Capítulo 23 – Amenaza Parte 2

Narra nadir

Esta vez el entrenamiento, visto lo visto en los últimos que he realizado, he conseguido ser más productivo. A pesar de que ha sido un tanto más relajado, he sentido que he logrado mucho más que estos días de atrás. Además, el tiempo en el que me han estado dando el sermón sobre cómo he estado de distraído no ha sido muy pesado ni muy largo, por lo que he podido dejarlo atrás para no tener que pensar en ello.

Por otro lado, también hay una buena noticia y es que hoy he estado más cerca que nunca de algunos tiempos que me han marcado como mínimos para que mi vida no corra riesgo a lo largo de la misión. Cosa bastante importante si mi intención es realizarla sólo para poder ayudar a Gabriel a salir del infierno que está viviendo y poder irnos a vivir tranquilos fuera de la influencia de las ciudades acuáticas. Además, si me veo comprometido en algún momento, la misión quedará gravemente trastocada, pudiendo llegar a que no consigan nada. Vamos, entiendo por qué hay tanto esfuerzo y nervios alrededor de mí. Hay veces que me pregunto cómo leches he llegado yo aquí.

En cuanto me dan permiso para irme a descansar, me pongo de nuevo rumbo a la habitación de Gabriel rezando de que por fin esté despierto.

Estoy bastante exhausto y las heridas están un tanto resentidas, pero aun así me queda algo de fuerzas para hacer frente a mi ansiada charla. Además, ahora voy mucho más tranquilo y con la mente organizada. He de admitir que no me ha sentado tan mal el entrenamiento, necesitaba desconectar y librarme de esa ansiedad que me ha estado carcomiendo por tanto tiempo y no me he dado ni cuenta de ella. Solo quiero abrirme a él de una vez por todas, mostrarle ese lado que tanto miedo he tenido de sacar a la luz y así poder sentirme mejor conmigo mismo y no ser juzgado por ello.

Al llegar a su habitación, ésta está tranquila y en penumbra. Doy un par de golpes a la puerta para avisar de que estoy aquí y enciendo la luz para ver cómo se encuentra. Sigue en el mismo estado que el de esta mañana, aunque ya no tiene los goteros ni ninguna vía en su brazo. Veo que me han hecho caso, mas no ha pasado el tiempo suficiente como para que se le pase el sedante. Supongo que me queda esperar a que consiga abrir los ojos.

Me siento a su lado, en el borde de la cama, sin hacer ningún movimiento brusco y descanso un poco el cuerpo. Intento que mi pelo no moje su cama y lo inclino hacia adelante para que todas las gotas caigan al suelo. «Tengo que comer y dormir mejor» pienso para mí mismo cuando me doy cuenta de que no estaría tan agotado si no me hubiera descuidado de esta forma. Ahora que tengo acceso a comida ilimitada, estoy siendo tan imbécil por no aprovecharla que mi yo del pasado se cabrearía mucho. Cuando siento que mi cuerpo se siente menos pesado, vuelvo a acariciarle la mejilla como había hecho esta mañana con el deseo de que así abra los ojos.

«Por favor, no sé por cuánto tiempo más voy a poder seguir manteniéndome cuerdo» le suplico susurrando y le agarro la mano en un intento de transmitirle fuerzas para salir de ese sueño profundo que le han inducido. Sin embargo, sigue sin ocurrir nada, pero cuando me pongo a mirar su cuerpo tumbado de arriba abajo, hay algo que no me cuadra. Es más, me deja enmudecido. Ya no tiene las aparatosas alas tras de sí.

Mi corazón comienza a latir descontroladamente y las manos me tiembla. Tengo ganas de darle la vuelta para saber qué es lo que ha pasado, pero no quiero ser tan intrusivo mientras se encuentra en este estado. Lo único que consigo hacer es sonreír puesto que sé que Gabriel se va a alegrar mucho al ver que ya no posee algo que ha odiado tantísimo. «No te alegres tan rápido» me paro a mí mismo puesto que seguro hay algún truco o pega.

Después de haberme recalcado que éramos tan importantes para ellos y, encima, las alas de Gabriel entran en sus planes, no creo que de una tarde para otra hayan cambiado de opinión y de estrategia. Y, en efecto, cuando inspecciono la espalda con cuidado, metiendo la mano por debajo, noto que al lado de sus omoplatos hay dos protuberancias frías, por lo que supongo que son metálicas, y romas. Justo donde estaban las alas.

