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La vida es aburrida. Capítulo 12

Los frikis no son bienvenidos al rock

Pasó una hora y el peliazul seguía sin volver. Después de aquel numerito el ambiente dentro de la caravana se había tornado en uno bastante deprimente: Haddock y Mía se habían apartado a un rincón y hablaban en susurros con unas expresiones demasiado serias, Crystal había permanecido refugiada en su litera y Sara y yo… Sara y yo nos quedamos ambos de pie, mirándonos con la misma expresión de preocupación en el rostro. Cuando por fin oímos como alguien llamaba a la puerta de la caravana nos abalanzamos los dos sobre ella, suspirando aliviados, pero Haddock fue más rápido que nosotros y al abrirla se encontró con el revisor que venía a hablar con él. El pobre hombre parecía un poco intimidado y confuso por la gran decepción que se formó en nuestros rostros al verle.

Haddock terminó de intercambiar unas cuantas palabras con el señor y este le dio unas tarjetas para que pudiésemos acceder al festival. Cuando cerró de nuevo nos miró casi como disculpándose. Fue entonces cuando Sara no pudo más. Sobresaltándonos a todos, cogió dos de las tarjetas que aún sostenía un Haddock muy confundido en la mano, avanzó con rapidez hasta la puerta y la abrió de un tirón. Igual que Nay hacía ya casi dos horas.

—Voy a ir a buscarle. Luego nos vemos —Sin decir nada más cerró la puerta antes de darnos tiempo a reaccionar. Me mordí el labio mientras daba unos pasos indecisos hacia la salida. Sara era la mejor amiga de Nay, sabía lo que pensaba, cómo se sentía y estaba segurísimo de ella estaba del todo enterada de la situación en la que se encontraba el chico (Por no decir que seguramente sabía quién era Annie). En cambio yo ni siquiera sabía el apellido del misterio andante. ¿Qué pintaría yo intentando animar al chico? No sabía que decir cuando estaba a su lado y probablemente acabaría dejándole de peor humor que el de antes… pero aún así…

Aún así quería ayudar. Por ello un poco más decidido me dirigí a la puerta de la caravana dispuesto a salir a ayudar a la rubia a buscar a Nay. Al menos eso intenté, porque nada más dar un paso un mano me agarró con fuerza del brazo impidiéndome avanzar. Girando la cabeza vi a Crystal, que me miraba de manera severa.

—¿Adonde crees que vas? —Parpadeé confuso y avergonzado y miré de nuevo hacia la puerta fugazmente.

—Fuera —Mi voz sonó más a pregunta que a afirmación. No pude evitar encogerme al ver la expresión de la pelirroja.

—¿Piensas que te voy a dejar ir con esas pintas a uno de los festivales más famosos del rock? —Me giré del todo, mirándola mientras intentaba zafarme de su mano disimuladamente.

—¿Qué tienen de malo mis pintas? —La chica alzó una ceja.

—¿En serio Dan? Si sales ahí fuera con una camiseta del logo de los “Ramones”, pero que en realidad pone “Raciones” ¡Te van a pegar!

—¿¡Pero qué dices!? ¡Si la camiseta es genial! —Crystal suspiró melodramáticamente.

—Este chico va a morir joven —Antes de que pudiese protestar Crystal me agarró de nuevo y, usando una fuerza que nunca pensé que ella tendría, me arrastró hacia la zona de atrás de la caravana. Desesperado miré a Mía pidiendo algún tipo de ayuda pero la chica sólo me sonrió y se encogió de hombros a modo de disculpa.

—La verdad es que esta vez Crystal tiene razón —Perfecto, todos contra mí. Crystal me lanzó a la cara una camiseta que apenas pude coger al vuelo.

—Eso te servirá —Alcé una ceja mirando la prenda.

—¿Para qué tienes tú ropa de tío? —Crystal bufó.

—¿Acaso no puedo ponerme ropa de tío? —Acto seguido me agarró del brazo de nuevo para obligarme a sentarme en uno de los asientos—. Ahora estáte quietecito que te voy a arreglar el pelo.

“Ah, no, no. Eso sí que no” Inmediatamente pegué un bote asustado y me alejé del asiento.

—¿Qué le pasa a mi pelo? —Mía a mi lado me hizo señas con la mano de que no insistiese, que había perdido la batalla. Creo que el momento en el que realmente desistí fue al ver lo amenazadora que parecía mi amiga pelirroja con unas tijeras de cortar en la mano.

Media hora después Crystal me miraba triunfante mientras salía de la caravana. Chasqueando la lengua me regañó.

—¿Quieres hacer el favor de dejar de tocarte el pelo? Lo vas a estropear —No pude evitar fulminar a mi amiga con la mirada.

—¡Es que me molesta! Odio los pelos en la cara —En un vano intentó probé a soplar para arriba intentando apartar los cabellos de mis ojos, pero rápidamente Crystal me pegó una colleja para que parase—, y encima estos estúpidos pantalones pitillo son la cosa más incómoda que he probado en la vida ¿Por qué me obligas a llevarlos? —Por no hablar de aquella enorme camiseta de Rammstein que me había dado. “Si a mi ya me queda grande ¿Cómo demonios le quedaría a Crystal!?”

—Anda no seas quejica —No pude evitar mirar a mi amiga frustrado.

—¿Quejica? ¡Has jugado a las muñecas conmigo! —Crystal golpeó su puño derecho en la palma abierta de su otra mano con decisión.

—Era necesario —Hablaba como si llevar el pelo despeinado fuese equivalente al delito de matar a alguien.

—¿Necesario? Deberías ordenar tus prioridades vieja lo… —Haddock apareció por detrás nuestro y se interpuso entre los dos antes de que nos matásemos mutuamente.

—Calma chicos. Lo hecho hecho está. Ahora ¿Por qué no disfrutáis del festival en vez de intentar arrancados la cabeza el uno al otro? —Crystal y yo nos miramos unos instantes y asentimos a la vez de mala gana. Justo en ese momento entramos en la explanada donde se realizaba el festival. En seguida la música invadió el lugar, impidiéndonos seguir hablando. Nada más adentrarnos en la masa de gente distinguimos al grupo de Alex. El ojiazul nos sonrió alegremente e hizo señas para que nos acercásemos a él. Haddock nos hizo unas señas que parecían querer decir que se tenía que ir a trabajar y se marchó,dejándonos al resto atrás.

Alex llegó a nuestro lado y con una sonrisa de oreja a oreja en la cara nos enseñó el vaso de cerveza que tenía en la mano, ofreciéndolo. Fruncí el ceño. “No voy a ser tan tonto como para meter la pata dos veces” Con amabilidad negué con la cabeza. No pensaba emborracharme nunca más en mi vida. Ya había tenido suficientes dolores de cabeza en ese verano. Muy pronto me encontré recorriendo el lugar con la mirada con falso desinterés, obviamente esperando encontrar a cierto idiota de pelo azul que se había ido montando un numerito. Mía pareció darse cuenta de mi nerviosismo porque apoyó una de sus manos con suavidad en mi hombro

—No te preocupes Dan. Va a estar bien —La miré sorprendido unos instantes ¿Ahora resulta que también me puede leer la mente? Increíble y espeluznante a la vez—. ¿Por qué no te relajas y disfrutas del día? Antes parecías muy emocionado por estar aquí —Me mordí el labio pensativo, sin saber muy bien que responder. Tal vez lo mejor sería olvidar el tema un rato como ella decía. Al final acabé por asentir y forzando una extraña sonrisa me obligué a mí mismo a centrarme en el festival.

