Un cuento oscuro, para noches oscuras

Una tormenta arrecía fuera de la taberna. La lluvia torrencial aporreaba las ventanas con ira mientras truenos resonaban en lo profundo de la noche. El ambiente dentro del local era tranquilo como de costumbre por esa época. Rara vez se escuchaban murmullos o canciones en las noches de invierno. Pero en la tranquilidad del hogar el sonido producido por un forastero al abrir la puerta de repente silenció el gorgoteo de las chispas de la chimenea.

-Bienvenido a la taberna de Shadran forastero, ¿qué desea?- Dijo Targon con una sonrisa y muy alegre.

-Tu alegría no compagina con el ambiente de tu local, tabernero.- contestó el forastero.

-Bueno, prefiero el término juglar, aunque no se me ajuste tanto como tabernero, pero aquí siempre hay ambiente de fiesta señor, incluso en noches como esta solo hace falta encontrar como caldear el ambiente.

-¿Juglar? ¿Cuantas historias tabernero?

-Así es, pero hoy no oiréis ninguna de mis trepidantes historias, hoy el turno es de mi hermana la bardo quien prefiere historias un poco más fantásticas.- El tabernero señalo a una hermosa elfa de cabellos oscuros y ojos esmeralda. Con un vestido verde oscuro y una diadema plateada se montó encima de una mesa.

-Hola damas y caballeros, yo soy Ériube y os doy a todos la bienvenida, a esta nuestra taberna. Hoy mi hermano Targon- señalo al tabernero, un elfo rubio de ojos miel muy esbelto. -Me ha concedido el honor de entreteneros con una historia tan real como las que él os cuenta.

-No vayáis a contar ninguna historia de final feliz mi señora, pues en una noche como esta carecería de argumento alguno.- dijo el forastero, alzando la vista. Debajo de su capucha se podía ver una melena larga blanca acompañada de una mirada fría, seria y profunda. -Las noches oscuras requieren de cuentos oscuros.

-Que así sea.- dijo ella poniéndose de pie e invitando al forastero a tomar asiento. Cuando vio que todos la miraban atentamente empezó su relato.

“Milenios atrás, en el principio de los tiempos después del nacimiento de los bosques, la encarnación del saber y la creación del orden y el caos, se alzó la oscuridad. Tomó la forma de todo lo que nos daba miedo y lo transformó en criaturas feroces. Era lo opuesto a lo que por entonces formaba el mundo. Como una enfermedad fue propagándose por el mundo, buscando cualquier rincón donde esconderse y crecer. Durante años se combatió a la oscuridad, pero muchas razas sucumbieron. Tras siglos de lucha llegó las paz, tan dulce, tan querida, tan… efímera. Pues sin que apenas pasase una semana el suelo del mundo se abrió y de él salieron todas las criaturas de la oscuridad que se habían ocultado en los más sombríos abismos de la tierra. No encontraron resistencia alguna.

Pero entonces el gran dios sol Alistair descendió del firmamento y condenó a todos los seres del inframundo a existir en la oscuridad. Durante años algunos demonios han logrado permanecer bajo la luz del sol. Sin embargo los más antiguos siguen exiliados en las sombras. El más antiguo de los que quedan se esconde tras el amparo de la noche y su gran velo de oscuridad. El ser del que se dice que encarna la misma oscuridad, la gran sombra, Narither.”

Al oir aquel nombre el forastero agachó la vista y se recostó en el respaldo de la silla. Ériube notó el gesto pero decidió seguir con el relato.

“Este ser fue denominado el primer Nullamder por los antiguos habitantes de Kinterfel. Su nombre significa La gran Sombra, y es temida por todos;

Pues se dice que sus garras son largas de verdad,

Su rostro oculto tras un manto de oscuridad.

Posee tanta fuerza como maldad, al más diestro de los guerreros puede derrotar.

La magia común contra él no sirve, pues solo una opción contra él es posible.

Los rayos del sol son su única debilidad, las sombras su morada y su canto letal.

Tiene un gran olfato, no importa la cantidad si sangras él te va a encontrar. Es capaz de condenar tu alma a la más profunda oscuridad. Sin descanso vagando por toda la eternidad.

Según cuanta la leyenda, la sombra vive confinada en el páramo de Wellsrein-deth junto con todos aquellos a los que a condenado vivir en la oscuridad. Pero no os confiéis amigos, pues ya sabéis que ese lugar no es una prisión. En cualquier momento la sombra puede aparecer y consumir toda vuestra cordura.

Rápido y silencioso, se mueve en la noche. Cuando lo ves ya es tarde, la piedad no conoce. Con sus garras como cuchillas tu carne desgarra, de tu sangre se sustenta, de tu dolor se alimenta. No parará jamás, es un ser inmortal. La encarnación del mal. Por eso el paso gris todo el mundo evita pues nadie quiere un destino como ese en su vida.

Sed precavidos por la noche caballeros. No quisiera encontrarme a ninguno de vosotros descuartizado en el establo esta noche.”

Tras su relato hubo un breve silencio interrumpido por aplausos. Ériube había dejado a todo su publico expectante sobre todo por la parte cantada. Su voz era tan hechizante que solo rivalizaba con la de su hermano.

-¡Esas historias son cuentos de niños!- gritó uno entre la multitud.

-Mis historias son muy reales, os lo juro.- contestó indignada, pues siempre le decían lo mismo sobre sus relatos.

-Lo importante es que os haya entretenido- dijo el forastero.

-¿Tú te crees toda esa patraña de demonios y magia?

El forastero alzó la mirada y la dirigió a aquel replicante caballero -No me hace falta creerme una historia para reconocer que es buena o disfrutarla.- se levantó – Pero os aseguro que existen horrores ahí fuera que os helarían los huesos, caballero. Yo mismo los he combatido.- Tras decir aquello pagó su deuda con Targon por la comida y bebida y se marchó levando tras de sí su capa negra deteriorada y corroída.