La vida es aburrida. Capítulo 10

Los videojuegos siempre unen

La mirada azul de Alex reflejaba la sorpresa ante mi petición. Se podía notar que estaba ligeramente cohibido por mi repentino ataque… vale, lo reconozco, tal vez aparecer de la nada, agarrarlo del brazo sin decir ni una palabra y prácticamente arrastrarlo fuera de la multitud no había sido la cosa más sutil del mundo, pero demonios, no necesito sutileza, ¡necesito respuestas!

—¿Que te cuente qué pasó ayer? —Asentí con la cabeza enérgicamente.

—¡Sí, por favor! —Probablemente mostré una imagen demasiado desesperada, casi rogando por un poco de información, pero vosotros en mi lugar harías lo mismo ¡Eso ni lo dudéis! Alex desvió la mirada a las nubes que pasaban por encima nuestro, como si intentase poner en orden sus memorias y saber dónde empezar. Tras unos segundos de deliberación acabó por suspirar y comenzó.

—Crystal me matará por esto, pero…¿te acuerdas del chico que se sentó a tu lado en el juego de la botella?—Volví a asentir de nuevo, sin querer interrumpirle. Alex se rascó una oreja mientras ponía una mueca—. Se llama Jack. Hace ya unos años Crystal y él estuvieron saliendo… y digamos que las cosas no salieron muy bien y cada vez que se vuelven a ver hay problemas.

¡Oh! Así que es la típica escena de malos rollos. La historia del libro que la pelirroja me había prestado me vino a la mente ¿No se suponía que a la protagonista de la novela le pasaba algo parecido? Fruncí ligeramente el ceño deseando por un momento que mi amiga me contase las cosas por ella misma en vez de dejarme pistas confusas que obviamente no se interpretar.

—Vale, eso explica porque estaba ayer tan decaída.

Alex asintió a mi comentario y continuó con el relato.

—El caso es que ayer Crystal bebió demasiado. Le suele pasar cuando está en situaciones incómodas… Bueno, en realidad los dos bebisteis demasiado —Me miró con curiosidad y con un tono acusatorio, pero yo rápidamente desvié la mía y le apremié a continuar. No pensaba ponerme a explicar mis razones para haber estado tan borracho (Básicamente es porque soy imbécil, pero no es algo que vaya a ir gritando a los cuatro vientos).

—Bueno, vale. Bebimos mucho y nos fuimos a la discoteca ¿No? Qué pasó ahí —Alex suspiró.

—Todos entramos dentro y estuvimos ahí unas horas. La verdad es que os perdí de vista durante un buen rato, pero al final salí fuera a tomar el aire un rato y me encontré a Crystal discutiendo a gritos con Jack y sus amigos. No sé muy bien qué había pasado porque llegué bastante tarde, pero parecía que las cosas se estaban poniendo feas. Creo que ambos estaban bastante borrachos. Intenté agarrar a Crystal y sacarla de ahí, pero —El chico volvió a hacer una mueca—, ya sabes como es ella. Es imposible controlarla si está enfadada —Asentí totalmente de acuerdo.Una Crystal enfadada puede superar por creces hasta tus más horribles pesadillas—. Empezaban a llegar a las manos cuando tú saliste de la discoteca. De repente te uniste al grupo y le pegaste un puñetazo a Jack gritándole que no tocase a tu amiga —Noté como mi rostro palidecía ¿Yo pegándole un puñetazo a ese tío?, está claro que el alcohol hace milagros.

—Nada más recibir el puñetazo todos sus amigos se mosquearon. En medio de la confusión conseguí sacar a Crystal del círculo.Tú seguías insultando a todo dios… la verdad es que tienes demasiado genio cuando estas borracho, tío, les estabas tocando las narices. Parecían dispuestos a pegarte y tú no te callabas —Contuve las ganas de hacer un facepalmMuy bien Dan, sigue así y morirás joven“—. Jack te agarró y devolvió el puñetazo, pero fue entonces cuando Nay apareció corriendo y poniendose en medio de ambos os separó. Tuviste mucha suerte novato. Nay consiguió tranquilizarles a todos lo suficiente como para sacarte del círculo antes de que te sacasen los ojos o algo peor. Luego te agarró de la camisa y tiró de ti para volverte a meter en la discoteca, os habría seguido, pero Nay parecía demasiado furioso, no me metería en su camino en una situación así ni loco. Fue entonces cuando yo llevé a Crystal a la furgoneta y cada uno se fue por su lado.

¡Wow! ¿En serio tenía que pasar eso la única noche que no recuerdo lo que hice? Mi yo borracho debe ser un suicida. Permanecí unos minutos en silencio procesando la historia que me acababa de contar. Bueno, entonces varios misterios resueltos. Ya se cómo casi consigo que me maten y ahora también entiendo la reacción de Crystal de esta mañana. Miré a Alex un tanto receloso.

—Entonces…¿Eso es todo lo qué tú sabes? ¿No volviste a la fiesta luego? —El muchacho me miró inocente.

—No, Me quedé en la furgo con Crystal ¿Por qué?¿Pasó algo más? —Rápidamente negué con la cabeza con nerviosismo. No sé qué demonios había pasado por mi cabeza al pensar que tal vez él supiese algo de lo que me contó Haddock.

—No pasó nada —Mi voz sonó demasiado falsa, pero Alex no comentó nada más—. Gracias por la información —Tal vez soné un poco más seco de lo que debería, pero el chico no se mostró molesto y asintió por toda respuesta.

Cuando me separé del Alex volví a darle vueltas al asunto. Entonces el incidente de mi lío ¿Cuándo fue? ¿Con quién? Obviamente no iba a ir preguntando por ahí a la gente. Tal vez lo mejor sería no indagar más en el asunto. Un tupido velo y todo solucionado.

De camino a la caravana me topé con Mía y Haddock. Les iba a saludar, pero la expresión en sus caras me hizo pensar que tal vez lo mejor sería continuar silenciosamente mi camino y no interrumpir la escenita. Haddock estaba más serio de lo que nunca le había visto. Le decía algo a la chica, pero respetando su intimidad decidí no escuchar lo que se estaban diciendo. Tal vez Haddock se hubiese aclarado de una vez por todas y decidiese sincerarse con Mía, porque, seamos sincero, se nota a un kilómetro la atracción entre ellos. Intentando no volver a meter la pata de alguna escandalosa manera seguí el camino hacia el automóvil.

La caravana estaba vacía, mejor, tenía bastantes cosas en las que pensar. Nada más cerrar la puerta me dirigí a mi mochila de donde saqué el libro que me había prestado Crystal. Tenía la impresión de que la protagonista de la obra se parecía demasiado a mi amiga pelirroja. Una chica con problemas en casa, una relación amorosa que acaba totalmente en desastre y que al final sola acaba confiando en un total desconocido simplemente por el hecho de que es amable con ella. ¿Sería mi amiga capaz de confiar así en los extraños? Bueno, pensándolo bien no huyó de mí el primer día con mi frase acosadora. Sí, en definitiva mi amiga sería capaz de confiar en cualquier persona.

Distraídamente pasé las hojas del libro sin fijarme en nada especial, sólo contemplando las letras. Al final suspiré ¿Por qué no podía tener amigos normales con problemas normales? “ Tal vez porque tú no eres normal” Fruncí ligeramente el ceño. No necesitaba que mi subconsciente me recordase lo ratito que soy, para eso ya están el resto de personas del mundo.

El sonido de la puerta al abrirse me hizo cerrar el libro de golpe, sobresaltado. Paralizado en mi sitio vi a Sara entrar por la puerta. La chica llevaba una consola en los brazos y por su cara al verme parecía encontrarse tan incómoda como yo. Nos miramos un rato, expectantes. En mi interior yo ya temía que ella también empezase a gritarme por alguna desgracia que hubiese ocurrido ayer por la noche (Eso o su típica mirada de desprecio e ignoración que me solía dedicar), pero para mi sorpresa la chica no hizo ninguna de esas cosas. Con cuidado dejó la consola apoyada en la mesa de la caravana y me miró unos instantes, como debatiendo algo en su interior. Al final acabo por hablar señalando con torpeza el cachivache que acababa de traer.

—Ehm… ¿Te apetece jugar? —Mis ojos se abrieron de la sorpresa. ¡Dios mío! ¿Sara siendo amable conmigo? ¡Pensaba que me odiaba! Me quedé sin habla unos minutos, hasta que carraspeando conseguí contestar. Aún muy confundido.

—Claro, por qué no.

Anduve con torpeza hasta ella, que me pasó uno de los mandos mientras enchufaba el aparato. Se había traído una tele portátil en la cual apareció la típica portada de los juegos de Smash Bros. El ambiente se notaba tenso, ese típico ambiente que aparece cuando te quedas solo con una persona que se supone que deberías conocer porque estáis en el mismo grupo, pero con la que en realidad nunca has hablado en solitario en toda tu vida. Por fin la rubia rompió el silencio sentándose a mi lado y agarrando el otro mando.

—¿Alguna vez has jugado? —No pude evitar soltar un bufido de autosuficiencia.

—Por favor, ¿Quién no ha jugado alguna vez al Smash bros? Se podría decir que soy un profesional —Perfecto, ya estoy soltando idioteces. No sé si os habéis fijado en que tengo un don que me hace decir cosas estúpidas en momentos de nerviosismo. Sara sonrió con sorna.

— Eso habrá que verlo. Te apuesto lo que quieras a que no me vences —¿Eso ha sido un desafío? Porque a mí me ha sonado a desafío

Y así es como comenzó una batalla a muerte por ver quién de los dos conseguía sobrevivir a la pelea. He de reconocer que la chica era realmente buena. Poco a poco nos empezamos a picar de verdad. Es como esas cosas que piensas que va a ser pan comido hacerlas, pero luego te das cuenta de que estabas equivocado y se te mete en la cabeza que vas a ganar cueste lo que cueste. El juego no era el único campo de batalla. Por la caravana no paraban de sonar los gritos de frustración,de emoción, los de “¡Eso es trampa!”, las risas y los lamentos. A pesar de la competitividad pude notar que la tensión había desaparecido completamente. Tal vez hubiese juzgado mal a Sara. No era tan mala chica a fin de cuentas.

Tras un rato jugando la puerta de la caravana se abrió y por el rabillo del ojo pude ver como Crystal entraba, seguida de Mía y Haddock. Estos dos últimos parecían radiantes de felicidad. No pude evitar sonreír inconscientemente al suponer que la conversación que habían tenido hace uno minutos había salido bastante bien. “Si es que tenía que pasar” Ambos fueron a sentarse al otro lado de la mesa y sin prestarnos mucha atención a Sara y a mí se pusieron a hablar entre ellos. Crystal en cambio nos dedicó una mirada fugaz y sin mostrar interés alguno por el juego se fue a una de las literas. En ese momento ni Sara ni yo nos habíamos dado cuenta de que no fueron los únicos en entrar en la caravana.

Ambos estábamos tan sumidos en el juego que los dos pegamos un bote cuando una mano se posó en un hombro de cada uno distrayendonos. La voz de Nay sonó muy cerca entre nuestras cabezas.

—¿Ya os habéis viciado? —En otro momentos habría salido corriendo por solo ese gesto, a punto de sufrir un ataque al corazón, pero estaba demasiado concentrado en la batalla como para preocuparme, esto era la guerra. El chico apartó nuestras cabezas para poder ver mejor a qué estábamos jugando. Sara y yo emitimos el mismo quejido de frustración.

—Nay ¡Aparta! Que no podemos ver —Nay emitió un bufido.

—No sé por qué os gustan esta mierda de juegos —Sara rió sarcásticamente

—Eso lo dices porque eres pésimo jugando —¡Wow! ¿Habéis visto eso? A eso es lo que llaman “Confianza en uno mismo”. Yo sería incapaz de decirle algo así al chico peliazul. Más que nada porque siempre que intento hablar con él acaba todo al reves de lo planeado. Era bastante obvio que Sara y él tenían años de confianza, intenté ignorar el nudo en el estomago que eso me producía y no aparté la vista de la pantalla, incapaz de girar la cabeza para mirar al chico. Aunque por el tono con el que contestó supuse que estaba frunciendo el ceño.

