Capítulo 4 – Noticias inesperadas

Tenemos que hablar

Aquellas palabras se le clavaron en la mente provocándole angustia. Tenía entendido por sus amigos  que cada vez que una chica les decía que tenían que hablar era siempre para algo malo. ¿Pero de qué tenían que hablar? Apenas se dirigían palabras porque Laia siempre pasaba de él. Había veces que la pillaba mirándole mientras comían o en la única clase que tenían en común los dos, pero siempre que él se daba cuenta, ella quitaba la mirada al instante. Luego empezaba a tocarse el mismo mechón de pelo, aquel hermoso pelo rosáceo. Si intentaba llamar la atención, ya lo había conseguido desde la primera vez que la vio por la escuela. ¿Queréis saber cómo fue? Es una historia de amor a primera vista: Seth estaba apartado en un lado del pasillo acompañado de una chica de Fuego mucho mayor que él, la cual se estaba declarando. En ese momento Laia pasó por su lado, con su perfecto uniforme negro pegado a su maravilloso cuerpo y su maravillosa melena rosada ondeando al viento. El pelinegro no pudo evitar clavar la mirada a aquella preciosa chica y salir tras de ella, dejando tirada a la otra chica. Desde ese día no pudo pensar en una chica más que en ella, aunque solo quisiera a las demás para el placer.

Seth se quedó mirando a los penetrantes ojos violetas de la chica, aquellos que hacía aproximadamente una hora habían mostrado preocupación por su persona. Laia cogió su mechón de pelo y, como siempre, empezó a tocarlo compulsivamente. Las ganas de tocar el cabello de la Líder de Tierra aumentaron, parecía un pelo sedoso, suave y agradable al tacto, sin hablar de el posible maravilloso aroma que podía tener. La chica carraspeó la garganta para llamar la atención de éste y sacarle así de su estado de embobamiento.

-Seth, Vicent me lo ha contado todo- y dejó caer la bomba. Seth arrugo su frente y tensó sus labios, volviéndolos más finos de lo que eran. ¿Es que no le había dejado claro que no tenía que contarle lo que había pasado a nadie? Y menos a ella. Seth sentía la necesidad de parecer un chico bueno delante de ésta pero ahora… era todo lo contrario ante los ojos de la chica. Laia al ver la reacción del contrario mordió su labio nerviosa.-¿Es que no tienes vergüenza?-preguntó, aunque sin rastro de ferocidad.-Deberías dejar de hacer estas tonterías de niño chico, estás en noveno año y eres Líder de Fuego-siguió explicando la chica mientras intentaba sonar más dura y ponerle veneno en sus palabras.-¡Tienes que madurar ya!-exclamó.

-¿Qué?-aquello pilló por sorpresa a Seth. ¿Es que ella sabía todo lo que hacía por la escuela? Imposible, había intentado por todos los medios que no fuera así. ¿Y si también conocía a cuantas chicas se había tirado? NO NO NO, no podía ser.-¿A qué viene esto?-preguntó a la defensiva intentando llevar el tema a otro punto el cual no le salpicase tanto.

-A que eres un maldito inmaduro que solo sabe acostarse con chicas cuando siente que las cosas se le van de las manos y tiene que huir de alguna manera. Aunque sea por la vía más fácil- dijo cortante Laia, ahora enfadada. Le había costado admitir el gran defecto que tenía el pelinegro. Las palabras atragantaron a Seth y enmudeció por completo. Sus peores temores se estaban materializando.

-¿Y a ti que te importa?- exclamó después de un tiempo notable, el cual se lo pasó pensando qué decir. Al sentirse atacado, su boca iba sola sin pasar las palabras por su mente para pensarlas antes.Lo único que podía hacer era defenderse con palabras y habla agresivas. En realidad no quería ser así, en el fondo de su corazón solo sentía que debía pedirle perdón e intentar arreglarlo con ella para poder así conseguir lo que más deseaba. Pero cambiar no es fácil, por desgracia. Todo aquello le llevó a comportarse como siempre lo hacía con una chica: intentando de cualquier manera persuadir para que se acostara con él tarde o temprano.-¿Es que quieres algo conmigo?-dijo con un tono de voz más grave mientras se acercaba a ella y la acorralaba contra la pared. Por fin la tenía, por fin podía besarla.