Milagrosamente mientras intentaba aparentar que me lo pasaba bien al final acabé pasándolo bien. La música era adictiva y Crystal, una vez se le hubo pasado la cara de amargada, acabó por volver a estar de buen humor. Cuando al escenario salió Paramore empezó a gritarme al oído como la maldita fangirl que es, me agarró a mí y a Mía del brazo y tirando de nosotros se adentró en la masa de gente hasta conseguir estar casi al principio de la pista (Donde casi muero aplastado por la muchedumbre)

Así pasaron las horas. Entre canción y canción logré sonreír con naturalidad como siempre lo hacía(bueno, casi siempre) y aunque algo en el fondo de mí me seguía pinchando y preguntándose qué estaría haciendo ese idiota en estos momentos no le hice caso. Sólo cuando ya estaba entrando la noche y se estaba preparando el gran concierto del grupo líder del día me permití darme un respiro. Abriendo paso entre la gente conseguí salir de aquella masa de fans y poder respirar un poco de aire fresco. Aún era demasiado pronto para que todo el cansancio producto de saltar y cantar durante horas me invadiese, pero aún así decidí tirarme sobre el césped de alrededor. Permanecí unos instantes en silencio, contemplando el cielo mientras recobraba un poco del aliento que había perdido gritando. A mi lado noté como alguien se tumbaba junto a mi. Por el rabillo del ojo distinguí la cabellera roja de Crystal.

—Hace una buena noche ¿Eh? —Sonreí a medias y asentí con la cabeza aunque sabía que mi amiga no podría ver el gesto desde donde ella estaba. Casi sin darme cuenta comenté en un susurro.

—Se ven las estrellas —Ahora que habían apagado las luces tan irritantes del escenario se podía ver el cielo oscuro totalmente despejado—. Nunca había visto tantas estrellas —Noté como Crystal se removía a mi lado.

—¿Nunca has salido de una ciudad?

—Sí, pero nunca se me había ocurrido pararme y alzar la cabeza por la noche —Crystal  permaneció en silencio. Sé que alguna gente pensaría que simplemente soy idiota por haber dicho esa frase, pero para mí era más bien una manera de decir que mi manera de ver las cosas habían cambiado y estaba bastante seguro de que mi amiga había pillado el significado.

—Demasiado ocupado mirando abajo hacía el móvil ¿no? —Sonreí con amargura.

—Exacto.

Permanecimos en silencio por un buen rato. Hasta que la chica me preguntó.

—¿Te gustaría dedicarte a la astronomía? —No pude evitar reírme.

—Un trabajo en el que no te mueves de casa y puedes dormir durante todo el día ¿quién no querría eso? —A mi lado la pelirroja me pegó un codazo amistoso mientras reía también.

—No. Ahora en serio —Me mordí el labio pensativo.

—No lo sé. ¿Y tú?¿ A qué te dedicas Crystal? —Acababa de caer en la cuenta de que no tenía ni idea de si mi amiga trabajaba o estudiaba o simplemente se dedicaba a comprarse vestidos raros como deporte oficial. Ella era un año mayor que yo así que ya debería de haber empezado una carrera si es que lo había hecho.

—Estudio segundo de filosofía —Abrí los ojos sorprendido “Bueno… En cierto modo, le pega”

Iba a preguntarle la razón que la había llevado a estudiar esa carrera, pero en ese momento unas risas y voces muy fuertes llegaron hasta nosotros. A mi lado Crystal hizo un quejido de frustración y juraría que susurró.

—Por favor. Otra vez no —Confuso me incorporé ligeramente quedado sentado en el césped y mi amiga de mala gana me imitó para ver de donde provenía el alboroto—. Es Jack —Alcé la ceja sin caer en la cuenta.

—¿Jack?¿Quién es Jack? —Justo en frente de nosotros un grupo de chicos se acercaba. Parecían estar bastante borrachos. Algunos de ellos me sonaban de vista. Creo que ellos habían estado con todo el grupo masivo el día de la discoteca. Uno de ellos, un chico alto y de pelo muy oscuro se acercó a nosotros con paso inestable.

—¡Eh tú, gilipollas! —No pude evitar mirar a ambos lados esperando ver a cualquier otra persona por los al rededores “Creo que se refiere a ti Dan” —. Me acuerdo de ti —Con desconfianza me levanté dispuesto a alejarme de aquel misterioso grupo.