—Estupideces —Sara tanteó en la mesa sin apartar ni un segundo la mirada de la pantalla y cogió otro de los mandos de la consola pasándolo por detrás de su hombro hacía Nay.

—Atrévete listillo —Nay miró el mando unos minutos. Hasta que al final acabó por sentarse en medio de nosotros y enchufó el mando.

En defensa del peliazul diré que no era nada malo jugando, el problema era que Sara era demasiado buena… pero qué digo, ¡Acabo de descubrir algo que no se le da bien al misterio andante! ¿Acaso hoy era el día de descubrir cosas inéditas? Al cabo de un rato pareció perder todo el interés por el juego, creo que este chico no puede mantener la concentración en la misma cosa durante más de 10 minutos seguidos. Seguro que por eso es tan raro. Derrotado optó por quedarse entre nosotros contemplando nuestra partida con muy mal disimulado desinterés (Por mal disimulado me refiero a que no disimulaba en absoluto. Ni siquiera creo que pretendiese disimular).

Pasaron unas cuantas partidas más hasta que noté como un hombro se apoyaba contra el mío para atraer mi atención. Incluso sin apartar la mirada de la pantalla podía sentir los ojos de Nay clavados en mi. Algo que me puso más nervioso que un pavo en navidad. El chico parecía estar dándole vueltas a algo

—Oye novato … —Temiendo que mi voz se quebrase si hablaba me limité a hacer un gesto con la cabeza indicándole que le escuchaba—. Antes, cuando hemos tenido la conversación sobre lo que pasó ayer por la noche ¿A qué demonios pensabas que me refería si no era a la pelea?

Día 14 y 15 – Tallo

Domingo, otra vez volvía a ser domingo. Ese día que a nadie le gustaba porque el regreso del lunes y del trabajo eran demasiado inminentes. Pero para Ethan era uno de los mejores días de la semana en el que podía estar tranquilo y hacer lo que le diera la gana porque no había nadie que se lo pudiera estropear. Ni si quiera su padre ya que trabajaba todo ese día hasta tarde, para poner al día la tienda que llevaba para la nueva semana que se avecinaba. Aquel día era suyo y de nadie más. Pero aunque parecía que era un final de semana más, igual que todos los demás que a habido en su vida, éste no lo fue en absoluto. Todo empezó con un mensaje que le despertó de sopetón a las 7 de la mañana.

Asunto: Buenos días bello durmiente.

Hola Ethan, ¿qué tal estás? Sé que es muy temprano y puede que te entren ganas de estrangularme por haberte levantado, pero necesitaba hablar contigo“.

Podéis adivinar quien era, Simon. Ethan tuvo que leer un par de veces el mensaje para poder asimiliar lo que decía y darse cuenta de lo que ponía en el asunto, pero acabó sonriendo. Sonrió como un chico tonto que por fin tenía lo que más deseaba. Como cuando crees que has perdido algo pero al final estaba al lado tuya. Como cuando la persona que te gusta siente lo mismo por ti. Las manos le empezaron a temblar y la boca a salivar. Los nervios se apoderaron de su cuerpo en pocos segundos y casi se ahoga con su propia saliva. No le gustaba que le despertaran tan temprano un día en el que podía dormir hasta cuando quisiera, mas si era él el que lo hacía, todo cambiaba.

Agarró el móvil con las dos manos y le respondió.

Asunto: De bello durmiente nada.

Tranquilo no me has despertado, aunque lo de estrangularte no es mala idea, oye. ¿Qué es lo que necesitas hablar conmigo con tanta urgencia?

Dudó antes de enviarlo por el contenido de la respuesta y por no haber tardado mucho en responder, pero al final lo hizo. Después se quedó mirando la pantalla de su móvil esperando el próximo mensaje de Simon, pero tardó tanto en llegar que volvió a dormirse. El ruido de la notificación le despertó de nuevo, pero aun así, no le importaba. Era una bonita manera de despertarse. Si hubiera sido otra persona habría tirado el móvil por la ventana, pero las cosquillas que le causaban el saber que el peliblanco le necesitaba para algo eran tan placenteras que ansiaba su permanencia.

Asunto: Pues a mi me pareces bastante guapo.

Solo quiero saber si te parecería bien venir mañana a comer conmigo después de la escuela. Quiero pasar más tiempo contigo, quiero recuperar el tiempo que hemos perdido durante todos estos años. Llámame loco, pero es que te quiero“.

Ethan tragó saliva y desvió la mirada avergonzado fuera del móvil. Menos mal que estaba solo y que nadie podía ver aquella tonta reacción, pero le había pillado totalmente desprevenido con esa declaración. Otra vez. Su cuerpo temblaba entre una especie de emoción y curiosidad por la invitación a su casa. La sonrisa que había aflorado en su cara era tan intensa que le estaba doliendo por no poder cortarla. Saltó de la cama, dio una vuelta por su cama y se tiró de nuevo a esta en plancha en un intento de apagar, sin éxito, aquella esperanza de poder ser feliz. Le estaba visitando por fin. Tanto tiempo sin poder sonreír, sin poder sentir nada en su interior por lo que vivir, sin saber por qué seguía viviendo habían hecho aquel momento uno de los más emocionantes de su vida.

Asunto: Mejor no te digo mi opinión.

Solo si me haces algo rico que me convenza. Algo como macarrones con queso o carne con patatas. Ya sabes, cosas elegantes para un invitado especial“.

Respondió haciéndose el desinteresado. Desgraciadamente, el orgullo no le dejaba decir lo que verdad sentía, aunque era lo mejor porque así no mostraba lo desesperado que estaba. El mensaje de Simon tardó segundos en llegarle con un mensaje de afirmación.

Aquella mañana la pasó entera caminando de un lado a otro de su casa como un niño pequeño que no para por la hiperactividad. El resto de día fue casi igual aunque un par de horas las dedicó al estudio para no atrasarse con ello. La esperanza estaba inundando por completo su cuerpo. Ya los comentarios hirientes de su padre no le afectaban, ni los recuerdos que siempre le hacían caer al gran vacío de su interior. Todo entraba por un oído y salía por el otro. Hoy era un día diferente y le estaba encantando que así fuera. Estaba contento y sentía que a lo mejor esta vez era él el que se iba a comer el mundo y no el mundo a él.

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Simon agarró por la cintura a Ethan y le empujó contra la mesa más cercana que había en la clase. Deslizó una de sus manos en sentido ascendente rozando el pecho desnudo del menor, causándole la erización de su bello. Cuando llegó a su cuello lo apretó levemente para luego acercar su cabeza, provocando que sus bocas volvieran al unirse después de tanto tiempo. Aquellos labios le habían echado de menos, añoraban volver a ser queridos. 

El mayor, cansado de controlar su cuerpo por los impulsos tan fuertes que sentía, levantó a Ethan con ambas manos y éste le rodeó la cintura con las piernas para agarrarse. No sabían como habían llegado allí pero ahora mismo eran ellos dos y nadie más importaba. Cada roce, cada mirada o cada sonido hacía que sus cuerpos ansiaran más sentir el calor del contrario. Sentir como cada uno estaba dispuesto a dar lo más preciado e íntimo que tenían. Simon apoyó al menor encima de la mesa pero sin soltar éste su atadura que había hecho con sus piernas. No quería alejarse de él ni un milímetro.

Entre besos, Ethan tiró de la camisa del contrario y se la quitó para admirar su precioso cuerpo atlético. Con una de sus manos empezó a tocar cada uno de los recovecos de su torso y espalda. Aquello era todo suyo. Podía sentir como su cuerpo se moría de ganas por besar y morder algunos lugares del mayor. Los pantalones del peliazul no duraron más de tres besos y dos caricias, al igual que su ropa interior. El mayor le tumbó sobre la superficie de la mesa y, como pudo, siguió besándole. Pero cuando uno de sus dedos amenazaba por entrar en la apertura anal del menor, pensó que sería más relajante para éste el besar su barriga. Daba dos besos para acercar un poco más su dedo al objetivo, haciendo desesperar al menor.

Pero Ethan no aguantaba más. La cabeza y todo el cuerpo le ardía. Estaba sudando, más que nunca, y su cuerpo pedía cosas que jamás había sentido. Quería que siguiera, quería que le hiciera lo que estaba a punto de hacer. Su cuerpo lo necesitaba, lo pedía gritos. Quería que Simon le penetrara. A la mierda lo bien visto socialmente“.

La alarma sonaba estridentemente causando que su sueño se quedara ahí, en un sueño. Aunque la excitación que había sentido durante éste aun estaba en su cuerpo. Emanaba un calor insoportable y tuvo que salir rápidamente de la cama para darse una ducha fría y bajar un poco la temperatura tan extrema que había alcanzado. Las gotas frías hacían que su cuerpo se estremeciera por la diferencia de temperatura. Su cabeza daba vueltas y la confusión ocupó por completo sus pensamientos. ¿Por qué su cuerpo había reaccionado de aquella forma? Se sentía sucio y desconcertado pero a la vez curioso por aquel descubrimiento. Quien iba a decir que le atraía la idea de que alguien o algo le penetrara. Había parecido tan real… que a lo mejor era verdad que quería que le hicieran aquello.

Ethan no tardó mucho en salir de su casa porque Simon le había enviado un mensaje para avisarle que le estaba esperando abajo para ir juntos a la escuela. En esta ocasión, el viaje fue más divertido que incómodo ya que habían perdido un poco el miedo de hablarse y los recuerdos del sábado les dejaron de agobiar. El resto de la mañana transcurrió como siempre: profesores dando clase como si les fuera la vida en ello, un examen sorpresa para comprobar si estaban estudiando en casa y las típicas bromas que le hacían algunos compañeros al menor. Nada fuera de lo normal.

Cuando sonó la campana, Ethan buscó impaciente la mirada de Simon entre la primera fila de pupitres. Éste se la devolvió y se levantaron casi a la par para salir juntos de la escuela, aun a sabiendas que la gente ya estaba empezando a crear rumores sobre ellos. Habían decidido no dejarse coaccionar por el pensamiento de los demás y que lo único que importaba era ellos dos, lo que sentía el uno por el otro. De camino a casa de Simon, éste se paró en seco y echó la vista hacia atrás alarmado. Como cuando un perro olfatea el peligro.

-Creo que alguien nos está siguiendo- declaró sin dudarlo. Ethan miró hacia atrás, también curioso por ver quien les estaba siguiendo, pero no vio a nadie. Confuso echó la vista hacia el mayor, esperando que le explicara algo, pero éste echo a correr hacia atrás como un poseso. Tenía los puños muy apretados, casi blancos.

Ethan sin enterarse de lo que pasaba, echo a correr tras de Simon e intentó alcanzarle, pero se estaba haciendo evidente la diferencia atlética entre ellos dos. Cuando llegó al sitio donde había perdido la silueta del mayor, escuchó gritos que provenían de una callejuela pequeña cercana a él. Se acercó lentamente por el miedo de no ser quien pensaba que era y asomó su cabeza por la esquina. Por su suerte o desgracia era Simon, que estaba agarrando a un chico por el cuello de la camisa y lo tenía acorralado contra la pared. Tenía la cara muy contraída y mostraba los dientes furioso.

-¿NOS ESTABAS SIGUIENDO?- preguntó gritando con muchísima ira. Su cuerpo estaba temblando y apenas parpadeaba. Estaba muy concentrado en vigilar al chico que tenía entre sus puños. Ethan se acercó al peliblanco y le tocó el hombro para intentar calmarle pero cuando vio quien era la persona que había hecho enfadar tanto al mayor, pegó un respingo y dio dos pasos atrás. Era Norman. Al parecer ,no se había cansado de hacerle la vida imposible. Estaba ahí y como siempre, en el momento que menos indicado y esperado.

-¿Y qué? Aquí lo importante es que vosotros sois unos malditos homosexuales y merecéis que todo el mundo lo sepa y os den vuestro merecido. Aunque bueno, ya hay muchos rumores de vosotros y no me costará mucho-dijo sonriendo mientras miraba intensamente a Ethan. Se le estaba yendo la cabeza. La obsesión que sentía ya por Ethan era una enfermedad.

El menor volvió a dar otros dos pasos hacia atrás, hasta chocarse con la otra pared. El miedo estaba volviendo a él, sus piernas estaban flaqueando y el caer al suelo era algo inminente. No podía luchar contra aquello. Otra vez se le echaba encima el mundo. ¿Qué había pasado con lo de a la mierda lo que la gente pensara de él?

-Me tienes harto-declaró Simon y en un abrir y cerrar de ojos, había levantado el puño que tenía libre y lo envió directamente a la cara de Norman. El rubio cayó al suelo de culo y se llevó una mano hacia el golpe que le acaban de propinar. Echó un leve quejido por el dolor y al mirarse la mano, encontró que tenía un pequeño rastro de sangre-¡Y ni se te ocurra acercarte a Ethan otra vez o te juro…-hizo una pausa para intentar normalizar su respiración, estaba casi hiperventilando-…QUE TE MATO!-aquellas palabras sonaron en la mente de Ethan más veces de las que hubiera deseado, golpeándole las sienes de vez en cada repetición.

Aquella amenaza solo provocó que la sonrisa de Norman se ensanchara aun más. Susurró algo que ninguno de los dos consiguió oír pero si que Ethan pudo leerle los labios: “Tranquilo que yo no me voy a acercar, va a ser él quien lo haga”. Un nudo cerró su garganta y el pánico se apoderó de él. Simon, cegado por la furia, le propinó una patada en el costado y agarró a Ethan para llevárselo de allí. Le había agarrado por la muñeca y, a medida que iban avanzando hasta la casa del mayor, éste le agarraba con más fuerza.

Sentía como su mano se estaba hinchando y como la sangre no le llegaba a los dedos. Pero le daba miedo decirle algo y que la pagara con él. Estaba aterrorizado y si no fuera porque estaban tirando de él, estaría quieto como una estatua. Era tonto pero sabía perfectamente cuando callarse para no salir peor parado. Además, nunca había visto a Simon de aquella manera.

Estuvieron andando así unos diez minutos más hasta que el mayor se paró en seco en frente de un portal bastante antiguo, de madera. Al ir a abrir la puerta por fin soltó la atadura que le había hecho en la muñeca. Fue una sensación extraña ya que se le había dormido la mano y apenas sentía tacto con ella. Pero cuando Simon abrió la puerta, se olvidó completamente de su mano y de lo que acababa de pasar. Era la típica casa antigua japonesa con un jardín increíblemente hermoso. Pero eso no fue lo que más le llamó la atención, sino el recuerdo de que hace un par de semanas la había visto desde el tren. Era ese jardín rosado y verdoso que tanto había envidiado en aquel instante. Miró al mayor, asombrado, y le sonrió.

-Es hermoso-consiguió decir. Poco a poco entró y se quedó en el pequeño camino de piedras que llevaba a la puerta de la casa, admirando los colores tan vivos y especiales de las plantas que les rodeaban. Estaba lleno de rosas de color rosa y blanco y algunos árboles en flor.

Pero Simon no le correspondió la sonrisa sino que entró dentro de la casa dejándole atrás, con prisas de llegar a un sitio seguro y conocido. Aquello no pintaba bien. Por culpa de Norman la “cita” iba a ser bastante incómoda. Comieron sin apenas hablarse y el mayor había tenido el ceño fruncido todo el rato. Algo estaba pasando por su mente que no le dejaba comportarse normal, algo le estaba atormentando.

Ethan lo miraba preocupado ya que no comprendía el grado de su enfado y el por qué aun no le había dirigido ni una mirada después de el percance con el rubio. Todo iba mal. “No sé por que me hago ilusiones si al final nunca me pasa nada bueno” pensó y era verdad, cada vez que algo parecía ir bien otra cosa lo estropeaba. Toda la ilusión y la esperanza que se habían hecho hueco en su interior, se estaba escapando rápidamente en cada segundo que pasaba, llenándose todo otra vez de miedo. Además, la culpa de saber que el contrario estaba en ese estado por él, aunque no supiera lo que le molestaba, le estaba empezando a ahogar. Apretaba su garganta haciendo que no pudiera ni tragar saliva.

-Será mejor que me vaya-dijo Ethan mientras se levantaba de la mesa con el plato y el vaso en la mano para llevarlos al fregadero-Mis padres quieren que esté temprano en casa y creo que voy a tardar bastante en llegar-puso de excusa para no sentirse tan mal por querer irse, mas sabía que allí no pintaba por más tiempo.

No obtuvo respuesta sonora, solo un leve asentimiento por parte del mayor. Cogió todas sus pertenencias y salió de la casa como había entrado: aterrado. Esta vez no admiró el hermoso jardín de Simon, no quería arrepentirse de la decisión que había tomado. Todo sería más fácil si solo miraba al frente.

Antes de pasar por la última puerta de su casa, el peliblanco llamó su atención. Con paso poco decidido y con los puños aun blancos, se le acercó e intentó besarle. La ilusión volvió a Ethan, toda esa que se le había escapado minutos atrás. Mas se quedó en eso, en un intento. Pues lo que le estuviera atormentando se hizo más poderoso y no le dejó llegar a darlo.

-Si, será mejor que te vayas Ethan-proclamó cerca de su cara y con los ojos cerrados. Ahora que lo tenía tan cerca podía ver cómo unas pequeñas ojeras se abrían paso en su perfecta cara-hasta mañana.

El peliazul se desinfló y salió de aquel sitio con el paso más rápido que podía mantener hasta llegar a su casa.

Cuando llegó, saludó desganadamente a los inquilinos que había en ella -menos a su padre- y fue hacia su habitación para comenzar de nuevo su antiguo ritual: mirar el pequeño universo que había creado en su techo. Pasó horas y horas así, pensando en lo que podía haber pasado si el gilipollas de Norman no les hubiera seguido y muy a su pesar, le deseó la muerte. Quería que le dejara en paz, aunque aquello era muy improbable. El mundo estaba en contra suya y lo estaba devorando mientras el no podía ni defenderse. “Ojalá no siguiera viviendo en este maldito sufrimiento al que algunos llaman vida” grabó en su mente casi a fuego. A partir de ahora lo debería tener más presente para no tener falsas esperanzas de que la vida es algo bonito.

Había tenido lo que tanto ansiaba tan cerca que, el haberlo perdido así, ha sido el golpe más doloroso que se podía haber llevado.

Podréis llamar a Ethan loco, pero otra vez la idea de no seguir con esa vida se hacía tentadora en su cabeza a medida que iba avanzando hacia los brazos de Morfeo.

Días 14 y 15 completados

La vida es aburrida. Capítulo 6

Todos los caminos llevan a Canfranc

-¿¡PERO QUÉ COÑO HACES, DESGRACIADO!?

Chasqueé la lengua molesto y aparté la mirada de la pantalla de mi móvil para asomar ligeramente la cabeza por el hueco de la litera en la que me había refugiado. Sara movía los brazos exaltada desde su asiento de copiloto. A su lado podía ver la melena azul de Nay sentado al volante. Por su postura parecía que la chica le acababa de pegar una colleja.

-¡Qué no es por ahí, Nay! Vuelve, vuelve.

El chico se encogió de hombros y siguió conduciendo.

-Seguro que por aquí también se puede ir.

-¡Qué dices idiota! Sí aún quedan 30 kilómetros para la salida.

Me mordí el labio sintiendo una repentina preocupación. Odiaba admitirlo, pero probablemente Sara tuviese razón. El aire pasota de un tío tan raro como Nay no parecía lo mejor a la hora de manejarse con un mapa. Aún así él siguió a lo suyo y habló con voz calmada.

-Todos los caminos llevan a Roma.

-A Roma, no a un pueblo de las montañas, imbécil -Sara volvió a pegarle en la cabeza con la mano como para reafirmar lo dicho. Nay soltó una palabrota entre dientes y se llevó una mano a la coronilla, molesto.

-¡Quieres hacer el favor de dejar de pegarme!

-No hasta que des la vuelta.

-Te he dicho que por aquí se puede ir también.

-¡Admítelo! Tu sentido de la orientación es pésimo.

Una figura me tapó la vista del espectáculo que estaba montando la pareja. Aunque sus gritos siguieron sonando por toda la caravana. Alcé la vista para toparme con los ojos verdes de Crystal. Mi amiga hizo un gesto con la mano para que la hiciese un hueco en la litera. Frunciendo el ceño me eché a un lado permitiendo tumbarse a mi lado.

-No te preocupes. Nay nos podría llevar al mismísimo abismo sin darse cuenta, pero Sara sabe controlarle.

Me limité a asentir levemente sin muchas ganas de aportar algo a su comentario. Conteniendo las ganas de mirar de reojo de nuevo hacia la pelea clavé la vista en la litera de arriba. “Hacen una buena pareja”. Vaya que si la hacían, solo con mirarles podías notar los años de confianza que debía existir entre ellos. Y además los dos pegaban con sus apariencias…eh… curiosas. Un capirotazo en la cabeza me alejó de mis pensamientos. Miré a Crystal confuso mientras me frotaba la frente en el lugar donde me había golpeado.

-Eres bastante fácil de leer ¿sabes?

Fruncí el ceño al no comprenderla. ¿Ahora me había convertido en un libro o qué? Crystal siguió hablando como si nada.

-No te rayes con cosas estúpidas -Centré mi atención en el móvil mientras jugueteaba con él entre mis manos.

-No sé de que me estas hablando -Crystal suspiró, pero no añadió nada más. Tras unos minutos en silencio acabó quitándome el móvil de las manos y se puso a cotillear lo que tenía. Fue entonces cuando recordé que tenía una conversación pendiente con ella.

-Oye, pelo zanahoria -La chica alzó una ceja sin apartar la vista de la pantalla del móvil, indicándome que había oído el apodo-, lo hiciste aposta, ¿no? -Crystal dejó escapar una sonrisa torcida.

-No sé de que me hablas -bufé mientras intentaba quitarle el móvil de las manos.

-Los niños que mienten reciben carbón en navidades, ¿sabías?

-Entonces ya sé que regalarte el próximo año -La risa de Crystal me hizo sonreír, pero aún así ignoré su intento de cambiar de tema.

-Sabías que Tarón era el tutor de Nay. Y que si trabajaba ahí me encontraría con él sí o sí -Solo me faltaba señalarla con el dedo acusatoriamente-. Si tanto querías pasar las vacaciones en una caravana conmigo podrías haberlo pedido -Bromeé con aire desenfadado-. eres retorcida -Crystal volvió a reirse.

-Me gusta la idea de pasar las vacaciones con mi amigo friki, pero yo no le pedí a Nay que te trajese -Aquel dato me sorprendió. Si Crystal no se lo había pedido ¿Por qué demonios me había llevado con él? De nuevo un golpe en la cabeza me hizo volver al mundo real-. No intentes comprender la mente de ese chico. Nadie lo consigue. Aunque si quieres mi opinión yo creo que le agradas.

Bufé por acto reflejo, aunque en mi interior notaba el estómago hecho un nudo.

-Lo que en realidad le agrada es meterse conmigo. Seguro que pensó que sin un pardillo del que burlarse el viaje sería aburrido. Crystal se encogió de hombros.

-Piensa lo que quieras.

Fue entonces cuando caí en la cuenta de que durante la conversación Crystal se había dedicado a escribir mensajes comprometidos a mis conocidos y la charla amigo-amiga fue sustituida por un montón de gritos y forcejeo en un intento de recuperar el aparato.

