Capítulo 22 – Descontrol Parte 2

Narra Nadir

Me encuentro ensimismado recordando cada esquina de piel que surqué en la misma ducha que estoy utilizando ahora mismo. Toco la parte de la pared en la que le apoyé con algo de brusquedad, buscando una mayor comodidad con la postura en la que estábamos y así poder soportar, con mayor facilidad, su peso entre mis brazos. Me viene a la cabeza incluso todas las gotas que se precipitaban sobre la cara e ignoraba porque mis ojos estaban fijados en sobre todo su ser y lo demás no tenía importancia.

Por desgracia, hay una palabra que hace que todo esto se desvanezca de mi cabeza: jueves. Hay un par de personas hablando cerca de mí. Esto hace que recuerde otra cosa de casi igual importancia. Me quedan apenas pocas horas para comentarle a Jared mi respuesta sobre su propuesta de seguir con su plan a sabiendas de lo que pueda pasar a Gabriel o negarme y tener una bomba de relojería que no puedo desactivar.

Creo que jamás he tenido que tomar una decisión más dura que la que se me está avecinando. Además, está el plus de que no estoy teniendo en cuenta la opinión de alguien que debería estar al tanto de esto y podría tomar sus propias decisiones. Está la opción de que su decisión no me guste, pero creo que sería un enorme error tener que decidir por él cuando ya no le conozco como lo hice. He sido y estoy siendo muy egoísta y me he centrado solo en mi mismo, en lo que creo y pienso que es lo mejor para poder protegerle pero ¿cómo me sentiría yo si él fuera el que estuviera en mi lugar? Si quiero seguir avanzando, otra vez, en nuestra relación, debo darle el peso que se merece en estas situaciones. Él no es menos que yo.

Es verdad que antes estaba solo, mas ahora ya no. Es así tanto para lo bueno como para lo malo. “Mierda, no me gusta sentirme tan débil” me maldigo puesto que es uno de los sentimientos que más odio, por no decir el que más. Trato de enjabonarme lo más rápido posible, apenas disfrutando del agua caliente. Salgo con paso acelerado hacia mi taquilla, seco todo mi cuerpo sin pudor y un tanto el pelo para que no esté muy húmedo y gotee. Me pongo uno de los uniformes limpios de la pila que hay en la taquilla más cercana, dándole la menor importancia a la talla que me voy a poner por las prisas que llevo. Como era de esperar, la que he cogido no es la adecuada ya que los pantalones me amenazan con caerse de mi fina cintura, pero no me queda tan mal en el conjunto. Me vuelvo a escurrir el pelo antes de salir en dirección a la habitación.

Aún me quedan 15 minutos antes de tener que estar en el comienzo de mi entrenamiento, por lo que si los aprovecho eficientemente, tendré tiempo suficiente como para comentárselo por encima y que él me pueda dar su opinión. Necesito que me diga que es lo que piensa sobre todo esto.

Aprieto el paso hasta el punto de llegar a correr y, al acercarme al pasillo donde se encuentra su habitación, escucho unos murmullos que no me gustan nada. Algo no anda bien puesto que al asomarme por él, puedo ver como un montón de guardias están entrando en su habitación. Mi cuerpo se sigue moviendo solo e intento entrar por todos los medios dentro de la habitación, pero el pecho de alguien evita que lo haga.

–No puedes pasar, por tu propia seguridad–Me dice, o más bien consigo descifrar leyendo sus labios puesto que no puedo escuchar otra cosa que no sean los desgarradores gritos de sufrimiento de Gabriel. Hacen que me estremezcan y que el alma se me caiga al suelo.

Hago caso omiso de su prohibición y me escabullo de su persona con facilidad para lograr verle y ayudarle. Quiero saber qué es lo que le están haciendo estos sádicos. Consigo ver algo de él entre todas las siluetas de los guardias que están encima suya, se encuentra tirando en el suelo y siendo aplastado y aprisionado por todos ellos. Tiene los ojos en blanco y su mandíbula visiblemente tensa, ahí es cuando me doy cuenta de que hay un guardia que le está electrocutando con una porra. Para las alas, hay dos tíos encima de ellas para que no pueda moverlas. Jamás he visto imagen más horrible que la que estoy presenciando en este momento.

–¡Sacad de aquí a este idiota!–escucho a alguien decir a lo lejos mientras todo me da vueltas y la escena se me graba a fuego en mi mente. Otro recuerdo más horrible del monstruo que lleva Gabriel en el interior, uno llamado Luna.

El agujero negro que he sentido esta mañana no es nada en comparación con el que se ha formado ahora mismo en mi pecho. Mi cuerpo se paraliza y, no se si soy yo o mi entorno, pero la habitación comienza a temblar y a iluminarse y difuminarse a la vez que un pitido me ensordece. Lo único de lo que soy capaz de hacer ahora mismo es gritar en mi interior su nombre. De pronto, siento como me jalan del cabello y alguien me hace una llave para inmovilizarme con el fin de sacarme de esta habitación y, en el fondo, se lo agradezco. No soy capaz de seguir en este horror por más tiempo aunque no sea capaz de ver otra cosa que el cuerpo de Gabriel agonizando y retorciéndose. “Tienes que liberarle de su sufrimiento, a toda costa. Esto es culpa tuya” me dice una voz interior y, maldita sea, tiene toda la razón.

No puedo dejar que esto acabe con él, que al final le consuma. Esta poseído por otra persona que no es y, seguramente, el también sienta como extraña. Por fin la imagen comienza a difuminarse y en cuanto recupero la gran mayoría de visión, me vuelvo a zafar del guardia, que no se esperaba este movimiento, y aprovechando también que aún sigo medio mojado, salgo corriendo hacia el despacho de Jared. Porque ya tengo clara mi decisión. No puedo dejar que pase ni un segundo más en ese infierno si puedo hacer algo para ayudarle a salir de allí. Corro tan rápido que apenas llego un minuto después de haber escapado de esa locura.

–Pensaba que se te había olvidado–dice tranquilamente una voz oculta en la oscuridad de la sala en la que acabo de entrar. No sé por qué pero hay algo que me hace pensar que sabe perfectamente qué es lo que acabo de presenciar. También puedo asegurar que está sonriendo de lado a lado, con una sonrisa victoriosa–Y bien, ¿qué has decidido? ¿Os quedáis con nosotros u os vais de luna de miel?–Ahora que mis ojos se han acostumbrado un poco a la penumbra, logro ver su silueta sentada en el mismo lugar en el que estaba el otro día y me está haciendo una señal para que le acompañe a su lado–Toma asiento, vamos.

Mi pecho aún no se ha recuperado por la carrera que he hecho para llegar hasta aquí ni de la ansiedad que ha explotado dentro de mi. Logro sentarme con dignidad enfrente suya y tomo una gran bocanada de aire para normalizar lo máximo posible mi respiración entrecortada y poder hablar con claridad. Ha decir verdad, acabo de cometer el error de dejar que me vea de esta forma, desesperado. Debería haber esperado fuera hasta que me hubiera adecentado y no le habría dado a pensar, de forma tan obvia, todo lo que estoy sintiendo en mi interior. “Deja de mostrarte débil” me castigo.

–Sigo sin poder confiar en vosotros–declaro lo más fríamente que soy capaz. No voy a decirle, al menos ya directamente, que estoy desesperado por conseguir su ayuda. A lo mejor así consigo confundirle un poco si no es tan listo como hace parecer y sacar mejores condiciones que pueda–No creo que esto pueda ser posible hasta que yo no esté al tanto de todo lo que tú sepas y tener acceso a toda la información que sea necesaria. Además, deberás curar a Gabriel–Hago una pequeña pausa para adecentarme el pelo y acomodar mi postura a la silla, utilizando una más relajada–Solo así podré empezar a confiar en vosotros–todo esto se lo digo sin dejar de mirarle fijamente a los ojos, amenazador, esperando alguna respuesta facial.

Sin embargo, mantiene la misma expresión y creo que desde he entrado, no ha apartado la mirada de mi, por lo que entramos en una especie de guerra de mirada para ver quien es el primero que abre la boca para hablar. Espero, aunque no sé por cuanto tiempo porque se está volviendo tan tenso que no sé medir el tiempo, pero cuando siento que él no va a soltar prenda, pues aprovecho para añadir más condiciones.

–Y quiero que Gabriel esté vigilado en todo momento de la misión y que corra los menores riesgos posibles, sin dejar de tomar su medicación durante todos estos días–parece que se ha convertido en una estatua.

–¿Nada más?–Por fin, tras medio minuto de la última vez que abrí la boca, lo hace él. Su impasibilidad me incomoda, es la primera persona que lo consigue a decir verdad. Decido guardar silencio por si en un futuro necesito algo más, que no me diga que es que ya dije que no, y me encojo de hombros– Está bien. Según tengo entendido ahora mismo deberías estar en uno de tus entrenamientos, por lo que cuando termines con él, Petra irá a buscarte y será ella misma la que te informe, ya que es la única otra persona que hay aquí que conoce lo mismo que yo–sin previo aviso me sonríe secamente–Como comprenderás no íbamos a contarte nada hasta que estuviéramos seguros de que estabas en nuestro mismo barco.

–Lo comprendo. Ahora solo espero que de aquí en adelante no haya más secretos entre nosotros–insinúo muy directamente que no quiero mentiras y le devuelvo la sonrisa con la misma gracia.

–Tranquilo Nadir, creo que en ningún momento nos hemos comportado de mala manera con vosotros. Es más, creo que somos los que estamos intentando apaciguar a Gabriel y mantenerle como una persona normal–Se inclina hacia mi y apoya su cabeza entre sus manos entrelazadas–Sin nuestra ayuda, a saber a cuántas personas habría matado ya. Te recomiendo no ser tan desconfiado con quienes te han ofrecido ayuda–y espera mi respuesta ante todo esto. Yo he sigo capaz de no perder los estribos cuando ha nombrado a Gabriel y matar en la misma frase. Decido que solo voy a guardar silencio para que ahora sea él el que tenga que volver a soltar prenda. Ni si quiera la fría gota de agua que me cae del pelo en la espala me consigue inmutar–Llegas tarde a tu entrenamiento, no quiero entretenerte más. Ya hablaremos.

Me despido de él a regañadientes y salgo con toda la tranquilidad del mundo de su rango de visión. “Bueno, no ha ido tan mal. Aún hay tiempo de poner a prueba si de verdad van a cumplir todas las condiciones que les he puesto” me animo para quitarme algo del disgusto que aún sigo acarreando. Solo espero no haberme dejado nada en el tintero. Aprieto un poco el paso para no hacer esperar mucho más al equipo puesto que he perdido bastante tiempo. Supongo que hoy también me tocará quedarme hasta tarde ya que apenas quedan 20 días hasta el Gran Día.

Lo que más deseo ahora mismo es que todo salga bien, o al menos solo para Gabriel. Él se merece salir de todo este lío en el que se ha metido sin quererlo ni beberlo. Todos los demás estamos aquí por algo, por nuestra voluntad, pero la de el se ha visto corrompida y borrada por unos locos que se creen que pueden parecerse a un Dios.

El entrenamiento no va muy bien a pesar de que nos estamos esforzando todos. Es que por mucho que quiera dejar mi mente en blanco y centrarme en lo que debo hacer, no paro de darle vueltas a todas esas cosas que podría haber hecho mucho mejor y así haber evitado llegar hasta aquí, con el agua hasta el cuello. Todas las veces que he metido la pata y hasta el fondo, otras que podría haber pensado mucho mejor como actuar y que solo logro ver con claridad ahora…

Menos mal que no soy de esas personas que se pueden ahogar fácilmente bajo el agua , por que creo que ya me habría pasado algo malo de todas las veces que me he despistado de mi persona física. He llegado a darme un buen golpe en a cabeza con la consiguiente herida que ha estado un buen rato dando el coñazo, pues han tenido que sacarme medio a rastras para curármela porque me había desorientado un poco. Quien me viera y quien me ve, estoy siendo la patosidad en persona.

Pero es que por mucho que me moleste notarme tan inútil en un medio en el que se supone que tengo unas adaptaciones especiales con las que consigo una clara superioridad a una persona normal, no puedo evitar tener a Gabriel en mi cabeza. Ese día en el que estábamos los dos huyendo de los cuerpos de seguridad de Luna por el agua y yo había aprovechado que el necesitaba algo de aire para poder besarle por fin. Supe que algo le había alcanzado en la espalda pero no le di la importancia que se merecía aún a sabiendas de lo que son capaces esos monstruos. Puede que si hubiera actuado a tiempo y hubiera succionado lo que le inyectaron antes de que le llegara a una zona importante, Gabriel jamás habría pasado por aquella agónica transformación que le destrozó casi todo su cuerpo y le dejó marcas para el resto de su vida. Además, lo más importante, y es que así no hubiera sido su marioneta.

O también aquella noche, la cual no paro de recordar en los sueños más dulces que tengo, cuando mi mente me quiere dar un respiro de todo lo que estoy tragando…

–Nadir, ¿estas con nosotros?–comenta Neo, una de los científicos que monitorean mi entrenamiento–Creo que te has dado más fuerte de lo que pensábamos, creo que has tenido una conmoción cerebral. Será mejor que descanses un rato y ya luego vemos qué tal estás.

–Apártate de mi camino, pienso seguir con el entrenamiento–respondo malhumorado haciendo caso omiso de su recomendación y le empujo como advertencia para que me deje pasar–Es algo sin importancia y no voy a parar por ello.

–Te hemos tenido que dar un par de puntos incluso, creo que deberías descansar por hoy. No merece la pena, puede ser contraproducente–Dice otro de ellos.

–Vamos, seguid con lo vuestro­–impero cansado de escucharles y, sin rechistar, hacen los que les he ordenado, aunque tengo la sensación de que lo hacen porque queda poco tiempo o porque tampoco les importo mucho.

Me acerco hacia el borde de la piscina, ejercito la respiración, calmándola, y me concentro solo y exclusivamente en el agua. Ya basta de tener la cabeza en otro lado, así no lograré conseguir nada de lo que soy responsable. Las sombras no deben atormentarme cuando estoy haciendo todo lo que puedo para lograr que estas después se vayan. Llevo las puntas de mis pies al límite del bordillo, tocando con los dedos el agua, y cojo impulso para lanzarme de cabeza a la piscina. Como una bala voy hacia el fondo, ignorando que la brecha me pica y palpita y que mis músculos también se están quejando un poco. Cuando llego abajo, cojo el chaleco que se encuentra casi en el centro y me lo pongo. La finalidad de este es presionarme el tórax como lo haría las decenas de metros de columna de agua que tengo que aguantar cuando deba de nadar en el mar, en un intento aproximado de recrear esas condiciones y poder prepararme.

Realmente el problema no es que aguante mal esa presión, es que aun no he conseguido desarrollar la estrategia adecuada para poder aguantar el tiempo necesario bajo el agua sometido a esa fuerza de compresión sobre mi pecho. Y claro, si no conseguimos alcanzar este objetivo, la misión va a peligrar gravemente. A parte de todo esto, ese chaleco es extremadamente desagradable porque me reduce bastante la movilidad, cosa que no me ocurriría ahí abajo, pero supongo que me dejo aguantar con lo que hay. Me ato bien este, con todos sus correas de seguridad, y les hago la señal de que estoy listo para comenzar la tortura.

Cuando voy notando que la presión va creciendo, voy hacia una parte del fondo en la que se puede seguir bajando unos pocos metros más por un hueco un tanto estrecho.

Para no hacer más esfuerzo, me dejo caer por el peso del chaleco hasta el segundo fondo y me siento en el con los ojos cerrado, pues apenas llega mucha luz. Me centro en las pequeñas perturbaciones que hay, en cómo se mueve mi cuerpo ante ellas y las caricias provenientes de mi largo pelo. Así consigo que el ejercicio sea lo más agradable posible y que el tiempo no pase tan lento.

Como siempre que estoy en estas condiciones, lo primero que vislumbra mi mente es la cabeza cenicienta de Gabriel acompañada con su inocente y pura sonrisa. Hay veces incluso que me lo imagino con otras edades, normalmente con 6-7 años. Como si realmente yo supiera que ese renacuajo fue realmente él en su niñez, tal cual me lo imagino, y eso que jamás lo he podido comprobar. Me lo imagino luego corriendo alegremente por una enorme pradera, a pesar de que tengo la seguridad que eso jamás ha pasado. Daría lo que fuera, todo lo que tengo, por verle algún día de esta forma, con unos años más evidentemente.

La presión se vuelve ya demasiado insoportable.

–AHHHR–Grito con la consiguiente pérdida de la gran mayoría del aire que estaba almacenando. No sé si es que no he aguantado el hecho de que es muy improbable poder verle de esa forma o que de verdad ya no podía aguantar la presión que me estaban ejerciendo. La cosa es que estoy en apuros–Noooo–Me voy a volver loco como siga así.

Soy un desastre, no consigo hacer nada bien desde que llegó a mi vida. ¿Qué es lo que me pasa, maldita sea?

Entonces, me desvanezco.

Capítulo 22 – Descontrol PARTE 1

Narra Gabriel

-¡Gabriel, detente por favor!- me ruega Nadir a la vez que se va apagando lentamente entre mis monstruosas manos a pesar de sus interminables intentos de zafarse de mi agarre. Ni con toda su fuerza, que no es poca, es capaz de detener la rabia que impulsa mis manos a cerrarlas sobre su cuello.

Intento hacer lo imposible para que mi cuerpo responda a las múltiples súplicas de que pare de una vez, mas mis manos no me obedecen desde hace bastante. “Hazlo, mátalo” dice una bocecilla risueña y maligna dentro de mi con mí mismo tono de voz. Creo que es ella misma la que está matando a Nadir por medio de mi cuerpo. “Pero, ¿quién eres tú?” digo aturdido pues ese pensamiento jamás se me pasaría por la cabeza. No hay nada más importante que él y jamás sería capaz de hacerle esto. “¡Para!” le imploro al ver que ya llega al límite de no poder aguantar más el período de asfixia.

El único cambio que consigo mostrar en mi propio cuerpo es un mar de lágrimas que está empapando la cara casi inmóvil de mi pobre víctima. Quisiera decirle, al menos, que lo siento. Lo siento por ser tan débil y dejarme poseer por algo que no soy, pero por más que grite internamente solo consigo mojarle más y que mis ojos escuezan como si les hubieran echado sal. Después de unos agónicos minutos, muchos más que los de una persona normal, el cuerpo de Nadir pierde por completo las fuerzas y se queda colgando entre mis manos a 10 metros de altura de la superficie del Mar Mediterráneo, aunque no sé exactamente dónde.

No pasan más de un par de segundos más hasta que recupero la autonomía de mi cuerpo y lo primero que se me pasa por la mente es acurrucarlo entre mi pecho a la vez que grito como un poseso con infinito dolor en su pecho. Aunque mis manos tiemblen y a pesar de que me sienta muy débil después de que mi cuerpo haya luchado contra él, evito soltarle. Puedo sentir como incluso una de sus uñas se ha quedado clavada en mi muñeca durante el forcejeo. Ahora ya no soy ni capaz de poder ver algo porque mis ojos han llegado a convertirse en cataratas.

-Esto no puede ser real- susurro hundiendo el morro en su melena oscura y llena de sangre.

El viento hace que su melena me golpee en la cara y que mis recuerdos con él revivan: su melena ondeando hipnóticamente en la piscina donde entrenaba todos los días; sus pelos sobre mis hombros cuando, inconsciente, le tuve que llevar a su habitación; sus gotas cayendo sobre mi cuerpo el día de las duchas…

-Lo siento mucho- consigo decir con un hilo de voz hacia su cuerpo inerte. Creo que podría asegurar con toda certeza que el dolor que estoy sintiendo es el de mi alma rompiéndose en infinitos pedazos. Encima no paro de segregar una cantidad insana de mucosidad la cual está manchandole, como si no hubiera tenido ya suficiente conmigo. Soy un monstruo asqueroso que no se merece nada- Si tú no estás conmigo, yo no quiero seguir viviendo- confieso a un muerto que, desde que lo conozco, ha sido la única razón por la que mi vida tenía algún sentido.

Ahora, que lo he matado, nada tiene valor ya.

Le abrazo bien fuerte y dejo de batir las alas con decisión. Mi cuerpo entra en perfecta caída libre hacia la superficie del agua. Merezco todo el dolor del mundo y más por lo que acabo de hacer. Por desgracia, ni una de las peores muertes va ser suficiente para pagar todo lo malo que he hecho. Pero al menos sufriré ahogándome.

Sigo abrazado a él cuando estamos bajo el agua pues no quiero que nuestros cuerpos se separen cuando muera. Intento enganchar mis manos en su camiseta para que cuando mi cuerpo deje de tener vida se quede anclado al suyo. Poco a poco, siento como mis pulmones empiezan a necesitar aire y cómo éstos me empiezan a arder muy desagradablemente. Para ahogar mis ganas de subir a la superficie y tomar aire, busco una de sus mejillas y poso mis labios fuertemente contra ella hasta mi último aliento. Luego mis ojos se cierran.

No obstante, no dejo de sentir. La sensación de que mi cuerpo está flotando sigue en mi interior y ya no siento a Nadir junto a mí. Abro los ojos rápidamente para saber qué es los que está pasando. Miro mis manos que ya no están atadas a su cuerpo y, por más que busque en mi alrededor, solo consigo ver oscuridad.

Tras unos largos y desoladores minutos, un gruñido me consigue poner la piel de gallina, lo que me hace pensar que a lo mejor no estoy muerto. Después de éste, no tardo en escuchar otro un poco más cerca de mí. Pruebo a buscar otra vez a mi alrededor pero sigue siendo todo negro. Más y más gruñidos hacen que mi cuerpo se quiera hacer una bola y esperar sin moverse a que esos berridos le hagan algo. ¿Será este mi verdadero castigo?

Siento como uno de ellos me roza la nuca, como si algo o alguien me hubiera lamido con su voz. Luego los ruidos cesan por fin y al ver que nada pasa durante los próximos minutos siento la curiosidad, manchada con mucho terror, de darme la vuelta hacia el origen de esa voz que he sentido tras de mí. Cuando lo hago, veo una especie de espejo en frente de mí. Le miro y me miro, ciertas partes del cuerpo que no parecen concordar con la imagen que estoy viendo reflejada. Hay bastantes diferencias, como que tiene la boca, manos y pecho llenos de sangre. Su mirada está perdida y parece que no tiene alma, solo es algo que está vivo. También está batiendo con fuerza sus alas, que son muy diferentes a las mías.

Doy un paso atrás sin entender qué es lo que estoy viendo y porqué. Al hacerlo, sus manos se lanzan a por mi y me atrapan, volviéndome a acercar hacia el espejo que ya dudo mucho que lo sea.

-No eres real. Solo estoy soñando- alego más queriendo convencerme más a mí mismo que a la cosa que tengo delante. Él a lo único que se limita es a mover sus labios a la par que los míos. Como si estuviera diciendo lo mismo a la misma vez que yo pero sin emitir el ruido porque solo se puede escuchar una voz.

El desconcierto y el pánico hace que mis piernas echen a correr de un segundo para otro lo más lejos de donde estaba. Pero, como antes, sus manos me vuelven a apresar y, ésta vez, me agarran del cuello como antes hice yo con Nadir. Una fuerte corriente eléctrica me recorre todo el cuerpo de pies hasta cabeza y ésta acaba hinchándose poco a poco.

-Ayud…-digo entrecortada y muy lentamente sin conseguir terminar la palabra porque no consigo echar más aire por la boca.

Por instinto, cojo una de las manos que me están ahogando y se la retuerzo con toda mi fuerza. Aún sintiendo como varios de sus huesos se rompen y como desgarro su piel con mis uñas, la fuerza que ofrece contra mi garganta va aumentando desmesuradamente. No puedo evitar pensar que ésta ha sido la cosa que se apoderó de mí para matar a Nadir y que no puedo hacer nada para luchar contra ella.

-¡Seguridad!-escucho de nuevo otro grito entre sollozos y quejas en la lejanía. Pero no tiene sentido porque lo único que tengo en todo mi alrededor es esa maldita alimaña que se ha estado alimentando de mí.

Suelto un enorme grito ahogado y me lanzo yo también hacia su garganta para intentar debilitar a la bestia.

-Tu también vas a morir conmigo-le amenazo agresivamente mientras le hundo mis dedos en la tráquea.

-¡Seguridad, necesitamos ayuda!

Mi otro yo comienza a difuminarse y la oscuridad se va aclarando. Parpadeo un par de veces porque vuelvo a no tener ni idea de lo que está pasando y espero hasta que todo sea nítido de nuevo. Las voces siguen diciendo cosas sin sentido a mi alrededor como “sedadlo” o “está teniendo un brote psicótico“. Intento centrarme en esas voces, en conseguir darles un sentido en todo lo que ha pasado y es así como consigo volver a ver un fondo muy conocido: mi habitación.

Veo como varias personas me están agarrando de todas mis extremidades y yo estoy siendo capaz de luchar contra ellas para… para ahogar a otra entre mis manos. Esa persona al principio tiene la cara de Nadir aunque muy distorsionada, luego poco a poco va tomando forma y me doy cuenta de que es uno de los batas blancas que siempre viene a ponerme la medicación. Acto seguido, al conseguir asimilar la nueva situación, suelto el agarre y éste cae al suelo inconsciente o eso espero.

Aunque ahora sepa que todo lo horrible que me acaba de pasar ha sido solo un sueño, no sé hasta que punto ha sido realidad puesto que he matado o casi a otra persona. Encima, estoy embadurnado de sangre y sudor y puedo sentir como me inyectan en varias zonas de mi cuerpo alguna sustancia que me congela. A pesar de todo esto, no puedo evitar sonreír al tener una nueva posibilidad de poder ver a Nadir vivo.

-¡Soltadle!-resalta una voz entre todas las demás que llenan de ruido mi habitación. Intento buscar el origen de esa voz, porque siento que es importante. Tiro de algunos brazos y abro paso a mi vista para conseguir verle.

Pero antes de poder ver quien era la persona, alguien me golpea la nuca y por fin soy yo el que pierde el conocimiento.

Narra Nadir

La realidad junto con la alarma del infierno, me abofetean antes incluso de abrir yo los ojos y tomar consciencia de mi mismo. Mi cama está completamente mojada por mi sudor y, lo más triste de todo, sola. Además, mi cuerpo desprende un olor un tanto nauseabundo entre diferentes químicos del agua de piscina y míos propios, haciéndome toser por bastante tiempo del asco. A mi pesar, esto no es lo peor, sino que es la primera vez en mi vida que me he despertado en llanto puro, además de con un enorme vacío en el pecho pues jamás había sentido tanta impotencia como la de ayer. Me seco las lágrimas con una de las pocas partes no mojadas de las sábanas.

Sabía que Gabriel estaba haciendo lo correcto y lo mejor para los dos pero aun así no podía permitir que se fuera de mi lado o si no me iba a derrumbar. Las emociones me habían superado y la carga que llevaba sobre mi espalda me había hundido bien hondo por debajo del suelo. Incluso llegué a mostrarme indefenso ante él por la enorme necesidad que tenía y ahora me siento totalmente arrepentido. ¿Por qué tuve que mostrarme así? ¿Por qué le dejé ver que todo no iba tan bien como yo le había hecho saber durante todos estos días? Tampoco faltaba tanto para la gran fecha y podía habérmelos seguido guardando hasta entonces para así no tener que cederle más presión a él, que ya tiene suficiente. Pero no, tuve que claudicar ante mis sentimientos, esa parte de mí que guardo en una caja fuerte en el foso más profundo de mi pecho.

Solo a mi se me ocurriría ponerle en tal aprieto y la verdad es que estoy muy orgulloso de como fue su reacción en ese momento. Se mantuvo estoico ante lo que debía hacer y no se dejó llevar como yo. “Mierda, necesito saber cómo está” pienso y un remolino de ansiedad me destroza el estómago. “Además, tengo de disculparme por mi comportamiento de ayer” añado para así no sentirme tan egoísta.

Cierro los ojos exhausto e intento calmarme pues en este estado dudo que pueda llegar muy lejos de mi habitación sin que me dé un ataque de ansiedad. Encima, para colmo, he vuelto ha soñar con él; si no podía tenerlo físicamente, sería en sueños donde estaríamos juntos.

Esta vez he fantaseado con el día que nos conocimos y como su amabilidad consiguió derrumbar todos los muros que había construido para no tener ningún punto débil. Porque cuando una persona te importa, pasa a ser tu mayor miedo y debilidad. Puede que también influyera un poco el hecho de que llevara años solo, sin relacionarme con ningún ser humano, mas si soy sincero, no me arrepiento de haberle dejado entrar a mi pequeño, frío y muerto corazón. Aunque me haya traído más mal que bien. Pero, !joder!, que delicioso sabe ese “bien”.

En contra de mi voluntad y mi dolorido cuerpo, consigo levantarme de la cama y poner rumbo, un tanto sigzageante, hacia los baños para dejar de apestar y así no ahuyentar a Gabriel cuando vaya a visitarle. Pues, si me doy prisa al hacerlo, voy a poder pasarme a saludarle y hablar por un rato antes de tener que volver al agotador entrenamiento.

Al entrar al cuarto de baño, ignoro a todo ser viviente de la sala, me desvisto con prisa y voy corriendo hacia una ducha en específico para que nadie pueda quitármela. Esa que días atrás fue el lugar más especial en el que había estado jamás.

Capítulo 21 – ¿Qué te pasa?

Narra Gabriel

-¡Gabriel!-escucho decir tras de mi una voz bastante conocida y me hiela la sangre.

Dejo la conversación que llevábamos Adrian y yo y llevo la mirada hacia donde me han llamado.En cuando veo la cara de Nadir y, después de todo lo que me ha costado olvidarme del horror que pasé la mañana pasada, el miedo vuelve a mi y me apaga la sonrisa educada que tenía. “Solo era un sueño” me recuerdo, aunque no me sirve de mucho. “Solo fue un maldito sueño”. La mano con la que estoy jugando con el tenedor comienza a temblarme y éste cae encima del plato de comida ya vacío.

-Vamos Gabriel, hay que volver al entrenamiento-me avisa Adrian, mi nuevo entrenador de espada, tras ya darme unos minutos más de descanso.

Yo asiento con la cabeza sin apartar la mirada de Nadir. Quiero decirle algo, aunque sea un simple hola, pero ninguna palabra consigue salir de mi temblorosa boca. El pobre espera que le responda y su cara cambia a una palpable de preocupación. Lo único que pasa por mi mente para hacer y no quedarme como un tonto que no sabe ni respirar mientras le miro, es sonreírle. Al principio hasta mis propios labios me vacilan, pero luego lo consigo. A saber cómo es mi cara ahora. Un poema seguro.

-¡Idiota!-exclama y me pega un pequeño capón en la cabeza y luego aparta la mirada hacia un lado-Te he estado buscando-una explosión de sangre me baña la cara y hace que se me enrojezca. Lo que acaba de decir me ha sonado como un “te he echado de menos” y hace que me avergüence.

-Lo siento-respondo por fin y noto como Adrian se levanta para irse ya-Tengo que volver al entrenamiento, nos podemos ver al salir-propongo tímidamente ya que me siento mal de que él me haya estado buscando y, justo cuando me encuentra, me tengo que ir.

-Hoy saldré tarde, dud…

-Entonces iré cuando termine el mío hacia donde tú entrenas. ¿Te parece?-pregunto con una sonrisa más sincera y grande que la anterior, a ver si así consigo relajar su entrecejo fruncido.

-Vale-responde algo atónito por mi propuesta sorpresa y una sonrisa intenta expresarse en su cara, mas rápidamente se extingue y vuelve el cejo fruncido-¿Estas bien, no?-Es normal que este preocupado por mi, al igual que yo lo he estado por el durante toda la mañana.

-Si-contesto con prisa.

Nadir asiente no muy convencido, pero no puedo hacer mucho más por que no sea así. Cojo mi bandeja para llevarla a su sitio antes de salir del comedor y acelero mi paso para no hacer esperar más a Adrian, el cual me está haciendo señas ya desde la puerta. Antes de salir me giro hacia él, que me sigue mirando, y me despido con la mano eufóricamente, entusiasmado por nuestra “cita”. Luego consigo ponerme a la misma altura que Adrian y volvemos hacia la misma sala que Petra me llevó por primera vez ayer. Que, por cierto, aun no la he visto en todo lo que llevo de día pues en vez de venir ella a mi habitación, ha sido Adrian quien lo ha hecho. Al principio casi le echo a patadas pues, entre la decepción de que no fuera Nadir y que Petra no me avisó de que venía alguien nuevo, me sentó bastante mal su inesperada presencia.

Además, imaginaos que entra en vuestro cuarto un chico de unos 25 años con un peinado bastante llamativo en una cresta bastante larga y el doble que yo de ancho y alto. Y para más inri, como guinda del pastel, un par de cicatrices en la cara bastante notorias. Pues me quedé intimidado. Pero cuando empezó a enseñarme, mi concepción de él cambió por completo. Es mucho más paciente con mi torpeza que mi antigua entrenadora. Incluso ha logrado que aprenda a utilizar de forma correcta y básica la espada sin mucho esfuerzo. Digamos que no tiene ni punto de comparación con ella. Se nota que sabe lo que me está enseñando y, dentro de lo que cabe, me parece bastante amigable.

-¿El de antes era el famoso Nadir?-pregunta pero al ver que estoy perdido, remarca-El que te vino a buscar mientras comíamos-Asiento saliendo de mi cabeza. Llevábamos casi la mitad del camino sin hablar nada y yo no paraba de pensar en si podré actuar normal delante de Nadir después de lo que pasó.

-Sí, era él-digo orgulloso de que la gente le tenga en estima, aunque no sepa el por qué.

-Dicen que parece una sirena cuando nada. ¿Es verdad que lo hace a una velocidad fuera de lo normal, como si de verdad fuera un animal acuático?-pregunta curioso, tiene pinta de que se llevaba guardando la pregunta bastante tiempo. Al parecer, este es uno de los rumores que se van extendiendo de él, ¿será verdad?

Me encojo de hombros porque desconozco la respuesta. No tenía constancia de que Nadir nadara tan bien como van diciendo y tampoco le he preguntado nada acerca de él. Siempre ha sido él contándome cosas sobre mi y preocupándose pero, ahora que me doy cuenta, yo apenas sé nada sobre él. Solo que bueno…su nombre, su precioso cuerpo, lo angelical que parece cuando está durmiendo, su cara cuando me mira con deseo y digamos que me quiere más que un amigo. Pero ahí concluye la lista. Aunque ahora tiene algo de sentido el por qué tenía el pelo mojado antes de ayer cuando nos fuimos a las duchas, pues vendría del agua. Eso también explicaría por qué su cuerpo tenía un olor a químicos bastante fuerte.

Me siento culpable al no haberme dado cuenta hasta ahora de este hecho importante y por no haberme interesado un poco más en él cuando él si lo hacía por mi. También podría haberle preguntado qué era lo que le hacía estar tan ofuscado antes. Creo que estoy siendo demasiado egoísta y a lo mejor puede ser que eso le esté afectando. Al menos, hoy seré yo el que vaya a verle a donde entrena y así, a lo mejor, podré ver si es verdad lo que acaba de decirme Adrian.

Al pensar en esto, unas mariposas comienzan a danzar en mi vientre pues ahora la “cita” tiene mucho más peso de lo previsto y éstas me provocan una sonrisa tonta, que me tapo al instante con la mano para no parecer un loco. No quiero causar mala impresión en mi primera clase con Adrian.

-Bueno, supongo que ya lo sabremos en el Gran Día-concluye mientras abre la puerta. Se me ha hecho cortísimo el camino y supongo que será porque me habré vuelto a ir a la Luna y le he dejado solo andando.

-¿Gran Día?-pregunto ya que no es nada de lo que tenga conocimiento-¿Qué es eso?

-Oh cierto, que aun no sabes nada-hace una pausa para rascarse la cabeza como si estuviera rebuscando en ella las mejores palabras para no meter la pata-Ya te lo contaran Petra y Jared. No te preocupes, no es nada importante-concluye algo nervioso y hace que no le crea para nada, mas decido no presionarle con ello ya que le incomoda y yo quiero seguir mejorando con la espada.

-Está bien-“Esto es raro” me digo. Se lo tendré que preguntar a Nadir mejor, seguro que el tiene que saber algo después de que Adrian hiciera referencia a el con ese acontecimiento. Además, tiene pinta de ser algo importante que me estoy perdiendo.

El entrenamiento por fin comienza y seguimos con las cosas básicas que debo saber de la espada. Me doy unas cuantas de veces más con ella en las piernas, que ya las tengo más que machacadas, aunque solo me afectan los golpes pues Adrian ha sido precavido y me ha hecho ponerme unos pantalones especiales para evitar el corte de la hoja. Aun así, duele bastante. Lo bueno de mi nuevo entrenador es que no se obsesiona con los combates 1 contra 1, si no que le da importancia a que yo sepa moverme con la espada con soltura y aprenda a golpear y esquivar. Al menos, aun no está previsto ningún combate y eso hace que me relaje mucho y pueda disfrutar de la espada.

Sin embargo, aunque haga lo imposible por dejar de pensar en la cita, las mariposas no paran de danzar en mi vientre porque cuando menos me lo espero, me vuelve a la mente ésta. Al parecer todo me recuerda a él aunque no tenga sentido lógico. “Maldita sea, que me pasa” me regaño. Luego ya tendré tiempo para pensar en él.

-Vamos Gabriel, ¡concéntrate! Recuerda que la derecha da la fuera y la izquierda solo hace de guía a la espada-me vuelve a explicar por décima vez y hago una mueca al haberme equivocado.

Tras una hora de exhaustos movimientos y más golpes en las pantorrillas, me despido de Adrian con prisa porque ahora tengo que ir a mi segunda clase de vuelto con Isaac. Antes de salir, él me palmea el hombro y me dice que lo he hecho bien para no tener ni idea de coger una espada. Parece una tontería, pero saber que piensa eso hace que ya no me sienta tan inútil y le dedico una enorme sonrisa. Después, salgo corriendo felizmente hacia mi próximo destino que no está muy lejos de donde me hallo.

“No soy tan inútil después de todo” pienso. Parece que hoy me está saliendo todo a pedir de boca. Ya solo me queda arreglar el malentendido con Nadir y cambiar esta diferencia de información que nos separa. No tardo en llegar a mi siguiente entrenamiento e incluso Isaac se sorprende por haber llegado tan pronto y se pone tan nervioso por no tener la sala preparada que su cara se vuelve del color de su pelo, roja.

La clase de vuelo eso un poco más intensa que la anterior ya que, evidentemente, el nivel de dificultad y duración es bastante mayor. Pero aun así, consigo hacerlo todo aunque los golpes en las piernas por culpa de mi torpeza con la espada me estén matando. Salgo sobre las 8 de la tarde, un tanto tarde, casi si poder mover el cuerpo de lo cansado que estoy. Han sido, seguidos, unos entrenamientos agotadores que no le llegan a la suela de los zapatos los que me daba Petra. Y eso ya es mucho decir porque acababa muerto. Como puedo, voy esquivando a la gente que también sale de sus entrenamientos y se dirige hacia el comedor para cenar, para ir a donde se encuentra Nadir.

Sin embargo, al intentarlo, me doy cuenta de un gran inconveniente: No sé dónde es. Le dije que iba a ir a buscarle sin saber realmente dónde entrena él. Sé que lo hará en alguna de las habitaciones que hay en todos los lados de la sala de entrenamiento gigante, pero a saber cual de ellas es la correcta. Me doy una reprimenda internamente por haberme ido tan rápido sin haberle pedido ninguna referencia ni haberle preguntado nada.

Poco a poco, la enorme sala se va vaciando de gente y, como último recurso ya que no tengo ni idea dónde puede estar la piscina, decido ir a preguntarle a una chica que está mirando por una ventada que da a una salita. A decir verdad, voy hacia ella porque es la persona que se encuentra más cerca de mi en éstos momentos. Al acercarme, siento la curiosidad de mirar hacia donde ella está observando para saber qué es lo que la tiene tan embelesada pues parece una estatua. Y allí está él, rodeado de agua y batas blancas mirando pantallas y tomando datos en sus odiables cuadernos.

La pregunta se me atraganta y me quedo parado al igual que ella, embobado con los armónicos movimientos que Nadir está realizando bajo el agua. Aunque las ondas de la superficie lo deformen levemente, se sigue viendo hermoso. Va de un lado a otro con un traje que le cubre casi todo el cuerpo pero se mueve como si no llevara nada puesto. Cada vez que hace un movimiento con fuerza, en la superficie del agua se crean unas pequeñas olas que llenan la orilla de la piscina de agua. No sé por cuánto tiempo me quedo así, pero sé que tengo que volver a respirar porque me estoy ahogando, aunque a Nadir parece que es algo secundario. Una sensación de calma me invade desde el segundo uno y los nervios por la cita se apagan rápidamente.

La piscina es bastante larga pero muy corta de ancho y de profundidad… no tengo ni idea. Solo puedo decir que hay veces que dejo de ver por unos segundos el cuerpo de Nadir y aunque me ponga de puntillas, sigo sin verle.

La chica suspira sonoramente y me saca del embobamiento que, con mala cara, le hago saber que me ha molestado. A saber cuántos tiempo llevaba como una estatua admirando un bello cuadro en movimiento. Pero antes de que pueda decirle algo, alguien llama mi atención y me hace pegar un respingo.

-¿Tu eres Gabriel, no?-dice uno de los bata blanca que se está asomando con algo de prisa de la sala donde está Nadir. Yo asiento mientras lucho por no volver la mirada hacia donde está él-Pues pasa, no te quedes ahí fuera que pronto pagarán las luces y no podrás quedarte fuera.

Rápidamente hago lo que me pide y, al pasar por delante de la chica, puedo escuchar un improperio por lo bajo hacia mi persona. Sigo con mi camino como si no hubiera escuchando nada, mas antes de que me de cuenta, estoy en el suelo por su culpa. “¿Por qué está siendo tan desagradable?” me pregunto, pero tengo claro que no merece la pena darle la atención que tanto está buscando. Me levanto cuanto antes sin ni si quiera mirarle y me meto dentro de la sala con la cabeza bien alta pues yo voy a poder seguir contemplandole y ella no.

En cuanto pongo el primer pie dentro, la humedad del nuevo ambiente me sorprende y hace que mi respiración sea muy desagradable y dificultosa. El chico que me dejó pasar me tiende una silla, que está al lado de su mesa, para que me siente en ella a esperar a que termine el entrenamiento. En ella hay muchas pantallas con diferentes imágenes de cámaras que hay bajo el agua de la piscina. Nadir sigue nadando fluidamente sin necesidad de coger oxígeno. “Pues si que parece una sirena como Adrian me dijo” pienso. Aunque él sea un chico, los movimientos que hace son tan perfectos para la vista que no parece que ningún hombre sea capaz de hacerlos. Sus extremidades parecen tela moviéndose al compás del agua y su larga melena azulada le sigue los pasos, aumentando y disminuyendo su volumen como una medusa.

Nunca me hubiera imaginado que Nadir tendría una faceta tan femenina bajo esa fachada de hombre frío y misterioso. Si no supiera a la perfección que no tiene nada del sexo contrario, diría que, en su actual imagen, es una mujer y aun así me encanta. Se podría decir que me ha enamorado, ha conseguido llenarme el pecho de suspiros.

Mientras sigo atontado con su actuación, veo como a un lado de las pantallas hay un cronómetro que marca 43:08. Un millón de explicaciones comienzan a explotar mi mente y, al final, la curiosidad me empieza a carcomer el cuerpo. Puede que sea el tiempo que lleva de entrenamiento, pero me parece muy poco. También puede ser lo que queda para que termine, pero al ver que al minuto marca 43:09 desecho esa teoría. Incluso puede ser el tiempo que lleva aguantando la respiración, aunque sea imposible.  Al no llegar a nada, decido preguntar.

-¿Qué significa ese tiempo?-y señalo al cronómetro de la pantalla más cercana. El tarda en atender mi pregunta porque está ocupado haciendo cosas en el ordenador.

-Es el tiempo que lleva bajo el agua sin salir a tomar el aire en este ejercicio-me responde un tanto molesto sin dejar de mirar a las múltiples pantallas. Si no fuera de la forma en como me ha contestado, diría que me está tomando el pelo. No puedo evitar asombrarme, abrir mucho los ojos y ladear mi cabeza. Él, al ver mi reacción, me aclara el por qué de algo tan irreal-Tiene un pequeño envase de oxígeno en la espalda-señala la pequeña chepa que sobresale como una aleta dorsal en su espalda-Pero, aun así, apenas le ha dado dos caladas a ella. A nosotros nos duraría unos 10 minutos.

Le agradezco la información y me vuelvo, aun con el asombro palpable en  mi cara, de nuevo hacia las pantallas que retransmiten las imágenes de Nadir. No sé por qué, pero mi corazón empieza a latir con mucha fuerza y rapidez cada vez que le veo moverse. Pasan 30 minutos más hasta que Nadir saca la cabeza, por fin, del agua dando una buena bocanada de aire porque apenas tomó más oxígeno del recipiente. El cuerpo se me paraliza en cuanto veo su largo pelo fuera del agua, pues eso significa que puede verme si se gira hacia mi y no sé si estoy preparado de aguantar su mirada. ¿Y si le parece patético que le esté observando como un tonto mientras nada tan grácilmente? ¿Y si se ríe de mi por pensar que es una hermosa criatura del agua?  Pero, en cambio, éste vuelve a meterse en cuanto recibe el nuevo ejercicio que debe realizar. Ésta vez nada hacia el fondo de la piscina, lo que le lleva unos minutos, y espera a que un ruido le avise de que tiene que comenzar. Apenas es audible para nosotros, pero dentro del agua se intensifica.

-¿A cuánta profundidad está ahora mismo?-pregunto con una mueca porque sé que estoy molestando más de la cuenta pero necesito saciar mi incertidumbre. Tengo que recaudar toda la información posible sobre Nadir.

-Apenas tiene 20 metros esta piscina-responde de la misma forma que anteriormente. “¿Apenas?” me digo sin saber cómo le puede estar quitando importancia-Pronto entrenaremos en una de 100 metros de profundidad. Pero aun no está lista para su correcto uso.

De nuevo, me quedo boquiabierto por la naturalidad de sus actos estando a tanta profundidad y que, aun así, pueda hacer lo mismo incluso a más profundidad sin morir. “Creo que ahora entiendo perfectamente el por qué de la popularidad de Nadir” pienso. Dudo mucho que alguien más a parte de él pueda hacer algo así de asombroso y temerario. Parece como que de verdad él pertenece al agua.

Ahora, en la esquina de todas las pantallas aparece otro cronómetro pero que esta vez cuenta segundos. Las piernas de Nadir se mueven como si fueran una sola. Sus brazos dan fuertes brazadas y su pelo baila con todo su cuerpo. Su estilo hace que ahora mismo en mi mundo solo exista él, me absorbe por completo. Al fijarme mejor en los números, me doy cuenta de que es una cuenta atrás que, al llegar a 0, una bocina suena y me hace pegar un respingo aunque no parece inmutar a la sirena. Pocos segundos después vuelve a subir y sin dejar hablar a los demás, pide otro intento. Parece cabreado y muy concentrado en el entrenamiento. Sigue estando raro.

Al parecer mi cara de desconcierto es notoria y me vuelve a aclarar lo que está pasando.

-Está intentando superar los 100 metros en 13 segundos, pero aun no lo ha conseguido. Le quedan todavía 1,5 segundos para llegar al mínimo.

Yo asiento con la cabeza y, ahora que me fijo, puedo notar la gran velocidad que alcanza en muy poco tiempo. “Supongo que una persona normal no puede hacer eso” me digo a mi mismo ya que no quiero preguntar más y no tengo ningún tiempo de referencia pues nunca he nadado. Tengo que decir que me alegro mucho de haber venido pues estoy aprendiendo muchas más facetas de Nadir de las que conocía y… me encanta aun más.

Lo vuelve a intentar otras 3 veces más con la misma intensidad que la primera, pero cada vez tarda más tiempo por culpa del cansancio que se le está acumulando. Los bata blanca intentan que pare para que descanse hasta mañana, pero éste parece obsesionado con conseguir el tiempo objetivo y les ignora para seguir intentándolo. Verle así, con ese sufrimiento y ofuscación hace que me acerca a ayudarles para ver si yo consigo convencerle. Ya se le nota muy cansado y no creo que eso sea muy bueno si todos los días entrena así de duro.

-Otra vez, esta vez si que puedo hacer…-y justo al tocar la pared de la piscina para apoyarse en ella y no hundirse, se da cuenta de mi presencia-Gabriel…-suspira. Creo que no tiene ni fuerzas para sorprenderse.

-Creo que ya es hora de salir del agua, ¿no crees?-digo dulcemente al tenderle la mano para ayudarle a salir del agua-Necesitas descansar pececillo. Además, creo que has estado genial.

-Nolo suficiente-responde duramente desviando la mirada y apartándose el pelo de la cara a la vez-Pensaba que no ibas a venir, que te no te iban a dejar o pasaras-y acepta mi ayuda para subir.

Puedo notar como las piernas le flaquean un tanto al aguantar su peso estando de pie, pero consigue mantenerse. Luego, me sobrecoge el hecho de que se esté quitando el traje a pocos centímetros de mi y, al estar mojado, me recuerda a nuestro encuentro en las duchas. Un latido explota en mi cabeza y me deja atontado por unos segundos. Todo me da vueltas. Para que nadie note mi confusión, le cojo un mechón de pelo y sonrío como si no pasara nada y no sintiera ardores y mareos.

-Es por esto que a veces te veo con el pelo mojado-digo casi susurrando para que solo él pueda escucharlo y me sonríe en respuesta. Poco a poco mi visión se va calmando y todo vuelve a su sitio, aunque no puedo evitar un placentero calambre en la entrepierna.

-Por qué si no iba a ser-comenta poniéndose el uniforme, igual que el mío, que le han traído-espérame un segundo y vamos a cenar, que me muero de hambre-asiento con la cabeza.

Nadir va hacia los bata blanca y se pone a discutir con ellos sobre cómo puede mejorar el tiempo y evitar los fallos que ha cometido. No tarda más de 5 minutos porque al final pierde la paciencia con ellos y los manda a la porra. Salimos de allí rumbo al comedor con bastante prisa porque nuestras barrigas están rugiendo al unísono ya. Por el camino, le comento lo asombroso que me parece su estilo de natación y, por supuesto, lo que van diciendo de él por el recinto para ver su reacción. También, con mucho esfuerzo, le pido perdón por no haber sabido algo tan destacado de él hasta el día de hoy. Él, modesto y sin muchas ganas de conversar por el agotamiento, le quita importancia y me responde que no es nada. “Que no es nada” repito para mis adentros “Yo no podría hacer algo ni la mitad de bien que como tú nadas” pero me lo callo. Quiero aprovechar bien el poco tiempo que tengo hoy con él y no decir cosas que le puedan molestar o extenuar más.

Comemos intercambiando algunas palabras, mas noto que Nadir está más frío y seco que de normal y me apeno. ¿Es porque se está aburriendo conmigo o es que a lo mejor estoy siendo muy pesado? “Maldita sea, necesito saber qué es lo que le pasa”.

-¿Te ocurre algo?-pregunto cuando ya hemos terminado de comer y vamos andando hacia mi cuarto para despedirnos-Es que pareces raro-aclaro.

Él hace un ademán de responderme pero sus piernas se tambalean al pararse en seco para responderme y, poco a poco, empieza a caer. Rápidamente, tras un leve pinchazo en el pecho al ver su cara de que se está desmayando, le cojo por el torso y me lo echo a un hombro para aguantar su peso mejor. Aunque pese más de lo que yo puedo soportar. “Mierda mierda, qué está pasando” me agobio. Es algo muy irreal.

-¿Qué te pasa?-pregunto muy asustado y se me escapa un pequeño chillido en la pregunta.

-Llévame a mi habitación…-dice en un susurro, el cual me cuesta un tanto descifrar.

-Está bien, aguanta-intento animarle y que confíe en mi.

Algo perdido y a paso bastante lento, pongo rumbo hacia su habitación. Ahora que lo pienso, después de todo el trabajo que ha hecho esta tarde, y todo el que no he visto, debe estar casi sin fuerzas. No sé cómo ha logrado comportarse como alguien que no le pasa nada, aunque no esperaba que casi perdiera el conocimiento. “A lo mejor estaba haciendo como que no pasa nada para no preocuparme y por eso estaba actuando tan extraño después del entrenamiento” pienso y sonrío un poco por lo cabezón que puede llegar a ser.

-Deberías haberme dicho que no te encontrabas bien.

Como solo recibo un “hm” de respuesta, supongo que ni si quiera tiene fuerzas para responderme. Cada par de minutos paro para cerciorarme que no ha perdido el conocimiento y sigue conmigo. Poco a poco los labios se le van poniendo morados y la cara le va palideciendo. Puedo notar lo mal que lo tiene que estar pasando ahora mismo.

-Ya llegamos, aguanta-aunque puede que los ánimos vayan más para mi que para él, pues los brazos, la cintura y la espalda me duelen a rabiar por soportar todo su peso y creo que no voy a poder aguantar mucho más. Las gotas de sudor se resbalan por mi cara hasta estamparse contra el suelo y Nadir hace ruidos incoherentes

Cuando llegamos, rezo porque la puerta esté abierta y, por suerte, lo está. Le llevo hacia la cama y lo tumbo en ella cómodamente. Luego yo hago lo mismo a su lado porque necesito recuperar el aliento. No es que pese mucho, pero ya estaba cansando de antes, pues ahora lo estoy el doble. Encima mi estado físico no es envidiable por nadie de por aquí. Cuando ya me encuentro mejor, voy hacia el lavabo con una prenda aleatoria que he encontrado por el cuarto y la mojo con agua bien fría. Luego voy hacia Nadir y se la pongo en la frente y le acomodo mejor en la cama ya que supongo que dormirá así. La verdad es que no sé si debería avisar a alguien de lo que le pasa.

-Me tengo que ir-digo al mirar la hora y ver que es bastante tarde. No puedo tardar mucho más en llegar a mi habitación o se enfadaran conmigo.

Me gustaría quedarme con él más, toda la noche de hecho, pero debo llevar un control riguroso para no ser un peligro, como dijo Petra. No quiero que mi sueño se haga realidad. Suspiro para quitarme los malos pensamientos de la cabeza y beso la frente de Nadir con ternura para despedirme. Al ver que no responde, doy por hecho de que ya está dormido y voy hacia la puerta, aunque algo me retiene. Me está agarrando de la camiseta.

-Quédate conmigo-escucho tras de mi con una voz muy forzada y afligida. Mi corazón se hace trizas al saber que no puedo hacer lo que me pide con tanta desesperación y, para no hacerlo más difícil para ambos, sigo hacia adelante agarrándome el pecho con la mano. Noto como Nadir suelta mi camiseta porque no puede tirar con la suficiente fuerza.

-Por favor-insiste mientras salgo de la habitación y lucho con las pocas fuerzas que me quedan para no darme la vuelta y hacer lo que me pide el corazón y él.

Me encantaría poder devolverle todo lo que ha hecho por mi, pero ahora mismo no puedo. Prefiero esto a lo que pueda ocurrir si me pasa de nuevo lo del otro día. Si acepto, podría hacerle daño y es lo último que quiero.

-Hasta mañana-me despido con voz temblorosa y con lágrimas derramándose por mis mejillas. Cierro la puerta tras de mi y echo a correr hacia mi habitación.

Espero que me perdone por no quedarme con él aunque sea lo que más desee en el mundo.

Capítulo 20 – Decisiones

Narra Nadir

Mi entrenamiento ha sido como el de todos los días. No he avanzado en mejorar mi tiempo récord (que aun se aleja un poco del tiempo de huída cuando coloque la bomba), pero tampoco he hecho menos que habitualmente. Eso quiere decir que el pequeño descanso del mundo real no me ha sentado tan mal después de todo y me ha llenado de aire nuevo. Después de terminar éste, me han retenido unos minutos para tomarme medidas para un traje de buceo que me van a confeccionar para el Gran Día. Así lo llaman. Me los he tenido que quitar de encima a patadas para que me dejaran ir, de una vez por todas, al despacho de Jared. Después de tantos días de espera, por fin accede a verme y espero que responda a TODAS las preguntas que tengo preparadas.

Camino por el laberinto de pasillos y salas hasta que llego a su despacho. Éste se encuentra abierto. “Creo que me esperan” pienso. No me demoro más y me adentro en la boca del lobo con la expresión más seria que tengo (o que logro poner). Aunque no tenga mucho poder entre los de aquí, quiero hacerme valer.

Dentro están Jared y Petra hablando por lo bajo y, cuando entro, su conversación se extingue y Jared se alisa los bordes del cuello de la camisa.

-Creo que me estabais esperando-me quedo apoyado en el marco de la puerta pues quiero parecer amenazante y algo pasota, pero no alguien que falta el respeto entrando a un sitio sin permiso.

-Hola Nadir, llegas a tiempo. Lamento haber estado ausente. Últimamente he estado ocupado haciendo las últimas modificaciones del plan y resolviendo algunos problemas-explica y con un leve movimiento de ojos, me manda que me siente en la silla que queda enfrente suya.

-Ya veo-me quedo mirando fijamente su usual pelo engominado. Sin embargo, hoy parece más formal que de costumbre. “Puede que sea por ese uniforme blanco” pienso después de observare detenidamente-ha sido una larga espera-añado como para hacerme el dolido por no haberme atendido antes-Necesito más información para poder seguir confiando en vosotros pues me he enterado de cosas nuevas que no me gustan. A mi nadie me dijo que Gabriel iba a ser entrenado para el combate, lo que significa que peleará con nosotros-concluyo atacando. Sé que en su momento me dijeron que iba a formar parte del plan, bueno, TENÍA que serlo. Pero no que iba a luchar.

-No te lo quisimos decir porque sabíamos que te ibas a negar el rotundo-y yo asiento con la cabeza haciendo ver que está en todo lo cierto. Jamás voy a permitir que pueda salir herido y menos que participe activamente en una pelea donde puede incluso morir-Pero debo decirte que Gabriel es una pieza muy importante a la hora del ataque contra Luna y las demás ciudades.

-¿Demás ciudades? ¿Me estás diciendo que no solo lo vais a meter en la lucha contra Luna, sino que encima será más veces contra ciudades mucho más poderosas? ¡No voy a dejar que lo utilicéis como un arma!-exclamo sobresaltado apretando los puños y los clavo sobre la mesa. “Sobre mi cadáver” añado en mis adentros. Por desgracia debo callármelo pues tengo mucho que perder si no lo hago.

Jared hace una pausa para posar sus manos encima de la mesa y, con la cabeza, le hace una señal a Petra, que saca unos papeles y me los tiende. Yo me niego a bajar la mirada y la mantengo clavada en él.

-Esto es importante Nadir-dice Petra, mas no añade más pues parece que Jared quiere todo el protagonismo.

-Me gustaría que le echaras un vistazo-me pide, aunque yo no me bajo del burro-Bueno, esperaba que esto pasara, a si que he preparado una presentación para hacerte cambiar de idea. Petra.

Ésta va hacia los interruptores, apaga la luz y luego da a otro que enciende la pantalla que hay tras del rubio. En ella puedo ver una imagen bastante nítida de la cúpula de Luna. “¿La habrán hecho dentro o la han robado?”pienso. Enarco una ceja para que me explique el por qué de esa foto, curioso pero con las ideas bien claras. Diga lo que diga no me va a hacer cambiar de opinión.

-No se si podrás verlo en esta imagen, pero en la cúspide hay un enorme altavoz. Ellos no lo ven porque justo a pocos centímetros de él esta el famosos “sol” de Luna-Hace una pausa para que la imagen cambie a otra donde se puede ver lo que acaba de decir-Lo utilizan los gobernadores para transmitir los mensajes importante porque se escucha en todos lados de la ciudad. Lo pusieron allí, a parte de por la buena acústica, porque no necesitan mucha seguridad allí arriba de todo.

-Y quieres que Gabriel arriesgue su vida para llegar hasta allí y conseguir hackear ese altavoz para vosotros-sigo con su explicación, seguro de cómo iba a seguir si no lole hubiera parado. Jared esboza una sonrisa de satisfacción.

-Algo así. Hemos pensado que sería mucho más eficaz poner en contra los ciudadanos de Luna contra la propia ciudad que empezar una trifulca directa contra ellos. Así nos podríamos evitar muchas muertes innecesarias y heridos. Es evidente la diferencia de número-prosigue y espera de nuevo a que cambie de otra foto, donde ésta vez se ve algo parecido a Gabriel en el cielo de la ciudad, como si fuera un ángel salvador-Ellos creerán que es algo divino y esto nos podría ayudar a derrocar a la ciudad sin tantos costes, tanto humanos como materiales. A parte de llegar hasta ahí arriba y darnos la comunicación necesaria, será la imagen de la salvación de Lunáticos-dice refiriéndose a sus ciudadanos, aunque no sé si lo hace a posta o solo para dale un nombre.

-¿Y qué pasa si sale algo o todo mal? Gabriel correría mucho peligro siendo un blanco tan fácil-me quejo-No creo que porque sea un “ángel” no se vaya a atrever a matarlo.

-Esperamos que eso no pase, pero si llega a ocurrir, entraremos todos y seguiremos con el antiguo plan y le sacaremos cuanto antes. Es nuestra prioridad no perderlo. Como ya te he dicho, será la imagen de todo este plan. Todo el mundo le verá como un Ángel salvador, tiene el aspecto perfecto, además de ser otro símbolo para los mutantes. Sin contar que su nombre ayuda muchísimo a esto. Sería como un segundo arcángel Gabriel-ahora sale unas estadísticas en la pantalla-Creemos que el 80% de la población se unirán a nosotros debido a la gran diferencia entre las clases y la mala calidad de vida que llevan por ello, el otro 20% depende de cómo se lo tomen al verlo. Les costará bastante dejar atrás su vida de lujo, pero esperamos que algunos si se unan.

-No me lo trago. ¿Entonces por qué me dijisteis que cuando todo terminara le ibais a devolver a la normalidad?- Hay algo que me huele muy mal en todo esto y no me creo ninguna palabra que estoy escuchando.

-Hemos sido un tanto ambiguos contigo. Sí tenemos la intención de hacerlo, aunque no sea hasta que tengamos el control de todas las ciudades o las hallamos derrotado/destruido. Además, la operación de tu amigo es una muy compli…

-Lo sabía-declaro cortándole la oración que iba a decir y me empiezo a reír desagradablemente-Sabía que no me ibais a ayudar hasta que no le hubierais exprimido hasta las entrañas. Y no es solo eso, es que encimas intentas hacerme creer que después de “todo esto” vais a devolverlo a la normalidad cuando sé que ni queréis hacerlo ni os interesa.

-En eso estás equivocado y puedo demostrártelo. A lo mejor éste vídeo hace que te plantees todo lo que te he dicho-hace una pausa dramática-Pues Gabriel es un peligro para todos los que le rodean y nosotros somos los únicos que podemos reinvertir lo que le han hecho.

“Sí claro” pienso “Ahora me vienes con esas” pero, como antes, me lo tengo que guardar.

Petra toquetea algunas teclas del ordenador que hay en la mesa que estamos utilizando y, después de un minuto, un vídeo empieza a reproducirse en la pantalla. En éste sale mi habitación a oscuras y sin nadie dentro.

-¿Por qué me habéis grabado mi habi…?-pregunto algo crispado y con las cejas fruncidas pues esto ya es el colmo, mas Jared me corta antes de terminar.

-Tú espera.

Y eso hago con la mandíbula bien apretada, aunque creo que llevo así todo el tiempo, para no soltar todos los improperios que se me están pasando por la mente. No sé como no caí en ello la primera vez que entré a la habitación y registré por si acaso por todos los rincones. Supongo que estaría bien escondida o no esperé que tuvieran tantos recursos como para desperdiciarlos de esta manera. El vídeo corre a cámara rápida, lo sé porque los minutos, que están al lado de la fecha de ayer, avanzan muy rápido.

Al principio está vacía, mas luego llegamos Gabriel y yo a ella. Salimos quitándonos la ropa y metiéndonos en la cama sobre las 11 de la noche. La verdad es que doy gracias por no haber hecho algo indecente en la habitación pues lo habrían grabado todo y eso ya me detonaría por completo.

No es hasta que llegan las 6 de la mañana cuando la velocidad del vídeo vuelve a la normalidad. Gabriel se “levanta” cayéndose al suelo y se empieza a retorcer. Es entonces cuando abro bien los ojos y me quedo sin palabras. “Esto si que no me lo esperaba” pienso “¿Puede que el sueño que tuvo esta noche tuviera algo de realidad en él? Espero que no”. El vídeo vuelve a ir a cámara rápida al no pasar más acontecimientos nuevos hasta que pasa media hora. Vuelve a ir el tiempo normal y ahora se ve como Gabriel empieza a frotarse la parte izquierda de la cara y se levanta para ir a mi lado de la cama. Éste se me queda mirando como alrededor de 10 minutos, los cuales también pasan rápido. Más tarde, se agarra el pelo y se dobla, como si le doliera la cabeza o la barriga. Lo hace de forma bastante brusca. También parece que grita, pero si fuera así, yo le hubiera escuchado seguro pues mi sueño no es para nada pesado.

-Yo no oí nada-recalco con los pelos de punta y algo perturbado. Me replanteo si quiero seguir viendo el vídeo, ya que me está resultando algo escalofriante dado que el que está al lado suya tumbado sin saber qué es lo que está pasando soy yo. Sin embargo, ahora entiendo un poco más cómo se sentía esta mañana y un pinchazo de culpabilidad, por no haberle dado la importancia suficiente, se clava en mi pecho.

Después de haberse agachado unas cuantas decenas de veces más, vuelve a frotarse la parte izquierda de la cara, aunque ahora parece que lo hace con más rabia y pasa de las palmas de las manos a las uñas. Es aquí cuando desvío la mirada porque no puedo soportar verle autolesionándose de esa manera.

-Está luchando contra si mismo para no hacerte daño-me explica Jared para intentar hacerme sentir mejor, aunque no lo consigue evidentemente. Yo vuelvo a alzar la vista y sigo observando la grabación para conocer todo lo que pasó, aunque miro de reojo hasta que pase la escena.

“Él estaba luchando por mi” me digo y ésta vez no sonrío como esta misma mañana, pues ahora sabiendo lo que sé, ya no es algo como para tomárselo como una cosa “bonita” o emotiva. Sí, significa que le importo, pero también que tiene un problema bastante gordo que de momento tiene una dudosa resolución.

Gabriel sigue arañándose la cara con todas sus ganas por dos interminables minutos más y luego, como por arte de magia, para y se queda petrificado cuando se mira sus manos. Luego me mira a mi y las piernas le ceden, cayéndose al suelo. Poco a poco empieza a alejarse de mi, gateando como puede, pero sin dejar de dirigirme la mirada. A pesar de que todo se vea con poca luz, se puede percibir el horror que estaba viviendo. “Ahí es cuando dijo que se despertó y me vio muerto” pienso mientras uno puntos. Su “sueño” sí tenía algo de verdad después de todo. Gabri se dirige hasta la esquina donde le encontré cuando me levanté y se queda ahí hasta entonces.

-Suficiente-pido con un hilo de voz para que lo paren pues el resto ya me lo sé de memoria. Me llevo las manos a los ojos y los aprieto  para intentar que paren de quemarme-¿Y aun sabiendo esto, le vais a dejar así por más tiempo?-la voz me tiembla por rabia y tristeza.

-Hemos encontrado unas medicinas que dejan bajo control esas ganas de hacer daño a los demás y a si mismo-Aclara. “Como no, os faltaba tiempo” me guardo de nuevo-Pero como él no las recibió anoche y esta mañana, por eso se descontroló. Estoy seguro que si no hubieras sido tú el que estaba al lado suya en ese momento, esa persona habría muerto de una forma bastante desagradable-repone y espera a que yo le dé alguna respuesta.

Actualmente, la única opción que se me ocurre para volverlo a como era antes es haciendo lo que ellos me piden. Sin embargo, eso significa que hay un riesgo de que Gabriel pueda morir o resultar herido. Pero si nos vamos o no le llegan a operar, será una máquina de matar sin su medicación y a saber por cuánto tiempo piensan dársela hasta que no les sirva más.

-¿Cómo puedo saber que de verdad le curaréis?-pregunto con rabia. Me tienen cogido de brazos y piernas y, lo pero de todo, es que ellos lo tienen bastante presente. Si no, no hubieran hecho todo esto para nada a sabiendas que me iba a negar si o si-¿Cómo sé que cumplirás tu palabra?

-Porque cuando todo haya terminado yo ya tendré todo lo que quiero y será mi forma de pagároslo-Se explica con otra sonrisa de satisfacción. Él sabía que me iba a pensar sus palabras después de ver el estrafalario vídeo que me han preparado.

Intento encontrar algún rastro de mentira en sus palabras pero, o es un muy buen embustero o me está diciendo la verdad.

-Me lo tengo que pensar-contesto al minuto mientras le doy vueltas a toda la nueva información y a las decisiones importantes que debo tomar.

-Te doy 48 horas para decidirte. Ni una más. No podemos perder tanto tiempo con lo poco que queda para el Gran Día-hace una pausa para levantarse, acicalarse el atuendo y acercarse a mi con sus típicos andares formales- Elijas lo que elijas, te recomiendo seguir con tus entrenamientos. También te necesitamos para llevar a cabo el gran plan. Sigues siendo una pieza clave, no lo olvides-dice clavándome sus verdosos ojos directamente contra los míos-Ah y llévate los papeles-echa un brazo hacia atrás, los coge y me los tiende.

Asiento lentamente y le quito de las manos los malditos papeles. Sus vacías palabras para hacerme sentir importante me entran por un oído y salen por el otro. Me levanto, doy la vuelta sobre mis pies y salgo lo antes posible del despacho antes de caerme y echarme a llorar ahí en medio. Y ya es lo que me falta, después de que me hayan pisoteado y acorralado de esta manera.

-Por cierto, hasta mañana no podrás verle y te agradecería que no le comentaras nada sobre el vídeo-habla, sin embargo, yo sigo con mi camino-Lo tendremos bajo vigilancia para asegurarnos de que no vuelve a pasar lo de hoy-grita para que le oiga ya he salido de la estancia.

“Genial, ahora qué es lo que hago yo” me digo. Apenas es la hora de comer y queda mucho para que llegue el día de mañana y poder verle. Me paro en una esquina donde tengo seguridad para que nadie me pueda ver e intento retener todos los sentimientos que intentan aflorar a la misma vez sobre mi. Tardo un poco, pero al final lo consigo, a pesar de que tiene un límite de tiempo.

Decido ir a comer lo poco que pueda porque tengo que el estómago cerrado y lo más rápido posible para que no me derrumbe en medio de todo el mundo. Luego voy hacia las duchas para darme una ducha bien fría y así intentar despejarme un poco y aclarar ideas.

En ésta se encuentran un par de personas que parecer pasar de mi presencia en cuanto pongo el primer pie en la parte de vestuarios. Me desnudo con desgana y, ansioso por sentir el agua, voy hacia la primera ducha que tengo más cerca. Veo como los demás presentes, que antes me habían ignorado, intentan evadir mi mirada escondiéndose pudorosamente con la mano sus vergüenzas o girándose. Yo, como he vivido gran parte de mi vida con un armario bastante escaso, no me avergüenza mostrarme tal cual soy. Esbozo una sonrisa pícara para incomodarles más.

Abro el grifo y me quito la coleta. Masajeo mi cuero cabelludo para empezar a relajarme. Luego suelto un largo suspiro, me apoyo con ambas manos en la pared y dejo que corra el tiempo. Al principio la piel se me eriza por el contraste tan drástico de temperatura, mas aguanto el primer mal trago de agua congelada y ya lo demás es bastante disfrutable.

“Tengo que ayudarle” me prometo a mi mismo aunque aún no sepa bien cómo lo voy a lograr. Después de todo lo que he hecho para protegerle y que no fuera él el blanco de desgracias… ahora tengo que dejar que lo sea para que, en un futuro algo lejano e incierto, puedan devolverme al chico agradable, cariñoso e incapaz de hacerle daño a nadie. Ese que sin importar lo que podía perder me salvó la vida y luego acarreó las consecuencias sin remordimiento alguno. Eso si bien vuelve a ser el mismo, claro. Nadie me garantiza los resultados, solo que lo tratarán. Pero hay que intentarlo.

Por otro lado, he aguantado aquí ya más de tres semanas, sin contar las otras que derroché solo para ir a “rescatarlo” de Luna. He recorrido mucho camino para darme la vuelta, aunque tenga más que razones para hacerlo. Y aunque no sea el modo en el que quería hacerlo, voy a poder conseguir el fin que me propuse: Salvarle. Esa tiene que ser mi prioridad número uno.

-Mierda-doy un puñetazo contra la pared y luego escucho algo que se cae. Por el sonido, parece que a alguien se le ha caído un jabón o un bote al suelo, supongo que porque le ha asustado mi repentino golpe.

Decido que ya he gastado suficiente agua cuando las dos personas que había duchándose se marcharon hace un par de minutos. Cojo todas mis pertenencias y voy, de nuevo, con la toalla amarrada a mi cintura y el pelo suelo y chorreando, por los interminables pasillos hasta mi habitación. En cuanto abro la puerta de ésta, un olor a químico muy fuerte me entra por la nariz y me obliga a dejar de respirar por unos segundos. “Habrán limpiado por lo ocurrido esta mañana” razono y, acto seguido, busco la cámara oculta cansado de que hagan lo que quieran conmigo y lo que me rodea. La rompo de un puñetazo limpio. Pequeños cristales se me clavan en los nudillos pero no pierdo más tiempo que a quitármelos y echarme un poco de agua sobre las heridas.

Me dejo caer sobre la cama como si fuera un peso muerto y huelo las sábanas esperando que no las hayan cambiado y que, por casualidad, aún conserven el olor de Gabriel. Y, en efecto, aún están impregnadas de él. Las huelo durante un largo rato mientras recuerdo escenas de ayer y algunas pasadas. Luego me giro para mirar el enorme hueco solitario que se ha vuelto a formar en la cama y que apenas ha sido ocupado por unas horas. No ha pasado ni un día y ya le echo de menos. Pero tengo que recordarme que poco a poco voy consiguiendo avanzar hacia mi objetivo y que mi trabajo y esfuerzo no son en vano. Cuando lo consiga, dudo mucho que le vuelva a echar de menos nunca más.

-No dejaré que te pase nada- susurro y me repito esta frase por millonésima vez.

Después de apreciar un poco más su dulce y característico olor, cojo los papeles que Jared me dijo que me llevara con tanta ansia esta tarde y me pongo a ojearlos desganado. Los ojos me están empezando a pesar. Hoy ha sido un día bastante movido o, siendo más específicos, solo esta mañana.

Abro la carpeta por una página aleatoria y me pongo a leer lo que aparece en la página, que no es más que el nombre y una breve descripción de todos los mutantes que van a participar en el Gran Día. El primero de todos ellos se llama Adrian, un maestro guerrero con una sobrehumana agilidad al igual que unos extraordinarios reflejos. Pone, además, que él vivió en Luna pero que fue expulsado por asesinar a una persona, aunque eso nunca se demostró. Tiene toda la pinta de que fue por algo más, aunque quien sabe. “No me da buena pinta” pienso. Luego viene un tal Albert, un experto estratega con un cerebro más desarrollado de lo normal. Aun están intentando saber qué porcentaje de éste utiliza. El siguiente es Matt, un hombre con superfuerza y en el que se afirma que es capaz de levantar 500Kg con una mano…

Hay muchos más mutantes descritos pero, aburrido, sigo solo ojeando sus fotos y lo que más destaca de ellos. Casi llegando al final, puedo ver como están puestas nuestras fotos y, al igual que los demás, con una breve descripción. Me muerdo el labio con fuerza para no caer en la tentación de leer lo que ponen de Gabriel y voy hacia otra página aleatoria. Ya estoy bastante cabreado como para ponerme aun más tenso.

Ahora caigo en una donde solo se muestran fotos del interior de Luna y otras de las pequeñas puertas pero muy robustas y reforzadas por donde supuestamente entraremos. También algunas otras imágenes de las bombas y algunos pasos del plan descritos muy escuetamente. Al final, veo la fecha de cuando será toda esta locura: el 23 de Abril de 2106. Esto significa que solo quedan poco más de tres semanas para que llegue.

De repente, siento un enorme escalofrío, como si algo me quisiera advertir de que va a ocurrir alguna desgracia. Dejo caer la carpeta sobre mi cara y decido ponerme ya a dormir y dejar para mañana lo de ponerme siempre en lo peor. Y al parecer, no me importa tener algo sobre la cara, pues no tardo en caer a los brazos de Morfeo.

~~~~

A la mañana siguiente me despiertan unos golpes bastante energéticos que alguien está regalando a mi puerta. Enfurruñado y cogiendo la toalla de ayer para taparme un poco y no incomodar a la otra persona, voy a abrir. A saber qué cara podría poner si la que está detrás de la puerta es Petra.

-¿Quién es?-pregunto, mas cuando veo que es Viktor, uno de los científicos que supervisan mi entrenamiento y me ayudan a mejorar en él, sé por qué está aquí con esa cara de enfado. Su presencia significa que es tan tarde que ha tenido que venir a buscarme-¡Lo siento mucho! Ahora mismo voy-me disculpo.

-Eso espero- responde secamente y se va tal y como ha venido.

Cierro la puerta y me pellizco el puente de la nariz. Ayer se me olvidó conectar la alarma y, como es evidente, no me he levantado a la hora. Miro el reloj y son casi las 10 de la mañana y me alegro de que ayer decidiera cenar, pues me he quedado sin desayuno. Me visto lo más rápido que puedo y recojo algo la habitación para que cuando vuelva, no esté tan desordenada.

Realmente llegar tarde al entrenamiento no me importan tanto como el hecho de que no voy a poder ir a ver a Gabriel hasta que él no termine el suyo y me hubiera encantado ir a visitarle a su habitación como he solido hacer. Además, después del mal trago de ayer, quería saber qué tal se encuentra y darle un fuerte abrazo. “Supongo que le podré ver a la hora de comer ya que me será imposible verle mientras entrena” pienso, o más bien, deseo.

Salgo pitando hacia donde me esperan desde hace bastantes horas y casi tiro a un par de personas por el camino que andaban tranquilas y yo les he hecho perder el equilibro. Al llegar, me quito la ropa en dos movimientos y la dejo tirada en el suelo para luego tirarme al agua y no perder más tiempo. Por mi retraso, al parecer, toca un entrenamiento más duro de lo normal a forma de castigo y, a parte, para conseguir llegar pronto a la meta fijada de tiempo. O si no, se supone que del Gran Día no saldré vivo.

Las horas pasan rápido dentro de lo que cabe y, cuando llega el descanso para ir a comer, me obligaba quedarme un rato más para recuperar algo de tiempo y darme la charla para intentar que me tome más a pecho lo que estamos haciendo aquí. Yo solo respondo lo que quieren escuchar y salgo echando leches hacia el comedor para, por fin, encontrarme con Gabriel.

Éste se encuentra abarrotado de personas debido a que es la hora punta para comer y, luego de coger la porción de comida que me toca, paseo entre las mesas buscándolo. Logro visualizarle al poco tiempo porque su pelo blanco-grisáceo es bastante distintivo. Gabriel está sentado al lado de un chico mientras habla alegremente con él y se ríe de lo que dice. La cara del chico me suena y no sé por qué. Voy con paso acelerado hasta allí y, sin darme cuenta, con la mandíbula bien apretada. Vale, he de admitir que me hubiera gustado encontrarle buscándome de la misma forma que estoy haciendo yo y no riéndose despreocupadamente con alguien sin importarle nada mi angustia de no saber cómo está y que no nos hayamos visto desde ayer por la mañana.

-¡Gabriel!-No puedo evitar gritar al ver que se vuelve a reír y mis entrañas se empiezan a revolver por celos. No me fío de nadie de aquí y mucho menos voy a dejar que él sí lo haga. Hay que mantenernos alejados de esta gente.

Al escuchar su nombre, mira en mi dirección y su sonrisa rápidamente se apaga. Mi corazón deja de latir por unos segundos al ver esa reacción, pero decido seguir hacia delante con buena cara y hacer como que no me ha dolido. “Tengo que protegerte” me repito interiormente.

Capítulo 19 – Alas y espada

Narra Nadir

A la mañana siguiente, después de habernos acostado ambos agotados en mi cama, nos levantamos relativamente tarde. A ver, en comparación con los demás días, es tarde. Es más, ni me molesté ayer en poner una alarma a propósito para que esto pasara. Sentía que Gabriel necesitaba un descanso y, para qué negarlo, yo también.

En cuanto recobro un poco de conciencia sobre mi mismo, busco el somnoliento cuerpo de Gabriel entre las desordenadas sabanas con una mano mientras con la otra me despejo la cara de pelo. No sabéis cuanto he ansiado poder volver a hacer esto. Saber que le tengo a pocos centímetros de mi en la misma cama y al despertarme, era algo que no llegué a valorar en su momento. Pero ahora creedme cuando os lo digo, que me da vida solo de pensarlo.

-¿Gabriel?- pregunto un tanto angustiado al no encontrarle al primer tanteo. Abro los ojos, adormilado, para intentar ayudarme con la vista.

Pero este no está en la cama ni en los alrededores.

Me siento rápidamente y, con ambas manos, me llevo el pelo hacia atrás y me hago una coleta rápida para que nada me entorpezca la visión. Primero me asomo por el lado en el que él estaba durmiendo para asegurarme de que no se ha caído por ahí y, al ver que no, miro bajo la cama por si acaso. Luego, aun más preocupado, echo un vistazo a toda la pequeña habitación en general. Las manos me tiemblan, la boca se me seca de lo rápido que estoy respirando y el pecho me hace ese horrible dolor que tanto odio. Después de algunas pasadas y bajo la tenue luz de emergencia, le encuentro en un rincón con la cabeza bien clavada en sus marcadas rodillas. Me da la sensación de que está temblando, sin embargo, no lo distingo bien por la poca luz.

-¿Gabriel… qué te pasa?- vuelvo a preguntar con un nudo en la garganta. Verle tan quieto y asustado en un rincón está haciendo que se me salga el corazón del pecho.

Espero unos horribles segundos hasta su respuesta, pero este no se mueve ni un solo milímetro ni profiere sonido alguno. Harto de no saber nada, me levanto lentamente y me acerco hasta donde se encuentra. Hago el ademan de apretarle el hombro para hacerle saber que estoy aquí, mas antes de que pueda hacerlo, éste grita y me hace pegar un respingo que me provoca una pérdida de equilibro con la consiguiente caída al suelo.

-¡NO ME TOQUES!-consigo descifrar entre todos, ahora, notorios sollozos. Está llorando. Su pecho se mueve muy rápidamente y sus manos tiemblan sin control-Po…podría hacerte daño, no te acerques a mi-continúa para luego intentar esconderse más en el pequeño rincón en el que se encuentra, haciéndose un gurruño.

-No me vas a hacer daño-intento tranquilizarlo utilizando el tono más suave de voz que tengo-Deja que te ayude-y tiendo mi mano hacia él esperando su autorización para tocarle.

Espero otros largos segundos hasta que por fin veo algo de movimiento por su parte. Mueve su cabeza un tanto para poder mirar entre sus piernas y su pelo alborotado. Después de dudarlo, tiende su mano hacia la mía, indeciso. La cojo y la atraigo hacia mi en cuanto la tengo casi al lado para que no se eche para atrás y un fuerte olor a hierro me golpea la cara.

-¿Estás herido?-pregunto al aire con la voz temblorosa por el inesperado descubrimiento y estudio detenidamente su cuerpo para ver de donde proviene ese olor.

Sé que es sangre, estoy seguro. Después de inspeccionarle lo que me deja ver de su persona, encuentro que su mano está ensangrentada. Pero no es de allí de donde proviene esta, o sea, no tiene heridas en la mano.

-Tranquilo, no me puedes hacer nada-afirmo mientras me acerco aún más a él-tranquilo…-la cabeza me da vueltas. Lo que menos me esperaba era que despertáramos de esta manera.

Voy caminando de rodillas para no hacer mucho ruido y llegar cuanto antes. Le abrazo con casi todo el cuerpo para apaciguarle y que vea que no me va a hacer daño solo por tocarle, o al menos no ahora. Nos quedamos así hasta que mi preocupación por saber de dónde proviene toda la sangre me gana e intento que me muestre la cara para poder hablar con él en condiciones y sacarle información.

-¿Estás mej…?-intento proferir antes de encontrarme con la cara sangrienta e hinchada de Gabriel-¿Qué demonios te has hecho?

No era la primera vez que se hace algo así, aunque él no lo recuerde ahora. Éste me mira con miedo y un poco avergonzado de sus actos. Su parte izquierda se encuentra llena de arañazos que supuran sangre. La otra mitad parece intacta.

Antes de pedirle explicaciones verbalmente, éste empieza a hablar.

-He soñado con algo horrible…-traga saliva muy costosamente-tú…te había matado-ahora clava la mirada horrorizada en la cama donde hemos dormido-justo allí-hace una pequeña pausa para volverme a mirar ahora con los ojos medio llorosos-y cuando me levanté y vi sangre en mis manos…-y su mirada se pierde en el infinito.

Me muerdo el labio al saber ya el por qué de todo y lo cojo en brazos para tumbarlo en la cama y que se encuentre más cómodo. Con todas mis ganas intento no sonreír por su preocupación ante mi. Sé que no es el momento indicado para tener esta reacción, pero no puedo evitarlo. Después de tanto tiempo sin que a nadie le preocupara mi persona, es normal. Aunque sea una tontería lo acaba de pasar, entiendo su miedo. Porque era y es el mío, aunque yo sí le haya hecho ese daño.

-Vamos a las duchas. Así te quitas toda esa sangre de las manos y te curo la cara-declaro y le tiro su ropa, que andaba pululando por el suelo, para que se vista.

-Vale-responde ipso facto. Se le nota más calmado aunque aún perdido en su mente.

Nos ponemos la ropa y, con algo de prisa para que nadie vea la sangre, vamos hacia las duchas. Justo cuando llegamos a la puerta, veo la silueta de Petra viniendo hacia nosotros. “Siempre apareces en el peor momento” pienso para mis adentros.

-Mierda, entra tú, yo me quedo aquí distrayéndola. No te olvides de curarte la cara.

Gabriel me hace caso y entra rápidamente después de asentir con la cabeza. Yo tapo con todo mi cuerpo, o lo intento, a éste para que la intrusa no vea sus heridas y manchas de sangre. Ella sigue avanzando y tras un par de pasos, puedo vislumbrar la dura y cabreada mirada que me está dedicando. “Aquí viene”.

-¿¡Dónde habéis estado!? He estado toda la mañana buscándoos – Suelta fríamente y, cuando llegamos al mismo punto, se cruza de brazos en mi dirección. Hacía tiempo que no la veía tan disciplinar-Encima me han dicho que Gabriel no ha estado desde ayer en su habitación y, por consiguiente, no ha recibido su medicación matinal. ¿Sabes lo que podría haber pasado por tu culpa?

-Él está bien. Hemos estado…-me quedo callado porque no sé qué decirle verdaderamente. Tengo claro lo que NO debo contar, pero… ¿qué me puedo inventar? Ella frunce el ceño al ver que tardo en seguir la frase-…recordando viejos momentos. Bueno, más bien, ha sido yo contándoselos a Gabriel-consigo decir y al parecer sirve, pues deja de dar vueltas a este pequeño detalle.

-No lo volváis a hacer-impone luego con dureza-Nos queda poco tiempo para que llevemos a cabo el plan y lo que menos deberíais hacer es perder el tiempo-hace una pequeña pausa después del sermón-Te están esperando en tu “piscinita”-dice cabreada y en un intento de quitarle importancia a lo que me estoy dedicando últimamente.

-Ahora voy-respondo mientras me apoyo en la pared y me hago una más elaborada coleta que la que me he hecho al levantarme.

-No, vas ya. Fuera de mi vista AHORA-y remarca extremadamente bien el “ahora”-Yo me encargo de él a partir de ahora.

Miro hacia la puerta sopesando los pros y contras de llevarle la contraria a mi superior. Pero poco puedo hacer contra ella, pues tiene más poder y qué leches, no creo que sea buena idea cabrearla más. Suelto un enorme suspiro y ruego interiormente para que no pase nada después de que me vaya.

-Vale, me voy.

-Nos vemos esta tarde en el despacho de Jared. Quiere verte después de que termines tu entrenamiento.

-Ya era hora- digo con descaro y alzando las manos mientras pongo rumbo hacia mi “piscinita”, dándole la espalda.

Narra Gabriel

Después de una rápida ducha y de haberme organizado mentalmente cuando lo hacía, me visto con parsimonia, ansioso de volver a ver a Nadir ya recompuesto. Tengo que pedirle perdón por lo que ha pasado esta mañana en su habitación.

A decir verdad, no tengo ni idea de por qué he actuado de aquella manera. Vale que el sueño parecía muy real, pero era solo eso, un sueño. Al final la sangre era la mía propia porque me había rasgado la cara con las uñas. Pero al imaginarme el cuerpo muerto de Nadir… perdí toda cordura al parecer. El pecho incluso dolía tanto por la supuesta pérdida, que no me di cuenta de las heridas que me había hecho en la cara.

Creo que he pensado e imaginado tantas veces con aquello que al sentirlo tan vivido, dije sin dudarlo que era real aunque no fuera así. Mi miedo se hizo realidad. Creo que se juntaron demasiados infortunios.

Termino de atarme los zapatos y busco el botiquín para curarme las heridas. No tardo mucho pues tampoco les doy mucha importancia. Solo me echo un poco de agua oxigenada y las dejo estar. Antes de salir, intento poner el máximo de pelo posible sobre mi parte izquierda para disimularlo aun más y salgo. Para mi desgracia, no encuentro a Nadir esperándome, sino con la cara de pocos amigos que lleva Petra.

-Sí que has tardado-se queja-no pongas esa mueca aún. Lo que te espera es mucho peor-Me atraganto ante sus palabras y puedo ver un intento por retener una sonrisa en su cara. Luego busco la ayuda de Nadir con la mirada pero no lo encuentro por ningún lado-Tu novio no está aquí, se ha ido.

Apenado y sonrojado (por haber escuchado de nuevo la palabra “novio”), agacho la cabeza y dejo que Petra me lleve a donde quiera. Al menos aun puedo intentar portarme decente para que el castigo pueda aliviarse un poco o no sea peor de lo que está pensado. “Qué poco ha durado el respiro de la monotonía” me digo a mi mismo y suspiro.

Nuestra primera parada es en mi habitación, esa que no piso desde hace más de un día y ni si quiera he echado de menos. Los bata blanca de siempre nos están esperando dentro y empiezan a hacer lo mismo de todos los días, aunque con un poco de retraso. Al examinarme, me preguntan cómo me he hecho esos arañados y con la intención de que no sepan qué ha pasado, les miento.

-Sin querer me caí en la ducha y me llevé por delante una tesela de la pared- sé que no es muy bueno, pero es lo primero que se me ha venido a la cabeza y si tardaba mucho en inventarme algo, seguro que sospecharían sin dudarlo.

Me ponen mala cara e intentar sacarme la información verdadera, mas yo sigo defendiendo que es la que acabo de decir. Si digo la verdad, a saber qué experimentos más me pueden hacer o qué preguntas incómodas se inventarán. Y no tengo ganas de perder el tiempo con ellos. Al final acaban desistiendo y yo sonrío victorioso. Petra aun me sigue mirando con la misma cara de asesina, porque supongo que se imaginará algo de lo ocurrido.

-Si vuelves a saltarte tu medicación…-empieza a decir unos de los médicos mirando su incansable libreta y con voz temblorosa-no sería bueno. Hemos tenido suerte de que no ha pasado nada.

-Si vuelve a pasar, te encerraremos en tu habitación y saldrás solo para ir a entrenar y ya está-concluye Petra, amenazándome directamente-Si quieres la poca libertad que tienes y no ser un peligro para los demás, ya sabes-termina y las palabras “ser un peligro para los demás” se quedan como un eco en mi cabeza.

-Está bien-respondo cohibido y perdido en mi mente. No me gusta hacer daño a la gente y, ser un peligro, significa que puedo hacérselo a Nadir. Cosa que me aterra muchísimo. Es el único que me comprende y sabe más de mi que yo mismo.

Acabada la conversación, ponemos rumbo hacia la zona de entrenamiento. Hoy no vamos donde siempre, sino a una pequeña sala en uno de los laterales de la enorme estancia donde nadie puede ver su interior a no ser que abra la puerta. Eso ayuda a relajarme porque significa que no tendré espectadores como las anteriores veces. Ahora si meto la pata, no será tan vergonzoso.

-Visto el fracaso del otro día, he decidido que será mejor que entrenemos antes de que te enfrentes a alguien- me explica mientras abre un armario lleno de armas-ya sabes qué hacer antes de empezar con el ejercicio.

Tardo unos pocos segundos en darme cuenta de qué es lo que quiere que haga. La serie de abdominales, flexiones, sentadillas… que me  hace sufrir todos los días. Me tiro al suelo acto seguido para no perder más tiempo y paciencia de la entrenadora. Aún así, cuando estoy cayendo me duplica la serie por “haber tardado más de cinco segundos en obedecer sus órdenes”. Una vez consigo terminar, la camiseta se me pega a la piel porque está empapada de sudor y tengo el cuerpo agarrotado. Pido unos minutos para recomponerme pero al parecer no tienen cabida en sus planes y me obliga a ponerme de pie para seguir.

-Ahora vamos a ver en qué eres bueno- y le da unas palmaditas a un saco lleno de arena-Ven, empecemos por esto.

Me tira unos guantes raídos que estaban al fondo del armario, pisoteados por casi todas las armas, y me explica cómo tengo que darle al saco y con qué ritmo. Tras varios intentos y nuevas explicaciones, cada una más fácil y simple que la anterior, la entrenadora desiste y damos paso a las armas. Armamento tanto de cuerpo a cuerpo como de a distancia. Aleatoriamente entre todo ello.

-Veamos que tal te llevas con una katana-dice mientras la saca de su funda y suena como el filo de hierro roza con toda ella.

-¿Está afilada?-pregunto incrédulo al ver como el filo está pulido y muy brillante. “No creo que me haga entrenar con armas de verdad” deseo.

-Claro, no hay mejor forma de aprender que sabiendo que te pueden hacer daño-responde tan tranquila. “Claro, como tú no vas a salir herida…” me quejo, aunque no me echo hacia atrás. Debo demostrarle, o más bien a mi, que sirvo para algo.

Hago algunos movimientos con la katana, pero tampoco parece que logre congeniar con ella. Petra prueba ahora con otros tipos de arma (siempre en un uno contra uno) hasta que llegamos a una espada con algunas muecas en el filo. La cojo un tanto desganado, pues estoy viendo que nada se me va a dar bien.

-A ver, la tienes que coger con ambas manos. Primero tu mano con más fuerza, que…-me agarra la mano derecha y yo niego la cabeza. Soy zurdo-pues con la mano izquierda arriba y la derecha abajo- y me ayuda a ponerlas correctamente-Cógela firmemente, sin miedo, porque pesa bastante. Luego la mueves hacia arriba, como si estuvieras pinchando el techo y luego atacas con ella.

Una vez que la teoría me parece algo lógica, probamos de nuevo como con las anteriores veces. Para mi infortunio, no me va bien, como con las demás. Creo que no sirvo para usar ninguna arma.

-¿Es que no sabes utilizar nada?-Dice agresivamente mientras me quita su hoja del cuello y afloja su agarre. He de decir en mi defensa que ella se mueve demasiado rápido y no me da tiempo ni a ver por dónde viene.

-¡Cállate!-grito perdiendo los nervios y le pego un empujón justo cuando está de espaldas a mi, logrando tirarla al suelo. Luego agarro la empuñadura fuertemente y, con la espada en horizontal y hacia abajo, intento darle aunque sepa que pueda hacerle daño. Ahora quien ha perdido la paciencia he sido yo.

Cierro los ojos haciendo fuerza con los párpados mientras bajo la espada y siento como se hunde en algo fácilmente, aunque no escucho ningún quejido de dolor o sorpresa. Asustado por mis repentinos actos, abro los ojos rápidamente y rezo para que no haya sido en ella.

-Ha estado cerca, pero no-y noto su hoja de nuevo en mi garganta. Como os he dicho, se mueve muy rápido.

Pongo los ojos en blanco y, a pesar de que me alegra no haberla herido, me desquicia que ni si quiera la espada se me de bien.

-Creo que deberías quedarte con ella, te sienta bien. Algo es algo-dice encogiéndose de hombros- Además, quiero que te acuerdes de la rabia que acabas de sacar de tu interior para que siempre te acuerdes que tienes fuerza escondida ahí dentro-suspira-Además de que apenas tenemos guerreros entre nosotros y nos vendría bien.

-Vale-acepto sin rechistar pese a que me da la sensación de que me queda algo grande esta arma. La miro haciéndome la idea de que desde hoy, me dedicaré a ella. ¿Estaré a la altura?

-Veo que no te parece mal la idea. Por desgracia yo no soy quien para darte clases de espada, así que te las dará alguien que sabe muchísimo más-comenta recogiendo todas las armas que hemos sacado.

Al ir a ayudarla, un enorme rugido se hace evidente en toda la pequeña sala. Soy yo que, de la concentración, se me ha olvidado que ya han pasado varias horas desde que fue la hora de almorzar.

-Tranquilo, ahora comeremos rápido y seguiremos con el entrenamiento que te tengo preparado.

Asiento antes de que termine la oración pues parece que algún pequeño monstruito me está devorando las entrañas. Nos vamos al comedor, con el paso más ligero que consigo llevar sin que los músculos me obliguen a tirarme al suelo, y éste está completamente vacío. Apenas quedan unas cuantas personas encargadas de la cocina que, a regañadientes, acceden a darnos un poco de las sobras del día de hoy.

Engullimos sin mediar ni media palabra. Petra, que ahora tiene una cara un tanto más serena dentro de lo que cabe, se le ve concentrada en algo que está pensando. Eso solo puede significar que no va a tener tantas ganas de hacerme sufrir. O eso espero.

Tardamos como un cuarto de hora en terminar de comer. Mis piernas siguen algo agarrotadas pero con el pequeño descanso he recuperado algo de energía perdida. Aunque, a cambio, tengo la barriga a rebosar de comida y siento una pesadez importante. Rezo para que no dure mucho esta sensación desagradable pero que me recuerda que he comido como un rey.

Ahora no ponemos rumbo hacia la sala donde esta mañana-tarde me ha hecho luchar con ella, sino a otro cubículo en la otra esquina de ésta. Al entrar, una fuerte corriente de aire me azota y me despeina.

-¡Bienvenido a tu primera clase de vuelo!-grita la entrenadora intentando superar el ruido de las máquinas y del viento. Algo molesta por no hacerse escuchar, hace una seña al aire con la mano e, ipso facto, todo el ruido cesa-Mucho mejor. Bien, esta va a ser tu primera clase de vuelo.

-¿Enserio?-pregunto incrédulo, pues dudo que ellos sepan volar y, menos aun, enseñarme a hacerlo. Sin embargo, siento algo de curiosidad por saber cómo va a ser. Sé volar, pero digamos que es como un pequeño salto que dura más de lo normal.

La habitación es igual de grande que la anterior con la simple diferencia de que está llena de máquinas y el techo es casi el triple de alto. Al parecer la decoración no es una de sus preocupaciones. Me quedo mirando hacia arriba imaginándome a mi volando hasta que Petra llama mi atención para que me acerque hacia ellos. Con ella hay otro bata blanca, aunque este jamás lo había visto. Además, tiene algo de diferente de los demás que he conocido. “Está sonriendo” me digo y caigo en la cuenta de que jamás les había visto hacer eso hasta ahora.

-A partir de ahora también deberás obedecer a Isaac. Él es el que te enseñará y ayudará a volar. Es un magnífico científico y el más capacitado para ayudarte en esta tarea- Éste me saluda con la mano tímidamente y yo le devuelvo el saludo igual-Ahora me tengo que ausentar que debo hacer cosas importantes-explica y me despido de ella con un leve movimiento de cabeza.

Me deja a solas con Isaac, mi nuevo bata blanca más agradable. Me empieza a dar las instrucciones de lo que debo hacer con apuntes escritos por el en una hoja con un detallado dibujo de mi espalda. Al principio pienso “por qué tiene una ilustración mía” pero luego recuerdo la cantidad de información que han recaudado los que me visitan todos los días.

-…verás, tienes que batir las alas a la vez que mueves éstos músculos. Luego, cuando ya hayas podido hacer esto, tienes que mantener el ritmo e ir subiendo poco a poco y estabilizándote…-sigue explicando, señalándome las cosas que debo tener en cuenta. Lo único que recibe como respuesta son “ahá” que suelto de vez en cuando.

Intento quedarme con todos los datos y consejos que me da, pero son tantos que solo logro quedarme con el último y el que más me ha llamado la intención: “y no te acerques a los ventiladores mucho, no sería bueno”. Asiento por última vez y voy hacia el lugar donde debo empezar, que es una cruz que hay dibujada en medio de la sala. Nervioso, extiendo torpemente las alas que, al moverse, hacen un ruido metálico muy desagradable. Miro de reojo a mi nuevo profesor y, desconfiado, espero a que me haga una seña para empezar con la “clase”.

-¡Vamos!-me ordena, mas me quedo quieto.

El que sea una persona completamente nueva y alguien con quien no tengo confianza, hace que me de vergüenza. Me muero el labio intentándome hacer la idea de hacerlo y, sin quererlo, se me viene la imagen de Nadir viéndome volar fácilmente. Pienso en lo genial que sería que éste me viera hacerlo y, si no entreno, no podré hacerlo realidad. Decido pensar que Isaac es él y así me puedo concentrar mejor.

-¡Tú puedes!- me anima desde detrás de su ordenador y el sonido de las máquinas vuelve a hacerse notorio.

Intento no mirarle para no descubrir mi propia mentira y bato mis alas para elevarme. Tal y como me ha explicado Isaac antes. Apenas estoy a medio metro del suelo y noto como cuesta mantenerme. Es una sensación rara el no tocar el suelo pero te llena de poder. Miro hacia mi nuevo entrenador, esperando que me ayude a manejar la situación, pero éste se acaba de poner unos cascos y está inmerso en sus múltiples pantallas.

Vuelvo la vista hacia delante y me concentro en lo que me dijo que hiciera. “Sé que puedo hacerlo” me digo con propósito de convencerme. Realmente lo que tengo que hacer no es tan difícil como lo estoy pintando. Suelto una bocanada de aire y aprieto la mandíbula antes de batir fuerte mis alas y elevarme otro medio metro. Me cuesta seguir con el ritmo de las alas y a veces lo pierdo, haciéndome caer unos centímetros, pero los vuelvo a recuperar. “Solo tengo que mantener el equilibro, solo tengo que concentrarme” repito en mi mente. La espalda me empieza a molestar.

La brisa se intensifica y se vuelve aun más patente. Tropiezo unas cuantas de veces llegándome a poner casi en horizontal pero, con esfuerzo, vuelvo a la postura inicial. Después de conseguir mantenerme sin dificultad, noto como la euforia me baña por completo. Me siento poderoso al ver desde bastante altura a Isaac y me elevo otro trozo más con la cabeza bien alta. “Creo que lo he conseguido, por fin he conseguido hacer algo” mascullo. Algo en mi garganta empieza a quemar y me obliga a pegar un leve brinco. Por desgracia, al yo no estar en el suelo, pego una patada en el aire y levanto la mano, haciéndome perder el equilibro que tanto me había costado mantener y un músculo de la espalda se me queda cogido, produciéndome un insufrible dolor. Mis alas empiezan a batir cada una por separado y caigo de bruces en el suelo acolchado.

El ruído de la caída me ensordece y, no es hasta unos segundos después, que escucho unos aplausos.

-Lo he conseguido-susurro desorientado y clavo la cabeza en el suelo para darme un respiro después de algo tan intenso.

Capítulo 18 – Duchas

Narra Gabriel

Siento como sus cálidas manos están aguantando mi cabeza con delicadeza. Me ordeno cerrar los ojos porque está tan cerca de mi que apenas puedo respirar con normalidad o me da esa impresión. Además, sus palabras, esos sonidos tan aterciopelados que sale de su ronca pero suave voz están haciendo que mi mente empiece a divagar y a pensar en cosas que a lo mejor no debería concebir en ese justo instante.

-Gabriel, ¿estás bien?-escucho de fondo, pero sigo manteniendo mis ojos cerrados. Tengo miedo de perder el control como lo he hecho anteriormente. No quiero hacerlo delante de él, no quiero que le pase nada por mi culpa-Gabriel tienes las alas totalmente desplegadas. ¿Qué pasa?

Siento como ahora una de sus manos se despega de mi mejilla y va a tocar una de mis aparatosas y metálicas alas. El sonido del roce de su dedo por una de las enormes plumas es lo único que me afirma que verdaderamente me las está tocando. Me siento extraño pero no como cuando voy a perder el control, si no otro tipo de sensación. ¿Qué debería hacer? Estoy totalmente petrificado por una especie de miedo y otra sensación que no consigo descifrar.

-Tranquilizate ¿vale? Respira hondo-y hago lo que me pide.

-No las toques, por favor-le pido entre las grandes bocanadas que estoy dando.

Creo que jamás me he llegado a tocar mis aparatosas y odiosas alas que llevo tras la espalda. Bueno, sí. Lo hice la primera vez que noté algo extraño en mi dorso y desde ese día les cogí esta manía que me corroe por dentro. Y ahora que él lo está haciendo de la misma forma que yo lo hice me están llegando imágenes de todas esas veces en las que me han hecho daño por culpa de ellas o yo lo he causado. No me gustan y no quiero que Nadir las toque porque siento que si lo hace, lo sabrá todo.

-Vale, lo siento-me responde el rápidamente y aparta la mano, la cual vuelve a mi cara-¿Estás bien?-me vuelve a repetir.

-Si…-digo en un suspiro mientras abro lentamente los ojos intentando que los sentimientos de rabia y odio no me dominen el cuerpo-estoy bien-concluyo.

Ahora que puedo ver a Nadir, me doy cuenta de que estamos aun más cerca el uno del otro y poco a poco el se va acercando más hacia mi. Sus manos me siguen sosteniendo la cabeza y hacen que yo no pueda huir. La ansiedad me invade el cuerpo y hace que masculle un “uh” antes de que nuestros labios se unan de nuevo después de tanto tiempo. No es porque no quiera, es más, lo llevo esperando por un tiempo, pero me parece muy inesperado.

Suelto todo el aire que había acumulado sin querer en mis pulmones y me intento relajar para que sus labios me empiecen a guiar de nuevo entre el placer y la locura que me producen. Este beso, aunque me resulta de nuevo familiar, no lo es de la misma forma que lo fue el otro. Me recuerda a algo mucho más intenso y especial, el otro fue más cotidiano y esporádico. ¿Puede que sea porque es verdad que nos conocíamos de antes y yo no lo recuerdo? ¿Podría tener él razón?

-Deja de pensar-escucho de repente y veo que Nadir ha parado de besarme-¿Te molesta?-se muerde el labio y arruga sus cejas. Puedo ver una chispa de dolor en sus ojos cuando lo hace- Lo siento, vayámonos-dice casi girando sobre sus pies.

Pero antes de que el pueda alejarse de mi, le cojo con ambas manos como él me ha cogido segundos atrás y le acerco hacia mi para poder seguir con lo que habíamos empezado. Opone un poco de resistencia al principio, pero cuando se da cuenta de lo que quiero, se vuelve a lanzar hacia mi, aunque mucho más rápidamente que antes y del impulso me aprisiona entre las taquillas que estaban a dos pasos de nosotros a mi espalda.

Esta vez no voy a dejar que nada me nuble la cabeza, solo la necesidad de respirar de vez en cuando y mantener la cordura.

Narra Nadir

Creo que el corazón me va más de mil por hora. Pensaba que a Gabriel no le estaba gustando que yo hiciera esto al parar de mover su boca, pero al ver como me agarraba de aquella forma y como tiraba de mi para seguir, hizo que todas las barreras que había levantado para contenerme se derrumbaran en un segundo.

Después de tantas noches soñando con él, con todos los momentos que hemos pasado juntos y las veces he podido disfrutar de él y su cuerpo. Tanto tiempo ansiando poder besarle de la misma forma en la que lo hice aquella noche antes de que Luna me lo quitara de las manos casi para siempre. Por fin podemos volver a vivir estos momentos el uno con el otro y mi cuerpo no se contiene por tanta tensión acumulada. Estaba demasiado sediento.

Ver como él caía en aquella colchoneta había hecho que mi corazón se encogiera por lo que pudiera pasar después. No a él, porque sé que es fuerte (demasiado fuerte) y puede con todo, sino con los demás. Ellos no saben de lo que es capaz, solo Petra y no sé como ha permitido que esa pelea se hiciera. Se lo haré pagar, estoy seguro, aunque ahora mismo no pueda.

Mis manos recorren el torso de Gabriel recordando las curvas que en su momento me aprendí de memoria, viendo si había olvidado alguna de ellas. Sentir su boca de nuevo contra la mía y poder escuchar esos graciosos pero morbosos ruidos que emite mientras nos besamos me hace desear llegar a más que la última vez. Le agarro por debajo del culo con ambos brazos y en un rápido movimiento le levanto para cogerlo en brazos y poder tenerlo un poco más alto que yo. Él, acto seguido, me enrosca con sus piernas ágilmente. Ahora que estoy mucho más en forma, siento que podría quedarme así hasta mañana.

Sin tener mucha paciencia, empiezo a quitarle con una mano la camiseta que lleva puesta. Espero un poco antes de quitársela para hacerle saber si le importa o no, mas me llevo una sorpresa cuando es él mismo el que se la quita. No puedo verle el torso con claridad porque apenas están las luces de emergencia encendidas, pero es lo suficiente para que lograr saciar mi necesidad. Su lado derecho está marcado por una mancha roja, la que le salió el día que casi muere por el veneno y me recuerda lo afortunado que soy por no haberle perdido en aquel momento. Luego le miro directamente a los ojos y puedo ver inocencia, esa inocencia que le solía embriagar, pues seguramente no se acordará como le salieron esas marcas ni como era su cabello en realidad. Bendita inocencia.

Una de mis manos va hacia su mancha sin yo poder evitarlo y la acaricia con mucho cuidado. Como si fuera frágil esa parte, aunque yo sepa que no. De repente siento como Gabriel me agarra del cabello por detrás de la nuca, entrelazando sus dedos, y me tira hacia él pidiéndome más de mi. Sin querer, araño la rojez intentando deshacerme de todo el morbo que ese pequeño acto ha producido en mi. Cuando lo hago, escucho un pequeño quejido proveniente de él y le muerdo el labio.

-Si quieres que pare, dímelo-le susurro al oído parando, por primera vez, nuestro segundo beso. Su respiración está acelerada, casi igual que la mía y puedo sentir como su erección se hace evidente en mi barriga.

Pero no recibo respuesta verbal, si no un tirón de mi camiseta para que, lo que supongo, me la quite. Hago lo que me pide, con un poco de dificultad, y no sin antes volver a juntar nuestros labios. Nuestras bocas no paran de moverse, de abrirse y cerrarse y de morderse de vez en cuando. Hay veces en que la tímida lengua de Gabriel se atreve a entrar y tocar la mía y cuando lo hace, hundo más mis manos en su cuerpo. Creo que jamás le había deseado tanto como ahora y eso ya es mucho decir.

Ahora son sus manos las que recorren mi torso y juegan con mis concavidades y convexidades. Provocan que se me erice la piel de alrededor y que me den diminutas descargas eléctricas. Hay veces que también suben hacia mi cabeza y juegan con mi pelo, enredándolo más de lo que ya está y hacen que no me arrepienta de no habérmelo cortado aun. Se parece al Gabriel de hace unos meses después de todo y me hace feliz.

-Vamos a las duchas-digo de repente, segundos después de que la idea haya rondado por mi cabeza y me haya parecido buena.

Él acepta con un asentimiento de cabeza y me lo llevo aun cargado en mis brazos hacia ellas pues no es un camino especialmente largo y puedo con él. Vamos hacia una que está en una esquina y se encuentra fuera del posible campo visual de algún intruso que le dé por bañarse a estas horas de la tarde. Abro el grifo en cuanto llego a éste y nos meto bajo el chorro de agua caliente que suelta. Apenas me empieza a mojar a mi pues es Gabriel el que está en primera fila, solo me llegan las gotas que caen por su pelo hasta mi cara y cuerpo y hacen que nuestro beso sea aun más húmedo.

Sus manos se vuelven más resbaladizas y mi cabello mucho más difícil de manejar. Al poco rato, el vapor de agua empieza a inundar nuestro pequeño rincón y me recuerda de que no podemos gastar mucha agua.

-¿Estas seguro de que quieres seguir?-intento aclarar totalmente para que luego no haya malentendidos. No quiero hacer nada que el no quiera, como siempre.

-¿Quieres callarte y no parar?-me responde él algo molesto y me provoca una gran sonrisa en la cara.

Le suelto en el suelo para poder quitarme el bañador, porque con él encima me es imposible, y me quedo en calzoncillos porque siento que voy demasiado rápido. Más luego noto como la mirada de Gabriel sigue todos los pasos que estoy dando y como me pide a gritos que siga quitándome ropa. Me rasco la cabeza un tanto inseguro y hago lo que me pide. Sus deseos son ordenes para mi y al ver que él solo se me queda observando completamente desnudo, agarro una de sus manos y la llevo hacia mi barriga para que pierda el miedo a tocarme.

Luego yo me acerco hacia sus pantalones completamente empapados y empiezo a desabrocharlos lentamente, guardando cada segundo que pasa en mi memoria. Quien sabe si voy a poder vivir esto de nuevo con él. En un par de movimientos estos caen y me quedo un tanto atónito, pues no lleva ropa interior. Levanto las cejas y Gabriel se apresura a explicarlo.

-Con la bata no llevaba nada de ropa debajo y cuando me dieron el uniforme no venía con ninguna ropa interior-aclara tapándose la cara con un brazo pues, supongo, se muere de vergüenza por mi reacción.

-Mejor-respondo con una sonrisita y le aparto el brazo de la cara para poder volver a besarle.

El agua sigue cayendo encima nuestra y yo pausadamente llevo mi mano desde sus hombros hacia sus partes, haciendo un recorrido curvilíneo. Él, extrañamente, hace lo mismo aunque con un poco de retraso en el tiempo esperando cada movimiento para hacerlo él. Cuando llego a mi objetivo, enredo mis dedos entre el corto vello púbico que posee. Mi imitador hace exactamente lo mismo, aunque su mano tiembla por timidez. Yo acerco mi cadera hacia las suyas y junto nuestros miembros para luego acariciarlos a la vez.

Cuando su mano se acerca a la mía, la agarro con fuerza y le obligo a tocar sin pudor. Gabriel pega un pequeño salto y vuelve a taparse de nuevo la cara con el brazo. Cansado de que haga eso, se lo atrapo y lo pego a la pared para que pare.

Y antes de que gire la cabeza le lamo los labios para luego morder su apetecible cuello. Mientras hago esto, muevo nuestras manos en una armónica oscilación. De nuevo escucho sus morbosos ruiditos y hacen que sin querer mi respiración se vuelva mucho más notoria y suenen como los suyos.

Impaciente y no contento con lo que ahora tengo, busco más en Gabriel. Dejo de guiar su mano entre nuestras erecciones y la muevo hacia su trasero. Antes de llegar muerdo fuertemente el cuello de éste y vuelvo a su oreja para hablarle entre susurros.

-Te voy a preparar.

-Sigue-es lo único que escucho de respuesta entre todos los suspiros/gemidos.

Él sigue meneando su mano, ahora con mucha más fuerza y decisión. Yo me voy acercando lentamente hacia su culo y antes de llegar me chupo mi dedo corazón mientras le miro fijamente para hacerle saber que ese será el primer dedo que entre. Él me mira con ansias, se acerca a éste y lo lame sin quitarme tampoco la vista. Una enorme corriente de fuego baja a mi entrepierna y hace que ésta se mueva espasmódicamente.

-Te odio-susurro.

Y ahora si que me dispongo a prepararle de verdad. Me pienso cobrar este acto sea como sea. Nos volvemos a fundir de nuevo y yo, con el mayor cuidado del mundo, inserto el dedo anteriormente mencionado dentro. En mi defensa, por si lo hago mal, he de aclarar que jamás había hecho esto. Mientras lo hago, el contacto se vuelve mucho más apasionado y cuando consigo meter la gran mayoría del dedo él me muerde muy fuerte el labio inferior. Duele, sí, pero creo que esto solo puede significar una cosa y muevo el dedo de nuevo para saber si mi hipótesis es cierta. Gabriel vuelve a tener la misma reacción y ahora lo que hace es apretar con su manos nuestros miembros.

-Este es tu punto-digo con el labio dolorido e intento regresar la sensibilidad en él.

Él vuelve a asentir con la cabeza y mueve los labios. Aunque a mi parecer creo que no logra decir nada. Lo interpreto como un “sigamos” (aunque realmente no lo sepa al cien por cien) y sigo estimulándole el punto G. Su cuerpo entra en una tensión bastante notoria y se estira completamente. Al principio creo que le estoy haciendo daño, pues antes no había reaccionado así, pero al escuchar como sus gemidos se intensifican hasta el punto de que si alguien pasa al lado de esta habitación los escuchará, creo que es todo lo contrario.

Sus piernas empiezan a flaquear y se apoya con la única mano que tiene libre sobre mi hombro. Yo, para ayudarle a estar a gusto, lo vuelvo a coger en brazos e introduzco un segundo dedo para dilatarlo poco después. Puedo ver como al empezar pone cara de dolor, pero luego se va relajando hasta la que tenía antes. Sin poder yo tampoco estar de pie como de normal, le echo sobre la pared y dejo mi cuerpo caer contra el suyo para tener que aguantar menos peso en mis brazos. Él, igualmente, se agarra fuertemente a mi cuello mientras me lo llena de mordiscos. Los que yo antes le he dejado marcados.

Vuelvo a insertar un nuevo dedo dentro, ansioso por ser yo el que los sustituya pronto. Esta vez apenas hay reacción por parte de Gabriel y puedo suponer que queda poco para que yo pueda hacerlo. Aprieto mi cadera contra la suya para que sienta lo mucho que me está poniendo ahora mismo.

-Hazlo ya, joder-dice entre mis besos y con rabia.

No tardo ni un segundo en corresponderle y saco pausadamente mis dedos de su trasero para luego acercar mi miembro, como puedo, hacia allí. La cabeza parece que me va a estallar y el corazón se me quiere salir por la boca, pero no hago caso a estas tonterías y voy dejando caer poco a poco el cuerpo de Gabriel sobre mi bálano para no ser demasiado intrusivo. También noto como mi miembro va a explotar de lo firme que está y de los pequeños latigazos de placer que siento a medida que lo voy insertando.

Gabriel me deja de besar cuando llego a cierto punto pero no me pide que pare. Vuelve a poner esa expresión de dolor pero, afortunadamente, la va relajando a medida que sigo. Me siento mal por él, pero creo que si me pide parar ahora mismo, no podría.

Una vez que siento que no hay nada más que meter, espero a que él se termine de relajar para empezar a moverme yo. Le quito el pelo de la cara para tener mejor visión y una vez que sus cejas dejan de estar tensas, me muerdo el labio y empiezo a mover mis caderas lo más lento que mi desesperación me deja. Lo que siento a continuación me deja sin respiración por un instante y luego hace que lo eche todo en un enorme gemido que es tapado por los múltiples de Gabriel. Yo sigo moviéndome sin parar y muriéndome por besarle, pero el movimiento no nos lo permite actualmente. Veo como echa su cabeza hacia atrás, clava sus uñas en mis hombros y aguanta la respiración también.

Repentinamente siento como su cuerpo empieza como a convulsionar y relaja sus garras que están clavadas contra mi piel. Me quedo extrañado hasta que bajo la mirada y veo que se está yendo delante de mis ojos. Esta situación me enciende mucho más y hace que mi punto de fusión baje estrepitosamente hasta irme yo también en pocos segundos después de un par de embestidas algo bestias y lo hago fuera.

Mi cuerpo rápidamente pierde fuerzas y me voy dejando caer hacia el suelo con Gabriel fuera de sí y aun encima mío. Me apoyo como puedo contra la pared e intento que reaccione. Aunque a mi también me cuesta hacerlo. Creo que se me ha quedado cogido un gemelo en todo este trayecto y no me he dado cuenta hasta ahora.

-Gabriel, ¿estas bien?-le pregunto y el abre los ojos como si estuviera moribundo. Yo intento relajar el músculo como puedo.

-Muy bien, la verdad-responde con una sonrisa tonta y le pego un tortazo flojo por el pequeño susto que me ha dado.

-Me alegro-y le beso sin que se lo espere. Lo llevaba deseando desde el último que le di hace pocos minutos-Vamos a ducharnos antes de salir de aquí, ¿te parece?-me entra la prisa sin quererlo pues estamos en un sitio donde todo el mundo nos puede ver y no quiero preguntas/miradas indeseadas.

-Vale-dice el ipso facto y nos levantamos sin apenas fuerzas y empezamos a enjabonarnos todo el cuerpo.

Ya no hay pudor después de todo lo que ha pasado y no es para nada incómoda su presencia. Él a veces me echa miraditas levantando una de sus cejas y yo se las devuelvo. Después de quien sabe cuanto, apagamos por fin el agua y nos vamos a vestir. Encendemos la luz para poder ver bien el vestuario.

-¿Puedo pedirte algo?-pregunta poniéndose unos pantalones y esta vez si que lleva ropa interior debajo de ellos.

-Claro, dime.

-No quiero dormir hoy solo, ¿puedo dormir contigo?-la pregunta se me atraganta en la garganta y toso por culpa de ello.

-Si, supongo que sí. Pero, ¿qué pasa con tus médicos?

-No sirven para nada, así que no te preocupes-responde despreocupado y le creo. Aun no he visto hacer nada a ninguno de los médicos que le atienden.

Justo antes de salir de los vestuarios en dirección hacia mi habitación, un cúmulo de gente empieza a abarrotarlos. Hemos tenido suerte, unos minutos más y nos hubieran cortado todo el rollo. Gabriel me mira como si estuviera pensando lo mismo y salimos de allí riéndonos por lo bajo.

Capítulo 17 – Sin respuestas

Narra Nadir

Acabo de llegar al despacho de Jared, aunque parece que no hay rastro de él por ningún lado. Solo encuentro un par de soldados presentes organizando papeles por la sala. Ni si quiera me han mirado y creo que no se van a dignar a ello. Me aclaro la garganta para llamar su atención.

-Necesito hablar con Jared- le digo a uno de los presentes que inmediatamente se gira hacia mi con cara de cansado- es algo importante- intento dar significación a mi petición para que me dejen hablar con él cuanto antes. Además, no estoy de humor para que me hagan esperar. Muchas preguntas aun sin respuesta y yo no puedo dejar que mi mente navegue solo entre suposiciones que cada vez se vuelven más repulsivas y extravagantes.

-No está aquí ahora mismo, como puedes ver-contesta cortante aunque manteniendo la típica postura de militar, sí esa en la que no se mueve ni un milímetro del sitio-Llegará esta noche y cuando lo haga, le daremos tu mensaje. Hasta entonces no podemos hacer nada.

-Pues avisadme en cuanto reciba mi mensaje y con la contestación de éste, necesito hablar con él cuanto antes-vuelvo a darle importancia al asunto, aunque sé que poco servirá con ayudantes así de desganados.

-Está bien.

Salgo de allí antes de ponerme aun de peor humor y me dirijo hacia mi entrenamiento diario. Hoy tengo ganas de ello, quiero meterme en el agua y dejar de pensar en tanta preocupación y conseguir tener mi mente en blanco. Cuando entro en la zona de adiestramiento -tardo un rato en llegar-, noto como la gente está un poco alterada y no para de echar miradas hacia una esquina de la sala. Me quedo mirándoles con cara de “¿Es que no tenéis otra cosa que hacer?” y voy hacia mi piscina, que está dentro de una pequeña sala. Parece que estoy aislado de los demás por ello, y en cierto modo es verdad, pero una enorme cristalera hace que no me sienta tan excluido del resto de personas que a veces se quedan mirando a través de ella.

-Lamento haber llegado tarde, he intentado hablar con el Jefe pero no estaba-digo en cuanto entro y me empiezo a quitar la ropa y a dejarla en un perchero que hay a una esquina. Siempre llevo el bañador debajo para no perder tiempo teniéndome que cambiar en el vestuario.

-No importa, pongámonos manos a la obra-dice uno de los científicos que están todos los días conmigo monotorizando las pruebas.

Y me tiro al agua deseoso de hartarme a hacer deporte y olvidar todas mis preocupaciones.

~~~~

-Muy bien, ya hemos terminado-declara el muchacho que está a cargo del cronómetro-Hemos conseguido reducir otro segundo en esta prueba. Ya nos queda poco para terminar con esto. Buen trabajo.

-Estupendo-respondo casi sin aliento mientras utilizo las pocas fuerzas que me quedan para salir de la piscina impulsándome con los brazos y sentándome en el bordillo-¿Alguien puede pasarme una toalla?-pido echando mi mano hacia atrás a la espera que un alma caritativa me de una-Gracias.

Me pongo la enorme toalla recubriendo todo mi cuerpo y solo dejando que se vea mi cara. “Ojalá todo el esfuerzo que estoy haciendo ahora valga la pena y consigamos que todo salga bien” pienso en mi fuero interno mientras veo las pequeñas olas en la piscina provocadas por el vaivén de mis piernas, “ojalá Gabriel vuelva a ser el mismo y podamos seguir con lo que teníamos después de todo esto“.

Mierda.

Sé que soy un pesado, pero por mucho que quiera dejar de pensar en él, no puedo. Aunque lo evite, el inunda todo mi ser cuando menos me lo espero y me hace recordar que no le tengo, que aunque estemos a metros de distancia, él ya no es el mismo. No lo es, ni yo tampoco. No puedo ser el mismo después de todo lo que ha pasado.

-Deberías ir a descansar, Nadir-escucho una voz femenina tras de mi que me saca de mis pensamientos. No hace falta que me gire para saber quien es.

-¿Qué haces tú por aquí, Petra?-respondo sin inmutarme y con la mirada fija en el agua, perdiendo poco a poco la visión enfocada del agua moviéndose.

-Solo me pasaba a ver cómo ibas con los entrenamientos-responde mientras se sienta a mi lado. Quien me iba a decir a mi que Petra al final iba a ser agradable conmigo y todo-y también para decirte que Jared no podrá hablar contigo hasta dentro de 3 días. Pensé que si te lo decía yo, no ibas a atacar a nadie.

-¿Se puede saber por qué debo esperar 3 días?-pregunto, aunque sé cual es la respuesta y la recibo cuando Petra niega con la cabeza mientras hace una mueca-Pensaba que apenas salíais de vuestro enorme búnker por seguridad-digo con la mandíbula apretada por la rabia, mas al final consigo relajarme- Quien sabe lo que está tramando entonces Luna, después de todo.

-Realmente si lo sabemos, o la gran mayoría de cosas que está tramando-me confiesa y lleva su dura mirada al agua, al igual que yo estaba haciendo minutos antes-Ya te lo contará Jared cuando habléis, no soy la más indicada para hacerlo.

-Vaya, pues tendré que esperar entonces-digo fríamente levantándome y yendo hacia mi ropa para ponerme la camiseta e irme hacia las duchas para quitarme el cloro-Me voy a descansar, ya nos veremos mañana-si hablar con ella no me va a servir para nada, creo que lo mejor es irme ya a descansar, como me ha pedido ella expresamente. Aun sigue siendo mi superior y tengo que obedecer sus imposiciones.

-A lo mejor te interesará pasarte mañana, antes de tu entrenamiento, por la zona de lucha-responde ella aun sentada-Puedes llevarte una sorpresa-y lo dice con un tono curioso para conseguir tentarme.

-Supongo, hasta mañana-¿Debería hacerlo? Jamás Petra se ha comportado de esta manera y a lo mejor puede ser verdad que me puedo llevar una sorpresa, pero ¿con qué?

No espero a escuchar su despedida y me voy directo a las duchas. Lo bueno de tardar tanto en ir a ellas, es que así evitas tener que compartirlas con los demás hombres que hay en este lugar. No es que me importe que me vean desnudo ni nada por el estilo, es que creo que no voy a poder aguantar sus conversaciones carentes de importancia y sentido para mi.

En cuanto entro, dejo toda la ropa en mi taquilla y voy hacia las duchas con desgana. El entrenamiento de hoy no es que haya sido de los más exhaustos, ni por asomo, pero me he centrado tanto en tener que hacerlo todo bien que al final he dado demasiado de mi y ahora estoy sin apenas fuerzas.

El agua tibia me baña por completo y mantengo un rato la postura de como si se fuera a caer la pared y yo la estuviera sosteniendo. Ni si quiera me enjuago el pelo o el cuerpo, pues mis movimientos son demasiado lentos y, si lo hago, voy a tardar una eternidad en ducharme. Cuando termino cansándome del agua, cierro el grifo y vuelvo hacia las taquillas. De allí cojo una toalla, me la amarro a la cintura y busco la ropa limpia para el día siguiente.

Sé que debería vestirme y no andar por un lugar que aun no conozco -y a las personas que viven en él menos- medio desnudo, mas la pereza ha ganado esta batalla y salgo hacia los pasillos solo con la toalla y la ropa en la mano. Estoy llenando todo el suelo de agua pues no he secado mi pelo y puedo sentir como me caen las gotas desde debajo de los omoplatos. “Tengo que cortarme el pelo” hablo para mis adentros después de intentar recordar cuando fue la última vez que lo hice, cosa que no recuerdo.

-Ya falta poco-susurro al entrar en mi habitación y me dejo caer sobre la cama de mala manera.

Los brazos de Morfeo me atrapan nada más tocar las limpias sábanas, que me envuelven en sueños.

Narra Gabriel

Hoy ha sido la primera vez que no estaba despierto al llegar el primer bata blanca a mi habitación. Me ha costado incluso abrir los ojos y mover mi cuerpo por primera vez en el día. Cuando intento incorporarme, noto en la barriga miles de pinchazos que me hacen ver las estrellas. Hoy me va a costar bastante empezar el entrenamiento. ¿Esto es lo que me espera el resto de días?

Cuando pasan las mismas pruebas de todas las mañanas y consigo quedarme solo, me pongo la ropa que ayer cogí del vestuario y me miro en el pequeño espejo que tengo pegado a una de las paredes. He decir que me gusta como me quedan estas prendas. “Me pregunto qué pensará Nadir sobre ellas” me digo para mis adentros.

-Es verdad, hoy voy a volver a ver a Nadir-susurro y muestro una leve sonrisa a mi reflejo del espejo.

Ahora que él ha vuelto a mi cabeza, mi corazón empieza a latir con fuerza y parece que los dolores en todo mi cuerpo desaparecen. Aunque aun es muy temprano para que venga, me siento en mi cama y lo espero mientras pateo mis pies al aire. “Tengo que contarle lo que hice ayer” me recuerdo, “a lo mejor se alegra al saber que he conseguido salir de mi habitación por fin“.

Pasa una hora aproximadamente hasta que la puerta de mi habitación se abre por fin, mas me llevo una decepción al ver que no es Nadir el que entra por ella. Es Petra. Mi cara de emoción cambia rápidamente a una de total asco y me vuelvo a sentar en mi cama, cabizbajo. No había caído en que si Petra llegaba antes que él, me iba a tener que ir con ella -como va a ocurrir seguramente- y Nadir vendrá para nada. Porque yo no estaré.

-No pongas esa cara y vamos-dice estrictamente apoyada en el marco de la puerta con sus brazos cruzados-Veo que ya estás vestido incluso, ¿cómo te encuentras hoy? He de confesar que pensaba que iba a tener que levantarte de la cama a patadas.

-Me duele todo-respondo al segundo, molesto por su suposición. Puedo ver como un atisbo de sonrisa se dibuja en su cara-¿Nos vamos a ir ya? Es que estoy esperando a alguien.

-Tenemos mucho que hacer-dice después de suspirar y poner los ojos en blanco-No te preocupes, vas a ver hoy a tu novio. A si que vamos.

Su afirmación tan redundante me pilla con la guardia baja y hace que mi corazón se me encoja y me provoque una sensación de sudores fríos horribles. Intento tragar saliva asimilándolo y luego niego rápidamente con la cabeza. Esa palabra es demasiado profunda como para definir nuestra simple relación.

-No…No es mi novio-salto de la cama y voy corriendo fuera de la habitación para evitar más conversación incómoda con ella. Aunque no entienda porque he reaccionado así, no quiero pensar en ello.

-Esta bien. Pues vámonos-responde un tanto atónita por mi respuesta y cierra la puerta tras de mi.

Tengo que aflojar el paso pues el camino de ayer lo he olvidado por completo y tengo que volver a seguir a Petra por el laberinto de pasillos. Vamos callados hasta que llegamos a la pequeña sala donde ayer me cambié y acto seguido pasamos a la de entrenamiento. Nos dirigimos hacia el mismo sitio y, al igual que el día anterior, todo el mundo huye cuando Petra hace acto de presencia. Aunque ese acto me achanta, al ver que nadie hace ningún tipo de comentario, no deje que me afecte tanto. Sé que no soy como los demás pero no puedo dejar que puedan jugar conmigo por ello.

-Quiero que me hagas 40 abdominales, 20 flexiones y 20 sentadillas-dice mientras saca el cronómetro-Luego nos iremos a otra zona, a ver qué tal se te da moverte.

Sigo sus ordenes al pie de la letra mientras me vigila su atenta mirada para ver si lo hago bien o tengo que repetir alguno de los ejercicios que me ha mandado. Tardo alrededor de 20 minutos, pues tengo que luchar contra las horribles punzadas de mi barriga, pero finalmente lo consigo con orgullo. Petra para rápidamente el cronómetro y anota el tiempo que he tardado en una pequeña agenda que lleva en un bolsillo de su chaqueta.

Las gotas de sudor ya están bañando toda mi cara y tenerme en pie con una respiración normal me resulta casi imposible, pero aun así, sigo a Petra hacia el nuevo sitio al que me quiere llevar. Apenas está alejado del anterior y, como siempre, todos huyen de la zona, aunque esta vez se nos quedan mirando expectantes en círculo. Sus miradas me cohiben y hacen que me encoja de hombros y mire hacia el suelo.

-Bien, Gabriel, ahora vamos a probar tu manejo con armas y en la pelea cuerpo a cuerpo. ¿Has probado alguna vez alguna de estas cosas?-me pregunta desde la lejanía.

Me cuesta escucharla pues siento que todas las miradas me ensordecen. Están esperando, seguramente, a que cometa algún fallo o haga algo gracioso para reírse de mi. Contesto, avergonzado, negando con la cabeza y con la mirada aun clavada en el suelo. “Ahora si que estoy deseando morirme” pienso. Sin embargo, aunque a mi parecer haya sido patético, nadie dice nada. Todo sigue en calma.

-Está bien. Pues provemos primero la pelea cuerpo a cuerpo-dice mientras me aprieta el hombro intentando tranquilizarme- Arthur, ven a pelear-señala a un chico escuálido del que hasta ahora no me había percatado de su presencia porque el tumulto de gente lo escondía-tranquilo, él es nuevo, más o menos como tú, a si que no debes preocuparte.

-¡Si señora!-responde éste abriéndose paso entre los demás, nerviosamente, y se planta en medio del círculo. Está temblando igual o más que yo. Petra me empuja para que me acerque a él.

-El primero que consiga que el contrario caiga al suelo, ganará. Aclaro un par de normas básicas y es que está prohibido dar en los genitales o provocar sangre al contrario. A si que, empezad. Espero que no tardéis mucho.

Ambos nos quedamos con los pies congelados mirándonos con miedo. Nunca me había topado con una situación así. ¿Cómo se comienza una pelea? Y más importante aun, ¿que debo hacer en ella? ¿Pegar puñetazos, empujones o patadas? “A lo mejor es mucho más fácil de lo que me parece” me digo. Sé que esperan una pelea como ellos suelen hacerla pero, si él está igual de nervioso que yo, no se moverá. Solo tendré que desestabilizarle con un rápido movimiento y habré ganado limpiamente y me libraré de este mal trago.

Me muero el labio para intentar quitarme la paralización de las piernas y me lanzo hacia el pobre chico con los brazos por delante para alcanzarle cuanto antes. Cierro los ojos porque no quiero verle la cara.  A los pocos pasos consigo hacer contacto con él, aunque no en la zona que esperaba, pues siento como sus manos me agarran uno de mis brazos y tira de mi con todas sus fuerzas. Yo dejo de tocar el suelo por unos segundos y, cuando quiero darme cuenta de lo que está pasando, me encuentro tumbado en el suelo con la mano del chico en mi pecho y su enorme sonrisa burlándose de mi. Un aparatoso ruido metálico suena cuando me estrello.

-Mentiroso-susuro sin quitarle mi mirada de encima. Me la ha jugado, me he fiado de alguien que lo único que estaba haciendo era hacer ver que era débil para que yo cayera en su simple trampa.

-Muy bien Arthur, no esperaba menos-escucho la voz de Petra entre algunos pequeños murmullos-Gabriel, arriba-solo se le escucha a ella hablando. Como mucho se puede diferenciar las respiraciones de los espectadores.

Éste no tarda en quitar su mano de mi pecho y volver a esconderse entre los demás espectadores. Yo me quedo tumbado en el suelo por un pequeño mareo producido por la pirueta que me acaban de hacer. “Levántate, todos te están mirando” me digo para meterme prisa y muevo mi cuerpo. Alguien me tiende la mano y yo la agarro agradecido por la ayuda. Cuando consigo ponerme en pie, miro a Petra aturdido. “Seguro que ella lo sabía” y la sonrisa de su cara me lo confirma. Bueno, supongo que la primera vez nunca puede salirte nada bien. Al menos no me he llevado ningún puñetazo o algo peor.

-¿Estas bien?-me pregunta una voz conocida que no es la de mi entrenadora. “¿Quien eres?” me pregunto intentando recordar dónde he escuchando yo esa voz antes.

Aun sigo apretando la mano de la persona que me la ha tendido y es entonces cuando me fijo en ella. Para mi total sorpresa no es nada más ni nada menos que Nadir. Tiene el ceño un tanto fruncido y no me mira a mi, si no a Petra. Puedo decir que si las miradas matasen, ella ya estaría muerta. Después de unos segundos de desconcierto, mi corazón empieza a latir tan fuerte que golpea mi pecho con fuerza y me mareo. Aun así, intento contestarle para que deje de ofuscarse con Petra.

-Si, estoy bien. Gracias por ayudarme-digo en un susurro, mas al menos he conseguido hablar. Todo un logro teniendo en cuenta mi situación.

Aun habiendo emitido un leve sonido, Nadir se da cuenta de lo que he dicho y vuelve su mirada hacia mi. Siento como sus ojos intentan desnudarme para ver si digo la verdad o solo le estoy mintiendo para no preocuparle. No sé como sé exactamente esto, pero me parece muy obvio y familiar.

-Vayámonos de aquí-me dice y, sin esperar mi respuesta, tira de mi para salir del círculo de personas que aun siguen mudas.

Mirándole desde atrás e intentando seguir sus largos pasos, puedo ver como su cabello está enteramente suelto y mojado. Está dejando, incluso, el suelo que pisa mojado por ello y por su ropa. Jamás le había podido ver así. Siempre ha llevado una coleta bien alta y he de decir que le queda mucho mejor como lo tiene ahora. El movimiento de su pelo se está volviendo hipnótico para mi, no puedo parar de mirarlo.

-¿Me estás escuchando, Gabriel?-suena de fondo.

Después de un pequeño zarandeo, me doy cuenta de que ya ha dejado de tirar de mi y estamos en los vestuarios.

-¿Estas seguro de que estás bien? ¿Te has golpeado la cabeza?-me pregunta con cara de preocupación mientras escudriña con sus suaves y escuálidas manos mi cabeza en busca de algún golpe. No puedo evitar que una sonrisa se dibuje en mi cara al sentir como alguien se preocupa de verdad por mi sin pasar por unas tediosas pruebas que no sirven de nada.

-Si, solo me he caído, no pasa nada-le intento tranquilizar, pero sigue moviendo sus manos ahora por mi cara y me la voltea para todos lados. Puede que se esté pasando un poco, pero me sigue pareciendo tierno por su parte.

-No me fío de esos malditos locos. Mira que hacerte luchar sin aun saber nada sobre ello. ¡Mira que les dije que no quería que te hicieran nada!-su voz se empieza a alterar y esta vez sus manos se paran en ambas mejillas y me las aprieta-No puedo perder lo poco que me queda de ti, Gabriel.

Capítulo 16 – Duro entrenamiento

Narra Nadir

Me he despertado hecho polvo. Me duele mover cada articulación de mi cuerpo e incluso respirar se está convirtiendo en un reto para mi. He de admitir que el entrenamiento de ayer tuvo que ser muy bueno para dejarme en este estado, Petra tendrá que estar orgullosa por ello. Es verdad que cuando vine aquí no le llegaba ni a la suela de los zapatos de los que llevan entrenando aquí por un año o más, pero si que sabía defenderme y gracias a ello, nunca llegué a éste extremo hasta hoy.

Nada más salir de la cama, me he dado una buena ducha para despejarme del sueño y conseguir reanimar mis músculos. Luego he salido casi al trote par ir a la habitación de Gabriel. Justo hoy he vuelto a soñar con él -hacía tiempo que no lo hacía-, con esa noche que nos dimos el lujo de no mantener nuestros sentimientos dentro de nosotros y pudimos disfrutar el uno del otro. Fue maravillosa y creo que jamás podré olvidarla. En la noche pude volver a sentir el tacto de su piel contra mi mano y su cálido aliento contra mi cara. Aunque ayer me pude deleitar de nuevo con sus labios, mas no fue lo mismo. Ellos no estaban cargados con el mismo sentimiento que antes, ese que tan loco me volvía en su momento.

Y por eso, me está doliendo tanto.

Quiero volver a ser lo que éramos y poder seguir avanzando en nuestra relación. Iba lenta, no lo voy a negar, me daba miedo que alguien nuevo se acercase tanto y de una manera tan rápida. Me daba un miedo enorme. Pero íbamos con pasos seguros y él se estaba convirtiendo en algo muy importante para mi después de todo. Se estaba ganando su sitio.

Acabo de llegar de nuevo a su habitación. Bueno, “su habitación”. Él realmente no tendría que estar ahí, sino en mi casa. En mi pequeña pero acogedora casa, a mi lado mientras le enseño nuevas comidas, objetos, nuestra nueva cultura o simplemente salimos a dar una vuelta para que conozca mundo. Aunque bueno, pensándolo mejor, a lo mejor él no debería estar ahí, sino en su casa, con su madre y con la vida que él había labrado con su esfuerzo e inteligencia. Esa que, sin querer, se la arrebaté. A lo mejor no debería haber sido tan egocéntro. A lo mejor si yo hubiera decidido morir en vez de agarrarme a su mano, arrepentirme de lo que estaba a punto de conseguir, él seguiría feliz con los suyos.

-¡Nadir!-alguien me llama sacándome de mis sombríos pensamientos-Entra, él … ya se iba-dice y señala al hombre con bata y una libreta que está saliendo de su habitación.

Yo me quedo mirándole hasta que desaparece por la esquina de uno de los pasillos y no es hasta que lo hace, que no entro en su habitación. Me he quedado totalmente en blanco, sin saber qué hacer, decir o pensar. Ha sido extraño e inesperado. Siento una punzada dolorosa en el pecho al yo saber todo lo que ha perdido y él sin lograr recordarlo. ¿Debería decírselo? ¿Debería recordarle que tiene una madre que puede estar preocupada por su hijo del cual no sabe nada desde hace bastante tiempo?

Avanzo incómodo por la pequeña habitación hacia la cama donde él se encuentra, como ayer, sentado con las piernas recogidas y mirándome. Parece más alegre y su sonrisa se me contagia. Jamás podré defenderme ante ella.

-Buenos días, Gabriel-digo, ahora, con una sonrisa un tanto forzada por tener que mantenerla, en este momento siento que, si me mira fijamente, puede leerme el pensamiento tan turbio que tengo y me perturba-¿Qué tal estás?-y le acaricio la mejilla. Esa que tan suave y pálida es.

Cada centímetro que nos separa me duele en el alma. Algo me está cogiendo por el pecho y me lo está exprimiendo hasta la última gota, lo noto. Ver como él sigue con esa sonrisa que tanto me gusta, una de inocencia y felicidad que hace que solo sea suya, también me está doliendo. Quien sabe si es por verme o simplemente porque se ha levantado con buen pie, pero joder, es preciosa. “Nadir, céntrate. No has venido aquí contarle las penas, si no a poder verle y pasar un buen rato con él” me digo a mi mismo.

-Ahora que estás aquí conmigo, bien-dice mientras se deshace del cruce de sus piernas, las estira y luego empieza a patalear-Esto es muy aburrido-y me mira divertido. Como si yo fuera su única fuente de diversión en este lugar.

Maldita sea, esto es tan extraño. Hay veces que se comporta como el antiguo Gabriel, pero luego hay otras que es una persona completamente diferente. Además, esas alas… esas alas me perturban demasiado. ¿Cómo han osado ponerle semejante barbaridad a un chiquillo de 16 años que apenas ha podido vivir la vida como es debido? Y algo que me toca aun más la moral, ¿con qué finalidad? Porque al parecer no les basta ya con su gran superioridad en el ámbito de la tecnología, si no que ahora quieren crear monstruos con nuestras mutaciones solo para cazarnos con mayor facilidad.

Y con sus propios habitantes.

-¿Y eso?-pregunto intentando alejar los tormentos de mi mente y meterme en situación. Me siento al lado suya, pues mis piernas siguen un tanto resentidas por el entrenamiento de ayer y le miro-Tampoco es que hablásemos mucho ayer.

-Eso es cierto, pero… parece ser que sabes cosas de mi que yo ni si quiera sé-dice mientras me mira con unos ojos muy penetrantes intentando rebuscar la información que quiere conocer en los míos. Yo no puedo evitar solar un bufido pues, como me siga mirando de esa forma, no me voy a poder retener-Además, pareces interesante. Mucho más que esos asquerosos médicos que no paran de venir a mi habitación a hacerme siempre las mismas pruebas-y una mueca se hace evidente en su cara.

Sus palabras me llenan ese gran vacío que tengo en mi interior y, para mi descontrol, el posa su mano sobre la mía. Está congelada, mas aun así, puedo sentir calidez en ella. Sé que me estoy haciendo ilusiones, que no es el Gabriel que he llegado a conocer en este tiempo, pero es tan parecido. Sigue siendo él pero a la vez no. ¿Y si sus sentimientos siguen siendo los mismos?

-Pronto se acabaran las pruebas-digo convencido y le aprieto la mano contra la mía. Ojalá ahora mismo pudiera acercarle a mi y unir nuestros cuerpos. Ojalá-Yo te sacaré de éste horrible lugar, te lo prometo-el me responde con otra enorme sonrisa-Te vendrás conmigo a volver a conocer mundo.

-Pero hasta entonces, sígueme visitando por favor-es lo único que me responde. Es desconcertante pero al no haber dicho que no a mi respuesta, supongo que está de acuerdo con ello.

Yo acepto solemnemente con un movimiento de cabeza y nos ensartamos en una conversación sobre cómo es su ciudad natal. También le cuento cosas sobre su madre y su padre, en cómo perdió a éste en un trágico accidente -aunque me ahorro los detalles de lo que verdaderamente ocurrió- y los pocos detalles que sé de su madre. Él quiere que yo siguiera contándole cosas de Luna y de su antigua vida, le parece una ciudad maravillosa a pesar de él hubiera estado allí retenido -otra cosa que tampoco le cuento-, pero desgraciadamente llega la hora de volver a mi entrenamiento y ésta vez si que no puedo llegar tarde o voy a morir en el intento de superar el castigo de Petra. Además, no puedo meterle tanta información en tan poco tiempo. No sé cómo puede reaccionar a todos los acontecimientos tan traumáticos que ha vivido.

-Lo siento, tengo que irme Gabriel-digo algo triste-pero mañana estaré a la misma hora.

Él se despide de mi con la misma sonrisa con la que me recibió minutos antes y yo salgo corriendo porque el tiempo se me ha echado encima.

Narra Gabriel

“Se ha vuelto a ir” resoplo con un hilo de voz, “hora de volver a la rutina de no hacer nada”. Me tumbo en la cama y dejo que me imaginación vuele. Paso el tiempo así, indefinidamente en este estado hasta que vuelve a llegar, lo que seguramente será, un hombre con la misma maldita bata blanca que tanto odio. ¿Que cómo lo sé? Siempre entran de la misma forma, abriendo la puerta súbitamente y sin avisar -no como Nadir-.

-¿Está listo?-pregunta una mujer con el pelo castaño, corto y con aura de grandeza. Yo me quedo mirándola con cara de tonto, es la primera vez que veo una mujer y, aun si saber cómo, intuyo que lo es.

Aunque la curiosidad me mate y quiera saber más de ella, pues tengo el gusto de volver a conocer a alguien nuevo, me levanto rápido y me acurruco en la esquina más alejada a ellos, sentado en la cama. Además, su corpulencia no ayuda y me cohibe aun más.

-No creemos que lo esté, sargento-dice uno de los médicos que andan detrás de ella mirando sus malditas libretas-aun no ha respondido favorablemente a ninguno de nuestros exámenes-dice el otro- No se lo…

-¡Callaos!-responde harta y levanta una mano para que le hagan caso-Jared quiere a este chico en la batalla y no puedo dejar que pasen más días sin que entrene-hace una pausa para acercarse hacia mi y yo intento con todas mis ganas fusionarme contra la pared para que no me toque, mas es imposible-Aunque no sé si podré hacer algo con esto, la verdad.

Me coge del brazo y lo levanta aun en contra de mi voluntad. La miro con cara de “qué crees que estás haciendo” aunque la ignora. Luego me mira de arriba hacia abajo como si yo fuera un simple objeto y resopla.

-Espero que seas más que esto, chico, porque si no voy a hacer que desees morir en cada entrenamiento que hagas-y tira de mi brazo haciéndome salir de la cama.

Miro a los médicos intentando que ellos me ayuden, pero parecen más desconcertados y cohibidos que yo mismo. Lo único que hacen es balbucear mientras echan miradas a sus libretas a la mujer e las intercambian. Me gustaría decir que por lo menos por fin voy a salir de esta horrible habitación, pero parece que lo que me espera detrás de mi única puerta no parece mejor.

Aun así, e intentándome librar del agarre, mi corazón late con fuerza cuando me lleva hacia la puerta y la abre. Me quedo expectante mirando hacia lo que hay más allá, aunque me cuesta un poco porque hay mucha menos luz que en mi habitación y al principio solo veo oscuridad. Luego, después de un jalón, salgo de lo que ha sido mi “hogar” durante bastantes días y me adentro en terreno desconocido.

Y lo que veo no es para nada lo que yo me esperaba.

-¿Esto es todo?-le pregunto mientras dirijo mi mirada a cada recoveco de este enorme pasillo monótono a ver si me estoy perdiendo algún detalle.

-Vamos-responde y me “guía” hacia quién sabe dónde.

~~~~

Llevo un rato andando tras de ella intentando encontrar algo que no sea más que los mismos pasillos, puertas y luces que he visto desde que hemos salido, mas no es así. Es como si el que lo hubiera construido no hubiera tenido tiempo o ganas y hubiera copiado todo el rato los mismos planos.

-Cámbiate de ropa-me ordena en cuanto entramos en una pequeña sala con unos cuantos bancos y, lo que parecen ser, unas taquillas bastante desgastadas por el tiempo y el uso-Yo estaré detrás de ésta puerta-y señala a otra por donde no hemos entrado-te espero allí.

Yo hago lo que me pide en cuanto se cierra ésta. Entretanto, me pongo a pensar en todo lo que ha pasado en pocos minutos. Al menos ya no me puedo quejar de que todos mis días son iguales, pues éste ya no lo es ni por asomo. También me alegro de haberme librado de los batas blancas al menos por hoy, aunque me preocupa de que Nadir me venga a visitar y yo no esté donde él espera. ¿Y si no puedo volver a verlo porque me van a llevar a otra habitación diferente?

-¿Ya has terminado?-la escucho gritar tras la puerta y pega unos cuantos golpes en la puerta.

-Impaciente-susurro. Miro cómo voy en el pequeño espejo que hay en una de las taquillas y me siento raro. Después de tanto tiempo habiendo utilizado una bata a la cual le debías rezar para que no se abriera entera por detrás, por fin me he podido poner mi primera camiseta y mis primeros pantalones. Encima, para más, llevo unas botas altas bastante cómodas. En comparación con ir descalzo es una maravilla-Voy-me apresuro a decir y echo una pequeña carrerilla.

La emoción está volviendo, a lo mejor Nadir está dentro de esta sala y puedo verle por fin en un sitio que no sea mi aburrida habitación. Además, su cara de sorpresa será genial.

Abro la puerta en la que me dijo que me esperaba y esta vez, cuando lo hago, si que me llevo una sorpresa. Afortunadamente el laberinto de pasillos no era todo lo que hay. Delante mío se alza una enorme sala con un techo que llega a la nubes. Hay bastantes personas yendo y viniendo de todos lados y otras tantas haciendo cosas con objetos, máquinas o peleándose entre ellas. Pero ninguna de ellas me suena ni por asomo.

No vuelvo a mi mismo hasta que la silueta de alguien me tapa la vista y me hace mirarle. Es la misma persona que me ha traído hasta aquí y su postura es aun más amenazadora que antes. Al tener los brazos cruzados hace que se noten aun más la cantidad de músculo que tiene en esa parte de su cuerpo. Trago saliva. Tengo la sensación de que si me descuido por un instante, ella me va dar un golpe que me va a dejar tumbado en el suelo para toda mi vida.

-Soy Petra, aunque no me vas a llamar así evidentemente. Para ti soy Sargento y cada vez que me dirija hacia ti, deberás decirme “Si señora”-hace una pausa para que lo asimile y levanta una ceja-¿Lo has entendido?

-Si-respondo rápidamente y ella levanta la ceja aun más alto. Tardo unos segundos en recapacitar y arreglo el error-Si, señora.

-Bien, pues vamos a empezar con algo básico para saber en qué condiciones estás y ver si tu futuro como combatiente no está tan oscuro como a mi me parece.

Yo hago una mueca intentando mostrar mi desaprobación para esto pero sé que no tengo ni voz ni voto. Me hace una señal con la cabeza para que me acerque a una zona llena de colchonetas y cuando miro, todas las personas que estaban peleando allí se marchan rápidamente. Sin saber bien qué hacer espero que ella empiece a andar y la sigo. Cuando llegamos Petra saca de su bolsillo un cronómetro y vuelve a cruzarse de brazos.

-Hazme 60 abdominales-dice imperativa y yo lo único que hago como respuesta es frotarme las manos con nerviosismo y mirar hacia todos lados, pues siento como decenas de miradas desconocidas se clavan en mi. Además, tampoco sé qué es lo que quiere que haga, jamás había escuchado ese nombre-¿No sabes hacer abdominales?-niego con la cabeza.

Ella resopla, relaja la postura y se tira al suelo. Se pone en una postura con las piernas plegadas, la espalda pegada al suelo y luego empieza a subir su columna hasta tocar con su pecho las rodillas. Al hacerlo, se escucha de fondo un silbido. Petra se levanta rápidamente con la cara aun más seria y mira al origen del sonido mientras lo señala.

-¡Miller! Después del entrenamiento te quiero ver en el suicida. A lo mejor con una sesión allí se te quitan todas las tonterías-y después de su mandato, un cúmulo de carcajadas estalla en la sala-Ahora que ya sabes hacerlas, hazme 60 ya-dice sin ni siquiera mirarme.

Yo imito todos los pasos que ella ha hecho anteriormente y doy lo mejor de mi mismo, porque parece que Petra no tiene mucha paciencia y no quiero que me mande al mismo sito que a ese tal Miller, porque ya por el nombre no tiene buena pinta. Después de unas cuantas repeticiones, siento que no es para tanto y aumento la velocidad.

Parece que el entrenamiento mortal no va a ser para tanto.

~~~~

-Muy bien, hemos terminado-declara Petra después de varias horas de entrenamiento-No ha estado mal, aunque podría haber sido mejor.

Yo estoy en el suelo incapaz de mover alguno de mis músculos y con la respiración más que agitada. Al final ha sido verdad que iba a desear la muerte en los entrenamientos. Después de la primera ronda, me he estado arrepintiendo de mis palabras hasta ahora. “No va a ser para tanto” repito en mi cabeza con voz tonta para burlarme de mi mismo. Afortunadamente, el corazón de Petra no es tan frío como lo ha demostrado hasta ahora y me tiende la mano para ayudarme a levantar mi cansado cuerpo.

-Ahora vamos a volver a tu habitación, aunque antes vamos a hacer una visita a las duchas-dice mientras contempla las manchas de sudor que hay estampadas en mi camiseta y pantalones- Hoy tienes que descansar bien o si no mañana no vas a poder mover ni un músculo.

-Si, señora-respondo, aunque me hubiera gustado decirle que no me sirve de nada su consejo si es ahora cuando no puedo ni hacerlo.

La sigo, como siempre, y me lleva hacia una nueva sala de entre todo el laberinto. Cuando la abre puedo ver un cúmulo de duchas juntas y sin ninguna intimidad entre ellas. La miro con cara de “qué es esto” y ella resopla.

-Tranquilo, me quedaré aquí fuera para que nadie entre-y cierra la puerta desganada-Lo que hay que hacer por los nuevos. ¡Mira en cualquier taquilla, hay ropa que puedes utilizar!-grita para informarme suponiendo que lo primero no lo he escuchado.

Me deshago de la ropa en el primer banco que veo y voy hacia las duchas para disfrutar del agua fría que echan. Me quedo bajo el chorro unos cuantos minutos, intentando aclarar mi mente después de tanto entrenamiento y lamentarme por no poder haber visto a Nadir. ¿Dónde estará él en éste momento? Me hubiera gustado tanto ver su reacción al verme…

Gozo de unos pocos segundos más del agua hasta que Petra vuelve a aporrar la puerta para meterme prisa. Ahora es cuando cojo el primer gel que encuentro y enjuago todo mi cuerpo rápidamente. Luego, con la misma velocidad, me quito todo el jabón.

-¡Ya voy!

Me seco y me visto con ropa limpia, aunque es clavada a la que me puse en un principio: una camiseta verde y unos pantalones negros. En cambio, me pongo los mismos zapatos de antes, pues me han gustado después de todo.

Vuelven a sonar más golpes en la puerta y yo la abro rápidamente. Petra casi me da en la cabeza pues esperaba darle a la puerta y no al aire, aunque se dio cuenta temprano. Ella, sin sobresaltarte, voltea su cuerpo con prisa y emprende de nuevo el camino y la sigo. Andamos hasta que volvemos a mi habitación y ella me abre la puerta para que pase dentro de mi jaula. Un minuto más y creo que hubiera echado los intestinos por la boca.

-Tranquilo, mañana volveré a por ti. Aunque esta vez mucho más temprano, necesitamos aprovechar el máximo de horas posibles. Hasta mañana.

-Adiós, señora-me despido de ella con una leve inclinación de la cabeza y me tumbo en la cama rápidamente.

En pocos minutos caigo sumido en mi tan ansiado sueño. No sé si estoy contento porque voy a salir de nuevo de aquí o triste porque voy a volver a desear estar muerto mañana.

Narra Nadir

Otro día más y todos ellos son tan parecidos  los unos a los otros. Entrenamientos agotadores, aunque he de admitir que la fuerza, resistencia y capacidad pulmonar que he conseguido con ellos me asombra, visitas al cuarto de Gabriel y noches enteras en vela pensando en cómo he echado a perder la vida de una de las personas más buenas que jamás he conocido.

El entrenamiento de hoy ha sido intenso y solo dedicado a las habilidades en el agua. Ahora que los científicos han aprendido muchas cosas sobre mi, estoy volviendo a mejorar mucho más rápido en casi todo, aunque aun me falta la velocidad suficiente para la misión. He de admitir que aprecio más estar en el agua, pues estoy solo y en un medio en el que tengo superioridad, a estar rodeado de gente que ni si quiera conozco ni me dan pinta de ser personas que merezcan mi tiempo.

Al menos me distraigo con las personas que me vigilan en los entrenamientos haciendo alguna que otra broma o hablando sobre temas serios.

La fecha del ataque hacia Luna se acerca alarmantemente y yo solo temo por cómo piensan utilizar a Gabriel en todo este plan. Por fin se han dignado a darme algo más de información sobre lo que se va a hacer el día del ataque y lo que pinto yo en él: voy a ser la primera distracción para poder irrumpir en Luna. Tengo que llevar conmigo una bomba que abrirá un pequeño boquete en la ciudad y, mientras ellos intentan cerrarlo, los demás entrarán por el lado contrario.

No me parece mal plan, aunque aun sigo sin saber mucho más de lo que piensan hacer después de haber conseguido entrar allí y qué haré yo después de eso. ¿Coger rehenes? ¿Hincharse a pegar tiros a cada persona con la que se topen hasta acabar con todos ellos? ¿Intentar dialogar con ellos y hacerles saber que SÍ hay humanos en la superficie terrestre? ¿Ayudar a que ambas comunidades entren en razón y puedan vivir en paz entre ellas? Hay demasiadas incógnitas y hay algunas de ellas que no estoy dispuesto a tolerar.

“Creo que debo hacerle una visita a James antes de nada” me digo mientras doy vueltas por la cama sin poder dormir por todos mis tormentos.

Capítulo 15 – Un beso familiar

Narra Nadir

Los nervios se están apoderando de mi. “Solo voy a ver a Gabriel” me digo a mi mismo una y otra vez mientras recorro los infinitos pasillos de este enorme lugar. Ésta vez no hay nadie acompañándome, pues supongo que ya confían en mi lo suficiente como para no esconderme “secretos” o, al menos, no la mayoría de ellos.

Y les conviene que haya confianza entre ambos bandos ya que aunque esté en su mismo barco, mi filosofía no es la misma que la de ellos y eso lo tengo muy presente.

La verdad es que no he sentido los nervios por volverle a ver hasta que Petra me ha comunicado que ya tengo permiso para ir a verle. Se lo pedí a Jared poco después de verle en su máximo exponente, quería comprobar con mis propios ojos si de verdad no era él después de todo. Supongo que la cantidad de horas de entrenamiento ha hecho que me distraiga lo suficiente como para sentir estas niñerías -y aunque las llame así, no puedo negar que me encanta sentirlas de vez en cuando-. Siento un leve pinchazo de culpabilidad, pero en el fondo lo agradezco. Hubiera sido horrible tener todos estos bocados en el estómago en cada una de las horas que he tenido que dar todo mi esfuerzo tanto físico y como mental.

Escucho el eco de mis pasos, solo estoy yo haciendo ruido en estos pasillos. Parece ser que solo hay unas horas específicas donde hay gente andando por aquí. También puedo notar cada latido de mi corazón con fuerza, como si se me fuera a escapar del pecho. Cuando llego a donde supuestamente está la habitación de Gabriel, mis ojos buscan ansiosos encontrar el nombre y el número indicado: Habitación 313. Ahí es donde me había dicho la sargento que se encuentra, aunque no en las mejores condiciones psicológicas.

Ya me ha dejado bastante claro que no recuerda nada de antes de que lo raptaran y que no me haga ilusiones.

Pero no puedo perder la esperanza. Estoy seguro que me recordará al verme cara o al contarle las infinitas historias que hemos pasado juntos en el poco tiempo que nos conocemos. Pongo las manos sobre el fuego que si le recuerdo todas estas cosas, él volverá a ser el mismo. Yo lo sé, aunque más bien, lo deseo.

Al llegar, doy con los nudillos dos veces a la puerta y espero impaciente, pero no recibo contestación. Espero un par de segundos más y, al ver que todo sigue en silencio, abro lentamente la puerta y me asomo por ella. Dentro de la habitación está Gabriel sentado en la cama mirando hacia la pared como si hubiera algo muy interesante en ella y no pudiera parar de verla. Para llamar su atención, carraspeo mi garganta.

-Hola Gabriel-digo en cuanto sus ojos se encuentran con los míos. En este instante mi corazón deja de latir y la boca se me seca.

Me mira como si no me conociera de nada, frunciendo el ceño. Me escudriña de arriba abajo buscando algo interesante en mi, pero no abre la boca para emitir ningún sonido. Solo se me queda observando una vez ha concluido su búsqueda.

Un nudo se me forma en la garganta temiéndome lo peor. Está bastante extraño, él se hubiera abalanzado sobre en mi en cuanto me hubiera visto.

Narra Gabriel

Otro día más en éste aburrido lugar. Por culpa de que las luces siempre estén encendidas, no puedo saber qué hora es. Solo me la puedo suponer cuando tengo la monótona visita de los médicos. Aun éstos siguen haciéndome las mismas incómodas preguntas y, no contentos con mi respuesta, me dicen que como no sea sincero, jamás voy a poder salir de ésta habitación.

No voy a negar que tengo ganas de ver qué es lo que hay fuera de aquí, llevo todo lo que recuerdo de mi vida, viviendo en una habitación. Pero qué más da. Supuestamente dicen que estoy muy débil -aunque yo no noto eso- y después de todo lo que he pasado, no tengo ganas de moverme del sitio. Mientras me dejen tranquilo, me es suficiente. Además, no quiero decir lo que ellos quieren que diga.

Mi habitación se basa en una pequeña cama -de la cual apenas salgo-, paredes acolchadas y blanditas -donde apoyo la cabeza o la espalda- y un mueble de metal cerrado a cal y canto y que solo pueden abrir los médicos que me visitan. No hay muchos pasatiempos en ella.

Resoplo aburrido.

Deberá ser ya medio día, pues unos golpes en la puerta perturban mi tranquilidad. Ni si quiera giro mi cabeza hacia ella, ya sé que va a entrar un médico con su perfecta bata blanca a inyectarme o a preguntarme lo de siempre. Aunque tengo la impresión de que aun quedaba una hora. Yo me quedo mirando un trozo de la pared acolchada donde hay una pequeña mancha roja que no consigo recordar el origen. Que entre sin preguntar como siempre hacen.

Pero algo diferente en la persona que acaba de pasar llama mi atención y miro curioso hacia él.

-Hola Gabriel-me dice una persona completamente desconocida para mi y no lleva la bata que tanto odio, si no una preciosa camiseta de color verde y unos pantalones azules.

Por fin veo colores diferentes en esta blanca habitación. Creo que me había olvidado ya de ellos y volverlos a ver me ha llenado el pecho de un calor reconfortante. También me llama la atención el hecho de que me haya saludado -pues los médicos solo me dirigen la palabra para hacerme sus incesantes preguntas-, aunque después de eso ha dicho el nombre de una persona que no conozco. Eso me desconcierta. Espero a que siga hablando, curioso de ver qué es lo que dice. Pero al ver que lo único que hace es mirarme con unos ojos perturbantes y profundos, soy yo el que abre la boca.

-Creo que te has equivocado de persona-digo secamente y noto como una de sus cejas hace un leve movimiento.

Él se acerca a mi, como si lo que le hubiera dicho no le importase, y me coge de la barbilla con una de sus manos. Yo, lo único que puedo hacer, es quedarme expectante a ver qué es lo que tiene pensado hacer. Al menos esto es una distracción más agradable que quedarme mirando una pared durante horas hasta la próxima visita exasperante.

-¿No recuerdas mi nombre?-me pregunta mientras aun sostiene mi cara con su mano. Un leve cosquilleo en mi barriga se hace evidente.

Me encantaría decirle que sí, no sé por qué. Pero con solo mirarle a los ojos puedo decir que no los recuerdo para nada. Creo que nunca podría olvidar una mirada tan carismática y única. Además, jamás he escuchado una voz tan grave pero a la vez aterciopelada.

Mas, aun así, si siento un leve pinchazo de que ésta persona me parece familiar. Aunque no sé en qué.

Me quedo recordando cada una de las caras de todos los médicos que me han visitado hasta ahora, esperando que alguno de ellos tuviera alguna característica de ésta persona y no lo reconociera por no llevar la horrible bata. Pero antes de poder llegar a una conclusión, él interrumpe mis pensamientos abruptamente.

Veo como su cara se acerca lentamente a la mía mientras él cierra sus ojos. Grito interiormente pues no sé qué es lo que piensa hacer. Intento llamar a mis extremidades para moverme y alejarme de él, mas mi cuerpo no responde. Me quedo en shock hasta que, fuera de mis expectativas, sus labios se unen con los míos suavemente. Por inercia, también cierro mis ojos.

Claro, ya está, es esto lo que me resulta familiar. Ésta sensación que recorre todo mi cuerpo ya la he sentido antes, estoy seguro. No sé quién es, pero de momento él es la única persona que ha llegado a provocarme tal reacción en mi cuerpo sin tener que inyectarme o darme ninguna pastilla. Cuando termina el beso y éste se aleja, pero le agarro del brazo desesperado. Se le ilumina la cara en cuanto lo hago.

-¿Quién eres tú?-pregunto angustiado al ver que todos los sentimientos que se habían levantado en mi cuerpo, se están apagando rápidamente.

Quiero saber quién es ésta persona. Es tan misterioso y tiene unas reacciones y expresiones tan inesperadas y extrañas, que me muero por saber todo de él. Creo que desde que ha carraspeado su garganta, nuestros ojos no han dejado de mirarse -dejando a parte el beso-. Él, tras mi pregunta, se apena, como si esperara otra respuesta por mi parte.

-Me llamo Nadir-responde a mi pregunta y acaricia mi cabello-¿No te acuerdas de mi, verdad?-dice con un hilo de voz.

Yo niego con la cabeza. Veo como su cara se contrae momentáneamente, haciendo un esfuerzo enorme por no dejar aflorar sus sentimientos. Se me rompe el alma al ver esa reacción, pero ¿qué puedo hacer?

-Encantado Nadir, yo me llamo 25-digo alegremente intentando hacerle sonreír para que su estado mejore. Afortunadamente, encuentro una pequeña mueca en su cara en un intento de devolverme la sonrisa. Eso me vale.

-No me gusta tu nuevo nombre. Espero que no te importe que te siga llamando Gabriel. Creo que está más acorde contigo, aunque hayas cambiado-me responde mientras se deshace de mi agarre y se dirige hacia la puerta-Me alegra haberte visto de nuevo.

-Dime que vas a volver-digo apresuradamente antes de que él se marche. Tengo que asegurarme si o si de volver a verle-Nadir-se me hace raro decir su nombre. Jamás había conocido a una persona con un nombre tan extraño pero a la vez atrayente.

Le viene ni que pintado a su persona.

-Claro, cuando quieras-responde con una sonrisa de verdad.

-Mañana, por favor, a la misma hora.

-Aquí estaré pues.

Y la puerta se cierra, dejándome de nuevo solo con mis monótonos pensamientos. Aunque ésta vez van a estar manchados de algo más dulce y nuevo. Ojalá sea ya mañana.

Narra Nadir

He tenido que apresurar el final de mi visita porque no iba a aguantar ni un minuto más dentro de esa habitación sin echarme a llorar. Sé que dije que iba a recordarle todos los momentos que hemos pasado juntos y demás, pero no he sido capaz. No he tenido las fuerzas suficientes para dejar de lado mis sentimientos y tormentos y se han apoderado todos de mi a la vez.

No he podido evitar besarle. He ansiado volver a sentir sus labios desde hace tanto tiempo ya, que esas ganas me han obligado a hacerlo, pues si no, creía que me iba a morir. Me quemaban por dentro y si no hacía lo que mi corazón quería, éste me daba una punzada horrible de dolor. He sentido alivio al principio al saber que estaba bien, pero luego una angustia casi indescriptible.

Estoy siendo incapaz de poder contenerme y corro con todas mis ganas hacia mi habitación para poder calmarme y que nadie me pueda ver flaquear. Una vez que llego, me echo en la cama boca abajo y me intento relajar. Mi cabeza no deja de procesar nueva y dolorosa información aun intentando tener la mente en blanco o no pensar en nada importante.

Creo que después de bastante tiempo, me he quedado dormido y unos aporreos en la puerta me despiertan.

-Ya voy-digo para que éstos cesen y, bostezando y restregándome las manos en los ojos, voy hacia la puerta y la abro. Tras de ella está Petra con cara de pocos amigos.

-Llegas tarde a tu entrenamiento. Te he estado esperando un cuarto de hora-¡Vaya! Se me había pasado por completo que yo tenía que hacer vida normal después de ver a Gabriel.

-Lo siento, tenía que despejarme-contesto sinceramente. Ya que la he cagado, lo menos que puedo hacer es decirle la verdad.

-No me importa, vamos.

~~~~

Jamás, y vuelvo a repetir, jamás, volveré a enfadar a Petra. Creo que nunca he llevado mi cuerpo hasta tal extremo. Se nota que lo está haciendo porque está molesta por haber llegado tarde y, encima, no haberme presentado hasta que ella ha venido a buscarme. Sé que podría negarme a hacer esto, mas me siento culpable y, además, así puedo distraerme con el tema de Gabriel. A parte de que me va a venir bien para la misión “Lunáticos” que pronto se llevará a cabo.

La misión es básicamente acabar con Luna, aunque aun no me han dicho bien cómo lo vamos a hacer. Lo único que sé por ahora es que yo voy a ir delante de todos los demás para avisar de los posibles obstáculos y así no nos vean venir hasta que yo de el visto bueno para empezar el ataque. Es muy difícil percatarse de una persona entre tanto agua. Tenemos esa gran ventaja.

Ahora mismo Petra me está haciendo nadar en una pequeña piscina de olas donde éstas y las corrientes están casi al máximo. Mis brazos ya se están agarrotando y si no he tenido ya 5 calambres en las piernas, no he tenido ninguno. Nunca había tragado tanta agua y tampoco me había costado tanto aguantar la respiración, pero si no entreno en la peor situación, cuando llegue el momento, no voy a estar del todo preparado para cualquier eventualidad.

-Muy bien, ya basta-me avisa Petra después de que haya parado el cronómetro que está colgado de su cuello y de darle el tiempo a los científicos que están a pocos metros de nosotros monotorizándome y sacando datos de mi prueba-Descansa, ya mañana seguiremos con el entrenamiento.

-Gracias al cielo-salgo como puedo de la piscina y me tiro en el sueño exhausto-porque creo que no hubiera aguantado ni un minuto más en esa pesadilla-digo entre suspiros.

-No seas exagerado, tampoco ha sido para tanto-me responde con una enorme sonrisa maliciosa en su cara.

Se acerca hasta donde yo estoy y me tiende la mano para ayudarme. Yo la acepto amablemente y tiro de ella para poder ponerme de pie, aunque me tambaleo. Ella me ofrece la toalla que tiene colgada en los hombros y me la pongo rápidamente para no perder el calor. Siento como su mirada recorre cada recoveco de mi cuerpo y me siento muy incómodo. Aunque antes hubiera estado enfadada, ahora su trato hacia mi ha cambiado. Está mucho más amable.

-Descansa bien hoy, pues mañana vas a tener más de lo mismo.

-Pero antes de empezar, ¿puedo volver a ver a Gabriel?-veo que ante mi pregunta, ella se muerde el labio.

-Claro, no veo por qué no-dice encogiéndose de hombros. Es la primera vez que veo que Petra rompe su normal postura rígida y se relaja-Pero quiero que seas puntual.

-Solo ha sido una vez, no volverá a pasar.

-Eso espero.

Y voy hacia mi habitación para tirarme en redondo en la cama y no levantarme hasta el día siguiente.

Narra Gabriel

-Ya hemos terminado, deberías dormir-me dice el médico que viene todas las noches para darme un par de pastillas. Él es el último y siempre lo espero con ansias.

Yo solo me dedico a asentir la cabeza. No pienso dirigirles ni una sola palabra más, pues parece que no sirve de nada si no escuchan lo que quieren. Ésta va a ser la única vez que voy a hacerle caso a uno de ellos porque quiero que se pasen ya todas las horas que quedan hasta que Nadir vuelva a visitarme.

-¿Podrías apagarme la luz? Me cuesta mucho dormir con ella encendida-digo antes de que éste se vaya.

Se me queda mirando unos segundos, supongo que pensando qué contestarme y, después, asiente con la cabeza. “Vaya, creo que debería haberlo pedido antes” digo para mi mismo mientras me acomodo en la cama y me apagan la luz. Apenas tardo minutos en quedarme dormido.

“Me encuentro rodeado de agua mientras una lluvia de balas casi alcanzan mi cuerpo. Miro hacia todos lados y no veo nada, solo hay oscuridad salvo en la parte superior, donde proviene un poco de luz y las balas. Intento mover los brazos para nadar hacia algún lado y ver si me puedo librar de ellas, mas es como si no me moviera del sitio.

Intento pedir ayuda, pero tonto de mi, el aire se escapa de mis pulmones y las burbujas suben hacia la superficie. Me estoy ahogando y no sé que hacer. Empiezo a mover desesperadamente mi cuerpo, esperando conseguir algo con ello y así poder salvarme, pero nada.

Solo consigo gastar todas mis energías y oxígeno.

Ya está. Hasta aquí he llegado.

Dejo caer mi cuerpo hacia el oscuro fondo, alejándome de la peligrosa lluvia de balas. Unos segundos más y estoy seguro que todo se acabará aquí. Alzo la vista para poder volver a ver la luz por última vez y, cuando lo hago, una masa amorfa se acerca a mi rápidamente. Al principio no consigo saber qué es, pero a medida que se va acercando, puedo observar que es una figura humana que me está tendiendo la mano para que yo la agarre.

Estiro mi brazo desesperado para agarrar su mano, mas aun queda demasiado espacio entre nosotros.

-Ayuda-intendo decir, aunque no se escucha nada.

Pero antes de que nos pudiéramos agarrar ambos, yo pierdo el conocimiento“.

Abro los ojos y me incorporo rápidamente, quedándome sentando en mi cama. Me han vuelto a encender la luz -aunque no sé exactamente cuando- y estoy sano y salvo en mi habitación. Aunque antes de asegurarlo, me cercioro de que puedo respirar correctamente. Luego me llevo una mano al pecho y lo presiono, pues la agonía no me deja respirar con toda la normalidad que yo quiero.

Hacía bastante tiempo ya que no tenía un sueño y, mucho más, una pesadilla. Las tenía continuamente en mi antigua habitación, donde me hacían cosas horribles. Pero desde que estoy aquí, es como si eso hubiera desaparecido por completo hasta hoy.

Mis intentos por calmarme son en vano y, como si ya no fuera suficiente, encima entra el médico que viene todas las mañanas a hacerme esas odiosas preguntas y a inyectarme algo desagradable en la barriga.

-No estoy de humor, vuelve dentro de un rato-le pido, mas no me hace ni caso. Él sigue haciendo lo que sea que esté haciendo en el mueble que solo ellos pueden abrir-¿Podrías esperarte un rato? No me encuentro bien.

-¿Cómo te llamas?-me pregunta con su monótona voz.

-¡FUERA DE AQUÍ!-grito perdiendo los estribos.

El médico pega un leve respingo y, después de soltar lo que sea que tenía en la mano, me mira de arriba abajo.

-¡SAL DE AQUÍ!-vuelvo a repetir para que me deje solo y me levanto de la cama.

Ahora si que sale huyendo, aunque no sin antes cerrar bien la puerta del mueble. Luego, sin mirarme de nuevo a la cara, sale de la habitación. Mis piernas flaquean al escuchar el portazo y no puedo evitar precipitarme hacia el suelo.

Mi corazón está latiendo a mil por hora y unos sudores muy desagradables están bañando todo mi cuerpo. “Tranquilízate, vamos, tranquilízate. No pasa nada” me digo para intentar ayudarme a mi mismo. Doy grandes bocanadas de aire muy lentamente, esperando así bajar mi estado de excitación y, poco a poco, lo consigo.

Voy recuperando la cordura y mis movimientos. Consigo levantarme para volver a la cama y echarme en ella.

En cuanto lo hago, alguien vuelve a llamar. Al principio no suelto ni una palabra, suponiendo que es el mismo médico que se ha ido pocos minutos antes, pero luego recuerdo que Nadir me iba a volver a visitar. Al final cedo.

-¿Quién es?-digo refunfuñado.

-Soy yo, Nadir. Dije que iba a volver a venir.

Capítulo 14 – Nueva misión

Narra Gabriel

Me duele el cuerpo entero. Estoy cansado de estar tumbado en una camilla sin hacer nada. Quiero moverme y poder ser libre. Parece ser que no consigo librarme nunca de gente que solo quiere mantenerme atado para quien sabe qué cosas ya. Han vuelto a entrar aquellos dos hombres con esos horribles trajes perfectamente blancos. Tengo ganas de retorcerles el cuello.

-¿Cómo te llamas?

¿Por qué me lo preguntan de nuevo? ¿Esto no acaba de pasar? Creo que me estoy volviendo aun más loco de lo que ya pensaba.

Intento acomodarme en la camilla en la que reposo pero no obtengo ningún movimiento pues, al parecer, estoy amarrado de pies y manos a la camilla como si fuera un peligro para ellos. Hacen bien, tengo ganas de arrancarles la garganta a cada uno ahora mismo.

Tiro de las ataduras que tengo en las muñecas y siento una enorme punzada de dolor, como si me estuviera rozando una herida abierta con el cuero del agarre.

-¿Cómo te llamas?-repite algo cansado. Que no paren de apuntar cosas en sus libretas me está sacando de quicio.

-¡Ya os dije que 25! ¿Por qué tanto interés?-siento que una enorme ira me invade y todos los músculos de mi cuerpo se tensan. Ojalá pudiera alcanzarles aunque solo sea con una mano, así podría ver brotar un precioso líquido rojizo.

-¿Recuerdas algo de ayer?

“Qué pesados” digo en mi mente. ¿Por qué solo se centran en cómo me llamo y en qué paso ayer? ¿Se están riendo en mi cara?

-¡Ya dije que no! ¿Es que sois tontos y no me escucháis?-respondo casi fuera de quicio. No quiero intentar recordar qué pasó ayer. Siento que no es muy buena idea hacerlo.

Los estúpidos trajeados siguen anotando cosas en sus libretas mientras yo sigo intentando escaparme de la camilla. Me estoy agobiando por no conseguir ningún resultado y porque me están ignorando completamente.

-Intentalo, cuéntanos qué paso ayer-dice imperativo uno de ellos. Están intentando colmar mi vaso.

-TE VOY A …

Mas antes de que pueda decir claramente mi amenaza, unas personas nuevas entran en la sala y me hacen bajar el tono hasta que se hace inaudible. Es un chico moreno acompañado de una mujer castaña con un traje verde y marrón bastante gracioso.

-Jared quiere una demostración-declara la mujer muy seriamente.

-S-Si.

A los hombres trajeados se les hace un nudo en la garganta y, uno de ellos nervioso, saca de su bolsillo un recipiente pequeño de cristal con un líquido morado en su interior. Luego, va hacia un armario que está lo más alejado de donde yo me encuentro y coge algo que no consigo ver.

-Aun no sabemos si la fórmula es la correcta. Creo que deberíamos hacer más experimentos antes de hacerlo con él, Coronel-responde éste mientras se acerca indeciso a mi. Las manos le están temblando muy notablemente.

-¡No te me acerques!-grito intentando alejarle. Ahora si que puedo ver qué es lo que lleva entre las manos y es una enorme jeringa.

-Le he dado una orden, me da igual que esté listo o no. Hágalo ya.

¿Hacer el qué? Todo esto me esta poniendo los pelos de punta y ya los dolores que me producen las rozaduras contra el cuero me dan igual, necesito salir de aquí.

-¡Soltadme! ¿Qué me vais a hacer?

-En seguida Coronel-y acto seguido y después de intentarlo varias veces por mis continuos movimientos, me clava la aguja en el cuello.

-Fuera todo el mundo-dice la mujer, aunque salen todos menos el chico que había entrado anteriormente con ella.

Después del pinchazo, siento como el líquido que me han inyectado me quema las venas hasta que llega a mi corazón. Una vez ahí, siento una especie de explosión que me hace retorcerme de dolor y gritar de ira.

-¡Ayuda! Abrid la puerta-grita el chico- ¡He cambiado de opinión, no quiero hacer esto!

Narra Nadir

Jared me guió con sus firmes pasos y sin abrir la boca en ningún momento, por un sin fin de pasillos que parecerían todos iguales si no fuera por las pequeñas placas que tenían al lado derecho y que cada una de ellas cambiaba de notación. A veces había números, otras veces ponía “laboratorio” o “experimentos”, pero había tantas que me hizo pensar que éste sitio era realmente grande.

Andamos por unos 15 minutos hasta llegar a una puerta en la que ponía “Experimento 1, mirador”. Aquello me retorció un poco el estómago pues estaban tratando a Gabriel como un experimento y no como una persona humana. Pero decidí no mostrar mi descontento hasta ver qué era lo que me tenía que enseñar. Realmente si ya hubiera reaccionado según mis instintos y sentimientos, habría destrozado a más de uno.

Entramos a una pequeña sala con un par de pantallas de ordenador -que yo pensaba que no se habían utilizado desde hacía años, pues la electricidad no es un bien actualmente-, unas sillas en frente de un enorme cristal en el que se podía ver el interior de otra habitación y muchos archivadores. También tenía armas, un par de personas y un micrófono para, lo que supuse, hacerse escuchar en la otra sala. Y he de admitir que estaba cubierta de hormigón con una pinta muy resistente, aunque no supuse el por qué hasta que el experimento empezó.

En la habitación que teníamos enfrente estábamos viendo a 5 personas. Gabriel era una de ellas y estaba atado a una camilla de hospital mientras un médico -o eso es lo que parecía- le inyectaba una sustancia. Otro igual anotaba cosas en una libreta y una mujer obligaba a quedarse a un pequeño chico moreno. Miré a Jared justo después de ver que Gabriel seguía vivo y éste me dedicó una fría sonrisa. Aquello hizo que explotara y pegué con mi puño en la mesa en la que estaban los ordenadores.

-¿¡Qué le estáis haciendo!?-dije con los dientes apretados. Todos los músculos de mi cuerpo se estaban tensando y mi mente decía que debía parar aquello. Que ésta gente no era más que una copia de los demonios que se esconden en las ciudades bajo los mares y océanos.

-Tranquilo, no queda mucho-me dijo con suficiencia, como si después de ver el “espectáculo” yo debería entenderlo todo.

Escuchar aquellas palabras me puso aun más de los nervios y le agarré por el cuello de la camisa y tiré de él hacia arriba. Desgraciadamente, Jared era más pesado de lo que me esperaba y no puede levantarle, aunque si conseguí que cambiara de expresión a una de sorpresa.

-La función está a punto de empezar, no te alteres aun-dijo divertido.

Después de que dijera aquello, ambos médicos y la mujer, abandonaron la sala y dejaron a Gabriel a solas con un anónimo chico. El corazón parecía que se me iba a salir por la garganta. No sé que esperaba enseñarme con tanta diversión pero tenía seguro que pasara lo que pasara, aquel muchacho le iba a pasar algo malo.

Y no han pasado ni dos minutos y creo que ya entiendo lo que quería enseñarme, por desgracia.

Gabriel está convulsionando mientras el chico que han dejado dentro está aporreando la puerta sin cesar. Se le nota como miedo se está apoderando de su cuerpo y yo también estaría así si me encontrara en su lugar. Poco a poco Gabri va a peor y puedo ver cómo todas las venas de su cuerpo se marcan en su delicada piel, cómo su cuerpo está envuelto en sudor y cómo de fuerte está apretando sus dientes.

Pero puedo ver en sus ojos emociones: miedo, ira, desconcierto.

Esta visión me recuerda a cuando lo encontré en la misión que organicé para su rescate de Luna. Puedo notar cómo de nuevo que está luchando contra lo que se intenta apoderar de él. De nuevo, se está poniendo rojo del sobresfuerzo que está haciendo.

Suelto el cuello de la camisa de Jared y voy hacia el espejo.

-Haz que pare, está sufriendo-declaro sin mirarle a la cara. Siento que si lo hago, voy a intentar acabar con él y no es el mejor momento ni lugar.

Gabriel consigue deshacerse de los fuertes amarres que luchaban por contenerlo tumbado en la camilla. Ahora, en el milisegundo en el que he podido ver sus ojos de nuevo, ya son inexpresivos. Como si fuera una marioneta que hace lo que su amo le ordena. Éste despliega sus enormes alas que hasta ahora habían estado inertes y flexiona sus piernas.

-Es inútil, ya no se puede parar-me responde después de haber visto ésta aberración contra Gabriel. Siento como apoya su mano en mi hombro y lo aprieta-Él ahora es así. Ellos lo han convertido en una máquina de matar contra nosotros.

Después de sus asquerosas palabras, visualizo como Gabri se lleva una de sus manos al pecho y, por un segundo, puedo sentir cómo la esperanza de que no le haya consumido lo mismo que le pasó en aquel momento que casi me mata. Mas esto se esfuma cuando, de nuevo, se abalanza contra su presa, el chico moreno. Cada desgarre que le produce al chaval se clava en mi pecho y me hiere. Mis ojos se cierran, no quieren seguir viendo la masacre de un inocente solo por mostrarme cómo, después de mucho trabajo, no he conseguido salvarle.

He fracasado como persona.

-Sedadlo, creo que ya hemos visto bastante- declara Jared a las personas que están delante de los ordenadores.

Tengo mis ojos tapados por las lágrimas y mis dedos. La visión que hace poco tenía del delicado y amigable Gabriel se ha visto mancillada por un monstruo. O más bien por unos monstruos. “El no tiene culpa de haberse convertido en lo que ahora es” me repito a mi mismo una y otra vez.

Cuando consigo las suficientes fuerzas para elevar mi mirada hacia la habitación de enfrente, el cristal que antes era transparente se ha vuelto completamente negro. Por un lado, lo agradezco, pues si hubiera visto un segundo más aquella masacre, el corazón se me hubiera parado. Pero por otro lado quiero comprobar que Gabriel sigue respirando.

-Tranquilo, está durmiendo-escucho la voz de Jared tras de mi.

-Como-consigo decir entre todas las palabras que están bombardeando mi cabeza sin cesar.

-Tu amigo Gabriel tiene una mutación bastante extraña que le permite asimilar ciertos tejidos y metales. A parte, creo que le han lavado el cerebro y le han metido cosas muy desagradables en él. Mas aun no sabemos mucho más, pues no colabora con nosotros y aun no hemos podido averiguar cómo funciona la tecnología de los marinos-de mientras me explica, Jared hace un gesto con la cabeza para que las personas que nos acompañan en la habitación se marchen y nos dejen solos-Solo hemos podido recrear el suero que le inyectaban para apoderarse completamente de él.

-Pero…¿las mutaciones no se habían dado solo en nosotros?-pregunto incrédulo. Según tengo entendido solo algunos de nosotros hemos mutado por vivir entre la radiación de las antiguas guerras.

-Y así era hasta que los marinos se dieron cuenta de que teníamos una cierta ventaja sobre ellos y empezaron a experimentar con humanos para mutarlos y hacerlos más fuertes que nosotros-hace una pequeña pausa y mira por el cristal opaco-Eso es lo que le han hecho a Gabriel. La verdad es que pensaba que iban a tardar mucho más en conseguirlo pero quien sabe las diabólicas locuras que habrán accedido a hacer para conseguir éste resultado.

“Ojalá pudiera cambiarme por Gabri y pasar yo por todo el dolor que ha soportado y todas las inhumanidades que le han hecho. Así seguiría siendo el mismo y no una versión oscura de él” suelto en mi cabeza. La pena me corroe ahora mismo.

-Pero podemos curarle-dice mientras se gira hacia mi y me clava sus ojos color miel sobre los míos. Parece decidido y enfadado, aunque con un toque de diversión en su cara.

-Y que quieres a cambio-pues está claro que no va a curarle gratis. No después de haber dicho que Gabriel era su nueva arma contra los de abajo.

-Que nos ayudéis a derrocar a las ciudades y así poder librarnos de su amenaza para siempre. Además, por lo que me he enterado, tu mutación nos serviría bastante y me gustaría utilizarla a nuestro favor.

-Su tecnología es mucho más avanzada y, como has dicho, han superado nuestra pequeña ventaja.

-Eso es lo que tu te crees, las armas que comerciamos con los nuestros no son ni un décimo de lo que tenemos guardado-y sonríe como si tuviera bastantes ases en la manga que yo no puedo ni imaginar.

-¿Vamos a volver a usar armas los unos contra los otros?-pregunto mientras vuelvo a mirar por el cristal por el cual antes podía ver la figura de Gabriel. Sé que estoy totalmente en contra de volver al pasado y cometer los mismos errores que nos llevaron hasta casi nuestra destrucción pero…¿y si salvarle es mucho más importante?

-Prefiero no contarte nada más hasta que estés en el mismo barco que yo- y levanta una ceja esperando mi respuesta.

En este momento me vienen todos los horribles recuerdos que tengo guardados en mi más profundo ser de todo lo que he vivido después del accidente. Las cosas tan desagradables que he tenido que hacer para poder seguir sobreviviendo y la cantidad de veces que me he dicho a mi mismo que jamás dejaría que la humanidad retrocediera de nuevo y tropezara con la misma piedra. Mas luego aparece la sonrisa de Gabriel, su cara de desesperación cuando me tendió la mano para salvarme de mi tumba de agua y su cara de concentración cuando me curó todas las heridas.

Su cuerpo tendido al lado del mío, durmiendo plácidamente al lado de un total desconocido que acababa de conocer y aun así le brindó todo lo que tenía para ayudarle.

Si esta es la única oportunidad de tenerlo de vuelta tal y como era, me aferraré a ella hasta que lo consiga.

-Estoy en el mismo barco-respondo echando todo el aire que tengo en los pulmones.

Ambos nos damos la mano y Jared me pide que, de nuevo, le acompañe a otro sitio. Antes de salir de la sala, éste llama a una tal Petra. Estoy entre impaciente y muerto de miedo.

Cuando llegamos a nuestro destino, éste me deja con la mujer que hacía poco tiempo había estado en la misma sala que Gabriel y había traído al muchacho, que en paz descanse. Es casi igual de alta que yo y tiene el pelo -castaño- por debajo de las orejas. Su corpulencia no tiene nada que envidiarle a la mía, aunque aun así no le queda del todo mal. Tiene unas mandíbulas muy marcadas que le dan un toque serio a su cara, al igual que su voz cortante. Viste, al igual que Jared, un uniforme militar y, por cómo lo lleva y las medallas que tiene colgadas, estoy más que seguro que siempre le ha pertenecido.

-Petra, Coronel Petra-y me tiende la mano para apretarla. Cuando le devuelvo el saludo, puedo notar como crujen casi todos mis dedos de la mano.

-Yo soy Nadir.

-Antes que nada y viendo tu estado físico y psicológico, creo que deberemos trabajar mucho contigo antes de poder contarte todo el plan. Poco a poco lo irás sabiendo, tranquilo, pero créeme cuando te digo que te hace falta un buen entrenamiento.

La verdad es que nunca había conocido a una mujer con tanta seguridad en si misma. Cada palabra que suelta por la boca lo corrobora. Me gusta y a la vez la temo.

-Vale, cuando empezamos.

-Ahora mismo-dice mientras abre la otra puerta que hay en la pequeña sala en la que Jared nos había dejado a solas.

Cuando miro por ella, puedo vislumbrar una enorme sala con infinidad de utensilios militares -aunque no todos- en ella. Desde un campo de tiro, una enorme pared para escalar o hasta un ring de boxeo -bastante mejor que en los que he luchado por ganarme mi mísera comida-.

Me adentro con ella y la acompaño hasta donde va a ser mi primer entrenamiento: 100 flexiones mientras me tiran barro para que me pese más el cuerpo. Podría ser peor.

~~~~

Después de unas duras semanas sin apenas dormir 3 horas diarias y llevando mi cuerpo hasta el extremo con ejercicios físicos y mentales que jamás he podido imaginar, por fin me han reconocido que estoy mejorando. La verdad es que he llegado a pensar bastantes veces el dejarlo de lo duro que ha sido, mas Gabriel -que hace tiempo que no le veo- nunca habría dejado de luchar por mi si hubiera estado en mi lugar y eso es lo que me ha dado fuerzas de seguir.

Las primeras pruebas eran solo para mejorar mi capacidad sobre tierra, pero luego también se centraron en mi facilidad de moverme por el agua y aguantar la respiración por un largo tiempo. Con ellas también comprendieron cómo podía llegar a moverme tan rápido y a aguantar tanto bajo el agua.

-Tienes una especie de glándulas mucosas entre los dedos que, cuando llevas unos minutos en el agua, segregan un moco que se mantiene unido y te sirve para mejorar con creces la natación de un humano normal. También pasa algo similar en tus oídos, para poder aguantar mejor la presión y que no te piten cuando estés a bastantes metros de profundidad. Así mismo, tu tórax está reforzado para que la presión no te lo comprima con tanta facilidad-me dijo una de las biólogas que estaban presentes en las pruebas-una vez que sales fuera, esa mucosa se seca y se te desprende. Un mecanismo bastante ingenioso a decir verdad. Aunque aun no hemos podido medir bien tu capacidad pulmonar, se sale de nuestras estadísticas.

Nunca me había preguntado qué era lo que me hacía tan especial en el agua, pero ahora que lo sé, me entra un cosquilleo en la barriga al saber que soy muy capaz de joder mucho a Luna. Solo un par de semanas más de entrenamiento y estoy más que seguro que puedo llegar a ser un arma bastante letal contra ellos y, así, podré evitar que utilicen también a Gabriel por si acaso yo no soy capaz.

Además, a parte de haber estado entrenando solo, también he estado con algunas de las personas que también van a estar conmigo en la misión. Sus mutaciones dan bastante miedo y, evidentemente, las saben utilizar mejor que yo. Según me ha dicho Petra, llevan casi año y medio preparándose para hacer un ataque directo a Luna, que es la ciudad marina más cercana a ellos, pero estaban esperando a tener a alguien que les pudiera guiar por el agua -ahí es donde entro yo en este plan-.

-Nadir, tenemos que hablar-me dice Petra mientras se acerca al tanque en el que estaba entrenando hacía pocos segundos antes. Ahora estoy descansando e intentando recuperar el aliento después de una hora sin salir a respirar.

-¿Qué pasa?

-Jared ha dado el visto bueno a que visites a Gabriel.