— ¿Te conozco? —Su rostro me sonaba bastante, pero no llegaba a encajar del todo. A mi lado Crystal me agarró de la manga en un gesto silencioso que quería decir claramente “Vámonos de aquí“, pero el chico fue más rápido que ella y me agarró de la camiseta.

—¿Te estás burlando de mi? —Oh, oh, vale. Parece que no quiere hacer amigos. Creo que lo mejor sería largarse” —. ¿Quieres que te parta la cara por lo de la última vez? —A mi lado Crystal me agarró con más fuerza y habló.

—Suelta Jack. Ya nos vamos.

—Nadie te ha preguntado a ti, pelirroja —Mi amiga le dedicó una mirada fulminante que no pareció hacer mella en él. Seguramente fue por lo borracho que estaba. Yo no les prestaba atención. Había caído en por qué me recordaba a alguien. Sin poder evitarlo exclamé

—¡Ildefonso! —Claaaaaro, ¿Cómo me había podido olvidar? ¡Fue el chico que se apiadó de mí en el juego de la bebida! Crystal y el ahora descubierto Ildefonso me miraron como si me hubiesen salido unas orejas de burro.

—No Dan. Se llama Jack —Uh. Mierda. Ya lo había vuelto a hacer otra vez “¿Por qué no aprenderás nunca que no hay que rebautizar a la gente como tú quieras?”. La pelirroja al ver mi cara de “No tengo ni puta idea de quién es Jack” decidió aclararlo—. Mi ex-novio.

Alcé una ceja incrédulo ¿Este era el chico con el que casi me pego a puñetazos?. Inconscientemente volví a recorrerle con la mirada. Me sacaba por lo menos una cabeza, pero corto a lo militar y unos ojos negros que daban bastante miedo “Dios. Si no es por Nay habría muerto ese día” Ahora el chico me sonreía con una insoportable expresión de superioridad en la cara. Sin apartar la mirada de mí le habló a Crystal.

—¿Tan desesperada estás que tienes que salir con un gay? Que bajo caen algunas —Molesto por el comentario le empujé para apartarle de mí, pero Crystal me volvió a agarrar de la mano impidiéndome hacer nada más.

—Vámonos Dan. No hay nada que hacer con la escoria —El chico se rió cruelmente.

—Nadie te ha preguntado tu opinión, puta “Ah, eso sí que no” Esa frase sirvió como la gota que colma el vaso. “Le voy a…”

Antes incluso de que pudiese pensar en la manera más cruel de hacerle sufrir el grito de Crystal nos llamó la atención a todos. Mi amiga ya no nos miraba a nosotros. Sino a nuestras espaldas con la cara más blanca que la cera.

—No se preocupe, agente. ¡Todo va bien! No es lo que parece —Jack y yo pusimos la misma expresión de horror a la vez. ” Mierda. La policía” Ambos giramos la cabeza con la misma rapidez hacia nuestras espaldas. Seguramente cada uno pensando alguna excusa que poder decir para no acabar pasando la noche en las celdas por montar un alboroto en el festival, pero ambos nos quedamos en blanco al ver que detrás solo había un claro totalmente vacío “Un momento…”

Algo me agarró del brazo y de un fuerte tirón me hizo echar a correr en la dirección opuesta a la que estaba mirando.

—¡Corre, Dan, corre! —Jack tardó unos segundos en darse cuenta de lo que estaba pasando, pero cuando su mente borracha por fin unió las piezas del puzzle nosotros ya habíamos corrido muy lejos y nos habíamos internado de nuevo en la marea de gente. Cuando estuvimos totalmente seguros de que no nos seguía empezamos a andar con más tranquilidad hacia la zona del escenario. Yo no podía parar de boquear en busca de aire.

—Pero…Crystal…la… ¿Policía? —Mi amiga me dedicó una sonrisa traviesa entre jadeo y jadeo.

