las demás. Lo más triste de todo es que el tiempo y las palabras que comparto con él son mínimos en comparación con el resto.

Hay muchas veces que me siento una molestia, un inútil, porque no reporto nada bueno a nadie, solo continuos problemas que no puedo ni controlar. Solo espero poder ir encontrándome lo más rápido posible porque, por lo que me han contado, mi antiguo yo era una maravilla de persona. Me pregunto como tiene que ser estar en la piel de alguien así, o sea, sentirse a gusto con uno mismo porque sabes que lo que haces está bien, que eres buena persona.

Ahora escucho voces de fondo, aunque las noto bastante lejanas y apenas consigo diferenciarlas. Vuelvo a hacer otro intento de abrir los ojos y ahora ni si quiera soy capaz de levantarlos. Hay un enorme cansancio que tira de mi hacia los brazos de Morfeo y apenas puedo oponer resistencia. No sé cuánto tiempo pasa hasta que vuelvo a tener consciencia de mi ser. Quien sabe si solo han sido segundos u horas los que no he estado en este mundo. Solo me queda la sensación de que he estado dando un buen viaje por un lugar muy extraño. Lo que me ha traído de vuelta es alguien que me llamaba o tiraba de mi, a pesar de que aún sigo medio dormido y con los ojos cerrados. No sé explicarlo realmente, ha sido algo muy extraño pero mi cuerpo ha respondido por inercia a ello, aunque aún sigo sin sentirlo. Noto como éste me pesa, pero ya está, como si la gravedad tirara de mi hacia un vacío infinito. La verdad es que ahora si que me siento un poco incómodo por el hecho de apenas sentir mi físico, es imposible que los estímulos negativos que siento con asiduidad se hayan ido para siempre. A esto se le suma que no soy capaz ni de mover ni un átomo de mi cuerpo. Soy un peso muerto, ya lo que me faltaba.

En este punto ya no puedo evitar preguntarme qué estará pasando allí fuera. Puede que Nadir esté preocupado por mi, siempre lo está a decir verdad… Pero no sé si después de lo que nos pasó el otro día, cuando le dejé solo cuando me necesitaba y me pedía por favor que no me fuera, seguirá sintiendo lo mismo por mi. Puede que se haya enfadado incluso y, también, cabe la posibilidad de que no haya venido a verme en todo este tiempo que he estado viajando astralmente.

Ojalá pudieras ver las ganas que tenía de quedarme contigo, me costó horrores tener que decirte que no y, encima, haberte dejado en ese estado indefenso y necesitado de calor humano. Pero hay algo que me da tanto miedo que me ganó en ese momento, uno más grande del hecho de que dejes de ayudarme como lo haces y desinteresarte de mi. Me aterra Nadir, incluso solo pensarlo ya me producen unos escalofríos muy desagradables, pero no puedo negar que ahora mismo soy un peligro andante. En mi mente hay algo que está mal y ya no es solo por no recordar cosas de mi pasado. Hay oscuridad y no pienso correr el riesgo de que por mi culpa te pueda pasar algo. Matarte sería como matar una parte de mi porque tu mantienes vivo mi recuerdo, eres la única persona que recuerda como era yo antes. Como es mi verdadero yo.

Crecientemente, en uno de mis cachetes de la cara, aparece un ardor que finaliza con el periodo de insensibilidad tan largo que he tenido. Por fin estoy seguro de que no he abandonado mi cuerpo y, encima, he podido diferenciar de dónde proviene ese escozor. Me aferro a ese calor, no quiero que se vaya pues creo que es mi única salida de esta semiutopía en la que me hallo solo, pero de un segundo a otro se esfuma y yo vuelvo a caer hacia el vacío. No sé qué está ocurriendo ahí fuera pero yo quiero despertarme de una vez por todas.

Narra Nadir

El día de hoy está siendo un completo caos. No consigo pensar en otra cosa que no sea en cómo la cagué la otra noche. No sé en qué momento me pareció buena idea la de haberle puesto en un aprieto de aquella forma cuando ya lo debe estar pasando mal. Me siento muy patético. ¿Será eso lo que le ha llevado a perder el control de nuevo? Solo consigo empeorar las cosas, como siempre. Sin embargo, a pesar de esto, he tenido la suerte de que estos científicos locos están siempre en todo y pusieron un mecanismo de seguridad en el chaleco para que, en casos de emergencia como el de hace unos minutos, se inflara, haciendo que saliera disparado hasta la superficie antes de ahogarme. Menos mal que me proporcionan medicamentos que evitan el síndrome de descompresión, porque era un enorme problema que tenía cuando me adentraba demasiado en las profundidades.

