El mar de Ledinburgo

Mi nombre es Flinn. Vengo de una familia de granjeros al norte de la península de Ragadén. Aunque mi aldea está apartada del Nuevo Imperio es bastante conocida por los pescadores y burgueses que viven en las capitales. Nuestra aldea es una de las mayores suministradoras de pescado del Imperio Zadonio. Una larga tradición de grandes navegantes es lo que constituye nuestra historiay mi familia no es menos. Mi abuelo fundó y reparó el aserradero que proporciona navíos a los pecadores de la aldea, mi padre sostenta el record de atunes zafiro pecados el primer día de temporada con 42 ejemplares, seguido de Ian Frecher con 19. Si mi familia es bastante querida y famosa en nuestro pueblo, sin embargo, yo todavía no soy nadie. Todos me conocen como “el hijo de” o “el nieto de”. Tengo veinte años. Es tradición que a esa edad tu abuelo te conceda un barco propio para comenzar tu vida de pescador.

Cuando fui a levantarme casi tropiezo con la alfombra de mi habitación. Tras recuperar el equilibrio miré por la ventana de mi habitación. El día amaneció fantástico y eso me provocó una gran sonrisa.
-Hoy va a ser un gran día.- me dije en voz baja. Pero mi felicidad duró poco tiempo. Al bajar por las escaleras y salir al porche de mi casa vi a toda mi familia reunida con una gran tristeza en sus rostros. Entonces mi abuela me dijo que mi padre había desaparecido. Unos vecinos habían visto a unos barcos de velas negras merodeando por nuestras costas. Aun así mi abuelo cumplió con la tradición y me enseñó a navegar. Atormentado por lo sucedido la semana siguiente solo tuve pesadillas. Al principio creí que se debían a la desaparición de mi padre. Pero el sueño extraño empezó a ser recurrente y cada vez era más largo y conciso. Apenas descansaba por las noche y mi abuela lo percibía.

-No debes preocuparte cielo. Seguro que tu padre regresa sano y salvo. Es un gran marinero y sabrá como llegar a puerto.- me dijo.
-Lo sé. Es solo que todo esto me está alterando el sueño. Hace ya una semana que solo sueño con lo mismo.- le confesé.
-¿Qué es lo que sueñas?
-Sueño que se abre el mar. Veo como se revuelve desde lo más profundo. También veo como las criaturas del abismo emergen para devastar la superficie. Y unas criaturas enormes parecidas a hombres-pez parecen ser sus líderes.- su mirada estaba un poco ida cuando terminé de contra mi sueño.
-Has soñado con el cabo de Ledinburgo.
-¿Qué es ese lugar?¿Qué significa mi sueño?
-Ledinburgo pertenece a un continente de la antigüedad. Según narra la leyenda, cuando el mar del norte se abra y libere a todos los horrores que se hayan presos en las profundidades, los guerreros escogidos por los dioses se reuniran en el cabo de Ledinburgo para hacer frente a la pesadilla que quiere sumergir el mundo bajo el mar. Nanla te ha elegido a ti para evitar que se produzca tal catástrofe.
-¿Por qué yo?
-No cuestiones la decisión de los dioses.- Me tió la mano en su bolsillo y sacó un trozo de zafiro. -Esta pierda de zafiro me la dio tu abuelo para que me casase con él. “Un anillo hubiese estado bien” le dije. Lo consiguió de un atún zafiro que pesaba cientocincuenta y cuatro kilos. Cuando pesan tanto pueden generar zafiros en sus estómagos.- Me puso la piedra en la mano. -Ten. Dásela a Nanla como ofrenda en el templo y puede que escuche tus plegarias.- Tras decirme aquello se levantó y me dio un beso en la frente.

Tal y como me dijo mi abuela fui al templo de la diosa del mar. Dejando atrás mi aldea de casa de madera, subí la colina que estaba al lado de la playa y entré en el templo de piedra erigido a Nanla. Frente a su estatua se levantaba un altar. Lo limpié un poco y puse el zafiro como ofrenda. Luego me puse de rodillas.

-Nanla, poderosa diosa del mar, ayuda a este pescador y servidor de tus deseos en la tarea que tiene pendiente. Te pido que me guies para poder realizar la misión que me diste en mis sueños. Acepta esta ofrenda y dispersa la niebla que cubre mi camino.- El zafiro brilló de forma intensa casi cegándome y la estatua de la diosa cobró vida.