Laia ladeó la cabeza hacia un lado y entrecerró sus ojos. Al mirar la cara de ésta, Seth notó una expresión apenada. ¿Debería seguir? Era lo que siempre había querido. Indeciso, paró su avance hasta quedarse a pocos centímetro de la de ella. ¿Se estaba sintiendo mal? En su cabeza sonaban palabras de negación hacia lo que estaba haciendo. Al final era verdad que tenía conciencia.

-No quiero nada con alguien que pretende conseguir todo por su apariencia- confesó. Aquel comentario se clavó en el corazón del contrario como una flecha. Avergonzado le abrió el paso para que pudiera salir de su acorralamiento. La chica se alejó de él y antes de irse, se despidió con voz apenada-Adiós Seth, realmente espero que cambies.

Era un ver y no creer. Seth estaba retrocediendo ante una chica que le gustaba. Se sentía mal por lo que había intentado hacer. Cabezudamente se recordó que él no se iba a atar hacia ninguna chica ya que pensaba que era una persona libre de hacer lo que quisiera y cuando quisiera. Esperó a que la silueta de la chica desapareciera de su vista y siguió su camino hacia las habitaciones de Fuego. Menos mal que no estaba el castaño, hubiera sido ya el colmo para él.

En cuanto llegó a su cuarto, se quitó toda la ropa y se metió dentro de la cama. Era la primera vez en su vida que se acostaba tan temprano y sin cenar. Necesitaba hablar con la almohada muy seriamente.

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Al día siguiente se levantó, como era de esperar, más temprano que de costumbre por culpa de los remordimientos que le atormentaban, dándole tiempo para asearse antes de tener que ir a desayunar. Poco antes de meterse dentro de la ducha echó tiempo para desinfectarse las heridas y volvérselas a tapar con lo poco que quedaba ya en su botiquín, tenía que renovarlo ya. Alrededor de ellas se le habían formado unas costras muy duras, de color marrón oscuro. Hizo un par de movimientos con el tronco para saber si le iba a dar problemas hoy también, pero parecía todo normal dentro de movimientos no muy bruscos. Lavó su cuerpo lo más rápido que pudo y se vistió. Normalmente en ese punto, hubiera salido al gran salón de Fuego a hablar con sus amigos para enterarse de las nuevas noticias, pero estaba demasiado cansado psicológicamente aunque acabara de levantarse.

No había podido quitarse la conversación con Laia de la mente en toda la noche y por culpa de ello, las pesadillas le habían vuelto a atormentar. ¿Qué le estaba pasando? Había estado viviendo cómo lo hace ahora durante más de 8 años, ¿por qué le estaba molestado ahora ser así? ¿Era porque se lo había dicho ella? Arg, era demasiado difícil sacar conclusiones si Seth no tenía ni idea de cómo tratar verdaderamente a las personas. Al final mandó todo al cuerno y fue hacia el gran salón para pensar en otras cosas, encontrándose delante de su puerta a una chica, que por sus rasgos, podría identificarse como alguien de Tierra. Ella sonrió en cuanto Seth le miró de arriba abajo, no estaba para nada mal: pelo largo rizado de color rojo llamativo, curvas en las que podía perder su mirada y salirse de ellas si las miraba muy rápido y unos labios carnosos muy apetecibles.

-¿Qué hace una flor como tú perdida por Fuego?-preguntó más formalmente de como le hubiera hablado a alguien normal. Si el pelo de Laia ya era llamativo por ser rosa, un color no muy común entre los de Tierra a ser raro pero muy codiciado, el rojo que tenía aquella chica no se quedaba atrás de lo intenso que era. La chica rió ante el comentario de Seth tímidamente, tapándose la boca. Empezábamos mal, una acción más como esa y la metería dentro de su cama ya.

-¿Es que no me vas a invitar a pasar?-cuestionó la pelirroja. Ahora que se fijaba, tenía la cara llena de pecas, amontonándose la gran mayoría en su nariz. Luego de eso pasó una de sus manos por su cabello y lo echó hacia un lado, dejándole una de sus pequeñas orejas y el cuello al descubierto. Ya está, lo había conseguido. Una cara mona le podía demasiado.

-Queda pues invitada a mi habitación, señorita-dijo mientras con un gesto cortés la invitó a pasar dentro. Luego cerró la puerta mirando antes hacia ambos lados, buscando la mirada de algún cotilla que se hubiera percatado de su inesperada invitada.

Os podréis imaginar para qué fue esa chica la habitación de Seth. Éste se había comido tanto la cabeza por la noche que necesitaba quitar todas las cosas de su mente y descansar de remordimientos, siendo esa era la mejor opción que conocía para poder llegar a algo de paz mental. La chica, al principio tímida, pero más tarde una fiera en la cama, llegó a llevar durante un tiempo las riendas en la cama. El pelinegro estaba disfrutando de unas de las mejores sesiones de sexo que jamás había probado en toda su corta vida sexual, todo esto gracias a la palpable experiencia de la chica de Tierra. Se quedaron en la cama hasta el final de la mañana, la última hora de clase matinal se acercaba inminente y Seth aun no había asistido a ninguna lección.

-Seth, ¿puedo darte un regalo antes de irme?-pidió la chica. Éste aceptó con un movimiento de cabeza, asintiendo lentamente extrañado por esa extraña petición. Si hubiera esperado un poco más ya la hubiera echado de su habitación amablemente para que le dejara solo.

La chica se sentó encima de la barriga desnuda del pelinegro, el cual estaba tumbado en la cama desnudo, y empezó a arañarle sus pectorales. Éste sonrió lascivamente. Luego bajó hasta sus genitales y se echó la manta por encima para que no viera nada. A Seth no le quedó otro remedio que acomodarse, echando la cabeza hasta atrás hasta apoyarla sobre la pared y agarrando el cuello con sus dos manos, eso daba para rato. Notó varios roces con algo suave, aunque no podía determinar qué era, y luego como ésta le agarraba el miembro con una mano, el cual estaba creciendo desconsoladamente por la excitación de saber que alguien estaba jugando con su pequeña llama. Más tarde sus dientes se clavaron a la mitad de su miembro, mordiéndole con fuerza, lo que le provocó la salida de un gemido de su boca.

-¡Vamos!-imperó desesperado por sentir más placer y cuando la chica había terminado de morderle, le agarró de la nuca por los pelos y se la acercó hacia su pene. Ésta, cohibida por la acción del contrario, lamió la punta lentamente llenándola de babas.

Después la chica se metió parte de su miembro en la boca y empezó a moverla arriba y a bajo, complementando con movimientos de lengua que rozaban la ardiente piel de Seth. A veces paraba y daba un gran lametón de abajo-arriba, pero luego seguía. El contrario, con su mano aun en la nuca de la chica, le guiaba con el ritmo apropiado. Aunque después de un largo tiempo, segundos para el pelinegro, la chica paró. Se escuchó como chupaba algo, pero no sabía lo que era.

-¿Qué haces? Sigue-mandó de nuevo sobre ella. Ésta le hizo caso y siguió pero añadió algo más: penetro con un dedo el culo de Seth.-UHHHM-gimió. No se esperaba para nada que ella le hiciera eso. La chica hincó más el dedo, llegándolo a meter entero.

Seth volvió a gemir, esta vez más intensamente. El placer iba aumentando a medida que la chica combinaba ambos movimientos: los de cabeza y los de muñeca. Todo iba tan rápido, aquello no parecía ser real de lo que estaba sintiendo en tan poco tiempo. Su respiración cesó hasta que alcanzó el punto de no retorno. La chica, instintivamente, se dio cuenta de dónde había llegado, sacó el dedo rápidamente y mordió el pene de este con fuerza haciéndole llegar en su boca.

-¡Seth! Tienes que levantarte ya, se va a terminar el horario de com…-dijo Laia entrando por la puerta de éste como Pedro por su casa. Se quedó plantada al final del pasillo, donde se podía ver la cama y le miró asustada reprimiendo un grito.

El pelinegro la miró pero los ojos se le iban hacia el techo y sentía la necesidad de gritar mientras se corría dentro de la boca de la chica, la cual aun no se había dado cuenta de que había alguien más en la habitación. Echó un gran gritó gutural de su boca incontrolable. Después de que acabaran los mejores segundos de su historia, se enderezó y pellizcó a la chica para que saliera de donde estaba. Ésta, con una queja, salió entre las sábanas y se quedó boquiabierta ante la mirada de su Líder.

-Ho..Hola Laia, que sorpresa verte aquí- dijo. Cogió toda su ropa mientras se tapaba con las sábanas y salió disparada hacia el cuarto de baño, donde se encerró. Laia se quedó mirando a la chica hasta que la perdió de vista, enfadada y Seth sabía muy bien por qué estaba así. Seguro que le iba a soltar de nuevo la charla de que no paraba de tirarse a chicas y que tenía que madurar y bla bla bla bla. Lo que pasaba es que ella necesitaba un buen polvo.