Cuando saco la mano, la siento húmeda y, al olerla, puedo distinguir el olor inconfundible de sangre. «Es reciente» vuelvo a decir susurrando. Esto quiere decir que lo que le hayan hecho, ha sido hace poco y no lo han hecho para quitárselas, porque si no no hubieran mantenido nada ahí. Echo un vistazo a la habitación para comprobar si la otra parte está por algún lugar cercano, pero no es así. Aprieto la mano donde tengo agarrada la suya y me muerdo la lengua para no comenzar a despedir improperios como un poseso. Le dejé bien claro a Jared que quería estar al corriente de todo, pero siguen ocultándome cosas como supuse que harían.

–Se las hemos mejorado–escucho como una voz femenina tras de mí me da la explicación a lo que estoy preguntando en mis adentros, de forma muy tranquila. Los pelos se me ponen de punta puesto que ni si quiera la he escuchado entrar. Como siempre, ella sabía que estaría aquí.

–Joder–suspiro con el susto aún en mi cuerpo. Por suerte he controlado el respingo que me ha provocado su inesperada presencia y no se ha notado que me ha asustado–¿No podrías, al menos, haber llamado a la puerta? –digo un tanto molesto–Por qué no se me ha informado de esto

–La puerta estaba abierta­–escucho pasos que se acercan hacia nosotros–Hay una explicación. Llevábamos ya un tiempo pensando en quitarle esas aparatosas alas del medio para que fuera más cómodo y, como esta mañana ha tenido que ser reducido y en el forcejeo una de sus alas ha resultado dañada, hemos tenido que intervenir–hace una pequeña pausa–Por lo que hemos aprovechado para mejorarlas después de que nuestros científicos y médicos hayan estado estudiando la mejor opción para él. Ahora es mucho más discreto, haciendo que su vida cotidiana aquí sea más normal–toma aire y se acerca aún más–Se pensó que era buena idea aprovechar el momento y así no tener que intervenirle dos veces. Ahora se encontrará más liviano, pues supongo que llevar tanto peso muerto todo el rato tras su espalda no debería de ser algo agradable.

–Seguro que ha sido por eso–respondo seguro de lo que digo, pues nunca han hecho nada desinteresadamente, sin que nadie se lo pida–Bueno, ya te puedes ir. Quiero estar a solas con él y estás molestando.

–No venía solo para informarte de esto–Carraspea su garganta. Yo la miro de reojo y noto como afloja la postura, tomando una más relajada de lo normal. Esa típica que tienen las personas con entrenamiento militar–Hay una reunión importante dentro de media hora en el despacho de Jared y necesitamos que todas las personas participantes en la misión asistan–frunzo el ceño y luego vuelvo la mirada a Gabriel haciéndole ver que él no va a poder asistir si sigue en este estado. Luego vuelvo la mirada para hacerle notar que me están tocando las narices–Lo sé, pero tú puedes ir por los dos. No creo que sea capaz de asimilar aún todo lo que va a ocurrir. Sigue perdido y tú eres el único que puede lograr ayudarle con todo esto.

–Ya le tengo que decir demasiadas cosas–respondo sintiendo todo el peso de la responsabilidad que sigue acumulándose sobre mi ser. Echo otro vistazo a la tez pálida de Gabriel y le aprieto de nuevo la mano para que sea ahora él el que me de fuerzas–Estaré allí en media hora pues.

Petra asiente firmemente y su cuerpo se vuelve a tensar. Espero a que se marche para poder seguir con lo que estaba haciendo, aunque dudo mucho que en media hora pueda conseguir hablar con él como pretendo hacerlo. Decido quedarme el tiempo que me queda acariciándole la cara mientras me deleito viéndole con esa tez angelical que me salvó en su día de la muerte. Irónico que ahora se haya convertido, en apariencia, a esa figura sobrenatural en la que ya casi nadie cree.

–Buenos días–susurra Gabriel con la voz carrasposa y mis ojos enfocan su cara después de tanto tiempo teniéndolos perdidos en una neblina.