-Flinn Tyrarses. He oído tus ruegos en tus sueños. Tu suplica ha sido escudhada por el mar y vengo a ti para clarecer tu misión. El mar custodia muchor horrores en su interior, horrores que cada día intentan emerger de nuevo. Aquello que los mantiene presos es un artefacto divino llamado la Lanza de Ozcleeff. El poder de la lanza impide que el mar regurgite todo el mal que guarda en sus profundidades. Pero para que tenga efecto debe estar colocada en la estatua que se encuentra al pie del acantilado de Ledinburgo. Hace una semana que fue robada y algunos horrores menores ya han emergido devastando las costas colindantes. Debes encontrar la lanza Flinn. Y devolverla al lugar que le corresponde.- La voz cesó al igual que aquel destello y la estatua volvía a ser solo piedra.

Me preparé de inmediato y salí al crepúsculo a mar abierto. La noche no estaba de mi parte pues una tormenta me sorprendió. Por un momento creí que me hundiría, pero conseguí vencer la tormenta. Sin embargo, al día siguiente un barco pirata se cruzó en mi camino. Me tomaron como prisionero y hundieron mi barco. Cuando vi al capitán supe quién era. Su fama era grandiosa y el miedo que le tenía todo el mundo más aun. Krent, el grandioso, capitán del navío Calamidad.

-Por tus ropajes intuyo que eres solo un pescador extraviado- dijo mirandome de arriba a bajo. Quise decirle un par de cosas sobre los suyos pero me reprimí un poco. -Pero no puedo evitar preguntarme qué hace un pescador tan lejos de la costa.- continuó.

-Tengo una misión. Debo llegar a Ledinburgo.- Todos se estremecieron al escucharme decir aquello.
-Ledinburgo. ¿Y qué se te ha perdido alli?- Pregunto curioso Krent con su voz ronca y el ceño fruncido.
-Busco la Lanza de Ozcleeff, en nombre de Nanla.
-¿Por qué la diosa del mar enviaría a un simple pescador a por tal reliquia?- dijo algo molesto pero con algo de risa. Supongo que no se creía lo que le contaba.
-Nanla mandó una tormenta anoche, tormenta que vuestro navío ha sufrido.- era evidente ya que los mástiles y las velas mostraban un reciente deterioro. -Nos hemos encontrado gracias a esa tormenta. Quizás no esté destinado a realizar esta tarea yo solo.
-No pienso navegar hasta el fin del mundo por una leyenda. En el norte no hay más que un gran abismo. La costa de la que hablas no existe.
Saqué el zafiro de mi bolsillo -Este zafiro puede guiarme hasta mi destino. Si hay tierra firme en el norte aparecerá un destello verde el el horizonte. La columna de luz indica la ubicación de la reliquia que busco.- Un montón de susurros recorrían la cubierta del barco, pues todo marinero parecía conocer la leyenda de la lanza y de la piedra de mar brillante que marca su posición.
-En el caso de que sea cierto estoy seguro que no marcará el norte señor pescador. En el caso de que marque hacia otro lado servirás de comida para los peces, por mentirnos.- Se acercó un poco -Procede.
Tal como pidió alcé la piedra y el zafiro emitió un destello. A lo lejos, en el horizonte hacia el norte, una columna de luz verda agua se levantó para tocar el cielo y tras estar unos segundos allí, brillando, desapareció. Todos estaban sin aliento.
-El Marak, se avecina el Marak.- Grito uno.
-¡Silencio, sucia rata de alcantarilla! No es momento para que cunda el pánico. Los dioses nos han mandado una misión y no podemos huir de ella, pues si ignoramos lo que se avecina será nuestro fin.
-Entonces cuento con vuestra ayuda.
-Más os vale morir en esas aguas pescador, porque si no sale bien esta aventura lo haré yo mismo. Y yo no conozco la piedad.
-Mi nombre es Flinn Tyrarses.- Le dije.
-Krent Vander Graff.- Sonrió -Bienvenido al Calamidad- Justo al decir eso me encerraron en el calabozo del barco. Pasé tres días alli hasta que por fin me dejaron subir a cubierta. El capitan quiso verme en el timón.
-¿Os gustan vuestros aposentos, señor Tyrarses?
-Estaría mejor en una pocilga.
-Eso me ha dolido. Le daré un consejo Flinn, no ofenda a quien le da cobijo. ¿Cuantos días de viaje nos quedan?
-No lo sé. Pero nos quedan solo tres días para encontrar la lanza.-En ese momento un barco apareció por el horizonte. Su bandera era pirata sin duda. Krent también la vió.
-¿Sabe combatir Flinn?
-Claro que no.
-Entonces vuelva a sus aposentos, a no ser que quiera pedirle a la diosa del mar que le ampare en la lucha.- No me gustó sun tono pero me di la vuelta para volver a dentro. Mientras bajaba podía oír como el capitán daba instrucciones a sus marineros.
-¡Moveos ratas inmundas!¡Izad las velas, praparad la artillería, mandadlos al infierno!

El sonido de los cañones y el olor a pólvora me acompañaron toda la noche. Se podía escuchar también a los hombres luchando. Fue algo impactante pero a la vez emocionante. Al amanecer la batalla acabó y el barco con el que nos cruzamos era solo unas maderas ardiendo en el ancho mar. No tardé en acostumbrarme al vayven del oleaje pero esto era distinto.
-¡Tierra a la vista!- tras escuchar aquello subí corriendo. Aquella costa era esplendida unas rocas formidables conformaban el acantilado y una cueva se hacía ver a lo lejos por su gran tamaño. Entramos en ella pues al parecer el capitan del barco que hundimos nos confeso que había escondido alli un artefacto de gran poder. Cuando llegamos al fondo pudimos ver una estructura de madera. Parecia un fuerte. Toda la tripulación bajo del navío. Tras inspeccionar hasta el último rincón encontramos la lanza envuelta en unas sucias telas. Era algo hermoso. Entera de plata perecida a una aguja enorme. Pero al volver al barco la cosa se complico pues un grupo de hombres-pez habían tomado el barco.
-La lanza humano. Danosla y vuestra muerte será rápida.- dijo uno de ellos con la voz algo distorsionada.
-Nadie me amenaza en mi barco, monstruo- le contestó Krent. Comenzando así una batalla. Todo parecia desmoronarse a mi alrededor. Mi objetivo era volver al barco y el capitan parecía querer cubrirme, pues me abría paso hasta el barco. Una vez en él abandonamos a los que quedaban luchando en el fuerte en llamas. Krent seguía ofendido así que ordenó que bombardeasen la estructura. No me pareció lo correcto pero no quise discutir. Los que quedamos pusimos rumbo a Ledinburgo. Nos lamentamos por los caidos y le rezamos a Valgum para que sus almas encontrasen el descanso que se merecían.

Pasados dos días llegamos al cabo de Ledinburgo. Perdimos un día en la lucha así que no nos sobraba el tiempo. Desembarcamos y nos pusimos a buscar la estatua que debía sostener la lanza. Pero de nuevo los hombres-pez estaban alli para impedirnos nuestro objetivo.

-Corre. Busca la estatua. Coloca la lanza en el pedestal si es necesario, pero detén el Malak.- me dijo el capitan Krent mientras despachaba a dos criaturas del mar con su espada y su pistola.

Yo asentí y encontré lo que buscaba tras sortear a varios enemigos provocando que cayesen al mar. La estatua estaba derruida y no sabía que hacer. Desenvolví la lanza y me defendí con ella de varios hombres-pez que quisieron arrebatarmela. Tras estar así un rato me fije que el sol se ponía y antes de que desapareciese clavé la lanza en el pedestal de la estatua con una mínima eperanza de que eso valiese. Un destello plateado devolvió a aquellas criaturas al mar y la noche pudo acabar bien. Krent me encontró contemplando el anochecer sentado en aquella enorme losa de piedra.
-Lo has logrado, joven pescador, aunque yo lo he pagado con varios de mis hombres.- dijo con una medio sonrisa. -Supongo que volverás a tu hogar.
-No puedo, he descubierto que no quiero ser un pescador, alguien que sigue una tradición familiar. Quiero construir mi propio camino, quiero ser un pirata. Si os parece bien que me una a vustra tripulación.

-Seguir tradiciones no está mal muchacho, siempre y cuando coincidan con tus valores.- Se levantó y me tendió la mano. -Por suerte para usted hay vacantes en mi barco, señor Tyrarses. -Cogí su mano y me levantó y con un tono amigable me dijo -Bienvenido al Calamidad.

Publicado por

Sam García

Escritor aficionado y rolero. Amante del yaoi y la fantasía. @Samuel2442. Objetivo en la vida: Error 404 not found

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