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Capítulo 8 – El dolor que produce la ignorancia

Habían pasado ya 3 días desde que la prueba comenzó y aun nadie, a parte del pequeño grupo que se había formado entre los dos equipos que habían “chocado por accidente”, había dado señales de vida. Estaban solos pero no indefensos. Tara había organizado todo a la perfección: una especie de cueva a modo de refugio, grupos de expedición para encontrar a más equipos a parte de ellos y otros grupos para encontrar agua, comida y otras cosas con utilidad. De momento todo estaba calmado. Algunos de ellos habían tenido ataques de ansiedad por encontrarse en una situación mucho más diferente y difícil de lo que habían imaginado. Por suerte tenían a casi los mejores de cada elementos para hacer su pequeña pesadilla más fácil.

Por la noche de aquel día hicieron una hoguera más grande de lo normal a la entrada del refugio. Sabían perfectamente que aquello llamaría mucho la atención a las criaturas del bosque, pero así también tendrían más posibilidades que los equipos que pasaran por los alrededores de verles. Eran bastantes por lo que no tendrían problemas con la mayoría de criaturas que se asomaran a aquella hora. Estaban todos alrededor del fuego formando una especie de círculo. Seth y Laia estaban juntos al lado de Tara y Garret. No había persona o cosa que los separara, estaban más unidos que nunca. En cambio Vicent estaba en frente de ellos mirándoles con recelo porque estaba entre completos desconocidos. Aunque mirara a aquellos cuatro, su vista siempre se centraba en Seth. Le estaba obsesionando. Por las noches había tenido sueños extraños y algo salidos de tono con el Líder de Fuego. Le deseaba con todo su ser pero éste solo le hablaba cuando tenía que hacerlo. Sentía como una conexión muy fuerte le estaba uniendo a aquella persona que no le veía de la misma forma y le hacía sufrir. Encima se le estaba juntando con su reciente separación que había sufrido de sus padres, los que siempre había confiado para protegerle y le habían dado la patada en el peor momento. A veces, cuando salía con un grupo para encontrar provisiones, se alejaba de sus compañeros y se sentaba bajo un árbol para llorar. Las imágenes de algunas personas trajeadas con uniformes militares irrumpiendo en su casa como si fueran terroristas buscándole a él y las de Seth siendo feliz con Laia, le estaban volviendo loco. Estaban consumiendo su alma lenta y dolorosamente y le quedaba poca ya de ella.

Al finalizar la noche, cuando estaban recogiendo y apagando un trozo de la hoguera para hacerla menor, la idea de ir por su cuenta se estaba haciendo cada vez más fuerte. Desde su punto de vista, él era el único que no cuadraba allí. Todos se conocían y él era un completo extraño con el que nadie parecía confiar. Aunque no les culpaba, ni él mismo sabía si podía confiar en su persona. Vicent se tumbó en el suelo haciéndose el dormido. Después de esperar a que la última persona se tumbara para dormir y un tiempo extra para asegurarse de que estaba en el mundo de los sueños, se levantó con mucho cuidado y, sin hacer ruido, se adentró en la arboleda con lo puesto. Ya se las arreglaría solo cuando necesitara algo, ahora lo importante era salir de allí sin ser visto. Todo iba bien, ya se había alejado unos 5 metros del pequeño campamento y nadie le había pillado. Apretó el paso ya que ahora el ruido no era un problema y empezó a trazar un plan para organizarse. Ahora estaba él solo contra el mundo, otra vez.

Vicent, pensando aun en lo que hacer, no se dio cuenta de que a pocos metros de él había una llama que se acercaba a él. No se percató del inminente peligro hasta que la llama no estaba a pocos pasos de él. Flexionó las rodillas para intentar esconderse pero ya era tarde, le habían visto. Escuchaba como las pisadas se acercaban a él rápidamente pero antes de que pudiera hacer nada alguien le tapó la boca y tiró de su cuerpo hacia uno de los lados por donde procedían las pisadas, alejándose de ellas silenciosamente. Solo podía ver la mano de la persona que le había sorprendido por la espalda y no le sonaba para nada. Apenas podía respirar entre el gran esfuerzo que estaban haciendo por alejarse de las pisadas y del susto que había tomado su cuerpo. Estuvieron alejándose unos 5 minutos y fue entonces cuando le soltó. Vicent cayo al suelo agotado y se dio la vuelta como pudo para ver quien era. Su mirada encontró a Seth mirándole a pocos centímetros de él. ¿Qué estaba haciendo allí? Había visto perfectamente como se había ido a dormir con Laia después de haber empequeñecido la llama de la hoguera. Pero al perecer se había equivocado, él estaba allí mirándole con el ceño fruncido y los labios apretados. Estaba enfadado, muy enfadado. El moreno se dejo caer al suelo aliviado, exhalando una gran cantidad de aire y mirando a la copa del árbol que estaba encima de ellos. Su plan había fracasado completamente pero al menos no había peligro. Seth le había vuelto a salvar, ya le debía demasiadas.

-¿Se puede saber qué estabas haciendo?-preguntó cabreado Seth mientras su ceño se fruncía cada vez más y apretaba sus puños para evitar soltar una guantada al menor. Aunque supiera perfectamente qué era lo que estaba haciendo, quería escucharlo de Vicent. Quería creer que no era real.-Respóndeme-ordenó al ver que no obtenía respuesta alguna. A cada segundo que pasaba sentía más ganas de golpearle.

-Nada, solo estaba dando un paseo-mintió el menor mientras desviaba su mirada hacia la derecha. No podía mentir y mirarle a la cara a la vez. Pero en cuanto terminó de hablar Seth le agarró del brazo y lo apretó con fuerza a modo de aviso para que le dijera la verdad.-Vale, pero suéltame que me haces daño-dijo y en cuanto el agarre cesó, se llevó una mano hacia el dolor. Le había cogido realmente fuerte. Luego tragó saliva y se dispuso a hablar con voz temblorosa-Quería irme. Sabes que yo no pinto nada aquí, soy el único que no encaja en este grupo.

-¿Pero qué cojo…-gritó Seth pero al darse cuenta de la intensidad de su voz la bajó automáticamente. Pero no pudo parar sus impulsos más y agarró el cabello del moreno con una mano y la apretó con furia.-Te juro que si te hubieras llegado a ir te hubiera matado-dijo sin piedad. La ira le estaba dominando y sentía unas ganas terribles de hacer daño a Vicent, pero no podía, una voz interna en su cabeza no le dejaba hacer aquello o no de aquella forma. Se debía controlar como fuera o iban a terminar muy mal.

La disculpa que salió de los temblorosos labios de Vicent no fue suficiente para calmar la ira, la furia, las ansias de hacer daño o recibirlo. Cada vez que recordaba que había intentado largarse después de todo lo que había hecho por él los días anteriores, ya sea por defenderle o por ayudarle a que se integrara en el grupo, su mente perdía un punto más de autocontrol. ¿Qué más debía hacer? ¿Acompañarle a todos lados para que no se marginara como siempre hacía?

-Te hubiera cortado cada uno de tus miembros y te hubiera arrancado la cabeza.-hizo una pausa para crujirse el cuello, pero justo en ese momento su nariz captó su peor pesadilla. Otra vez aquel olor, otra vez el olor de Vicent estaba llenando su mente de locuras.-Menos mal que te he pillado antes, pero aun así no te vas a salvar de un castigo- y el autocontrol se fue. A medida que iban saliendo las palabras por su boca el perdía el control sobre ellas, estaba diciendo cosas que no pasaban por su mente.

Vicent abrió los ojos exageradamente, asustado por las palabras del mayor. Había deseado que éste se centrara más en el y que estuviera más cerca, pero no de aquella manera. La mano de Seth apretaba cada vez más su pelo, tirando de su cabeza hacia un lado. Las piernas le empezaron a temblar y cerró los ojos avergonzados por la situación. Pero para el mayor ya era demasiado tarde para dar marcha atrás, el olor le había atrapado completamente y a eso se le unían las terribles ganas de sentir placer porque hacía bastantes días que no había sentido aquel ansiado calor, aunque fuera con un hombre. Aquel hecho había salido de su cabeza en cuanto sus sensores del olfato fueron bañados por aquel sabroso olor que fabricaba el cuerpo del menor. “Eres mi maldita perdición” susurro en su loca y propia mente.

Sin soltar el pelo castaño y con la otra mano, empezó a subir su camiseta. No se diferenciaba tanto que cuando lo hacía con una mujer. Solo debía estimularle en los sitios indicados y suponía que algunos de ellos podían coincidir. Con la mano libre rozó uno de los pezones del menor para ver si respondían al estímulo y así fue. El menor dejó escapar un pequeño gemido unido a un respingo. Después, en vez de solo rozarlo, lo apretó con sus dedos y otro respingo movió el cuerpo de Vicent aunque esta vez aguanto el sonido. Tentado por provocar más movimientos, llevó su boca al otro pezón y esta vez lo lamió y luego lo mordió. Aquello hizo que el moreno se retorciera por una especie de placer y confusión por lo que sentía con aquellos actos. La respiración de ambos era más caliente de lo normal a la vez que rápida. Seth, con poca sangre en la cabeza por la gran acumulación de ella en la entrepierna, se dejó llevar y subió lentamente por el pecho, cuello y cara del moreno hasta llegar a la boca de éste. Antes de juntar sus labios por segunda vez en su vida, el mayor echó un vistazo a los ojos pardo-rojizos de Vicent para notar, aun siendo en pequeña cantidad, el miedo del contrario.

Entonces sus labios se unieron. Al principio ninguno de los dos los movía pero a medida que pasaba el tiempo Seth empezó a moverlos y a meter su lengua dentro de la boca del menor dominante, mezclando sus salivas. Había veces que le mordía la lengua al moreno, el cual gemía por el dolor que le producía. Al final Vicent acabó también por morderle tímidamente cansado de recibir tanto dolor en tan poco tiempo. Pero aquello fue su perdición. Seth rugió interiormente como un animal peligroso que iba a atacar y le empujó con su cuerpo contra el suelo con la cadera, haciéndole sentir toda su erección en la barriga. Después de aquel movimiento sus labios se despegaron y de un tirón el pelinegro bajó los pantalones de Vicent, al igual que su ropa interior. El menor no pudo reaccionar por la rapidez de la acción y se quedó ahí indefenso, con todas sus partes íntimas expuestas al loco que amaba en el fondo de su corazón. Tenía miedo, mucho miedo por el dolor que iba a sentir, pero a la vez el calor que sentía en su cuerpo y la curiosidad no lo dejaban intentar escapar.

“Seth” dijo en la mente de éste. El mayor vaciló, pero no entró en razón. El olor le había llegado ya hasta el hueco más escondido y profundo de su cuerpo. Era demasiado tarde. Agarró las piernas del menor y las abrió para dejar a la vista su miembro y el culo. Luego chupó su dedo corazón de la mano derecha y lo introdujo dentro del culo de Vicent sin miramientos. El cuerpo de éste se tensó por el repentino dolor en su cavidad anal e intento librarse de él pero Seth le redujo la movilidad fácilmente. Su dedo entraba y salía sin piedad, causándole dolor y algo de placer al menor que no paraba de gemir en la mente del contrario. Cuando notó que había cedido, hundió un segundo dedo en la apertura y volvió a hacer lo mismo hasta tener tres dedos dentro. Ya había dilatado lo suficiente pero sus ganas de jugar con el moreno eran notorias. Sacó sus dedos que estaban dentro del menor y se bajó los pantalones a toda prisa, dejando su erección a la vista del contrario. Vicent la miraba con miedo sabiendo que eso iba a entrar por su ano y que seguramente le iba a doler. Una vez que Seth terminó de bajarse os pantalones, se agarró el miembro y levantó levemente las caderas de su pequeña presa poniendo cada pierna encima de sus hombros. Se echó hacia él para levantarle más la cadera y buscó a ciegas el agujero por donde debería entrar fallando a propósito en cada intento. Quería hacerle suplicar que lo hiciera y no tardó mucho en pedirlo.

“Seth hazlo ya” dijo Vicent en la mente del contrario y acto seguido lo hizo. Su miembro entró sin problemas en el interior del menor haciéndole retorcerse por el dolor que le estaba causando el roce de sus paredes con el intruso. Las embestidas eran rápidas y fuertes , como hacía con las chicas que se había tirado anteriormente. Esa era su forma de aparearse. A cada embestida Seth perdía más la cabeza, el olor no abandonaba su cabeza ni sus fosas nasales. Además el cuerpo Vicent cada vez estaba más y más hundido en la tierra y se estaba adentrando en los matorrales que había a su alrededor. Al final cesó el movimiento porque chocó con unas raíces que sobresalían más de lo normal, quedándose encallado en una postura incómoda. Pero a medida que estaba siendo embestido el dolor se iba mezclando con un placer que nunca había sentido. Le estaba llevando al quinto cielo provocándole unos estruendosos gemidos en la mente del mayor. Este no bajaba la velocidad aunque sintiera miles de rocas pequeñas clavándose en la piel que estaba en contacto en el suelo, rasgándosela y cortándosela. Aunque no lo viera sabía que estaba sangrando y aquel dolor le excitaba aun más. Los gemidos del mayor eran más profundos y pausados por el gran esfuerzo que estaba haciendo por seguir embistiéndole de igual. Se parecían al gruñido de una fiera antes de atacar al intruso que ha entrado en su territorio, que en este caso es Vicent. Aquello más la mirada intensa del mayor hacia él, causó que un trazo de miedo se abriera en su interior. Estaba siendo fuertemente follado por la persona que estaba enamorada pero sabía que no era él. Sus ojos no tenían el mismo brillo que habían tenido cuando le miró furioso al principio. Además se habían vuelto completamente rojos, parecía una bestia.

Siguieron así hasta que Seth supo que era inminente su llegada al orgasmo. Creó una pequeña llama en su mano y la llevó al miembro del moreno para quemarle levemente la piel. Aunque los elementales de fuego no pudieran ser quemados si sentían el dolor en ellos. Aquello aceleró la llegada del orgasmo de ambos y cuando llegó el pelinegro agarró el miembro del contrario, “quemándoselo” por completo, al igual que la mano de éste mismo. Ambos llegaron al éxtasis a la vez. Vicent se llenó el pecho entero de semen hasta casi la cara y el mayor se corrió dentro provocando un enorme gemido del contrario en su cabeza. Tan ruidoso y fuerte fue que le sacó de su estado de posesión por el olor, llevándole de nuevo a la realidad. Jadeantes se miraron pero el menor desvió avergonzado la mirada poniéndose rojo. Había pasado lo que justamente había soñado el día anterior aunque eso no era un notición para él. Ya le había pasado más veces lo de ver el futuro un día antes de que éste pasara.

Los sentidos de Seth se normalizaron. Por fin se estaba dando cuenta de lo que estaba pasando o bueno, de lo que acababa de pasar. Sacó su pene anonadado del interior del menor y, aunque su cuerpo estaba débil y extasiado, se puso los pantalones velozmente y se levantó. Empezó a dar vueltas de un lado a otro y de nuevo la ira empezaba a crecer en su interior. Había sido infiel a Laia y encima con un hombre. Se sentía fatal, se sentía como un monstruo. La furia, en in intento de salir de su cuerpo, golpeó un árbol con el puño mientras soltó un enorme gruñido de enfado.

Vicent de mientras se dedico a ponerse la ropa aunque el miedo y la confusión se apoderaban de él. Al hacer el esfuerzo de ponerse los pantalones, apretando su barriga para flexionar su columna, se dio cuenta de que un líquido viscoso y extraño estaba saliendo su culo. Puso cara de asco y no se demoró en ponerse toda la ropa aun sintiendo aquella zona mojada. Ya había expuesto demasiado su cuerpo. Como pudo, apoyándose en un árbol, levantó su dolorido cuerpo. Las piernas le temblaban pero no se centró en eso, si no en como Seth golpeaba furioso el árbol que había golpeado anteriormente. Sus puños estaban ya llenos de sangre pero no paraba, era como si no sintiera dolor.

-Tranquilo Seth-dijo Vicent con un hilo de voz pero no fue escuchado. Los golpes que proporcionaba el mayor eran más sonoros que sus palabras.-¡Tranquilízate! No diré nada-dijo un tanto más fuerte y esta vez si fue escuchado. Se sentía avergonzado por haber sentido una emoción tan placentera a algo que la gran mayoría tacharía de atrocidad. No podía con la culpa que ello conllevaba y sentía que era toda suya, por haberlo deseado. Aquellas palabras llamaron la atención de Seth, el cual dio otro puñetazo antes de acercarse a éste.

-Eso espero, porque si alguien se entera… Te juro que te degollo-dijo mientras con su dedo pulgar hacía un recorrido por su garganta.-Además si pierdo a Laia… No puedo perder al amor de mi vida-dijo y fue con tanta convicción, aunque en el fondo de su corazón no estuviera tan seguro, que las piernas de Vicent perdieron toda la fuerza y calló al suelo. Poco después y sin importarle la caída del menor, el pelinegro se dio la vuelta y puso rumbo para el refugio donde estaban los demás durmiendo. Pero antes de estar demasiado lejos gritó sin voltear la cabeza-Y si te largas, también te mato-y se fue.

Vicent no puso evitar que una corriente de lágrimas estallara en sus ojos. Haber escuchado al mayor decir tan confiado que ya tenía un amor en su vida y que evidentemente no era él le había causado un dolor comparable a que si una roca enorme se le cayera encima, le aplastara todo su cuerpo y le hundiera hasta el centro de la Tierra. Había compartido algo muy profundo e íntimo con él y este le había dejado como una puta. Cada latido de su corazón dolía, cada célula de su cuerpo sufría por aquellas palabras. Su mente se estaba empezando a colapsar pero ahora no podía huir. No después de las amenazas de muerte que Seth le había hecho minutos atrás. Pero ahora debía volver a sentir como el mayor le ignoraba y hacía de nuevo su vida un infierno. Ahora estaba muy seguro que el mundo estaba en su contra. Nada le salía bien, todo era dolor y más dolor, aunque era consciente que su felicidad era imposible de conseguir desgraciadamente. Las sienes le dolían a cada impulso de sangre que recibían, las piernas no le paraban de temblar y el corazón parecía haber dejado de latir, pero sin saber como consiguió levantarse e ir hacia donde estaban los demás. Ya mañana sería un nuevo día.

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