Una hora más tarde (Habría sido media si Nay no se hubiese empeñado en coger el camino através de montañas en vez del normal) estábamos en los Pirineos a punto de llegar a la frontera del país. Me estiré en el asiento que había ocupado mientras contemplaba la oscuridad de la carretera desde la ventana. Habíamos tardado más de 6 horas en llegar hasta ahí y obviamente la noche había ganado al día. El paisaje de fuera se veía bastante tétrico con el bosque tan oscuro. La verdad es que nunca me ha gustado mucho la oscuridad. Puede que los hipsters digáis que la noche es alternativa y no sé qué chorradas, pero a mí el hecho de no poder ver a dos palmos de mi cara me pone de los nervios.

Poco a poco empezamos a divisar las casas que nos indicaban que estábamos entrando al pueblo que estaba al lado de la frontera. Parecía el típico pueblo preparado para la nieve y el invierno. Si te imaginas el pueblo de “Papa Noel” probablemente te imagines algo que se asemeje bastante a esto… solo que este está estropeado por los turistas.

Cuando paramos el coche suspiré aliviado. Pensar que al menos pararíamos a descansar aquí erá un alivio. Fue entonces cuando la cabeza de Haddock asomó sonriente desde la litera de arriba.

-¿Listos para la acampada?

-¿Acampada? ¡Eso no estaba en el contrato! –“pero qué contrato si prácticamente te han traído a la fuerza”. Haddock se río de mi expresión incrédula.

-¿Qué gracia tendría viajar por el mundo si vamos a dormir encerrados en una vieja caravana? No seas vago y coge tu mochila, Novato -Dicho esto bajó de un salto la litera y como si fuese el mandamás salió de la caravana con paso decidido.

Curioso por saber dónde tenían pensado dormir seguí a los demás al exterior. Fuera la noche era fresca (Algo bastante normal si se trataba de un pueblo del Pirineo), pero sinceramente agradecí el cambio comparado con la ciudad.

Haddock y la compañía ya habían iniciado la marcha a dios sabe dónde. Al distinguir una cabellera azul en la oscuridad me apresuré a seguirles el ritmo. (No es por nada, pero a mi no me agrada la idea de perderme solo en mitad de la montaña por la noche). Cuando llegué hasta Nay él ni siquiera pareció notar que caminaba a su lado, pero esta vez no dejaría que me intimidase su aire de “Todo me importa una mierda” Carraspeando ligeramente me hice notar.

-Oye ¿Tú tienes idea de a dónde vamos? -Nay volvió la cabeza hacia mí y para mi sorpresa me sonrió. Sí, sonreír, ningún comentario sarcástico y despectivo, ni siquiera una de sus cejas encarnadas como si fuese totalmente obvio… definitivamente este tío es bipolar. Con amabilidad me agarró del hombro y señaló con la otra mano algo a lo lejos.

-¿Ves ese edificio de ahí?

-Ehm… sí –“Mentira. Perdiste el hilo de la conversación nada más te puso un dedo encima” Queriendo llevarle la contraria a mi subconsciente me obligué a mí mismo a olvidarme del escalofrío que me recorría todo el cuerpo y parecía nacer de su mano e intenté enfocar la vista hacia la gran sombra que había al final de la calle.

-Hace un siglo era una estación internacional de trenes. La hicieron a lo grande para quedar bien con el resto de los países, típico de políticos. Ahora está abandonada. Con el A.V.E. a nadie le interesa una estación antigua. Así que no es más que un edificio enorme y destrozado que antes servía para algo.

-Muy bonito… ¿y…?-murmuré automáticamente. Aunque en realidad seguía luchando con mi maldito cerebro para conseguir despejarme la mente. Tragué saliva notando la boca más seca que nunca. Al notar el repentino silencio me atreví a alzar ligeramente la vista para encontrarme con el rostro de Nay mirándome (esta vez sí) con una ceja encarnada. Permanecí unos minutos en silencio hasta que por fin caí en la cuenta-, ¡¿Vamos a dormir ahí?!

Nay se limitó a suspirar derrotado por mi estupidez. La mano que aún seguía en mi hombro me aferró con más fuerza, causándome un respingo y que de nuevo mi mente atontada ganase la batalla contra la mente despejada.

Para mi sorpresa no nos dirigimos directamente a la estación. La pasamos de largo desde la carretera y continuamos el camino por la montaña, subiendo hasta que llegamos a una zona que quedaba por encima de la valla que recorría el muro y pasaba por encima del túnel donde antes debían estar las vías del tren. Desde ahí era fácil entrar al recinto de la estación sin tener que trepar la valla, porque esta quedaba por debajo de nosotros.

Miré de reojo a los demás, meditando si eso sería legal o no. Aún así, consciente de que la mirada de Nay estaba clavada en mí me forcé por no mostrar indecisión. Con rapidez me subí a la valla de piedra y salté desde ahí para entrar al recinto. El imponente edificio de la estación era rectangular. Al estilo de las estaciones del siglo XX. Con una especie de cúpula en medio. Con la oscuridad de la noche parecía ligeramente siniestra y un sentimiento de respeto me invadió. Ese sentimiento que sientes cuando estas ante algo que eres consciente que es valioso, o que al menos lo fue. El resto del recinto estaba ocupado por vagones antiguos, carretas que habían sido abandonadas junto con la estación y estaban oxidadas y pintarrajeadas.

A mi lado noté la presencia de alguien, y aunque ya sabía quién era me giré para ver a Nay contemplar el lugar con la misma expresión inmersa que tenía yo. Como muchas otras veces me pregunté que estaría pasando por su cabeza en esos instantes, pero no pregunté. A nuestra espalda se oían los chillidos de Crystal y Mía intentando saltar la valla, a Sara partiéndoselo de risa al verlas y a un desesperado Haddock que les aseguraba que él las cogería para tranquilizarlas, sin mucho éxito.

Me tensé cuando Nay dejó de contemplar el recinto para centrar la atención en mí. Con un ligero movimiento de cabeza señaló la estación e inició el camino hacia esta. En silencio le seguí apresuradamente (Tropezándome unas cuantas veces en el intento… menos mal que él estaba de espaldas, si no probablemente me habría ganado un par de nuevos motes)

Llegamos hasta el edificio, pero Nay en vez de dirigirse a la entrada puso rumbo a la parte trasera del edificio. La fachada por detrás tenía el mismo aspecto que por delante. Un edificio de madera y hierro que aún se mantiene firme a pesar del tiempo y el abandono. Pocas ventanas permanecían intactas. La mayoría habían perdido el cristal y ahora eran tapadas por tablones de madera que algún guardía habría puesto por ahí. Nay se acercó a uno de los tablones y lo palpó con las manos, juzgando si era resistente o no. Fue entonces cuando pareció volver a fijarse en mí.

-¿Vas a ayudarme o qué? -Sobresaltado me apresuré a acercarme al mismo tablón intentando que no se viesen lo mucho que me temblaban las manos. Entre los dos conseguimos sacar el tablón dejando a la vista el agujero de la antigua ventana. Sonriendo con satisfacción Nay se coló por el hueco seguido de mí.

El interior del edificio era igual de imponente que el exterior. No sé cómo, pero simplemente un sitio tan enorme y tan vacío tenía un aura que literalmente acojonaba. Te hacía sentir pequeño e insignificante.

Tiré al suelo mi mochila y avancé por la sala vacía. El techo era altísimo y se podían ver las vigas que cruzaban de un lado a otro, sosteniéndolo pasase lo que pasase. Aunque en algún lugar había un agujero que dejaba pasar la luz de la luna permitiéndome ver algo, lo cual agradezco ¿He mencionado ya que no me gusta la oscuridad? ¿Sí? Bueno, pues lo digo de nuevo, la detesto. Ahora que lo pienso tampoco me gusta la luz exagerada. Debo ser rarito, no me gusta nada.

A los lados había cabinas de madera. No resultaba muy difícil imaginarse ese lugar unos años atrás lleno de gente. A pesar de estar abandonado seguía manteniendo la esencia de estación. En medio de la sala había un hueco de una escalera que supuse que llevaría a los andenes o algo parecido, pero al asomarme por ahí estaba todo tan oscuro que no pude ver nada.

Suspirando me senté en los escalones que descendían clavando la vista en la inmensa oscuridad del fondo. Nay se sentó a mi lado en silencio y los dos permanecimos mirando al mismo punto unos instantes. Unos instantes que obviamente yo tuve que romper. “Sí señores, siempre tengo que fastidiar los momentos solemnes”. Con voz baja (No sé por qué consideraba que hablar con voz normal en aquel sitio sería una falta de respeto) murmuré unas palabras.

-Ni siquiera le he mencionado a Tarón que iba faltar al trabajo unos días -Por el rabillo del ojo pude distinguir la sonrisa torcida de Nay… o tal vez fuesen imaginaciones mías, no sé.

-Es gracioso. Piensas antes en Tarón que en tus padres -Parpadeé unos segundos confundido.

-¿Mis padres? -Poco a poco mi semblante se heló-. Mierda, mis padres -Me golpeé la frente con la palma de la mano-. ¡Mi madre me va a matar!

Ahora sí que puedo decir que la risa del peliazul no me la había imaginado. El chico pasó su mano por mi cabello, despeinándolo.

-Eres raro -Arrugué la nariz “¿Raro? ¡Mira quién habló, señor misterio andante!”, pero no dije nada al respecto y me limité a cambiar de tema.

-¿Los padres de los demás les dejan irse de viaje? -Nay dejó de reirse y se encogió de hombros.

-Si quieres saber eso preguntaselo a ellos no a mí -Lo miré unos instantes recordando la conversación en mi habitación.

-¿Tarón te deja irte por tu cuenta todo el verano? -A pesar de la oscuridad pude sentir la mirada acerada que me dedicó, pero no me dejé intimidar y no aparte los ojos de él. Al final Nay chasqueó la lengua

-Cuando eres mayor de edad un tutor deja de tener poder sobre ti -Por su tono supuse que no me iba a contar mucho más sobre él, ni aunque ahora me preguntase internamente cuál era su edad, así que volví a guardar silencio … hasta que como no me surgió otra duda (Sí chicos, está claro que soy un pesado en toda regla)

-Nay -El aludido no me miró, pero por alguna razón supe que me estaba prestando atención-. ¿Por qué me has traído a este viaje?.

El peli azul frunció el ceño y pareció que le costaba encontrar una respuesta. Esperé paciente y curioso, pero la respuesta no llegó. En cambio lo que si que llegó fue una pelirroja loca que se lanzó encima mío gritando lo cabrón que era por haberla dejado sola en su intento de saltar la valla. Cuando volví a mirar Nay ya no se encontraba sentado a mi lado.

Actualizaciones SEMANA 2

Estas son las nuevas historias y capítulos que se han añadido en la semana 2 del blog:

-Buscándote en otro mundo (Capítulo 5): Haz click aquí para leerlo.

-El chico del baño (Capítulo 2): Haz click aquí para leerlo.

-Encendiéndome (Capítulo 3): Haz click aquí para leerlo.

-Espiral (Capítulo 3): Haz click aquí para leerlo.

-La vida esa aburrida (Capítulo 5): Haz click aquí para leerlo.

-Pétalos de rosa (Capítulo 5): Haz click aquí para leerlo.

-Yo lo llamo amor. Él, odio (Capítulo 5): Haz click aquí para leerlo.

Si hay algún link que da error o algún problema, contactad con nosotres para que podamos arreglarlo. Muchas gracias y disfrutad de la lectura.

Actualizaciones SEMANA 1

La semana pasada se actualizaron las siguientes obras:

-El chico del baño (Capítulos 1 y 2): Haz click aquí para leerlo.

-Historias silenciadas (Varios capítulos): Haz click aquí para leerlo.

-La vida es aburrida (Capítulo 4): Haz click aquí para leerlo.

-Pétalos de rosa (Capítulo 4): Haz click aquí para leerlo.

-Pétalos de tinta (Capítulo 1): Haz click aquí para leerlo.

-Yo lo llamo amor. Él, odio (Capítulo 4): Haz click aquí para leerlo.

Cada semana habrá una actualización como ésta de lo que se añadió la semana pasada. Si hay algún problema, contactad con nosotros para solucionarlo. Gracias.