Capítulo 17 – Soy un cotilla

Tengo buenas noticias, extraordinarias a decir verdad.

Mis días se han vuelto monótonos, muy monótonos. Que, a decir verdad, son el primer descanso que he podido tener por un tiempo considerable a pesar de que sigue habiendo una tensión curiosa en mi interior. Es como una homogeneidad que se apoya en una ansiedad constante que no se disuelve ni cuando cierro los ojos para descansar.

Bueno, más bien intentarlo.

Pero si miro hacia atrás y lo comparo con el infierno que he estado viviendo, no tiene ni punto de comparación. Digamos que dentro de lo malo, he pasado a lo menos malo de todo. Realmente no sé desde cuanto tiempo llevo sin dormir bien, sin embargo, ya me he acostumbrado a tener una sensación constante de cansancio y hastío que se acentúa a cada suceso intenso que ocurre cuando Draco clava sus demoniacas orbes sobre mi persona.

Al principio pensé que era porque estaba planeando una de sus típicas venganzas por revelarme contra su persona, o simplemente porque no pasen las cosas como a él le gustarían, mas ha pasado ya demasiado tiempo atacándome solo con sus miradas que ya no logro entender cuales pueden ser sus intenciones. Todo se ha vuelto demasiado tranquilo de unas semanas hasta ahora que me desquicia porque he desarrollado un miedo atroz al golpe inminente que me va a dar ese malnacido.

Quien me iba a decir a mi que iba a aprovechar tan mal esa deseada tregua que tanto he ansiado casi desde que llegué aquí el primer día. Porque no ha desperdiciado ni un segundo para hacer mi vida un infierno.

–¿Me estás escuchando, Daniel?–Cuestiona una voz de fondo a la que tardo en reaccionar porque se me han apelotonado demasiados pensamientos y debo organizarlos antes de poder pensar para hablar. Cierro y abro los ojos para concentrarme en su voz–Si quieres quedamos otro día, no te veo con buena cara. Deberías descansar un poco.

–No no, tranquila–Digo volviendo al mundo real mientras mi campo visual se vuelve más nítido.

Luna está a poco menos de un palmo de mi cara, escudriñándome con la mirada y noto como si me estuviera leyendo como un libro abierto. Debo tener una pinta horrible después de todos estos días.

–Es que últimamente no puedo dormir bien porque se acercan algunas pruebas que me van a hacer los profesores en mis clases particulares y estoy muy nervioso. Son las primeras que voy a hacer y no quiero defraudar a nadie–le miento.

No sé cómo decirle que mi mundo aún sigue girando alrededor del enorme ego de Draco. Fue pisar la escuela y caer directamente en su órbita de odio irracional. Es que, por muy calmado que esté ahora mismo él conmigo, temo el momento que vuelva a sacar sus afiladas y sucias garras contra mi. Me pone los nervios a flor de piel y un poco atolondrado.

Antes de caer, de nuevo, en mi infinito monólogo interno, le pido a Luna que me distraiga hasta al menos la hora de cenar. O más bien le suplico por que me ayude a despejar mi mente y pensar en otra cosa que no sea esa maldita melena rubia. Ella acepta encantada pegándome un tirón a la camisa para llevarme a quien sabe dónde. Yo solo me dejo llevar confiado en que hará un buen trabajo.

Menos mal que no hace preguntas esta encantadora chica.

~ ~ ~ ~

Las vacaciones de navidad parecen que están a la vuelta de la esquina. Unas pocas semanas más y estaré rodeado de la tranquilidad de mi casa por una buena, y espero que larga, temporada. Quien me iba a decir a mi que, aunque saliera casi huyendo de mi morada, iba a querer volver tan desesperadamente para tener algo de paz. Supongo que uno siempre añora lo que no tiene y no es hasta que lo consigue cuando se da cuenta de que no es tan bueno como lo esperabas, después de todo. ¿Es a esto a lo que llaman crecer?

Luna se despide de mi en uno de los cientos de pasillos que hay en esta laberíntica escuela y yo, abstraído en mis pensamientos, de nuevo, vago por ellos sin rumbo fijo. Ahora que tengo un poco más de seguridad en que no me va a pillar Draco por banda para hacer realidad más de sus oscuros y perversos deseos, me aventuro por los caóticos lugares de Hogwarts. Sin embargo, tengo que tener muy presente de que apenas queda mucho tiempo para que llegue el toque de queda para los alumnos y no deberían pillarme fuera a deshoras. Demasiado bien voy ya como para cagarla con algo tan tonto.

A ver si me encuentro con algo interesante.

Escucho mis pasos retumbando por las diferentes estancias por las que paso. Después de un buen rato, estos me comienzan a desquiciar, al igual que el no toparme con nada fuera de lo normal. No puede ser verdad que sea la primera vez que no hay alumnos aprovechando hasta el último segundo de libertad fuera de sus habitaciones y salas comunes.

Aminoro la velocidad de avance y me posiciono la lengua para poder chasquearla del aburrimiento, mas antes de hacerlo me tropiezo con un sonido que me llama la atención. Son dos personas hablando por lo bajo y eso solo puede significar entretenimiento. Están en el pasillo contiguo perpendicular al mío.

Puede que suene muy cotilla, pero es que quiero no pensar por unos minutos en mi vida. Quiero conocer qué es lo que les pasa al resto de alumnos, estoy demasiado cansado de mi propio drama.

Me acerco lo máximo posible sin que puedan notar mi presencia para conseguir escuchar de forma más nítida su conversación. Esta, a medida que hay menos distancia que nos separa, se vuelve más interesante puesto que, lo que creo que es una chica, está algo alterada.

–¿De verdad no vas a salir conmigo?­–Es lo primero que logro escuchar con claridad. Me gustaría asomar la cabeza por la esquina, pero creo que no es buena idea ya que puede darse el caso de que estén vigilando su alrededor para que personas como yo no les molesten. La otra persona no contesta verbalmente–Pero… ¿vamos a tener algo no?–insiste algo dolida y su tono de voz se alza sin quererlo.

Con esa respuesta supongo que la otra persona le ha confirmado el hecho de que no van a salir juntos y eso me pone algo triste porque estoy escuchando como rechazan a una persona. Aún así, quiero seguir escuchando, aunque sepa que está mal meterse en la vida de los demás y más cuando alguien lo está pasando mal.

–Recuerda que sé cosas-su tonto de voz cambia a uno más agresivo y sus palabras rezuman maldad por todas partes.

Abro los ojos como párpados porque para nada me esperaba esa reacción. “Ya no me parece tan pobrecilla la chica, la verdad” pienso. Las sienes me comienzan a palpitar porque la conversación se está volviendo cada vez más atrayente.

De pronto, escucho una especie de gemido que me avisa de que hay algo raro con ellos. Que no solo están discutiendo. Mi corazón se acelera a mil por hora en menos de un segundo y una fuerza invisible pero poderosa tira de mi hacia la esquina para que me asome. Y la verdad es que no tengo ganas de luchar contra ella, a si que me dejo llevar, haciéndome pasar un mal rato porque me estoy jugando el pellejo.

–Pues ya sabes lo que tienes que hacer–por fin habla la otra persona que participaba pasivamente en la conversación.

Su voz, desgraciadamente, me resulta más familiar de lo que me gustaría.

Cuando consigo asomarme, confirmo mis sospechas. Mis ojos se encuentran a Draco tirando de la cabeza de una chica hacia su entrepierna. Ésta, al principio, opone algo de resistencia, pero luego le aparta la mano para dirigirse hasta donde el rubio le estaba llevando. Un pinchazo en el estómago me recuerda de que yo también sufrí algo parecido con él.

Maldigo en mis adentros el hecho de que siempre, todo lo que me ocurra, tenga que ver con Draco o esté de por medio. ¿Qué probabilidades hay de que sea él el que está continuamente presente en mi vida sin que yo quiera?

Draco sigue cada uno de sus movimientos con la cabeza bien alta y los labios apretados. Cuando la chica le comienza a desabrochar la cremallera del pantalón, este se muerde la lengua sediento de placer. Realmente pienso que es el pantalón, por que su cabeza se interpone en la imagen, pero por el ruido y las expresiones del otro, puedo suponerlo.

He de decir que el corazón parece que se me va a salir por la boca y, por desgracia, lo que hay en mis pantalones está reaccionado demasiado positivamente ante la situación. “¿Por qué coño están haciendo esto en medio de los pasillos?” pienso echándoles la culpa a ellos para no sentirme tan mal conmigo mismo.

Mi parte racional, o lo que queda de ella, me suplica para que me largue de aquí cuanto antes, mas hay otra fuerza que lucha contra ella y que parece que está ganando, porque no puedo apartar la mirada del espectáculo que hay delante mía. A si que lo único que hago es rezar para que haya la suficiente oscuridad y estén tan entretenidos en lo suyo como para que no se percaten de mi presencia y se me caiga el mundo otra vez.

Poco a poco, se comienza a hacer patente el sonido característico que tuve que soportar hace bastante tiempo, el cual hace que vuelvan bastantes recuerdos desagradables a mi mente. Al menos doy gracias que esta vez no soy yo el que los está sufriendo y, además, no parece que no lo está haciendo forzada.

Aún así, debería estar asqueado por el comportamiento repulsivo de Draco y aprovechar este momento para exponerlo ante los profesores. Pero a pesar de que la idea me tienta mucho, mi cuerpo funciona a parte de lo que ocurre en mi mente. Hay demasiadas cosas que se parecen a aquella noche y yo aquí, empalmado como un idiota. No os voy a negar que ahora mismo me doy asco, mucho.

Además, algo curioso, es que no veo que él tenga la misma actitud que aquella vez donde me violó. Está inmóvil, con los ojos cerrados y con el ceño algo fruncido. En cambio, en el poco tiempo que tuve fuerzas para visualizarle pude ver que tenía una posición corporal más agresiva, sus dientes estaban muy apretados, los ojos no se movían de mi persona y se movía tan armónicamente para que todo aquello lo pudiera disfrutar aún más que me da que pensar.

Es que es malditamente todo lo contrario y, aunque me encantaría analizarlo mejor, el bulto que tengo entre mis piernas es más prominente y problemático. Me pide a gritos que le de la atención que se merece. Siento como el cuerpo se me vuelve otra vez pesado por ello, impidiéndome moverme. Por suerte, soy salvado por la campana. Quedan menos de cinco minutos para el toque de queda.

Mi cuerpo de recarga de energía rápidamente por el susto y salgo huyendo de allí, sin importarme el ruido que ello haga. Esos dos están demasiado ocupados como para comprobar quien ha sido el que les ha pillado. Además, en mi huida, escucho un insulto por parte de Draco pues, por lo que supongo, se le ha cortado todo el rollo. Qué puedo decir, no puedo evitar reírme de sus pocas desgracias y desear que no sea la última vez que le ocurra.

Decido que esta noche no quiero que sea de esas en las que me quedo rondando por la cama o por la sala común porque no consigo dormirme o porque no quiero hacerlo. Me echo en la cama sin hacer mucho ruido para no despertar a mis compañeros de habitación y me arropo lo máximo posible pues ya se va notando el frío dentro de la escuela. A pesar de todos mis esfuerzos, lo que ha brotado entre mis pantalones parece que no tiene pretensiones de dejarme dormir.

De una larga y tendida conversación con mi yo interior sentencio que no es buena idea que me ocupe de este problema como me pide la entrepierna. Con haberlo hecho en un baño pudiendo entrar cualquiera y escucharme ya me basta, no quiero sentirme aún más incómodo. Encima entre Slytherins, seguro que me lo recordarían hasta que dejara la escuela a saber cuando.

Es así como paso un par de horas dando vueltas, como siempre, en la cama y luchando contra mis deseos de al menos irme a los baños para hacerlo allí. Lo bueno es que esto me mantiene ocupado y no le doy más vueltas a lo que acabo de observar ya que entonces estaría en el mismo punto pero en vez de agitado estaría con una ansiedad curiosa porque no entiendo nada.

Al menos creo que esto es una señal de que voy a tener paz a partir de ahora. Quien sabe.

~ ~ ~ ~

Otra semana ha pasado y lo único destacable de ella es que ha sido más dura de lo normal, tanto las clases normales con mis compañeros de año como las que aún me siguen impartiendo particularmente los profesores para lograr alcanzar el nivel que debería tener. Pero por fin ha llegado el fin de semana, tan ansiado que creo que no voy a hacer absolutamente nada relacionado con las clases en ningún momento.

A pesar de estar agotado mentalmente, me alegra que esta sea la primera semana en que mi preocupación es no hacer nada y no tener que estar vigilando cada molécula de mi cuerpo para que no me ocurra nada. Joder, es que incluso voy a dejar que toda la pereza que tengo acumulada me invada por primera vez desde que he llegado aquí. Porque a pesar de todos los contratiempos que he tenido, no he dejado de dar ni un solo día el cien por cien de mi en las clases y ha sido agotador.

Ahora que lo recuerdo, creo que es buen momento para aprovechar este descanso para escribirles una segunda escueta carta a mis padres para que sepan algo de mi, que deben estar preocupados porque no doy señales de vida. Además, creo que también debería emplear algo de tiempo en pasarme por los diferentes eventos sociales que tienen lugar en varios lugares de la escuela. No sé, hacer algo de amistades y olvidarme de tanta mierda que me ronda por la cabeza.

Creo que Luna me dijo el otro día que se iba a celebrar este fin de semana un partido de Quidditch en el que juegan Slytherin contra Ravenclaw. Si mi memoria no me falla es mañana cuando tiene lugar, a eso de las 5:00 de la tarde, y va a estar acompañada de alguno de sus amigos. Además, me dijeron que si no me apetecía que fuera con ellos hoy por la tarde, después de clases, para pasar un tiempo con ellos en el jardín. Y bueno, por probar creo que no está de más, a lo mejor me animo a lo de mañana y todo.

Cojo los útiles necesarios para escribir la carta a mis padres y me voy hacia un lugar tranquilo en el que poder escupir todos las cosas que quiero decirles. De mientras lo hago, me hago la pregunta de qué es lo que debe estar pasando ahí fuera, en el mundo de los Muggles –como dicen por aquí-. La verdad es que, ahora que lo pienso, es la primera vez en mi vida que estoy aislado de la sociedad, como en un internado –puede que incluso lo sea y no me haya dado cuenta-. Lo de escuela mágica me confunde, aunque no es lo importante ya que no es que esté a disgusto con ser un mago.

Volver a casa en navidad va a ser todo un choque para mi porque ya me he acostumbrado, quiera o no, a estar viviendo aquí.

Escribo a mis padres que todo va bien, que las clases son un poco duras pero que me está gustando estudiar aquí. También que estoy -algo- emocionado por volverles a ver. Vale, puede que lo esté exagerando un poco, pero creo que les gustará leer esto. Para terminarla, les pido disculpas por no escribirles con la periodicidad que a ellos les gustaría, que prefiero centrarme en esta nueva etapa de mi vida.

Luego me llego a la lechucería lo más rápido posible, porque está bastante alejada, y se la doy a una de las comunes para que le hagan llegar el sobre a mis parientes. Suspiro tras que el animal salga de la estancia y me quedo inmóvil unos cuantos minutos, sin pensar en nada.

Un escalofrío me recorre toda la espalda y me hace darme cuenta de una cosa a la que no había dado demasiada importancia: me siento demasiado solo.

Mierda.

Capitulo 16 – A trompicones

Conseguí que mi lívido se calmara, pero mi mente no ha dejado de darme la tabarra en las restantes horas lectivas. Por si no fuera poco, siento que mi cuerpo cada vez tiene menos fuerzas para mantenerse. Por suerte no tuve que realizar ningún esfuerzo físico en ninguna de las clases y pude hacer vida normal hasta que ha llegado el momento de tener que ir a almorzar.

No os lo voy a negar, me muero de hambre. Mi barriga ya ha dado otros cuantos conciertos molestando en medio de las lecciones. Los profesores me han pedido encarecidamente que cuide mejor mi alimentación, recordándome lo escuálido que estoy. Me he tenido que disculpar como cinco veces, hastiado de ocultar la pesadumbre con la que me he levantado hoy y de seguir tragando comentarios críticos que no me importan sobre mi cuerpo.

La última clase ya ha acabado y, como aún no me encuentro preparado mentalmente para salir al enorme bullicio que hay montado fuera, he ido a hacerle un par de preguntas al profesor Snape sobre cosas que ya sé pero prefiero hacerme el ignorante. Éste, de mala gana, me resuelve todas las dudas que le he hecho y, además, me manda un pequeño trabajo ya que me ve bastante animado con la asignatura. Me gustaría saber si lo ha hecho porque de verdad piensa eso o es un pequeño castigo por haberle hecho perder un poco el tiempo. Al final acaba echándome porque tiene cosas más importantes que atender. No es el mejor profesor con el que poder pasar un poco de tiempo y eso que es el jefe de mi casa.

Por favor, que hoy sea un buen día aunque haya empezado como el culo” deseo con todo mi corazón y pongo el primer pie fuera de la sala. La pena es que ya no hay el bullicio que se cocía al acabar las clases matinales y hasta ahora no he pensado que podría ser un problema. No puedo utilizar la aglomeración para esconderme entre ellos y así poder ir más seguro serpenteando entre los estudiantes. Aún no sé si me está buscando o pasando de mi, aunque mi instinto dice que lo primero ya que no logré terminar los ejercicios antes de que me diera la calentura. No hice lo que se me ordenó y no creo que le haya sentado muy bien. Puede que, además de eso, se haya levantado de muy mal humor al ver que se ha quedado dormido y me he ido sin despertarle.

Todo indica que cosas buenas no van a pasar si me cruzo con el.

–¿Dónde has estado?–cojo aire instintivamente y aguanto la respiración asustado. Un párpado incluso me tiembla.

Lentamente me giro hacia la persona que me ha hablado. Estaba tan metido en mis pensamientos que no he escuchado nada de lo que me ha dicho, solo un ruido de fondo del que se me ha olvidado toda información. “Por favor que no sea él” pienso pidiendo ya un milagro. Siento como las manos me tiemblan de puro terror.

–¿Qué?–respondo en un largo susurro.

–¿Daniel?–Escuchar mi nombre me relaja de una manera que ya consigo enfocar la persona que se está intentando comunicar conmigo. Él jamás lo utilizaría en su vocabulario. Pero como lo primero que me he fijado de ella es que tenía el pelo rubio, no puedo evitar se mi cuerpo reaccione ante una amenaza tensionándose–¿Qué te ocurre?

Es Luna, mi salvadora. Me zarandea para que me centre en el mundo real, mas no soy capaz de quitarme tan rápidamente la sensación tan desagradable que me ahoga cada vez que existe la posibilidad de ser atacado otra vez por esa rata albina. Le sonrío cuando ya me he calmado.

–Lo siento, pensaba que eras otra persona–confieso pues tampoco se me ocurre otra cosa que excuse mi comportamiento tan raro. Sus ojos se clavan en los míos como si me estuviera observando el alma.

–Te pasa algo–declara y yo hago una mueca como aceptando que tiene un poco de razón. Ha sido muy raro ver como su cara cogía una expresión tan seria, para ella no es una broma.

–Tengo demasiados problemas que no logro superar–puede ser que ya sea hora de contárselo a alguien. No creo que vaya a poder empeorar aún más.

Luna se dispone a hablar pero mi barriga decide cortar el momento y rugir como una condenada. Ella se queda mirando hacia el foco del ruido con los ojos como platos pues, para que negarlo, no ha sonado muy buen. Me encojo de hombros ya que mi estómago ha hablado suficiente por mi. Luna me propone ir a comer cuanto antes y luego dar un paseo por los jardines de la escuela mientras charlamos de mis problemas. No opongo resistencia al plan y vamos juntos hacia el comedor sin acordarme que es uno de los lugares donde más probabilidades tengo que encontrarle.

Éste está casi lleno. Nos separamos para ir cada uno a nuestra mesa y, en mi mente, se vuelve a cruzar el pensamiento de que ojalá el sombrero seleccionador hubiera decidido ponerme en otra casa de Hogwarts. Estoy seguro de que mi vida hubiera sido completamente diferente a la de ahora. Quien sabe, a lo mejor podría haber sido de esos típicos estudiantes que me encuentro por el pasillo riéndose en grupo y pasándoselo bien. O a lo mejor hubiera sido un poco más solitario pero con la tranquilidad de que nadie me va a humillar o violar en cualquier momento. Como desearía ser ellos.

–Está ocupado–me responde una chica justo en el momento en el que estoy dejando que mi cuerpo caiga sobre el banco. Resoplo y busco con la mirada otro asiento. No tengo ganas de entrar en conflicto con nadie.

Por suerte hay uno no muy lejos de donde me encuentro y, además, está al lado de uno de los pocos estudiantes de Slytherin con el que tengo contacto y no me odia. Bueno, solo hemos intercambiado saludos que ya es mucho decir para mi la verdad. Me siento a su lado, le saludo y él me lo devuelve. Parece una tontería pero eso me saca una enorme sonrisa porque usualmente lo que primero escucho en cuanto me siento a comer es algún insulto y sonido de asco.

No pierdo ni un segundo más y me lanzo hacia la comida mientras mi estómago me da bocados por tardar tanto en satisfacerle. Le agradezco de que no haya vuelto a sonar estrepitosamente y comienzo a engullir un buen trozo de muslo de pollo alternadolo con cucharadas de puré de patatas. No sé si es el hambre o no, pero hoy la comida está mucho más sabrosa que de costumbre, al igual que la bebida. Decreto que prefiero no pensar en nada y simplemente disfrutar de este ansiado festín.

Poco a poco mi barriga se va llenando y ya no como con la misma rapidez que cuando empecé, a si que voy haciendo pequeñas pausas para que no me siente mal lo que he ingerido. Los que me rodean se encuentran cada uno a lo suyo, algo bastante raro puesto que normalmente suelen estar más pendientes de los demás para reírse un rato que de ellos mismos. ¿Es que he tenido la suerte de sentarme justo en medio de estudiantes normales? Así sí se puede comer.

De pronto, un recuerdo me llega a la mente: las caras de los estudiantes con los que me he topado esta mañana al salir del cuarto de Draco. La mandíbula se me desencaja y busco con los ojos si hay alguna cara conocida en mis alrededores. ¿Qué me pasa en la cabeza? Tardo demasiado en darme cuenta de las posibles amenazas que se ciernen sobre mi. Doy varias pasadas visualizando mi alrededor para cerciorarme de que no están y justamente, cuando giro un poco la cabeza hacia mi derecha, veo que una sobresale de las demás que antes la escondían.

Ahí está esa cabellera ceniza sacándome de quicio otra vez.

Desvío la mirada rápidamente deseando de que no se haya percatado de que le he visto emerger desde las sombras y hago como que estoy comiendo tranquilamente. Agudizo lo máximo posible las orejas por si consigo escuchar algo de lo que pueda decir a sus compañeros o directamente a mi. No percibo nada más que el típico sonido de fondo de compañeros comiendo, riendo y hablando entre ellos de vez en cuando. Nada fuera de lo usual.

Lucho contra las enormes ganas que tiran de mi para que vuelva a clavar mi mirada en él. Puede que justo cuando lo haga me esté acechando con esa cara de odio que tanto le gusta dedicarme. Puede que no se haya dado cuenta de que estoy aquí, a tan pocos metros de distancia, y si lo hago delate mi propia presencia. Quien sabe de lo que sería capaz de hacerme delante de tantas personas si ya me hizo salir desnudo de mi cuarto mientras me llevaba como un perrito faldero.

Todo me anima a que lo haga. Mis ojos, muy limitados por mis deseos, buscan alguna distracción en algún lado porque no saben qué hacer en caso contrario. Temo que no dure logre durar mucho haciendo este paripé, es como si una fuerza superior a mi estuviera tirando de mi para que lo hiciera. Muevo nerviosamente la pierna mientras sigo con la actuación de comer con normalidad.

En un momento de descanso, mis ojos me traicionan y se dirigen hacia mi agresor deseosos de saciar su curiosidad. Me odio a mi mismo por no ser capaz de retener los impulsos, pero lo hecho hecho está y ahora tengo que ver qué es lo que produce mi enorme error.

Me está mirando.

Mi mente se desata y grita internamente. Si tuviera que describirlo de alguna forma, sería como si todas mis neuronas tuvieran forma humanoide y se pusieran a correr como locas o pegándose cabezazos para dejar de existir. Y como buen imbécil que soy, no le aparto la mirada hasta pasados demasiados segundos. Mi cuerpo se llena de sudores fríos al recordar todas las atrocidades que ha sido capaz de hacerme sin remordimiento alguno.

Respiro a trompicones al notar como se me forma, en mitad del pecho, un profundo hoyo de vacío que crece gradualmente. Me aprisiona y ahora el sonido de fondo deja de serlo tanto y se incrementa en volumen, incomodándome aún más. Dejo el tenedor sobre el plato intentando mantener las formas, pero a decir verdad lo he hecho porque no tengo las suficientes fuerzas como para seguir sosteniémndolo. Cojo una buena bocanada de aire y levanto, de nuevo, la cabeza hacia él a ver si ya ha dejado de observarme y ha perdido el interés.

Pero parece que no se ha inmutado en todo este tiempo. “¿Cuánto llevará mirándome?” pienso y me dejo embelesar por sus ojos grises como si ese realmente fuera su objetivo al fijar su completa atención en mi. Siento como me hago pequeñito a cada segundo que paso en este estado. Solo espero que nadie más se haya dado cuenta de lo que está ocurriendo a plena vista de todos porque me da la sensación de que si esto ocurre, todos nuestros secretos serán desvelados.

Percibo como, sin apartar sus orbes de los míos, le responde a uno de sus secuaces que está sentado a su izquierda. “¿Qué es lo que pretende? ¿Se acordará de todo lo que ocurrió ayer e intenta humillarme con un simple contacto visual?” intento darle sentido a todo esto, mas cualquier esfuerzo es en vano. Cualquier pensamiento que viene a mi mente es interferido por un bombardeo de recuerdos de esta noche y mi vista se nubla, aunque sepa perfectamente que la sigo teniendo fija sobre él y recíprocamente.

Mi cuerpo se estremece al tener que soportar de nuevo las intensas corrientes eléctricas que desembocan en mi ya no tan cansado miembro. ¿Puedo tomarme esto como que sí fue testigo de mi perversión y que solo fingió estar dormido? El resto de personas que me rodean desaparecen de mi campo de visión, quedándonos solos él y yo. Animo a mis piernas a moverse para zafarme de Draco, pero es la única parte de mi cuerpo que no está en movimiento ni palpitando.

Lo que más temor me produce es que su faz está tranquila, sin ninguna arruga y labios descansados. Son solo sus ojos son los que me transmiten esta inquietud, el ardor que explotó en todo mi ser. ¿Cuánto tiempo voy a seguir teniendo trazas de esa maldita poción en mi organismo? ¿Qué cojones es lo que le está pasando esta vez por la cabeza?

No sé por cuánto tiempo nos quedamos así, pero os puedo asegurar de que por bastante al parecer. Porque no es hasta que Draco decide excusarse de la mesa cuando miro a mi alrededor y me doy cuenta de que la densidad de estudiantes ha bajado considerablemente, quedando bastantes huecos libres por todo mi alrededor. Miro mi plato de comida sopesando si debería comer algo más puesto que luego lo voy a agradecer bastante.

Ver como Draco, poco a poco y con sus típicos pasos de príncipe millonario, se acerca hasta donde yo estoy sentado. Con la cabeza bien alta y mirando hacia el frente pasa justo enfrente mía, obviándome como si ya no tuviera interés en mi. “¿Ya ha sido suficiente diversión para la hora de comer?” pienso mordiéndome la lengua de rabia a la vez que ansío que siga su camino y no me dirija ninguna palabra. Algo le pasa y no quiero que lo vuelva a pagar conmigo.

Por suerte, lo único que me dedica es su aroma cuando la perturbación de aire llega hasta mi persona. Le persigo con la mirada hasta que le pierdo la pista. Cada músculo de mi cuerpo se relaja y noto como mis músculos se han resentido mucho más por haber mantenido esta tensión por tanto tiempo. Consigo llevarme un poco más de comida a la boca hasta que mi cuerpo me dice basta.

–¿Ya has terminado?–la voz de Luna hace que pegue un respingo y me devuelva otra vez a la realidad. Me he olvidado completamente de ella.

–Si si, perdona, es que me estaba muriendo de hambre–respondo a modo de disculpa por haber tardado tanto aunque sea con una medio mentira.

–Pues ahora un buen paseo te ayudará a bajar toda la comida que has engullido–y ríe ante su propio comentario, pegándomela a mi. No sé, me parece contagiosa.

Salimos del comedor a paso lento mientras ella me cuenta una anécdota que ha vivido hoy en una de sus clases. Sin embargo, no consigue que me evada de la idea de que Draco puede estar esperándome fuera y, cuando saco una de mis piernas, el corazón se me encoje mientras examino la entrada buscando algo demasiado rubio. Mis manos se relajan al no encontrar nada y devuelvo mi atención hacia Luna, habiendo perdido parte del hilo de la historia.

Damos un buen paseo por el interior de la escuela puesto debido a que apenas ponemos mucha atención en seguir la ruta más corta para salir de ella. Hoy hace un sol radiante y un calor muy agradable. Es más, me quito y todo la túnica puesto que tengo un poco de calor con ella puesta. Luna hace exactamente lo mismo que yo. Damos una vuelta inspeccionando los lugares más interesantes de los alrededores mientras mantenemos una conversación bastante interesante sobre qué cosas son las que más me gustan de ser mago. Algo así como primeras impresiones. También se ha interesado en mi vida antes de que lo supiera y cómo es el día a día de una persona “normal” o, como ellos llaman, de un muggle.

Hace que me olvide por completo de toda la ansiedad que llevo encima de mis hombros y que apenas me deja respirar cuando le da por embestirme con toda su fuerza. Creo que es lo que más adoro de esta muchacha porque, a pesar de que muchas veces se comporta de forma muy rara, cuando hablas un rato con ella te limpia por dentro y sabe hacer que pases un buen rato con ella. Decidimos que, después de un gran paseo y para no cansarnos antes de ir a las clases de por la tarde, es buena idea sentarnos un rato bajo el sol y relajarnos.

–Menos mal, pensé que nunca lo ibas a decir–digo con la mano sobre mi barriga fuera porque siento que mi estómago está demasiado revuelto.

Nos sentamos en un claro rodeado de flores rojas y blancas. Yo aprovecho para utilizar mi túnica como almohada y me echo sobre el césped soltando un profundo suspiro de cansancio. El sol me acaricia la cara y la brisa me masajea el resto de lugares. Luna, al final, acaba haciendo lo mismo que yo ya que confiesa de que tengo una cara que de verdad estoy disfrutando el momento. Supongo que después de tanto desasosiego continuado, un descanso así me sienta como un vaso de agua en el desierto. Hoy pienso irme a dormir temprano para descansar todo lo que no he podido.

–Bueno, y cuéntame qué es lo que te ocurre–el silencio se disuelve en sus palabras, al igual que mi serenidad. Pero supongo que me vendrá bien contárselo a alguien, aunque sea por encima. No es bueno guardarse las cosas para uno mismo porque al final te acaba pesando demasiado.

–Tengo un problema–confieso pero sin saber cómo tengo que seguir la conversación.

–¿Sólo uno?–responde intentando romper el hielo, me figuro.

–Si–me río un poco desganado pues aunque solo sea uno, me está amargando la existencia–Solo uno. Hay alguien que no me deja en paz y no entiendo su odio hacia mi persona–me intento explicar pero ponerle palabras es más difícil de lo que había pensado–O sea, yo no le he hecho nada ni queriendo ni sin querer. Simplemente creo que la ha tomado conmigo porque está aburrido o algo así.

–¿Has intentado solucionarlo o hablar con él para ver qué es lo que ocurre?

Varias cinemáticas de yo intentando hablar con él respondiéndome con las decenas de burradas que he tenido que sufrir desde que casi llegué. Es más, ahora que lo recuerdo, fue incluso antes de que me eligieran para la casa Slytherin pues ya en el andén del tren me dedicó sus ácidas palabras.

–No funciona con él.

–¿Quién es? Me tienes en ascuas por no decir su nombre–se queja y yo me quedo pensativo de si debería hacerlo o no. Considero que sería más acertado su lo supiera porque el tipo de persona es bastante importante y a lo mejor le puede conocer bastante bien tras todos estos años en los que han estado en el mismo colegio mientras él llamaba la atención.

–Hummm–quiero decirlo pero admitirlo cuesta, es como si se hiciera aún más realidad solo por decirlo yo–Tengo problemas con Draco.

Luna se queda un buen rato callada, supongo que se habrá quedado muda por conocer quien es el maldito que me está tocando la moral día si y día también. Aguardo a su respuesta con ansias pues espero que ella consiga ayudarme con la misma eficacia con la que me tranquiliza.

–Vaya, no soy capaz de pensar en alguna solución–me lo temía. En cuanto termina su frase, ronroneo de frustración. Al menos me siento un poco más libre al no ser yo el único que sabe que Draco se ha obsesionado conmigo–Lo que he observado todos estos años y que sea eficaz contra él es ignorarle. Porque cuanto más intentes defenderte o le devuelvas las venganzas, más ganas tendrá de seguir con sus juegos.

Nada que no sepa” pienso. Todo lo que ha dicho lo he hecho y comprobado por mi mismo.

Capítulo 15 – En los baños del colegio

Unas tremendas ganas de ir al servicio son las que consiguen despertarme gradualmente y, aunque al principio me encuentro algo reacio a mover mi dolorido y cansado cuerpo, las leves corrientes de aire que son provocadas por mi respiración hacen que me de cuenta de que me encuentro desnudo en alguna parte de mi habitación. Mi primer error de la mañana, pensar que me había quedado plácidamente dormido en mi cama. El duro y frío suelo hace que pequeños retazos de recuerdos venga a mi mente y me confundan por unos instantes, obligándome a abrir los ojos como platos para conocer el lugar en el que me hallo.

Siento como me retumba todo el cuerpo y el dolor de este hace que me termine de despertar en un santiamén.

Mi segundo error ha sido el perder los nervios y haber hecho una barbaridad de ruido mientras pataleo el suelo para ponerme, al menos, con la columna vertebral perpendicular al suelo. ¿Qué por qué? Porque no estoy solo en esta habitación, ya que ahora puedo ver que claramente no es la mía. Este lujo y la cabellera rubia que hay tumbada en la cama hace que quiera morirme. Es una escena bastante horrorosa. Tampoco me importaría que la tierra me tragase. Ahora mismo ambas opciones me parecen demasiado jugosas.

Afortunadamente, he tenido la enorme suerte de que ninguno de ellos haya logrado despertar a Draco o, al menos, no ha dado señales de que se haya dado cuenta. Mis piernas tardan en responder, pero tras un par de intentos consigo ponerme en pie, tambaleándome, pero de pie. Una fuerte punzada de dolor se clava en mi cabeza, detrás de mi frente, como si me hubieran incrustado un clavo. Lucho por no perder el equilibro ya que mi cuerpo reacciona encorvándose y llevándose ambas manos a la frente, haciendo que ya no esté apoyado en lo único que me mantenía de pie.

Sin poder pensar con claridad, pero con mucha urgencia de salir de aquí echando leches antes de que pueda pasar algo malo, me abalanzo estrepitosamente hacia la puerta olvidándome por completo de las ganas que tengo de ir al baño. Consigo salir, eso está claro, pero es aquí donde meto la pata por tercera vez en la mañana: solo tengo una camisa con la que taparme, la cual se encuentra en un estado deplorable agarrada solo sobre uno de mis brazos, y ni si quiera he comprobado si iba a estar solo en cuanto saliera de la habitación. Imaginaos la cara de imbécil que se me queda cuando veo que una de mis peores pesadillas se hace realidad.

Hay un grupo de personas a pocos metros de mi e, inexplicablemente, es mixto. Sí, ya no solo son chicos los que me ven desnudo y con un aspecto que ni si quiera puedo llegarme a imaginar. Me pregunto si sabrán lo que puede haber pasado ahí dentro. Rezo porque solo piensen que ha sido una de las típicas putadas que hace Draco en su día a día.

Ellos se quedan con la misma cara que yo, incrédulos por lo que están viendo. No tardan mucho en reaccionar ante la situación, de la cual no tardo en huir a la vez intento tapar la mayor superficie de mi cuerpo con la camisa de Draco. Si yo no le he levantado, estoy seguro que los insultos, risas y silbidos que me están dedicando sí lo habrán conseguido.

Mis pies no paran de moverse hasta que llego a mi habitación, la cual extrañamente está vacía, y me tiro hacia mis pertenencias para ponerme algo encima y deshacerme de la húmeda prenda de ropa a la que bautizo como mi premio a la humillación. La escondo debajo de la cama hasta tener idea de cómo me voy a deshacer de ella sin que nadie la pueda relacionar conmigo.

A pesar de que no quiero salir de la habitación por si se han quedado esperándome en la puerta para seguir burlándose de mi los que me han visto, tengo unas ganas horridas de darme una buena ducha y hacer mis necesidades. La vejiga está a punto de estallar y necesito quitarme este olor que va desde sudor a otro líquido mucho más espeso que hace que mi piel, en algunas zonas, se sientan con una textura muy extraña y pegajosa.

Esta vez si que pego la oreja en la puerta antes de salir para confirmar de que han desistido y se han marchado.

~~~~

Me he perdido la dos primeras clases de la mañana gracias a que me he quedado dormido y he tardado mucho en darme cuenta de que la hora de desayunar ya había pasado por bastante tiempo. Eso ha implicado el hecho de que no he tenido el derecho a llenarme la panza con el fin de castigarme y que no me vuelva a ocurrir. Joder, si superan de verdad lo que ha pasado creo que ya estaría de patitas en la calle expulsado por comportamiento… no sé ni qué nombre ponerle la verdad.

Sin embargo, no todo ha sido tan malo. Si hubiera salido al pasillo horas antes, cuando éstos están plagados de estudiantes recién despiertos y ansiosos por comenzar con buen pie, creo que habría sido igual que cavar mi propia tumba. Seguramente se habría convertido una notición que no hubiera tardado más de un par de segundo en conocer toda la escuela.

Al menos la ducha me ha ayudado mucho a despejarme del nubarrón que no me dejaba pensar con claridad por demasiado tiempo. He decidido mantener mi mente ocupada hasta que llegue la hora de mi siguiente clase, ya que no creo que sea el momento de sentirme culpable y como una mierda cuando me queda un día bastante largo por delante de clases. Por ello, he ido a la biblioteca, a ver encuentro algún libro interesante que consiga ocupar mis pensamientos de otra cosa que no sea a mi mismo cantando la primera canción que se me viene a la mente para apagar a esa vocecilla que casi me está gritando ya.

Pero un horrible dolor de huevos está haciendo que esta tarea sea mucho más complicada de llevar a cabo.

Todo va bien hasta que mi barriga ruje de tal forma que varios estudiantes que están a mi alrededor no pueden evitar soltar una risotada. Con la cara roja, no soy capaz ni de sacar la nariz del libro, haciendo como que el ruido no ha provenido de mi. Sin embargo, otro rugido no tarda en llegar, descubriéndome al completo.

Más risas por lo bajo y mis mejillas comienzan a arder, al igual que mi zona íntima más baja por estar demasiado apretujada, doliéndome aún más.

Es en este instante en el que ya no soy consciente de que no estoy impidiendo a esa vocecilla, que tanto me odia, que tenga rienda suelta para ponerse las botas conmigo. A la par de sus palabras, apoyándose en hechos reales, pequeños trozos de vídeo aparecen sobre mis ojos eclipsándolos de la vida real. El estómago se me revuelve, como si hubiera comido algo en mal estado, produciendo que los rugidos cesen, al igual que mis ganas de comer.

Qué decir, no me reconozco. No parece que soy yo. A ver, no niego que haya momentos de la semana en los que sí me apetece darme un poco de amor propio, mas mis actos y lo que siento no se parecen en NADA a lo que han sido mis experiencias anteriores. Lo más cachondo que he llegado a ponerme fue cuando me estuve masturbando mientras dejaba entrever mi silueta iluminada por la luz de la luna que entraba por la ventana. Eso ha sido la locura más grande que he llegado a hacer por satisfacer algunos pensamientos lascivos que se me han pasado por la cabeza.

¿PERO DEJAR QUE ALGUIEN ME VEA EN ESE ESTADO MIENTRAS YO ME MAGREABA DE ESA FORMA CON UNA POSTURA DE LO MÁS INCÓMODA Y SEXUAL? ¿Es que ya se me ha ido la puta cabeza por completo?

Mis piernas comienzan a moverse de los nervios y las letras que estoy intentando leer se emborronan hasta tal punto en el que solo veo manchas homogéneas sin significado alguno. Ni si quiera soy capaz de visualizar correctamente los pocos dibujos que tiene el libro. Apoyo la cabeza sobre mis manos sudorosas y cierro los ojos a la vez que intento controlar y normalizar mi respiración. Creo que no ha sido tan buena idea irme a un sitio en el que tengo que guardar silencio, porque ahora mismo me muero por soltar un buen chillido de rabia.

–¿¡Qué cojones pasa conmigo!?–exclamo en voz demasiado alta y varias personas se vuelven hacia mi para dedicarme su peor cara por haberles desconcentrado, otra vez.

Ya no aguanto más aprisionado en este lugar, a si que agarro mis cosas y salgo corriendo cayéndoseme la cara de vergüenza por el camino. Mi vida es una montaña rusa y ahora mismo estoy cayendo en picado hacia un abismo que me va a engullir por imbécil.

Me dirijo hacia mi próxima clase con mucho cuidad de no tener que toparme con Draco. Ahora si que debo esquivarlo a toda costa hasta que se le olvide lo que pasó ayer. Si es que eso puede suceder. No sé cómo se lo va a tomar, pero yo tengo claro que esto ha llegado a un punto final para mí, porque yo he venido a aprender magia, no a experimentar actos sexuales y menos para que me marquen de esta forma y en contra de mi voluntad.

Además, si me pongo analizar todo esto, las peores cosas que me han pasado desde el primer día que llegué aquí, han ocurrido por las noches. Es caer esta y como que todo se descontrola. Puede que sea por esto por lo que no puedo dormir bien, mi cuerpo sabe que hay muchas posibilidades de que algo malo pueda pasar y prefiere quedarse bien alerta para poder vigilar mi entorno.

Por el camino, a un par de giros para llegar a dicha clase, mi cuerpo se vuelve a sentir pesado y doy un pequeño traspié que obliga a lo que llevaba en mis manos a salir volando. Yo al menos consigo no caerme y pegarme la hostia del siglo. Una chica que pasaba justamente por mi lado en mi momento más álgido del día, decide ayudarme a recoger las cosas esparramadas por el suelo y se lo agradezco con todo mi corazón. Estas cosas siempre me recuerdan de que no todos los alumnos que hay en esta escuela son unos desgraciados conmigo.

Un pinchazo de dolor no tarda en recordarme lo que llevo sintiendo toda la mañana en los huevos.

–¿Te encuentras bien? –me dice ella después de recogerlo todo. Yo me encojo de hombros porque no entiendo su pregunta–Tienes unas buenas chapetas en la cara.

Le sonrío y le vuelvo a agradecer su ayuda diciéndole que si me encuentro bien, mas la verdad es que sí siento algo raro en mi. Parece que la enorme fiebre que he sufrido esta noche no ha abandonado por completo mi cuerpo porque, cuando ha apoyado su mano sobre mi hombro preocupada, he vuelto sentido esas mismas corrientes eléctricas con desembocadura en mi entrepierna. Por suerte no es con la misma intensidad que antes.

Me despido de ella con aprisa y voy hacia el cuarto de baño más cercano para que nadie más se de cuenta de que se me está volviendo a ir la pinza. “Joder, ¿es que no puedo tener ni un puto respiro?” pienso. Tengo ganas de mandarlo todo a la mierda de una vez.

Ahora más que nunca, puesto que mi mente ya puede pensar con claridad, puedo decir que ha sido la poción que me dio a probar Draco. Esa que tanto le defraudó en su momento. Esto solo consigue que afloren muchas más incógnitas en mi cabeza puesto ¿qué es lo que pensaba hacer tras darme esa sustancia? ¿Qué me hubiera pasado si me hubiera afectado instantáneamente? Me da un repelús y todo solo de imaginármelo.

–Ha–pero ese repelús no me ha sentado tan mal como me esperaba, pues ha desencadenado otra respuesta involuntaria en mi entrepierna. Un enorme latido de placer ha estallado en ella.

Entro en el primer excusado que hay abierto y me encierro en el con un buen portazo y los nervios a flor de piel. La tapa del váter está levantada, así que la bajo con la misma prisa y me siento sobre ella como un peso muerto. Los calores bochornosos vuelven a desequilibrar la temperatura de mi cuerpo, obligándome a quitarme la túnica y desabrocharme la corbata. El poco aire fresco que me roza la nuca me alivia por unos instantes.

Lo que vaya a hacer, tiene que ser ya. No quiero llegar tarde o incluso perderme más clases. Ya la he cagado varias veces esta mañana, creo que ya es hora de enderezar el día. Y como sé que esto no se va a acabar por mucho que lo desee -sin hacer nada-, decido que es mejor liberar lo que me está quemando en un momento en la privacidad del cuarto de baño y luego ir cagando leches a clase.

Los minutos pasan sin darme tregua, al igual que la quemazón que crece descontroladamente en mi interior. Mis huevos también me obligan a ello, necesitan aliviarse por lo que veo.

A pesar del asco que me dé, sabiendo lo que sé de esta noche, tengo que librarme de este calvario lo antes posible. Dejo los pergaminos en el suelo al igual que los otros utensilios que llevo encima. No quiero que nada me moleste ni me distraiga de mi cometido si quiero que sea rápido. Me levanto un poco para desabrocharme los pantalones y bajármelos, al igual que hago con los calzoncillos recién limpios que espero no manchar. Solo rezo porque no venga un grupo de estudiantes a tocarme la moral con sus voces o jueguecitos de aporrearte la puerta para joder.

Cierro los ojos para imaginarme a mí mismo en un lugar más tranquilo y acogedor y me pongo manos a la obra. La verdad es que no tengo que hacer ni el esfuerzo de imaginarme nada de lo mucho que se me han subido las hormonas. No niego que no me sienta raro al masturbarme en unos baños que son bastante frecuentados, pero qué coño, seguro que no soy ni el primero ni el último en hacerlo en el día de hoy. Además, el hecho de que jamás lo haya hecho en una situación como esta, hace que me dé un morbo curioso.

Descanso mi cabeza sobre la pared para estar lo más cómodo posible y agarro mi miembro algo indeciso por lo que he aceptado hacer. Ya solo en el primer roce mi cuerpo reacciona exageradamente y siento un notorio tirón en mi barriga el cual ignoro. Siento en mi cabeza vuelve a aparecer esa neblina que logra nublar mi juicio. Solo espero no volver a hacer una tontería.

Me muerdo ambos labios para evitar que en una de mis profundas respiraciones pueda hacer algún ruido que me delate. Poco a poco voy sumergiéndome en mi imaginación dándole rienda suelta a cualquier pensamiento o imagen que tenga ganas de aparecer. En pocos movimientos de muñeca consigo que mi miembro se endurezca tanto que llega a ser un poco incómodo, mas no me paro. Por otro lado, siento una enorme presión en mis huevos que hace que me apresure más a terminar.

Hago que mis dientes se hundan un tanto más pues, aunque me cueste admitirlo, esa pizca de dolor se siente demasiado bien.

Las caderas se me contonean levemente deseosas de conseguir más y el ritmo que marca mi mano se acelera drásticamente. Apenas me queda nada para volver a tocar el cielo, aunque siento que esta vez no va a ser igual de intenso, creo que va a ser suficiente para estar decente en las clases.

Es entonces cuando a mi mente vuelve a llegar otro recuerdo de esta noche y el cual no puedo hacer que desaparezca por mucho que quiera. No quiero que lo que me haga llegar al clímax sea una situación tan bochornosa como la que he vivido. Pero lo hace.

Alargo velozmente mi mano “libre”, la cual me percato que se ha llevado todo el tiempo clavada en mi muslo, hacia el rollo de papel y tiró de el para llevarme un buen trozo. Lo arrugo como puedo y, sin terminar de adaptarlo a como deseo, tengo que llevarlo rápidamente porque ya no aguanto más.

Todo el calor detona en una explosión de placer que me produce contracciones musculares tan bestias que, sin querer, me doy un buen porrazo en la cabeza. La respiración se me corta por un buen rato mientras mi cuerpo secreta más sustancia de la debida. Al menos he tenido la suerte de llegar a tiempo para controlarlo, porque si no, hubiera montado una buena.

Con cuidado, me levanto del váter, subo un tanto la tapa teniendo en cuenta que no puedo rozar el miembro contra la camisa y tiro la bola de papel, si es que aún se le puede llamar así. Luego cojo otro trozo y termino de limpiarme. Antes de volver a sentarme, me subo los calzones y pantalones para no seguir tentando la suerte. Al menos, he conseguido que todo mi cuerpo entre en un estado de alivio muy cómodo.

Me gustaría quedarme unos minutos más descansando, pues aún lo siento algo tenso, pero creo que ya he gastado todo el tiempo que tenía -y puede que más- saciando a mi alterado cuerpo.

Ahora si estoy preparado para hacer vida normal, o eso espero. Mas antes de irme, me cercioro de que no hay ninguna prueba del delito sobre mi persona. Y es gracioso porque, al salir del baño, veo como un chaval está haciendo un bailecito bastante curioso mientras me mira con cara de “ya era hora de que salieras”. Yo miro hacia atrás para darme cuenta de que no he tirado el segundo papel y salgo huyendo antes de que me pueda reconocer.

Otro error más a la lista de hoy. ¿Cuántos llevo ya?

Capítulo 14 – Bebe

La puerta se cierra silenciosamente y yo me aparto todo lo posible de la figura de Draco, el cual se está quitando la túnica para luego colgarla en un perchero que hay detrás de la puerta. Mis manos comienzan a sudar y lo único que me atrevo a hacer es desviar la mirada por la habitación para evitar cualquier contacto visual con él. Solo espero que este silencio incómodo termine pronto, porque incluso del nerviosismo se me ha apagado el cuerpo. Pero, evidentemente, no voy a ser yo el que abra la boca primero puesto que corro el peligro de que me vuelva a levantar la varita.

–Tengo dos ideas en la cabeza, pero no sé cuál de ellas debería hacer realidad–dice con una voz refinada y tranquila a la vez que coge una silla que tiene de decoración y se sienta sobre ella. Lo hace del revés para poder apoyar su barbilla en el respaldo–Puede que como te has portado tan bien te deje elegir el castigo.

No sé si pretende que esté agradecido o contento por su extraordinaria bondad, pero intento no mostrar ningún gesto de asco con mi cuerpo. Quiero que siga así de tranquilo, porque las peores cosas que me han pasado con él han sido cuando se encontraba de los nervios. A sí que mejor mantener su “buen humor” por el momento. Espero a que me cuente sus dos maravillosos planes para tocarme las narices.

–La primera es que me dejas probar una nueva poción que he inventado sobre ti y luego me haces los deberes–bosteza tapándose la boca con una mano. Ahora que me percato, tiene unas ojeras considerables, casi como las mías–O…–se queda un rato alargando la letra–Te pongo una correa y te paseo mañana por la mañana por la sala común y los pasillos de las mazmorras durante un rato–y ríe con ese asqueroso timbre que tiene. Hace una pausa para ver mi reacción, mas no le doy ese deleite–He de admitir que la segunda es más divertida, dará que hablar por bastante tiempo, aunque ambas las tendrías que hacer desnudo. Tu ropa huele mal­–frunzo el ceño ante su insulto.

Tengo bastante claro que no quiero que me pasee como su trofeo para que todo el mundo se ría de mí y, ya que él me ha visto desnudo, quiero que sea el único que lo haga por el momento. Además, la poción no creo que pueda causarme grandes estragos ni matarme y, si me deja en cama por unos días, pues unas pequeñas vacaciones que me habré ganado sin tener que aguantarle.

Draco me mira curioso mientras vuelve a bostezar. Puede que, si aguanto lo suficiente haciendo sus deberes, éste se vaya a dormir y me deje tranquilo por hoy, porque tiene aspecto de estar bastante agotado. Su postura es bastante inusual, está encorvado con los hombros caídos y, además, parpadea más de lo usual. Si no me queda más remedio, voy a aceptar su primer “castigo”.

–Prefiero que me des esa poción tuya-mascullo entre dientes y el cuerpo se me paraliza cuando sus ojos me recorren el cuerpo de arriba abajo. Otra maldita corriente candente se hace dueña de mi entrepierna. ¿Por qué me produce eso solo con mirarme? Estoy muy mal de la cabeza, aunque no peor que el.

–Maravillosa elección, Anderson–no puedo evitar mostrarle una cara de confusión al haber sido la primera vez que me ha dedicado unas palabras bonitas, aunque hayan sido dentro de su juego perverso–Voy a prepararla ahora mismo.

Este se levanta de la silla y va hacia un armario muy cercano a mí. Yo rodeo su persona para mantener las distancias. Al menos no ha roto todavía la promesa de no tocarme, pero no quiero confiarme demasiado porque sus palabras no valen mucho para mí.

Draco saca un caldero pequeñito del armario y unos cuantos tarros de cristal llenos de cosas que no se identificar porque jamás las he visto. Con las manos bastante llenas, cierra el armario con una de sus piernas y va cargado hacia el escritorio. Para hacerse hueco, tira con desinterés los pergaminos que me estaban esperando para que los rellenara y pone encima el caldero, ordenando los tarros de manera bastante minuciosa. Podría decirse que hasta obsesiva.

–He de admitir que aún no he probado la poción con nadie porque fue justo ayer cuando di con ella–me explica concentrado en lo que está haciendo–tuve que deshacerme de mi creación porque no nos dejan hacer experimentos que se salen de los libros de texto, pero me guardé la receta para cuando tuviera oportunidad de probarla–no entiendo por qué me está informando, aunque creo que intenta o calmarme o ponerme más de los nervios. La cuestión es que no tengo ganas de escucharle, solo que llegue el momento en el que pueda salir huyendo de esta prisión.

Se tira un buen rato con la poción, echándole bastantes cosas y mascullando otras muchas. Ha sacado incluso otro utensilio del armario, una especie de vaso de decantación. Se le nota que está disfrutando con lo que está haciendo y, lo bueno, es que el olor que desprende la pócima es bastante agradable. Eso me deja más tranquilo, pues tampoco quiero tomarme algo que huele y, seguramente, sepa a muerto. Si siempre fuera así Draco, creo que no sería tan mal chaval como lo aparenta. Me refiero a que si se concentrara más en sus pasiones u objetivos y no tuviera que demostrar continuamente lo genial y poderoso que es, pues a lo mejor se podría incluso tener una amistad con él. Pero ha decidido darle demasiada importancia a cómo le ven y a lo que piensan de su persona como para dejar que eso pase. Me da pena en realidad, tener que ser así, obligándote a ti mismo a tener amigos que solo están contigo porque te temen.

Pero bueno, más pena me doy yo por no haber sabido alejarme y evitar los problemas para no tener que haber caído en las manos de esta arpía.

La verdad es que me encantaría sentarme en este momento porque las piernas ya me están dando tirones, pero he decidido que no voy a dirigirle la palabra hasta que no sea estrictamente necesario.

–¡Ya está! –exclama mientras se da la vuelta para mostrarme un vial que ha conseguido hacer solo para mí. ¿Es que quiere un aplauso? –He conseguido que sea mucho más puro que la otra vez.

Me tiende el pequeño recipiente y yo lo agarro para mirarlo. Dentro hay un líquido entre rojo, naranja y amarillo, cambiando repetidamente la disposición de estos colores. Da la sensación de que es fuego enfrascado en un vial, aunque eso sería muy difícil ya que el frasco está completamente cerrado y un fuego no podría arder si no tiene oxígeno del cual alimentarse. Le miro de reojo para ver su cara.

–Cuando antes te lo tomes, antes podrás empezar a hacerme los ejercicios–se encoje de hombros sin apartar la mirada del vial. Al menos no consigo verle ningún retazo de maldad en su cara, es más bien solo curiosidad de lo que pueda pasar.

–¿Cuándo los termine me voy a poder ir a mi habitación? –le pregunto por si acaso se queda dormido y no sé qué hacer cuando termine este suplicio.

–Por supuesto–dice nervioso y con una tímida sonrisa en su cara.

Trago saliva porque nada de esto me da buena espina. Recuerdo sus palabras cuando me hizo el juramento, esas en las que decía que si hago todo lo que él quiere me va a dejar estudiar aquí y no me va a molestar más de la cuenta. Desearía que no fuera así, pero es lo único que me queda por probar, desgraciadamente.

Destapo el vial y un aroma muy afrutado me embelesa. Ha decir verdad, este olor me resulta bastante familiar, como a uno de estos jarabes que me tomaba cuando era pequeño y estaba malo, aunque seguro que no tendrá los mismos efectos. Cierro los ojos antes de tomármelo. El sabor cae como una cascada por mi garganta, dejándome una de las mejores sensaciones que he sentido en mi vida. La pena es que había muy poco líquido, por lo que se acaba demasiado rápido. Bueno, esto que me llevo.

–¿Cómo te sientes?

–Está muy rico–respondo aún concentrado en lo que acabo de saborear, no puedo quitármelo de la cabeza.

–Me refiero a algo físico–resopla después de hacer especial hincapié en la última palabra–Pensé que la había hecho bien–murmura. La verdad es que doy gracias porque no me haya hecho nada horrible esta pócima. Nada en mi ha cambiado, ni para bien ni para mal. Además, como le veo un poco afectado por su “fallo”, decido no hablar hasta que no sea él el que rompa el silencio de nuevo.

Sin embargo, en vez de seguir con su típica cháchara para poder deleitarse con sus propias palabras y voz, éste lo único que hace es hacerme un gesto desganado con la mano en dirección hacia la pila de pergaminos que hay tirados en el suelo para que me ponga manos a la obra. Encima de que tengo que pasar por este puto calvario, tengo que recoger la mesa del laboratorio que ha montado en pocos minutos. Hago un poco de hueco como puedo y recojo todo lo que hay en el suelo.

–¿Me puedo poner algo encima? Me encuentro muy incómodo–digo con un hilo de voz porque me da mucha vergüenza esta situación y aún me siento demasiado humillado como para poder imponerme. Sin embargo, no he podido aguantar más el hecho de tener que estar completamente desnudo a su lado mientras tengo que concentrarme en otra cosa que no sea que no me mire.

–Mmmmmm–se lleva un buen rato “pensando”. Rezo porque sea “benevolente” otra vez y tuerza un poco su brazo a mi favor. Después de un eterno minuto, se levanta de la cama y va hacia una pecha que tiene al lado, coge una camisa rallada verde y plateada y me la lanza–Pensaba tirarla dentro de poco, así que no me importa.

Yo se lo agradezco muchísimo, internamente claro, porque paso de arrastrarme más. No pierdo el tiempo, me lo pongo en un par de movimientos ágiles y respiro con algo más de tranquilidad. Al hacerlo, mis fosas nasales se llenan de su fragancia hasta el punto de empalargame. “¿Éste hombre no lava su ropa o es que suda demasiado por las noches?” pienso, pero no le doy mayor importancia y me pongo a hacer sus trabajos.

Draco se vuelve a echar encima de su cama, sin deshacerla, y mira el techo en silencio. Yo le miro de reojo de vez en cuando porque quiero tenerle bien controlado y que no me pille desprevenido.

Los minutos pasan y cada vez se me hace más pesado seguir haciendo la tarea que se me ha encomendado. Progresivamente voy notando como la habitación comienza a ganar temperatura hasta llegar al punto que me resulta desagradable tener la camisa puesta del calor que tengo. Sin embargo, no pienso quitármela porque no tengo ni idea si Draco está dormido, ya que solo tiene cerrados los ojos pensando o haciéndose el dormido. Además, eso haría que estuviera aún más incómodo por volver a estar completamente desnudo ante un chico con problemas mentales.

Decido que es buena idea dejar mis hombros al aire para intentar airearme. Al principio es efectivo, pero el calor que siento sigue aumentando descontroladamente. Mis dedos están tan sudados que apenas soy capaz de escribir muy seguidamente porque se me resbalan por la pluma. Encima no puedo dejar apoyada mi mano en cualquier lado porque ya he dejado varias huellas en pergaminos en los que ya he escrito, haciendo un pequeño borrón apreciable por aguarlos.

Me levanto de la silla silenciosamente ya harto del sofocón que estoy aguantando e intento acercarme hacia la puerta para poder respirar algo de aire fresco. De pronto, noto como el ambiente se ha cargado muchísimo más y, como si no fuera poco, el olor de la camisa de Draco se hace aún más intenso, llegándome a marear un poco. Tropiezo con un zapato que estaba por medio de la habitación y me giro rápidamente hacia atrás para comprobar que no se ha percatado de que me he movido de mi sitio. Afortunadamente no encuentro ninguna respuesta en su cuerpo, aunque no puedo dar por sentado que eso signifique que esté dormido. De él me espero el hecho de que me engañe incluso con eso.

Espero unos segundos a que todo siga normal y sigo caminando hacia la puerta, la cual ya está bastante cerca. Cuando llego, tengo que apoyarme contra ella porque mis piernas han flaqueado levemente porque siento como un profundo calor ardiente vuelve a azotarme la entrepierna y me hace temblar las extremidades. La sangre no tarda en llegar a la zona para endurecer mi miembro en un tiempo récord.

Mi respiración se dificulta y siento un profundo desagrado al inhalar porque el aire caliente que entra en mis pulmones hace que me ahogue mucho más. Creo que jamás había probado un agobio tan potente como el que me está sacudiendo en estos instantes.

Llevo mis temblorosas y sudadas manos hasta el pomo romo de la puerta, el cual no puedo girar porque no soy capaz de que mis manos de adhieran un mínimo. No es hasta varios intentos después, que me doy cuenta de que es mejor que utilice la camisa de Draco para poder lograr mi fin.

El puño por fin gira y, de la ansiedad que me está carcomiendo, realizo un movimiento tan brusco que hace que se escuche por toda la habitación el sonido de que he logrado abrir la puerta. Contengo la respiración y unos sudores fríos florecen por todo mi cuerpo provocándome un malestar aún mayor. “Por favor, espero que estés dormido” deseo con todas mis fuerzas.

Escucho como el cuerpo tumbado de Draco se revuelve por la cama y me temo lo peor. Sopeso si es mejor idea salir corriendo de este horrible sufrimiento o quedarme quieto a ver qué es lo que pasa. Desecho la primera idea puesto que es evidente de que de esta escuela no voy a poder escapar y me va a acabar acorralando, como siempre, tarde o temprano. Un tirón demasiado placentero en mi entrepierna hace que me baile una pierna y caiga al suelo de rodillas. Por suerte, consigo retener el gemido producido por una mezcla de dolor y gozo.

–Ni se te ocurra–escucho tras de mí una voz adormilada y más ronca de lo normal. Trago saliva esperando el inminente ataque que me pueda soltar. No dudo cerrar la puerta lo más rápido posible pues no quiero volver a sentir ese dolor tan agudo de hace unas horas. Ya es lo que me faltaba.

Sin embargo, no hay ninguna respuesta más por su parte. La habitación se vuelve a quedar en silencio, haciendo que pueda escuchar los fuertes latidos que me aporrean el pecho. Giro lentamente la cabeza hacia su cama para ver qué es lo que está ocurriendo y me lo encuentro en el mismo modo que antes con la diferencia de que se ha volteado un poco hacia mi izquierda. ¿Estará hablando en sueños o de verdad me está vigilando de la forma más calmada que conoce?

De pronto un enorme relámpago de placer me sacude todo el cuerpo y esta vez no puedo evitar soltar un gemido ahogado. Me llevo ambas manos a la entrepierna para intentar calmarla, desconcertado por lo que estoy sintiendo. Jamás en mi vida habia experimentado un sentimiento como este. Mi cuerpo se siente débil, mi entrepierna me duele de lo excitada que está y la temperatura de mi cuerpo es similar a cuando me entra un buen resfriado que logra dejarme en la cama por varios días. Menos mal que Draco tiene la pretensión de tirar esta camisa, porque al tocar mi miembro puedo notar como una considerable mancha húmeda se agranda por esa zona.

Miro por los alrededores del cuarto esperando poder encontrar algo que me pueda ayudar, mas con este sofoco y excitación soy incapaz de pensar con claridad. La cabeza me comienzo a dar vueltas e intento gatear para volver al escritorio o ir al armario cercano, a ver si por suerte tiene alguna poción que me pueda hacer algo para sacarme este estado. No sé, tiene la pinta de que este muchacho tiene cosas muy extrañas por aquí.

A pesar de mi enorme empeño, una fuerza mayor consigue derrotarme y me quedo a mitad del camino. Consigo, con lo poco que me queda, apoyarme con la espalda en la pared para no caer redondo en medio del suelo, completamente indefenso. “¿Qué coño me está pasando?” grito en mis adentros porque no soy capaz de comprender nada. ¿Es que se me acaban de revolucionar las hormonas como mis padres me comentaron en una de esas charlas innecesarias sobre sexo o tiene algo que ver lo que me ha dado ese mal nacido?

Mis manos comienzan a moverse solas, tocándome la barriga de forma tan sensual que me replanteo si de verdad soy yo el que lo está haciendo. Miro hacia la cama para observar si Draco se está percatando de las cosas perversas que me estoy haciendo, pero sigue como antes. Su cara está igual de relajada que hace pocas noches atrás y uno de sus mechones rebeldes de pelo le cae por la frente, dándole un toque desarreglado que le queda demasiado bien.

Mierda, no soy capaz ni de controlar mis propios pensamientos.

Sigo rozándome la tripa hasta llegado a mi pecho, rozándome tímidamente los pezones. Inexplicablemente, eso me produce que las corrientes candentes que me están atacando se intensifiquen a cada roce, dejándome claro que puede que sean un punto erógeno de mi cuerpo del que no tenía constancia hasta ahora. Una de mis extensiones sube hasta mis labios para comprobar lo húmedos que los tengo y se introducen un par de dedos en mi boca a la vez que la otra baja hacia abajo para agarrar mi miembro por encima de la camisa que lo cubre.

Los ojos se me ponen en blanco y mi espalda se arquea tanto que siento que se me va a coger de un momento a otro, pero no me importa. Me presiono la lengua hacia abajo sin saber por qué y luego me muerdo los dedos en una de las palpitaciones tan jodidamente penetrantes que me están llevando por un camino demasiado apetecible. Ni si quiera he sido capaz de resistirme a ninguno de los estímulos desde que todo esto empezó.

Mi respiración agita toda la habitación y, aunque tengo miedo de que eso llame más aún la atención de Draco, hace que todo esto sea más excitante. Joder, es que justamente se ha volteado hacia el lado donde me encuentro yo y solo tiene que tener los ojos un poco entreabiertos para que me vea con total claridad. Bueno, si ese mechón indomable le deja claro.

Por mi mente se pasa la sucia idea de que este momento puede mejorar mucho más si me desabrocho cuando antes la camisa, para volver estar desnudo y sentir esa vergüenza de que mi acosador pueda verme en este estado. Me encantaría estar en mis cabales y decirme que no a mí mismo y adecentarme, pues eso sería lo más acertado si tenemos en cuenta mi posición en este juego de mierda. Pero antes de que pueda darme cuenta, la mano que tenía en la entrepierna ha subido un poco para desabrochar los botones con torpeza mientras mis dedos aprietan con mayor fuerza la lengua hasta producirme un agradable dolor. Por suerte, sigo teniendo algo de coherencia y cruzo mis piernas para que no pueda verse mi pene tan fácilmente, adoptando una postura incómoda pero que a la vez aviva más las llamas de mi interior.

A cada botón que consigo desabrochar crecen mis ganas de seguir haciendo locuras. Solo con decir que al final cuento que son diez, ni si quiera soy capaz de pensar las palabras exactas para poder describirlo. Muevo un poco los hombros para que la camisa resbale por mis hombros y caiga al suelo, aunque aún tenga las mangas puestas. Me siento expuesto y muy cachondo a la vez. Una película de sudor recubre todo mi cuerpo y puedo notar como se me han pegado los cabellos a la cabeza de lo mojados que están. Los ojos se me van para todos los lados, impacientes porque siga la fiesta y mis manos, bueno, ellas no han dejado de perder el tiempo desde que comenzaron su ruta.

Me tiembla cada célula de mi cuerpo y un pinchazo en la espalda me recuerda la tensión que estoy soportando. Pero no quiero cambiar de postura por muy incómoda que sea, no sé por qué. Ahora mismo siento que no me arrepiento de nada de lo que pueda hacer, como si las únicas consecuencias que pudieran acarrear de mis actos fueran conseguir ese placer que tanto está ansiando mi cuerpo en estos instantes. Estoy sediento de él, quiero más, mucho más.

Todo lo que pueda conseguir.

Paso la palma de mi mano por mi cara y pelo, dándome igual que los esté llenando de mis propias babas. No puedo manejar este descontrol que me está dominando enteramente. Tiro de mi pelo en mi último intento para volver a un estado racional donde luego no me pueda arrepentir de nada de lo que pueda suceder, mas como todo intento anterior, es en vano.

Es en este momento cuando mando todo al carajo y decido abrir mis piernas a los ojos de Draco, si es que de verdad me está observando, y pueda verme en mi más completa locura. Siento como el aire que me acaricia mis zonas más íntimas, y jamás vistas por otra persona que no fuera por mi familia cuando era pequeño, al hacerlo, me lleva a un nivel superior. El simple hecho de que exista la posibilidad de que todo este tiempo haya estado exclusivamente atento a mi mientras yo he hecho cosas eróticas hace que mi miembro tiemble de placer. Es más, un gruñido considerablemente sonoro sale por mi boca y lo único que soy capaz de hacer es de apretar aún más los cabellos de entre mis dedos y volver a poner los ojos en blanco.

Mi respiración vuelve a crecer y mi mente se nubla de tal forma que lo único que logro entender con claridad es que quiero más. Ya me he encendido del todo.

A pesar del hecho de no haberme quitado la camisa me dificulta los movimientos, adoro lo que produce en mí cuando no consigo llegar a la zona donde deseo que me magreen mis manos. Agarro fuertemente mi miembro, sintiendo como respuesta un mayor endurecimiento (si es que esto puede ser posible) de él. Mi mano comienza a moverse lentamente intentando que esto dure lo máximo posible, porque siento que estoy a las puertas del cielo y esto solo puede significar una cosa.

Por desgracia, se me comienza a cansar el cuerpo y mis piernas ya no son capaces de mantenerse tan abiertas como a mí me gustaría. Por ello, me ayudo con la extremidad que tengo “libre” y me agarro una de ellas para tirarla hacia mí, llegando a apoyármela casi en el hombro.

Es en este momento cuando mi mano se vuelve loca y acelera los movimientos, llevándome a mi límite tanto físico como emocional. No sé cuántos gemidos se escapan de mi boca ni si son lo suficiente sonoros como para armar un buen escándalo, solo puedo concentrarme en lo que está explotando en mi entrepierna y no soy capaz de asimilar. Cierro mis ojos con fuerza desenado que este momento jamás se acabe.

–Hhha

Pero lo hace y por todo lo grande. El diafragma se me congela y aprieto mi barriga hasta el límite de que me hago daño. Pero nada es suficiente para soportar la ola de placer que me acaba de engullir en sus fauces y me desgarra el pecho. Noto como un líquido mucho más caliente que mi cuerpo me mancha parte de la barriga, pecho y cuello victoriosamente. Su calor hace que se intensifique un poco más todo lo que ocurre.

No sé por cuánto tiempo estoy en una especie de limbo divino al que ya quiero volver a visitar, pero cuando se pasa, caigo totalmente rendido y sin la aptitud de mover ni un átomo de mi cuerpo. Ni si quiera mis párpados son capaces de levantarse.

Es como si ahora estuviera flotando sobre lo que casi me ha ahogado de placer y, qué cojones, me dejo llevar.

Capítulo 13 – Desnúdate

Ha pasado como media hora desde que me dijo que iba a venir a buscarme y aún no ha hecho acto de presencia su alteza. A decir verdad, no me ha dicho ningún lugar en concreto donde nos tenemos que ver, por lo que he decidido quedarme en mi cuarto con la esperanza de que se olvide del hecho de que le encanta joderme y llegue el día de mañana sin ningún problema. Sí, sé que soy un iluso, pero la esperanza nunca la pierdo.

El tiempo sigue pasando y yo no soy capaz de hacer otra cosa que no sea morderme cada uno de los dedos de mis dos manos por el nerviosismo. Por suerte o desgracia, no están ninguno de mis compañeros de habitación, por lo que al menos no tengo que estar aguantando sus insípidas conversaciones mientras estoy sufriendo en mi interior.

Al menos no me va a costar tanto decirle que no a la cara cuando estemos a solas, aunque tengo miedo de lo que pueda ser su reacción al ver que me niegue. Ha sido muy raro como me ha tratado hoy, no es como usualmente lo suele hacer. “Creo que está tardando tanto a propósito, porque si de verdad quisiera que se los acabe antes de mañana, no creo que haría perder el tiempo de esta forma” me digo a mi mismo. Este chico es de lo peor que he conocido como persona y ya me está sacando de quicio.

Pierdo otro cuarto de hora entre agonía y tembleques por cada ruido cercano que escucho. Molesto de tener que estar siempre a los pies de su majestad, me levanto de la cama con mis sentimientos evolucionando a ira y voy hacia la puerta para salir de aquí y dejarle ya clara mi negación a la mierda de juego que lleva conmigo. Lo gracioso es que, justo al abrir la puerta, me lo encuentro con los nudillos a punto de golpear el aire. Un quemazón muy desagradable sube por mi garganta con el objetivo de salir por la boca sin mi permiso.

–Vete a la puta mierda, Draco–remarco todas y cada una de las palabras, saboreándolas placenteramente. Luego, me dispongo a cerrarle puerta en las narices y lo más fuerte posible.

Sin embargo, la puerta rebota sobre uno de sus pies, el cual ha conseguido moverlo muy rápidamente para lograr que esta no se cerrara en sus morros. Al parecer no está tan malherido después de todo y se encuentra bastante alerta.

–Ya te gustaría a ti librarte de mi–abre la puerta totalmente y se adecenta los ropajes que se le han movido por las leves corrientes de aire creadas por ella–Vamos, acompáñame a mi habitación. Habíamos quedado allí y me has tenido esperándote más de cinco minutos.

Me quedo un tanto confuso porque ha ignorado lo que le acabo de decir. O sea, no es la primera vez que lo hace, pero nunca lo ha hecho cuando ha le he dedicado algún insulto. Veo como su figura desaparece por el pasillo y yo me quedo estático en el sitio mientras sus pasos se alejan. Si de verdad piensa que voy a ser su mascota, la lleva clara.

–No voy a ir–digo medio por lo bajo porque he descargado demasiada raba en el anterior comentario despectivo y me dispongo a cerrar la puerta con el fin de dejarlo fuera.

–¿Qué no que?–Aparece como un rallo de nuevo en el portal y su ceño ya se está comenzando a fruncir como usualmente lo hace en mi presencia o cuando le toco las narices­–Perdona, es que no he escuchado bien con ese susurro de voz de un miedica.

–Ya me he cansado de ti–no sé como esta frase ha conseguido sobrepasar todos mis muros de vergüenza, mas estoy muy agradecido de poder haberlo hecho. Aprovecho este subidón para seguir con mi discurso, solo espero que alguien nos esté escuchando–Eres un puto niño mimado al que se la pone dura que un hombre le coma la poll…

De pronto se abalanza sobre mi alertado por mis palabras y su escuálida y fría mano consigue taparme la boca antes de que pudiera terminar lo que tenía pensado. De mientras, la otra la engancha en mi nuca para poder hacer fuerza para callarme. Vaya, parece que no quiere que nadie se entere de ese secreto tan oscuro que comparte conmigo. Por suerte, ha cometido el error de haber respondido de forma que se haya dejado indefenso por el miedo a que alguien me escuchara y pienso explotar este momento.

Con mi brazo más fuerte le devuelvo el ataque, aunque al principio dudo de si pegarle un puñetazo en la boca del estómago o agarrar su impoluto pelo engominado hacia atrás. He de admitir que lo segundo me provoca una especie de placer puesto que arruinar ese horrible peinado ha sido algo que se me ha pasado varias veces por la cabeza, así que es una decisión bastante fácil. Solo de pensar en agarrarle por la parte que él más cuida de su estética me llena el pecho de algo que no logro describir.

Mis dedos se hunden y enredan agradablemente sobre sus cabellos de la nuca y aprieto el puño con fuerza, dándole un tirón hacia atrás para moverle la cabeza y dejarle sin que pueda ver lo que estoy haciendo. Siento como su sedoso pelo engominado me hace cosquillas y sus manos van hacia la mía para intentar que lo suelte. Se nota que le ha pillado por sorpresa porque sus ojos se han abierto como platos en cuanto ha notado el tirón sobre su pelo. Poderoso, me acerco lo máximo posible a su cuerpo y pego mi boca al oído para que escuche perfectamente lo que tengo que decirle. Ahora noto lo que creo que siente él cuando logra imponerse sobre los demás por la fuerza, y se siente demasiado bien.

–He dicho que ya estoy cansado de ti–le pego un tirón al ver que que me está arañando la mano con la que le tengo atrapado y suelta un leve gemido de dolor. Dios, que bien ha sonado eso–Sé que me has estado tomando el pelo con esa mierda del juramento inquebrantable. ¿Piensas que soy tan tonto como para no poderme a investigar qué mierdas has intentado hacer conmigo? Seré nuevo, pero no me chupo el dedo. Solo fuimos dos y falta una tercera persona–Mi pecho grita de euforia y, aunque me sienta mal por comportarme de esta forma, no puedo contenerme por más tiempo. Ahora paso a hablarle con un susurro–Ahora escúchame bien, quiero que me dejes en paz y que jamás te vuelvas a acercar a mi. Da gracias porque no quiera vengarme por lo que me hiciste la otra noche, puto enfermo pervertido.

Tiro lo máximo que puedo de su cabellera hasta que consigo desestabilizarse y se cae de bruces. Cuando eso pasa, libero mi mano llevándome unos cuantos pelos en ello. Que pena que no haya nadie por los alrededores para ver como caía el rey de los idiotas. La vena hinchada de su frente está amenazando con explotar como siga acumulando tanta rabia. Yo le sonrío de la misma forma que cuando es él el que consigue someterme y le hago un gesto con la cabeza para que desaparezca de mi vida.

–Vas a tener que hacerte tu mismo los deberes, no hay nada que me obligue a hacértelos.

Mi corazón retumba por todo mi pecho y siento como todo mi cuerpo se llena de una energía revitalizante, llegándome a poner los bellos de punta. Tomo una enorme bocanada de aire, notando como mi cuerpo pesa muchísimo menos por lo que me acabo de quitar de encima. Debería haber hecho esto antes, aunque claro, no conocía el hecho de que se estaba quedando conmigo.

Le veo dudar sobre lo que hacer, pero creo que se ha amedrentado lo suficiente como para que salga de aquí con el rabo entre las piernas, puesto que sabe que su maravilloso plan de tenerme como sirviente se le ha ido al traste. Tarda más de lo que me gustaría en levantarse y, sin mediar más palabras, se da la vuelta y sale de mi habitación con los puños cerrados y la mandíbula muy tensa.

–Ah, y adecéntate un poco, no querrás que el resto del mundo te vea con esos pelos de loco que llevas–pongo la guinda al pastel y me relamo los labios al ver como uno de sus ojos se cierra más que el otro de la rabia. Es un maldito perro albino rabioso.

Cierro la puerta tras su salida y me apoyo sobre ella para respirar de la emoción. En mi cara se dibuja una enorme sonrisa y me entran ganas de gritar de alegría, saltar, hacer volteretas o lo que sea. Necesito moverme porque el cuerpo se me ha llenado de tanta adrenalina que debo soltarla de alguna forma. “Creo que me voy a subir a la cama de mis compañeros y voy a saltar sobre ellas” pienso y mi cuerpo no tarda mucho más en llevarlo a cabo. De un salto, me subo a la primera que se interpone en mi camino y brinco con todas mis ganas.

Sin embargo, ese sentimiento no dura mucho tiempo en mí. Mi cuerpo, rápidamente, comienza a sentirse tan mal, que caigo rondo sobre el colchón de la cama y, mi cabeza, sobre el cabecero de esta, desorientándome del dolor.

–Crucio–me llega el eco de una palabra dicha momentos antes. Es la única información que es capaz de penetrar mi mente en estos instantes.

Retuerzo mi cuerpo sin cesar con la esperanza de que este terrible sufrimiento desaparezca cuanto antes. Siento como si mi cuerpo fuera acuchillado repetidamente y en su totalidad a la vez por millones de cuchillos ardientes, llevándolo a agonizar como jamás lo ha hecho. Mi visión se vuelve oscura, me pitan los oídos y creo que mi cabeza va a estallar. Quiero llorar de desesperación con todas mis ganas porque esto es insoportable y no logro hacer nada que consiga calmar este horror. Jamás había sentido un daño tan intenso sobre mi cuerpo. Creo que me voy a morir.

–AYUDAAAAA–Grito desesperadamente con todas mis ganas pidiendo que alguien me rescate, aunque no sé si estoy emitiendo sonido alguno. Por suerte, termina en cuanto termino lo hago.

Me quedo inmóvil con la cara llena de lágrimas sobre la cama, me cuesta incluso respirar de lo intenso que ha sido el dolor y sigo sin entender qué es lo que me ha pasado. Escucho pasos acercarme a mí pero mi cuerpo se encuentra tan débil que ni si quiera soy capaz de ver quien es, aunque me lo supongo.

–¿Estás de verdad seguro que solo ha sido un truco el juramento? –Su voz odiosa me devuelve a la realidad–Porque yo creo que has estado al borde de la muerte.

No puede ser real, tiene que ser otro truco de los suyos. Pero, ¿de verdad es capaz de hacerle esto a una persona solo con un hechizo? He sentido como me estaba muriendo como el ha confirmado. La cabeza me comienza a dar vueltas y no consigo concentrarme en nada de lo que me rodea. Bueno sí, en el enorme chichón que me está saliendo en la nuca.

La cama se hunde por una de las esquinas y mi cuerpo se deja caer como un peso muerto hacia allí. Cuando mi visión mejora, logro ver como es Draco el que se ha puesto de rodillas al lado mía y lleva sus brazos hacia mi.

–No quiero que me vuelvas a desobedecer, Anderson–dice poco antes de rodearme el cuello y apretarlo con ira.

Al principio hago como que no me importa lo que está haciendo y que paso de él, mas cuando ya siento que me falta el aire, comienzo a patalear y a darle manotazos para que me suelte. Pero no lo hace, sigue ahogándome con esa sonrisa victoriosa que tanto odio. “No creo que me vaya a dejar morir si tanto me quiere como su sirviente” deseo. Mis incesantes intentos por respirar solo consiguen ponerme aún más nervioso y mi visión se nubla.

–Ahora tendrás tu castigo para que aprendas a ser sumiso–por fin afloja sus manos y se quita de encima mía, poniéndose de pie–Yo he intentado que fuera por las buenas, pero no has parado de luchar contra mi­–respiro como si me estuviera alimentándome de aire a la vez que me pongo a toser por el dolor que me produce.

Por un lado, ya me encuentro mucho mejor del dolor agónico que he sufrido, pero por el otro, siento como las venas de la cabeza me palpitan fuertemente y la garganta me escuece. Le escucho inmóvil esperando mi sentencia porque haga lo que haga, él siempre va a tener ventaja sobre mi. Nada de lo que he intentado para resistirme me ha salido bien, solo he conseguido que me tratara mucho peor de lo que ya hacía. Me siento perdido porque no quiero aceptar ser lo que él quiere que sea. No es mi dueño por mucho que quiera parecerlo, pero no soy capaz de hacérselo notar. Lo único que me queda es aceptar que no me va a dejar tranquilo al parecer.

–Incorpórate–dice imponente mientras se acomoda el pelo revuelto. Con mucho dolor, hago lo que me ha ordenado–Bien, ahora quiero que te quites toda la ropa y la dejes encima de tu cama doblada.

–¿Qué? NO– Me niego rotundamente ¿Esto es lo que tiene él por castigo? Ya estaba demasiado avergonzado porque dijera en voz alta lo que había hecho el otro día como para que ahora corra el riesgo de que le vean conmigo mientras yo estoy desnudo. No entiendo qué es lo que pretende. Tiene idea demasiado turbas.

–Crucio–eleva la varia hacia mí y mi columna vertebral se retuerce de tal forma que mi cabeza queda apoyada sobre la cama y mi espalda arqueada. Todo mi cuerpo vuelve a ser infinitamente acuchillado y, cuando estoy a punto de gritar con todas mis ganas, el dolor cesa–Tranquilo, no te voy a tocar.

Desorientado de nuevo, tardo en decidir qué es lo que debo hacer. No deseo tener que sufrir de nuevo, por lo que me quito la túnica con timidez mientras sus ojos no dejan de mirarme directamente a los míos. “¿Por qué me haces esto?” pienso apenado y luego me quito la corbata y la camisa, doblándolo todo para retrasar lo máximo posible el tener que quitarme los pantalones. Aún no he descartado que todo esto pueda ser una broma para ver hasta donde soy capaz de llegar. Ojalá sea eso.

–Un poco más rápido, no tengo toda la noche–demanda y hace el ademán de levantar la varita para apuntarme. ¿Será un hechizo que hace que el la persona afectada por el juramento sea avisada de que lo va a quebrantar? El profesor Flitwick no mencionó nada de esto, aunque yo podría haberle alguna que otra pregunta más. Lo único que sé es que prefiero cualquier cosa a eso.

Me levanto de la cama ya que no soy capaz de quitarme los pantalones si estoy sentado y miro hacia la puerta con vergüenza de que alguien pueda pasar alguien pronto. “Al menos podría cerrarla” me quejo en mi interior. Draco me sigue con su mirada y da un paso hacia atrás. Eso me alivia dentro de lo que cabe, aunque también me intriga por saber qué es lo que pretende hacerme como castigo porque seguro que no se quedará solo en esto.

Desabrocho los botones poco a poco, pero no muy lento como para hacerle perder los nervios a Draco. Me está costando muchísimo obedecerle pues siento muchísimo pudor sobre mi cuerpo, y más teniendo en cuenta de lo que pasó el otro día y está él delante. Sus intenciones no son buenas y no quiero que me haga seguir con esto. Siempre me ha tenido atrapado por mucho que haya intentado salir huyendo.

En cuanto no queda ningún botón, estos se caen al suelo y una corriente caliente me sube por la entrepierna puesto que sus ojos se dirigen hacia ella. “No no no no, este no es el momento, deberías solo sentir vergüenza Daniel” me autocastigo, aunque no sirve de mucho porque mi miembro se está llenando de sangre inconscientemente a pesar de que no le doy permiso. Luego vuelve a clavarme la mirada. Creo que esto es mucho peor que lo del otro día, al menos fue él el que me manejó y no yo por mi “propia voluntad”.

Doblo los pantalones con esmero y me concentro en esta acción para ver si consigo distraerme de la quemazón que me está excitando. Funciona, aunque no enteramente, ahora solo es un leve cosquilleo lo que siento. Me doy la vuelta para dejar el pantalón en la cama y siento como él toma una gran bocanada y el aire caliente que suelta mece todos los bellos de mi cuerpo. “Mierda” mi miembro se me vuelve a descontrolar y, encima, ahora es cuando me toca quitarme los putos calzones.

Decido que cuando antes lo haga mejor porque parece ser que va muy seguro de que quiere que me quede totalmente desnudo delante de él. Aguanto la respiración y agarro mi ropa interior con ambas manos, estirando un tanto la cintura elástica de éstos. Rezo porque sus ojos no vayan de nuevo hacia abajo, porque creo que la erección va a ser un tanto notable si no hay nada que la cubra. Cierro los ojos y me los quito, dándome rápidamente la vuelta para doblarlos, coger el resto de la ropa y dejarla sobre mi cama como me ha demandado.

Siento como mis glúteos bailan por la libertad que tienen y como mi miembro me roza la barriga cuando me medio agacho para dejar la ropa. No quiero darme la vuelta y ver como va a haber al menos una persona mirando mi cuerpo desnudo de arriba abajo. Comienza a apretarme la entrepierna y me muerdo el labio castigándome por ponerme así y rebajarme aún más de lo que él pretende. Pero joder, es que no quiero volver a sentir ese horror.

–Ahora, como te dije antes, sígueme hasta mi habitación–escucho sus pasos alejarse hacia la puerta.

Mi cuerpo siente un gran tirón frío al darse cuenta de que voy a tener que salir de aquí en la forma que me encuentro, aumentando las posibilidades de que muchas personas me puedan ver muy empalmado. Quiero decirle que no, como lo hice antes, pero el miedo me supera y me acerco hacia la puerta donde él me espera de espaldas. Por qué tiene que ser una persona que disfruta con el sufrimiento ajeno.

Me escondo como puedo de que no tenga la oportunidad verme ni por el rabillo del ojo y me cubro mis partes lo máximo que me permiten mis manos y brazos. Draco comienza a moverse sin hacerme ninguna señal y yo tardo en reaccionar en que debo salir ya de mi habitación. “joder joder joder, que no haya nadie por favor“. Draco echa la mirada hacia atrás y yo le comienzo a seguir rápidamente para evitar cualquier nuevo incidente. Por suerte, el pasillo en el que estamos se encuentra vacío, aunque quien sabe dónde esta la habitación de Draco y si habrá alguien de por medio.

–Quítate las manos de ahí–me ordena a la vez que clava de nuevo sus ojos sobre mí, haciendo que nos paremos en medio del pasillo. Por no quedarme más tiempo, hago lo que me dice.

Quiere hacerme sufrir todo lo posible, humillarme públicamente porque ya no creo que le queden muchas cosas más con las que poder joderme. Muy a mi pesar, sigo sus pasos como un tonto y un escozor en los ojos acentúan mi vergüenza. Encima, por el movimiento de mis caderas, mi miembro va de un lado hacia otro sin control, haciéndome sentir mucho más doblegado por su poder. Mi visión se vuelve como la de un túnel, donde solo puedo ver la ancha espalda de Draco con claridad. “Quiero que pase esto ya” siento que en breve me voy a echar a llorar de la vergüenza.

Éste se para de repente y yo hago todo lo posible para no chocarme con él de lo distraído que estoy. No quiero que su cuerpo toque el mío porque ya es lo que me faltaba.

–Entra–dice una vez ha abierto una puerta y yo no espero ni un segundo más fuera, a la exposición pública, y sin ni si quiera saber qué es lo que hay dentro. Puede que sus planes malévolos fuera meterme dentro de una habitación llena de gente para que esta se burle de mí mientras yo no tengo escapatoria, haciendo que todo el mundo viera el espectáculo que montaría de los nervios.

Sin embargo, hemos entrado en una habitación bastante espaciosa y que dispone de una sola cama bastante ancha que, en comparación con la mía, es dos veces mayor. Hay bastantes estanterías y un par de ventanas que emiten esa luz verdosa y tenue que baña todas las mazmorras. Está bastante decorada con cosas verdosas y doradas, como la sala común, aunque aquí hay una mayor presencia de este último color. Seguro que es su habitación o, más bien, su sala de torturas. Puedo ver como encima de su escritorio hay varios pergaminos, los cuales supongo que son esos deberes que tanto quería que hiciera.

–Ahora es cuando comienza tu castigo, esto solo ha sido para ver cómo reaccionabas–su aliento me roza el cuello, aunque no llega a tocarme físicamente con su cuerpo como me ha prometido–Es…–hace muy sonora e intensa la s–muy interesante.

Capítulo 12 – Noche estrellada

Qué decir, estos dos días sin la presencia de Draco y con la buena noticia que me dio el profesor Flitwick, me he sentido más a gusto y seguro que en toda mi estancia en esta escuela. Siento que por fin he encontrado algo con lo que poder hacerle frente y, encima, no requiere fuerza física ni mágica de por medio, solo la astucia para poder jugar mis cartas bien. Digo esto puesto que no pienso subestimarlo más, prefiero ponerme siempre en lo peor y así pues no me llegue a asustar cuando cualquier cosa pase. Además, no puedo malgastar mis dos ases bajo la manga así por así, aunque por otro lado, es la primera vez que tengo un plan B por si acaso el A falla. ¿Me podrían salir mejores las cosas?

He conseguido ponerme tranquilamente, con el tiempo libre que he tenido, mucho más que al día. He adelantado varios trabajos por si necesito centrarme en otras cosas cuando el momento llegue. Lo tengo todo pensado. Además, ya estoy asistiendo a varias clases con los alumnos de mi año, las cuales apoyo con otras más particulares para ayudarme a que no tenga carencias en nada. Joder, todas las personas que no tienen que ver con mi casa me tratan de maravilla y me siento mucho más integrado con ellos que con las víboras con las que me ha tocado convivir. Han llegado a decirme varios alumnos que no entienden qué es lo que hago en esa casa, pues ni tengo la personalidad ni la maldad que muchos de ellos poseen. No soy el típico Slytherin y yo les doy toda la razón y solo sé encogerme de brazos y tragarme la envidia que siento hacia ellos. Por la suerte que han tenido.

Por otro lado, Luna se ha comportado demasiado bien conmigo. Como me ha visto más animado, ha ido presentándome a varios amigos o conocidos suyos para que vaya aumentando mi repertorio de personas a las que conozco. Tengo que admitir que muchas de ellas son estudiantes muy raros, pero la verdad es que no me han caído para nada mal. Incluso me ha presentado a una chica preciosa de pelo rizado y con conocimientos muy avanzados de todo que me ha dejado boquiabierto. Creo que sorprendido es poco porque no me esperaba que en un colegio de magos también hubiera los típicos empollones, aunque no sé por qué he pensado que podría ser diferente. Creo que, además, la he visto alguna que otra vez con la nariz metida en la biblioteca, ya que su pelo tan característico me suena de haberlo visto en algún lado.

Ayer decidí que era buena idea escribir, por fin, una carta, después de tanto tiempo sin tener noticias de mí, a mis padres contándoles un poco cómo es mi vida aquí. Evidentemente, saltándome la gran mayoría de detalles para no tener que preocuparles. Seguro que en cuanto les cuente algo, me sacarán de aquí a rastras y yo no he estado luchando para que eso pase.

Les he agradecido muchísimo el hecho de que me hubieran dado dinero de más y les he pedido que me envíen, si pueden, algo más para reponer ese fondo de emergencias diciéndoles que por aquí es muy fácil mancharte o romperte el uniforme. “Cosas de magos y yo aún soy muy novato” les he explicado para quitarle importancia. Espero que no se lo tomen como algo preocupante, aunque dudo mucho que puedan venir a visitarme para ver cómo es esto siendo Muggles. Una profesora, tras una de mis muchas preguntas para saciar la gran curiosidad que siento por todo, me ha dicho que ellos no ven el colegio como nosotros lo hacemos por un hechizo.

Me he despedido con un “Nos veremos en navidad, no sé si os podré enviar muchas cartas, aunque me encanta recibir las vuestras. Os quiero” a ver si así me quito el peso de encima de tener que contactar con ellos muy a menudo. En este momento agradezco mucho que no me dejaran traer material tecnológico, puesto que si no mis padres estarían a cada minuto molestándome. Ha decir verdad, no me ha costado mucho esa transición, me refiero, he estado tan liado que se me ha olvidad por completo que yo tenía un móvil y unas redes sociales que suelo visitar con regularidad. “Algo bueno que me he quitado” pienso porque me sentía muy condicionado a él, a pesar de que me gustara tenerlo todo el rato entre mis manos.

Ahora mismo estoy en el comedor almorzando todo lo que me han puesto por delante, porque otra parte que han mejorado es mi apetito. Cosa que ha hecho que tenga aun más energía durante todo el día, aunque aún se me siguen marcando casi todos los huesos de cuerpo. Supongo que jamás dejaré de ser tan delgado.

Ignoro algunos comentarios despectivos de los que están sentados a mi lado, ya que he aprendido de que, si haces esto, al final se cansan. Solo lo hacen para reírse de tu reacción y, si tienen suerte, meterse en alguna pelea para demostrar su “superioridad”.

De forma inminente volverá la presencia del diablo en persona y a medida que pasa el tiempo mis nervios van creciendo, aunque no como usualmente me ha pasado. Ahora estoy nervioso por volver a ver esa cara suya pasando miedo o viéndose en un aprieto. Además, también tengo que contar con la probabilidad de que la pueda cagar ya que no soy un experto en estos juegos. Siempre he sido una persona relajada y a la que nunca le salpicaba ninguna movida. Supongo que no podía mantenerme en esa zona segura durante toda mi vida, y ahora ha llegado el momento de hacer frente el tener que salir de ella.

Por la tarde, después de mis clases de Defensa Contra las Artes Oscuras con la única profesora que ha decidido tratarme como otro estudiante más que no necesita un trato especial por parte de ella, aunque tampoco voy tan mal porque es estudiar de memoria, quedo con Luna para dar un paseo. Mi última tarde tranquila hasta quien sabe cuando. Se ha traído además una amiga suya, que ya me presentó ayer, porque va a sus mismas clases y ya de paso le ha dicho que se venga. Cuantos más amigos pueda tener aquí dentro, mejor, a si que no me importa.

–Yo ya me he puesto a estudiar para los TIMOS–dice Evelyn, la amiga de Luna–Estoy tan nerviosa que si no empiezo ya no puedo pegar ojo en toda la noche.

–Wow, qué aplicada–le responde Luna y hace un mohín–Yo aún no he empezado, el Quisquilloso me trae demasiado ocupada últimamente.

–¿Qué son los TIMOS?–llevo aguantándome un rato la pregunta porque me daba vergüenza interrumpir su conversación, pero creo que estamos en la suficiente confianza como para mostrar mi enorme ignorancia sobre el mundo mágico y la escuela.

Evelyn se queda un tanto extrañada, puesto que, aunque sabe que soy nuevo a pesar de la edad que tengo, no tiene idea que yo jamás he escuchado hablar de la magia como algo posible y real hasta hace semanas. A Luna le hace gracia su expresión y suelta una risita agradable y se tambalea hacia delante y hacia atrás. Si no fuera porque ella actúa de forma tan amigable y sin ninguna intención de juzgarme por ello, ahora mismo estaría de los nervios.

Por suerte, cuando me mira y se da cuenta de que no es una broma, me explica este nuevo término. Al parecer, en la escuelas de magos, también hay una especie de exámenes muy decisivos los cuales te van a condicionar tu futuro como estudiante. Algo así parecido a la Selectividad, pero un par de años antes. Según me ha comentado, un TIMO o Título Indispensable de Magia Ordinaria es un examen que deben realizan los alumnos de 5º año para cada una de las 12 asignaturas, 6 obligatorias y 6 que dependen de las asignaturas que hayas elegido antes. La nota que saques te condiciona a que puedas seguir cursando ciertas asignaturas los años siguientes y, en algunos trabajos en el mundo mágico, te piden que tengas aprobados unos en específico. Esto me hace sentir como si estuviera aplicando para medicina con tanta competición y dependencia de una nota. Y lo peor de todo es que este no es el único examen con estas características, sino que en el último año, el séptimo, tienes uno mucho peor llamado ÉXTASIS.

–Vale, creo que es suficiente información por hoy–digo angustiado por no haberme librado de los exámenes tan decisivos y agobiantes, aunque haya cambiado por completo de sistema educativo–No me encuentro bien.

–¿Qué pensabas? Los muggles no son los únicos que son sometidos a pruebas que reflejan el nivel de conocimientos–creo que dice algo molesta por mi ignorancia.

–Al menos las pruebas prácticas son entretenidas–salta Luna para amansar a su amiga con una buena sonrisa.

–Ahora entiendo tu preocupación–intento ser empático para compensar.

El resto de la tarde pasa con normalidad, conseguimos olvidar mi enorme carencia en cultura general sobre el mundo mágico, llegado incluso a echarnos unas buenas risas mientras nos contamos anécdotas graciosas de nuestro día a día en la escuela. He de admitir que yo he sido básicamente el mayor participante porque les ha hecho mucha gracia todas mis primeras impresiones que sentí en los primeros días. Y lo entiendo, para ellas esto es algo normal, o sea, siempre ha sido su vida y es lo único que han conocido. Es su normalidad. Para mi, este ha cambiado por completo y me doy cuenta de los más pequeños detalles que ellas ni si quiera han llegado a darse cuenta de que podían ser de otra forma. Por ejemplo, yo toda mi vida he utilizado cuadernos de anillas o folios sueltos para hacer ejercicios o tomar apuntes, ahora tengo que hacer los trabajos o tareas en un pergamino y con una pluma. ¿Sabéis lo horrible que es mi letra aún escribiendo con ella y la cantidad de manchas y tachones que dejo sobre ellos? Echo de menos mi bolígrafo, mi corrector blanco y mi lápiz y goma.

Y ha decir verdad también echo de menos el móvil. Aún sigo buscándolo, inconscientemente cuando me levanto, en la mesilla de noche a ver si lo encuentro por algún rincón de ella para apagar la alarma.

La noche llega y con ella la hora de cenar, la cual llevaba esperando bastante rato con mi barriga quejándose de que no le doy de comer lo suficiente. Me apena el hecho de que ellas dos puedan comer juntas, porque pertenecen a la misma casa, y yo me tenga que quedar solo esquivando miradas y comentarios. Al menos estoy consiguiendo reducir mis interacciones con ellos lo máximo posible.

Pero el apetito, a la segunda mordida del trozo de muslo de pollo que he cogido, muy a mi pesar se me quita. Me lo termino como puedo porque no soy de esas personas que se deja la comida a la mitad y me voy a darle las buenas noches a Luna. Extrañado, voy hacia las mazmorras para encerrarme cuanto antes en mi cuarto, pero una idea fugaz se me cruza por la cabeza. En una de las anécdotas de esta tarde se ha hablado sobre la torre de astronomía y me han recomendado que la visite ya que es un lugar privilegiado para poder observar la noche. Evidentemente, como aún no tengo la asignatura pues no lo he visitado.

Como al parecer tengo tiempo hasta mi hora normal para irme a dormir, creo que será un lugar en el que pueda pensar y relajarme con las vistas. Mirar el cielo en silencio ha sido uno de mis pasatiempos preferidos desde que era un moco y, la verdad es que he estado tan distraído este último año, que no he tenido la ocasión de hacerlo por mucho tiempo. Es el momento de meditar para tener la mente despejada por lo que pueda venir. Mañana ya es el día donde se incorpora el señorito sociópata y el último día de la semana lectivo, así también me dará fuerzas para soportarlo y que se me pase todo rápido.

Para ser la hora de cenar, hay bastante gente por los pasillos a su rollo. Esto es una ayuda pues así me puedo dirigir directamente a la torre sin perderme o ir a la otra punta del castillo equivocado por mi orientación o poco conocimiento de cómo se llega a los cientos de lugares que hay en esta maldita y enorme escuela. Unos estudiantes de Hufflepuff me hacen incluso el favor de acompañarme hasta las escaleras que me llevarán hacia ella, lo cual se lo agradezco como tres o cuatro veces.

–Ojalá los de mi casa fueran como vosotros–les confieso en un arrebato de sinceridad–Todo sería mucho más fácil.

–Bueno, nosotros podemos decir lo mismo de ti–me responde uno de ellos mientras los demás se ríen agradablemente–No estamos acostumbrados a que se pueda hablar con uno de Slytherin.

Cuando paso el último escalón, tengo que darme un descanso por el esfuerzo que me ha supuesto. “Si que es verdad que es la torre más alta de Hogwarts” susurro sin aliento. La pequeña estancia se encuentra enteramente iluminada por la luz de la luna dándole un toque tenebroso, pero a es hermosa por las vistas que tiene. Me acerco a la baranda y me apoyo en ella. Desde aquí arriba se puede ver la puerta principal del castillo y, a lo lejos, el lago por el cual no fui en barca en mi primer día. Apoyo la cabeza sobre mis brazos y miro hacia el enorme orbe blanquecino con manchas grisáceas de diferentes tonos. Si no es luna llena, poco le falta para hacerlo me parece.

Algunos astros parpadean y otros se mantienen impasibles al paso del tiempo. Es de las pocas veces que he podido ver el cielo sin toparme con las luces de un avión que me confunden momentáneamente.

De pronto, mi vista se nubla. Parpadeo un par de veces para poder enfocar la vista en el majestuoso paisaje, pero no consigo que sea por mucho tiempo. Luego siento como la línea de agua y mis ojeras se están humedeciendo rápidamente. Las lágrimas comienzan a caer descontroladamente, provocándome una sensación de lo más extraña. Me llevo las manos a los ojos para secármelos, mas noto que eso no va a ser suficiente. “Puede que se me haya metido algo en el ojo” saco como conclusión. Con la manga de la túnica me seco la cara.

–Qué me está pasando­–susurro cuando veo que no tarda en volver el grado de humedad que tenía antes.

Sobre la barandilla se van posando cada vez más y más gotas.

–Por qué cojones estoy llorando–caigo al suelo sin dejar de mirar las estrellas.

No sé por cuanto tiempo me quedo así, reteniendo una vocecilla en mi interior que no me para de molestar. En mi pecho vuelve esa presión desgarradora que hace que mi llanto se vuelva aún más fuerte. “He venido aquí para pensar, no para llorar” me digo a mí mismo “supongo que no es tan fácil deshacerse de los recuerdos dolorosos por más que quiera“.

Cuando me escuecen los ojos hasta el punto de tenerlos hinchados y me amenazan con cerrarse, es cuando me levanto y me despido de las vistas. Bajo torpemente las escaleras y, esta vez sí, voy hacia las mazmorras para ir a mi habitación a dormir. Si es que consigo pegar ojo hoy, porque viendo lo sucedido no sé yo si será tarea fácil.

Aún hay alumnos paseando por los pasillos, aunque muchos menos que cuando vine hacia aquí, por lo que supongo que no habrá pasado tanto tiempo como me esperaba. Quedará poco para que el toque de queda. Doy gracias a que no me encuentro a nadie conocido por los pasillos puesto que mi rostro debe estar ahora mismo hecho un asco. Consigo entrar en la sala común de mi casa sin ningún percance, pero es aquí donde todo se complica. Ésta está bastante llena de estudiantes congregados alrededor de los sofás que hay en el centro.

Ya ha vuelto” me dice mi yo interior y se me tensa todo el cuerpo. Una corriente eléctrica muy desagradable me sube por la médula espinal, produciéndome un escalofrío muy desagradable.

Siempre tiene que aparecer en el peor momento posible, cuando no tengo las ganas ni la fuerza para poder hacerle frente. Tiene ese don, el de ser un impertinente de sobresaliente. Me armo de valor e intento mejorar mi cara todo lo posible, que al menos le cueste darse cuenta de que estoy afectado por sus acciones. No puedo seguir dándole ese poder sobre mí. Joder, mira que me he topado con matones a lo largo de mi vida estudiantil, pero ninguno ha sido capaz de lograr que le tema de esta forma. Ninguno ha podido llegar hasta donde este muchacho ha llegado, y tengo la sensación de que solo es el comienzo.

Él está sentado en uno de los sofás rodeado de bastantes estudiantes. Realmente solo puedo ver su nuca, pero ese cabello cenizo no hay quien no lo pueda reconocer al primer golpe de vista. Tiene a varias chicas medio atosigándole y a otros más que se ríen cuando él lo hace. Rezo para que esté lo suficientemente distraído como para no darse cuenta de mi presencia y aprieto el paso hasta las habitaciones de los chicos con la cabeza bien baja y sin volver a mirarle. A ver si sirve el truco de que si no miras a él tampoco tiene él por qué hacerlo. Estoy a punto de pasar al pasillo cuando su voz hace que se cree un muro mental e invisible el cual no puedo traspasar.

–¿Dónde crees que vas? –su voz suena divertida a la vez que un tanto tosca. Otro escalofrío recorre toda mi espalda, aunque consigo retenerlo para que no sea visible. Cierro los ojos esperando que suelte algo hiriente o que me pueda dejar en evidencia, ya que tiene muchas formas de poder hacerlo–Tienes muchas tareas que hacerme, en estos días en los que he estado malherido en la enfermería se te han acumulado unas cuantas–escucho risas de la gran mayoría de los que están presentes en la sala.

Me da miedo darme la vuelta, es más, creo que ni mi cuerpo me haría caso si le pido que lo haga. El muro invisible aún sigue presente y la presión social que ejercen todas sus miradas de mí ya que sí que no me van a dejar escaparme.

–Te las he dejado en mi habitación amablemente ya que no has sido ni para ayudarme a transportarlas con lo que me duele el brazo que me he fracturado–Maldita sea, odio que se las dé de persona buena y la víctima de cualquier cosa delante de todos. ¿Ellos también sabrán lo odioso y desagradable que es en verdad? Más risas y algunos comentarios acusadores se hacen eco a mis espaldas.

–Vale–Es lo único que consigo decir sin que me tiemble la voz. Sería maravilloso que ahora mismo le pudiera decir en toda su cara que no soy su sirviente como para que me trate así, mas tengo tal fobia social a veces que esto es muy descabellado para mí. Si sólo estuviera solo como siempre…

Hago el ademán de irme de aquí, pero me vuelve a parar.

–Mañana por la mañana los quiero todos terminados–Dice con desdén–Por tu bien que esto sea así.

–Yo…­–giro un poco mi cuerpo escondiéndome de sus miradas como puedo y le miro con el odio suficiente como para que no se note–No sé qué es lo que tienes que hacer.

Más risas. Dios, ahora me siento como una pulga al lado suya. Voy encogiendo por momentos. Me froto las manos con nerviosismo, haciendo que Draco sonría con satisfacción. Esa misma expresión que tuvo el otro día. El pánico se está haciendo muy patente en mi interior.

–Tendré que pasarme entonces, después de mi bienvenida, para tener que ayudarte–agrega con desgana y me hace un gesto con la mano como para que me pierda de su vista–Luego nos vemos.

Luego nos vemos” retumba su voz en mi cabeza.

El muro por fin desaparece y me deja salir, lo más rápido posible, hacia mi habitación. ¿Será por esto por lo que me he puesto a llorar como un poseso como antes? Solo dos días y medio ha durado la paz en mi interior. Ahora me veo otra vez atrapado en sus garras.

Pero qué es lo que estoy pensando, si ni si quiera tengo que hacerle caso, el juramento no es real. Es toda una burda broma para poder manipularme a su antojo. Aun así, a pesar de saber esto, siento que no debo tentar a la suerte y cabrearle. Ha llegado el momento.

Capítulo 11 – El dementor

Llega la mañana y con ella la hora de tener que levantarme. No es hasta en el cuarto intento que consigo despegar mis párpados cansados, aunque me están amenazando con volver a cerrarse como no me mueva y salga de la cama cuanto antes. Siento que a lo poco que haga para cambiar la postura que he mantenido desde que caí rendido ya de muy madrugada, me va a doler mucho. Lo presiento. Además, estoy segurísimo de que hoy va a ser uno de esos días en los que parece que me han atropellado una flota de camiones llenos hasta las trancas y han hecho cola solo para aplastarme. Creo que habré dormido, como máximo, dos horas y media o menos, mas ha merecido la pena, porque si no, creo que no hubiera sido capaz de haber pegado ojo.

A la mierda” cojo aire preparándome para el intenso dolor corporal y me destapo. Luego salgo de la cama antes de que mi cuerpo me pese tanto que me vuelva a tumbar en ella, seguramente no siendo capaz realizar otro intento, y me quedo mirando la pequeña ventana que hay en la habitación. Esa que está ahí más por estética que por verdadera utilidad.

Lo bueno es que ya estoy vestido y no tengo que perder las pocas energías que que he ganado en mi breve descanso para ello. Lo malo es que huelo a sudor de la enorme carrera que me metí ayer de vuelta a mi habitación junto con el olor de haber dormido con ella húmeda y caliente por mi cuerpo en tensión. Por suerte tengo algo de desodorante, que es un tanto oloroso, con el cual voy a poder disimular este hedor hasta la hora de comer, pero luego voy a tener que volver a echarme si no quiero apestar a media escuela. Mis compañeros me van a odiar hoy un poquito más que de normal.

El próximo fin de semana voy a tener que ir a comprarme ropa nueva. A decir verdad, debí haber previsto que esto iba a ser una locura y venir con ropa de más no me hubiera repercutido de forma negativa, pero yo solo podía pensar en lo necesario. Menos mal que mis padres me dieron algo de dinero para emergencias, el cual ya cambié a las monedas que se utilizan aquí. La cosa es que antes me parecía una tontería o innecesario que me lo dieran por que qué emergencia iba a tener yo entre magos que pueden hacer casi de todo. Hay veces que no pienso a lo grande.

Decido que no debería perder más tiempo tirando de mi propio cuerpo y que tengo que comer algo para recuperar fuerzas de toda la energía que he gastado estos días y no he repuesto con comida por falta de ganas, aunque hoy estoy con las mismas o menos que siempre. Sin embargo, ya bastante tengo con mi débil estado como para empeorarlo por no hacer una cosa relativamente simple. Cuando llego a la sala común, que aún está llena de estudiantes charlando como cotorras entre ellos, me escabullo de ellos antes de que alguien le de por darme los buenos días tocándome las narices. Hoy parece ser que es mi día de suerte porque nadie se ha burlado de mi todavía, cuando normalmente ya llevaría más de tres insultos sobre la espalda.

Llego al comedor algo hambriento porque, a lo tonto, de pensar en comida me ha abierto un poco el apetito. Me siento lo más cerca de las puertas de salida, donde hay pocas sabandijas, y así seguir con mi sospechosa suerte matinal. En cuanto pruebo un bocado de los diferentes manjares que siempre ofertan en cada hora de comer, mi apetito crece aún más y se hace muy patente el hambre que llevaba arrastrando todos estos días por tener mi cabeza en otras cosas. Bueno, más bien que decidieran hacerlo para echarse unas risas conmigo y lo que no son unas risas. Decido que, por una vez en mi vida, voy a comer hasta reventar porque quien sabe si voy a tener tanto apetito en los siguientes días. Al terminar, es cuando la mesa ya está casi llena y aprovecho para marcharme ya de allí a ver si me da tiempo a hacer los ejercicios que ayer no pude hacer, pues creo que tengo como una hora para, al menos, hacer los de la primera clase y ya luego me las apañaré.

La mañana no la paso tan mal después de todo. Las clases han sido muy interesantes y ver como los profesores se siguen interesando mucho en mi y en la forma que se vuelcan para ayudarme a ponerme en el mismo nivel que los demás es algo maravilloso. Además, me ha dado tiempo a hacer algunas cosas que me habían mandado, aunque no todas. Solo he tenido un par de deslices en los que me he perdido en mis pensamientos cuando estaba algún profesor explicando algo importante y he tenido que preguntar que qué es lo que ha dado en voz baja para poder enterarme del ejercicio que había que resolver. No soy capaz de evitar, en algunos momentos, que en mi mente se dibujen los recuerdos de aquella noche y que me produzcan escalofríos.

Aún estoy buscando alguna lógica en su comportamiento, o sea, como una persona es capaz de hacer semejante asquerosidad a otra que no conoce de nada. A ver, es que le he visto semidesnudo y no creo que se dedique a hacer eso con el resto de sus presas. CREO. Además, ¿qué sentido tiene de que a parte de que me estaba obligando a hacer algo que yo no quería y no me sentía cómodo, buscara conseguir una respuesta positiva en mi cuerpo? Además, su cara. La cara que tenía momentos antes y durante no era normal. Es como si se le hubiera ido mucho la olla y tampoco es que hubiera tardado mucho en correrse.

A ver, si lo comparo con el tiempo que yo tardo en conseguir llegar a ese punto, tardó muy poco y eso quiere decir que estaba bastante excitado como para bajar ese tiempo de aguante. ¿Es que es de este tipo de personas que les gusta hacer daño a las personas, dominar sobre ellas, y eso les pone? Porque si es así, me he metido en un buen lío. Que por cierto, debería buscar algo de información en el profesorado para que me ayuden a deshacer ese maldito juramento.

–¿Qué es lo que haces por aquí? El comedor está bastante lejos–una voz dulce y familiar me devuelve a la realidad y hace que me de cuenta de que no sé cómo he llegado hasta aquí. He puesto mis piernas en automático y, seguramente, haya estado dando vueltas sin saber a donde iba por bastante rato. Menos mal que Luna siempre aparece para ayudarme cuando menos me lo espero–¿Vamos juntos?

–Me he perdido–Miento para no tener que decirle lo que verdaderamente pasa. No me siento aún seguro de querer contárselo a alguien–¿Qué es lo que haces tú por aquí?

–Han vuelto a desaparecer mis zapatos. ¡Los Nargles no paran ni un día, Daniel!–me contesta mirando hacia el techo y con una voz muy calmada–Normalmente los suelen dejar por aquí.

A decir verdad, ahora que me doy cuenta, hay veces en las que Luna lleva vestimentas un poco excéntricas, aunque en ella se ven genial. No sé cómo lo hace, pero se ha creado un estilo propio muy bueno y que, la verdad, no creo que pueda imaginarla de otra forma. Le propongo de ir a comer juntos, aunque en mesas separadas, y después de dar una vuelta sobre sus pies mirando hacia el techo y paredes, acepta. Sus palabras consiguen que me olvide de los problemas y pueda concentrarme solo en las varias historietas interesantes que me cuenta. A esta chica siempre le pasa algo o se entera de todo. No sé cómo lo hace.

–¡Ah!, por cierto. He escuchado que han visto a un dementor en el castillo, yo de ti estaría atento por si acaso, aunque no entiendo cómo ha llegado aquí si no se requieren ya de su presencia–hace una pausa para darle las buenas tardes a una señora de un cuadro–La gran mayoría de estudiantes está de los nervios–Creo que ahora tiene sentido que esta mañana hubiera más cuchicheo de lo normal en la sala común de Slytherin.

–¿Qué es un dementor?–pregunto extrañado porque tiene pinta de ser algo importante y con lo que no te quieres cruzar.

–Son seres malvados que visten con una capa negra rota y se alimentan de tus recuerdos felices para arrebatártelos. Son enormes y no son muy agradables la verdad. Recuérdame que algún día de estos te enseñe un hechizo para poder ahuyentarlos, nunca se sabe cuando lo vas a poder necesitar–veo como se lleva la punta de la varita tras la oreja y suelta una pequeña risita.

–¿Y eso cuándo y dónde ha sido?–Ha conseguido meterme algo de miedo en el cuerpo, así evitaré los lugares donde ha sido visto, porque ya lo que me faltaba. Si me quitan los pocos recuerdos alegres que tengo de este lugar…

–Dicen que ayer por la noche un grito desgarrador retumbó por toda la escuela. Yo no recuerdo haberlo escuchado, pero me he enterado de que fue de puro terror. No me extraña–No puedo evitar levantar una ceja pues esto es demasiada casualidad– Provino de la enfermería, donde el chico que lo vio, asegura que fue un dementor, aunque no sé quién es el estudiante que ha tenido la mala suerte de toparse con uno.

Me quedo mudo. ¿De verdad se escucho su grito por toda la escuela? Yo creo que fue más su cara de horror la que me llamó más la atención. Es increíble que yo haya montado tal revuelo cuando solo pensaba pegarle un buen puñetazo en la cara. Esto significa que de verdad se la devolví pero bien, y si está diciendo que ha sido una criatura mágica… ¿es que de verdad no sabía que era yo el que le estaba mirando atentamente? No puedo evitar mostrar una sonrisa que va entre una enorme felicidad momentánea y de victoria. Por suerte, Luna no me está mirando.

–Tendré mucho cuidado–intento decir lo más serio y preocupado posible, mas es muy difícil evitar que se me escape un tonto irónico–Bueno, espero que nos veamos esta tarde, después de las clases.

–¡Claro! Aunque hasta que no encuentre mis zapatos no voy a poder hacer nada. Son mis favoritos.

–Entonces intentaré ayudarte a buscarlos para que no pierdas tanto el tiempo.

-Gracias, Daniel-y me sonríe de esa forma tan dulce que me encanta.

Voy a comer con un buen sabor de boca y apenas puedo aguantar mis ganas de celebrarlo todo de lo eufórico que me siento. Tengo ganas de saber si de verdad no sabe quien fue el que le dio ese susto de muerte. Ha sido como si esa noticia llenara todas mis baterías al máximo y me diera ganas de hacerlo todo. Decido que es mejor no tentar más a la suerte y prefiero no contárselo a nadie aún, aunque me encantaría dejar a Draco como un miedoso que se ha asustado por mi sola presencia, pero no sé qué armas puede utilizar contra mi ni cómo reaccionarían los profesores y el director al saber que estaba andando por todo el castillo a altas hora de la madrugada y, encima, hubiera tenido la suerte de no ser pillado en la huida. A parte de haber molestado a un alumno que se encontraba en la enfermería.

La tarde no tiene nada que ver con mi mañana. Las energías no han desaparecido y todo el mundo parece notar lo poderoso que me siento. Incluso ha sido el día en el que mejores resultados he obtenido, dándome por fin, de nuevo, la enhorabuena por mi dedicación. Solo espero que esto dure lo máximo posible, porque parece ser que este tipo de día apenas duran un par seguidos. Al terminar la última clase, me llego hacia el despacho del profesor Flitwick, el de encantamientos, que creo que será el más adecuado para que me ayude con lo del juramento.

Antes de entrar, me espero en la puerta hasta tener la escusa perfecta para hablar del tema sin dar a pie de que mi interés se basa en que estoy bastante jodido. Cuando ya estoy seguro, llamo a la puerta y espero a que me dé permiso para pasar.

–¡Adelante!

–Buenas tardes profesor, venía a hacerle una pregunta sobre un encantamiento que me ha llamado la atención–digo medio asomado por la puerta.

–Pasa, pasa. Cuéntame cuál es tu curiosidad, seguramente pueda saciártela–se encuentra sentado en su mesa y deja de escribir cuando me acerco a él, dedicándome una sonrisa agradable.

–He estado dando vueltas por la biblioteca últimamente y hace poco me encontré un libro de encantamientos, el cual estuve echando un vistazo por encima. Pues bueno, hubo uno de ellos que me llamó la atención puesto que en la descripción de éste decía que era irreversible–se me forma un pequeño nudo en la ganta debido a que los nervios comienzan a crecer en mi interior. Hago el esfuerzo por tragármelos–Se llama Juramento Inquebrantable. ¿Qué me podrías decir de él?

–Vaya, no has perdido el tiempo con cualquier encantamiento. La verdad es que es uno muy poderoso y que provoca la muerte a quien incumpla las cláusulas que se acurden en él. Es curioso, por que cuando se realiza sale una pequeña llama dorada brillante. No es muy usual utilizarlo y solo se aplica cuando dos magos quieren asegurarse de algo muy importante, porque su vida está de por medio.

–¿Y habría alguna forma de deshacerse de él una vez que hayas jurado con este encantamiento? Me refiero, a si te arrepientes de ello-el corazón se me para a la espera de conocer la respuesta.

–La única forma de poder librarse de él es con la muerte, y digamos que no es una solución en sí, si no un efecto–El profesor, al ver mi cara de preocupación, se extraña y frunce el ceño–¿Es que pasa algo, Anderson?

–No, no. Nada–trago saliva para no perder los nervios–Es que solo me pone los pelos de punta de que exista un hechizo que sea tan excesivo con las consecuencias–le respondo sin mirarle ni si quiera a los ojos. No me atrevo. Sé que a veces soy demasiado expresivo y eso ahora mismo no me viene bien.

–Ay, jajaja–se ríe a carcajada limpia y eso me deja muy descolocado–Como se nota que aún te falta por conocer encantamientos mucho peores. Creo que deberías haberlos visto en Defensa Contra las Artes Oscuras. Ahí hay hechizos mucho peores.

–Bueno, muchas gracias por la información, me has resuelto todas las dudas–Siento como en mi interior vuelve a despertar esa ansiedad que he conseguido tener apagada durante toda la tarde.

–Buenas tardes señor Anderson–se despide apenado por mi breve presencia–La verdad es que le aconsejo que jamás realice uno porque no es agradable correr ese riesgo–Yo le vuelvo a dar las gracias por su enseñanza y me marcho de la sala medio corriendo–Aunque es bastante difícil realizarlo porque se necesita a una tercera persona como testigo que apunte hacia las manos entrelazadas de los que se ven involucrados en el juramento, o sea, que realice ese encantamiento–escucho de fondo y paro en seco.

–¿No se puede hacer solo entre dos personas?–Mi corazón vuelve a latir y mi cara adquiere un calor muy agradable.

–No que yo sepa–responde seguro de si mismo.

–¡MUCHISIMAS GRACIAS!–se lo agradezco casi gritando y me voy corriendo hacia mi habitación para organizar mi mente y poder pensar con tranquilidad.

O puede que vaya a la biblioteca para buscar más información, porque tiene toda la pinta que me ha tomado el pelo, aunque no quiero jugármela y meter la pata, que la consecuencia no es que sea de mi agrado. Tengo que asegurarme que de verdad no me voy a morir por no cumplir sus mierdas de requisitos.

Jódete Draco, no soy tan tonto como piensas

Capítulo 10 – El grito

No puedo dormir, por más que lo intento lo único que estoy haciendo es dar tumbos por la cama y sobresaltarme cada vez que escucho un ruido cercano fuera de mi habitación. Estoy entre acojonado y nervioso. Sé que él no está en condiciones de tocarme la moral estos días, pero es que ya no me fio ni un pelo de nada. Este constante estado de alerta me ha acompañado durante hoy. Ah, y también un insoportable pesar que a cada paso que daba se hacía más fuerte, como si la gravedad de la tierra se estuviera incrementando por momentos solo para dificultarme más intentar hacer vida normal.

He evitado relacionarme con mis compañeros, incluso le he tenido que dar largas a Luna esta tarde cuando salía de una de mis clases dobles. El simple hecho de pensar en abrir la boca y tener que comunicarme me agota, aunque luego me sienta mal por haber dado la espalda a una buena persona que se preocupa por mi. Y ya, para colmo, otro marrón se ha sumado a mi vida y es que me he manchado la otra túnica que me queda (puesto que ya me deshice de la otra) y no sé si mañana voy a poder llevar el uniforme. Es que ya me lo imagino, las burlas, las miradas, los susurros… ¿ES QUE UNO NO PUEDE ESTÁR TRANQUILO EN ESTA PUTA ESCUELA? ¿Tanto cuesta ser una persona normal, con algo de empatía, que entiende que la vida de los demás no es un paseo en limusina mientras te estás tomando una copa?

No quiero volver a salir de la cama, por muy mal que me encuentre y por mucha ansiedad que me dé estar dando vueltas en ella sin poder pegar ojo.

Kuro tampoco es capaz de elevarme el ánimo y ha decidido irse a dar uno de sus paseos nocturnos para así dejarme en paz y entretenerse él un rato. No le culpo, si yo pudiera también lo haría. Debería estar aprovechando el poco tiempo de clama que tengo hasta que el ojo del huracán se mueva y me vuelva a revolotear por quien sabe donde y hacer qué cosas. Tengo la oportunidad de defenderme, de luchar por mi y por lo que quiero y, sin embargo, hoy ha sido el día que más temprano me he ido a la cama y el único que no he hecho los deberes que me han mandado para mañana. Me siento fatal, como una mierda, un desperdicio. ¿Qué pensarán mis padres si les cuento lo que me ha pasado? Creo que no sería una buena idea.

Tengo la sensación de que a toda posible persona que se lo pudiera contar me juzgará de mala manera y al final seré yo la víctima por no haber podido defenderme y haber dejado que eso pasara. “El tonto has sido tú por dejar que pasara” escucho en mi cabeza. Y ya si me preguntan detalles…

Tendré que guardarmelo en el fondo, muy fondo, de mi ser.

Noto una sensación desagradable que va creciendo en mi pecho hasta tal punto que estalla y me corta la respiración. Las imágenes no paran de llenarme la cabeza de ocuridad y maleza y, a pesar de que hago todo lo posible para quitármelas y pensar en otra cosa, no soy capaz de hacer nada para remediarlo. Lo que más me duele de todo esto, a parte del comportamiento de ese sociópata, es haber reaccionado a lo que me ha hecho, a haber dejado sentir placer de una situación que no era para nada la indicada. Haber sucumbido a sus intenciones y haber sido doblemente humillado.

Aquí viene otra vez” pienso a la vez que me clavo las uñas en uno de mis antebrazos para intentar silenciar el dolor de mi pecho. Por suerte, algo me alivia.

Sigo en este mismo estado durante horas, mitigando el dolor con otro físico que yo me puedo provocar. Al final llego a un punto que se convierte en insoportable e ideas perversas se me vienen a la mente, como que en vez de aprovechar para hacer vida normal ahora que él no está en condiciones, aprovechar para devolverle el golpe y que me deje en paz. Atacarle con sus mismos métodos para que pruebe lo desagradable que puede llegar a ser con las personas. He de admitir que las primeras veces consigo apagar esa bocecilla interior con pensamientos racionales y con cordura, puesto que yo no soy así. Jamás he sido capaz de hacer daño a una persona intencionadamente, no he sido educado así ni tampoco he sentido la necesidad. Pero después de que ese pensamiento me viniera decenas de veces, mi mente ya no era tan poderosa. Ahora me ha llegado a parecer hasta buena idea, haber si así me puedo desprender de esta pesadumbre que me lleva acompañando casi desde que le conocí. Tengo que rebajarme a su nivel.

Creo que son alrededor de las 2 de la mañana cuando decido levantarme con mucho esfuerzo y vestime con la poca ropa decende que me queda. Me vuelvo a repetir si de verdad quiero hacer esto, a que si estoy dispuesto a perder una parte muy preciada de mi por simple venganza. Los trozos de recuerdos que me vienen a la mente siguen siendo demasiado convincentes como para negar que estoy dispuesto si eso significa que esto cese. Esta maldita pesadilla. Si lo consigo, ya solo tendré que hacer la enorme tarea de olvidar y centrarme en mis estudios y creo que eso es más fácil de llevar.

Salgo de la habitación sin zapatos para hacer el menor ruido en mi merodeo, ya que como soy un patoso, debo tomar todas las medidas necesarias para mitigar esto. Además, creo que una vez escuché decir a uno de los de primero que los profesores hacen rondas por la noche para asegurarse de que ningún alumno sale a deshora de su habitación. O puede que fuera en el discurso de bienvenida que hizo el director Dumbeldore, ya no lo recuerdo. He pensado incluso qué hare en el caso de que me cazen: hacerme el sonámbulo (que ya lo hice en algunos momentos del pasado cuando me entraba hambre por la noche en casa) o decirles que me he perdido y que como estaba muy oscuro y soy nuevo pues no sabía como volver. En el momento ya elegiré cual me parece más acertada porque ahora ambas me parecen un chiste.

Llego a la sala común que apenas está iluminada por una muy tenue luz verdosa que entra por las ventanas, pero lo suficiente para mis adaptados ojos como para guiarme por ella sin tropezarme con demasiadas cosas. Evito a toda cosa acercarme más de lo necesario al sofá donde hace casi 24 horas ocurrió el peor suceso de mi vida y consigo llegar al muro de piedra donde se encuentra la salida. Hago memoria para recordar cual era la contraseña con el fin de poder volver a entrar. No plan de lanzarse a una piscina sin mirar primero si tienes froma de salir de ella. Cuando estoy seguro de cual es, salgo a las mazmorras. No tardo en subir de puntillas por las escaleras cuando me cercioro de que no hay nadie por los alrededores.

Mi destino, la enfermería. Ya que supongo que es allí donde se quedarán los alumnos cuando sufrén algún daño, aunque debí prestar un poco más de atención cuando estuvieron hablando sobre este tema puesto que ahora mismo solo sé que existe. Creo recordar que estaba bastantes pisos de altura y en una de las torres, pero supongo que con un poco de lógica y por descarte, conseguiré llegar allí.

Mentiría si dijera que no tengo el corazón en un puño y que no me estoy ni asustando de los propios sonidos que estoy provocando por mi patosidad y miedo. Incluso me he llegado a replantear si no es mejor dar media vuelta y volver a mi cuarto con su tranquilidad y seguridad. Luego recuerdo que de tranquilidad no tenía nada y que a medida que avanzo merece menos la pena dar media vuelta. Supongo que me estoy autoconvenciendo.

Los pasillos son aún más largos de lo que recuerdo y tienen un cierto aire y olor a vejez. Ah, y a piedra y tierra mojada, por lo que creo que ha llovido hace poco. A decir verdad, jamás había visto el colegio de forma tan tenebrosa que por la noche. Siempre me ha parecido majestuoso, una obra de arte, pero supongo que noche todo cambia. Y más cuando vas a hacer algo malo. Escucho ronquidos provinientes de los cientos de cuadros que hay en cada pasillo y pequeñas sombras que entran por la ventana de alguna ave nocturna cazando. Pero todo sigue en calma y, de momento, no me he topado ni escuchado a ningún profesor. El plan marcha sobre ruedas.

Tras muchas vueltas, sustos, paradas de corazón y huídas porque pensaba que me habían pillado, he conseguido llegar a las puertas de lo que parece ser la enfermería. Todo está en una calma inquietante y quien sabe si al abrir la puerta voy a hacer un ruído tan ensordecedor que voy a despertar a todo el mundo o que Draco me esté esperando como si fuera un ser omnipotente. Sé que suena a gilipollez, puesto que realmente él sigue siendo una persona normal, humana, pero un poco amargada y con un corazón y alma muy negros, pero como ya he dicho, yo ya no sé qué esperar de ese muchacho. Lo veo capaz de todo y creo que eso es lo que más me tiene acojonado.

Me quedo mirando las grandes puertas de madera por un buen rato mientras estoy medio escondido entre una estatua que está cerca, mordiéndome las uñas del estrés. Estoy a nada, está ahí, ¿por qué no soy capaz de entrar? La verdad es que no sé cuanto tiempo tardo en decidirme a que debo hacerlo, por mi, por mi orgullo y por, en verdad, vengarme. Abro una de las puertas con sumo cuidado y lo mínimo para poder pasar mi delgado cuerpo por el hueco y la cierro con mayor esmero. Cojo una fuerte bocanda de aire porque sin querer se me ha olvidado respirar y me giro. La sala está casi vacía a excepción de una cama.

Es él seguro” pienso.

Todas las extremidades comienzan a temblarme y, por consiguiente, el resto del cuerpo. Me apoyo sobre la puerta para no perder el equilibro y así tranquilizarme. Tampoco es que le vaya a matar como para ponerme así. “Vamos Daniel, que solo le vas a pegar el guantazo o puñetazo que se tiene merecido y así, a lo mejor, le dejas un día más en la cama” me digo a mi mismo intentándo darme fuerzas. “Además, va a estar desprevenido y si sales corriendo tras de eso ni si quiera va a saber quien ha sido el que le ha atacado“.

Armado de valor y sin que mi cuerpo tiemble tanto como para afectar a mis habilidades motoras, me despego de la puerta y voy hacia su cama, una de las que más alejadas están de la salida. “Maldita sea, siempre consigue ponermelo todo más difícil aún sin pretenderlo“. Su cuerpo tendido sobre la cama y dormido, aún sigue siendo demasiado imponente. Además, sé que es él, a los pocos pasos que doy, porque su cabello cenizo refleja la luz lunar. Esta ahí, inmóvil e indefenso, y yo le sigo teniendo un miedo atroz cuando estoy claramente en ventaja.

A medida que me voy acercando mis pasos son más cortos y mi respiración menos sonora, los temblores intentan volver a invadirme pero consigo deshacerme de ellos con la poca fuerza de voluntad que me queda en el cuerpo.

Cuando llego, me quedo mirándo su máscara de cara angelical dormida, en este estado parece como si nunca hubiera roto un plato. Supongo que es en el momento en el que abre la boca para decir cualquier cosa hiriente cuando esa careta se desvanece y consigues ver el verdadero monstruo que es. ¿Cómo una persona con unas intenciones tan malévolas y con tan poca simpatía tiene el derecho de tener una cara tan perfecta? El mundo es demasiado injusto. Incluso sus labios, si te quedas mirándolos por demasiado tiempo, te echizan para querer besarlos. Ahora entiendo el embobamiento que tienen muchas chicas por su persona, pero ojalá le conocieran como yo, por desgracia, lo he hecho. Seguro que de esa forma estaría solo, como debería ser. Tengo la sensación de que jamás podrá encontrar a alguien que le quiera de verdad puesto que una vez que él se abra, si es que eso llegara a pasar, sabrían lo mierda de persona que es y se alejarían todo lo posible de él para estar a salvo. “Lo tienes todo pero no tienes nada” río en mis adentros en una especie de chiste malo pero que tiene todo el sentido para mi. Ojalá alguien pudiera ponerle los pies sobre la tierra y que se diera cuenta de que solo es un niño mimado que está acostumbrado a hacer lo que le da la gana, a dar órdenes y a conseguirlo todo. Tienen que enseñarle que no es el rey y que no se va a comer el mundo cuando salga de aquí, sino que el mundo se lo va a comer a él. Ay Dios, lo que daría yo por ver eso, el momeno en el que se diera cuenta de que solo es una diminuta aguja en un pajar.

Ensimismado en mis pensamientos y con la visión medio borrosa de Draco durmiendo plácidamente, veo como este pega un enorme respingo al que tardo en responder de la misma forma. Lo que llega después me para el corazón por varios segundos.

-AAAAAAAAAHHHHH- yo no soy menos y también respondo de la misma forma por el enorme sobresalto que me ha causado, aunque su voz me silencia.

Un enorme grito casi gutural embriaga la gran sala en la que estamos. Ha sonado a terror total y en cuanto mi visión se ha vuelto a enfocar en su cara, he visto algo que jamás me habría pensado que llegaría a ver. Tiene miedo. Se encuentra indefenso y por eso ha chillado con pánico y su cara se ha vuelto casi como la del cuadro del grito. Tardo un par de minutos en darme cuenta de que o salgo pitando ya o no podré salir de aquí sin que me pillen, porque de seguro que alguien va a venir por el escándalo que se acaba de montar. No sé si realmente, con la poca luz que hay, Draco me ha reconocido, pero creo que esto ha sido mucho mejor que la enorme hostia que le tenía guardada. Espero un poco más para admirar su cara y como se hace un ovillo por mi presencia. Poco después, salgo corriendo ya sin importarme si hago ruído o no al correr o al abrir la puerta.

Llego medio volando, con la garganta ardiéndome y, lo mejor de todo, sin ser pillado, a las mazmorras. Los pulmones me piden un respiro y mis piernas se quejan porque no están acostumbradas a estos subidones. Tardo un poco en organizar mi mente y llegar al recuerdo de la contraseña para poder entrar. Todo esto ha hecho que la tuviera en blanco durante mi huida para no sucumbir a las limitaciones físicas. Mi respiración retumba por todo el pasillo. Mi mano temblorosa, alzando la varita, me espera impaciente a que recite las palabras cuanto antes.

-Sangre pura-el muro se abre y consigo volver sano y salvo a mi habitación, donde caigo rápidamente dormido en cuanto mi corazón deja de tener taquicardias.

Capítulo 9 – Náuseas

Sigo dándole vueltas a que no me esperaba para nada que de agresiones físicas y psicológicas pasaran a sexuales tan rápidamente. Me gustaría llenare los oídos de insultos muy despectivos y crueles pero ahora en lo único que puedo estar pensando es en no ahogarme entre mi propia saliva. También por el hecho de que no puedo coger aire correctamente porque hay algo obturando mi garganta. Su miembro está entrando y saliendo tan rápidamente de mi boca que no paro de emitir sonidos aun más degradantes y vergonzosos que los que emití de dolor cuando me hice daño con el sofá.

Quiero llorar como si no hubiera un mañana. Me siento muy asqueado e impotente porque a costa de mi sufrimiento este ser inmundo está disfrutando tanto como para poner la cara de placer extremo que tiene ahora mismo. “Muérdeselo” dice mi yo más interno, mas no le hago caso, ya estoy cansado de las posibles repercusiones que puedan tener mis actos. Solo quiero que esto pase ya, que me deje en paz para irme a vomitar tranquilo toda la noche. Sus ojos me miran con tanta lujuria que roza la locura.

Por favor, para ya.

¿Cuánto tiempo más te queda? ¿Cuánto más te quieres reír de mi y verme sufrir? ¿No crees que ya es suficiente?

Por más que ruego internamente para que por fin termine ya, no llega ese momento. Solo dejo que el me mueva a su gusto y dejo mi cuerpo casi inerte. Al final, cansado, cierro los ojos para poder pensar o imaginar alguna otra cosa y así olvidarme de esto aunque sea momentáneamente. Sin embargo, al hacerlo, lo único que consigo es que Draco patee, sorprendentemente flojo, mis partes. Esto hace que me vuelva a ahogar por intentar coger aire por el susto. Me preparo para otro golpe, esta vez aún más fuerte, pero no llega. En cambio, lo que me hace es, desde mi gusto, mucho peor: me está rozando con su zapato mi zona íntima. Ruego desesperadamente para que mi cuerpo no reaccione ante esto, puesto que sé que no soy de piedra, pero como siempre, mi cuerpo no atiende a súplicas. Ahora me siento mucho peor por, encima, estar disfrutando de esta forma en un momento de agonía. Muevo mis manos hacia mis partes para contener esos roces y así evitar sentirme peor, mas como era de esperar, Draco reacciona y esta vez me endiña una buena patada en el abdomen a modo de llamada de atención. Sin embargo no puedo retener la creciente ansiedad que me sube por el pecho e intento deshacerme, de nuevo, de su agarre en la nuca. Pero de nuevo solo consigo más dolor a cambio, pues me aprieta mucho más mis pelos que tiene entre sus dedos y yo emito otro gemido de dolor. Ahogado.

No le parecía ya suficiente humillación con obligarme a hacerle una felación que encima ahora quiere que disfrute de lo que me está haciendo. Las ganas de llorar son aún más fuertes que antes, aunque no pienso dejar que se deleite por haberme conseguido provocar lágrimas en mis ojos.

Por fin, después de 5 largos minutos más con dificultades para respirar y casi a punto de explotar en mi zona inferior con asco, saca su miembro de mi boca y lo posa encima de mi cara mientras los espasmos de éste me azotan levemente la cara, obligándome a cerrar los ojos porque no quiero ver su cara de victoria ni que me entre nada extraño dentro de ellos. Apenas dos segundos después un líquido muy caliente y pegajoso sale de él y me llena parte de mi lado izquierdo de la cara y el pelo cercano. Varios gemidos profundos y ahogados suenan al compás de los espasmos y sus disparos. Aguanto de nuevo, muy estoicamente, las ganas de vomitar tan tremendas que me sigue produciendo este degenerado. Al menos, ya ha terminado y cojo una gran bocanada de aire para quitarme la sensación de asfixia.

Como cabía esperar, no contento con lo que acaba de pasar y mis ganas de actuales de morirme, me restriega su miembro por el resto de la cara, manchándomela también. Mientras lo hace, puedo escuchar unas pequeñas carcajadas. Yo sigo manteniendo los ojos cerrados, ya por vergüenza a abrirlos y que note todo lo que me está produciendo en mi interior. Aunque creo que sigue siendo bastante obvio por la cara de asco que debo tener y porque la tengo tan dura que el bulto debe ser muy patente. La guinda del pastel es que me obliga limpiársela con la boca antes de guardársela.

-Ah, por cierto-me escupe en la cara-esto por haberme escupido antes. Que no se te ocurra faltarme el respeto otra vez o será aún peor.

Esta arcada si que no puedo retenerla y mi cuerpo se retuerce hasta quedarse encorvado hacia el suelo. Por suerte aún no ha salido nada de mi interior a parte de baba a borbotones. Rápidamente me quito la túnica y me la restriego con mucha fuerza por la cara intentando quitarme los fluidos, escupiendo, además, todo los restos que tengo aún en la boca.

-No ha estado nada mal Anderson, nada mal-escucho como se sube la cremallera y se adecenta la ropa-Por hoy ya es suficiente. Mañana puedes seguir haciendo más cosas por mi-Escucho pasos-Adiós-se despide con su típico tono de superioridad.

Tengo la sensación de que está huyendo, pero por fin ha terminado. En cuanto dejo de escuchar los sonidos de sus zapatos, salgo corriendo hacia el cuarto de baño y me apoyo sobre el lavabo mientras otra arcada me encorva tanto cuerpo con el consiguiente que emito un sonido muy desagradable. Intento con todas mis ganas que no se escuche mucho para no llamar la atención y así seguir estando a solas con mi enorme problema.

Ahora si, ahora si que me echo a llorar en el tiempo en el que me viene otra arcada, la que me da al verme en el espejo y observar cómo me ha dejado Draco. Me limpio con la manga de la camisa, porque ya me da igual mancharla un poco más y, dando tumbos me dirijo hacia las duchas. Enciendo el agua automáticamente y me quedo bastante tiempo bajo la caliente lluvia sin ni si quiera quitarme la ropa ni moverme. Digamos que no soy capaz de hacerlo. Un pitido muy desagradable inunda mis oídos y me deja mirando al horizonte a través de la pared. Tras varios minutos, decido que ya es hora de pasar a lavarme con jabón y ahora si que me deshago de ella, con mucho más pudor del que ya tenía. “No volveré a mirarme a la cara” me susurro para mí mismo y no me parece tan mala idea “ni a él tampoco”. Cuanto antes olvide esto, mejor será y creo que si no me miro, no me volverá a la mente la imagen que he grabado casi a fuego hace poco.

Me paso casi como media hora enjabonando y frotando mi cuerpo con las uñas, incluso me lavo la boca desesperado con el jabón, pues después de lo que se ha atrevido a hacerme, a saber qué es lo que ha podido hacer con mi cepillo de dientes. Puede que nada pero no quiero fiarme de nada ni de nadie.

De pronto siento un enorme vacío en mi interior, es como si esta agresión se hubiera llevado mi ser y ahora siento su enorme ausencia. “O puede que sean…” Corro hacia los váteres intentando no resbalarme por estar mojado y justo al asomarme al hoyo, comiendo a depurar todo lo que llevaba en mi interior queriendo salir por tanto intentos y tiempo. Todo esto lo hago sin parar de llorar, de nuevo, ya no solo por lo que me acaba de pasar, sino por el incierto futuro que hay delante mía y me espera. A parte de qué otros horrores voy a tener que soportar por seguir estudiando aquí. No creo que pueda aguantar otra agresión así, si que es que consigo aguantarla esta misma.

Un par de arcadas más y ya he conseguido vaciar mi estómago, pero a mi cuerpo no le parece suficiente y sigue convulsionando hasta que comprueba, unas tres veces más, que ya nada va a salir. Vuelvo hacia la ducha casi arrastrándome y me quedo allí otra media hora, hasta que no aguanto que todo mi cuerpo esté tan arrugado. Además, el pecho me duele tanto que ni si quiera presionándolo con una mano se alivia. Lo mejor es que me vaya a dormir, ya mañana será otro día con el que lidiar con esto, pero hoy ya he llegado a mi límite. Cojo una de las toallas y, con el hechizo wingardium leviosa, llevo mi ropa hacia la basura porque no pienso ponerme eso nunca más ni tocarlo. Ya, desganado, me deslizo hacia mi habitación con solo una toalla tapando mi desnudo y cansado cuerpo.

Al llegar a mi habitación, me tiro en la cama, me meto con bastante dificultad dentro de las sábanas e intento dormirme cuanto antes para no tener que pensar o recordar lo de hoy. No quiero darle vueltas, la cabeza me va a estallar y los ojos, de lo hinchados que está, apenas puedo seguir manteniéndolos abiertos. Para mi fortuna, lo consigo. Supongo que me ha cansado mucho aguantar tantas náuseas, llantos y vómitos.

De momento, todo se ha calmado.

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Por la mañana me despierta un enorme barullo que se ha montado en el salón de Slytherin. Intento ignorarlo para seguir durmiendo porque ni si quiera soy capaz de abrir los ojos, pero el ruido es demasiado tedioso y al final acabo desistiendo. Mira que son pesadas estas serpientes. Además, lo que más odio de estar en Slytherin, a parte de las propias personas que lo integran, es que por las ventanas la única luz que entra es una un tanto apagada y tenebrosa. Echo de menos levantarme porque la luz de afuera es tan intensa que te obliga a abrir los ojos. Aquí parece que solo existen dos momento en el día: atardecer y la noche.

Hoy mi cuerpo se siente muy pesado y mi ánimo muy bajo. No es hasta que los recuerdos de ayer me golpean que entiendo el por qué estoy así. Por un momento, muy pequeñito, había olvidado el por qué estoy tan mal y todas las cosas horribles que puede que me pasen en un futuro cercano. ¿Y si mejor me quedo en mi habitación? Uf, daría todo lo que tengo por no tener que verle hoy, ni nunca. Aunque si mal no recuerdo, si él quiere entrar en mi habitación lo va a hacer, como lo hizo ayer en la mañana. Así que lo mejor es salir de aquí pitando hasta que le de por venir a tocarme las narices y violarme de nuevo.

Si estoy me lo hubiera contado alguien no le hubiera creído, es algo muy subrealista que solo pasaría en una novela erótica de poca monta. Sin embargo, me ha tocado sufrir con esto. ¿Conseguiré olvidarlo algún día?

Al final decido que lo mejor es intentar hacer vida normal y escurrirme por todos los rincones para evitar cualquier posible contacto con Draco. Dentro de lo que cabe, si lo intento, puede que haya posibilidades de no encontrarme con él. Además, no voy a dejar que ese imbécil me quite mis ganas y oportunidades de aprender y conseguir ser un mejor mago.

Me visto con desgana sin mirar en ningún momento ninguna parte de mi cuerpo, hago la mochila y salgo algo cohibido de mi habitación, mirando hacia todos lados por si acaso hay un peligro acechándome. A medida que voy llegando al salón, el ruido cada vez se hace más fuerte y la densidad de personas crece casi exponencialmente. Mi curiosidad crece puesto que no es para nada usual que tantas personas de Slytherin estén juntas en un espacio tan reducido sin insultarse y odiarse mutuamente.

Intento abrirme paso a través de ellos. Por suerte este evento no me viene nada mal porque puedo utilizar el hecho de que haya tantas personas para esconderme entre ellas y así escapar de aquí cuando antes. Al ponerme en marcha hacia la puerta, hay algo que me para en seco. Escucho a un par de personas hablando de los típicos cotilleos que con tanto ahínco ignoro, pero un nombre, que me produce repelús, sale por la boca de una de ellas.

-No me puedo creer lo que ha pasado. ¿Y ahora que vamos a hacer si Draco no puede jugar el siguiente partido?-dice una de ellas preocupada.

-Quien iba a decir que se iba a pegar tal tortazo con uno de esos idiotas de segundo. A ese chico se le va a caer el pelo en cuanto Draco salga de la enfermería-hace una pausa para borrar su sonrisa-Dicen que está bastante mal, que si pasas por ese pasillo se pueden escuchar los gritos agónicos de éste.

-Que mal lo debe estar pasando…-y en su mirada se puede notar un atisbo de embobamiento (si ella supiera como realmente es, dudo que estuviera así)-Pero seguro que se pondrá bien para jugar el partido, aún le quedan 3 días.

Después de eso, la conversación deja de interesarme y sigo con la misión de salir de la sala e irme corriendo hacia mis clases. Entre tanta pena y decepción, yo soy el único que encuentra esta noticia como una ráfaga de aire fresco. Puedo hacer vida normal hasta que se recupere, pues que el peligro está herido en la enfermería. Sé que no es bueno alegrarse de las desgracias ajenas, pero joder, que bien sienta cuando el karma se las devuelve a los imbéciles.

El pasillo está vacío y aprovecho para respirar con libertado y alegría. Me he librado de él gratuitamente unos cuantos días. Días que podré aprovechar para desaparecer de este mundo, preguntar a los profesores como me libro de este juramento o intentar mejorar mis técnicas de evasión y ofensiva contra quien yo me sé.

Pues voy a tener que estar muy preparado para su regreso.

Capítulo 8 – No es lo que yo esperaba

Mientras sigo anonadado por el simple hecho de que Draco haya dicho mi nombre a solas por primera vez en su vida, él se acerca a mi en un rápido movimiento y me empuja hacia el sofá en el que antes había estado sentado. Cuando caigo sobre él y me clavo el pasamanos en toda la espalda, lo que me provoca un dolor tan intenso que hace que de mi boca se escape un flojo gemido de dolor. Pero todo lo que estoy sintiendo solo consigue que me cabree aun más y que mi cabeza solo consiga pensar en cómo partirle la boca a ese desgraciado. Jamás me había sentido así de violento, mas no pienso parar esta conseguir ver como su sangre se derrama en el suelo y me impregna las manos.

Puede que ya no tenga la situación bajo control, pero eso no quiere decir que tampoco que se haya balanceado hacia él la suerte. Aun puedo seguir teniendo la ventaja y pienso devolverle este golpe. El labio superior del rubio le baila de la ira que debe estar sintiendo en este momento y yo, para hacerle ver que no le tengo ningún miedo en estos instantes hago el mismo gesto. Realmente se merece esto y más por dejar que otra persona haga los deberes que él debería hacer y por haberme hecho pasar por el calvario que he tenido que sufrir por su culpa. Pienso dejarle bien marcado mi puño en su cara como el hecho de que no puede jugar conmigo.

-Deja de hablar como si fueras omnipotente o el único que puede hacer daño aquí-susurro cabreado mientras levanto rápidamente mi dolorido cuerpo del sillón-Tú si que lo vas a pagar caro, niño mimado-prosigo y acto seguido suelto un rugido liberando toda la rabia que he estado acumulando durante tanto tiempo. Dios, que bien sienta esto.

Cuando me queda poco para llegar hasta él levanto el puño decidido y lo inclino hacia atrás para coger más fuerza para el impacto. Su labio aun está tambaleando con rabia pero puedo ver como sus ojos le delatan y me dejan ver cómo el miedo le está invadiendo todo el cuerpo. Suelto el brazo como si de un tirachinas se tratase y con una trayectoria perfecta hacia ese labio que no para de moverse. Al segundo, siento como el impacto cruje todos los dedos de la mano y  me avisa de que esto va a doler muy pronto, aunque dudo mucho que eso vaya hacer que me arrepienta. El brazo sigue la parábola que he escrito en el aire y la cara de Draco se gira estrepitosamente por el leñazo con el consiguiente gemido de dolor.

Éste cae al suelo tumbado y con las manos en la cara y yo siento como el brazo tira de mi y hace que pierda el equilibrio pero lo recupero rápidamente. La sala se ha quedado completamente en silencio y lo único que se puede diferenciar es la agitada respiración de Draco al cual miro de reojo relamiéndome por la espectacular victoria que he tenido, aunque no me siento tan bien como me esperaba por haberle pegado.

-Qué, ¿era esto lo que me debías verdad?-digo con una enorme sonrisa en la cara devolviéndole, otra vez, los mismos gestos que el siempre ha hecho conmigo pues ahora estoy por encima de él.

Sin embargo la sonrisa se me apaga cuando éste se quita las manos de la cara y me deja ver cómo hay algo malo en él. Algo que le hace ver como un loco pues se está mordiendo el labio inferior con bastante fuerza mientras tiene una sutil sonrisa. Evidentemente, esta no es para nada la reacción que esperaba que éste tuviera al enorme puñetazo que le he dado.

-Técnicamente no-responde él en un susurro y comienza a intentar levantarse. ¿Es que no le he hecho el suficiente daño?

Sin saber qué está pasando ni lo que piensa hacer ahora, empiezo a dar pequeños pasos hacia atrás para alejarme todo lo posible de él. Tengo que estar a una distancia prudente por si acaso piensa hacer algo contra mi ahora. El puño comienza palpitar recordándome que queda poco para que el dolor se haga real.

-He de reconocer que no me esperaba este golpe-consigue ponerse de pie y tras decir esto, escupe en el suelo algo más oscuro que la saliva. He conseguido romperle el labio, bien-Considero que ha sido un error por mi parte subestimarte de esa manera-y suelta una pequeña carcajada que resuena por toda la sala. Esto hace que acelere mis pasos alejándome de él aunque sin quitarle el ojo de encima pues siento que ahora mismo puede desaparecer y aparecer donde él quiera. Esto se está descontrolado como siempre. Siento como la vena de la frente también comienza a palpitar.

-Estás loco-murmuro harto de escuchar sus palabras una y otra vez, se me están clavando en todas las sienes-ahhhh-me quejo del pinchazo de dolor que se acaba de hacer patente en los nudillos. Sabía que esto iba a doler, pero no tanto. Apenas puedo mover la mano.

Tropiezo sin querer con uno de mis pies por los nervios y caigo al suelo con el culo. Sin embargo, no siento dolor pues se está viendo mitigado por otro. Draco comienza a acercarse a una velocidad que no me gusta nada y, con una sola mano, consigo levantarme con rapidez para seguir huyendo de él. Poco a poco me va alcanzando y cuando voy a acelerar mi paso para que no lo consiga, me choco de nuevo contra el sofá de antes y caigo sobre el blando cojín que tiene.

-Yo te recuerdo que todo esto fue idea tuya-comenta mientras el flashback de cuando éste me dejó escapar de sus garras por haberle dado una “gran idea” me nubla la vista. No me puedo creer que encima de todo, quiera echarme las culpas a mi.

Estoy completamente paralizado y ésta vez no es por algún hechizo que él me haya lanzado, si no porque mi cuerpo no responde a ninguna de las súplicas que le estoy pidiendo.  Noto como un sentimiento extraño me invade el cuerpo, es una mezcla entre curiosidad por saber qué es lo que piensa hacerme sin que no esté su varita de por medio y el miedo que me está provocando esa cara de psicópata y que todo se esté volviendo contra mi. En pocos pasos, lo tengo ya encima mío y mis posibilidades de escapar bajan a 0.

-Tú solo quieres poder estudiar en Hogwarts aunque no tengas el derecho a hacerlo-uno de sus brazos va avanzando hacia mi cabeza una vez que se ha parado a un palmo de mi-y yo… bueno, digamos que sí puedes hacer algo por mi-explica con lentitud.

Siento como sus dedos rozan con mi nuca y aparto su extremidad de un manotazo con tan mala suerte que una de mis manos toca una zona que jamás habría querido palpar del cuerpo de Draco. Sin embargo, no es esto lo que me desagrada o me impacta, si no el hecho de que éste tenga una erección demasiado prominente y que no tiene nada que ver con la situación actual. O al menos eso espero. “Vale, esto se está poniendo aun más extraño” comento en mi cabeza a la vez que no puedo dejar de mirar esos grises ojos que se están clavando en los míos y me están hipnotizando. ¿Cómo puede estar así después de la hostia que le he dado?

-YO-sube el tono de voz a la vez que me agarra, esta vez si, de la nuca entrelazando sus dedos con mi pelo y tira de mi hacia arriba para verme mejor la cara-puedo hacerte el favor de dejar que sigas aquí a cambio de ciertas cosas. Muchas de ellas ya te las he dejado bien claras entre ayer y esta mañana, otras no las mencioné implícitamente pero no por ello son menos importantes-Siento como cada vez aprieta más mi pelo entre sus dedos y parece como si toda esa parte se me estuviera arrancando de cuajo. Del dolor, una lágrima de me escapa sin quererlo.

-Vete al infierno-digo entre dientes e intento golpearle en la entrepierna para poder librarme de él pues sería lo más efectivo. Sin embargo éste me agarra de la muñeca y consigue que mi brazo no le llegue ni a tocar-Déjame en paz, eso si que sería un gran favor.

-Puede ser, pero las cosas no funcionan así. Al menos no conmigo- El dolor se vuelve aun más intenso cuando tira con más fuerza hacia arriba y no puedo evitar otro vergonzoso gemido. En otro intento por sacármelo de encima, le cojo el brazo con el que me está cogiendo de la cabeza y le clavo las uñas para hacerle daño, aunque parece ser que no lo suficiente pues me duelen demasiado los nudillos-Por mucho que te resistas, vas a tener que elegir-dice mientras se inclina hacia mi. Si pudiera le daría un buen cabezazo-¿Quieres quedarte aquí haciendo como que eres un mago de mierda o quieres volver a tu asquerosa vida de la que has intentado huir porque te aburrías?-susurra en uno de mis oídos y sus labios rozan el lóbulo de mi oreja.

Esto me eriza por completo la piel y mi mente colapsa por unos instantes. A decir verdad yo también he subestimado a Draco. Pensaba que éste sería mucho más débil sin su varita y magia de por medio, pero al final no lo era tanto. Aunque su cuerpo no sea musculoso ni nada por el estilo, no he tenido en cuenta de que el mío no lo es tampoco y que, al parecer, estoy en aun peor forma que él. Debí haber metido esta variable dentro de la ecuación, teniendo en cuenta de que hace Quidditch y algo de físico debe tener para los partidos.

-No pienso irme de aquí-le respondo con un hilo de voz y por suerte eso hace que afloje el agarre.

-Eso es los que me esperaba-me deja de sujetar también el brazo con el que le había intentado golpear y lo lleva hasta el final de su camiseta para levantarla un poco-Espero que no hagas nada de lo que te puedas arrepentir-me amenaza y acto seguido empieza a desabrocharse el pantalón.

Cierro los ojos rápidamente pues no es algo que quiera ver y también es un intento desesperado de que esta pesadilla se termine pues es demasiado irreal lo que está pasando. Sería genial que ahora mismo me despertara de este espantoso sueño. Por desgracia, parece ser que estoy en la vida real y lo que está pasando no es un invento de mi mente para hacerme vomitar.

-No cierres los ojos-impera-no quiero que te pierdas nada de esto. Pretendo que se te grabe a fuego en la cabeza pues hemos hecho un pacto que vas a tener que cumplir si quieres quedarte aquí. Además, recuerda que te estoy haciendo un favor.

Su dedos vuelven a ejercer presión y cansado de sentir tanto dolor en una misma zona hago lo que me pide sin rechistar. En primer plano veo como se baja los pantalones y, por la ausencia de ropa interior, deja al descubierto su miembro erecto. Jamás había visto otro que no fuera el mío y ahora mismo me siento como si me estuvieran enseñando algo nuevo y peligroso a la vez.

-Tu fuiste el que me dio la idea, a si que no le des tantas vueltas. Además, ya has elegido así que no te queda otra-dice mientras pone la otra mano en mi nuca y tira de mi hacia su zona íntima.

Yo, desesperado, angustiado y todos los adjetivos que se puedan utilizar para describir la horrible sensación que estoy teniendo, alargo mis brazos hacia sus caderas para evitar el avance y así no tener que chocarme contra esa cosa. Todo ha cambiado tan rápido. ¿En qué momento le hablé yo sobre cosas sexuales a este imbécil? ¿Y por qué tengo que hacer este tipo de cosas solo para quedarme estudiando aquí? Creo que me he tenido que topar con el mago más degenerado que hay en todo Hogwarts al parecer.

-Estás como una cabra. ¿Qué piensas que estás haciendo?-lucho con todas mis fuerzas para que no me acerque más-Pienso gritar para alertar a todo el mundo y que te vean haciendo estas cosas tan asquerosas.

-Hazlo, a ver qué es lo que piensan de ti-contesta con una carcajada de satisfacción. En el fondo no quiero admitirlo pero tiene razón. ¿Qué es lo que pensaran si me ven en esta situación? Ya no es una buena idea llamar la atención. Mierda, necesito salir de aquí ya- Cuanto antes lo hagas, antes podrás irte.

-Ni lo sueñes- y le escupo con toda la rabia posible en el miembro que, por desgracia, es lo más cercano suyo que tengo.

-No me obligues a usar la magia o será mucho peor.

Quiero que esto se termine, que diga que todo es una broma de muy mal gusto y que me pegue la típica paliza de siempre. Lo prefiero la verdad. No quiero que mi primera experiencia sexual sea con un hombre y menos con Draco. Esto sin contar que tampoco deseo que sea por la fuerza y con chantaje de por medio. No, no. Es que esto no puede estar pasando, nada de esto no puede ser real. ¿En qué cabeza cabe pedir a cambio de algo tan estúpido como dejar en paz a alguien el pedirle favores de éste tipo? Está chalado, como una cabra. Necesita ir a un psicólogo y yo a otro después de haber tenido que vivir y ver esto y, como consiga tocarme con esa cosa, pienso pegarle un mordisco aunque luego me lleve vomitando meses por ello.

-Recuerda que hemos hecho un juramento inquebrantable y si no cumples con lo que te pido, morirás.

-No…-la respiración se me corta pues ya había olvidado ese hecho. Pensaría que es una mentira si no fuera porque lo he leído en un libro de la biblioteca y dudo que éste pueda decir alguna ¿Es que estoy entre la espada y la pared? No no no no y no, no puedo hacer eso. Que alguien me ayude.

El sigue tirando de mi y yo por el cansancio y por el miedo de que si no hago lo que me pide pueda morir, voy aflojando los brazos, aguantando la respiración y las ganas de morirme y me voy acercando hacia mi final como persona. No sé cómo lo hace pero al final todo se vuelve para su beneficio, como si lo tuviera pensado.

Hago el amago de cerrar los ojos pero vuelve a darme el aviso de no hacerlo. Lentamente voy viendo mi final y no podría definir esto mejor que con la palabra extraño. Me siento muy extraño. Por desgracia llega el momento en que nuestras pieles se ponen en contacto y puedo notar como la suya está mucho más caliente en comparación con la mía. Normal, seguro que toda la sangre me habrá abandonado la cara si es lista. Aunque es una textura suave, es asquerosa.

Puedo sentir como tengo su glande tocando la comisura de mis labios y como una arcada me va subiendo por el esófago a parte por el nuevo olor no muy agradable y a parte por esta guarrada. La calmo como puedo pues eso significaría abrir la boca y no creo que sea lo más acertado en este momento. Por qué está pasando esto. POR QUÉ.

Sus dedos comienzan a acariciarme la cara de forma delicada hasta llegar a mi mandíbula , donde se para e hinca su dedo pulgar bajo ésta y los demás dedos entre mis dientes y el labio inferior. No puedo detenerlo, no soy capaz de hacerlo. Me siento muy impotente, me están violando. Aguanto todo el tiempo que me es posible el dolor pero al final acabo cediendo y abriendo la boca, pues es para lo que supongo que ha hecho eso. Asustado intento buscar con mis ojos los suyos para hacerle saber que ya estoy lo suficiente asustado como para que ya pueda parar ,pero al verlos sé que aun queda rato para que eso pase. Éste se está mordiendo de nuevo el labio inferior y su mirada solo me dice una palabra: lujuria. El maldito lo está disfrutando de lo lindo a mi costa.

En cuanto mi boca se abre lo más mínimo, vuelve a ejercer presión para seguir acercando su miembro a mi. Bueno, más que acercando, introduciéndolo dentro de mi, ahora en mi ya no tan querida boca. Trago saliva pues toda esta se me había acumulado por la tensión y se me junta con una arcada que no puedo retener. Eso hace que mi mandíbula se abra mucho más y Draco consiga meter su pene hasta casi mi garganta. Puedo notar como el escupitajo que le eché antes vuelve al sitio de donde salió y es asqueroso.

-No vomites-vuelve a imperar cuando escucha otra de mis arcadas.

Agobiado intento alejar de nuevo sus caderas para no seguir teniendo eso dentro de mi, pero ya es tarde para intentarlo, el cuerpo se me ha congelado y quedado sin fuerzas. Estoy completamente a su merced y sin poder apenas respirar.

-Recuerda que es un favor-dice al soltar un gemido. Luego comienza a mover sus caderas e hincarme más si miembro-Ni se te ocurra morderme pues antes de que lo hagas, te mataré.