La vida es aburrida. Capítulo 12

Los frikis no son bienvenidos al rock

Pasó una hora y el peliazul seguía sin volver. Después de aquel numerito el ambiente dentro de la caravana se había tornado en uno bastante deprimente: Haddock y Mía se habían apartado a un rincón y hablaban en susurros con unas expresiones demasiado serias, Crystal había permanecido refugiada en su litera y Sara y yo… Sara y yo nos quedamos ambos de pie, mirándonos con la misma expresión de preocupación en el rostro. Cuando por fin oímos como alguien llamaba a la puerta de la caravana nos abalanzamos los dos sobre ella, suspirando aliviados, pero Haddock fue más rápido que nosotros y al abrirla se encontró con el revisor que venía a hablar con él. El pobre hombre parecía un poco intimidado y confuso por la gran decepción que se formó en nuestros rostros al verle.

Haddock terminó de intercambiar unas cuantas palabras con el señor y este le dio unas tarjetas para que pudiésemos acceder al festival. Cuando cerró de nuevo nos miró casi como disculpándose. Fue entonces cuando Sara no pudo más. Sobresaltándonos a todos, cogió dos de las tarjetas que aún sostenía un Haddock muy confundido en la mano, avanzó con rapidez hasta la puerta y la abrió de un tirón. Igual que Nay hacía ya casi dos horas.

—Voy a ir a buscarle. Luego nos vemos —Sin decir nada más cerró la puerta antes de darnos tiempo a reaccionar. Me mordí el labio mientras daba unos pasos indecisos hacia la salida. Sara era la mejor amiga de Nay, sabía lo que pensaba, cómo se sentía y estaba segurísimo de ella estaba del todo enterada de la situación en la que se encontraba el chico (Por no decir que seguramente sabía quién era Annie). En cambio yo ni siquiera sabía el apellido del misterio andante. ¿Qué pintaría yo intentando animar al chico? No sabía que decir cuando estaba a su lado y probablemente acabaría dejándole de peor humor que el de antes… pero aún así…

Aún así quería ayudar. Por ello un poco más decidido me dirigí a la puerta de la caravana dispuesto a salir a ayudar a la rubia a buscar a Nay. Al menos eso intenté, porque nada más dar un paso un mano me agarró con fuerza del brazo impidiéndome avanzar. Girando la cabeza vi a Crystal, que me miraba de manera severa.

—¿Adonde crees que vas? —Parpadeé confuso y avergonzado y miré de nuevo hacia la puerta fugazmente.

—Fuera —Mi voz sonó más a pregunta que a afirmación. No pude evitar encogerme al ver la expresión de la pelirroja.

—¿Piensas que te voy a dejar ir con esas pintas a uno de los festivales más famosos del rock? —Me giré del todo, mirándola mientras intentaba zafarme de su mano disimuladamente.

—¿Qué tienen de malo mis pintas? —La chica alzó una ceja.

—¿En serio Dan? Si sales ahí fuera con una camiseta del logo de los “Ramones”, pero que en realidad pone “Raciones” ¡Te van a pegar!

—¿¡Pero qué dices!? ¡Si la camiseta es genial! —Crystal suspiró melodramáticamente.

—Este chico va a morir joven —Antes de que pudiese protestar Crystal me agarró de nuevo y, usando una fuerza que nunca pensé que ella tendría, me arrastró hacia la zona de atrás de la caravana. Desesperado miré a Mía pidiendo algún tipo de ayuda pero la chica sólo me sonrió y se encogió de hombros a modo de disculpa.

—La verdad es que esta vez Crystal tiene razón —Perfecto, todos contra mí. Crystal me lanzó a la cara una camiseta que apenas pude coger al vuelo.

—Eso te servirá —Alcé una ceja mirando la prenda.

—¿Para qué tienes tú ropa de tío? —Crystal bufó.

—¿Acaso no puedo ponerme ropa de tío? —Acto seguido me agarró del brazo de nuevo para obligarme a sentarme en uno de los asientos—. Ahora estáte quietecito que te voy a arreglar el pelo.

“Ah, no, no. Eso sí que no” Inmediatamente pegué un bote asustado y me alejé del asiento.

—¿Qué le pasa a mi pelo? —Mía a mi lado me hizo señas con la mano de que no insistiese, que había perdido la batalla. Creo que el momento en el que realmente desistí fue al ver lo amenazadora que parecía mi amiga pelirroja con unas tijeras de cortar en la mano.

Media hora después Crystal me miraba triunfante mientras salía de la caravana. Chasqueando la lengua me regañó.

—¿Quieres hacer el favor de dejar de tocarte el pelo? Lo vas a estropear —No pude evitar fulminar a mi amiga con la mirada.

—¡Es que me molesta! Odio los pelos en la cara —En un vano intentó probé a soplar para arriba intentando apartar los cabellos de mis ojos, pero rápidamente Crystal me pegó una colleja para que parase—, y encima estos estúpidos pantalones pitillo son la cosa más incómoda que he probado en la vida ¿Por qué me obligas a llevarlos? —Por no hablar de aquella enorme camiseta de Rammstein que me había dado. “Si a mi ya me queda grande ¿Cómo demonios le quedaría a Crystal!?”

—Anda no seas quejica —No pude evitar mirar a mi amiga frustrado.

—¿Quejica? ¡Has jugado a las muñecas conmigo! —Crystal golpeó su puño derecho en la palma abierta de su otra mano con decisión.

—Era necesario —Hablaba como si llevar el pelo despeinado fuese equivalente al delito de matar a alguien.

—¿Necesario? Deberías ordenar tus prioridades vieja lo… —Haddock apareció por detrás nuestro y se interpuso entre los dos antes de que nos matásemos mutuamente.

—Calma chicos. Lo hecho hecho está. Ahora ¿Por qué no disfrutáis del festival en vez de intentar arrancados la cabeza el uno al otro? —Crystal y yo nos miramos unos instantes y asentimos a la vez de mala gana. Justo en ese momento entramos en la explanada donde se realizaba el festival. En seguida la música invadió el lugar, impidiéndonos seguir hablando. Nada más adentrarnos en la masa de gente distinguimos al grupo de Alex. El ojiazul nos sonrió alegremente e hizo señas para que nos acercásemos a él. Haddock nos hizo unas señas que parecían querer decir que se tenía que ir a trabajar y se marchó,dejándonos al resto atrás.

Alex llegó a nuestro lado y con una sonrisa de oreja a oreja en la cara nos enseñó el vaso de cerveza que tenía en la mano, ofreciéndolo. Fruncí el ceño. “No voy a ser tan tonto como para meter la pata dos veces” Con amabilidad negué con la cabeza. No pensaba emborracharme nunca más en mi vida. Ya había tenido suficientes dolores de cabeza en ese verano. Muy pronto me encontré recorriendo el lugar con la mirada con falso desinterés, obviamente esperando encontrar a cierto idiota de pelo azul que se había ido montando un numerito. Mía pareció darse cuenta de mi nerviosismo porque apoyó una de sus manos con suavidad en mi hombro

—No te preocupes Dan. Va a estar bien —La miré sorprendido unos instantes ¿Ahora resulta que también me puede leer la mente? Increíble y espeluznante a la vez—. ¿Por qué no te relajas y disfrutas del día? Antes parecías muy emocionado por estar aquí —Me mordí el labio pensativo, sin saber muy bien que responder. Tal vez lo mejor sería olvidar el tema un rato como ella decía. Al final acabé por asentir y forzando una extraña sonrisa me obligué a mí mismo a centrarme en el festival.

Milagrosamente mientras intentaba aparentar que me lo pasaba bien al final acabé pasándolo bien. La música era adictiva y Crystal, una vez se le hubo pasado la cara de amargada, acabó por volver a estar de buen humor. Cuando al escenario salió Paramore empezó a gritarme al oído como la maldita fangirl que es, me agarró a mí y a Mía del brazo y tirando de nosotros se adentró en la masa de gente hasta conseguir estar casi al principio de la pista (Donde casi muero aplastado por la muchedumbre)

Así pasaron las horas. Entre canción y canción logré sonreír con naturalidad como siempre lo hacía(bueno, casi siempre) y aunque algo en el fondo de mí me seguía pinchando y preguntándose qué estaría haciendo ese idiota en estos momentos no le hice caso. Sólo cuando ya estaba entrando la noche y se estaba preparando el gran concierto del grupo líder del día me permití darme un respiro. Abriendo paso entre la gente conseguí salir de aquella masa de fans y poder respirar un poco de aire fresco. Aún era demasiado pronto para que todo el cansancio producto de saltar y cantar durante horas me invadiese, pero aún así decidí tirarme sobre el césped de alrededor. Permanecí unos instantes en silencio, contemplando el cielo mientras recobraba un poco del aliento que había perdido gritando. A mi lado noté como alguien se tumbaba junto a mi. Por el rabillo del ojo distinguí la cabellera roja de Crystal.

—Hace una buena noche ¿Eh? —Sonreí a medias y asentí con la cabeza aunque sabía que mi amiga no podría ver el gesto desde donde ella estaba. Casi sin darme cuenta comenté en un susurro.

—Se ven las estrellas —Ahora que habían apagado las luces tan irritantes del escenario se podía ver el cielo oscuro totalmente despejado—. Nunca había visto tantas estrellas —Noté como Crystal se removía a mi lado.

—¿Nunca has salido de una ciudad?

—Sí, pero nunca se me había ocurrido pararme y alzar la cabeza por la noche —Crystal  permaneció en silencio. Sé que alguna gente pensaría que simplemente soy idiota por haber dicho esa frase, pero para mí era más bien una manera de decir que mi manera de ver las cosas habían cambiado y estaba bastante seguro de que mi amiga había pillado el significado.

—Demasiado ocupado mirando abajo hacía el móvil ¿no? —Sonreí con amargura.

—Exacto.

Permanecimos en silencio por un buen rato. Hasta que la chica me preguntó.

—¿Te gustaría dedicarte a la astronomía? —No pude evitar reírme.

—Un trabajo en el que no te mueves de casa y puedes dormir durante todo el día ¿quién no querría eso? —A mi lado la pelirroja me pegó un codazo amistoso mientras reía también.

—No. Ahora en serio —Me mordí el labio pensativo.

—No lo sé. ¿Y tú?¿ A qué te dedicas Crystal? —Acababa de caer en la cuenta de que no tenía ni idea de si mi amiga trabajaba o estudiaba o simplemente se dedicaba a comprarse vestidos raros como deporte oficial. Ella era un año mayor que yo así que ya debería de haber empezado una carrera si es que lo había hecho.

—Estudio segundo de filosofía —Abrí los ojos sorprendido “Bueno… En cierto modo, le pega”

Iba a preguntarle la razón que la había llevado a estudiar esa carrera, pero en ese momento unas risas y voces muy fuertes llegaron hasta nosotros. A mi lado Crystal hizo un quejido de frustración y juraría que susurró.

—Por favor. Otra vez no —Confuso me incorporé ligeramente quedado sentado en el césped y mi amiga de mala gana me imitó para ver de donde provenía el alboroto—. Es Jack —Alcé la ceja sin caer en la cuenta.

—¿Jack?¿Quién es Jack? —Justo en frente de nosotros un grupo de chicos se acercaba. Parecían estar bastante borrachos. Algunos de ellos me sonaban de vista. Creo que ellos habían estado con todo el grupo masivo el día de la discoteca. Uno de ellos, un chico alto y de pelo muy oscuro se acercó a nosotros con paso inestable.

—¡Eh tú, gilipollas! —No pude evitar mirar a ambos lados esperando ver a cualquier otra persona por los al rededores “Creo que se refiere a ti Dan” —. Me acuerdo de ti —Con desconfianza me levanté dispuesto a alejarme de aquel misterioso grupo.

— ¿Te conozco? —Su rostro me sonaba bastante, pero no llegaba a encajar del todo. A mi lado Crystal me agarró de la manga en un gesto silencioso que quería decir claramente “Vámonos de aquí“, pero el chico fue más rápido que ella y me agarró de la camiseta.

—¿Te estás burlando de mi? —Oh, oh, vale. Parece que no quiere hacer amigos. Creo que lo mejor sería largarse” —. ¿Quieres que te parta la cara por lo de la última vez? —A mi lado Crystal me agarró con más fuerza y habló.

—Suelta Jack. Ya nos vamos.

—Nadie te ha preguntado a ti, pelirroja —Mi amiga le dedicó una mirada fulminante que no pareció hacer mella en él. Seguramente fue por lo borracho que estaba. Yo no les prestaba atención. Había caído en por qué me recordaba a alguien. Sin poder evitarlo exclamé

—¡Ildefonso! —Claaaaaro, ¿Cómo me había podido olvidar? ¡Fue el chico que se apiadó de mí en el juego de la bebida! Crystal y el ahora descubierto Ildefonso me miraron como si me hubiesen salido unas orejas de burro.

—No Dan. Se llama Jack —Uh. Mierda. Ya lo había vuelto a hacer otra vez “¿Por qué no aprenderás nunca que no hay que rebautizar a la gente como tú quieras?”. La pelirroja al ver mi cara de “No tengo ni puta idea de quién es Jack” decidió aclararlo—. Mi ex-novio.

Alcé una ceja incrédulo ¿Este era el chico con el que casi me pego a puñetazos?. Inconscientemente volví a recorrerle con la mirada. Me sacaba por lo menos una cabeza, pero corto a lo militar y unos ojos negros que daban bastante miedo “Dios. Si no es por Nay habría muerto ese día” Ahora el chico me sonreía con una insoportable expresión de superioridad en la cara. Sin apartar la mirada de mí le habló a Crystal.

—¿Tan desesperada estás que tienes que salir con un gay? Que bajo caen algunas —Molesto por el comentario le empujé para apartarle de mí, pero Crystal me volvió a agarrar de la mano impidiéndome hacer nada más.

—Vámonos Dan. No hay nada que hacer con la escoria —El chico se rió cruelmente.

—Nadie te ha preguntado tu opinión, puta “Ah, eso sí que no” Esa frase sirvió como la gota que colma el vaso. “Le voy a…”

Antes incluso de que pudiese pensar en la manera más cruel de hacerle sufrir el grito de Crystal nos llamó la atención a todos. Mi amiga ya no nos miraba a nosotros. Sino a nuestras espaldas con la cara más blanca que la cera.

—No se preocupe, agente. ¡Todo va bien! No es lo que parece —Jack y yo pusimos la misma expresión de horror a la vez. ” Mierda. La policía” Ambos giramos la cabeza con la misma rapidez hacia nuestras espaldas. Seguramente cada uno pensando alguna excusa que poder decir para no acabar pasando la noche en las celdas por montar un alboroto en el festival, pero ambos nos quedamos en blanco al ver que detrás solo había un claro totalmente vacío “Un momento…”

Algo me agarró del brazo y de un fuerte tirón me hizo echar a correr en la dirección opuesta a la que estaba mirando.

—¡Corre, Dan, corre! —Jack tardó unos segundos en darse cuenta de lo que estaba pasando, pero cuando su mente borracha por fin unió las piezas del puzzle nosotros ya habíamos corrido muy lejos y nos habíamos internado de nuevo en la marea de gente. Cuando estuvimos totalmente seguros de que no nos seguía empezamos a andar con más tranquilidad hacia la zona del escenario. Yo no podía parar de boquear en busca de aire.

—Pero…Crystal…la… ¿Policía? —Mi amiga me dedicó una sonrisa traviesa entre jadeo y jadeo.

—Algo tenía que inventar para hacer que se diese la vuelta y huir —No pude evitar sonreír.

—Eres realmente tramposa ¿Sabes? —La chica me sacó la lengua.

—La próxima vez dejaré que te den una paliza, a ver si me dices lo mismo —De buen humor negué con la cabeza mientras seguíamos avanzando hacia donde habíamos dejado al grupo. Miré el móvil para comprobar la hora , el siguiente concierto estaba apunto de empezar.

—Debemos darnos prisa y buscar a los de… —La pelirroja frenó en seco y yo que estaba detrás demasiado distraído me choqué con ella, golpeándome la frente. Solté un chasquido molesto mientras me frotaba la zona adolorida con el dorso de la mano—. ¡Crystal! ¿A qué a venido eso? —Moviéndome un poco me asomé por detrás de la chica para ver qué es lo que había delante que había hecho que frenase tan repentinamente. Lo que vi hizo que me olvidase completamente del dolor de cabeza.

Enfrente nuestro, rodeados de un montón de gente ajena a la situación, Sara y Nay se besaban. Sentí como si alguien me hubiese dado una tremenda patada en las tripas, pero no dije nada. Crystal y yo estábamos demasiado sorprendidos como para decir nada. Ellos ni siquiera se dieron cuenta de que estábamos ahí y continuaron a lo suyo. Algo en mi mente me decía que debía apartar la mirada, girarme e irme por otro lado,o al menos debía hacer eso si quería dejar de sentir esas pequeñas punzadas en el pecho, pero mi cuerpo no me respondía. Ni siquiera Crystal reaccionó. Los dos permanecimos parados en silencio.

Hasta que por fin se separaron y entonces fue cuando todo cambio en un abrir y cerrar de ojos. Entre el gentío (Aún sin poder reaccionar) observé como Nay se inclinaba para decir algo al oído de Sara y sin saber que estaba diciendo vi como el rostro de la muchacha se iba descomponiendo de una sonría a una expresión de horror.

La rubia se apartó ligeramente de Nay y le miró a los ojos unos instantes. Por su expresión parecía que acababa de ver un fantasma. Crystal reaccionó cuando empezó a ver las lagrimas que caían de la mejilla de la chica. ¿Qué demonios acababa de pasar?

—¿Sara? —La chica pegó un brinco al escuchar la voz de mi amiga y se giró con rapidez para vernos por primera vez. En cambio Nay apenas reaccionó y cuando nos vio esbozó una sonrisa infantil que no pegaba nada con él ni con la situación. Sara nos observó a Crystal y a mí unos instantes, sorprendida de vernos ahí. Abrió la boca para decir algo, pero luego pareció darse cuenta de sus mejillas mojadas y aún con una expresión devastada en el rostro salió corriendo. A mi lado la pelirroja gritó su nombre de nuevo. Sin mucho éxito. Crystal soltó una palabrota por lo bajo—. Joder. Tengo que ir a buscarla. —Tras echar un vistazo hacia mí de reojo salió corriendo en busca de la rubia. Yo las observé irse, sin aún comprender qué acababa de pasar. Veo a Nay besándose con Sara ¿y al minuto está la chica llorando desconsoladamente como si le hubiesen roto el corazón?

Antes de que pudiese organizar mi menté noté como alguien se apoyaba en mi hombro. Con lentitud giré la cabeza sabiendo que me encontraría al peliazul, pero su sonrisa embobada me descolocó otra vez. Permanecí unos instantes mirándolo sin decir nada, sintiendo como mis tripas se revolvían. No fue hasta que le vi perder el equilibrio que hablé.

—¿Cuánto has bebido? —La sonrisa del chico se ensanchó mientras se agarraba con más fuerza a mí para no caerse.

—Sólo…—El chico hizo una mueca como si le costase mucho esfuerzo concentrarse—, un montón.

No pude evitar suspirar y, aunque aún seguía sintiendo las pequeñas puñaladas en el estomago que me producía recordar la escena de hace unos minutos, agarré a Nay por el brazo para que sujetarle.

—Ven. Te llevaré a un lugar más apartado —Mientras tiraba de un Nay extremadamente pacífico fuera de la marea pude ir pensando en lo que acababa de presenciar. Estaba claro que el peliazul la había liado buena. Intenté recordar cómo me sentía yo el día de mi desgraciada borrachera, pero al igual que las otras veces sólo recordé un par de escenas borrosas. ¿Cómo era posible que el alcohol hiciese hacer a la gente cosas tan estúpidas? Nunca había visto al chico tan borracho ¿Por qué justo hoy había decidido ponerse ciego de alcohol? Un pequeño golpecito en el brazo hizo que el peliazul llamase de nuevo mi atención. Me miraba con una expresión afligida. Recordaba a un niño que mira a su madre cuando sabe que ha hecho algo malo.

—¿Estás enfadado conmigo? —Permanecí unos minutos en silencio.

—¿Acaso los amigos se enfadan porque sus amigos besen a una chica? —Nay pareció pensarlo un momento y al final negó con la cabeza. Y por alguna extraña razón caer en la cuenta de que la frase que acababa de decir era verdadera me deprimió aún más. Eso se supone que era yo ¿No? Un amigo de Nay. No tengo ningún derecho a estar enfadado con él ¿Por qué lo tendría?

Afortunadamente el Nay borracho es bastante más fácil de manejar que el Nay normal. No me costó mucho dejarle en una zona de césped donde la gente aprovechaba para descansar mientras yo iba a comprar agua. La verdad es que mientras menos tuviese que ver al chico menos me vendría a la cabeza la imagen de ellos dos besándose. Aunque en el fondo… ¿Qué más me daba a mi? ¿Acaso no había estado yo en una situación igual hace apenas unos días? Sabía que no era el más indicado para juzgar.

Cuando regresé con la botella de agua Nay estaba tumbado en el césped contemplando en cielo igual a como lo había estado haciendo yo hacía apenas unas horas (Sinceramente, ahora mismo me parecían siglos). Me senté a su lado y le pasé la botella. El chico se quedó mirándola unos instantes y luego me miró con el ceño fruncido.

—Esto es agua —No pude evitar bufar ante su tono.

—Ya veo que cuando bebes te vuelves un Einstein —Nay parpadeó confundido. Tal vez demasiado mareado como para entender mi sarcasmo.

—No quiero agua. Quiero cerveza —Una carcajada seca se escapó de entre mis labios.

—Ya estás lo suficiente borracho —Nay se incorporó para quedar sentado junto a mí y pasó su mano por sus cabellos mientras negaba con la cabeza.

—No. Aún no es suficiente —Miré al chico sorprendido. Su rostro me recordó a la misma expresión de tristeza que había mostrado cuando salió de la caravana.

—Nay —El chico no pareció reaccionar ante su nombre—. ¿Por qué te has emborrachado? —Esperé unos minutos, pero la respuesta no llegó. No pude evitar suspirar agotado. Me giré para contemplar el perfil del peliazul. Mantenía la mirada fija en el césped, como concentrado en algún pensamiento interno. Ahora que las luces del escenario se habían vuelto a encender estas reflejaban en su pelo y lo hacían brillar de muchos tonos diferentes de azul y su perfil parecía resaltar entre los contrastes de luces y sombras. Ni siquiera parecía borracho, parecía totalmente sacado de un cuento. De repente el chico musitó unas palabras que sonaron muy débilmente.

—¿Quieres dejar de hacer eso? —Me tensé en mi sitio y enmudecí, tardando unos minutos en contestar.

—¿Dejar de hacer el qué? —Nay chasqueó la lengua molesto.

—Dejar de mirarme como si fuese perfecto —El chico hundió más la cabeza entre sus manos, repentinamente muy serio—. No soy perfecto —En seguida noté como mi rostro enrojecía. Abrí la boca para replicar, pero después de un instante la cerré. ¿Acaso no había pensado más de una vez que aquel chico no tenía ninguna imperfección? Curiosamente me sentí culpable por algo que ni yo del todo comprendía haber hecho. Notando la garganta seca contesté también en un susurro.

—No creo que seas perfecto —Por fin Nay alzó la cabeza. Me miró a los ojos con una expresión de sorpresa, pero yo estaba demasiado concentrado en decir lo que tenía que decir como para reaccionar ante eso—. Tienes un sentido de la orientación pésimo y encima eres cabezota y no quieres reconocer que te has perdido —Podía notar la mirada de Nay fija en mí, por eso mantuve la mía en el suelo—. Eres mal perdedor, tu capacidad para concentrarte en algo es totalmente nula. Te da miedo enfrentarte a cosas. Acabas de demostrarlo huyendo a emborracharte porque Annie no iba a venir, ¿verdad? —A pesar de mi pregunta no le dejé tiempo para responder. Si me paraba ahora probablemente luego no continuaría—. Te da miedo el compromiso, y los juegos de lucha se te dan mal… pero aún así me gus…

Los labios de Nay silenciaron los míos a mitad de la frase. Demasiado sorprendido por el repentino ataque perdí el equilibrio y caí del todo al suelo con el peliazul encima mío, pero eso no pareció importarle a él. Aprovechando mi confusión metió su lengua entre mis labios y me besó con intensidad mientras que con su mano recorrió mi brazo desnudo causándome un escalofrío. Llegando al final del brazo entrelazó sus dedos con los míos sin dejar de besarme en ningún momento.

Yo estaba completamente en estado shock y no podía reaccionar. Ni para apartarle ni acercarme. Noté como pasaba su lengua por mi labio inferior y la mente se me nubló.

Nay, eso es lo único que en lo que podía pensar: Nay y su olor, Nay y la suavidad de sus labios, Nay besándome. Nay, Nay, Nay. 

Con torpeza levanté el brazo que tenía libre para agarrarle de la camiseta y acercarle más a mi. Él pareció notarlo, porque entre beso y beso juraría que sonrió y entrelazó con más fuerza su mano en la mía.

Al final la falta de aire hizo que nos separásemos. Jadeando aún por el beso, Nay apoyó su frente en la mía obligándome así a mantener el contacto con su mirada. Una mirada tan intensa que sentí que me iba a traspasar. Pasé mi lengua por el mismo labio por la que la suya había pasado apenas unos segundos sin poder creerlo. Entonces el ligero sabor a alcohol me hizo reaccionar. Sintiéndome ligeramente desanimado hablé.

—Mañana no te vas a acordar de esto, ¿verdad? —La mirada de Nay se hizo ausente mientras reflexionaba sobre mis palabras. Al final soltando un suspiro se giró. Dejando de estar encima mío y se tumbó en el césped a mi lado.

—Probablemente no —No pude evitar asentir amargado. Por propia experiencia sabía que al día siguiente lo único que recordaría el chico serían unas imágenes borrosas. “Tal vez sea lo mejor”. De repente el misterio andante se echó a reír con fuerza. Le miré alarmado, pensando que se había vuelto loco, pero él simplemente me dedicó una sonrisa—. Esto es realmente irónico.

Alcé una ceja sin comprender lo que decía.

—No sé de que me hablas —La sonrisa del peliazul pareció ensancharse aún más. ¿Había dicho algo gracioso?

—Por eso precisamente es irónico —Medité unos instantes lo que me acababa de decir, pero al no hallar una explicación lógica acabé por suspirar y mirar a las estrellas de nuevo. Entonces poco a poco una idea me surgió en la mente. Girando ligeramente el rostro contemplé de nuevo a Nay. Parecía totalmente absorto en Dios sabe qué. Tenía entendido que los borrachos normalmente eran más sinceros que la gente sobria. Si no preguntaba ahora podría perder una oportunidad única.

—¿Quién es Annie?

La vida es aburrida. Capítulo 11

Días de perros

El mando se resbaló de mis manos y golpeó el suelo con un fuerte estruendo. Paralizado contemplé como Sara masacraba a mi personaje sin piedad en un instante, pero yo ya no pensaba en el juego. Con rapidez giré la cabeza y miré a Nay, sintiendo como mi rostro comenzaba a enrojecer.

—¡N…Nada! No me refería a nada —Nay frunció el ceño y me dedicó una mirada que claramente quería decir “¿En serio esperas que me crea eso?”, pero yo no pensaba ceder. Notando como el labio me temblaba recorrí el interior de la caravana con la mirada, buscando cualquier cosa que pudiese ser mi salvación para cambiar el tema de la conversación. Mi mirada se cruzó con la de Haddock que nos sonreía despreocupadamente a los dos y sin ser consciente de mi expresión de horror empezó a hablar.

—Creo que yo se a lo que se refe… —Agarrando lo primero que encontré por la mesa (Que resultó ser la caja vacía de los videojuegos) se la lancé al mayor por puro reflejo. En ese momento lo único que quería es que se callase.

—¡Haddock! —Le interrumpí con un tono de reproche en la voz, pero creo que eso quedo oculto por el tono de histeria que me invadía. Haddock se protegió del proyectil con el antebrazo y soltando un quejido me miró molesto.

—¿Qué? ¡No hay nada de malo en decirlo! —Si alguna vez había pensado que era incapaz de poner una de esas miradas asesinas que tanto acojonan me equivoqué, porque estoy segurísimo que la que le dediqué en ese momento superaba a muchas de las que había visto hasta ahora.

—¡Cállate! —La risa de Nay a mi lado me sobresaltó. No me había dado cuenta hasta entonces de cómo había pasado su brazo por mis hombros, cosa que me hizo enrojecer aún más. Completamente azorado volví el rostro hacia el suyo para encararle de mal humor.

—¿Y tú ahora de qué te ríes, idiota? —El peliazul dejó de reír y lentamente acercó su rostro al mío, creo que a estas alturas había aprendido que hacer eso conseguía alterarme aun más y sacaba provecho de la situación. Desde aquella distancia podía ver claramente su mirada desafiante, una mirada que me dejó completamente paralizado. De entre sus labios asomó una sonrisa que se me hizo más malévola que cualquier otra cosa.

—De ti, imbécil —Fue entonces cuando la misteriosa valentía que me había invadido hacía unos segundos se desvaneció dejándome sin palabras para contestar (¿No odias cuando os quedáis sin respuestas en una discusión?). Aún así mantuve mis ojos fijos en los suyos con tozudez. No estaba dispuesto a apartar la mirada y perder la supuesta pelea que parecía respirarse en el ambiente. Fue entonces cuando el carraspeo de Sara nos interrumpió

—Si no pensáis jugar más ¿Queréis hacer el favor de dejarme salir? —El tono agrio de su voz me sorprendió ¿Se había enfadado porque habíamos dejado el juego? Algo en mi interior me decía que la causa no era algo tan estúpido como eso. Nay desvió la mirada para mirar a la chica con…¿preocupación? Por alguna extraña razón el hecho de que fuese él el que hubiese cedido ante nuestra misteriosa batalla de miradas no me provocó la alegría que esperaba. Más bien me dejó frustrado y decaído, pero ni siquiera yo entendí la razón.

Con la mirada fija en el suelo me separé de Nay poniéndome de pie para dejar paso a Sara. La chica pasó a mi lado ignorando mi presencia y se fue a refugiar a una de las literas. Así que las cosas habían vuelto a como eran antes, “Era demasiado bueno para ser cierto”.

Fue entonces cuando el quejido infantil de Crystal rompió el mal rollo que se había formado en la caravana.

—¡Frikaaazooo, me duele la cabeza! —Fruncí ligeramente el ceño, aún de mal humor “Como si a mí no me doliese”

—¿Y qué quieres que le haga yo? —La cara de la pelirroja asomó por la litera de arriba y me miró con altanería.

—Distráeme —No pude evitar bufar. Ni siquiera se había molestado en hacerlo sonar como una petición, era claramente una orden. Aún así me dirigí hacia mi mochila para buscar un ibuprofeno o cualquier cosa que pudiese servir mientras murmuraba por lo bajo.

—Vieja bruja.

—¡Te he oído!

—Esa era la intención —Agarré la caja de pastillas que llevaba y me dirigí hacia su litera. Cuando estaba apunto de subirme volví a escuchar la risa de Nay “Será cabrón”

Sin pensarlo mucho me volví de nuevo dispuesto a gritarle alguna cosa de la que luego me arrepentiría, pero Crystal fue más rápida que yo y me agarró por el cuello de la camisa tirando de mí para que subiese a la litera. Ante eso la risa burlona de Nay no hizo más que incrementarse y yo tuve que admitir la derrota.

Los días pasaron en la caravana. Casi sin que me diese cuenta cruzamos la frontera con Alemania y pasamos de entender más o menos lo que los paisanos nos decían a un “Ni puta idea de lo que me están diciendo”. Una vez casi me enfrenté a un señor que me estaba persiguiendo por las calles pensando que me estaba poniendo a parir y que quería pelea, pero al final resultó que se me había caído la cartera y él me estaba avisando… no parecía muy contento por haber hecho una buena acción (y no me extraña, casi le pego un puñetazo).

Sara no volvió a hablarme durante el resto del viaje. Tampoco es que hubiese vuelto a la completa ignoranción del principio, pero aún así no podía evitar preguntarme qué es lo que habría hecho yo para que fuese tan fría conmigo. Haddock y Mía por fin confesaron una noche que habían empezado una relación (Seguro que estáis pensando ¡POR FIN! ¡Qué pesados!…o solo lo estoy pensando yo, pero da igual, mi mente mis reglas)

La verdad es que se portaron y dejaron sus momentos “Pareja totalmente melosa que hace vomitar arcoiris” para su privacidad. En lugares muy lejos de mi vista para que no tuviese que sufrir tal espectáculo. El resto de amigos pareció tomarse bien su relación, creo que todo el mundo ya se lo imaginaba de todas maneras. Por fin llegamos a la ciudad donde se celebraría el festival en el que trabajaba Haddock. Casi no me lo creía el día que el chico nos grito a todos que estábamos llegando al recinto.

Cuando lo hijo salté corriendo de mi asiento y me acerqué a la zona del conductor para poder mirar por la ventana. Lo que vi me dejó alucinado.

—¿Rock am Ring? ¿¡Trabajas para el Rock am Ring y ni siquiera se te ha ocurrido mencionarlo!? —El moreno sonrió amablemente mientras empezaba a hacer maniobras de aparcar en la zona del camping justo al lado del imponente escenario.

—No preguntaste —Le pegué una colleja de la cual no pudo más que quejarse.

—¡No te hagas el interesante ahora! ¿Deberías haberlo dicho? —Mía, sentada en la zona del copiloto se echó a reír.

—Me alegra saber que te vas a divertir en el festival —Me mordí el labio incómodo.

—No me puedo permitir ir a este festival —La tristeza en mi tono de voz era palpable—, por si no recordáis apenas había empezado a trabajar cuando ALGUIEN me sacó a patadas mi primer día —A mis espaldas pude escuchar el bufido que soltó Nay, pero el peliazul no dijo nada. Se había pasado todo el día pegado al teléfono. No me preguntéis qué hacía porque no tengo ni idea, aunque por su expresión debía ser algo importante. Una vez aparcado Haddock se levantó del asiento del piloto y me sonrió.

—No te preocupes por el dinero, Novato. Los del Staff tenemos unos “pequeños” privilegios —Me guiñó un ojo amistosamente mientras se movía junto a Mía pasa sentarse ambos en uno de los sofás de la caravana. Justo enfrente de Nay—. Dentro de poco vendrá el revisor para apuntar la caravana en el registro. Será mejor esperar aquí.

Asintiendo lentamente me acerqué a ellos un poco, pero preferí permanecer de pie apoyado en la pared a sentarme al lado de… ya sabéis quien. Haddock miró a Nay unos instantes y al final preguntó.

—¿Aún no te ha llamado? —Comprenderéis perfectamente por qué en aquel momento todas mis alarmas de cotilla estallaron y no pude evitar hacer otra cosa sino escuchar atentamente a la conversación. Nay suspiró y apartando la vista del móvil lo dejó en la mesa con cansancio.

—No. La avisé de que íbamos a venir por estos días, pero hoy no me coge el teléfono— ¿Sería un completo entrometido si se me ocurriese preguntar de quién demonios estaban hablando? Sí, probablemente lo sería. Haddock agarró la mano de Mía con gesto despistado. Ese típico gesto que hacen las parejas de toda la vida casi sin darse cuenta. Nay se quedó mirando las manos unidas con gesto pensativo y como siempre me pregunté qué estaría pasando por su mente en esos instantes.

—No te preocupes. Seguro que te llamará. Annie siempre quiere verte —Antes de que no pudiese contenerme y preguntase quién leñes era Annie Nay ya había cambiado de tema. En serio, así de rápido. Nunca entenderé la mente de este chico.

—¿Cómo podéis hacerlo? —Haddock y Mía se tensaron ante la pregunta. Visiblemente confundidos.

—¿Eh? —El peliazul señaló la mano que tenían agarradas con aire despreocupado.

—Tener una relación de pareja ¿No os parece aburrido? —La habitación se quedó en silencio unos minutos.. ¿Era mi impresión o cierta persona de pelo azul tenía un humor más decaído de lo normal? ¿Sería por esa tal Annie? Mía se acomodó mejor en su asiento y miró a Nay con seriedad

—¿Por qué iba a ser aburrido? —El chico se encogió de hombros.

—La idea de encadenarte a una persona me parece tan… estúpida. ¿Por qué limitarte de esa manera? —Haddock frunció el ceño.

—Ser pareja de alguien no es limitarse. Es elegir estar con alguien porque quieres —Nay negó con la cabeza

—Se puede sentir perfectamente algo por alguien y a la vez estar con más personas. A veces la gente confunde atracción sentimental con atracción sexual —No pude evitar interrumpir.

—¿No crees que una persona pueda querer estar solamente con una persona y que eso la haga feliz? —Nay se volteó para mirarme. En aquel momento noté como la boca de mi estómago cosquilleaba. Volvimos a permanecer en silencio unos instantes. Yo sin poder huir de la mirada del peliazul.“Dios. ¿Qué es lo que estará pensando ahora?” En este viaje he deseado más veces poder leer las mentes que en toda mi vida. Al final tras lo que a mi me parecieron siglos me respondió.

—Supongo que eso podría suceder…—Casi noté como todos mis músculos se destentaban a la vez—, pero ¿para ello es necesario una relación oficial? ¿No sería mejor que una persona estuviese solo con otra por qué ella quisiese y no por qué la norma social lo indica?

Su respuesta me dejó sin hablar, pero ni siquiera tuve tiempo para asimilar del todo sus palabras. En aquel momento el móvil de Nay empezó a sonar, inundando la habitación de una música tan rara como su propio dueño. El peliazul rápidamente y contestó en un idioma que no podía entender…. Un momento ¿Desde cuándo sabía el misterio andante Alemán?. Hablaba con soltura y confianza, como si fuese su segunda lengua materna. ¿Podría ser su segunda lengua materna?. Arrugué la nariz consternado. Cada vez me daba más cuenta de lo poco que sabía de aquel chico. Y si continuaba con esa manera tan enrevesada de contarme las cosas acabaría sin saber nada de él nunca. El nombre de Annie llegó a mis oídos entre un montón de palabras que sonaban a chino para mi (Bueno, mejor dicho a alemán para mi). Con curiosidad contemplé el rostro del peliazul. Aunque no entendía nada de lo que estaba hablando la expresión de su rostro mostraba un gran cambio repentino en su humor. Estaba sonriendo… pero sonriendo de verdad. No esa sonrisa que me dedica a mí cuando se que se va a burlar de alguna cosa que hago, ni la sonrisa que le dedica a las personas desconocidas cuando es amable con ellas, no. Una sonrisa de alegría. Me quedé sin respiración sobrecogido. Era la primera vez que veía al chico tan… humano.

Aunque poco a poco esa sonrisa fue desapareciendo de sus labios. No pude hacer otra cosa sino contemplar asombrado como su expresión se iba tornando poco a poco a una más inexpresiva. Sus palabras se volvieron más tensas y frías. Incluso su mirada se apagó. “Vaya, sea lo que sea que está pasando no creo que sean muy buenas noticias”

Medité durante unos instantes si debía irme sigilosamente hacia alguna zona menos central. Para dejarle algo de privacidad (Aunque no se que más privacidad puede querer ¡Si no entiendo nada de lo que está diciendo), pero antes de que pudiese mover un músculo él ya había colgado y dejado el móvil de nuevo en la mesa. Haddock al igual que yo parecía haberse dado cuenta del cambio de humor de su amigo.

—¿Pasa algo? —El peliazul hizo una mueca mientras se levantaba de su asiento y se dirigía hacia la puerta de la caravana.

—No puede venir a verme. Sus padrinos dicen que es muy caro —Haddock suspiró

—Repito lo que le he dicho antes al novato. El dinero no es… —Nay le interrumpió mientras abría la puerta de la caravana.

—Sabes perfectamente por qué han dicho eso —Haddock enmudeció unos segundos y se cruzó de brazos.

—Lo siento, tío —Nay se encogió de hombros y cuando le miré de nuevo volvía a parecer el típico chico desinteresado por la conversación que acababa de tener.

—No es como si fuese la primera vez —Dicho eso salió del automóvil. Nadie se quejó ni dijo nada. Ni siquiera yo me atreví a preguntar. Aunque en el fondo notaba como se me hacía un nudo tremendo en el estómago.

La vida es aburrida. Capítulo 10

Los videojuegos siempre unen

La mirada azul de Alex reflejaba la sorpresa ante mi petición. Se podía notar que estaba ligeramente cohibido por mi repentino ataque… vale, lo reconozco, tal vez aparecer de la nada, agarrarlo del brazo sin decir ni una palabra y prácticamente arrastrarlo fuera de la multitud no había sido la cosa más sutil del mundo, pero demonios, no necesito sutileza, ¡necesito respuestas!

—¿Que te cuente qué pasó ayer? —Asentí con la cabeza enérgicamente.

—¡Sí, por favor! —Probablemente mostré una imagen demasiado desesperada, casi rogando por un poco de información, pero vosotros en mi lugar harías lo mismo ¡Eso ni lo dudéis! Alex desvió la mirada a las nubes que pasaban por encima nuestro, como si intentase poner en orden sus memorias y saber dónde empezar. Tras unos segundos de deliberación acabó por suspirar y comenzó.

—Crystal me matará por esto, pero…¿te acuerdas del chico que se sentó a tu lado en el juego de la botella?—Volví a asentir de nuevo, sin querer interrumpirle. Alex se rascó una oreja mientras ponía una mueca—. Se llama Jack. Hace ya unos años Crystal y él estuvieron saliendo… y digamos que las cosas no salieron muy bien y cada vez que se vuelven a ver hay problemas.

¡Oh! Así que es la típica escena de malos rollos. La historia del libro que la pelirroja me había prestado me vino a la mente ¿No se suponía que a la protagonista de la novela le pasaba algo parecido? Fruncí ligeramente el ceño deseando por un momento que mi amiga me contase las cosas por ella misma en vez de dejarme pistas confusas que obviamente no se interpretar.

—Vale, eso explica porque estaba ayer tan decaída.

Alex asintió a mi comentario y continuó con el relato.

—El caso es que ayer Crystal bebió demasiado. Le suele pasar cuando está en situaciones incómodas… Bueno, en realidad los dos bebisteis demasiado —Me miró con curiosidad y con un tono acusatorio, pero yo rápidamente desvié la mía y le apremié a continuar. No pensaba ponerme a explicar mis razones para haber estado tan borracho (Básicamente es porque soy imbécil, pero no es algo que vaya a ir gritando a los cuatro vientos).

—Bueno, vale. Bebimos mucho y nos fuimos a la discoteca ¿No? Qué pasó ahí —Alex suspiró.

—Todos entramos dentro y estuvimos ahí unas horas. La verdad es que os perdí de vista durante un buen rato, pero al final salí fuera a tomar el aire un rato y me encontré a Crystal discutiendo a gritos con Jack y sus amigos. No sé muy bien qué había pasado porque llegué bastante tarde, pero parecía que las cosas se estaban poniendo feas. Creo que ambos estaban bastante borrachos. Intenté agarrar a Crystal y sacarla de ahí, pero —El chico volvió a hacer una mueca—, ya sabes como es ella. Es imposible controlarla si está enfadada —Asentí totalmente de acuerdo.Una Crystal enfadada puede superar por creces hasta tus más horribles pesadillas—. Empezaban a llegar a las manos cuando tú saliste de la discoteca. De repente te uniste al grupo y le pegaste un puñetazo a Jack gritándole que no tocase a tu amiga —Noté como mi rostro palidecía ¿Yo pegándole un puñetazo a ese tío?, está claro que el alcohol hace milagros.

—Nada más recibir el puñetazo todos sus amigos se mosquearon. En medio de la confusión conseguí sacar a Crystal del círculo.Tú seguías insultando a todo dios… la verdad es que tienes demasiado genio cuando estas borracho, tío, les estabas tocando las narices. Parecían dispuestos a pegarte y tú no te callabas —Contuve las ganas de hacer un facepalmMuy bien Dan, sigue así y morirás joven“—. Jack te agarró y devolvió el puñetazo, pero fue entonces cuando Nay apareció corriendo y poniendose en medio de ambos os separó. Tuviste mucha suerte novato. Nay consiguió tranquilizarles a todos lo suficiente como para sacarte del círculo antes de que te sacasen los ojos o algo peor. Luego te agarró de la camisa y tiró de ti para volverte a meter en la discoteca, os habría seguido, pero Nay parecía demasiado furioso, no me metería en su camino en una situación así ni loco. Fue entonces cuando yo llevé a Crystal a la furgoneta y cada uno se fue por su lado.

¡Wow! ¿En serio tenía que pasar eso la única noche que no recuerdo lo que hice? Mi yo borracho debe ser un suicida. Permanecí unos minutos en silencio procesando la historia que me acababa de contar. Bueno, entonces varios misterios resueltos. Ya se cómo casi consigo que me maten y ahora también entiendo la reacción de Crystal de esta mañana. Miré a Alex un tanto receloso.

—Entonces…¿Eso es todo lo qué tú sabes? ¿No volviste a la fiesta luego? —El muchacho me miró inocente.

—No, Me quedé en la furgo con Crystal ¿Por qué?¿Pasó algo más? —Rápidamente negué con la cabeza con nerviosismo. No sé qué demonios había pasado por mi cabeza al pensar que tal vez él supiese algo de lo que me contó Haddock.

—No pasó nada —Mi voz sonó demasiado falsa, pero Alex no comentó nada más—. Gracias por la información —Tal vez soné un poco más seco de lo que debería, pero el chico no se mostró molesto y asintió por toda respuesta.

Cuando me separé del Alex volví a darle vueltas al asunto. Entonces el incidente de mi lío ¿Cuándo fue? ¿Con quién? Obviamente no iba a ir preguntando por ahí a la gente. Tal vez lo mejor sería no indagar más en el asunto. Un tupido velo y todo solucionado.

De camino a la caravana me topé con Mía y Haddock. Les iba a saludar, pero la expresión en sus caras me hizo pensar que tal vez lo mejor sería continuar silenciosamente mi camino y no interrumpir la escenita. Haddock estaba más serio de lo que nunca le había visto. Le decía algo a la chica, pero respetando su intimidad decidí no escuchar lo que se estaban diciendo. Tal vez Haddock se hubiese aclarado de una vez por todas y decidiese sincerarse con Mía, porque, seamos sincero, se nota a un kilómetro la atracción entre ellos. Intentando no volver a meter la pata de alguna escandalosa manera seguí el camino hacia el automóvil.

La caravana estaba vacía, mejor, tenía bastantes cosas en las que pensar. Nada más cerrar la puerta me dirigí a mi mochila de donde saqué el libro que me había prestado Crystal. Tenía la impresión de que la protagonista de la obra se parecía demasiado a mi amiga pelirroja. Una chica con problemas en casa, una relación amorosa que acaba totalmente en desastre y que al final sola acaba confiando en un total desconocido simplemente por el hecho de que es amable con ella. ¿Sería mi amiga capaz de confiar así en los extraños? Bueno, pensándolo bien no huyó de mí el primer día con mi frase acosadora. Sí, en definitiva mi amiga sería capaz de confiar en cualquier persona.

Distraídamente pasé las hojas del libro sin fijarme en nada especial, sólo contemplando las letras. Al final suspiré ¿Por qué no podía tener amigos normales con problemas normales? “ Tal vez porque tú no eres normal” Fruncí ligeramente el ceño. No necesitaba que mi subconsciente me recordase lo ratito que soy, para eso ya están el resto de personas del mundo.

El sonido de la puerta al abrirse me hizo cerrar el libro de golpe, sobresaltado. Paralizado en mi sitio vi a Sara entrar por la puerta. La chica llevaba una consola en los brazos y por su cara al verme parecía encontrarse tan incómoda como yo. Nos miramos un rato, expectantes. En mi interior yo ya temía que ella también empezase a gritarme por alguna desgracia que hubiese ocurrido ayer por la noche (Eso o su típica mirada de desprecio e ignoración que me solía dedicar), pero para mi sorpresa la chica no hizo ninguna de esas cosas. Con cuidado dejó la consola apoyada en la mesa de la caravana y me miró unos instantes, como debatiendo algo en su interior. Al final acabo por hablar señalando con torpeza el cachivache que acababa de traer.

—Ehm… ¿Te apetece jugar? —Mis ojos se abrieron de la sorpresa. ¡Dios mío! ¿Sara siendo amable conmigo? ¡Pensaba que me odiaba! Me quedé sin habla unos minutos, hasta que carraspeando conseguí contestar. Aún muy confundido.

—Claro, por qué no.

Anduve con torpeza hasta ella, que me pasó uno de los mandos mientras enchufaba el aparato. Se había traído una tele portátil en la cual apareció la típica portada de los juegos de Smash Bros. El ambiente se notaba tenso, ese típico ambiente que aparece cuando te quedas solo con una persona que se supone que deberías conocer porque estáis en el mismo grupo, pero con la que en realidad nunca has hablado en solitario en toda tu vida. Por fin la rubia rompió el silencio sentándose a mi lado y agarrando el otro mando.

—¿Alguna vez has jugado? —No pude evitar soltar un bufido de autosuficiencia.

—Por favor, ¿Quién no ha jugado alguna vez al Smash bros? Se podría decir que soy un profesional —Perfecto, ya estoy soltando idioteces. No sé si os habéis fijado en que tengo un don que me hace decir cosas estúpidas en momentos de nerviosismo. Sara sonrió con sorna.

— Eso habrá que verlo. Te apuesto lo que quieras a que no me vences —¿Eso ha sido un desafío? Porque a mí me ha sonado a desafío

Y así es como comenzó una batalla a muerte por ver quién de los dos conseguía sobrevivir a la pelea. He de reconocer que la chica era realmente buena. Poco a poco nos empezamos a picar de verdad. Es como esas cosas que piensas que va a ser pan comido hacerlas, pero luego te das cuenta de que estabas equivocado y se te mete en la cabeza que vas a ganar cueste lo que cueste. El juego no era el único campo de batalla. Por la caravana no paraban de sonar los gritos de frustración,de emoción, los de “¡Eso es trampa!”, las risas y los lamentos. A pesar de la competitividad pude notar que la tensión había desaparecido completamente. Tal vez hubiese juzgado mal a Sara. No era tan mala chica a fin de cuentas.

Tras un rato jugando la puerta de la caravana se abrió y por el rabillo del ojo pude ver como Crystal entraba, seguida de Mía y Haddock. Estos dos últimos parecían radiantes de felicidad. No pude evitar sonreír inconscientemente al suponer que la conversación que habían tenido hace uno minutos había salido bastante bien. “Si es que tenía que pasar” Ambos fueron a sentarse al otro lado de la mesa y sin prestarnos mucha atención a Sara y a mí se pusieron a hablar entre ellos. Crystal en cambio nos dedicó una mirada fugaz y sin mostrar interés alguno por el juego se fue a una de las literas. En ese momento ni Sara ni yo nos habíamos dado cuenta de que no fueron los únicos en entrar en la caravana.

Ambos estábamos tan sumidos en el juego que los dos pegamos un bote cuando una mano se posó en un hombro de cada uno distrayendonos. La voz de Nay sonó muy cerca entre nuestras cabezas.

—¿Ya os habéis viciado? —En otro momentos habría salido corriendo por solo ese gesto, a punto de sufrir un ataque al corazón, pero estaba demasiado concentrado en la batalla como para preocuparme, esto era la guerra. El chico apartó nuestras cabezas para poder ver mejor a qué estábamos jugando. Sara y yo emitimos el mismo quejido de frustración.

—Nay ¡Aparta! Que no podemos ver —Nay emitió un bufido.

—No sé por qué os gustan esta mierda de juegos —Sara rió sarcásticamente

—Eso lo dices porque eres pésimo jugando —¡Wow! ¿Habéis visto eso? A eso es lo que llaman “Confianza en uno mismo”. Yo sería incapaz de decirle algo así al chico peliazul. Más que nada porque siempre que intento hablar con él acaba todo al reves de lo planeado. Era bastante obvio que Sara y él tenían años de confianza, intenté ignorar el nudo en el estomago que eso me producía y no aparté la vista de la pantalla, incapaz de girar la cabeza para mirar al chico. Aunque por el tono con el que contestó supuse que estaba frunciendo el ceño.

—Estupideces —Sara tanteó en la mesa sin apartar ni un segundo la mirada de la pantalla y cogió otro de los mandos de la consola pasándolo por detrás de su hombro hacía Nay.

—Atrévete listillo —Nay miró el mando unos minutos. Hasta que al final acabó por sentarse en medio de nosotros y enchufó el mando.

En defensa del peliazul diré que no era nada malo jugando, el problema era que Sara era demasiado buena… pero qué digo, ¡Acabo de descubrir algo que no se le da bien al misterio andante! ¿Acaso hoy era el día de descubrir cosas inéditas? Al cabo de un rato pareció perder todo el interés por el juego, creo que este chico no puede mantener la concentración en la misma cosa durante más de 10 minutos seguidos. Seguro que por eso es tan raro. Derrotado optó por quedarse entre nosotros contemplando nuestra partida con muy mal disimulado desinterés (Por mal disimulado me refiero a que no disimulaba en absoluto. Ni siquiera creo que pretendiese disimular).

Pasaron unas cuantas partidas más hasta que noté como un hombro se apoyaba contra el mío para atraer mi atención. Incluso sin apartar la mirada de la pantalla podía sentir los ojos de Nay clavados en mi. Algo que me puso más nervioso que un pavo en navidad. El chico parecía estar dándole vueltas a algo

—Oye novato … —Temiendo que mi voz se quebrase si hablaba me limité a hacer un gesto con la cabeza indicándole que le escuchaba—. Antes, cuando hemos tenido la conversación sobre lo que pasó ayer por la noche ¿A qué demonios pensabas que me refería si no era a la pelea?

La vida es aburrida. Capítulo 9

Ramona, oh, Ramona

Mi madre gritaba tan fuerte que tuve que alejar el móvil de la oreja para evitar quedarme sordo con sus chillidos. Tal y como esperaba no se había tomado muy bien la noticia de que me había ido de viaje por Europa sin siquiera habérselo contado. Tras un largo monólogo en el que la mujer había pasado por la fase de negación, la de la furia y la de preocupación, por fin había llegado a la fase de la autocompasión.

—¿Qué hicimos mal para que acabases haciendo estas estupideces hijo? —Supuse que era una pregunta retórica y me callé por mi propia seguridad—. Es verdad que algunas veces te caíste de la cuna, pero te cogíamos enseguida ¡y nunca llegué a pensar que el golpe te fuese a dejar secuelas! —También por mi propia seguridad me abstuve de decirle a mi madre que por mucho que cojas a tu niño cuanto antes después de que se haya pegado una torta la torta va a doler igual. En cambio intenté tranquilizarla, sintiéndome un poco culpable.

—No tiene nada que ver con eso mamá. Solo necesitaba un cambio.

—¿Un cambio? Dan, los chicos de tu edad cuando quieren un cambio se compran una camiseta nueva o se cambian el peinado ¡No se van por el mundo solos!

—Creo que tú y yo sabemos que un simple cambio de peinado no me serviría —Mi madre enmudeció por unos instantes. Tal vez usando ese super poder maternal que las hace comprender lo que pasa por la cabeza de sus hijos sin necesidad de preguntar. Cuando habló lo hizo mucho más calmada y su tono había regresado al normal.

—Tienes razón cariño. Siempre has querido hacer las cosas a tu manera. Adelante —No pude evitar sonreír.

—Gracias mamá.

—Por cierto. Por casualidad no te habrás ido con aquella amiguita nueva tuya tan simpática, ¿no? —La sonrisa se esfumó al adivinar por donde iban los pensamientos de mi madre. Con recelo respondí.

—Sí ¿Por?

—Es una chica realmente simpática.  ¡Me alegro por ti cariño! Ya nos empezabas a preocupar a tu padre y a mí —Tragué saliva notando como mi garganta se secaba ¿Qué demonios quería decir con eso? Cuando hablé mi voz sonó acerada.

—¿Preocupar? —Mi madre pareció notarlo, porque al otro lado del teléfono su voz titubeó

—Ya… ya sabes hijo. Nunca has salido con mucha gente. Como mucho estabas siempre con Martín y a tu edad no es muy sano alejarse tanto de la gente y de las chic…

—Te tengo que dejar mamá —Cuando la interrumpí hablé sin mucha emoción en la voz. Más bien como si fuese algo automático—. Vamos a desayunar ahora.

—Oh… Por supuesto, cariño. Cuídate

—Lo mismo te digo.

Colgué y me quedé observando el móvil unos instantes. Hasta que al final suspiré y apoyé la frente en la pared exterior de la furgoneta.

—¿Qué cojones ha sido esa conversación? —Cerrando los ojos me llevé ambas manos a las sienes para masajearlas. La cabeza me seguía doliendo a horrores por la resaca. Apreté los dientes molesto. Lo mejor sería no pensar en ello y ya está. Haciendo un esfuerzo me dirigí hacia la caravana. Nada más llegar a un punto de descanso me había excusado y había salido al exterior para tener un poco de intimidad y por fin llamar a mi madre. Probablemente durante la conversación todos los demás se habían despertado y habían salido fuera a comer. No me equivocaba, nada más llegar les vi enfrente del vehículo. Habían sacado una especie de cocina portátil junto a la fogata para hacer la comida y se habían sentado alrededor de ella mientras Ramona y algunos otros hacían la comida. Sin muchas ganas de socializar anduve hasta ellos y me dejé caer en un tronco tumbado del suelo junto a Alex, que me miró sonriente. Sintiendo una punzada de celos le pregunté.

—¿Cómo puedes estar así con resaca? —El ojiazul se río mientras me pasaba una especie de bollo.

—Yo apenas bebí. Luego tenía que conducir la furgoneta —Con un movimiento de manos me señaló al otro choche que estaba aparcado junto a la caravana. Durante el viaje ni me había fijado que otro coche nos seguía—. ¿O acaso pensabas que todos los desconocidos que hoy estaban durmiendo en vuestro coche se habían apuntado al viaje como si nada?

 Sin apartar la vista del suelo le di un mordisco al bollo pensativo.

—La verdad es que a estas alturas no me sorprendería —Alex se volvió a reír. Tenía una risa rara. De esas que hacen más gracia la risa en sí que la cosa por la que uno se ríe.

—Es de esperar si viajas con esa panda que llamas amigos. He conocido a poca gente tan rara como ellos.

—No podría estar más de acuerdo contigo — “Estaban todos para manicomio, eso seguro”

—No hables. Que si estas con ellos será porque también eres ratito —Hice una mueca

Touché.

En aquel momento Nay salió de la caravana y se acercó a nosotros, captando (Obviamente) mi atención. Por su expresión supuse que él también debería tener una resaca encima de cuidado… La diferencia era que yo parecía un zombie andante mientras que Nay parecía… pues eso, Nay.

Le seguí con la mirada mientras se acercaba a nosotros y por ello mismo no se me pasó por alto el increíble cambio de expresión cuando me vio. Literalmente fue un cambio de estar en modo “Soy inofensivo porque me acabo de despertar” a ” Te mataré lenta y dolorosamente”. Una expresión y una mirada que sinceramente me hicieron estremecerme de terror y confusión. Ni siquiera me moví un pelo cuando él, silenciosamente y sin perder esa mirada de cabreo profundo se sentó lentamente a mi lado. Como si quisiese estar más cerca de su presa para no perder el tiempo cuando decidiese atacar. Permanecí estirado como un palo en mi asiento, sin siquiera atreverme a girar la cabeza para contemplarle.  ¿Qué había hecho yo ahora para enfadarle tanto? No recuerdo haberle he…ah claro. Que no recuerdo nada de lo que pasó ayer. Contuve un quejido de desesperación ¿Había hecho algo borracho que le cabreó? ¿Acaso podría ser por lo de liarme con otro tío? Mi mente rápidamente negó en mi interior. “No, a Nay le debería importar lo que se dice nada lo que yo haga”

Una mano en mi hombro me hizo pegar un ligero bote. Alex me miraba ligeramente preocupado.

—Eh frikazo. ¿Te encuentras bien? —Le miré unos instantes pensando si debía decirle que no me llamaba frikazo,sino Dan, pero al final opté por simplemente asentir azorado y volver a darle un mordisco al bollo.

—Sí, por supuesto…

A mi lado pude notar como Nay cogía una tostada que le ofrecía Ramona y se ponía a comer en silencio. Sin volver a lanzarme ninguna sola mirada, pero aún así podía sentir el aura fría que le rodeaba.

Como si las cosas estuviesen empeñadas en ir de mal en peor Crystal apareció en ese momento. Con una mirada  que solo había visto el día que me dio el libro aquel misterioso. Inmediatamente mis defensas se alarmaron (¿Es que no puedo tener un minuto en paz?) y más cuando la chica pareció encontrar su objetivo entre el grupo y ese objetivo resultamos ser nosotros.

La chica se acercó a Nay y a mí con rapidez, sin atreverse a mirarnos a los ojos. Cuando llegó se acuclilló entre los dos. Yo en ese momento no sabía donde meterme. ¿Esto a qué venía ahora? ¿Alguien me puede explicar como en una sola noche he conseguido poner a todos de un humor de perros inconscientemente? A nuestro lado Nay también parecía estar realmente incómodo.

Crystal apoyó sus manos en uno de nuestros hombros (En ese momento pensé que estaría buscando una posición más cómoda para estrangularnos o algo parecido y por la expresión de Nay supuse que él estaba pensando exactamente lo mismo). A nuestro lado Alex parecía haber captado perfectamente el aura de la reunión, porque había vuelto de nuevo a su desayuno en silencio de la manera más discreta posible.

Cuál fue mi sorpresa cuando mi amiga habló.

—Muchas gracias… a los dos —Fue como esas veces que piensas que hay un escalón más en las escaleras y se te queda una sensación extraña al ver que no es así: me quedé paralizado en mi sitio, mirando a la chica a los ojos sin saber muy bien qué decir. Por el rabillo del ojos pude ver como Nay asentía y carraspeaba.

—No hay de qué —Una lenta sonrisa asomó por los labios de la pelirroja y con un último apretón de hombros se levantó del sitio y se alejó tan campante, como si no acabásemos de tener una reunión a lo mafia “Lo que sucede en el círculo, se queda en el círculo”.  Consternado dejé a un lado mi comida. Ya no tenía ganas ni de probar bocado e intenté obligar a mi mente a recordar qué narices había pasado ayer por la noche. Apoyé la frente en mis manos ocultando mi rostro con el cabello mientras miraba fijamente al suelo. ” Piensa, piensa, piensa, piensa” 

Pero nada. Lo único que aparecían eran las imágenes borrosas de una discoteca llena de gente. ¿Cómo podía ser tan patético? ¡Todos recordaban algo menos yo!

Unos pies asomaron en mi campo de vista haciéndome levantar la mirada. Ramona me observaba con la misma preocupación con la que Alex me había mirado hacía apenas unos minutos.

—Te ves un poco pálido.¿Estás bien? —Por millonésima vez en ese día mentí asintiendo con la cabeza.

—Estoy bien. No te preocupes… es la resaca —¡Ja! Al menos aquel dolor de cabeza me servía como excusa para algo.

—Deberías beber un poco de agua —Con un gesto amable me pasó una botella de agua. Sin prestar mucha atención la cogí intentando sonreír sin mucho éxito.

—Gracias, Ramona —El rostro de la chica se pareció congelar.

—¿Ramona? — Fue como si me hubiesen tirado un barreño de agua encima de repente ” Oh no ¡Alerta roja, alerta roja! La has cagado Dan. Retirada ¡Huye! Busca una salida. ¡CUALQUIER SALIDA!” 

Antes de que pudiese usar de nuevo la resaca como excusa por inventarme nombres así como así Nay terminó su desayuno y carraspeó atrayendo nuestra atención. Si no hubiese estado cagado de miedo por su mirada y por la metedura de pata que acababa de cometer hasta me habría fijado en cómo apoyó su mano en mi hombro para hablarnos a los dos con más privacidad.

—Jane. Si nos disculpas tengo que hablar un momento con el Novato, a solas —Bueno, no era precisamente la salida de la metedura de pata que habría deseado, pero al menos no tendría que explicar a la ex-Ramona el por qué de su nombre.

Sintiendo los pies de plomo me levanté con torpeza y seguí a Nay al interior de la caravana. Tenía el presentimiento de que había salido de la sartén para caerme en las brasas. El auto por dentro estaba totalmente vacío (Prácticamente destrozado, pero vacío). Sentí un escalofrío en la columna vertebral cuando escuché como Nay cerraba la puerta a mis espaldas. Lentamente me giré para afrontar la realidad. Nay me miraba apoyado en la puerta. Con las manos juntas por detrás de él y una expresión que haría correr hasta león como si fuese un gatito. Ni siquiera sé cómo me mantuve en pie. “¿Tan mala la he liado?”. Parecía estar poniendo todo su esfuerzo en controlarse. Cuando por fin habló parecía que su voz era un cuchillo.

—¿Me quieres decir en que cojones estabas pensando? —El silencio inundó la habitación por unos instantes. Alcé un dedo al aire y abrí la boca para decir algo, pero enseguida me arrepentí y acabé rascándome la nuca confundido.

—No te refieres a lo de Ramona ¿No? —Nay golpeó la pared con fuerza “ Va, me da a mi que eso es un no”

—¡No imbécil, no! ¡Me refiero a lo de ayer! Ese comportamiento no te pega nada, Novato —Oh, vale. Entonces se refiere a lo de liarme con alguien. Le miré sorprendido

—…Ya sé que no es típico en mí, pero ¿que importa? —Contuve las ganas de añadir un ” te” en medio de esa pregunta.

—¡Claro que importa ! Es peligroso, niñato irresponsable —¿Por eso se había enfadado conmigo?¿Porque era peligroso?  Fruncí el ceño molesto. Va, sé que irse con desconocidos no es recomendable, pero ni que fuese un niño indefenso.

—Creo que puedo defenderme solo perfectamente, Nay. No te necesito de niñero —Nay se acercó a mí con  brusquedad y he de reconocer que retrocedí un poco alarmado por su mirada.

—¿Defenderte? Pero si eres un enclenque no me vengas con gilipolleces

—Tú fuiste el que te burlaste de mí por no dejarme llevar

—No dejarte llevar, Novato.  No “ir directo a la muerte” —”¿Muerte?, pero ¿este qué se monta en la cabeza?”

—¿No crees que estás exagerando? Solo era uno. Seguro que podría perfectamente con él si algo hubiese pasado —Nay parecía casi más confundido que yo mismo.

—¿Uno? ¡Si por lo menos eran diez! —La expresión de terror que se me quedó pareció hacerle callar “¡DIEZ!, Santa madona, Dan ¿Qué llevaba esa bebida?” 

—¿A qué cojones te estás refiriendo? —Nay me observó unos instantes en silencio. Poco a poco se fue inclinando hasta poner su mirada a la altura de la mía. Había recobrado su típica expresión indescifrable y juraría que se estaba mordiendo de nuevo el piercing.

Cuando habló lo hizo tan calladamente que me provocó mayor alarma que cuando me estaba gritando.

—No te acuerdas —No era una pregunta, era una afirmación. Derrotado acabé por asentir con la cabeza. Deseando no tener un armario detrás que me impidiese alejarme de la repentina cercanía del peliazul, que volvió a hablar—. Me estás diciendo que ayer casi te dan la paliza del siglo… y tú no te acuerdas de nada.

—Ehm… ¿sí? —Nay se alejó de mí, pero en ningún momento apartó su mirada de la mía.

—Debería darte la paliza yo mismo por idiota —Tragué saliva de golpe.

—Te agradecería que no lo hicieras… si no te importa —Un amago de sonrisa intentó asomar por la comisura de los labios de Nay, pero el chico pareció controlarlo. Suspiró y sin darme tiempo a reaccionar me alborotó los cabellos pasando la mano por mi cabeza.

—Eres increíble, Novato —Cuando dejó caer la mano hacia su costado sentí una repentina sensación de vacío—. Hazme un favor. No vuelvas a emborracharte nunca.

“Tranquilo, no esta en mis planes. Créeme”  

Sin decir nada más Nay dio media vuelta y salió de la caravana como si hace unos minutos no hubiese estado dispuesto a matarme ahí mismo. Yo en cambio me dejé caer por la pared del armario lentamente. Hasta acabar sentado en el suelo, sin apartar la vista de la puerta por la que acababa de salir el ojiblanco.

“Conque una paliza, un lío, un misterioso agradecimiento” ¿Por qué absolutamente nada parecía tener alguna conexión? Necesitaba respuestas. Inmediatamente. Necesitaba saber en que lío me había metido que casí causa que me maten. ¿Nay habría estado involucrado en la pelea? Me mordí el labio deseando que se hubiese quedado en la caravana para poder explicarme tranquilamente lo que había pasado… pero claro, es Nay.

Tras una eternidad ahí parado una pequeña idea me vino a la mente. Mirando el asiento del piloto de la caravana sonreí.

— ¿Alex no bebió, verdad?

La vida es aburrida. Capítulo 8

Beber es malo, sobre todo si ya eres imbécil de por si

Lo primero que pensé al abrir los ojos fue que alguien me estaba taladrando la cabeza hasta el punto de hacerla estallar. Lentamente —temiendo que un movimiento brusco detonase la bomba que alguien parecía haber puesto en mi cerebro— me llevé las manos a la frente y no pude evitar soltar un quejido de dolor.

“¿Qué demonios pasó ayer?”.

A pesar del dolor prominente de mi cabeza me forcé a mí mismo a intentar recordar qué había pasado apenas unas horas antes.

———– Horas antes———–

Ignorando la ligera sonrisa burlona que se había formado en la cara de Nay al oír mis palabras me senté junto a Crystal y Alex. Mi amiga parecía estar quejándose de algo al chico, pero con todo el alboroto de la gente no pude entender sus palabras. Tampoco es que tuviese mucho interés en entenderlas. En ese momento lo único que pasaba por mi mente era hacer al peliazul tragarse sus palabras.

Fue entonces cuando una chica morena…ahora que lo pienso no le pregunté el nombre…llamémosla Ramona, por decir algo. Pues Ramona se incorporó ligeramente en su asiento y hizo que todos los que habíamos formado el corro del juego se callasen. Sonriendo alegremente nos habló a todos.

—Vale chicos ¡Voy a girar la botella, empezamos!

Con destreza hizo girar una pequeña botella azul justo en el centro del corro. Todos esperamos en silencio a que se parase y … sí… ya sabéis lo que viene ¿No? Y el iluso de mí hasta se alegró de que la botella hubiese parado en él (AY, Santa inocencia la mía). Puede que todo fuese por aquel sentimiento de molestia que surgía en mi interior solo con pensar en esa estúpida sonrisa burlona que sabía que me estaba dedicando el Nay en un lugar a mis espaldas. Intentando insuflarme un animo del que totalmente carezco me froté las palmas de las manos dispuesto a hacer lo que fuese que tengo que hacer. Reto, verdad… podría con todo.

—Un momento…—Miré a Crystal y a Alex confuso—. ¿A qué se supone que estamos jugando?

Un chico que se encontraba sentado a mi derecha —Llamemos a este Ildefonso para ponernos en situación— me dio unas ligeras palmaditas en el hombro mientras me pasaba una botella de un alcohol de una marca que sinceramente no reconocí. En ese momento debería haberme alarmado por la cara de compasión con la que me miraba. pero no caí en la cuenta hasta que me habló.

—Te compadezco, hermano.

——————-

Un juego de beber. De todas las cosas posibles me tenía que apuntar a un puto juego de beber. Mi cerebro pitó de dolor, como queriendo quejarse él también de mi idiotez.

No acostumbro a beber. Es más, creo que puedo contar con una mano las veces que he bebido algo de alcohol. Siempre he pensado que es de gente estúpida porque lo único que consigues es humillarte (Creo que ya sabemos que de humillaciones tengo suficientes en esta vida), y justo voy yo y me apunto a un juego de beber a los bestia delante de la persona que sé que nunca me va a permitir olvidar la humillación de mi vida “OLE TU INTELIGENCIA DAN ¡OLE!”.

Mi cerebro volvió a quejarse y chasqueé la lengua adolorido. “Vale, ponerme a gritar mentalmente no es una buena idea cuando tengo resaca” Algún día me darán el premio Nobel. Lo sé, el premio Nobel al tío más tonto del mundo.

¿Qué había pasado después de eso? Sinceramente… No me acordaba, después todo eran imágenes borrosas, gritos y más gritos, mucha música. Me empezó a invadir una pequeña angustia debido a la incertidumbre ¿Qué demonios habría hecho estando borracho? No quería ni pensarlo.

Un pequeño rayo de luz incidió desde la ventanilla justo en mi cara causándome una expresión de profundo dolor, como si fuese un vampiro (Aunque después de lo que sea que haya pasado esta noche no descartaría la posibilidad de haberme convertido en uno). Parpadeé y miré a ambos lados intentando procesar en mi mente la imagen a mi alrededor. Me encontraba tumbado en una de las literas de la caravana. Sólo con echar un vistazo pude comprobar que no estaba solo y que no era el único que había sufrido los estragos del alcohol. Todos se encontraban dormidos (Yo diría más bien en estado coma) en el primer sitio que habían pillado. Por los ronquidos de la litera de arriba juraría que Crystal se había apropiado de esa cama junto a Mía. Otros menos afortunados habían acabado por desplomarse en el mismo suelo de la caravana. Incluso en los pequeños sofás del lado podía ver a Ramona y a Sara durmiendo en la postura más incómoda que os podáis imaginar.

De repente una sacudida de mi litera me hizo perder el equilibrio y me tuve que aferrar al colchón para no acabar de bruces contra el suelo.

—Joder —Me llevé una mano a la boca sintiendo como la cabeza me daba vueltas. Casi parecía como si estuviésemos en movimiento… Un momento… estábamos en movimiento ¿Quién era el idiota que se le había ocurrido ponerse a conducir a estas horas? Con cuidado de no acabar cayendo encima de algún pobre desgraciado de los que se encontraba roncando en el suelo me bajé de la cama para mirar por la ventanilla. Pude distinguir una carretera totalmente desierta por la que estábamos yendo. Alzando una ceja me dirigí hacia la zona del conductor aferrándome a la pared de la caravana como si estuviese andando por gelatina “Nunca más pienso beber, nunca más”

Debía parecer patético intentando alcanzar el asiento del copiloto como si estuviese saltando una carrera de obstáculos (Por obstáculos me refiero a cuerpos de borrachos tirados en el suelo del coche), pero digáis lo que digáis casi hasta me sentí orgulloso de mí mismo por haber llegado sano y salvo cuando conseguí aferrarme al respaldo del asiento.

Tardé unos segundos en reconocer a Haddock sentado al volante, tan campante como si no hubiese dormido sólo 4 horas. El moreno me miró fugazmente y me dedicó una sonrisa alegre que no iba nada acorde con el ambiente de la compañía.

—Resaca ¿eh, Novato?

Me limité a gruñir como respuesta mientras me deslizaba sobre el asiento del copiloto. Haddock se río sin intentar ni por un segundo fingir que el asunto no le hacía gracia. Sin apartar la vista de la carretera extendió uno de sus brazos hacia mí para darme una botella.

—Será mejor que bebas mucha agua. El dolor de cabeza es por la deshidratación.

Sin preocuparme en parecer muy amable prácticamente le arranqué la botella de las manos de un manotazo. Aunque antes de beber murmuré un gracias que no hizo otra cosa más que agrandar su sonrisa burlona. Tras dar el primer trago conseguí preguntar con voz ronca.

—¿Qué pasó anoche? —Haddock volvió a reírse con alegría

—Todos fuisteis unos flojos y acabasteis como cubas —Puso una cara que parecía decir “Los chicos de estos tiempos no aguantan nada”—. Ni siquiera sé muy bien cómo conseguisteis llegar a la discoteca sanos y salvos y ni me preguntes cómo lograsteis volver…

“¿Discoteca? ¿Cómo que discoteca?” En mi mente aparecieron unas fugaces imágenes de un local oscuro y abarrotado de gente, pero en ese momento Haddock giró bruscamente con el volante y el desagradable vuelco en mi estómago me sacó de mis pensamientos.

—¿A dónde demonios nos estas llevando? —El chico hizo una mueca.

—Mi jefe me llamó ayer. Tengo que estar para cubrir el festival de pasado mañana por la noche— Lo miré asombrado.

—Ahh… Que tú trabajas —Por la mirada acerada que me echó supuse que debería haberme guardado el comentario.

—¿Tengo pinta de nini, Novato? —Me apresuré a negar con la cabeza enérgicamente. Entonces la expresión del mayor pareció suavizarse—. Siento haberos sacado del camping tan pronto, pero si no no llegamos ni de broma —me miró de reojo con cierta culpabilidad—. Debes de haber dormido poquísimo. No hace falta que me hagas compañía si no quieres. Hace unos minutos tuve que obligar a Mía a que se fuese a dormir para que descansase.

Aunque el dolor de mi cabeza me gritaba que me buscase un agujero oscuro en el que enterrarme para descansar me forcé a mi mismo a negar.

—No tengo sueño —mentí mientras me intentaba poner en una postura más cómoda en el asiento. La pobre Mía había ocupado mi puesto el día anterior, debía estar agotada. Además en aquel momento no me había parado a darle las gracias por ese detalle. Lo menos que podía hacer yo ahora era ocupar el suyo. Al pensar en Mía recordé un tema del que quería hablar con Haddock.

—Por cierto… —Hasta yo pude notar como el chico se tensó ligeramente al oír el tono de mi voz… o puede que fuese por la falsa sonrisa de inocencia que adopté—. ¿Tú y Mía sois pareja?

Haddock puso tal expresión de asombro que por un momento temí que se distrajese demasiado y tuviésemos un accidente “Los ojos fijos en la carretera idiota, ¡En la carretera!”. Afortunadamente sí mantuvo los ojos en la carretera (Yo creo que era más bien que no se atrevía a mirarme a la cara en ese momento) y aferró con fuerza el volante mientras tartamudeaba confundido.

—¿Y..yo con Mía? Sólo so-somos… amigos. Sí, amigos —Más bien parecía como si se estuviese convenciendo a si mismo, pero no comenté nada. Simplemente dejé que el silencio inundase la caravana unos minutos. Hasta que volvió a hablar—. ¿Por qué? ¿Te gusta?

No pude evitar echarme a reír al escuchar el tono amenazante con el que me había hablado “Si es que él solo se delata el pobre”. Jugueteé con la botella en mis manos sin dejarme intimidar por la mirada que me estaba echando.

—Deberías empezar a salir de una vez y dejar de ser tan cantosos.

Haddock frunció ligeramente el ceño.

—No sé de qué me hablas —“Sí, sí eso dicen todos”. Aún así no añadí ningún comentario más y me limité a abrir la botella de nuevo y acercarla a los labios para beber otro sorbo, pero entonces mi amigo decidió preguntar.

—Bueno ¿Y tú qué? Estoy seguro que al friki le mola alguna chica o algún chico por ahí —Sin llegar a beber alcé una ceja sintiendo un repentino nerviosismo.

—¿Chico? ¿Qué te hace pensar que me gusta un chico? —¿Acaso era tan obvio? Imposible. Ni siquiera yo me había parado a pensar en si me gustaba o no ¿Cómo demonios lo iba a saber Haddock?, pero mi amigo parecía estar muy convencido de lo que decía.

—Claro, ¿No eres gay? —Me incorporé con rapidez en mi asiento notando como el rostro me enrojecía.

—¡No!, ¡claro que no! —Haddock me miró con extrañeza y yo fingí beber agua para que no se notase lo mucho que me temblaba la mano.

—¡Pero si te vi ayer liándote con un tío! —Me atraganté con el agua y rompí a toser de manera estrepitosa. Haddock me dio una palmaditas en el hombro con aire nervioso—. ¿Estás bien, Novato? —pero ignoré su pregunta.

—¡¿He besado a un tío?! —Mi voz se quebró entre tos y tos. Me removí en el asiento ya sin intentar ocultar mi nerviosismo —¿Cuándo?¿CÓMO? —”Idiota, idiota, idiota, idiota” Cuando Haddock comprobó que no iba a morir ahogado volvió a posar ambas manos en el volante. Por su expresión podía asegurar que estaba tan sorprendido y alterado como yo.

—¡Ayer! Joder tronco ¿Tan borracho estabas?

—Me estás diciendo que me lié con un tío ¿Y NO SE TE HA OCURRIDO COMENTARLO HASTA AHORA? —Haddock se encogió cohibido por mi repentino ataque de histeria.

—¡Pensaba que era algo normal para ti! ¡Yo no juzgo a la gente por esas cosas!

Toda la energía de hacía unos segundos desapareció de repente. Desesperado me dejé caer en el asiento de nuevo y me llevé las manos a la cabeza “Cálmate Dan. No es para tanto. Estabas borracho… no sabías lo que hacías. En realidad no es malo… QUE HE BESADO A UN HOMBRE, JODER” Una voz en el interior de mi cabeza (Llamada subconsciente petarda) me reprochó mi reacción “No es como si fuese una sorpresa. Ni que no estuvieses obsesionado por un hombre. Y ya te estabas planteando tu sexualidad, incluso ayer se lo dejaste caer”… Lo sé, lo sé. No debería reaccionar de esta manera, pero comprenderme. Una cosa es plantearte la posibilidad, hablarlo en privado con alguien en concreto y otra diferente es enfrentarse a la realidad sin tener tiempo de procesarlo. Un sentimiento de malestar me recorrió el cuerpo. Leñe, yo no solía hacer ese tipo de cosas… en realidad, yo NUNCA hacía ese tipo de cosas ni con chicas ni con chicos “Tenía que ser justo en este viaje”. La mano de Haddock en mi hombro me hizo salir de mi pensamientos.

—No te rayes novato. Todos hacemos cosas que no controlamos cuando vamos borrachos —Aún con la cara enterrada entre mis manos murmuré unas palabras que más bien sonaron a gruñido.

—La próxima vez que alguien me ofrezca jugar a un juego como estos le meteré la botella por el gaznate.

Haddock se echó a reír escandalosamente, haciendo que me plantease por un segundo si debía meterle a él la botella por el gaznate para que se callase, pero al final me conseguí tranquilizar y poco a poco volví a mi estado de plena consciencia no histérica.

Lo más frustrante es que ni siquiera recordaba haber hecho algo de lo que Haddock me había contado. Ni un rostro, ni una escena, absolutamente nada. Mi mente sólo procesaba imágenes demasiado borrosas que sólo me producían dolor de cabeza. Apoyando el codo en el borde de la ventanilla clavé la vista en la carretera y sin que Haddock lo notase me mordí el labio, frustrado. “Si no me acuerdo de esto ¿Qué más puedo haber hecho ayer?”

La vida es aburrida. Capítulo 7

Dormir es love, dormir es life

Mantuve la mirada fija en la oscuridad mientras Crystal seguía parloteando a mi lado. Obviamente no tardó mucho en darse cuenta de que no la hacía ni puto caso y acabé recibiendo una colleja y un par de gritos en la oreja que me obligaron a reaccionar. Desviando la vista miré a mi amiga sin poder evitar ocultar mi mal humor. Si tan solo Crystal hubiese llegado unos minutos después,.. “Tampoco seas así Dan. Aunque Crystal no hubiese aparecido no habrías obtenido una respuesta … o al menos una respuesta que te gustase” Chasqueé la lengua molesto. Estúpida subconsciente sabelotodo. No necesitaba que me dijesen lo obvio. No había sido culpa de Crystal, pero aún así molestaba.

Con un suspiro me dejé llevar a tirones por mi amiga, que había decidido ignorar mi ignoranción (Lo sé, preciosa frase) Sin darme cuenta me encontré sentado en medio del campamento que parecían haber montado en un instante. Rodeando la luz de una mini hoguera estábamos Haddock, Mía, Crystal y yo. De Sara y Nay no había noticias (Sí, ya sé lo que estáis pensando y no, no pienso dejar que mi mente se ponga a divagar sobre dónde demonios se han metido o qué hacen en estos momentos. Creo que mi cerebro explotaría).

Los cuatro nos miramos en silencio unos instantes. Como si fuese una competición para ver quién se atrevía antes a iniciar la conversación. Al final con una lentitud y solemnidad digna de película Haddock sacó una botella vacía de su mochila y la tiró al centro del circulo que habíamos hecho. Una sonrisa traviesa asomó por sus labios y al final habló.

—Prueba o verdad.

Alcé una ceja con desconfianza. “¿En serio pensaba que íbamos a jugar a un juego tan tonto? Pues lo llevaba claro nadie en su sano juicio querría jugar a algo tan…”

—¡Empiezo yo! —Crystal agarró la botella y sonrió infantilmente.

“Mi amiga es idiota”

Fruncí el ceño contrariado y me removí en mi asiento. Muy sutilmente, para que no se percatasen, me giré para quedar ligeramente fuera del círculo.

—Yo paso —murmuré mientras flexionaba las piernas para apoyar mis brazos y la cabeza en las rodillas. Crystal puso los brazos en jarra (O como yo prefiero llamarlo “Pose de la madre cabreada”) y me miró con reproche.

—¡No seas aguafiestas! —Aún así no me amedrenté ante la mirada de la pelirroja. Ya tenía suficiente con hacer el ridículo a todas las horas del día, no pensaba jugar a un juego donde tenía todas las papeletas para la humillación.

—Ni en sueños. Jugad vosotros.

Haddock abrió la boca para protestar, pero Mía se le adelantó con una sonrisa tímida.

—En este juego da igual el número de personas que jueguen. Si no quiere no le vamos a obligar — ¡Oh, bendita Mía! Con eso Haddock pareció convencido (Aunque, entre nosotros, estoy seguro que viniendo de Mía Haddock se habría aceptado hasta que los plátanos son morados y saben a gominola) y Crystal tampoco añadió nada. En cambio optó por ignorarme y giró la botella murmurando algo que oí como Cacho de desgraciao aburrido”.

Yo sin añadir nada le dediqué una sonrisa a Mía a modo de agradecimiento. Está claro que esa chica era mi ángel de la guarda. Debería asegurarme de tenerla al lado siempre que esté con Nay, así me ahorraría muchas humillaciones.

Crystal hizo girar la botella con precisión entre los presentes y esta fue a parar con la punta en Haddock.

Nunca me he alegrado más en toda mi vida de haberme echado atrás en algo que aquella vez. Solo con ver las sonrisas macabras que aparecieron en el rostro de Mía y Crystal cuando Haddock eligió desafío supe que me había salvado de una buena. ¿Cómo es posible que transformen su cara de niña buena a completo diablo en tan poco tiempo?

Mis amigos son retorcidos, dan miedo. No pude hacer otra cosa que mirar a Haddock sufrir los retos más estúpidos y humillantes con pena. Y hay que decir que él a la hora de dictar retos tampoco se quedaba atrás. Sin duda todos eran una panda de cabrones. No había tregua. La botella te elegía y tu destino estaba decidido. Ni siquiera los pucheros de Mía sirvieron para enternecer a Haddock y Crystal cuando la botella la eligió.

Me dediqué a observarles en silencio mientras reían y discutían. La verdad es que no tenía mucho interés en soltar algo que les hiciese recordar que estaba ahí y me hiciesen pasar por algún reto horrible. Poco a poco empezaba a notar como se me cerraban los párpados por el sueño. Cuando empezaba a plantearme la posibilidad de alejarme silenciosamente del corro formado para poder dormir la botella volvió a girar por milésima vez, parando lentamente en Crystal. La chica se mordió el labio y al final habló atrayendo mi atención.

—Elijo verdad —La miré aún soñoliento unos instantes, con curiosidad, luego inconscientemente pregunté algo que llevaba un tiempo cuestionando en mi cabeza.

—¿Por qué tienes un tatuaje de unas alas en la espalda? —Se hizo un repentino silencio en el círculo, la tensión era palpable. Eché una rápida mirada a todos los presentes, incómodo por aquella reacción tan repentina. A mi izquierda pude escuchar como Haddock se quejaba en un susurro a Mía infantilmente.

—¡Pero si él no juega! ¿Puede hacer preguntas?¡No es legal! —La chica le pegó un ligero codazo para que se callase, pero no le miró. Tenía la mirada clavada en Crystal.

—Déjale, que quiero saber la respuesta ¿Por qué tienes ese tatuaje Crystal? Nunca me lo has dicho.

Crystal permanecía quieta en su sitio. Noté sorprendido que se había puesto blanca como la nieve. Torcí el gesto incómodo ¿Acaso había hecho una pregunta comprometida? “Mierda, debería haberme callado la boca…deberías, pero eso es imposible porque eres un bocazas”. Intentando arreglar mi metedura de pata (y por arreglar me refiero a salir por patas de la escena del crimen) me levanté torpemente murmurando unas incoherencias que querían decir “Da igual, mejor dejamos el juego y me voy a dormir, pero más bien sonaron como un “dablububsduiasdha”.

Todo habría quedado ahí de no ser porque yo soy yo, y como yo soy yo y mi existencia es ya de por sí el patetismo no podía pasar otra cosa sino que me chocase de bruces con Sara, que acababa de acercarse al grupo desde Dios sabe dónde.

Todo fue tan rápido y confuso que no tuve tiempo de procesarlo. Acabé en el suelo junto a la chica, con la frente adolorada por el golpe y sin saber muy bien como demonios me había acabado pegando semejante porrazo.

Sara en cambio no parecía muy confundida, más bien me clavaba la mirada como si fuese a matarme. La miré sin comprender unos instantes “¿Por qué se pone así? Debería ser yo el que se… ah no, que ha sido culpa mía” Vale, entonces supongo que sí tiene razones para querer matarme. Una tremenda carcajada me sacó de mis pensamientos. Oh mierda, se me olvidaba que detrás de Sara siempre hay otra persona. “Perfecto”.

Nay se acercó al circulo aún riéndose a mandíbula batiente.

—Ahí tienes la respuesta a tu pregunta de antes Novato. Eres jodidamente torpe y tus meteduras de patas amenizan el día.

Sin darme tiempo a contestar dejó caer una bolsa al centro del corro. Todos los demás (Que parecían demasiado sorprendidos por la pedazo hostia que nos acabábamos de pegar Sara y yo como para reírse) le miraron sin decir nada. Nay se encogió de hombros con su típico aire de superioridad.

—Si vosotros pensabais morir de hambre no es mi problema. Yo quiero cenar.

Con eso todo el mundo pareció olvidar la tensión del ambiente. Haddock y Mía emitieron un grito de alegría totalmente sincronizados y se abalanzaron a por la comida. Pronto las risas y las conversaciones de cosas sin importancia volvieron a llenar el silencio de hacía unos segundos. Sara volvió a dedicarme unas miradas que aterrorizarían a cualquiera y antes de que pudiese decir nada se dirigió al corro para sentarse junto a los demás. No pude evitar suspirar aliviado.

“Bueno, al menos sigo vivo y no me ha arrancado los ojos”

Con todo el lío se me había quitado el apetito para … probablemente toda mi vida. Así que decidí levantarme del suelo e ir a dormir ya. Saqué uno de los sacos de dormir que habían traído y lo extendí como una manta en el suelo. Me tendí encima de ella y contemplé el techo de la estación durante unos minutos. Bueno, mirando el lado positivo, con la caída había conseguido hacer que todos olvidasen la pregunta que le había hecho a Crystal. Me mordí el labio, un poco preocupado por mi amiga. Debería aprender a mantener la boca cerrada y no meterme donde no me llaman.

Suspiré derrotado y cerré los ojos intentando calmarme para así poder dormir. Había sido un día bastante raro…por supuesto que había sido raro, no todos los días un casi desconocido con el cual llevas obsesionado dos meses prácticamente te obliga a irte de viaje a ni sabes dónde con una panda de gente desconocida… pero misteriosamente no me arrepentía de ello “¿Querías experiencias nuevas no? Pues ale, ya las tienes”

Aun estando alejado de donde se encontraban los demás alcanzaba a escuchar retazos de la conversación que mantenían y no podía evitar soltar alguna sonrisa cuando escuchaba alguna estupidez de Haddock o cuando Mía y Crystal le regañaban como si se tratase de un niño pequeño.

Estaba ya en ese momento de mitad dormido mitad despierto cuando unos pasos me hicieron abrir los ojos, alarmado. Crystal se sentó a mi lado en silencio. Algo en la escena me resultó extraño. Esa Crystal era demasiado…normal. ¿Dónde están los gritos a pleno pulmón, las expresiones raras y la música excéntrica que siempre suena de sus cascos? Parpadeé con lentitud mientras giraba el rostro para mirarla. La chica estaba muy seria, hasta pude ver como jugaba con sus manos en un signo de claro nerviosismo.

Una voz en mi interior se preguntó si estaría enfadada conmigo por ser tan bocazas. Tal vez no debería preocuparme por ser degollado por Sara, puede que Crystal me matase a tortazos aquí mismo. Para mi sorpresa mi amiga no me pegó, ni siquiera me miró o me habló. Simplemente posó un libro a su lado como si no quisiese la cosa y tan rápido como había venido se marchó. Extrañado lo cogí con pereza y miré la portada intentando enfocar la vista debido al cansancio.

Parecía una novela normal y corriente. Una tapa totalmente negra con elegantes letras en plata. Miré a ambos lados para darme cuenta de que todos habían optado por irse a dormir también y el lugar estaba oscuro excepto por la luz de una farola que se colaba por la ventana. Chasqueando la lengua me aparté el flequillo de los ojos y lo pensé por unos segundos. Luego en total silencio me levante del suelo y me acerqué a una de las ventanas que daban a la farola de la calle para abrir el libro y comenzar a leer.

 

– — — – — — –

El sonido de un golpetazo me despertó. Alarmado pegué un respingo desde el asiento donde hasta hace medio minuto estaba en modo “dormir en postura imposible y que te duele solo de mirarla” y me acabé golpeando la cabeza con la ventanilla de la furgoneta. A mi lado Mía hizo una mueca de culpabilidad mientras recogía la lata de galletas que se le acababa de caer al suelo.

—Lo siento. Se me escapó —Hice un gesto con la mano para quitarle importancia y desvíe la vista para mirar la carretera por la ventanilla. En el fondo ella no tenía la culpa de que yo llevase en modo zombie desde que habíamos retomado el camino hacia la frontera. La muchacha me miró unos instantes con preocupación—. Dan ¿Seguro que estas bien? Pareces agotado

¡Ja! Cómo si tú después de sólo haber dormido dos horas fueses a estar mucho mejor” Intenté reprimir a la subconsciente borde de mi interior y me forcé a esbozar una ligera sonrisa para tranquilizarla.

—No te preocupes. Estoy perfectamente. Puedo conducir la hora que queda a tul usé con Crystal.

Mía se mordió el labio y me miró como si fuese un perrito abandonado.

—En realidad es Toulouse… y son casi 4 horas de viaje, cariño.

Me quedé en silencio un rato mirando fijamente a la mesa sobre la que medio me tumbaba como procesando la información. Al final con voz pastosa pregunté.

—¿Toulouse?….¿ No era ese de los aristogatos? —La risa de la morena me hizo fruncir el ceño y frotarme el oído molesto. ¿Había dicho algo gracioso?

—Será mejor que duermas. Yo puedo ocupar tu puesto.

“¡Ahhh! No, eso sí que no. La pobre chica ya tiene suficiente con aguan… “ los ojos se me cerraron por el sueño y tuve que dar un respingo para despejarme “…¿En qué estaba pensando?” . Vale, tal vez no me encontrase en plenas facultades como para manejar maquinaria pesada, lo mejor sería aceptar la oferta o todos acabaremos en la cuneta volcados. Tapándome los ojos con la manga de la sudadera asentí derrotado. A pesar de no ver pude notar como la chica sonreía y se ponía de pie con un entusiasmo que nunca había visto en ella.

—¡Muy bien! Será mejor que te vayas a dormir. ¡Cuando lleguemos al camping pienso sacados a todos de fiesta! —Solté un quejido de protesta, pero la chica pareció ignorarlo convenientemente ¿Por qué toda la gente que conozco opta por ignorarme en los momentos oportunos? Murmurando palabrotas dirigidas al mundo en general conseguí arrastrarme hasta una de las literas vacías de la caravana para dormirme nada más caer en ella.

Cuando me desperté sería ya por la tarde. La caravana se había parado y estaba vacía, exceptuando a Haddock, que iba de un sitio a otro poniéndolo todo patas arriba. Me incorporé de la litera y le seguí con la mirada en su viaje de aquí para allá. Tras un rato sin lograr comprender por qué demonios hacía decidí preguntar.

—¿Has decidido cambiar la decoración de la furgoneta a la temática “vivo en una pocilga”? —El chico pareció darse cuenta de que estaba despierto. Me sonrió distraídamente mientras seguía sacando cosas y cosas de bolsas que había en los armarios.

—¡Por fin despertó! ¿Qué tal, bella durmiente? ¿Buena siesta? —Bufé a modo de respuesta, dejando claro lo mucho que me importaban sus comentarios de mierda, me levanté para estirarme y me acerqué a él con curiosidad.

—Dejando a un lado los insultos de buenos días ¿Qué demonios haces?

—Buscaba un bañador. Hace un calor insufrible ahí fuera, Novato. Los demás se están bañando y dan una envidia —Lo miré sin comprender.

—¿Bañarse? —Me acerqué a una de las ventanas y miré al exterior. Nos encontrábamos en una especie de descampado/camping lleno de tiendas de campaña y caravanas como la nuestra. A uno de los lados corría un río relativamente grande donde la gente se bañaba— ¿Tan rápido hemos llegado?

A mi lado Haddock bufó imitándome.

—Se habrá pasado rápido para ti. Llevas casi 6 horas durmiendo. Aunque mejor. Hay que tener energías esta tarde. Mía se ha empeñado en que hagamos todos algo por la noche —Fruncí ligeramente el ceño. No me solía gustar salir de fiesta por la noche. Siempre que iba arrastrado por mis amigos del insti acababa siendo yo el que tenía que velar por los borrachos y luego Martín y yo teníamos que llevarlos a sus casas uno por uno. A pesar de eso no comenté nada. En cambio me acerqué hasta la litera y abriendo mi mochila saqué dos bañadores. Cogiendo el que parecía más grande se lo lancé a Haddock, que lo cazó al aire.

—Te dejo uno de los míos, pero más te vale recoger el estropicio que has hecho. Yo no pienso cubrirte —Una amplía sonrisa de esas tan típicas en el chico apareció en su rostro.

—Gracias Novato ¡Me muero de calor!

Una vez la paz volvió a restablecerse en la caravana decidí salir de ahí para ver los alrededores. Me fui acercando a la zona del río. Donde la gente había desplegado mantas y cestas de picnic y se entretenían poniendo música o jugando a juegos de cartas.

De camino a la orilla divisé a Crystal acercandose a mí. Inmediatamente me puse nervioso. No había hablado con ella desde aquella escénica rara en la estación y no sabía muy bien qué decirle. Aún así —milagrosamente—, no salí huyendo cobardemente ni nada humillante, tal vez fue la sonrisa que me dedicaba que, a mi manera de ver, era como una bandera blanca que decía ” Puedes acercarte, hoy no tengo instintos asesinos”. Cuando la pelirroja me alcanzó seguimos andando juntos sin un rumbo fijo, en un silencio ligeramente incómodo. No estaba acostumbrado a esa Crystal silenciosa. Al final fui yo quien tuvo que romper el silencio. Cuando prácticamente habíamos llegado a la orilla del río me atreví a hablar.

—Hay una cosa que no entiendo de la protagonista del libro —Aunque Crystal no dijo nada por el rabillo del ojos pude ver que había captado su atención. Continuamos andando río abajo. Entre las piedras y algún que otro mocoso que correteaba empapado—. ¿Por qué confía tan rápido en un desconocido? En plan. Los niños de ahora no se hacen colegas de un señor del parque así como así. Antes le dan una patada en la espinilla y salen corriendo.

La chica sonrió levemente y dio una patada a una piedrecita del camino.

—Confía tan rápido porque quiere encontrar alguien en confiar. Se siente sola y quiere dejar de estarlo.

Me mordí el labio pensativo.

—No, si eso lo entiendo… pero ¿por qué no recurrir a su familia en vez de a alguien de por ahí?

Incluso sin estar enfrente suya pude notar como mi amiga fruncía el ceño.

—Ya has visto a su padre. No la comprende, no funcionaría

Por alguna extraña razón tuve la sensación de que Crystal no hablaba solo del libro, pero no quería meter el dedo en la llaga. O al menos no quería hasta que un repentino empujón de la pelirroja me hizo caer de lleno en el río.

En mi favor diré que la chica me pilló totalmente de sorpresa y también en mi favor diré que si a vosotros os hubiesen tirado a una piscina llena de agua tan helada como para hacer cubitos de hielo como esta habrías pegado exactamente el mismo bote que yo y habrías soltado exactamente el mismo gritito humillante que solté yo… o bueno, tal vez no lo habrías hecho y es que yo soy el raro. A mi lado Crystal no podía parar de reirse. ¿Antes dije que me resultaba raro ver a la Crystal silenciosa? Pues retiro lo dicho, prefiero mil veces a una Crystal calmadita que a una Crystal toca cojones. Enfadado la miré con reproche

—¡Crystal! —Mi amiga alzó las manos en signo de inocencia, pero que aún estuviese llorando de la risa no le sirvió mucho para ese gesto.

—No es mi culpa que seas tan patoso como para caerte con tan poca cosa —“La mato, yo la mato” Me aparté los mechones mojados de la cara con frustración.

—A mi no me hace gracia ¡Podría haber llevado el móvil encima! —Crystal puso los ojos en blanco y sacándolo de su bolsillo zarandeo mi móvil enfrente de mis narices.

—Tranqui frikazo. Tu amor platónico sigue vivo —“Un momento, ¿Cuándo demonios me ha quitado el móvil?” ¡Encima de despiadada, ladrona! Lo que nos faltaba para el grupo. Rápidamente le quité el móvil de las manos y la observé unos instantes. Había recuperado el brillo divertido en la mirada que la caracterizaba. “Perfecto. Si ha vuelto a ser ella significa que no tengo por qué tener piedad” Esbozando una sonrisa sardónica alcé los brazos hacia la chica.

—¡Qué persona más considerada eres!. Guardando mis pertenencias para evitar que se estropeen con mis caídas —Crystal alzó ligeramente una ceja, pero no la dejé responder—. ¡Un abrazo de buenos amigos! —El rostro de mi amiga se transformó al horror. Inútilmente intentó huir

—¡No!, ¡No! ¡Dan, está muy fría! ¡¡Piedad !! —Tarde. La agarré con fuerza y mientras se dedicaba a pegar grititos típicos de niña pija me aseguraré de restregar bien mi pelo mojado en su mejilla. Cuando me consideré satisfecho dejé que me apartase de un empujón riendo. Fue entonces cuando un un chico de pelo castaño y pecoso se acercó a nosotros y para mi sorpresa nos habló.

—Disculpad …¿Crystal? —Mi amiga dejo de reírse en seguida para mirar al chico sorprendida. Luego acabó apoyando su mano en su hombro como si no diese crédito.

—¿Alex? —El chico le dedicó una cálida sonrisa y sus ojos azules brillaron al hacerlo.

—Hacía meses que no te… —No le dio tiempo a continuar porque Crystal se abalanzó sobre él en un abrazo mientras reía alegre.

—¿Meses? ¡Hace un año que no nos vemos, cabrón! —No pude evitar sonreír al ver el entusiasmo de mi amiga—. Espera un momento… Si estas tú significa…

El chico asintió lentamente con expresión… ¿de culpabilidad? Creo que me he perdido algo. El rostro de Crystal pareció crisparse unos segundos, pero al final acabó sacudiendo la cabeza y sonriendo de nuevo.

—Bueno eso da igual ¡Ya me estas contando ahora mismo todo lo que has hecho en este mes! ¿A cuántas tías te has tirado?

“Ehm… vale, creo que esta conversación está llegando a un nivel del que yo prefiero no pasar” Carraspeando ligeramente me hice notar.

—Crystal… —La chica se volvió hacia mí como si acabase de reparar en que seguía ahí.

—¡Oh! Sí. Alex este es mi amigo Frikazo. Frikazo, este es Alex solíamos tocar en la misma banda —Fruncí ligeramente el ceño ¿Qué diablos tiene en contra de mi nombre esta gente? El ojiazul me dedicó una sonrisa amable. Por como reaccionó con naturalidad a esa extraña presentación supuse que ya estaba más que acostumbrado.

—Sí… Encantado. Sería muy interesante quedarme aquí enterándome de vuestra vida privada, de verdad, pero… creo que tengo un problemilla —Para enfatizar mis palabras señalé el pelo y la ropa mojados que seguían chorreando agua helada. Ambos se rieron alegremente. “Perfecto, ahora hasta los desconocidos se burlan de mí” El recién descubierto Alex me señaló una dirección con el brazo.

—Cerca de aquí están las cabañas de los lavabos. No son gran cosa, pero están ahí para que la gente se duche y esas cosas. Supongo que podrás encontrar toallas por ahí —¡Oh dios mío! Por fin alguien amable y coherente entre esta panda de locos de los que me he rodeado. Crystal asintió a sus indicaciones.

—Sí, por ahí tal vez te encuentres al grupo. Creo que Mía quería prepararse para la tarde —Asintiendo rápidamente me giré hacia ese lugar.

—Bueno… Entonces ha sido un placer. Supongo que luego os veré … cuando deje de ser una fuente andante.

Dicho esto salí rumbo a las cabañas.

Afortunadamente no estaban muy lejos de donde había dejado a la parejita hablando de sus viejas batallitas, así que perderme era prácticamente imposible. Además a esas horas todo el mundo optaba por bañarse en el río de los cubitos de hielo y la cabaña estaba bastante alejada de las miradas divertidas que me echaba la gente al ver mis pintas. Casi suspiré de alivio cuando por fin conseguí entrar en la cabaña de los chicos. La zona por dentro era bastante amplia (Eso o que al estar tan vacío parecía enorme). El típico vestuario de madera al estilo antiguo y unos cuantos compartimentos al fondo que supuse que serían las duchas ya que oía algunas funcionar en el interior. “Mejor, no quiero soportar más miradas raras de la gente por lo que queda del día”

Murmurando palabrotas en contra de todos los pelirrojos del mundo me dediqué a buscar en los armarios del vestuario por toallas para secarme. O al menos estaba en ello cuando una voz me paralizó por completo.

—¿Por qué siempre que te veo pareces haber sufrido una desgracia de la naturaleza?

“No. Esa voz no. No, no , no, no, no, no, no, no , no, no” Lentamente me giré en mi sitio para afrontar la realidad… y sí. Al lado de una de las puertas de las duchas Nay me observaba con diversión. Nay recién salido de la ducha, con una toalla al rededor de la cintura y otra en su mano mientras se intentaba secar el pelo. “En serio Dios ¿Qué tienes contra mi? ¿QUÉ LEÑES HE HECHO YO PARA MERECER ESTO?

Noté como las palabras se atragantaban en mi garganta y hasta pude jurar que me apareció un tic nervioso en la ceja. Nay me miró con una expresión totalmente indescifrable excepto por la ligera ceja encarnada.

—¿Qué te pasa ahora? ¿Te has quedado mudo? —Totalmente tenso abrí la boca para intentar decir algo, pero al final acabé cerrándola de nuevo. Solamente cuando el chico empezó a avanzar por el vestuario conseguí reaccionar dando un ligero bote.

—¿Quieres hacer el favor de ponerte algo? —Desvié la mirada de su rostro cobardemente cuando noté que el posó la suya en el mío. Nay se paró unos segundos, pero al final retomó su camino. Sólo que ahora se acercaba a mí.

—No me digas…—Inconscientemente retrocedí todo lo que pude hasta que noté los casilleros de la pared golpear con mi espalda. La sonrisa burlona de Nay se hizo más grande— Qué te da cosa verme desnudo—Automáticamente gruñí, solo que estaba demasiado nervioso y el gruñido más bien sonó como una cabra histérica.

Nay avanzó con naturalidad y se apoyó en los casilleros junto a mí. Desde donde estaba podía ver las gotas recorriendo su marcada mandíbula, tuve que desviar la mirada, confuso por las extrañas sensaciones de mi cuerpo.

—¿Acaso nunca has estado en un vestuario con más gente? ¿Sabes lo que significa la palabra “Deporte”? —Me mordí el labio sin atreverme a mirarle aún. Nay se carcajeó acercandose un poco más a mí. Inclinando ligeramente el torso acercó su rostro al mío peligrosamente. Tan cerca que podía sentir su aliento rozar mi cara—. Vale, se me olvidaba con quién estaba hablando. Por supuesto que no sabes lo que significa.

—¡Por supuesto que lo sé! He estado miles de veces en los vestuarios —Bueno. En realidad eso no era del todo una mentira… si entendemos un par veces como miles, claro (¿Qué? La Eduacion Física del colegio era insufrible ¿Vale? Es normal que me la saltase unas cuantas… decenas de veces)

—¿Estás seguro de eso?—La voz de Nay me hizo cosquillas en el oído que me causaron un estremecimiento—, porque no pareces muy convencido —El chico volvió a sonreír malévolamente—. Vaya… sabía que era guapo, pero no pensaba que tanto como para excitar a un hetero.

—¡Serás cabrón! —Nay se rió de nuevo.

—Oh vamos. Mírate, si estas tan tenso como si fuesen a sacarte las muelas del juicio. Deberías aprender a soltarte un poco ¿Sabes? O sino acabarás siendo un viejo aburrido con una vida aburrida.

¿Se estaba burlando de mí de nuevo?. Sacando fuerzas de Dios sabe donde conseguí alejarle un poco de mí. Al menos lo suficiente como para que me dejase pensar.

—Toallas… Yo venía a por toallas —Hasta yo mismo me sorprendí de lo firmé que sonó mi voz. Nay me observó unos instantes con sus electrizantes ojos mientras se mordía el interior del piercing. Odiaba cuando hacía eso, siempre me parecía como si me estuviese examinando y nunca entendía que era lo que pasaba por su cabeza. Al final el chico se terminó de alejar de mi y yendo hasta un viejo armario sacó una toalla que me lanzó a la cabeza.

—Anda. Sécate, San inocencia —Fruncí el ceño ante el último mote, pero decidí que lo mejor era salir corriendo del lugar cuanto antes. Así me evitaría nuevos ataques al corazón. Por ello una vez agarré la toalla me dirigí a uno de los compartimentos privados intentando con todas mis fuerzas ignorar al personaje que aún seguía en el vestuario, pero frené antes de entrar del todo. Me volví hacia el peliazul en silencio, notando una repentina ansiedad que invadía todo mi cuerpo, se había sentado de en un banco y parecía secarse el pelo con dejadez.

—Nay —dije en voz alta para atraer su atención, pero cuando sus ojos se posaron en mi con curiosidad no pude evitar desviar la mirada. Apreté con más fuerza la toalla entre mis manos—, y-yo nunca dije que fuese hetero…ni que no lo fuese.

Aunque no miraba podía sentir sus ojos clavados en mi ser, aumentando mi nerviosismo. Cuando habló la voz de Nay sonaba mucho más sosegada y amable.

—No tienes por qué decirle a nadie lo que eres, solo depende de ti —De reojo pude notar como se encogía de hombros—, ni siquiera tienes por qué saberlo tú — una pequeña sonrisa asomó por mis labios, hasta que continuó hablando esta vez con el tono de burla retomado—, y si quieres salir de dudas siempre podemos pedirle a Haddock que se ofrezca voluntario para un pico.

— ¡Idiota!

Aún con la puerta del compartimento cerrada pude escuchar sus carcajadas inundando la habitación.

– — — – — — –

Una vez completamente seco salí de la cabaña con la moral por los suelos ¿Cómo es posible que siempre que hable con él acabe todo mal para mí?

Intentando buscar algo para mejorar mi humor anduve hasta la cabaña de nuevo, para encontrarme ahí a un grupo de gente que se había sentado en el césped formando un corro gigante. Entre ellos pude distinguir a Crystal, al chico ojiazul de antes y a Mía. Estos al verme me hicieron señas para que me acercase. Alex alzó una botella vacía para que la viese

—Vamos a jugar ¿Te unes? —Pasé la mirada por el corro distraídamente mientras negaba ligeramente con la cabeza.

—En realidad a mi no me van mucho los… —Fue entonces cuando crucé la mirada con aquellos ojos grises que misteriosamente hicieron que mi rabia anterior retornase— … espera. Mejor sí. Me uno

La vida es aburrida. Capítulo 6

Todos los caminos llevan a Canfranc

-¿¡PERO QUÉ COÑO HACES, DESGRACIADO!?

Chasqueé la lengua molesto y aparté la mirada de la pantalla de mi móvil para asomar ligeramente la cabeza por el hueco de la litera en la que me había refugiado. Sara movía los brazos exaltada desde su asiento de copiloto. A su lado podía ver la melena azul de Nay sentado al volante. Por su postura parecía que la chica le acababa de pegar una colleja.

-¡Qué no es por ahí, Nay! Vuelve, vuelve.

El chico se encogió de hombros y siguió conduciendo.

-Seguro que por aquí también se puede ir.

-¡Qué dices idiota! Sí aún quedan 30 kilómetros para la salida.

Me mordí el labio sintiendo una repentina preocupación. Odiaba admitirlo, pero probablemente Sara tuviese razón. El aire pasota de un tío tan raro como Nay no parecía lo mejor a la hora de manejarse con un mapa. Aún así él siguió a lo suyo y habló con voz calmada.

-Todos los caminos llevan a Roma.

-A Roma, no a un pueblo de las montañas, imbécil -Sara volvió a pegarle en la cabeza con la mano como para reafirmar lo dicho. Nay soltó una palabrota entre dientes y se llevó una mano a la coronilla, molesto.

-¡Quieres hacer el favor de dejar de pegarme!

-No hasta que des la vuelta.

-Te he dicho que por aquí se puede ir también.

-¡Admítelo! Tu sentido de la orientación es pésimo.

Una figura me tapó la vista del espectáculo que estaba montando la pareja. Aunque sus gritos siguieron sonando por toda la caravana. Alcé la vista para toparme con los ojos verdes de Crystal. Mi amiga hizo un gesto con la mano para que la hiciese un hueco en la litera. Frunciendo el ceño me eché a un lado permitiendo tumbarse a mi lado.

-No te preocupes. Nay nos podría llevar al mismísimo abismo sin darse cuenta, pero Sara sabe controlarle.

Me limité a asentir levemente sin muchas ganas de aportar algo a su comentario. Conteniendo las ganas de mirar de reojo de nuevo hacia la pelea clavé la vista en la litera de arriba. “Hacen una buena pareja”. Vaya que si la hacían, solo con mirarles podías notar los años de confianza que debía existir entre ellos. Y además los dos pegaban con sus apariencias…eh… curiosas. Un capirotazo en la cabeza me alejó de mis pensamientos. Miré a Crystal confuso mientras me frotaba la frente en el lugar donde me había golpeado.

-Eres bastante fácil de leer ¿sabes?

Fruncí el ceño al no comprenderla. ¿Ahora me había convertido en un libro o qué? Crystal siguió hablando como si nada.

-No te rayes con cosas estúpidas -Centré mi atención en el móvil mientras jugueteaba con él entre mis manos.

-No sé de que me estas hablando -Crystal suspiró, pero no añadió nada más. Tras unos minutos en silencio acabó quitándome el móvil de las manos y se puso a cotillear lo que tenía. Fue entonces cuando recordé que tenía una conversación pendiente con ella.

-Oye, pelo zanahoria -La chica alzó una ceja sin apartar la vista de la pantalla del móvil, indicándome que había oído el apodo-, lo hiciste aposta, ¿no? -Crystal dejó escapar una sonrisa torcida.

-No sé de que me hablas -bufé mientras intentaba quitarle el móvil de las manos.

-Los niños que mienten reciben carbón en navidades, ¿sabías?

-Entonces ya sé que regalarte el próximo año -La risa de Crystal me hizo sonreír, pero aún así ignoré su intento de cambiar de tema.

-Sabías que Tarón era el tutor de Nay. Y que si trabajaba ahí me encontraría con él sí o sí -Solo me faltaba señalarla con el dedo acusatoriamente-. Si tanto querías pasar las vacaciones en una caravana conmigo podrías haberlo pedido -Bromeé con aire desenfadado-. eres retorcida -Crystal volvió a reirse.

-Me gusta la idea de pasar las vacaciones con mi amigo friki, pero yo no le pedí a Nay que te trajese -Aquel dato me sorprendió. Si Crystal no se lo había pedido ¿Por qué demonios me había llevado con él? De nuevo un golpe en la cabeza me hizo volver al mundo real-. No intentes comprender la mente de ese chico. Nadie lo consigue. Aunque si quieres mi opinión yo creo que le agradas.

Bufé por acto reflejo, aunque en mi interior notaba el estómago hecho un nudo.

-Lo que en realidad le agrada es meterse conmigo. Seguro que pensó que sin un pardillo del que burlarse el viaje sería aburrido. Crystal se encogió de hombros.

-Piensa lo que quieras.

Fue entonces cuando caí en la cuenta de que durante la conversación Crystal se había dedicado a escribir mensajes comprometidos a mis conocidos y la charla amigo-amiga fue sustituida por un montón de gritos y forcejeo en un intento de recuperar el aparato.

Una hora más tarde (Habría sido media si Nay no se hubiese empeñado en coger el camino através de montañas en vez del normal) estábamos en los Pirineos a punto de llegar a la frontera del país. Me estiré en el asiento que había ocupado mientras contemplaba la oscuridad de la carretera desde la ventana. Habíamos tardado más de 6 horas en llegar hasta ahí y obviamente la noche había ganado al día. El paisaje de fuera se veía bastante tétrico con el bosque tan oscuro. La verdad es que nunca me ha gustado mucho la oscuridad. Puede que los hipsters digáis que la noche es alternativa y no sé qué chorradas, pero a mí el hecho de no poder ver a dos palmos de mi cara me pone de los nervios.

Poco a poco empezamos a divisar las casas que nos indicaban que estábamos entrando al pueblo que estaba al lado de la frontera. Parecía el típico pueblo preparado para la nieve y el invierno. Si te imaginas el pueblo de “Papa Noel” probablemente te imagines algo que se asemeje bastante a esto… solo que este está estropeado por los turistas.

Cuando paramos el coche suspiré aliviado. Pensar que al menos pararíamos a descansar aquí erá un alivio. Fue entonces cuando la cabeza de Haddock asomó sonriente desde la litera de arriba.

-¿Listos para la acampada?

-¿Acampada? ¡Eso no estaba en el contrato! –“pero qué contrato si prácticamente te han traído a la fuerza”. Haddock se río de mi expresión incrédula.

-¿Qué gracia tendría viajar por el mundo si vamos a dormir encerrados en una vieja caravana? No seas vago y coge tu mochila, Novato -Dicho esto bajó de un salto la litera y como si fuese el mandamás salió de la caravana con paso decidido.

Curioso por saber dónde tenían pensado dormir seguí a los demás al exterior. Fuera la noche era fresca (Algo bastante normal si se trataba de un pueblo del Pirineo), pero sinceramente agradecí el cambio comparado con la ciudad.

Haddock y la compañía ya habían iniciado la marcha a dios sabe dónde. Al distinguir una cabellera azul en la oscuridad me apresuré a seguirles el ritmo. (No es por nada, pero a mi no me agrada la idea de perderme solo en mitad de la montaña por la noche). Cuando llegué hasta Nay él ni siquiera pareció notar que caminaba a su lado, pero esta vez no dejaría que me intimidase su aire de “Todo me importa una mierda” Carraspeando ligeramente me hice notar.

-Oye ¿Tú tienes idea de a dónde vamos? -Nay volvió la cabeza hacia mí y para mi sorpresa me sonrió. Sí, sonreír, ningún comentario sarcástico y despectivo, ni siquiera una de sus cejas encarnadas como si fuese totalmente obvio… definitivamente este tío es bipolar. Con amabilidad me agarró del hombro y señaló con la otra mano algo a lo lejos.

-¿Ves ese edificio de ahí?

-Ehm… sí –“Mentira. Perdiste el hilo de la conversación nada más te puso un dedo encima” Queriendo llevarle la contraria a mi subconsciente me obligué a mí mismo a olvidarme del escalofrío que me recorría todo el cuerpo y parecía nacer de su mano e intenté enfocar la vista hacia la gran sombra que había al final de la calle.

-Hace un siglo era una estación internacional de trenes. La hicieron a lo grande para quedar bien con el resto de los países, típico de políticos. Ahora está abandonada. Con el A.V.E. a nadie le interesa una estación antigua. Así que no es más que un edificio enorme y destrozado que antes servía para algo.

-Muy bonito… ¿y…?-murmuré automáticamente. Aunque en realidad seguía luchando con mi maldito cerebro para conseguir despejarme la mente. Tragué saliva notando la boca más seca que nunca. Al notar el repentino silencio me atreví a alzar ligeramente la vista para encontrarme con el rostro de Nay mirándome (esta vez sí) con una ceja encarnada. Permanecí unos minutos en silencio hasta que por fin caí en la cuenta-, ¡¿Vamos a dormir ahí?!

Nay se limitó a suspirar derrotado por mi estupidez. La mano que aún seguía en mi hombro me aferró con más fuerza, causándome un respingo y que de nuevo mi mente atontada ganase la batalla contra la mente despejada.

Para mi sorpresa no nos dirigimos directamente a la estación. La pasamos de largo desde la carretera y continuamos el camino por la montaña, subiendo hasta que llegamos a una zona que quedaba por encima de la valla que recorría el muro y pasaba por encima del túnel donde antes debían estar las vías del tren. Desde ahí era fácil entrar al recinto de la estación sin tener que trepar la valla, porque esta quedaba por debajo de nosotros.

Miré de reojo a los demás, meditando si eso sería legal o no. Aún así, consciente de que la mirada de Nay estaba clavada en mí me forcé por no mostrar indecisión. Con rapidez me subí a la valla de piedra y salté desde ahí para entrar al recinto. El imponente edificio de la estación era rectangular. Al estilo de las estaciones del siglo XX. Con una especie de cúpula en medio. Con la oscuridad de la noche parecía ligeramente siniestra y un sentimiento de respeto me invadió. Ese sentimiento que sientes cuando estas ante algo que eres consciente que es valioso, o que al menos lo fue. El resto del recinto estaba ocupado por vagones antiguos, carretas que habían sido abandonadas junto con la estación y estaban oxidadas y pintarrajeadas.

A mi lado noté la presencia de alguien, y aunque ya sabía quién era me giré para ver a Nay contemplar el lugar con la misma expresión inmersa que tenía yo. Como muchas otras veces me pregunté que estaría pasando por su cabeza en esos instantes, pero no pregunté. A nuestra espalda se oían los chillidos de Crystal y Mía intentando saltar la valla, a Sara partiéndoselo de risa al verlas y a un desesperado Haddock que les aseguraba que él las cogería para tranquilizarlas, sin mucho éxito.

Me tensé cuando Nay dejó de contemplar el recinto para centrar la atención en mí. Con un ligero movimiento de cabeza señaló la estación e inició el camino hacia esta. En silencio le seguí apresuradamente (Tropezándome unas cuantas veces en el intento… menos mal que él estaba de espaldas, si no probablemente me habría ganado un par de nuevos motes)

Llegamos hasta el edificio, pero Nay en vez de dirigirse a la entrada puso rumbo a la parte trasera del edificio. La fachada por detrás tenía el mismo aspecto que por delante. Un edificio de madera y hierro que aún se mantiene firme a pesar del tiempo y el abandono. Pocas ventanas permanecían intactas. La mayoría habían perdido el cristal y ahora eran tapadas por tablones de madera que algún guardía habría puesto por ahí. Nay se acercó a uno de los tablones y lo palpó con las manos, juzgando si era resistente o no. Fue entonces cuando pareció volver a fijarse en mí.

-¿Vas a ayudarme o qué? -Sobresaltado me apresuré a acercarme al mismo tablón intentando que no se viesen lo mucho que me temblaban las manos. Entre los dos conseguimos sacar el tablón dejando a la vista el agujero de la antigua ventana. Sonriendo con satisfacción Nay se coló por el hueco seguido de mí.

El interior del edificio era igual de imponente que el exterior. No sé cómo, pero simplemente un sitio tan enorme y tan vacío tenía un aura que literalmente acojonaba. Te hacía sentir pequeño e insignificante.

Tiré al suelo mi mochila y avancé por la sala vacía. El techo era altísimo y se podían ver las vigas que cruzaban de un lado a otro, sosteniéndolo pasase lo que pasase. Aunque en algún lugar había un agujero que dejaba pasar la luz de la luna permitiéndome ver algo, lo cual agradezco ¿He mencionado ya que no me gusta la oscuridad? ¿Sí? Bueno, pues lo digo de nuevo, la detesto. Ahora que lo pienso tampoco me gusta la luz exagerada. Debo ser rarito, no me gusta nada.