Quien lo iba a decir, yo ahogándome, y de no ser por ellos me hubiera visto en un gran y grave aprieto. He de admitir, por mucho que me cueste, que debí haberles hecho caso, se habían dado cuenta de que traigo unas marcadas ojeras y una postura bastante encorvada. Qué decir, he tenido días mejores.

Ahora mismo estoy en la enfermería con una vía en el brazo en la que gotea un poco de calmante y a Petra en el otro lado dándome una buena charla. Realmente no le estoy ni escuchando, aunque parezca que si lo hago. Solo escucho un murmullo como música de fondo, su tema de conversación no es de mi interés. ¿Qué es lo que me ha pasado? Pues que he practicado una mala respiración junto con que parece que soy un masoquista que le gusta sufrir por dentro y por fuera. Gajes del oficio cuando trabajas bajo el agua y a tanta profundidad, aunque realmente haya sido porque no estoy mentalmente estable, mas ahora mismo otras cosas tienen mucha más prioridad.

–¿Qué tal está?–la interrumpo un tanto molesto ya por escuchar el murmullo de fondo. Ella resopla como respuesta al darse cuenta de que sus esfuerzos por hacerme comprender que es lo más importante ahora mismo no es lo que ocupa mi mente, el bien común que ella llama–Quiero verle–Exijo. Tampoco es que me vaya a quedar más tiempo aquí sin hacer nada después delo que ha pasado esta mañana. Además, tengo que informar a Gabriel de todo lo que está ocurriendo aquí para que no sea el único que no sepa nada y cuando antes mejor. Por él y por mi, porque ya no puedo mantenerlo siempre al margen de todo para intentar protegerle, pero no tiene sentido hacer eso si quiero ayudarle.

–Está sedado–No puedo evitar emitir un gruñido de desagrado–Casi mata a un guardia y un enfermero. No se calmaba de ninguna forma, por lo que tomamos la decisión de sedarlo para evitar daños mayores y el riesgo que supone que se encuentre en ese estado cuando hay gente a su alrededor–explica, a mi parecer, de forma muy fría. Mientras ella estaba distraída hablando, me he quitado disimuladamente la vía del brazo.

–Yo podría haberle calmado si no me hubierais echado–me quejo mientras le miro a los ojos con mi cara más seria.

–O podrías haber muerto–contraataca secamente, eso es un golpe bajo–No podemos correr el riesgo de perderos a ninguno de los dos porque sois demasiado importantes en esta misión como para que alguno de los dos les pase algo malo. Sois de las pocas personas que no podéis ser reemplazadas ni los demás pueden entrenar de la misma forma que vosotros. No sois prescindibles y lo sabes, por lo que no debes temer de que le podamos hacer algo malo–Hace una pausa mediodramática–Ojalá pudieras verlo de la misma forma que lo hacemos nosotros y…–pero su voz se corta y me aparta su mirada–Da igual. Espero que esta tarde te den el visto bueno para volver a los entrenamientos. Aún no has conseguido superar ninguno de los objetivos que se te han puesto–Vuelvo a gruñir–Esta tarde seguiremos hablamos, cuando comiences a centrarte en lo que se te ha encomendado, supongo que tendrás muchas más preguntas que no tengan nada que ver con el chico.

No sé qué le ha pasado, pero creo que se ha propuesto tocarme las narices hoy, al parecer. Espero ansioso a que se vaya de una vez, aunque no sin antes soltarme otro comentario sobre que debería dejarme de tonterías, que me esperaba más maduro. Cuando por fin estoy solo, me quito la horrible bata de enfermo que me han puesto y me pongo la ropa que me han dejado amablemente en la silla más cercana a mi camilla. Con sigilo, salgo de la enfermería y voy hacia la habitación de Gabriel para, por fin, poder tener nuestra charla. Voy a hacer caso omiso a lo que me ha dicho sobre que estaba sedado porque no me fio ni un pelo y no creo que nunca lo haga.

No voy a negar que estoy bastante nervioso y que estos revoloteos en el estómago van creciendo a medida que me acerco a él. No tengo ni idea de cómo se va a tomar ni lo que va a pensar de mi por haber decidido por los dos, por haberle metido en todo esto. Pero tengo bien claro que asumiré toda la culpa que quiera echarme y me haré responsable de ella, pues lo entenderé.

Por fin llego al pasillo donde se encuentra su habitación y veo como una enfermera sale de éste mismo. Con la agilidad y destreza de un felino, hago un rápido movimiento llegando a torsionar mi cuerpo para evitar que ésta me vea y correr el riesgo de que me niegue la entrada. Además, no quiero encontrar más problemas de los que ya tengo. Solo necesito una charla, por fin, con él para poder centrarme en todo lo demás. Lo he retrasado tanto, y ahora me arrepiento, que es que como pase un solo día más, la incertidumbre me engullirá. Le he dado mayor prioridad a nuestros encuentros que van más allá de una simple amistad que a verdaderamente pararme y hablar de manera tendida y profunda sobre el interior de cada uno y qué es lo que piensa de los problemas que nos atormentan. Por qué no he sido capaz de retener mis impulsos, por qué con el no puedo mantenerme en mis cabales.