—Algo tenía que inventar para hacer que se diese la vuelta y huir —No pude evitar sonreír.

—Eres realmente tramposa ¿Sabes? —La chica me sacó la lengua.

—La próxima vez dejaré que te den una paliza, a ver si me dices lo mismo —De buen humor negué con la cabeza mientras seguíamos avanzando hacia donde habíamos dejado al grupo. Miré el móvil para comprobar la hora , el siguiente concierto estaba apunto de empezar.

—Debemos darnos prisa y buscar a los de… —La pelirroja frenó en seco y yo que estaba detrás demasiado distraído me choqué con ella, golpeándome la frente. Solté un chasquido molesto mientras me frotaba la zona adolorida con el dorso de la mano—. ¡Crystal! ¿A qué a venido eso? —Moviéndome un poco me asomé por detrás de la chica para ver qué es lo que había delante que había hecho que frenase tan repentinamente. Lo que vi hizo que me olvidase completamente del dolor de cabeza.

Enfrente nuestro, rodeados de un montón de gente ajena a la situación, Sara y Nay se besaban. Sentí como si alguien me hubiese dado una tremenda patada en las tripas, pero no dije nada. Crystal y yo estábamos demasiado sorprendidos como para decir nada. Ellos ni siquiera se dieron cuenta de que estábamos ahí y continuaron a lo suyo. Algo en mi mente me decía que debía apartar la mirada, girarme e irme por otro lado,o al menos debía hacer eso si quería dejar de sentir esas pequeñas punzadas en el pecho, pero mi cuerpo no me respondía. Ni siquiera Crystal reaccionó. Los dos permanecimos parados en silencio.

Hasta que por fin se separaron y entonces fue cuando todo cambio en un abrir y cerrar de ojos. Entre el gentío (Aún sin poder reaccionar) observé como Nay se inclinaba para decir algo al oído de Sara y sin saber que estaba diciendo vi como el rostro de la muchacha se iba descomponiendo de una sonría a una expresión de horror.

La rubia se apartó ligeramente de Nay y le miró a los ojos unos instantes. Por su expresión parecía que acababa de ver un fantasma. Crystal reaccionó cuando empezó a ver las lagrimas que caían de la mejilla de la chica. ¿Qué demonios acababa de pasar?

—¿Sara? —La chica pegó un brinco al escuchar la voz de mi amiga y se giró con rapidez para vernos por primera vez. En cambio Nay apenas reaccionó y cuando nos vio esbozó una sonrisa infantil que no pegaba nada con él ni con la situación. Sara nos observó a Crystal y a mí unos instantes, sorprendida de vernos ahí. Abrió la boca para decir algo, pero luego pareció darse cuenta de sus mejillas mojadas y aún con una expresión devastada en el rostro salió corriendo. A mi lado la pelirroja gritó su nombre de nuevo. Sin mucho éxito. Crystal soltó una palabrota por lo bajo—. Joder. Tengo que ir a buscarla. —Tras echar un vistazo hacia mí de reojo salió corriendo en busca de la rubia. Yo las observé irse, sin aún comprender qué acababa de pasar. Veo a Nay besándose con Sara ¿y al minuto está la chica llorando desconsoladamente como si le hubiesen roto el corazón?

Antes de que pudiese organizar mi menté noté como alguien se apoyaba en mi hombro. Con lentitud giré la cabeza sabiendo que me encontraría al peliazul, pero su sonrisa embobada me descolocó otra vez. Permanecí unos instantes mirándolo sin decir nada, sintiendo como mis tripas se revolvían. No fue hasta que le vi perder el equilibrio que hablé.

—¿Cuánto has bebido? —La sonrisa del chico se ensanchó mientras se agarraba con más fuerza a mí para no caerse.

—Sólo…—El chico hizo una mueca como si le costase mucho esfuerzo concentrarse—, un montón.