A los lados había cabinas de madera. No resultaba muy difícil imaginarse ese lugar unos años atrás lleno de gente. A pesar de estar abandonado seguía manteniendo la esencia de estación. En medio de la sala había un hueco de una escalera que supuse que llevaría a los andenes o algo parecido, pero al asomarme por ahí estaba todo tan oscuro que no pude ver nada.

Suspirando me senté en los escalones que descendían clavando la vista en la inmensa oscuridad del fondo. Nay se sentó a mi lado en silencio y los dos permanecimos mirando al mismo punto unos instantes. Unos instantes que obviamente yo tuve que romper. “Sí señores, siempre tengo que fastidiar los momentos solemnes”. Con voz baja (No sé por qué consideraba que hablar con voz normal en aquel sitio sería una falta de respeto) murmuré unas palabras.

-Ni siquiera le he mencionado a Tarón que iba faltar al trabajo unos días -Por el rabillo del ojo pude distinguir la sonrisa torcida de Nay… o tal vez fuesen imaginaciones mías, no sé.

-Es gracioso. Piensas antes en Tarón que en tus padres -Parpadeé unos segundos confundido.

-¿Mis padres? -Poco a poco mi semblante se heló-. Mierda, mis padres -Me golpeé la frente con la palma de la mano-. ¡Mi madre me va a matar!

Ahora sí que puedo decir que la risa del peliazul no me la había imaginado. El chico pasó su mano por mi cabello, despeinándolo.

-Eres raro -Arrugué la nariz “¿Raro? ¡Mira quién habló, señor misterio andante!”, pero no dije nada al respecto y me limité a cambiar de tema.

-¿Los padres de los demás les dejan irse de viaje? -Nay dejó de reirse y se encogió de hombros.

-Si quieres saber eso preguntaselo a ellos no a mí -Lo miré unos instantes recordando la conversación en mi habitación.

-¿Tarón te deja irte por tu cuenta todo el verano? -A pesar de la oscuridad pude sentir la mirada acerada que me dedicó, pero no me dejé intimidar y no aparte los ojos de él. Al final Nay chasqueó la lengua

-Cuando eres mayor de edad un tutor deja de tener poder sobre ti -Por su tono supuse que no me iba a contar mucho más sobre él, ni aunque ahora me preguntase internamente cuál era su edad, así que volví a guardar silencio … hasta que como no me surgió otra duda (Sí chicos, está claro que soy un pesado en toda regla)

-Nay -El aludido no me miró, pero por alguna razón supe que me estaba prestando atención-. ¿Por qué me has traído a este viaje?.

El peli azul frunció el ceño y pareció que le costaba encontrar una respuesta. Esperé paciente y curioso, pero la respuesta no llegó. En cambio lo que si que llegó fue una pelirroja loca que se lanzó encima mío gritando lo cabrón que era por haberla dejado sola en su intento de saltar la valla. Cuando volví a mirar Nay ya no se encontraba sentado a mi lado.

La vida es aburrida: Capítulo 5

Los filósofos también tienen abono transporte

Vale ¿Alguien me puede explicar qué está pasando aquí? Está claro que me he debido perder algún momento de la conversación. ¿Es que acaso alguna vez he mencionado delante de este chico algo así como que me gustaría ir a ver los pingüinos de la Antártida? Porque a mi no me suena.

Seguía ahí, de pie, con los brazos extendidos bloqueando el armario y Nay me observaba casi con hastío, esperando a que me apartase. Con lentitud me froté el rostro con la mano, en un signo de clara desesperación, y le devolví la mirada en silencio, incapaz de hacer otra cosa. Abrí la boca para decir algo, pero entonces me di cuenta de que no tenía nada que decir y la volví a cerrar. Me rasqué la sien desconcertado mientras recorría la mirada con la habitación como si la respuesta estuviese por ahí. Por la comisura de los labios de Nay asomó una sonrisa mal disimulada.

Al ver que no parecía estar por la labor de dejarle acceso de nuevo a mi armario se encogió de hombros y se paseó por mi habitación en busca de yo qué sé qué (tengo ya suficientes problemas en mi vida para ponerme a pensar que espera encontrar este señor en mi casa). De vez en cuando parecía encontrar algo útil y lo arrojaba junto a la cama con el montón de cosas que ya había dejado ahí.

—¿Se te ha olvidado como hablar? Reconozco que no me sorprendería.

Me apoyé en la puerta de mi armario aún con el ceño fruncido. Ni siquiera valía la pena quejarme por el claro insulto que había tras sus palabras, saldría perdiendo yo (Por si a estas alturas aún no lo habéis notado, SIEMPRE pierdo yo).

—Es…—Volví a enmudecer y me mordí el labio con nerviosismo—. Ni siquiera sé qué es lo que tengo que preguntar.

¿Cómo poner en palabras que no me estaba enterando de absolutamente nada de lo que había pasado desde que entró por la puerta de la tienda?

Esta vez Nay no se molestó en ocultar la sonrisa burlona. Se paseó por mi habitación y agarró una figurita de acción con fingida curiosidad.

—¿Por qué no pruebas con preguntas simples? —Entrecerré los ojos. Como continuase con esa maldita sonrisa sarcástica le echaba de la casa.

—De acuerdo —Inspiré profundamente intentando recordar en qué punto las cosas habían dejado de tener sentido—. ¿De qué conoces a Tarón?

El peliazul frunció el ceño inmediatamente. Perfecto, la primera pregunta y ¿ya está molesto? ¿Qué demonios se supone que he dicho ahora? Me obligué a mí mismo a despegar los dientes de mi labio inferior o acabaría sangrando por los presión que ejercía. Tras unos minutos en silencio supuse que no me iba a responder, pero cuando iba a empezar a formular la siguiente duda su voz me hizo sobresaltar.

—Era mi tutor legal —Abrí los ojos sorprendido y cuando hablé se me quebró la voz.

—¿Tutor de… tutor? —La mirada que me dedicó hizo que enmudeciese inmediatamente. “Vaya, ¿cómo es posible que una mirada dé miedo?” Cuando habló me heló notar la rabia en su voz.

—¿Cuántos tipos de tutor conoces tú? —“Vale… estoy casi seguro de que eso era una pregunta retórica” Por si las moscas (y sobre todo intentando quitar esa escalofriante mirada de su rostro) decidí cambiar de tema. Aunque eso me daría mucho en lo que pensar en un futuro.

—Explícame de qué va lo del viaje.

El cambio en el peliazul fue notorio hasta para mi. Inmediatamente se relajó y continuó con su inspección de mi habitación.

—Deberías saberlo a estas alturas, ¿Acaso no prestaste atención a Crystal y a Haddock en la azotea? —Intenté recordar aquel día y me llevé una mano a la cabeza.

—Eh… sí… hablaban de algo de una furgoneta…

—Una caravana —me corrigió como si fuese un padre lleno de paciencia al hablar con su hijo pequeño—. Ya veo que no te enteraste —Contuve una mueca por su tono.

—No — “Estaba demasiado ocupado observándote a ti” … Por razones bastante obvias no dije eso.

—Pues eso. Vamos a recorrer Europa y te vienes con nosotros —Lo miré alucinado.

—¡Pero si no me conocéis, Ni siquiera sabes mi nombre! —Nay frunció el ceño de nuevo ¿Qué demonios había hecho ahora para molestarle? Este chico necesita un manual de instrucciones para comprenderle.

—¿Por saber tu nombre conoceré mágicamente todo sobre ti? —Mi silencio fue una clara negativa—. Deja de decir estupideces y ponte a hacer la mal… —Nay enmudeció unos segundos. Se giró lentamente hacia mí con algo en la mano. Yo observé su expresión triunfante, nervioso. Sin apartar la vista del marco que agarraba una sonrisa burlona fue pareciendo lentamente en sus labios. Me mordí el mío intentando recordar que podía haber en mi habitación tan humillante que le pusiese tan feliz. Cuando por fin habló se notaba que contenía las ganas de reír—. Vaya, Novato —Al alzar la mirada y pude ver un destello brillante en sus ojos—. No sabía que existiesen disfraces de Pocoyo.

Hasta ahí llegó mi paciencia. Con una fuerza y rapidez de la que ni siquiera yo me creía capaz le quité de las manos la foto de pequeño que mi madre se empeñaba en tener en mi habitación y apresuradamente (todo esto rojo como un tomate, todo hay que decirlo) conseguí echar a Nay de mi habitación, gritándole que podía hacer la maleta yo solo. Sospecho que el peliazul se dejó empujar fuera de la habitación… eso o se estaba riendo tan fuerte que apenas tenía fuerzas para resistirse.

Media hora después me encontraba de nuevo en el autobús con todo lo necesario y un humor de perros. A mi lado Nay debía de estar pasándolo demasiado bien y mis miradas de odio parecían ponerle de mejor humor por momentos. Enfurruñado clave la vista en la ventanilla del autobús. Con los las prisas ni me había parado a plantear si quería irme de viaje o no. Chasqueé la lengua molesto ¿Cómo es posible que siempre consiga salirse con la suya? Ahora que lo pienso ¡Toda la gente que he conocido este verano se sale siempre con la suya! Es bastante frustrante.

Poco a poco mis ojos se fueron desviando al asiento de al lado. Nay parecía de nuevo estar sumergido en su propio mundo. Contuve las ganas de suspirar ¿Algún día lograré comprender a este chico?, “Obviamente no, por eso te gusta” Arrugué la nariz sin comprender las palabras de mi propia mente. “Sí fuese una persona normal y corriente te habrías aburrido al igual que los has hecho con todo el mundo”. Me frote la nariz y me removí en mi asiento. Así que estaba destinado a que me gustase una persona a la que directamente no puedo entender y si la entendiese no me gustaría… Definitivamente mi mente es idiota.

Volví la vista de nuevo hacia Nay fugazmente mientras me mordía el labio. “Dijo que Tarón era su tutor… Normal, de tal palo tal astilla. No me extraña que haya salido así el chico… Me pregunto qué le pasaría a sus padres”

Por mucha curiosidad que me diese aquel detalle de la vida del peliazul prefería no volver a ver esa mirada inhumana así que decidí preguntar otra cosa. Estaba claro que ya me había contado mucho más de lo que quería contarme. Carraspeando me armé de valor para iniciar otra conversación que (viendo lo visto) acabaría exactamente igual que las otras anteriores, en desastre

—Crystal me dijo que no visitas el mismo sitio dos veces —Nay pareció regresar de su mundo personal y clavó su mirada gris en mí (por si no estaba lo suficientemente nervioso antes). Carraspeé intentando aclarar la voz—, ¿Por qué?

Nay permaneció unos instantes mirándome (Juraría que tiene rayos x en los ojos y puede leer mis pensamientos o algo así), luego clavó la vista al frente y se encogió de hombros mientras se hundía más en el asiento.

—El mundo es demasiado grande. Si quiero verlo todo no puedo malgastar el tiempo yendo al mismo sitio una y otra vez —Asentí levemente, más por reflejo que por otra cosa.

—¿Y que pasa si encuentras un lugar absolutamente maravilloso? ¿Solo por eso vas a disfrutarlo únicamente una vez en la vida? —Juraría que un amago de sonrisa apareció en sus labios.

—Si encuentro un lugar absolutamente maravilloso me propongo el reto encontrar otro lugar aún mejor que lo supere —Me crucé de brazos mientras reflexionaba sobre sus palabras. Nay permaneció a mi lado en silencio. Al final murmuré una frase casi para mí mismo mientras clavaba la mirada de nuevo en la ventana, incapaz de volver a hacerle frente a esos ojos.

—Las personas normales no van soltando frases filosóficas así como así.

La risa de Nay me sobresaltó. Por una vez se había reído de verdad y no simplemente burlándose de mí. Tuve que hacer un esfuerzo enorme para no mostrar que en cierto modo eso me alegraba.

—Será que no soy normal.

– — — – — — –

¿Cansado de que tus vacaciones sean un completo aburrimiento?¿De pasarte las tardes jugando a la brisca con tu abuela?¿Y de que encima la maldita haga trampa y te deje sin un duro? ¡Esta es la solución perfecta! ¡El mejor verano de toda tu vida! ¡Vete espontáneamente con un grupo de gente que no conoces de nada a recorrer el mundo sin ningún tipo de plan previo y sin plantearte que puedan ser psicópatas! ¡¡¡La diversión está asegurada!!!… ah no, espera un momento ¡NUNCA HAGAS ESO!

Crystal nos esperaba en la parada del autobús vestida y equipada como si fuese una Indiana Jones hardcore (Creo que eso ya no nos sorprende a nadie ¿verdad?) y con una expresión de falsa inocencia. Al bajar me dediqué a fulminarla con miradas acusatorias, pero ella pareció ignorarlas muy convenientemente. Estaba claro que la pelirroja había tenido que ver en todo esto y no se iba a librar tan fácilmente de las consecuencias.

Caminamos en silencio hasta un aparcamiento prácticamente desierto —El típico que ves en las películas de miedo donde la parejita estúpida se queda en el coche y les matan— y nos paramos en una gran caravana blanca. Me pregunté de dónde habrían sacado una caravana, pero obviamente preguntar era exponerme a un montón de contestaciones sin sentido que no me resolverían nada así que me mantuve callado. Nay se acercó a la puerta del coche y llamó. Casi al instante la cara de Haddock asomó desde el interior. Nos observó serio unos segundos “Vaya trío de raros debemos de parecer”. Después una enorme sonrisa se formó en su rostro. Abrió del todo la puerta de la caravana para dejarnos pasar.

—¡Ya pensé que no venías! Me tenías preocupado.

—Anda no cuentes. Te habrías alegrado si no hubiésemos venido.

—La verdad es que sí, más espacio para mí.

Nay y él se saludaron con un apretón de manos y luego el peliazul se perdió de vista dentro del automóvil. Su voz sonó amortiguada desde dentro.

—Ah por cierto. He traído al Novato también —Traducción: “Chicos, porque me da la real gana vais a estar obligados a soportar a un completo desconocido durante todas vuestras vacaciones” ¡y lo dice así! Como si fuese la cosa más normal del mundo.

Afortunadamente (o desafortunadamente) nadie pareció objetar nada. Mía me sonrió dulcemente y para mi sorpresa Sara lo aceptó sin dificultad. Sin quererlo me encontré dentro de aquel espacio comprimido con otras 5 personas más. Hay que reconocer que la caravana era más espaciosa de lo que me esperaba. Era simple, un baño, un armario, unos sillones y tres literas. Sí, TRES literas. Crystal pareció leerme el pensamiento al verlas porque en seguida me dijo que eran lo suficientemente anchas para compartirse.

—De todas maneras hemos quedado en que casi siempre habrá dos personas despiertas cuando estemos en la carretera. Para evitar accidentes —¡Ja! Como si eso me fuese a tranquilizar. Confiar mi vida a dos completos desconocidos no es mucho más alentador que sólo confiarla a uno. Aún así no dije nada y simplemente asentí con la cabeza. Tampoco pregunté como exactamente se suponía que íbamos a compartir las camas (Es una sorpresa que sinceramente prefiero desconocer).

Haddock me golpeó la espalda con fuerza, haciéndome perder momentáneamente el equilibrio.

—Vamos, Novato, te toca el primer turno al volante con Crystal —Fruncí el ceño ligeramente mientras le observaba enfrascarse en una conversación animada con Mía ¿Desde cuando me habían apodado todos Novato?

Dejé mis bolsas al fondo de una de las literas y pasé la mano por el pelo despeinando. Fue entonces cuando realmente caí en la cuenta de lo que está pasando. “Un verano diferente con personas diferente” ¿No era acaso lo que había estado buscando? Poco a poco una sonrisa asomó en mis labios.

La vida es aburrida: Capítulo 4

Días llenos de traiciones

La campanilla sonó a mi espalda cuando hice mi aparición en la tienda. Era mi primer día en aquel extraño trabajo y, sinceramente, estaba acojonado. Había llegado bastante pronto, ninguna tienda había aún abierto en toda la calle, pero no me sorprendió ver al viejo revoloteando por ahí, apuntando quién sabe qué en su libreta mientras iba de un lado para otro como si aún tuviese 20 años. Cuando Tarón me vio dio un pequeño bote y se acercó con rapidez para tirar de mi manga y llevarme hasta el mostrador mientras sonreía con entusiasmo.

—¡Perfecto muchacho! Llegas justo a tiempo. Tengo que hacer unas cuantas cosas por mi cuenta. Así que estaría bien que abrieses tú.

Con destreza arrancó una hoja de su famosa libreta y me la pasó para luego desaparecer por una puerta de la esquina de la tienda que supuse que sería una especie de oficina/casa (Este señor es capaz de quedarse a vivir en su tienda, seguro). Así fue cómo me quedé completamente solo y a cargo de la tierra más rara de la ciudad. Presiento que esto va a acabar en desastre.

Eché una ojeada a la lista y suspirando me puse a ello. Al menos era una lista de cosas normales y humanamente posibles y no me pedía que fuese a buscar un huevo de Colacuerno Húngaro o algo peor. Intentando dar mi mejor esfuerzo hice todo lo que me ponía en la lista: Engrasar los relojes, colocar libros , dar de comer al loro… Ah sí, resulta que hay un loro. Al principio me hizo gracia la idea de tener un pájaro parlante en una tienda tan rara, pero pronto cambie de idea. ¿Razón? Es una maldita criatura insufrible. Intuyo que se llama Yago, porque no para ni un solo minuto de soltar ese nombre. Además, cuando me alejo demasiado y considera que no le presto la atención adecuada se pone a gritar como si le estuviesen matando… creo que si continúa así los gritos no serán de mentira, sino que de verdad lo estaré matando.

Así que al final llegué agotado a la hora de abrir y cuando los clientes empezaron a llegar comprendí que lo difícil aún no había pasado. ¿Qué clase de gente entra en una tienda más rara que Rasputín? Pues creo que os hacéis una idea.

El primer problema lo encontré con la primera cliente, una señora de unos 60 años de edad, que parecía haberse quedado estancada en la época de los 80, se me acercó con unas enormes gafas hippies y me preguntó por un tal “Desmoralizador de Tropas”. Entonces caí en la cuenta de que, ademas de no tener ni zorra de lo que era un Desmoralizador de Tropas, no tenía la más remota idea de lo que había o no había en la tienda ¡Y mucho menos de dónde se encontraba cada cosa! En ese caso en especial me tiré veinte minutos yendo de arriba abajo por toda la tienda junto a la señora señalando cachivaches a boleo mientras ella negaba con la cabeza y me daba instrucciones confusas hasta que Tarón pareció apiadarse de mí y salió para ayudar a la señora (Luego resultó que el desmoralizador ese era un insecticida ¡VEINTE MINUTOS POR UN INSECTICIDA!)

La mañana fue pasando de manera caótica. En el último minuto siempre acababa por salir Tarón de la nada al rescate, pero sospecho que la media hora de agonía anterior se la pasaba observándome y riéndose a mi costa cuando los clientes me pedían cosas imposibles o proposiciones indecentes.

Por todo esto no es de extrañar que cuando la campanilla de la entrada sonó de nuevo, anunciando la entrada de un nuevo chiflado, se me escapase un gemido de frustración, imaginando qué sería lo que me pediría este nuevo loco que hiciese. Ahora me pregunto qué cara se me debió quedar cuando, al volverme al recién llegado, me encontré con unos ojos casi blancos que ya conocía a la perfección.

Contemplé el rostro de Nay incapaz de decir algo coherente. En mi interior mi subconsciente gritaba indignada “Anda ya. Te pasas meses buscándole sin éxito, y ahora que ya por fin has conseguido contactar con él ¿te lo encuentras así de casualidad en tú primer día de trabajo? ¡Tiene que ser una jodida broma!”. Por la cara de asombro de Nay quedó claro que él tampoco esperaba encontrarme aquí. Permanecimos uno enfrente del otro, en silencio con cara de idiotas (Bueno, al menos yo con cara de idiota. No creo que ninguna expresión que pueda poner este chico quede mal ¡Qué frustrante!). Incómodo me mordí el labio y desvié la mirada, intentando encontrar alguna manera de huir de aquel momento, pero la voz del peliazul se me adelantó.

—¿Qué haces tú aquí? —Su tono acusatorio me hizo ponerme inmediatamente a la defensiva. Volviendo la vista a él me crucé de brazos. ¿Acaso no podía estar aquí?
—Trabajo aquí ¿Y tú? —espeté con más brusquedad de la deseada. Entrecerré los ojos receloso. Nay pareció pensarlo unos instantes, como si no quisiese decirme la verdadera razón.
—Busco a Tarón —Tardé bastante en ordenar a mis neuronas a actuar, pero al final conseguí balbucear algo mientras me giraba hacia la oficina del viejo.
—Pues está ahí mi… —En la puerta alguien había pegado un post-it, que juraría que hace unos segundos no estaba ahí. En él con letra desordenada habían escrito unas palabras a lápiz. ” Salgo fuera unos minutos”. Me quedé paralizado. ¿Salir? ¿Cuándo demonios había salido? ¡Si no le he visto salir por la puerta!—, ahora mismo no está —Maldito viejo oportunista.

Nay pareció encontrar graciosa la situación, porque sonrió con burla.
—¿No está? ¿En serio? —Creo que ya pillo su estrategia. Reírse de todo como si fuese un chiste privado para hacernos sentir a los demás inferiores… seguro que es eso—. ¿Y tú eres el encargado? —Por el tono de incredulidad de su voz estaba claro que no me tomaba en serio. Fruncí el ceño molesto y casi gruñí una respuesta.
—¿Algún problema con eso?
—Ninguno —Como siga sonriendo de esa manera se va a ganar un puñetazo. “Cómo si fueses capaz de pegarle ¡Ja! …. ¡Por supuesto que podría pegarle!…. Vamos, si ni siquiera puedes contra una ardilla” Inconscientemente golpeé mi puño contra la palma de la otra mano molesto con mi subconsciente “¡La ardilla me cogió desprevenido!” —. ¿Siempre eres así de rarito o solo te pasa conmigo?
—¿Eh? —Me volteé para encontrarme de nuevo con los malditos ojos electrizantes. Nay me observaba con una ceja alzada. Mierda, me había olvidado de que estaba mirándome “Eso te pasa por idiota”. Paralizado intenté sonreír inocentemente, pero probablemente me salió una mueca rara—. No se de que me hablas.

Nay me observó unos instantes, mientras se mordía la parte interior del piercing hasta que con un suspiro pareció desistir.
—Mejor olvídalo. Tu neurona no da para tanto —Con un movimiento pasota dejó un libro de aspecto usado encima del mostrador—. Quiero comprar este libro ¿Entiendes eso al menos o hay que explicártelo también? —En su voz pude notar un tono de…¿Desafío? ¿Acaso me estaba poniendo a prueba ? Intentando ignorar su mirada clavada en mi fui hasta el mostrador. “Muy bien Dan, puedes hacer esto” …Sí, es muy fácil pensar eso, pero ¡no es tan fácil cuando tienes al maldito señor misterio andante enfrente tuyo!
—Por supuesto que entiendo eso —murmuré mientras cogía el libro para mirar el precio, pero para mi desconcierto no tenía ninguna etiqueta—. ¿Estás seguro de que has cogido esto de aquí?
La sonrisa de Nay se ensanchó.
—Segurísimo —Se estaba burlando de mi en mi cara. Hay que ver.
—Pues no tiene precio… —Murmuré frunciendo el ceño. Nay volvió a alzar una ceja casi imperceptiblemente.
—No llevas mucho aquí ¿no?
— Es mi primer día ¿Por? —Nay sacudió la cabeza divertido.
—Nada en esta tienda tiene precio. Se supone que el que compra decide cuanto quiere pagar por lo que se lleva —Ahora era a mí a quien le tocaba alzar una ceja con incredulidad. Observé el libro de nuevo como si fuese la cosa más rara del mundo… Estaba claro que Tarón tenía sus propios métodos. Nay se inclinó sobre la mesa del mostrador causando que me sobresaltase. Parecía observarme con curiosidad—. ¿No dices nada al respecto?
Abrí la boca para decirle que me parecía una tremenda tontería, pero luego recordé la expresión seria de Tarón cuando me preguntó si podía confiar en mí. Inconscientemente sonreí con aire distraído.
—Sería bonito vivir en el mundo que imagina Tarón ¿no? Donde la gente puede confiar plenamente en los demás —“Un momento… ¡eso ha sonado realmente cursi!” Nervioso volví a mirar a Nay, que no había apartado la vista de mí y volvía a tener ese rostro impasible, como si estuviese sumido en su propio mundo mientras se mordía el piercing. Intentando recuperar algo de mi cordura casi le tiré el libro de mal humor—, si sabías que no tenía precio ¿Para qué me lo das? Paga y vete de una vez —Sí… eso sería lo mejor, no me veo capaz de hacer mi trabajo si él sigue dando vueltas por ahí.

Cómo no, no me hizo ni puto caso y permaneció en el mismo sitio, ignorándome completamente. Entonces, con un rápido movimiento me agarró de la muñeca y tiró de mi hacia la puerta.
—¡Eh! ¡Espera! ¿Dónde crees que vas? —Nay me miró como si fuese la cosa más obvia del mundo.
—Fuera ¿Tú que crees? —Intenté en vano soltarme de su agarre, pero (hay que reconocerlo) mi subconsciente tenía razón con eso de que no ganaría ni a una ardilla. Nervioso al sentirle más cerca de lo que mis nervios permitían balbuceé una excusa.
—Pero …yo… trabajo…¡No me puedo ir! —El peliazul bufó mientras tiraba de mí con mas insistencia y luego gritó bien alto hacia la oficina.
—Tarón ¡Nos vamos! —Para mi sorpresa la puerta se abrió y la mano de Tarón asomó haciendo un gesto de conformidad….. Un momento ¿No se suponía que se había ido? ¡TRAIDOR!

– — — – — — –

Tragué saliva intentando ordenar mis pensamientos.
No sabía muy bien cómo me encontraba ahora sentado en un autobús junto a ÉL. ¿Os habéis imaginado alguna vez como sería ver a Voldemort en un Mcdonals? Pues os juro que Nay en un autobús queda más fuera de lugar. Simplemente su propia presencia en algo tan cotidiano chirriaba. Le contemplé con muy mal conseguido disimulo desde mi asiento mientras él parecía mirar por la ventana del vehículo, absorto en su habitual mundo. Suspiré agotado mientras me acomodaba mejor en el asiento. Detrás nuestro oí la risa de un par de mocosas que se habían pasado todo el rato cuchicheando desde que subimos. Sin ningún tipo de cuidado miré hacia atrás para ver que lo que las tenía tan entretenidas era mirar al maldito adonis que tenía a mi lado. Rápidamente clavé la vista al frente ” Vaya, parece que no soy el único al que le atrae este idiota”… Un momento…¿Atraer?…¡No en el sentido que estáis pensando! Me tensé olvidándome de mi lucha interior cuando Nay se volvió para mirarme con su típica expresión burlona.

—Eres consciente de que tú eres el que nos guía ¿no? —Fruncí el ceño confundido.
—¿Por qué demonios te tendría que guiar yo a ti?
—Porque vamos a tu casa, Novato —Abrí los ojos sorprendido. ¿Acaso me he perdido algo?
—¿Mi casa? —Afortunadamente la nota de nerviosismo de mi voz no fue tan evidente como podría haber sido—. ¿Desde cuándo? —Nay chasqueó la lengua molesto.
—Deja de hacer preguntas estúpidas y limítate a avisar cuando llegue la parada —Aún así insistí.
—Pero por… —Entonces caí en la cuenta de algo—. Espera ¿Cómo sabías que autobús había que coger? —Tarde. El chico ya parecía haber perdido de nuevo el interés en mí y volvía a mirar por la ventana.

Cuando llegamos a mi casa me temblaban tanto las manos que apenas pude abrir la cerradura para entrar.¿Qué querría hacer este en mi casa? y ¡¡¿Por qué le había dejando entrar yo?!!. Nada más abrir la puerta Nay entró con aire desinteresado y recorrió con la mirada toda la estancia. Luego se volvió hacia mi y con toda naturalidad preguntó.
—¿Dónde está tu habitación? —Las llaves se me cayeron y me golpeé contra el aparador patéticamente. ¡Mi habitación! ¿Qué quiere hacer en mi habitación? Intentando guardar la compostura recogí las llaves lo más rápido posible mientras mascullaba por donde estaba mi cuarto. Cuando volví la vista él ya había desaparecido por el pasillo.

Sintiendo como el corazón me iba a estallar de los nervios corrí hacia la que era mi habitación y solté un pequeño grito. Nay acababa de abrir los armarios y estaba sacando ropa con desgana y dejándola en la cama. Me apresuré a impedirle el paso para que dejase de revolverlo todo.
—¿¡Que cojones estás haciendo!? —La mirada que me dedicó era claramente de molestia, como si fuese una mosca muy pesada.
—Deja de ser un dolor de cabeza y saca una mochila, o un macuto, o lo que tengas. Tienes que hacer las maletas. Nos vamos de viaje.

La vida es aburrida. Capítulo 3

 

Nay 

Para cuando llegamos al extraño edificio yo aún seguía en estado shock y no había conseguido pronunciar ninguna palabra. Sí, llevo tanto tiempo obsesionado que el simple hecho de pensar que por fin veré de nuevo a ese chico raro hace que me quede en modo zombie. Patético ¿Verdad?, pero por muy patético que fuese ahí estaba yo, con los pelos de punta por un desconocido que ni siquiera me caía bien, imaginando todas las situaciones y conversaciones posibles que se pudiesen dar (¡Cómo si eso me fuese a preparar para salir airoso, pfff!. Luego a la hora de la verdad llegaran los balbuceos y las caras estúpidas).

Ni siquiera me di cuenta de que Crystal rodeó la entrada de aquel edificio enorme para colarse por la entrada de emergencia y mucho menos me paré a pensar que eso era ilegal (que sin duda lo sería). Simplemente la seguí en silencio mientras ella parloteaba cosas sin sentido.

—Siento haber tardado tanto en localizarle, pero es que es difícil ¿sabes? Con su maldita manía de no pisar dos veces el mismo lugar nunca sabes donde va a estar.
Una sonrisa involuntaria se escapó de mis labios. Eso explicaba por qué nunca le volví a ver en el parque. Y yo como un idiota yendo ahí todos los santos días. Casi me echo a reír de mi propia estupidez.

Al llegar a la azotea del edificio el corazón me palpitaba con fuerza (por el esfuerzo de subir tantos pisos a pata no penséis nada raro… gente desvergonzada) y el viento me azotó la cara con fuerza, despeinándome más de lo que ya estaba. Con los ojos entrecerrados observé mi alrededor. Por un momento me quedé sin habla ante las vistas...”¡Vaya! … a merecido la pena ser delincuente por un rato” Desde la azotea se podía ver la ciudad entera iluminada por las luces de los edificios. Abrí los ojos sorprendido.

—Esto es tan…
—Guay —Crystal me robó la palabra de los labios, pero sí. Esa era precisamente la palabra que describía las vistas. Fue entonces cuando una voz nos hizo salir del ensimismamiento en el que parecíamos habernos quedado ambos.
—¡Ginger! Por aquí —Entonces reparé en que no estábamos solos. En un extremo de la azotea estaban sentadas tres personas. El único chico del trío alzaba el brazo enérgicamente para atraer nuestra atención. A mi lado Crystal gruñó.
—No me llames Ginger, giri de pacotilla —A pesar de las palabras el tono de la pelirroja mostraba que lo decía en broma. Nos acercamos al grupo mientras el aludido se reía a carcajadas. Debía de tener unos 20 años, alto y fuerte, el típico guardia de seguridad con el que nadie se atreve a cruzar. A su lado había dos chicas, una morena pecosa y otra rubia. La primera me dedicó una sonrisa tímida y amable “Esta chica me va a caer bien”, la otra directamente desvió la vista como si fuese más importante la pared que nosotros “Esta, creo yo que no”. La voz del chico rompió el silencio por fin.
—¡Vaya! La pelirroja se ha traído su ligue. Ya era hora, pensaba que con tu cara de amargada no pillabas cacho —¡Ale! Ya está, rojo como un tomate. Odio sonrojarme. Balbuceando intenté aclarar la situación.
—No…yo n… no soy su …eh —Afortunadamente Crystal salió a mi rescate (Nota mental: comprarle unos bombones a Crystal cuando esto se acabe)
—Deja de inventar Haddock, os dije que traería a mi amigo —Una risita se me escapó involuntariamente y todos me miraron curiosos. Sintiéndome inspeccionado me apresuré a explicarme “No digas una tontería, no digas una tontería”
—¿Haddock? ¿Tus padres eran fans de Tintín o algo así? Te podrían haber llamado Milú —“Ale, la dijo” los cuatro se me quedaron mirando en silencio unos segundos hasta que Crystal se inclinó hacia ellos y habló en un susurro nada discreto.
—Ya… se me olvidó deciros que era un friki rarito.
(Nota mental: Meter veneno en los bombones)

Y así queridos lectores es como NO debéis presentados a un grupo de amigos. Afortunadamente la morena, que respondía al nombre de Mía salió en mi defensa diciendo que ella había pensado lo mismo cuando conoció a Haddock la primera vez ¿He mencionado ya que esta chica me va a caer bien?

La conversación que siguió fue afortunadamente más apropiada y menos rara. Crystal y Haddock se dedicaron discutir no sé qué cosas sobre una caravana mientras que yo me dedicaba a observarlos a todos con curiosidad. Durante toda la conversación Mía no apartó la mirada de Haddock (Alguien está colado-obsesionado por alguien y esta vez no soy yo) mientras que la rubia, Sara creo que se llamaba, no apartó la mirada de algún punto detrás mío. No fue hasta que movido por la curiosidad me giré para observar que comprendí por qué ese punto parecía ser mucho más interesante que el resto de la humanidad.

Noté como el estómago me daba un vuelco al ver la figura de un chico sentado en la barandilla de piedra del edificio. Sí, definitivamente era él. A pesar de estar oscuro su pelo aún parecía soltar un brillo azul que le daba un aspecto inhumano. Ajeno al grupo que estábamos sentados en el suelo parecía estar escribiendo algo en un cuaderno. Tragué saliva paralizado por un repentino nerviosismo. Llevaba meses buscándole y por fin estaba ahí, a solo tres pasos… “Creo que lo mejor sería salir por patas ahora antes de cagarla de alguna forma.”

Crystal pareció leerme el pensamiento porque me soltó un codazo para atraer mi atención. Mientras la conversación seguía en el círculo que habíamos formados ella me hizo un gesto silencioso con la cabeza que sabía que quería decir “Ni sueñes con huir ahora”. Suspirando esbocé una pequeña sonrisa que probablemente fue más una mueca y me levanté, secándome el sudor de las manos en los vaqueros. Con paso menos que decidido me acerqué a la figura. He de reconocer que ayudó bastante que estuviese centrado en lo que fuese que estaba haciendo en aquel cuaderno, porque llega a mirarme en ese momento y seguro que salgo corriendo en la dirección contraria. Cuando llegué hasta su posición me apoyé en la barandilla y tamborileé los dedos sobre la piedra. ¿Cómo se supone que se debe empezar una conversación con la persona que te ha hecho cambiar toda tu vida por una sola frase y a la que llevas meses intentando encontrar sin éxito?

—Hola —“Sí, chicos, mi mente no da para más. Me retiro.”
Noté como el corazón se paraba mientras el extraño alzaba el rostro para dignarse a mirarme (Mucho más lento de lo que mis nervios podían soportar) “¿Por qué demonios estas tan nervioso, idiota? Es solo un desconocido que no te importa” Por fin aquellos ojos se posaron en mí y volví a quedarme hipnotizado por aquella extraña mirada. Tan hipnotizado que casi no me doy cuenta de la expresión de desconcierto que se formó en su rostro.
—Perdona…¿Te conozco?

Me quedé helado en mi sitio. Vale, no me recordaba ¿Cómo había sido tan idiota como para pensar que se iba a acordar? “Idiota, idiota, idiota” Después de todo solo era un desconocido que se había cruzado con él de casualidad hace ya mucho, lo raro habría sido que se acordase. Tragué saliva. Si fuese un personaje de un libro probablemente habría tenido alguna frase ingeniosa que decir y hacerle recordar, o algo por el estilo, pero no. Yo no soy un personaje de un libro. Por eso en un ataque de pánico solté una mueca que pretendía ser una sonrisa y respondí.

—No, no me conoces de nada —El joven alzó lentamente una ceja y me observó durante unos instantes, para luego encogerse de hombros y volver la vista a a su cuaderno.
—De acuerdo —Cuando estuve seguro de que no prestaba la más mínima atención solté todo el aire que había estado conteniendo y me froté la cara con la manga de la chaqueta. Vale, esto estaba yendo pésimo. Apoyé ambos brazos en la barandilla y suspiré intentando ordenar mis ideas. Volví a mirarle de reojo. La luz del sol que empezaba a aparecer entre los edificios le alumbraba el rostro. Me mordí el labio sin apartar la vista de él y le empecé a inspeccionar. Casi sentí pena por Crystal al observarle. Vistiendo mucho más sencillo (y probablemente dedicando mucho menos tiempo) el chico llamaba igual la atención que ella, o puede que más. Supongo que esos son los privilegios de ser un misterio andante.

Al final con curiosidad centré la vista en el cuaderno que tenía entre manos. Sorprendido vi que me había equivocado. No estaba escribiendo, sino dibujando, pero antes de poder ver con detenimiento el dibujo que tenía entre manos el cuaderno se cerró con un golpe seco. Pegando un ligero brinco alcé la vista para encontrarme de nuevo con esos ojos casi blancos que se clavaban en mi con el ceño fruncido.

—¿Eres una especie de acosador o algo así? — Lo observé en silencio unos segundos hasta que conseguí ordenarle a mi cerebro a actuar y pude farfullar unas palabras que ni yo mismo entendí. “Si tu supieses…” El chico parecía empezar a mosquearse—. ¿Entonces que haces aquí?
¿Que qué hago aquí? Una sonrisa inconsciente asomó por mis labios y evité su mirada centrándola en mis manos, las cuales había juntado. Carraspeando conseguí hablar casi en un susurro.
—Cambiar mi vida —¡Ja! Ahora el que se quedaba sin palabras era él ¿Eh? ¡Venganza!……. bueno creo que a estas alturas ya podría responder…… ¿Por qué demonios no responde? Armándome de valor volví a alzar la vista para encontrarme con una imagen que me dejó helado. Aquel extraño me sonreía divertido… ¿He dicho algún chiste o algo así? ¿O es que acaso ahora ya se acuerda? Cuando habló el tono de burla de su voz era más que apreciable
—Cambiar tu vida ¿Eh? Te ha costado—Vale, definitivamente ahora sí que se acuerda. Maldito chico borde—. ¿Y que pinto yo en todo eso?
—Pues que tú vas a ayudarme a cambiarla —¡Woa! ¡Un momento! Yo, el chico que a veces es incapaz de decir hola a una persona por ataques de pánico ¿Acabo de exigirle (EXIGIRLE) al tío al que ni siquiera puedo sostenerle la mirada que me ayude?…¡Un aplauso para mí señoras y señores! Después de esto tengo que probar si me atrevo contra mi madre y su sartén.

Afortunadamente el peliazul pareció considerarlo divertido también o sino me habría ganado una torta. El extraño se rió levemente haciendo que se me volviese a parar el corazón.
—¿Yo? ¿En plan que te enseñe a cambiarla? ¿Cómo un maestro jedi o algo así? —Gruñí de manera huraña y cabeceé.
—Bueno. Si quieres mirarlo así… —Su risa volvió a causarme un escalofrío “Mierda, contrólate”
—Entonces tú serías como Luke Skywalker ¿no? —Entrecerré los ojos.
—Preferiría ser Anakin si no te importa —La sonrisa del extraño se ensanchó ¿Acaso tenía tanta gracia la situación? Se empezó a acercar a mi.
—No creo que quieras ser Anakin, Novato —Vale. Empieza a estar demasiado cerca. Su expresión divertida había sido sustituida por una más sarcástica—, Anakin se pasa al lado oscuro ¿Estas seguro de querer eso? —Si el roce de su aliento no fue lo suficientemente hipnótico como para paralizarme la mirada que me echó completo el trabajo. Entreabrí los labios intentando soltar una respuesta, pero fue imposible. Ningún sonido salió de mi boca. Fue entonces cuando un grito traspasó la burbuja en la que nos habíamos quedado.
—¡Nay! —El grupo se empezaba a levantar del corro que habían formado hace unos…¿Minutos? ¿Horas? y la rubia nos miraba con una expresión indescifrable—. Tenemos que irnos.
Mi compañero pareció pensarlo unos instantes, pero al final acabó separándose lentamente de mí y de un saltó bajó de la barandilla.
—Está bien novato. Ya nos veremos por ahí —Con una última mirada que no pude descifrar se alejó y fue hasta Sara, la cual empezó a hablarle de algo que no alcancé a entender (Ni me importaba). Me di cuenta de que había estado aguantando la respiración cuando exhalé todo el aire bruscamente. Volví a mirar de reojo el sol que seguía subiendo sin pausa y entonces una mano tiró de mí bruscamente.
—Vamos. Hay que irse antes de que los residentes se den cuenta de que hemos estado aquí —Dejé que Crystal me arrastrase mientras bajamos las escaleras. Incapaz de poder decir nada más en lo que quedaba de la noche (O día)

No fue hasta cuando llegue a mi casa, dejé las cosas por el suelo en el camino hacia mi habitación y agotado por fin me tumbé en la cama que caí en la cuenta. Sonriendo débilmente clavé la vista en el techo de la habitación.
—Así que Nay…