Afortunadamente, escucho una puerta a lo lejos que se abre y se cierra al poco después. Compruebo que de verdad esa enfermera ha desaparecido del pasillo y me acerco a la puerta de la habitación de Gabriel. Apoyo la oreja en ella para poder escuchar qué es lo que está ocurriendo dentro, para saber si no está solo.

Solo hay silencio.

Abro con extremo cuidado y me meto corriendo dentro de la habitación, cerrando tras de mi con la misma consideración. Esta ha cambiado un poco, Gabriel está tumbado en su cama dormido profundamente. A su lado hay un monitor de sus signos vitales, algunos botes colgando de unas barras de metal que hay en la pared y un par de tubos que van hacia su mano derecha y se unen en el mismo punto que va directo a su vena. No soy el único que está teniendo un día de mierda. Además, tiene una gasa pegada en la cara, por lo que supongo que tiene una herida en ella. Con mucho cuidado y con la mayor ternura que siento hacia su persona para hacerle el menor daño, le acaricio el moflete que no está oculto con el fin de poder llamar su atención y que así se despierte.

Como esto no produce ninguna respuesta en él, hago más evidente la acaricia y la llevo hasta su frente, llegando a hundir mis dedos en su cabellera, mas sigo sin conseguir ningún resultado. “Pues si que le han tenido que drogar” pienso apenado pues no es algo que me agrade. Me muero el labio con impotencia y el pecho me comienza a arder pues si se encuentra en este estado no voy a poder saciar mis ganas de hablar con él. Instintivamente y con una pequeña lágrima cayendo sobre su cara sin querer, llevo mis labios hasta los suyos y le doy un fugaz beso, esos a los que nunca he podido negar que invadieran mi cuerpo para llevarlo a cabo. Aunque ahora no me ha sacia tanto.

Sin embargo, esto sí causa una respuesta en el monitor, donde el pulso pierde el compás por un segundo. El cambio del sonido de fondo me asusta porque siento que tarda demasiado en llegar el pitido de cada latido, llegando a zarandearle del miedo repentino que me ha invadido.

–Gabriel, ¿me escuchas?–le pregunto y miro al monitor por si vuelve a hacer algo extraño–Gabriel, por favor, despierta. Necesito hablar contigo, te necesito–Vuelvo a acariciar su suave y apagada mejilla.

De pronto, algo perturba la tranquilidad, aunque no es exactamente lo que yo hubiera deseado. La puerta se abre y me giro rápidamente, alerta por lo que pueda pasar. Es la misma enfermera de antes, que ha vuelto. Esta no se extraña nada por mi presencia y actúa con toda la normalidad del mundo. Mi cuerpo reacciona entrando en un estado de cabreo que ni yo mismo entiendo por qué he llegado a el y voy hacia ella, con cara agresiva. Ella, por fin, se inmuta de mi presencia y se aparta con miedo de mi, aunque no lo suficiente como para poder chocar mi hombro contra el suyo para dejarle claro que no estoy de humor. Ya que veo que no puedo hablar con Gabriel en este estado, tendré que conseguir que le dejen de suministrar lo que sea que le dan para que vuelva a ser persona.

–Espero que cuando venga esta noche ya no tenga nada inyectado en su cuerpo y que esté en condiciones de poder hablar con él–Susurro amenazante sin girarme hacia ella–En el caso de que esto no ocurra te las verás conmigo–y cierro la puerta con algo de fuerza, porque tampoco le quiero muchas molestias a Gabriel en su estado, solo amedrentar a la chica.

Al dirigirme de nuevo hacia mi zona de entrenamiento, me encuentro a Petra en el pasillo mirándome fijamente, como si me hubiera estado esperando para controlar qué es lo que hago. Yo le devuelvo la mirada.

–Dependes demasiado de ese chico, eso solo te traerá problemas–cojo un buen trago de aire y la ignoro.

Gracias por la opinión que nadie te ha pedido” pienso. Creo que es mejor dejarle con las palabras en la boca y no mostrar más sentimientos a nadie que no merezca la pena. No estoy diciendo que no tenga razón, pero no necesito que nadie esté tras de mi todo el rato. Solo he empezado el día con mal pie y ahora ya tengo claro que debo dejarme de tonterías y centrarme hasta esta noche, donde las palabras que me queman como ácidos por fin podrán ser liberadas y me dejarán de doler. Solo espero poder aguantar la espera e intentar que mi tarde sea lo más entretenida posible para que el tiempo vuele.

Se acabó ser débil.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *