Capítulo 9 – Náuseas

Sigo dándole vueltas a que no me esperaba para nada que de agresiones físicas y psicológicas pasaran a sexuales tan rápidamente. Me gustaría llenare los oídos de insultos muy despectivos y crueles pero ahora en lo único que puedo estar pensando es en no ahogarme entre mi propia saliva. También por el hecho de que no puedo coger aire correctamente porque hay algo obturando mi garganta. Su miembro está entrando y saliendo tan rápidamente de mi boca que no paro de emitir sonidos aun más degradantes y vergonzosos que los que emití de dolor cuando me hice daño con el sofá.

Quiero llorar como si no hubiera un mañana. Me siento muy asqueado e impotente porque a costa de mi sufrimiento este ser inmundo está disfrutando tanto como para poner la cara de placer extremo que tiene ahora mismo. «Muérdeselo» dice mi yo más interno, mas no le hago caso, ya estoy cansado de las posibles repercusiones que puedan tener mis actos. Solo quiero que esto pase ya, que me deje en paz para irme a vomitar tranquilo toda la noche. Sus ojos me miran con tanta lujuria que roza la locura.

Por favor, para ya.

¿Cuánto tiempo más te queda? ¿Cuánto más te quieres reír de mi y verme sufrir? ¿No crees que ya es suficiente?

Por más que ruego internamente para que por fin termine ya, no llega ese momento. Solo dejo que el me mueva a su gusto y dejo mi cuerpo casi inerte. Al final, cansado, cierro los ojos para poder pensar o imaginar alguna otra cosa y así olvidarme de esto aunque sea momentáneamente. Sin embargo, al hacerlo, lo único que consigo es que Draco patee, sorprendentemente flojo, mis partes. Esto hace que me vuelva a ahogar por intentar coger aire por el susto. Me preparo para otro golpe, esta vez aún más fuerte, pero no llega. En cambio, lo que me hace es, desde mi gusto, mucho peor: me está rozando con su zapato mi zona íntima. Ruego desesperadamente para que mi cuerpo no reaccione ante esto, puesto que sé que no soy de piedra, pero como siempre, mi cuerpo no atiende a súplicas. Ahora me siento mucho peor por, encima, estar disfrutando de esta forma en un momento de agonía. Muevo mis manos hacia mis partes para contener esos roces y así evitar sentirme peor, mas como era de esperar, Draco reacciona y esta vez me endiña una buena patada en el abdomen a modo de llamada de atención. Sin embargo no puedo retener la creciente ansiedad que me sube por el pecho e intento deshacerme, de nuevo, de su agarre en la nuca. Pero de nuevo solo consigo más dolor a cambio, pues me aprieta mucho más mis pelos que tiene entre sus dedos y yo emito otro gemido de dolor. Ahogado.

No le parecía ya suficiente humillación con obligarme a hacerle una felación que encima ahora quiere que disfrute de lo que me está haciendo. Las ganas de llorar son aún más fuertes que antes, aunque no pienso dejar que se deleite por haberme conseguido provocar lágrimas en mis ojos.

Por fin, después de 5 largos minutos más con dificultades para respirar y casi a punto de explotar en mi zona inferior con asco, saca su miembro de mi boca y lo posa encima de mi cara mientras los espasmos de éste me azotan levemente la cara, obligándome a cerrar los ojos porque no quiero ver su cara de victoria ni que me entre nada extraño dentro de ellos. Apenas dos segundos después un líquido muy caliente y pegajoso sale de él y me llena parte de mi lado izquierdo de la cara y el pelo cercano. Varios gemidos profundos y ahogados suenan al compás de los espasmos y sus disparos. Aguanto de nuevo, muy estoicamente, las ganas de vomitar tan tremendas que me sigue produciendo este degenerado. Al menos, ya ha terminado y cojo una gran bocanada de aire para quitarme la sensación de asfixia.

Como cabía esperar, no contento con lo que acaba de pasar y mis ganas de actuales de morirme, me restriega su miembro por el resto de la cara, manchándomela también. Mientras lo hace, puedo escuchar unas pequeñas carcajadas. Yo sigo manteniendo los ojos cerrados, ya por vergüenza a abrirlos y que note todo lo que me está produciendo en mi interior. Aunque creo que sigue siendo bastante obvio por la cara de asco que debo tener y porque la tengo tan dura que el bulto debe ser muy patente. La guinda del pastel es que me obliga limpiársela con la boca antes de guardársela.

-Ah, por cierto-me escupe en la cara-esto por haberme escupido antes. Que no se te ocurra faltarme el respeto otra vez o será aún peor.

Esta arcada si que no puedo retenerla y mi cuerpo se retuerce hasta quedarse encorvado hacia el suelo. Por suerte aún no ha salido nada de mi interior a parte de baba a borbotones. Rápidamente me quito la túnica y me la restriego con mucha fuerza por la cara intentando quitarme los fluidos, escupiendo, además, todo los restos que tengo aún en la boca.

-No ha estado nada mal Anderson, nada mal-escucho como se sube la cremallera y se adecenta la ropa-Por hoy ya es suficiente. Mañana puedes seguir haciendo más cosas por mi-Escucho pasos-Adiós-se despide con su típico tono de superioridad.

Tengo la sensación de que está huyendo, pero por fin ha terminado. En cuanto dejo de escuchar los sonidos de sus zapatos, salgo corriendo hacia el cuarto de baño y me apoyo sobre el lavabo mientras otra arcada me encorva tanto cuerpo con el consiguiente que emito un sonido muy desagradable. Intento con todas mis ganas que no se escuche mucho para no llamar la atención y así seguir estando a solas con mi enorme problema.

Ahora si, ahora si que me echo a llorar en el tiempo en el que me viene otra arcada, la que me da al verme en el espejo y observar cómo me ha dejado Draco. Me limpio con la manga de la camisa, porque ya me da igual mancharla un poco más y, dando tumbos me dirijo hacia las duchas. Enciendo el agua automáticamente y me quedo bastante tiempo bajo la caliente lluvia sin ni si quiera quitarme la ropa ni moverme. Digamos que no soy capaz de hacerlo. Un pitido muy desagradable inunda mis oídos y me deja mirando al horizonte a través de la pared. Tras varios minutos, decido que ya es hora de pasar a lavarme con jabón y ahora si que me deshago de ella, con mucho más pudor del que ya tenía. «No volveré a mirarme a la cara» me susurro para mí mismo y no me parece tan mala idea «ni a él tampoco». Cuanto antes olvide esto, mejor será y creo que si no me miro, no me volverá a la mente la imagen que he grabado casi a fuego hace poco.

Me paso casi como media hora enjabonando y frotando mi cuerpo con las uñas, incluso me lavo la boca desesperado con el jabón, pues después de lo que se ha atrevido a hacerme, a saber qué es lo que ha podido hacer con mi cepillo de dientes. Puede que nada pero no quiero fiarme de nada ni de nadie.

De pronto siento un enorme vacío en mi interior, es como si esta agresión se hubiera llevado mi ser y ahora siento su enorme ausencia. «O puede que sean…» Corro hacia los váteres intentando no resbalarme por estar mojado y justo al asomarme al hoyo, comiendo a depurar todo lo que llevaba en mi interior queriendo salir por tanto intentos y tiempo. Todo esto lo hago sin parar de llorar, de nuevo, ya no solo por lo que me acaba de pasar, sino por el incierto futuro que hay delante mía y me espera. A parte de qué otros horrores voy a tener que soportar por seguir estudiando aquí. No creo que pueda aguantar otra agresión así, si que es que consigo aguantarla esta misma.

Un par de arcadas más y ya he conseguido vaciar mi estómago, pero a mi cuerpo no le parece suficiente y sigue convulsionando hasta que comprueba, unas tres veces más, que ya nada va a salir. Vuelvo hacia la ducha casi arrastrándome y me quedo allí otra media hora, hasta que no aguanto que todo mi cuerpo esté tan arrugado. Además, el pecho me duele tanto que ni si quiera presionándolo con una mano se alivia. Lo mejor es que me vaya a dormir, ya mañana será otro día con el que lidiar con esto, pero hoy ya he llegado a mi límite. Cojo una de las toallas y, con el hechizo wingardium leviosa, llevo mi ropa hacia la basura porque no pienso ponerme eso nunca más ni tocarlo. Ya, desganado, me deslizo hacia mi habitación con solo una toalla tapando mi desnudo y cansado cuerpo.

Al llegar a mi habitación, me tiro en la cama, me meto con bastante dificultad dentro de las sábanas e intento dormirme cuanto antes para no tener que pensar o recordar lo de hoy. No quiero darle vueltas, la cabeza me va a estallar y los ojos, de lo hinchados que está, apenas puedo seguir manteniéndolos abiertos. Para mi fortuna, lo consigo. Supongo que me ha cansado mucho aguantar tantas náuseas, llantos y vómitos.

De momento, todo se ha calmado.

~~~~

Por la mañana me despierta un enorme barullo que se ha montado en el salón de Slytherin. Intento ignorarlo para seguir durmiendo porque ni si quiera soy capaz de abrir los ojos, pero el ruido es demasiado tedioso y al final acabo desistiendo. Mira que son pesadas estas serpientes. Además, lo que más odio de estar en Slytherin, a parte de las propias personas que lo integran, es que por las ventanas la única luz que entra es una un tanto apagada y tenebrosa. Echo de menos levantarme porque la luz de afuera es tan intensa que te obliga a abrir los ojos. Aquí parece que solo existen dos momento en el día: atardecer y la noche.

Hoy mi cuerpo se siente muy pesado y mi ánimo muy bajo. No es hasta que los recuerdos de ayer me golpean que entiendo el por qué estoy así. Por un momento, muy pequeñito, había olvidado el por qué estoy tan mal y todas las cosas horribles que puede que me pasen en un futuro cercano. ¿Y si mejor me quedo en mi habitación? Uf, daría todo lo que tengo por no tener que verle hoy, ni nunca. Aunque si mal no recuerdo, si él quiere entrar en mi habitación lo va a hacer, como lo hizo ayer en la mañana. Así que lo mejor es salir de aquí pitando hasta que le de por venir a tocarme las narices y violarme de nuevo.

Si estoy me lo hubiera contado alguien no le hubiera creído, es algo muy subrealista que solo pasaría en una novela erótica de poca monta. Sin embargo, me ha tocado sufrir con esto. ¿Conseguiré olvidarlo algún día?

Al final decido que lo mejor es intentar hacer vida normal y escurrirme por todos los rincones para evitar cualquier posible contacto con Draco. Dentro de lo que cabe, si lo intento, puede que haya posibilidades de no encontrarme con él. Además, no voy a dejar que ese imbécil me quite mis ganas y oportunidades de aprender y conseguir ser un mejor mago.

Me visto con desgana sin mirar en ningún momento ninguna parte de mi cuerpo, hago la mochila y salgo algo cohibido de mi habitación, mirando hacia todos lados por si acaso hay un peligro acechándome. A medida que voy llegando al salón, el ruido cada vez se hace más fuerte y la densidad de personas crece casi exponencialmente. Mi curiosidad crece puesto que no es para nada usual que tantas personas de Slytherin estén juntas en un espacio tan reducido sin insultarse y odiarse mutuamente.

Intento abrirme paso a través de ellos. Por suerte este evento no me viene nada mal porque puedo utilizar el hecho de que haya tantas personas para esconderme entre ellas y así escapar de aquí cuando antes. Al ponerme en marcha hacia la puerta, hay algo que me para en seco. Escucho a un par de personas hablando de los típicos cotilleos que con tanto ahínco ignoro, pero un nombre, que me produce repelús, sale por la boca de una de ellas.

-No me puedo creer lo que ha pasado. ¿Y ahora que vamos a hacer si Draco no puede jugar el siguiente partido?-dice una de ellas preocupada.

-Quien iba a decir que se iba a pegar tal tortazo con uno de esos idiotas de segundo. A ese chico se le va a caer el pelo en cuanto Draco salga de la enfermería-hace una pausa para borrar su sonrisa-Dicen que está bastante mal, que si pasas por ese pasillo se pueden escuchar los gritos agónicos de éste.

-Que mal lo debe estar pasando…-y en su mirada se puede notar un atisbo de embobamiento (si ella supiera como realmente es, dudo que estuviera así)-Pero seguro que se pondrá bien para jugar el partido, aún le quedan 3 días.

Después de eso, la conversación deja de interesarme y sigo con la misión de salir de la sala e irme corriendo hacia mis clases. Entre tanta pena y decepción, yo soy el único que encuentra esta noticia como una ráfaga de aire fresco. Puedo hacer vida normal hasta que se recupere, pues que el peligro está herido en la enfermería. Sé que no es bueno alegrarse de las desgracias ajenas, pero joder, que bien sienta cuando el karma se las devuelve a los imbéciles.

El pasillo está vacío y aprovecho para respirar con libertado y alegría. Me he librado de él gratuitamente unos cuantos días. Días que podré aprovechar para desaparecer de este mundo, preguntar a los profesores como me libro de este juramento o intentar mejorar mis técnicas de evasión y ofensiva contra quien yo me sé.

Pues voy a tener que estar muy preparado para su regreso.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *