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Capítulo 17 – Soy un cotilla

Tengo buenas noticias, extraordinarias a decir verdad.

Mis días se han vuelto monótonos, muy monótonos. Que, a decir verdad, son el primer descanso que he podido tener por un tiempo considerable a pesar de que sigue habiendo una tensión curiosa en mi interior. Es como una homogeneidad que se apoya en una ansiedad constante que no se disuelve ni cuando cierro los ojos para descansar.

Bueno, más bien intentarlo.

Pero si miro hacia atrás y lo comparo con el infierno que he estado viviendo, no tiene ni punto de comparación. Digamos que dentro de lo malo, he pasado a lo menos malo de todo. Realmente no sé desde cuanto tiempo llevo sin dormir bien, sin embargo, ya me he acostumbrado a tener una sensación constante de cansancio y hastío que se acentúa a cada suceso intenso que ocurre cuando Draco clava sus demoniacas orbes sobre mi persona.

Al principio pensé que era porque estaba planeando una de sus típicas venganzas por revelarme contra su persona, o simplemente porque no pasen las cosas como a él le gustarían, mas ha pasado ya demasiado tiempo atacándome solo con sus miradas que ya no logro entender cuales pueden ser sus intenciones. Todo se ha vuelto demasiado tranquilo de unas semanas hasta ahora que me desquicia porque he desarrollado un miedo atroz al golpe inminente que me va a dar ese malnacido.

Quien me iba a decir a mi que iba a aprovechar tan mal esa deseada tregua que tanto he ansiado casi desde que llegué aquí el primer día. Porque no ha desperdiciado ni un segundo para hacer mi vida un infierno.

–¿Me estás escuchando, Daniel?–Cuestiona una voz de fondo a la que tardo en reaccionar porque se me han apelotonado demasiados pensamientos y debo organizarlos antes de poder pensar para hablar. Cierro y abro los ojos para concentrarme en su voz–Si quieres quedamos otro día, no te veo con buena cara. Deberías descansar un poco.

–No no, tranquila–Digo volviendo al mundo real mientras mi campo visual se vuelve más nítido.

Luna está a poco menos de un palmo de mi cara, escudriñándome con la mirada y noto como si me estuviera leyendo como un libro abierto. Debo tener una pinta horrible después de todos estos días.

–Es que últimamente no puedo dormir bien porque se acercan algunas pruebas que me van a hacer los profesores en mis clases particulares y estoy muy nervioso. Son las primeras que voy a hacer y no quiero defraudar a nadie–le miento.

No sé cómo decirle que mi mundo aún sigue girando alrededor del enorme ego de Draco. Fue pisar la escuela y caer directamente en su órbita de odio irracional. Es que, por muy calmado que esté ahora mismo él conmigo, temo el momento que vuelva a sacar sus afiladas y sucias garras contra mi. Me pone los nervios a flor de piel y un poco atolondrado.

Antes de caer, de nuevo, en mi infinito monólogo interno, le pido a Luna que me distraiga hasta al menos la hora de cenar. O más bien le suplico por que me ayude a despejar mi mente y pensar en otra cosa que no sea esa maldita melena rubia. Ella acepta encantada pegándome un tirón a la camisa para llevarme a quien sabe dónde. Yo solo me dejo llevar confiado en que hará un buen trabajo.

Menos mal que no hace preguntas esta encantadora chica.

~ ~ ~ ~

Las vacaciones de navidad parecen que están a la vuelta de la esquina. Unas pocas semanas más y estaré rodeado de la tranquilidad de mi casa por una buena, y espero que larga, temporada. Quien me iba a decir a mi que, aunque saliera casi huyendo de mi morada, iba a querer volver tan desesperadamente para tener algo de paz. Supongo que uno siempre añora lo que no tiene y no es hasta que lo consigue cuando se da cuenta de que no es tan bueno como lo esperabas, después de todo. ¿Es a esto a lo que llaman crecer?

Luna se despide de mi en uno de los cientos de pasillos que hay en esta laberíntica escuela y yo, abstraído en mis pensamientos, de nuevo, vago por ellos sin rumbo fijo. Ahora que tengo un poco más de seguridad en que no me va a pillar Draco por banda para hacer realidad más de sus oscuros y perversos deseos, me aventuro por los caóticos lugares de Hogwarts. Sin embargo, tengo que tener muy presente de que apenas queda mucho tiempo para que llegue el toque de queda para los alumnos y no deberían pillarme fuera a deshoras. Demasiado bien voy ya como para cagarla con algo tan tonto.

A ver si me encuentro con algo interesante.

Escucho mis pasos retumbando por las diferentes estancias por las que paso. Después de un buen rato, estos me comienzan a desquiciar, al igual que el no toparme con nada fuera de lo normal. No puede ser verdad que sea la primera vez que no hay alumnos aprovechando hasta el último segundo de libertad fuera de sus habitaciones y salas comunes.

Aminoro la velocidad de avance y me posiciono la lengua para poder chasquearla del aburrimiento, mas antes de hacerlo me tropiezo con un sonido que me llama la atención. Son dos personas hablando por lo bajo y eso solo puede significar entretenimiento. Están en el pasillo contiguo perpendicular al mío.

Puede que suene muy cotilla, pero es que quiero no pensar por unos minutos en mi vida. Quiero conocer qué es lo que les pasa al resto de alumnos, estoy demasiado cansado de mi propio drama.

Me acerco lo máximo posible sin que puedan notar mi presencia para conseguir escuchar de forma más nítida su conversación. Esta, a medida que hay menos distancia que nos separa, se vuelve más interesante puesto que, lo que creo que es una chica, está algo alterada.

–¿De verdad no vas a salir conmigo?­–Es lo primero que logro escuchar con claridad. Me gustaría asomar la cabeza por la esquina, pero creo que no es buena idea ya que puede darse el caso de que estén vigilando su alrededor para que personas como yo no les molesten. La otra persona no contesta verbalmente–Pero… ¿vamos a tener algo no?–insiste algo dolida y su tono de voz se alza sin quererlo.

Con esa respuesta supongo que la otra persona le ha confirmado el hecho de que no van a salir juntos y eso me pone algo triste porque estoy escuchando como rechazan a una persona. Aún así, quiero seguir escuchando, aunque sepa que está mal meterse en la vida de los demás y más cuando alguien lo está pasando mal.

–Recuerda que sé cosas-su tonto de voz cambia a uno más agresivo y sus palabras rezuman maldad por todas partes.

Abro los ojos como párpados porque para nada me esperaba esa reacción. “Ya no me parece tan pobrecilla la chica, la verdad” pienso. Las sienes me comienzan a palpitar porque la conversación se está volviendo cada vez más atrayente.

De pronto, escucho una especie de gemido que me avisa de que hay algo raro con ellos. Que no solo están discutiendo. Mi corazón se acelera a mil por hora en menos de un segundo y una fuerza invisible pero poderosa tira de mi hacia la esquina para que me asome. Y la verdad es que no tengo ganas de luchar contra ella, a si que me dejo llevar, haciéndome pasar un mal rato porque me estoy jugando el pellejo.

–Pues ya sabes lo que tienes que hacer–por fin habla la otra persona que participaba pasivamente en la conversación.

Su voz, desgraciadamente, me resulta más familiar de lo que me gustaría.

Cuando consigo asomarme, confirmo mis sospechas. Mis ojos se encuentran a Draco tirando de la cabeza de una chica hacia su entrepierna. Ésta, al principio, opone algo de resistencia, pero luego le aparta la mano para dirigirse hasta donde el rubio le estaba llevando. Un pinchazo en el estómago me recuerda de que yo también sufrí algo parecido con él.

Maldigo en mis adentros el hecho de que siempre, todo lo que me ocurra, tenga que ver con Draco o esté de por medio. ¿Qué probabilidades hay de que sea él el que está continuamente presente en mi vida sin que yo quiera?

Draco sigue cada uno de sus movimientos con la cabeza bien alta y los labios apretados. Cuando la chica le comienza a desabrochar la cremallera del pantalón, este se muerde la lengua sediento de placer. Realmente pienso que es el pantalón, por que su cabeza se interpone en la imagen, pero por el ruido y las expresiones del otro, puedo suponerlo.

He de decir que el corazón parece que se me va a salir por la boca y, por desgracia, lo que hay en mis pantalones está reaccionado demasiado positivamente ante la situación. “¿Por qué coño están haciendo esto en medio de los pasillos?” pienso echándoles la culpa a ellos para no sentirme tan mal conmigo mismo.

Mi parte racional, o lo que queda de ella, me suplica para que me largue de aquí cuanto antes, mas hay otra fuerza que lucha contra ella y que parece que está ganando, porque no puedo apartar la mirada del espectáculo que hay delante mía. A si que lo único que hago es rezar para que haya la suficiente oscuridad y estén tan entretenidos en lo suyo como para que no se percaten de mi presencia y se me caiga el mundo otra vez.

Poco a poco, se comienza a hacer patente el sonido característico que tuve que soportar hace bastante tiempo, el cual hace que vuelvan bastantes recuerdos desagradables a mi mente. Al menos doy gracias que esta vez no soy yo el que los está sufriendo y, además, no parece que no lo está haciendo forzada.

Aún así, debería estar asqueado por el comportamiento repulsivo de Draco y aprovechar este momento para exponerlo ante los profesores. Pero a pesar de que la idea me tienta mucho, mi cuerpo funciona a parte de lo que ocurre en mi mente. Hay demasiadas cosas que se parecen a aquella noche y yo aquí, empalmado como un idiota. No os voy a negar que ahora mismo me doy asco, mucho.

Además, algo curioso, es que no veo que él tenga la misma actitud que aquella vez donde me violó. Está inmóvil, con los ojos cerrados y con el ceño algo fruncido. En cambio, en el poco tiempo que tuve fuerzas para visualizarle pude ver que tenía una posición corporal más agresiva, sus dientes estaban muy apretados, los ojos no se movían de mi persona y se movía tan armónicamente para que todo aquello lo pudiera disfrutar aún más que me da que pensar.

Es que es malditamente todo lo contrario y, aunque me encantaría analizarlo mejor, el bulto que tengo entre mis piernas es más prominente y problemático. Me pide a gritos que le de la atención que se merece. Siento como el cuerpo se me vuelve otra vez pesado por ello, impidiéndome moverme. Por suerte, soy salvado por la campana. Quedan menos de cinco minutos para el toque de queda.

Mi cuerpo de recarga de energía rápidamente por el susto y salgo huyendo de allí, sin importarme el ruido que ello haga. Esos dos están demasiado ocupados como para comprobar quien ha sido el que les ha pillado. Además, en mi huida, escucho un insulto por parte de Draco pues, por lo que supongo, se le ha cortado todo el rollo. Qué puedo decir, no puedo evitar reírme de sus pocas desgracias y desear que no sea la última vez que le ocurra.

Decido que esta noche no quiero que sea de esas en las que me quedo rondando por la cama o por la sala común porque no consigo dormirme o porque no quiero hacerlo. Me echo en la cama sin hacer mucho ruido para no despertar a mis compañeros de habitación y me arropo lo máximo posible pues ya se va notando el frío dentro de la escuela. A pesar de todos mis esfuerzos, lo que ha brotado entre mis pantalones parece que no tiene pretensiones de dejarme dormir.

De una larga y tendida conversación con mi yo interior sentencio que no es buena idea que me ocupe de este problema como me pide la entrepierna. Con haberlo hecho en un baño pudiendo entrar cualquiera y escucharme ya me basta, no quiero sentirme aún más incómodo. Encima entre Slytherins, seguro que me lo recordarían hasta que dejara la escuela a saber cuando.

Es así como paso un par de horas dando vueltas, como siempre, en la cama y luchando contra mis deseos de al menos irme a los baños para hacerlo allí. Lo bueno es que esto me mantiene ocupado y no le doy más vueltas a lo que acabo de observar ya que entonces estaría en el mismo punto pero en vez de agitado estaría con una ansiedad curiosa porque no entiendo nada.

Al menos creo que esto es una señal de que voy a tener paz a partir de ahora. Quien sabe.

~ ~ ~ ~

Otra semana ha pasado y lo único destacable de ella es que ha sido más dura de lo normal, tanto las clases normales con mis compañeros de año como las que aún me siguen impartiendo particularmente los profesores para lograr alcanzar el nivel que debería tener. Pero por fin ha llegado el fin de semana, tan ansiado que creo que no voy a hacer absolutamente nada relacionado con las clases en ningún momento.

A pesar de estar agotado mentalmente, me alegra que esta sea la primera semana en que mi preocupación es no hacer nada y no tener que estar vigilando cada molécula de mi cuerpo para que no me ocurra nada. Joder, es que incluso voy a dejar que toda la pereza que tengo acumulada me invada por primera vez desde que he llegado aquí. Porque a pesar de todos los contratiempos que he tenido, no he dejado de dar ni un solo día el cien por cien de mi en las clases y ha sido agotador.

Ahora que lo recuerdo, creo que es buen momento para aprovechar este descanso para escribirles una segunda escueta carta a mis padres para que sepan algo de mi, que deben estar preocupados porque no doy señales de vida. Además, creo que también debería emplear algo de tiempo en pasarme por los diferentes eventos sociales que tienen lugar en varios lugares de la escuela. No sé, hacer algo de amistades y olvidarme de tanta mierda que me ronda por la cabeza.

Creo que Luna me dijo el otro día que se iba a celebrar este fin de semana un partido de Quidditch en el que juegan Slytherin contra Ravenclaw. Si mi memoria no me falla es mañana cuando tiene lugar, a eso de las 5:00 de la tarde, y va a estar acompañada de alguno de sus amigos. Además, me dijeron que si no me apetecía que fuera con ellos hoy por la tarde, después de clases, para pasar un tiempo con ellos en el jardín. Y bueno, por probar creo que no está de más, a lo mejor me animo a lo de mañana y todo.

Cojo los útiles necesarios para escribir la carta a mis padres y me voy hacia un lugar tranquilo en el que poder escupir todos las cosas que quiero decirles. De mientras lo hago, me hago la pregunta de qué es lo que debe estar pasando ahí fuera, en el mundo de los Muggles –como dicen por aquí-. La verdad es que, ahora que lo pienso, es la primera vez en mi vida que estoy aislado de la sociedad, como en un internado –puede que incluso lo sea y no me haya dado cuenta-. Lo de escuela mágica me confunde, aunque no es lo importante ya que no es que esté a disgusto con ser un mago.

Volver a casa en navidad va a ser todo un choque para mi porque ya me he acostumbrado, quiera o no, a estar viviendo aquí.

Escribo a mis padres que todo va bien, que las clases son un poco duras pero que me está gustando estudiar aquí. También que estoy -algo- emocionado por volverles a ver. Vale, puede que lo esté exagerando un poco, pero creo que les gustará leer esto. Para terminarla, les pido disculpas por no escribirles con la periodicidad que a ellos les gustaría, que prefiero centrarme en esta nueva etapa de mi vida.

Luego me llego a la lechucería lo más rápido posible, porque está bastante alejada, y se la doy a una de las comunes para que le hagan llegar el sobre a mis parientes. Suspiro tras que el animal salga de la estancia y me quedo inmóvil unos cuantos minutos, sin pensar en nada.

Un escalofrío me recorre toda la espalda y me hace darme cuenta de una cosa a la que no había dado demasiada importancia: me siento demasiado solo.

Mierda.

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