-No es… lo que parece-dijo en tono interrogativo. Una mentira tan obvia no podía decirla seriamente. Aquel comentario provocó que la Líder de Tierra apretara más el ceño, el cual estaba lleno de arrugas.

-!No me jodas, entonces dime qué es lo que era en realidad¡-gritó furiosa mientras hacía movimientos con los brazo exageradamente. La había visto enfadada, pero nunca había llegado a ese punto. La había cagado pero bien.

-Me estaba…haciendo un regalo- contestó y esta vez no mentía. La chica misma había dicho que lo era. Acto seguido Laia se le acercó y le propinó un guantazo que le dobló la cara de la fuerza que llevaba. Con la mirada perdida y la cara sin sensibilidad, un sollozo empezó a salir de la garganta de la chica, estaba llorando.-¿Laia? No llores, joder- y la miró. Aquellos ojos que tanto amaba mirar estaban empapados de lágrimas amargas que caían por su rostro formando ríos por sus rechonchas mejillas. ¿Esto era real o es que hoy no se había levantado aun de la cama? Tenía que estar soñando.- ¿Por qué lloras?-preguntó e intentó acariciar la cara de Laia con su mano, para limpiarle las lágrimas.

-¿¡Es que no te das cuenta!? Me gustas- gritó mientras abofeteó esta vez su mano. Le estaba dejando flipado. ¿De verdad estaba llorando por él? La chica hizo un ademán de decir algo más pero salió corriendo de su habitación, cerrando la puerta estrepitosamente tras de ella. Seth se lo merecía.

Aquello lo dejó con un sabor ácido en la boca y con la cara dolorida. ¿Es que no había aprendido nada aquella noche sobre todo los remordimientos que sentía? Solo a él se le ocurría la maravillosa idea de invitar a una completa desconocida a su cama para luego follársela. A veces se quedaba asombrado por la completa estupidez que emanaba de su persona. Echó a la chica en cuanto salió del cuarto de baño y se quedó solo en la habitación recapacitando de todos sus errores. Debía cambiar, hacerlo por Laia. No podía verla llorar de nuevo, le había impactado mucho, aunque en su mente aquella imagen no se iba ni por las malas. Debía hablar con ella esa noche, necesitaba pedirle perdón después de todo. Nunca había pensado que le pudiera importar de aquella manera, si, esa en la que siempre quería que fuera pero nunca se había dado cuenta de que existía.

Seth decidió, después de darle muchas vueltas, ir a las clases de por la tarde. Estuvo más atento que nunca, cosa que asombró a los profesores, quedando encantados con su repentino cambio. Después de terminar las horas lectivas, se dirigió hacia el comedor para cenar. No había comido en todo el día y estaba muerto de hambre.

-¿Te has enterado? Hoy han visto a Laia llorando por los pasillos mientras salía del Gran salón de Fuego-escuchó comentar una chica con su amiga, las cuales estaban delante suya en la cola para coger la comida.-Seguro que ha sido porque Seth le ha rechazado. Se veía a leguas que a ella le gustaba mucho- dijo la amiga de ésta. Siguió escuchando la conversación hasta que dejaron de hablar del tema que le había llamado la atención. Era el único tonto que no se había dado cuenta de que Laia estaba colada por él.

 Nat y Pit también le comentaron algo sobre la Líder de Tierra, aunque ninguno llegaba a la verdad de todo aquello ni por asomo. Menos mal, hubiera sido demasiado humillante para Laia. Al no parar de escuchar comentarios, todo sobre lo mismo, sus ganas de pedirle perdón y que ella le perdonara, aumentaba por segundos, creando una sensación insoportable dentro de su pecho. Si escuchaba algún comentario más de alguien hablando mal de ella le iba a partir la cara… y así lo hizo. Al volver a su gran salón, escuchó como alguien se reía de ella y la llamaba con un adjetivo denigrante, cosa que llenó de rabia cada rincón de su cuerpo. Agarró a esa persona por el cuello de la camisa, le estampó contra la pared violentamente y cogió inercia con el otro puño para estampárselo en la cara. El puño iba cogiendo velocidad hacia la cara del chico, el cual pedía piedad medio llorando, hasta que explotó en uno de sus pómulos. Dejó caer al chico y meneó en el aire su mano dolorida. Un silencio sepulcral se había formado en todo el pasillo y todos le estaban mirando petrificados. Había perdido el control de su ira.

“Mierda, tengo que salir de aquí” susurró y desapareció. Encerrado en su habitación, Seth estaba esperando que cualquier ruido cesara para poder visitar a Laia y pedirle perdón. Su mano derecha, con la que había pegado aquel puñetazo, tenía los nudillos centrales morados. Le había dado con demasiada fuerza, eso le costaría claro cuando se enteraran los magos. Pasadas las 12 de la noche dejó de escuchar ruidos en el gran salón y confirmó con un breve vistazo, que ya todo el mundo se había ido a dormir. Éste haciendo el mínimo ruido, se dirigió hacia las habitaciones de Tierra. Al llegar al gran salón de éstos, se quedó pasmado de lo diferente que era al suyo ya que era la primera vez que podía verlo bien, sin personas en medio. No tenían mesas de billar ni de pin pong, tampoco grandes sofás en los que poder quedarse relajado mientras hacías tonterías con tus amigos. Todo era más formal. Las mesas eran pequeñas y las sillas de metal y madera. Lo único recreativo que podía ver era alguna mesa de ajedrez. Eso dejaba claro los diferentes gustos que tenía cada elemento. Al llegar a la puerta con la fachada más llamativa, llamó con la mano buena.

-Laia soy yo, Seth, ábreme-dijo en voz baja. Unos pasos se acercaron hacia la puerta, pero esta no se abrió.-Abre, que soy yo- repitió de nuevo hablando bajo. Escuchó un golpe sordo en la puerta y algo que la arañaba. Llamó de nuevo, pero siguió sin obtener respuesta alguna. Llevó una de sus manos a la cabeza y se agarró de los pelos. ¿Es que estaba jugando con él? No estaba para bromas. Pegó la oreja a la puerta y puso atención a todos los sonidos. Notaba la respiración de Laia al otro lado de la puerta, aunque se entrecortaba a veces.-Laia lo siento y esta vez no lo digo por decir, lo siento de verdad- se disculpó, aunque no fue suficiente para la chica.-¿Sabes qué? Te lo demostraré-dijo convencido de que podía hacerlo. Después de esperar unos segundos para ver si había respuesta por parte de la chica, cosa que no pasó, volvió a su habitación. Mañana tendría tiempo para empezar.

Al final se quedó toda la noche pensando qué era lo que podía hacer para conseguir su perdón. Perdió la cuenta de ideas descabelladas que se le venían la mente, pero aun no había encontrado ninguna que valiera la pena. Le dio vueltas al asunto hasta que cayó dormido en un profundo sueño.

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Un revuelto de gritos y aporreos levantó a Seth. ¿Es que no sabían dejar dormir? Escuchó la voz de sus dos amigos, los cuales gritaban su nombre a pleno pulmón. Cabreado se dirigió hacia la puerta y la abrió de sopetón, haciendo caer a Nat y Pit a sus pies por estar apoyados en ella. Éstos rápidamente se pusieron en pie. Estaban saltando de nervios.

-¿Qué es lo que pasa chicos?-preguntó serio. Odiaba que le levantaran así, bueno, odiaba levantarse. La cabeza le dolía de lo poco que había dormido en toda la noche y le escocían los ojos.

-Tío que la prueba del nuevo se va a celebrar ya y las clases matinales han sido suspendidas gracias a eso- expulsó de golpe Nat muy nervioso.-Nos han llamado a todos para que asistamos, como solemos hacer con los nuevos que tienen que hacerla todos los años- complementó Pit.-No nos lo podemos perder, seguro que le toca ser uno más de los tontos de agua o de aire- terminó por decir Nat, el cual hizo un gesto de asco con la cara al nombrar a los dos elementos.

¡Es verdad! Lo había olvidado por completo, hoy era la prueba que decidiría a qué elemento pertenece Vicent. Con tanto comedero de cabeza con el tema de Laia, había olvidado el odio que sentía hacia el castaño. Se vistió a toda prisa y salió con sus amigos, directo hacia el salón de actos, el cual era el único sitio que estaba equipado para hacer la prueba. Parece una tontería, pero para poder realizarla correctamente debe haber cuatro salas enormes en las cuales domina un elemento en cada una de ellas . En cuanto llegaron, cogieron uno de los asientos centrales y se sentaron a la espera de que terminaran de llegar la mayoría de alumnos, habían venido demasiado temprano. El estómago de Seth se quejó, no había desayunado nada aun.

-Toma, sabía que lo ibas a necesitar- dijo Pit mientras le pasaba por debajo de las piernas una magdalena. Éste le sonrió de vuelta. Éste siempre le sacaba de buenos apuros siempre que podía.

La sala no tardó mucho en llenarse, quedándose algunos alumnos de pie por los pasillos. Al parecer había provocado tanta curiosidad que la expectación era más de la que se esperaba todos los años. El escenario estaba tapado por una enorme cortina púrpura y solo se podía ver algunas sobras que se movían por detrás de ella sin parar. Buscó con la mirada a Laia, pero no la encontró entre tanta gente, necesitaba verla, poder contemplar su belleza. Después de que todo se calmara, los cuatros magos hicieron presencia en la pequeña parte del escenario que quedaba sin esconder tras las enormes cortinas. Ésta vez fue el Líder del Agua en hablar, el cual recibió burlas y abucheos por parte de Fuego, Nat y Pit incluidos. Seth no se sentía con ganas de hacer esas tonterías ahora.

-Queridos alumnos, como ya sabéis habéis sido convocados aquí para poder ser parte de la prueba de vuestro nuevo compañero Vicent. Queríamos que fuera de la misma manera que todos vosotros lo hacéis cada año- dijo y dio paso al Mago de Fuego.

-Muchas gracias por haber acudido. Ahora procederemos a realizar la prueba- y cuando terminó de hablar, el telón se abrió dejando al descubierto las cuatro grandes salas de cristal. Éstas salas estaban capacitadas con magia de cada elemento para responder hacia la gente que le pertenecía.

La de Agua era la primera siempre. Al ser la sala de cristal, se podía ver como estaba llena de agua hasta una cierta altura, la cual tenía que subir el estudiante, y un pequeño apoyo justo después de la puerta, para no tener que mojarse. Si el alumno pertenecía a ese elemento, el agua empezaba a batir con fuerza hasta empapar al estudiante, cosa que siempre les hacía gracia a los de Fuego.La de Fuego, que era la segunda, estaba llena de madera en llamas menos un pequeño espacio, el de la entrada. Si el estudiante pertenecía a éste, las llamas le rodeaban todo el cuerpo, quemando ligeramente la ropa. Normalmente era algo que todo el mundo quería ver solo para ya imagináis qué.La de Tierra estaba totalmente cubierto el suelo de tierra y unas plantas enormes se alzaban hasta el techo de la sala. Si el alumno pertenecía a éste la tierra rodeaba parte de sus piernas mientras que las grandes hojas del árbol le abrazaban la parte más superior.La de Aire, la última, era la que no tenía nada material, solo unos poros enormes en el cristal para que pudiera entrar el viento. Si el estudiante pertenecía a éste, un pequeño remolino se formaba dentro.

-Vicent, acércate-dijo el mago de Aire ésta vez. Hizo un pequeño gesto con la mano, la cual estaba tendida hacia uno de los lados del escenario. Después Vicent salió tímidamente y le agarró de la mano. “Ahí estás maldito” pensó Seth.-Comencemos pues.

El mago de Aire llevo lentamente a éste hacia la primera sala, la del Agua. Le ayudó a posar sus manos en las escaleras y luego el castaño subió lentamente hasta llegar a la entrada. Se le notaba muy nervioso, sus manos y hombros temblaban frenéticamente. Los de Fuego, al ver que tardaba mucho, empezaron a abuchear y a llamarle “miedica” por haber entrado ya. El mago de Aire mandó a callar arrojándonos una brisa a todos los de Fuego, que estaban sentados en la misma zona. Vicent, después de pensárselo demasiado, entró en la primera sala, la cual no reaccionó. “Entonces seguro que es de Aire” pensó Seth para sus adentros, lo daba ya por sentado. Vicent salió y bajó, cogiendo de nuevo la mano del mago de Aire. Éste le llevó ahora hacia la sala de Fuego. Tardo de nuevo en decidirse entrar a la segunda sala.

Vicent fue engullido por un mar de llamas en cuanto puso un pie dentro de la sala, quemándole parte de la ropa. Esto dejó atónito a más de uno, inclusive Seth, el cual no creía lo que veían sus ojos.

Vicent era de Fuego.

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