No pude evitar suspirar y, aunque aún seguía sintiendo las pequeñas puñaladas en el estomago que me producía recordar la escena de hace unos minutos, agarré a Nay por el brazo para que sujetarle.

—Ven. Te llevaré a un lugar más apartado —Mientras tiraba de un Nay extremadamente pacífico fuera de la marea pude ir pensando en lo que acababa de presenciar. Estaba claro que el peliazul la había liado buena. Intenté recordar cómo me sentía yo el día de mi desgraciada borrachera, pero al igual que las otras veces sólo recordé un par de escenas borrosas. ¿Cómo era posible que el alcohol hiciese hacer a la gente cosas tan estúpidas? Nunca había visto al chico tan borracho ¿Por qué justo hoy había decidido ponerse ciego de alcohol? Un pequeño golpecito en el brazo hizo que el peliazul llamase de nuevo mi atención. Me miraba con una expresión afligida. Recordaba a un niño que mira a su madre cuando sabe que ha hecho algo malo.

—¿Estás enfadado conmigo? —Permanecí unos minutos en silencio.

—¿Acaso los amigos se enfadan porque sus amigos besen a una chica? —Nay pareció pensarlo un momento y al final negó con la cabeza. Y por alguna extraña razón caer en la cuenta de que la frase que acababa de decir era verdadera me deprimió aún más. Eso se supone que era yo ¿No? Un amigo de Nay. No tengo ningún derecho a estar enfadado con él ¿Por qué lo tendría?

Afortunadamente el Nay borracho es bastante más fácil de manejar que el Nay normal. No me costó mucho dejarle en una zona de césped donde la gente aprovechaba para descansar mientras yo iba a comprar agua. La verdad es que mientras menos tuviese que ver al chico menos me vendría a la cabeza la imagen de ellos dos besándose. Aunque en el fondo… ¿Qué más me daba a mi? ¿Acaso no había estado yo en una situación igual hace apenas unos días? Sabía que no era el más indicado para juzgar.

Cuando regresé con la botella de agua Nay estaba tumbado en el césped contemplando en cielo igual a como lo había estado haciendo yo hacía apenas unas horas (Sinceramente, ahora mismo me parecían siglos). Me senté a su lado y le pasé la botella. El chico se quedó mirándola unos instantes y luego me miró con el ceño fruncido.

—Esto es agua —No pude evitar bufar ante su tono.

—Ya veo que cuando bebes te vuelves un Einstein —Nay parpadeó confundido. Tal vez demasiado mareado como para entender mi sarcasmo.

—No quiero agua. Quiero cerveza —Una carcajada seca se escapó de entre mis labios.

—Ya estás lo suficiente borracho —Nay se incorporó para quedar sentado junto a mí y pasó su mano por sus cabellos mientras negaba con la cabeza.

—No. Aún no es suficiente —Miré al chico sorprendido. Su rostro me recordó a la misma expresión de tristeza que había mostrado cuando salió de la caravana.

—Nay —El chico no pareció reaccionar ante su nombre—. ¿Por qué te has emborrachado? —Esperé unos minutos, pero la respuesta no llegó. No pude evitar suspirar agotado. Me giré para contemplar el perfil del peliazul. Mantenía la mirada fija en el césped, como concentrado en algún pensamiento interno. Ahora que las luces del escenario se habían vuelto a encender estas reflejaban en su pelo y lo hacían brillar de muchos tonos diferentes de azul y su perfil parecía resaltar entre los contrastes de luces y sombras. Ni siquiera parecía borracho, parecía totalmente sacado de un cuento. De repente el chico musitó unas palabras que sonaron muy débilmente.

—¿Quieres dejar de hacer eso? —Me tensé en mi sitio y enmudecí, tardando unos minutos en contestar.

—¿Dejar de hacer el qué? —Nay chasqueó la lengua molesto.

—Dejar de mirarme como si fuese perfecto —El chico hundió más la cabeza entre sus manos, repentinamente muy serio—. No soy perfecto —En seguida noté como mi rostro enrojecía. Abrí la boca para replicar, pero después de un instante la cerré. ¿Acaso no había pensado más de una vez que aquel chico no tenía ninguna imperfección? Curiosamente me sentí culpable por algo que ni yo del todo comprendía haber hecho. Notando la garganta seca contesté también en un susurro.

—No creo que seas perfecto —Por fin Nay alzó la cabeza. Me miró a los ojos con una expresión de sorpresa, pero yo estaba demasiado concentrado en decir lo que tenía que decir como para reaccionar ante eso—. Tienes un sentido de la orientación pésimo y encima eres cabezota y no quieres reconocer que te has perdido —Podía notar la mirada de Nay fija en mí, por eso mantuve la mía en el suelo—. Eres mal perdedor, tu capacidad para concentrarte en algo es totalmente nula. Te da miedo enfrentarte a cosas. Acabas de demostrarlo huyendo a emborracharte porque Annie no iba a venir, ¿verdad? —A pesar de mi pregunta no le dejé tiempo para responder. Si me paraba ahora probablemente luego no continuaría—. Te da miedo el compromiso, y los juegos de lucha se te dan mal… pero aún así me gus…

Los labios de Nay silenciaron los míos a mitad de la frase. Demasiado sorprendido por el repentino ataque perdí el equilibrio y caí del todo al suelo con el peliazul encima mío, pero eso no pareció importarle a él. Aprovechando mi confusión metió su lengua entre mis labios y me besó con intensidad mientras que con su mano recorrió mi brazo desnudo causándome un escalofrío. Llegando al final del brazo entrelazó sus dedos con los míos sin dejar de besarme en ningún momento.

Yo estaba completamente en estado shock y no podía reaccionar. Ni para apartarle ni acercarme. Noté como pasaba su lengua por mi labio inferior y la mente se me nubló.

Nay, eso es lo único que en lo que podía pensar: Nay y su olor, Nay y la suavidad de sus labios, Nay besándome. Nay, Nay, Nay. 

Con torpeza levanté el brazo que tenía libre para agarrarle de la camiseta y acercarle más a mi. Él pareció notarlo, porque entre beso y beso juraría que sonrió y entrelazó con más fuerza su mano en la mía.

Al final la falta de aire hizo que nos separásemos. Jadeando aún por el beso, Nay apoyó su frente en la mía obligándome así a mantener el contacto con su mirada. Una mirada tan intensa que sentí que me iba a traspasar. Pasé mi lengua por el mismo labio por la que la suya había pasado apenas unos segundos sin poder creerlo. Entonces el ligero sabor a alcohol me hizo reaccionar. Sintiéndome ligeramente desanimado hablé.

—Mañana no te vas a acordar de esto, ¿verdad? —La mirada de Nay se hizo ausente mientras reflexionaba sobre mis palabras. Al final soltando un suspiro se giró. Dejando de estar encima mío y se tumbó en el césped a mi lado.

—Probablemente no —No pude evitar asentir amargado. Por propia experiencia sabía que al día siguiente lo único que recordaría el chico serían unas imágenes borrosas. “Tal vez sea lo mejor”. De repente el misterio andante se echó a reír con fuerza. Le miré alarmado, pensando que se había vuelto loco, pero él simplemente me dedicó una sonrisa—. Esto es realmente irónico.

Alcé una ceja sin comprender lo que decía.

—No sé de que me hablas —La sonrisa del peliazul pareció ensancharse aún más. ¿Había dicho algo gracioso?

—Por eso precisamente es irónico —Medité unos instantes lo que me acababa de decir, pero al no hallar una explicación lógica acabé por suspirar y mirar a las estrellas de nuevo. Entonces poco a poco una idea me surgió en la mente. Girando ligeramente el rostro contemplé de nuevo a Nay. Parecía totalmente absorto en Dios sabe qué. Tenía entendido que los borrachos normalmente eran más sinceros que la gente sobria. Si no preguntaba ahora podría perder una oportunidad única.

—¿Quién es Annie?

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