–¡Gabriel! –digo medio gritando y al ver su cara de incomodidad, bajo el volumen de voz–¿Cómo te encuentras?

–Me duele todo mucho­–me responde con una mueca de la cara y lleva una de sus manos a la mía, la cual acaricia con ternura–Con que eras tú–y me sonríe.

–Sí–digo con un hilo de voz a la vez que mis ojos se llenan de lágrimas, soltando así toda la ansiedad acumulada–Te he echado de menos.

–Tienes que irte, te están esperando–cierra los ojos cansado y hace un ademán de mover su cuerpo, mas un leve gemido indica que no va a poder hacerlo.

–Prefiero estar contigo. Tengo tantas cosas que decirte, por tantas por las que te tengo que pedir perdón, que no puedo irme–»Nadir, contrólate» me advierto. El pecho me está ardiendo.

–Te estaré esperando, no te preocupes–su voz suena profunda y a la vez como el canto de algo puro y lleno de conocimiento–Siempre lo he estado haciendo.

Sus palabras me abruman e, inconscientemente, me acerco a sus labios para poder besarlos antes de hacer lo que me pide. Decido que es mejor que sea uno corto y sin mucho contacto ya que corro el riesgo de no querer separarme de ellos por un buen rato. Al terminar, veo como Gabriel se ha vuelto a sumir en el sueño profundo y su cara se ha relajado. Ahora que caigo, antes me había mostrado una de tristeza muy profunda, como si sus palabras tuvieran mucho más significado del que yo pudiera darles.

–Volveré en cuanto pueda–y pongo rumbo hacia la reunión–Espérame.

Por el camino me encuentro a otras personas que se dirigen al mismo lugar al que voy yo, todas calladas y con cara de preocupación. Esto me hace pensar que ha pasado algo gordo y de ahí que quieran vernos a todos con tanta urgencia. La gente de por aquí no suele actuar de forma tan seria, pero por suerte, hay un par de personas que rompen el silencio entre cuchicheos y me acerco a ellas para conocer de qué de lo que están hablando.

–¿Te has enterado ya? –dice una chica con unas uñas muy largas, su compañera niega con la cabeza y la mira preocupada–Lo van a volver a hacer, pero a una escala todavía mayor que hace quince años. ¡Están malditamente locos!

–¿Qué dices? ¿Se habrán enterado estamos ganando terreno y les habrá entrado el miedo como para volver a intentar borrarnos del mapa? Como si ya no tuviéramos suficiente con vivir entre la basura que ellos han generado–le responde la compañera, a la cual es mucho más alta que ella y sin ningún pelo en la cabeza o indicios de él.

Hago memoria para recordar qué es lo que pasó hace quince años y lo único que encuentro entre mis recuerdos es el horrible caos que tuvimos que vivir por culpa de que los lunáticos, junto con las demás ciudades, soltaron toda su artillería pesada y destruyeran las pocas construcciones que fuimos capaces de hacer con los pocos recursos que nos quedaban. Las limitadas tierras verdes que sobrevivieron o lograron regenerarse tras el gran cataclismo fueron totalmente borradas del mapa, provocando una gran época de hambruna entre las personas que vivíamos fuera del agua. ¿Es que piensan volver a hacérnoslo, quitarnos lo poco que nos queda ya?

Como se nota que para ellos somos escoria que vivimos en la tierra que ellos tanto añoran y que destruyeron por envidia. Nosotros «tuvimos la suerte» de que nos logramos adaptar a la gran radiación que había y a la escasez de todo. Ellos, como huyeron despavoridos a su zona segura, sus cuerpos no son capaces de aguantar la vida terrestre como la conocemos hoy en día. Sobreviven porque están en una burbuja ideal creada para recrear lo que una vez fue la tierra, porque si no, todos ellos ya habrían perecido. A cambio de eso, ellos no adquirieron mutaciones.

Aprieto el paso con una especie de curiosidad y preocupación pues ahora como le explico esto a Gabriel. Si ya le afectó cuando le conté lo que nos hacían cuando intentábamos acercarnos, no sé cómo se puede tomar el hecho de que masacraran a tantos humanos como lo hicieron. Cuando llego a la sala, me encuentro a muchísima gente alrededor de la enorme mesa que hay en el centro de la sala. Todos los asientos están llenos, así que me quedo apoyado en una de las paredes. Solo hay uno de ellos que no está ocupado y supongo que es donde se sentará Jared. Espero poder aguantar de pie el tiempo que dure esto.

La gente no para de seguir llegando y un calor sutil comienza a hacerse presente en todos nosotros. Sin embargo, aunque seamos como unos cincuenta aquí metidos, el ruido es casi nulo. Solo se escuchan respiraciones agitadas y cuchilleos por lo bajo. Todos están expectantes a que el jefe entre en la sala y se pronuncie. Para pasar el tiempo y evitar que me entre más calor, me hago una coleta alta.

Esperamos alrededor de siete minutos hasta que una voz se abre paso entre todos nosotros y se sienta en la silla central vacía y algo más lujosa que las demás. Para mi sorpresa, no es Jared quien lo hace, sino Petra, la cual lleva un uniforme más lustroso y colorido que el que está acostumbrada a llevar. Es casi blanco en su totalidad menos algunas medallas y símbolos en varios colores pegados alrededor de su pecho y lleva el pelo igual de engominado que el de Jared. De pronto, un silencio ensordecedor se hace en toda la sala puesto que la gran mayoría dejamos de respirar para no perdernos nada de lo que tiene que decirnos. Ella apoya su barbilla sobre sus manos entrelazadas antes de comenzar a hablar.

–Sé que la gran mayoría os habéis enterado de que hay un enorme contratiempo con la misión que llevamos tanto tiempo preparando–nos mira a todos en una rápida pasada–Bueno, más que para la misión en sí, para todos los seres vivientes que no tenemos el placer –su cara se vuelve a una de asco y sus ojos se cruzan con los míos. Jamás me la habría imaginado tan formal y seria como se está comportando ahora mismo. No parece ni ella misma. Vuelve la vista al horizonte de cabezas–de vivir en las ciudades acuáticas. Como pasó hace quince años, pretenden lanzar todo el arsenal que han logrado desarrollar este tiempo contra todos nosotros. Y esta vez están mucho mejor preparados–un murmullo entre miedo y asombro ambienta la sala, mas se extingue en menos de 10 segundos para dejarle seguir explicando la situación–Bien es sabido que nosotros no les vamos a dejar que nos sigan pisoteando de esta forma, o me equivoco–un cúmulo de voces enfadadas y orgullosas claman que no es así. A pesar de que estoy con ellos, no quiero gastar mucha energía y me quedo callado mirando sus caras–Sin embargo, antes de comentar lo más importante de esta reunión de emergencia, tengo que daros la mala noticia que Syndy, una acuática que había conseguido infiltrarse para poder ayudarnos, ha perdido la vida por darnos el soplo. Hemos tenido la suerte de que no han logrado descifrar el mensaje, pero sí sabemos que ya no está entre nosotros. Ella es un claro ejemplo de que no todos son nuestros enemigos, sino que hay personas inocentes a las que debemos salvar también de sus garras.

El silencio vuelve a hacerse, pero esta vez en honor a Syndy. Algunos retienen sus lágrimas y otros miran al frente dándole las gracias. Ojalá supiera quien es.

–Pediría un minuto de silencio, pero no podemos perder más el tiempo. Cuando logremos darles su merecido y pararles los pies, ya tendremos tiempo para celebrar o lamentarnos. Hasta entonces, tenemos que seguir luchando–hace una pausa para que los murmullos cesen. Yo me quedo asombrado de la labia que tiene al hablar y de la que nunca me he dado cuenta–Por todo esto y debido que sabemos que el ataque va a ser dentro de ocho días aproximadamente, nos hemos visto obligados adelantar la fecha de la misión a dentro de una semana–El corazón me da un vuelco. Se suponía que nos quedaban como tres semanas aún por delante–Antes no podemos hacerlo porque no está todo preparado–Ahora sí que se está volviendo un caos la sala, al igual que en mi interior– Hasta entonces, todo el mundo tendrá jornada intensiva y, en un par de días, habrá otra reunión para concretar todo lo que os hace falta conocer–la ansiedad vuelve a mi cuerpo y un leve pinchazo en la cabeza me hace desconectar del mundo–¡Espero lo mejor de vosotros porque somos más fuertes que Luna!

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